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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Herramientas para medir las exposiciones ambientales personales]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>CARACTERIZACI&Oacute;N DE LOS    EXPOSOMAS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b><a name="top1"></a>Herramientas para medir    las exposiciones ambientales personales<a href="#end1"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Kellyn S. Betts</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ha escrito sobre los contaminantes ambientales,    los riesgos y la tecnolog&iacute;a para resolver problemas ambientales para    publicaciones tales como <i>EHP </i>y <i>Environmental Science &amp; Technology</i>    durante m&aacute;s de doce a&ntilde;os</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_1.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las exposiciones que provocan enfermedades cr&oacute;nicas    suelen tener lugar a&ntilde;os, tal vez incluso d&eacute;cadas, antes de que    se diagnostique la enfermedad. Por ese motivo los bioindicadores recogidos en    puntos individuales en el tiempo no pueden ofrecer un panorama completo del modo en que la enfermedad    se produce en una persona. Para ello es necesario echar un vistazo al "exposoma",    es decir, al conjunto de exposiciones experimentadas por una persona a lo largo    de su vida. Sin embargo, los esfuerzos por vincular las exposiciones ambientales    con las enfermedades se han visto obstaculizados por la dificultad de medir    con precisi&oacute;n esas exposiciones que suceden d&iacute;a con d&iacute;a,    as&iacute; como las sustancias que est&aacute;n presentes en los cuerpos de    las personas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El t&eacute;rmino "exposoma" fue    acu&ntilde;ado originalmente en el a&ntilde;o 2005 por Christopher Wild,<sup>1    </sup>actual director de la Agencia Internacional de Investigaci&oacute;n sobre    C&aacute;ncer, en reconocimiento del hecho de que los factores gen&eacute;ticos    no explican en su mayor parte la variabilidad de las enfermedades humanas.    El concepto de exposoma refleja la realidad de que las personas est&aacute;n    expuestas a agentes que pueden llegar a da&ntilde;ar su salud debido tanto a    la contaminaci&oacute;n como a factores no relacionados con &eacute;sta, incluyendo    sustancias qu&iacute;micas industriales, emisiones de la combusti&oacute;n,    radiaci&oacute;n, calor/fr&iacute;o, ruido y alimentos. El exposoma tambi&eacute;n    incluye factores conductuales tales como los niveles de actividad y las respuestas    al estr&eacute;s. Por &uacute;ltimo, el exposoma de un individuo incluye su    microbioma,<sup>2</sup> esto es, su enorme conjunto de microbios comensales.    Todas estas exposiciones y factores pueden variar en el transcurso de un d&iacute;a,    por no hablar de las semanas, meses y a&ntilde;os que conforman una vida.</font></p>     <blockquote>        <p><font face="Verdana" size="2">El exposoma de una persona es la suma total      de los m&uacute;ltiples factores de exposici&oacute;n que llenan los d&iacute;as,      meses y d&eacute;cadas de la vida de esa persona: las exposiciones a sustancias      qu&iacute;micas, radiaci&oacute;n, calor/fr&iacute;o, ruido, alimentos, estr&eacute;s      y otros agentes ambientales; los comportamientos de salud y actividades, y      el perfil &uacute;nico de las bacterias comensales que hacen de una persona      un individuo.</font></p> </blockquote>     <p><font face="Verdana" size="2">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han comenzado    a surgir metodolog&iacute;as y herramientas que prometen captar con mayor facilidad    informaci&oacute;n sobre al menos algunas de las exposiciones ambientales con    las que una persona puede entrar en contacto en el transcurso de su vida. Las    nuevas herramientas provienen de una amplia gama de disciplinas -algunas    de las cuales quedan fuera del dominio ordinario de la salud ambiental-    y ya est&aacute;n ayudando a los investigadores a reunir datos sobre exposiciones    en el mundo real. Estas herramientas tambi&eacute;n prometen facilitar la realizaci&oacute;n    de estudios que puedan poner de manifiesto v&iacute;nculos inesperados entre    las exposiciones ambientales y las enfermedades.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Varios de los enfoques y herramientas m&aacute;s    prometedoras fueron examinados en un taller del Comit&eacute; Ejecutivo de Ciencias    Emergentes para la Salud Ambiental de las Academias Nacionales en diciembre    de 2011.<sup>3</sup> Algunas de estas herramientas ya est&aacute;n ayudando    a los investigadores a entender la manera en que los factores ambientales contribuyen    a generar importantes riegos para la salud, incluyendo enfermedades cardiovasculares    y c&aacute;ncer, dice Steve Rappaport, director del Centro de Biolog&iacute;a    de las Exposiciones de la Universidad de California (UC), Berkeley, quien organiz&oacute;    el taller.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Medici&oacute;n de las exposiciones externas</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las herramientas para medir el exposoma est&aacute;n    dirigidas hacia las exposiciones que tienen lugar tanto fuera ("dosis    de exposici&oacute;n") como dentro del cuerpo ("dosis absorbida");    ambas son importantes para determinar si un agente ambiental realmente provoca    un da&ntilde;o, seg&uacute;n afirma Linda Birnbaum, directora del Instituto    Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS). Por ejemplo, tal como lo    han demostrado algunos estudios, como las investigaciones que incluyen mediciones    del ars&eacute;nico en la tierra, el polvo domestico y la orina,<sup>4</sup>    un gran incremento en la exposici&oacute;n externa no necesariamente conduce    a un incremento considerable de la exposici&oacute;n interna. Al mismo tiempo,    si no se puede decir de d&oacute;nde proviene una sustancia qu&iacute;mica    medida internamente, es imposible prevenir la exposici&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Algunas de las nuevas herramientas para medir    las exposiciones externas sacan partido del hecho de que la mayor&iacute;a de    los ciudadanos del mundo -aproximadamente 5 900 millones de personas-    est&aacute;n suscritos a servicios de telefon&iacute;a celular.<sup>5</sup>    Los tel&eacute;fonos celulares ya contienen componentes que los hacen adecuados    para recopilar informaci&oacute;n clave asociada a las exposiciones ambientales,    se&ntilde;ala Michael Jerrett, profesor adjunto del programa de Ciencias de    la Salud Ambiental de la Escuela de Salud P&uacute;blica de la UC en Berkeley.    Estos instrumentos incluyen medidores de luz ambiental, sensores del Sistema    de Posicionamiento Global (GPS) y aceler&oacute;metros, que miden la velocidad.    Estos &uacute;ltimos dos instrumentos pueden indicar cuando las personas est&aacute;n    viajando en un veh&iacute;culo de motor, el cual puede ser una importante fuente    de exposici&oacute;n a contaminantes atmosf&eacute;ricos, se&ntilde;ala.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En un estudio piloto in&eacute;dito realizado    en Barcelona, Jerrett ha estado probando la aptitud de los tel&eacute;fonos    celulares para rastrear las exposiciones ambientales. Los movimientos de los    estudiantes, rastreados por los tel&eacute;fonos celulares y otros dispositivos    que pueden llevarse puestos, se superponen a los modelos desarrollados por    la Agencia de Energ&iacute;a de esa ciudad y otros organismos para predecir    los niveles de contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica. Jerrett dice que las    mediciones recolectadas mediante los tel&eacute;fonos celulares se comparan    favorablemente con las que se toman por medio del equipo que se ha utilizado    tradicionalmente para medir las exposiciones personales, el cual con frecuencia    era del tama&ntilde;o de una mochila.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otra manera en que los tel&eacute;fonos celulares    pueden ayudar a los investigadores es interconect&aacute;ndose con dispositivos    que recogen importante informaci&oacute;n relacionada con las exposiciones.    Un dispositivo prometedor es el monitor SensPod apto para Bluetooth, que recoge    datos sobre ozono, mon&oacute;xido de carbono, di&oacute;xido de carbono, &oacute;xidos    de nitr&oacute;geno, ruido y radiaci&oacute;n ultravioleta. En Copenhague, dice    Jerrett, una red de ciclistas individuales viajan por toda la ciudad con SensPods    montados en sus bicicletas. Los monitores informan a los ciclistas sobre sus    exposiciones personales conforme se mueven por la ciudad, y los datos pueden    ser cargados a una aplicaci&oacute;n que los re&uacute;ne en un mapa de la    contaminaci&oacute;n. Los usuarios pueden sincronizar sus SensPods con un tel&eacute;fono    inteligente con Android mediante una aplicaci&oacute;n m&oacute;vil que permite    que ambos dispositivos se comuniquen entre s&iacute; y compartan los datos con    una red m&aacute;s amplia de usuarios de SensPod. Personas de m&aacute;s de    veinte pa&iacute;ses de Europa, Asia y Am&eacute;rica del Norte est&aacute;n    utilizando los sensores m&oacute;viles, seg&uacute;n Sensaris, la compa&ntilde;&iacute;a    que fabrica estos dispositivos.<sup>6</sup> No es descabellado imaginar que    los investigadores empleen estos dispositivos para fines de investigaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre los investigadores que trabajan para expandir    la variedad de sustancias qu&iacute;micas que pueden ser detectadas por los    sensores de bolsillo se encuentra Nongjian (NJ) Tao, director del Centro de    Bioelectr&oacute;nica y Biosensores del Instituto de Biodise&ntilde;o de la    Universidad Estatal de Arizona. &Eacute;l ha creado un dispositivo inal&aacute;mbrico    del tama&ntilde;o de un tel&eacute;fono celular que se puede llevar puesto en    un cintur&oacute;n, y que tiene la capacidad de detectar hidrocarburos derivados    del petr&oacute;leo, tales como benceno, tolueno, etileno y xileno (de todos    los cuales se sabe o se sospecha que son carcin&oacute;genos para el ser humano)    .<sup>7</sup> Las pruebas de campo realizadas en una planta de tratamiento de    desechos del estado de Arizona demostraron que el sensor era capaz de detectar    vapores &aacute;cidos asociados al tratamiento de desechos, incluyendo &aacute;cido    fosf&oacute;rico y &aacute;cido hidroclorh&iacute;drico. Tao afirma que sus    dispositivos han demostrado ser lo suficientemente sensibles como para detectar    benceno, tolueno, etileno y xileno en concentraciones de 1 ppb, por lo que    son comparables con los detectores disponibles en el mercado.</font></p>     <blockquote>        <p><font face="Verdana" size="2">El esfuerzo f&iacute;sico es una consideraci&oacute;n      importante cuando se mide la exposici&oacute;n porque los niveles de actividad      pueden la cantidad de un contaminante que una persona inhala. Seg&uacute;n      un estudio sobre las diversas modalidades de desplazamiento, las personas      que se desplazaban en bicicleta inhalaban m&aacute;s de ocho veces la cantidad      de aire por minuto que aquellas que viajaban en autom&oacute;vil, y la mitad      m&aacute;s que las personas que se desplazaban a pie.<sup>8</sup> Por supuesto,      la respuesta para evitar las exposiciones no es hacer menos ejercicio; m&aacute;s      bien, puede ser que alg&uacute;n d&iacute;a la tecnolog&iacute;a inteligente      aconseje a las personas que se desplazan peque&ntilde;os cambios de comportamiento      (como el dejar espacio detr&aacute;s del veh&iacute;culo precedente o tomar      una ruta ligeramente distinta) que pueda reducir significativamente la exposici&oacute;n      a los contaminantes.</font></p> </blockquote>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_2.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_2.jpg" border="0" width="300"></a></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_2.jpg">Haga    un click para ampliar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las pruebas que Tao ha realizado hasta la fecha    pueden ser de utilidad para evaluar las exposiciones personales, puesto que    pueden generar resultados similares a los que muestran los sistemas de monitoreo    de la Agencia de Protecci&oacute;n al Medio Ambiente de Estados Unidos. Tao    se est&aacute; preparando para comenzar a realizar pruebas piloto de los monitores    en estudios epidemiol&oacute;gicos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Otro aspecto importante de la exposici&oacute;n    personal gira en torno a los niveles de esfuerzo de los individuos. Stephen    Intille, profesor adjunto del Colegio de Ciencias de la Informaci&oacute;n y    de la Computaci&oacute;n del Colegio Bouv&eacute; de Ciencias de la Salud en    la Universidad del Noreste, dirigi&oacute; el desarrollo del sistema Wockets,    un dispositivo que se puede llevar puesto y que tiene la capacidad de registrar    la actividad f&iacute;sica de las personas. Estos datos son importantes para    la evaluaci&oacute;n de las exposiciones porque el esfuerzo f&iacute;sico puede    modificar la dosis de contaminaci&oacute;n que una persona recibe. Seg&uacute;n    un estudio, las personas que viajaban en autom&oacute;vil o en autob&uacute;s    inhalaban aproximadamente 4.5 l de aire por minuto, mientras que las personas    que viajaban en metro inhalaban 10 l/min, las que se desplazaban a pie inhalaban    23 l/min, y los ciclistas, 37 l/min.<sup>8</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los dispositivos Wockets de Intille son diferentes    de los monitores de actividad que se pueden llevar puestos y que est&aacute;n    orientados al consumidor, tales como los monitores del ritmo cardiaco y los    pod&oacute;metros en el sentido de que proporcionan datos continuos sobre el    tipo, intensidad, duraci&oacute;n y localizaci&oacute;n de la actividad f&iacute;sica    de las partes superior e inferior del cuerpo del usuario durante meses enteros.    Adem&aacute;s, recogen datos sobre el cumplimiento de las instrucciones, de    modo que los investigadores sepan si se est&aacute;n utilizando o no los monitores.    En un principio los Wockets fueron dise&ntilde;ados con la participaci&oacute;n    de un grupo de voluntarios autodenominados "no tecn&oacute;filos"    de entre 22 y 82 a&ntilde;os de edad a fin de garantizar que sean suficientemente    f&aacute;ciles de usar incluso para los participantes del estudio con menos    destrezas tecnol&oacute;gicas. El equipo de Intille tambi&eacute;n ha creado    aplicaciones de "recordatorio" para los tel&eacute;fonos Android    y los programas de Windows Mobile a fin de estimular a los participantes para    que cumplan los protocolos de la investigaci&oacute;n. Espera haber recopilado    suficientes datos para verificar, a m&aacute;s tardar a finales de 2012, que    los Wockets funcionan tal como se ha prometido.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Dado que los datos obtenidos de sensores personales    como los que produce Sensaris pueden ser subidos en l&iacute;nea casi en tiempo    real, esto crea el marco para lo que Jerrett llama "redes de detecci&oacute;n    participativa" alimentadas por las aportaciones de los ciudadanos conectados.    (Si bien se puede disponer muy r&aacute;pidamente de los datos de los Wockets,    el acceso a ellos estar&aacute; estrictamente controlado por los investigadores,    subraya Intille). Independientemente de si los datos provienen de individuos    o de estaciones de monitoreo centralizadas, tienen un enorme potencial educativo,    afirma Intille: aquellas personas que participen en la red podr&iacute;an aprender    sobre las exposiciones potenciales asociadas a cualquier punto dado en el espacio    y el tiempo, y contar con datos pormenorizados sobre las exposiciones tambi&eacute;n    permitir&iacute;a a los investigadores dise&ntilde;ar intervenciones para reducir    las exposiciones, las cuales podr&iacute;an programarse en dispositivos inteligentes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Una cosa es saber d&oacute;nde est&aacute;n    expuestas las personas o a qu&eacute; cantidades est&aacute;n expuestas, pero    una vez que usted sepa adem&aacute;s algo sobre su comportamiento, quiz&aacute;    podr&aacute; ayudarlas a cambiar sus niveles de exposici&oacute;n", dice    Intille. Por ejemplo, la tecnolog&iacute;a inteligente podr&iacute;a revelar    cu&aacute;ndo los cambios peque&ntilde;os en el comportamiento (como el permanecer    m&aacute;s lejos de los autos que van delante en el tr&aacute;fico o el tomar    una ruta ligeramente distinta) podr&iacute;an producir cambios considerables    en la exposici&oacute;n a contaminantes que exacerban el asma, se&ntilde;ala.    Sin embargo, Intille y Jerrett coinciden en que es necesario resolver importantes    cuestiones de privacidad antes de que estos conceptos puedan ser puestos en    pr&aacute;ctica plenamente.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Datos de exposici&oacute;n interna</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una gran ventaja de enfocarse en el exposoma    interno es que no es necesario saber con exactitud qu&eacute; se est&aacute;    buscando para encontrar algo importante para la salud humana, dice Rappaport.    "Comparando patrones complejos de se&ntilde;ales qu&iacute;micas detectadas    en la sangre de personas sanas y de personas enfermas, es posible identificar    determinadas sustancias qu&iacute;micas cuyos niveles son m&aacute;s elevados    o m&aacute;s bajos en las personas que padecen la enfermedad", explica.    A&ntilde;ade que esto resulta prometedor para ayudar a los cient&iacute;ficos    a descubrir y caracterizar aquellos factores de riesgo hasta ahora desconocidos    que subyacen en una gran porci&oacute;n de la carga de las enfermedades cr&oacute;nicas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las tecnolog&iacute;as para recopilar datos sobre    el exposoma interno incluyen ensayos en los que se emplea el plasma de la sangre,    orina, heces fecales y c&eacute;lulas de la parte interior de la mejilla o de    una fosa nasal. Algunas de estas tecnolog&iacute;as ya existen para otros fines.    Por ejemplo, Rajeshwari Sundaram, investigador del Instituto Nacional Eunice    Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano, se&ntilde;ala que los    monitores de fertilidad que se venden sin necesidad de prescripci&oacute;n    m&eacute;dica y que son utilizados por las parejas que buscan el embarazo pueden    ser de utilidad para recopilar datos hormonales de mujeres en edad f&eacute;rtil.    Sundaram participa en la Investigaci&oacute;n Longitudinal de Fertilidad y Medio    Ambiente (LIFE por sus siglas en ingl&eacute;s) de los Institutos Nacionales    de Salud, estudio que utiliza los monitores para captar los cambios diarios    de los niveles de las hormonas reproductivas en un grupo de mujeres que est&aacute;n    intentando embarazarse. El estudio LIFE, en el que tambi&eacute;n participan    hombres, est&aacute; investigando la manera en que la exposici&oacute;n a diversos    compuestos que provocan trastornos endocrinos afecta a los tejidos cuyo funcionamiento    depende de las hormonas, tales como la calidad del semen, el tiempo para el    embarazo, la esterilidad, la p&eacute;rdida del embarazo, la duraci&oacute;n    de la gestaci&oacute;n y el tama&ntilde;o del producto al momento de nacer.<sup>9</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otro proyecto en marcha para recopilar datos    sobre el exposoma interno es el dirigido por Avrum Spira, pulmon&oacute;logo    de la Universidad de Boston. Spira est&aacute; examinando los perfiles de expresi&oacute;n    de genes en las v&iacute;as a&eacute;reas humanas como indicios de la exposici&oacute;n    interna al humo de tabaco y de los fogones. Este grupo se enfoca actualmente    en el estudio de la expresi&oacute;n de las v&iacute;as a&eacute;reas en las    peque&ntilde;as secuencias no codificantes del ARN conocidas como microARN o    miARN, las cuales regulan la respuesta gen&eacute;tica al humo de tabaco.<sup>10</sup>    El trabajo del grupo de Spira se basa en la hip&oacute;tesis de que la exposici&oacute;n    al humo de cigarrillo y a otros tipos de humo altera la expresi&oacute;n de    los genes de las epiteliales a lo largo de todo el tracto respiratorio<sup>11</sup>    y de que la variabilidad en esta respuesta de expresi&oacute;n gen&eacute;tica    est&aacute; asociada con el riesgo de desarrollar c&aacute;ncer de pulm&oacute;n.<sup>12</sup>    Uno de los proyectos actuales del grupo consiste en identificar nuevos miARN    en las v&iacute;as a&eacute;reas que puedan llegar a servir como bioindicadores    para detectar c&aacute;ncer de pulm&oacute;n con base en una muestra que pueda    tomarse f&aacute;cilmente a trav&eacute;s de la nariz o de la boca. El equipo    tambi&eacute;n est&aacute; investigando si la exposici&oacute;n a la biomasa    en combusti&oacute;n, como la que se deriva de los fogones, altera la expresi&oacute;n    de los genes en estas c&eacute;lulas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Uno de los hallazgos m&aacute;s inesperados    que resultaron de una investigaci&oacute;n sobre el exposoma interno fue publicado    el a&ntilde;o pasado, cuando un grupo dirigido por Stanley Hazen, jefe de la    Secci&oacute;n de Cardiolog&iacute;a Preventiva y Rehabilitaci&oacute;n de    la Cl&iacute;nica de Cleveland, atrajo la atenci&oacute;n porque identific&oacute;    una posible asociaci&oacute;n entre el consumo de colina y otros nutrientes    en conjunto con el microbioma y la g&eacute;nesis de enfermedades cardiovasculares.<sup>13</sup>    Seg&uacute;n Hazen, el microbioma es particularmente importante porque es un    filtro de lo que llama nuestra m&aacute;xima exposici&oacute;n ambiental (es    decir, lo que comemos) y es uno de los factores que m&aacute;s contribuyen a    nuestra exposici&oacute;n interna.</font></p>     <blockquote>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El microbioma es particularmente      importante porque es un filtro de lo que constituye quiz&aacute; nuestra      m&aacute;xima exposici&oacute;n ambiental: los alimentos. es m&aacute;s, diversas      bacterias intestinales pueden convertir a los contaminantes en nuevas formas      que pueden ser m&aacute;s o menos biodisponibles que el compuesto original.      las variaciones en los microbiomas de los individuos podr&iacute;an ayudar      a entender por qu&eacute; las diferentes personas tienen niveles distintos      de susceptibilidad a las enfermedades influidas por el medio ambiente.</font></p> </blockquote>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_3.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_3.jpg" border="0" width="300"></a></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_3.jpg">Haga    un click para ampliar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hazen es el principal investigador en un estudio    cl&iacute;nico en el que se est&aacute; dando seguimiento a m&aacute;s de 10    000 pacientes en un intento por identificar, en el plasma sangu&iacute;neo y    v&iacute;as relacionadas, mol&eacute;culas peque&ntilde;as cuya presencia permita    predecir un riesgo incrementado de eventos cardiovasculares importantes como    los infartos. Estudiando muestras de 150 personas seleccionadas al azar que    experimentaron un ataque cardiaco o un derrame cerebral en los tres a&ntilde;os    que siguieron al inicio del estudio, junto con sujetos de control del mismo    sexo y edad, el grupo de Hazen detect&oacute; una multitud de compuestos candidatos    asociados al riesgo de enfermedades cardiovasculares.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La investigaci&oacute;n revel&oacute; que cuando    los animales y las personas consumen una dieta rica en colina (un compuesto    que abunda en la carne, las aves de corral y los huevos), los microbios de sus    intestinos pueden transformar la colina en trimetilamina. La trimetilamina se    metaboliza r&aacute;pidamente en el h&iacute;gado, convirti&eacute;ndose en    &oacute;xido de <i>N</i>trimetilamina (TMAO). Hazen descubri&oacute; que los    ratones con niveles elevados de TMAO sufr&iacute;an un engrosamiento acelerado    de las paredes arteriales debido a la acumulaci&oacute;n de colesterol, en comparaci&oacute;n    con los ratones cuyos niveles de TMAO eran bajos. El grupo de Hazen demostr&oacute;    adem&aacute;s que un c&oacute;ctel de antibi&oacute;ticos de amplio espectro    pod&iacute;a suprimir la flora intestinal en los ratones y prevenir la producci&oacute;n    de TMAO aterog&eacute;nico a partir de la colina que se encontraba en la lecitina    ingerida en la yema de huevo.<sup>13</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hazen tambi&eacute;n report&oacute; que en un    grupo de casi 2 000 pacientes con enfermedad cardiovascular y controles, los    niveles de TMAO en plasma pronosticaron un riesgo futuro de eventos cardiacos    independiente de los factores de riesgo tradicionales.<sup>13</sup> Esto sugiere    que el perfil del microbioma de una persona podr&iacute;a afectar su riesgo    de sufrir un ataque cardiaco tanto o m&aacute;s que la alimentaci&oacute;n.    Tambi&eacute;n podr&iacute;a ayudar a explicar por qu&eacute; algunas personas    pueden ingerir sin problemas una dieta rica en colesterol mientras que otras    no: tal vez aquellas cuya flora intestinal no produce mucho TMAO tienen un menor    riesgo por ingerir alimentos ricos en grasas, dice Hazen. Si bien la colina    es un micronutriente esencial para el desarrollo del cerebro, es posible que    muchas personas la est&eacute;n consumiendo en exceso, a&ntilde;ade Hazen,    en parte debido al uso generalizado de la lecitina en los productos horneados    comerciales para mantenerlos suaves y f&aacute;ciles de masticar.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Existen por lo menos otros diez ejemplos en los    que los investigadores han utilizado un enfoque de detecci&oacute;n sin un    objetivo espec&iacute;fico, propio de las ciencias "&oacute;micas",    como el que utiliz&oacute; el grupo de Hazen, para identificar indicadores potenciales    de las enfermedades, dice Rappaport. "Acumulando las sustancias qu&iacute;micas    activas de estos estudios en una biblioteca de riesgos ambientales potenciales,    en el futuro los investigadores podr&aacute;n determinar si estas sustancias    qu&iacute;micas intervienen en multitud de enfermedades cuyos or&iacute;genes    se desconocen actualmente", dice.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Gesti&oacute;n de los datos</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, para caracterizar verdaderamente    al exposoma se deben integrar estas modalidades de medici&oacute;n interna    y externa. Si bien las exposiciones externas no se prestan para el enfoque    no focalizado de las ciencias &oacute;micas que ha dado lugar a avances recientes    relativos al exposoma interno, Rappaport hace hincapi&eacute; en que la contaminaci&oacute;n    atmosf&eacute;rica y del agua, as&iacute; como otros factores externos como    el ejercicio y el estr&eacute;s, contribuyen a las enfermedades humanas y deben    ser controlados. "Para esto se requerir&aacute;n m&aacute;s y mejores    m&eacute;todos para vigilar en forma simult&aacute;nea m&uacute;ltiples factores    estresantes externos focalizados y, con el tiempo, para combinar las mediciones    externas con los exposomas internos", agrega.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La capacidad de comparar muestras tomadas antes    y despu&eacute;s que se presente cualquier manifestaci&oacute;n de una enfermedad    es una ventaja obvia para el estudio del exposoma. Rap-paport se&ntilde;ala    que los investigadores pueden llevar adelante la ciencia desarrollando estudios    prospectivos de cohorte que re&uacute;nan datos sobre los factores estresantes    externos a la vez que obtienen y almacenan sangre u otros bioespec&iacute;menes    para mediciones futuras de los exposomas internos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De conformidad con lo anterior, Nathaniel Rothman,    director de Estudios Moleculares del Instituto Nacional del C&aacute;ncer, dice    que actual-mente se est&aacute;n realizando en el mundo entre 40 y 50 estudios    generales prospectivos de cohorte con diversas muestras biol&oacute;gicas e    informaci&oacute;n de historias cl&iacute;nicas disponibles que los cient&iacute;ficos    podr&iacute;an utilizar en futuros estudios del exposoma. Observa que los estudios    en los que se han tomado muestras repetidas pueden ser de particular utilidad.    Birnbaum a&ntilde;ade que el NIEHS mantiene una enorme colecci&oacute;n de espec&iacute;menes    biol&oacute;gicos obtenidos de estudios realizados por investigadores intramuros.    Suzanne Fitzpatrick, jefa de asesores cient&iacute;ficos de la Oficina del Cient&iacute;fico    Principal de la Administraci&oacute;n de Alimentos y Medicamentos, se&ntilde;ala    que las muestras recolectadas durante las pruebas de medicamentos pueden estar    disponibles para ser utilizadas asimismo por otros investigadores. Paul Elliott,    jefe del Departamento de Epidemiolog&iacute;a y Salud P&uacute;blica de la Escuela    de Salud P&uacute;blica del Colegio Imperial de Londres, dice que el Reino    Unido est&aacute; considerando una propuesta para readaptar las instalaciones    construidas para las pruebas de detecci&oacute;n de drogas en los Juegos Ol&iacute;mpicos    del verano de 2012, con el fin de invertir en lo que denomin&oacute; la investigaci&oacute;n    expos&oacute;mica".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Chirag Patel, investigador de postdoctorado de    la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford, considera que ahora es    posible establecer exhaustivamente la conexi&oacute;n entre los factores ambientales    y las enfermedades utilizando los m&eacute;todos de an&aacute;lisis de alto    rendimiento com&uacute;nmente utilizados en las investigaciones basadas en    los genomas. Para probar su concepto de los llamados estudios de asociaci&oacute;n    en todo el medio ambiente utiliz&oacute; muestras del suero sangu&iacute;neo    y de orina de las cohortes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrici&oacute;n    (NHANES) desde 1999 hasta 2006. En 2010 su grupo report&oacute; asociaciones    inesperadas entre la diabetes tipo 2 y las exposiciones ambientales al ep&oacute;xido    de heptacloro y al <b>&#947;</b>-tocoferol.<sup>14</sup> Tambi&eacute;n    encontr&oacute; asociaciones con los bifenilos policlorados (PBC), que ya antes    hab&iacute;an sido asociados a esta forma de diabetes, as&iacute; como con los    plaguicidas. Algunos investigadores en otros lugares han planteado la hip&oacute;tesis    de que estas sustancias qu&iacute;micas podr&iacute;an incrementar el riesgo    de obesidad y enfermedades metab&oacute;licas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s recientemente, el grupo de Patel utiliz&oacute;    las mismas t&eacute;cnicas con datos de la encuesta NHANES para detectar asociaciones    entre ciertas sustancias qu&iacute;micas y la presencia de l&iacute;pidos en    la sangre.<sup>15</sup> Los hallazgos preliminares sugieren que puede haber    una asociaci&oacute;n entre los niveles m&aacute;s elevados de triglic&eacute;ridos    y los niveles m&aacute;s bajos de lipoprote&iacute;na colesterol de alta densidad    o "buena", por una parte, y las concentraciones m&aacute;s elevadas    de contaminantes solubles en grasa como los PBC y los dibenzofuranos, por la    otra. Patel dice que estas asociaciones ameritan mayor investigaci&oacute;n,    si bien aclara que es necesario investigar mediante estudios longitudinales    y de seguimiento el potencial para medir factores de confusi&oacute;n y revertir    los sesgos causales. Es decir, dado que estos estudios son transversales, es    absolutamente posible que estas asociaciones sean una consecuencia y no la causa    de la enfermedad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el futuro a largo plazo, Patel pronostica    una &eacute;poca en la que las mejoras en nuestra capacidad de medir tanto el    exposoma interno como el externo permitir&aacute;n a los investigadores evaluar    cientos o millares de factores diferentes en relaci&oacute;n con enfermedades    o estados de salud espec&iacute;ficos. Prev&eacute; que a fin <sup>de utili</sup>zar    esa informaci&oacute;n para descubrir asociaciones con la enfermedad, se requerir&aacute;n    nuevos m&eacute;todos anal&iacute;ticos e inform&aacute;ticos. Esto fue un tema    de discusi&oacute;n en los primeros estudios de gen&oacute;mica, y llegado un    momento dio lugar a una proliferaci&oacute;n de nuevas t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas    y al campo de la bioinform&aacute;tica, se&ntilde;ala.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Birnbaum, por su parte, es cautelosamente optimista    respecto a la promesa de estudios de asociaci&oacute;n en todo el medio ambiente.    "Los factores gen&eacute;ticos son inherentemente menos complejos que    los factores ambientales", subraya. "Es posible que necesitemos    algunas herramientas adicionales para lidiar con el medio ambiente. Si bien    ahora la inform&aacute;tica est&aacute; realizando un trabajo excelente con    la informaci&oacute;n gen&eacute;tica, me parece que nos queda todav&iacute;a    un largo camino por recorrer, y necesitamos una mayor comprensi&oacute;n y muchos    m&aacute;s enfoques bionform&aacute;ticos para manejar la riqueza de informaci&oacute;n    que se derivar&aacute; del exposoma".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Referencias y notas</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Wild C. Complementing the genome with an "exposome":    the outstanding challenge of environmental exposure measurement in molecular    epidemiology. Cancer EpidemiolBiomarPrev 14(8):1847-1850 (2005); <a href="http://dx.doi.org/10.1158/1055-9965.EPI-05-0456" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1158/1055-9965.EPI-05-0456</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353573&pid=S0036-3634201200060001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Betts K. A study in balance: how microbiomes    are changing the shape of environmental health. Environ Health Perspect 119(8):A340-A346    (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.119-a340" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.119-a340</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353575&pid=S0036-3634201200060001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Emerging Technologies for Measuring Individual    Exposomes &#91;workshop&#93;, Washington, DC, 8-9 Dec 2011. Washington, DC: Las Academias    Nacionales (2012). Disponible en: <a href="http://nas-sites.org/emergingscience/workshops/individual-exposomes/" target="_blank">http://nas-sites.org/emergingscience/workshops/individual-exposomes/</a>    &#91;consultada el 5 de marzo de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353577&pid=S0036-3634201200060001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Kavanagh P, <i>et al</i>. Urinary arsenic    species in Devon and Cornwall residents, UK. A pilot study. Analyst 123(1):27-29    (1998); <a href="http://dx.doi.org/10.1039/A704893I" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1039/A704893I</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353579&pid=S0036-3634201200060001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. The World in 2011: ICT Facts and Figures &#91;p&aacute;gina    web&#93;. Ginebra, Suiza: Uni&oacute;n Internacional de Telecomunicaciones (2011).    Disponible en: <a href="http://www.itu.int/ITU-D/ict/facts/2011/material/ICTFactsFigures2011.pdf" target="_blank">http://www.itu.int/ITU-D/ict/facts/2011/material/ICTFactsFigures2011.pdf</a>    &#91;consultada el 5 de marzo de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353581&pid=S0036-3634201200060001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Sensaris. Discover our SensPods &#91;p&aacute;gina    web&#93;. Crolles, Francia: Sensaris (2012). Disponible en: <a href="http://www.sensaris.com/products/senspod/" target="_blank">http://www.sensaris.com/products/senspod/</a>    &#91;consultada el 5 de marzo de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353583&pid=S0036-3634201200060001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. NTP. Report on Carcinogens, 12th Edition.    Research Triangle Park, NC: Programa Nacional de Toxicolog&iacute;a, Departamento    de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (2011). Disponible en: <a href="http://ntp.niehs.nih.gov/ntp/roc/twelfth/roc12.pdf" target="_blank">http://ntp.niehs.nih.gov/ntp/roc/twelfth/roc12.pdf</a>    &#91;consultado el 5 de marzo de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353585&pid=S0036-3634201200060001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. de Nazelle A, <i>et al</i>. Improving health    through policies that promote active travel: a review of evidence to support    integrated health impact assessment. Environ Intl 37(4):766-777 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.envint.2011.02.003" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.envint.2011.02.003</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353587&pid=S0036-3634201200060001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Buck Louis GM, <i>et al</i>. Heavy metals    and couple fecundity, the LIFE Study. Chemosphere; <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.chemosphere.2012.01.017" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.chemosphere.2012.01.017</a>    &#91;en l&iacute;nea a partir del 4 de febrero de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353589&pid=S0036-3634201200060001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Schembri S, <i>et al</i>. MicroRNAs as modulators    of smoking-induced gene expression changes in human airway epithelium. ProcNatlAcadSci    USA 106(7):2319-2324 (2009); <a href="http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0806383106" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0806383106</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353591&pid=S0036-3634201200060001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Spira A<i>, et al</i>. Effects of cigarette    smoke on the human airway epithelial cell transcriptome. ProcNatlAcadSci USA    101(27):10143-10148 (2004); <a href="http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0401422101" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0401422101</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353593&pid=S0036-3634201200060001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Spira A, <i>et al</i>. Airway epithelial    gene expression in the diagnostic evaluation of smokers with suspect lung cancer.    Nature Med 13(3):361-366 (2007); <a href="http://dx.doi.org/10.1038/nm1556" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1038/nm1556</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353595&pid=S0036-3634201200060001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Wang Z, <i>et al.</i> Gut flora metabolism    of phosphatidylcholine promotes cardiovascular disease. Nature 472(7341):57-63    (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1038/nature09922" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1038/nature09922</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353597&pid=S0036-3634201200060001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Patel CJ, <i>et al.</i> An environment-wide    association study (EWAS) on type 2 diabetes mellitus. PLoS ONE 5(5):e10746 (2010);    <a href="http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0010746" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0010746</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353599&pid=S0036-3634201200060001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Patel CJ, <i>et al.</i> Systematic evaluation    of environmental factors: persistent pollutants and nutrients correlated with    serum lipid levels. Int J Epidemiol; <a href="http://dx.doi.org/10.1093/ije/dys003" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1093/ije/dys003</a>    &#91;en l&iacute;nea a partir del 15 de marzo de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353601&pid=S0036-3634201200060001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="end1" href="#top1">*</a> Publicado originalmente    en Environmental Health Perspectives, volumen 120, n&uacute;mero 4, abril 2012,    p&aacute;ginas A158-A163.</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>ESTRATEGIAS EN DISPUTA</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b><a name="top2"></a>Para mitigar la contaminaci&oacute;n    por nitr&oacute;geno reactivo<a href="#end2"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><b>Tim Lougheed</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ha trabajado como escritor independiente en Ottawa,    Canad&aacute;, desde 1991. Fue presidente de la Asociaci&oacute;n Canadiense    de Escritores Cient&iacute;ficos, y sus art&iacute;culos cubren una amplia gama    de temas de ciencia, tecnolog&iacute;a, medicina y educaci&oacute;n</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_4.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_4.jpg" border="0" width="300"></a></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a href="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_4.jpg">Haga    un click para ampliar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">La munificencia agr&iacute;cola de California    central, que durante d&eacute;cadas ha surtido a los estantes de las tiendas    de abarrotes de toda Am&eacute;rica del Norte, tambi&eacute;n ha abastecido    de nitratos a las aguas subterr&aacute;neas de la regi&oacute;n, seg&uacute;n    un estudio realizado a lo largo de dos a&ntilde;os por investigadores de la    Universidad de California en Davis.<sup>1</sup> Los acu&iacute;feros, que proveen    de agua potable a millares de personas, exceden regularmente los l&iacute;mites    estatales de seguridad<sup>1</sup> de las concentraciones de nitratos, por lo    que pueden llegar a incrementar el riesgo de trastornos tiroidales, resultados    adversos del parto, problemas circulatorios y c&aacute;ncer.<sup>2</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El estudio se ha denominado SBX2 1 en honor al    proyecto de ley<sup>3</sup> de 2008 del Senado de California, el cual exig&iacute;a    al Consejo para el Manejo de los Recursos H&iacute;dricos del Estado de California    presentar un informe sobre la contaminaci&oacute;n del agua potable con nitratos,    un problema sobre el cual advirti&oacute; el gobierno estatal unos 20 a&ntilde;os    antes.<sup>4</sup> El informe, preparado por el Centro de Ciencias de Cuencas    de la UC en Davis, re&uacute;ne datos de dos docenas de agencias privadas y    gubernamentales, conformando una base de datos que comprende 100 000 muestras    de casi 20 000 pozos. Los resultados fueron anunciados formalmente en un taller    realizado el 13 de marzo de 2012.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El informe concluye que las acciones reguladoras    llevadas a cabo hasta la fecha no han logrado contener la contaminaci&oacute;n    por nitratos de las aguas subterr&aacute;neas, problema que puede de hecho empeorarse    en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. No obstante, a&ntilde;aden los autores,    existen opciones de costo bajo y moderado que podr&iacute;an controlar eficazmente    la contaminaci&oacute;n, siempre y cuando se aplique la voluntad pol&iacute;tica    e industrial adecuada para implementarlas. "Me siento muy optimista en    cuanto a que dentro de veinte a&ntilde;os no habr&aacute; otro informe a la    legislatura", concluy&oacute; el investigador principal Thomas Harter    despu&eacute;s del taller de tres horas, que incluy&oacute; una mesa redonda    para exponer una amplia gama de enfoques del problema.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Este sentimiento se vio reflejado en la edici&oacute;n    de <i>Issues in Ecology</i> &#91;Cuestiones de ecolog&iacute;a&#93; del invierno de    2012, titulada "Exceso de nitr&oacute;geno en el medio ambiente de Estados    Unidos: tendencias, riesgos y soluciones".<sup>5</sup> Un equipo de autores    dirigidos por Eric A. Davidson, director ejecutivo y cient&iacute;fico principal    del Centro de Investigaci&oacute;n Woods Hole, informaron que se han logrado    "importantes &eacute;xitos en la reducci&oacute;n de emisiones de nitr&oacute;geno    a la atm&oacute;sfera, y esto ha mejorado la calidad del aire". Tambi&eacute;n    se&ntilde;alaron que se han identificado opciones eficaces para reducir las    p&eacute;rdidas de nitr&oacute;geno en la agricultura, "si bien sigue    habiendo impedimentos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos para adoptarlas".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>&iquest;Qu&eacute; es la contaminaci&oacute;n    por nitr&oacute;geno reactivo?</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los efectos de la contaminaci&oacute;n por nitr&oacute;geno    pueden encontrarse en todos aquellos lugares donde el nitr&oacute;geno haya    transformado el aire, el agua o la tierra. El culpable en todos los casos es    el nitr&oacute;geno reactivo, es decir, cualquier forma del elemento que no    sea el gas atmosf&eacute;rico no reactivo N<sub>2</sub>. All&iacute; donde ocurren    reacciones, los productos m&aacute;s comunes son el &oacute;xido nitroso (N<sub>2</sub>O),    el nitrito (NO<sub>2</sub>), el nitrato (NO<sub>3</sub>), el amoniaco (NH<sub>3</sub>)    y los &oacute;xidos de nitr&oacute;geno (NO<sub>X</sub>).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La mayor parte del nitr&oacute;geno reactivo    del medio ambiente proviene de la agricultura.<sup>6</sup> En 1909 los qu&iacute;micos    Fritz Haber y Carl Bosch, laureados con el premio Nobel, desarrollaron el proceso    Haber, que permit&iacute;a la producci&oacute;n de amoniaco a escala industrial    para su uso en fertilizantes y explosivos. En el siglo siguiente se desplom&oacute;    el precio del amoniaco, y ahora el mundo utiliza cada a&ntilde;o m&aacute;s    de 200 mil millones de kilogramos de esta sustancia, que en su mayor&iacute;a    va a dar a los campos de cultivo.<sup>7</sup> Entre otras fuentes antropog&eacute;nicas    de nitr&oacute;geno reactivo se cuentan la industria, el transporte y la generaci&oacute;n    de electricidad; los insumos naturales incluyen los rayos y la fijaci&oacute;n    bacteriana de nitr&oacute;geno<sup>5</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una rese&ntilde;a publicada en el a&ntilde;o    2007 por el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas y el Centro de    Investigaci&oacute;n Woods Hole se&ntilde;al&oacute; los problemas que ocasiona    el nitr&oacute;geno reactivo en diversos entornos en todo el mundo. Por ejemplo,    dondequiera que florecen los motores de combusti&oacute;n interna, emiten grandes    vol&uacute;menes de NO<sub>X</sub>, que ha sido vinculado a enfermedades respiratorias,    a la reducci&oacute;n del funcionamiento del coraz&oacute;n y de los pulmones    y a problemas reproductivos.<sup>2,9</sup> Los compuestos de nitr&oacute;geno    tambi&eacute;n reaccionan con otros contaminantes atmosf&eacute;ricos para formar    ozono t&oacute;xico y material particulado.<sup>8</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el mundo desarrollado, las medidas legislativas    que exigen a los fabricantes limitar estas emisiones han obtenido un &eacute;xito    notable. Seg&uacute;n el informe "Nitr&oacute;geno reactivo en los Estados    Unidos: an&aacute;lisis de insumos, flujos, consecuencias y opciones de manejo",    publicado en 2011 por el Consejo Consultivo Cient&iacute;fico de la Agencia    de Protecci&oacute;n al Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA), las pruebas    de calidad del aire realizadas por esta dependencia en la &uacute;ltima d&eacute;cada    demostraron que entre 1990 y 2002 las emisiones de NO<sub>X</sub> asociadas    a la quema de combustibles f&oacute;siles se redujeron en una tercera parte,    y las emisiones asociadas a la generaci&oacute;n de la energ&iacute;a el&eacute;ctrica    disminuyeron en 70%.<sup>10</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De manera similar, investigadores del valle del    r&iacute;o Platte en Nebraska han pasado los &uacute;ltimos a&ntilde;os demostrando    lo acertado de una de las principales recomendaciones del informe SBX2 1. Al    cambiar 17% del &aacute;rea de estudio de la irrigaci&oacute;n por surcos a    la irrigaci&oacute;n con aspersores, mejor controlada, se requiri&oacute; menos    fertilizante, y el rendimiento de las cosechas increment&oacute;, lo que significa    que las plantas absorbieron m&aacute;s nitr&oacute;geno de esa superficie. En    consecuencia, las concentraciones de nitrato en las aguas subterr&aacute;neas    se redujeron lenta pero constantemente entre 1994 y 2003, llevando a los investigadores    a la predicci&oacute;n de que en algunas d&eacute;cadas quedar&aacute; por debajo    de los niveles peligrosos.<sup>11</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No obstante, en otros lugares las comunidades    siguen luchando por poner freno al nitr&oacute;geno reactivo. Los residentes    de la densamente poblada cuenca de la Bah&iacute;a de Chesapeake deben lidiar    con fuentes de nitr&oacute;geno tales como las chimeneas de las plantas de    energ&iacute;a el&eacute;ctrica, plantas de tratamiento de aguas residuales    y escorrent&iacute;as de granjas. Si bien la calidad del aire y del agua de    la zona han mejorado desde los a&ntilde;os noventa, el constante desarrollo    y el crecimiento de la poblaci&oacute;n han hecho dif&iacute;cil reducir la    cantidad de nitr&oacute;geno que entra en la bah&iacute;a, donde los elevados    niveles de acidez y de nitratos han da&ntilde;ado a las pesquer&iacute;as locales.    Seis estados adem&aacute;s del Distrito de Columbia colindan con este enorme    estuario, lo que complica los esfuerzos de regulaci&oacute;n para reducir estos    insumos.<sup>8</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Mientras tanto, el Programa de Evaluaci&oacute;n    de Efectos de Conservaci&oacute;n del Departamento de Agricultura de Estados    Unidos ha obtenido resultados encontrados respecto a la mejor manera de reducir    las concentraciones de nitratos en la cuenca del R&iacute;o Mississippi, que    en &uacute;ltima instancia son responsables de la enorme regi&oacute;n hip&oacute;xica,    conocida como "zona muerta", del Golfo de M&eacute;xico.<sup>12</sup>    Los intentos de limitar las escorrent&iacute;as de nitr&oacute;geno en la cuenca    superior del r&iacute;o han tenido un &eacute;xito limitado, y las concentraciones    de nitrato en algunos sitios a lo largo del r&iacute;o se han incrementado hasta    en 76% desde 1980. No obstante, los principales afluentes que desembocan en    el r&iacute;o no han mostrado tal incremento, y se encontr&oacute; que las concentraciones    en el propio Mississippi se incrementaban en forma estacional despu&eacute;s    del derretimiento de las nieves y las lluvias de la primavera, lo que sugiere    que la fuente del nitrato puede estar de hecho en los mantos fre&aacute;ticos    de los alrededores.<sup>13</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El informe SBX2 1 se centr&oacute; en la contaminaci&oacute;n    por nitratos en la Cuenca del Lago Tulare y el Valle de Salinas en California,    una regi&oacute;n que comprende cuatro de los condados con mayor producci&oacute;n    agr&iacute;cola de Estados Unidos y que abastece de diversos alimentos a todo    el continente a lo largo del a&ntilde;o. All&iacute; se ha cultivado intensivamente    la tierra desde la Segunda Guerra Mundial, y entre 2006 y 2010 en muchos lugares    las concentraciones de nitrato en las aguas subterr&aacute;neas excedieron regularmente    el nivel m&aacute;ximo de contaminaci&oacute;n del estado, de 45 mg/l. Unas    250 000 personas que utilizan esa agua subterr&aacute;nea la obtienen de sistemas    de tratamiento que no est&aacute;n equipados para lidiar con este tipo de contaminaci&oacute;n.<sup>1</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><b>Soluciones: sencillas pero no f&aacute;ciles</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Harter, coautor del informe SBX2 1, advierte    que no hay una soluci&oacute;n f&aacute;cil para la contaminaci&oacute;n por    nitratos en los mantos fre&aacute;ticos, la cual probablemente seguir&aacute;    empeorando si no se realiza un cambio en las pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas    agr&iacute;colas. En su enorme mayor&iacute;a, esta contaminaci&oacute;n por    nitratos es resultado de la prolongada aplicaci&oacute;n de fertilizantes,    y el material m&aacute;s recientemente aplicado seguir&aacute; abri&eacute;ndose    paso hacia los mantos acu&iacute;feros durante varias d&eacute;cadas. Tampoco    existen buenas soluciones t&eacute;cnicas para eliminar esta contaminaci&oacute;n    <i>in situ</i>, lo cual ser&iacute;a extremadamente costoso.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No obstante, el informe SBX2 1 presenta una serie    de soluciones prometedoras al reto que plantea el nitr&oacute;geno reactivo,    todas las cuales podr&iacute;an ser implementadas, seg&uacute;n los autores,    sin necesidad de una investigaci&oacute;n cient&iacute;fica ni un desarrollo    tecnol&oacute;gico ulteriores. Lo que se requiere es orientaci&oacute;n normativa,    incluyendo el hacer que se respeten las regulaciones existentes o la introducci&oacute;n    de nuevas leyes para mejorar la supervisi&oacute;n p&uacute;blica del manejo    del agua.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Un enfoque costoefectivo citado por el informe    SBX2 1 es el uso de aguas subterr&aacute;neas ricas en nitr&oacute;geno para    regar y fertilizar los cultivos de una manera m&aacute;s eficiente. Otros enfoques    pr&aacute;cticos consistir&iacute;an en resolver el problema del nitr&oacute;geno    m&aacute;s cerca de su fuente, y no ya una vez que est&aacute; en el suelo o    en el agua. Por ejemplo, humedales artificiales o biorreactores instalados en    la periferia de entornos agr&iacute;colas podr&iacute;an captar y tratar las    escorrent&iacute;as ricas en nitratos antes de que &eacute;stos entren en el    medio ambiente m&aacute;s amplio.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por desgracia, este tipo de infraestructura    representa un importante gasto financiero, que adem&aacute;s se sumar&iacute;a    a la carga de trabajo de los operadores agr&iacute;colas. El gobierno de California,    que tiene problemas de liquidez, no podr&iacute;a subsidiar con facilidad estas    instalaciones, y las comunidades de agricultores tampoco podr&iacute;an tomar    esta carga sobre sus hombros, seg&uacute;n los autores. Una estrategia m&aacute;s    sencilla podr&iacute;a ser la implementaci&oacute;n de un impuesto sobre el    uso de los fertilizantes, el cual proporcionar&iacute;a un incentivo diario    para que se aplique menos de este material y as&iacute; se reduzca la cantidad    de nitr&oacute;geno que va a dar a la tierra. Se podr&iacute;a establecer un    impuesto similar sobre el flujo de nitr&oacute;geno, medido en las escorrent&iacute;as    de las granjas y otros arroyos de aguas residuales. Pero dependiendo de la forma    en que se aplique tal impuesto, los modelos sugieren que el rendimiento y los    ingresos de la granja podr&iacute;an disminuir.<sup>1</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El informe se&ntilde;ala al papel crucial del    seguimiento y la evaluaci&oacute;n por cuerpos como los consejos del agua regionales    y estatales. Pero a lo largo de todo su estudio, los autores del informe SBX2    1 escribieron que "con frecuencia nos vemos frente a dificultades insalvables    para obtener acceso a datos sobre las aguas subterr&aacute;neas y sobre la contaminaci&oacute;n    de las aguas subterr&aacute;neas ya recopilados por numerosas agencias locales,    estatales y federales. Las inconsistencias en los registros, el etiquetado y    los nombres de los registros de los pozos hacen dif&iacute;cil combinar &#91;los    datos&#93; sobre un mismo pozo que se encuentran en diversas bases de datos o que    fueron recopilados por diferentes agencias. Se requiere de un esfuerzo a nivel    estatal para integrar las distintas actividades de recopilaci&oacute;n de datos    relacionados con el agua por diversas agencias estatales y locales con un amplio    rango de jurisdicciones".<sup>1</sup> Los autores sugieren que estas actividades    podr&iacute;an incrementarse con el apoyo de cuotas por el uso del agua y de    fertilizantes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre las autoridades que estar&iacute;an al    frente de esta supervisi&oacute;n se encuentra Celeste Cant&uacute;, gerente    general del Proyecto de la Cuenca de Santa Ana (Santa Ana Watershed Project    Authority). Como parte de la mesa redonda que sigui&oacute; a la publicaci&oacute;n    del informe SBX2 1, ella hizo &eacute;nfasis en la naturaleza cooperativa que    deber&aacute; adoptar cualquier soluci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"No existe una bala de plata, pero tenemos    muchos perdigones de plata", dice, al observar que cualquier soluci&oacute;n    que funcione tendr&aacute; que ser multifaci&eacute;tica, esparciendo los diversos    costos y ganancias entre los distintos socios. "S&oacute;lo se podr&aacute;    realizar trabajando regi&oacute;n por regi&oacute;n, con la singularidad que    corresponde a la de la tierra y las cirunstancias de cada una", dice.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por lo que ata&ntilde;e a aquellos lugares donde    la calidad del agua potable ya se ha puesto y se seguir&aacute; poniendo en    riesgo por alg&uacute;n tiempo, los autores argumentan que el tratamiento del    agua en el punto de uso representa la opci&oacute;n m&aacute;s factible. A corto    plazo, se podr&iacute;a ayudar a los hogares individuales con la compra del    equipo necesario para eliminar la contaminaci&oacute;n por nitratos. Llegado    un momento, esta asistencia se podr&iacute;a extender a los municipios peque&ntilde;os,    ayud&aacute;ndolos a mejorar sus operaciones de tratamiento del agua o a integrar    estas operaciones con plantas regionales m&aacute;s grandes que sean capaces    de eliminar los nitratos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Precisar el destino del nitr&oacute;geno reactivo</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, estas medidas son apenas el comienzo    del trabajo que hay por hacer, dice Tom Tomich, profesor de desarrollo comunitario,    ciencias ambientales y pol&iacute;ticas de la Universidad de California en Davis.    Es el principal investigador de un proyecto independiente pero relacionado,    la Evaluaci&oacute;n del nitr&oacute;geno en California,<sup>14</sup> que ha    estado en vigor durante unos tres a&ntilde;os con una amplia gama de participaci&oacute;n,    que va desde los grupos activistas locales hasta productores agr&iacute;colas    clave. Este proyecto se inspir&oacute; en otra pieza de legislaci&oacute;n de    California, la ley del estado sobre el calentamiento global AB 32,<sup>15</sup>    que reuni&oacute; a cient&iacute;ficos y a encargados de elaborar las normas    con el fin de que deliberaran las emisiones de N<sub>2</sub>O, un gas invernadero    de gran potencia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Actualmente se entiende que el nitr&oacute;geno    ayuda a regular el ciclo del carbono y ejerce efectos de enfriamiento y calentamiento    sobre el clima.<sup>5</sup> Por ejemplo, los compuestos de nitr&oacute;geno    pueden incrementar la captura y almacenamiento de carbono (un efecto de enfriamiento)    al estimular el crecimiento de los &aacute;rboles y retardar la descomposici&oacute;n    de la materia org&aacute;nica en algunos suelos. Tambi&eacute;n pueden contribuir    a la contaminaci&oacute;n por material particulado, la cual ejerce un efecto    de enfriamiento a corto plazo al modular la radiaci&oacute;n del sol. Por otra    parte, el N<sub>2</sub>O de larga vida tiene unas 300 veces m&aacute;s potencial    de calentamiento que el di&oacute;xido de carbono.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si bien los datos atmosf&eacute;ricos indican    que el N<sub>2</sub>O representa s&oacute;lo una proporci&oacute;n menor de    todos los gases invernadero,<sup>16</sup> surgieron algunas percepciones de    la Evaluaci&oacute;n del nitr&oacute;geno en California que dan m&aacute;s que    pensar. Por ejemplo, s&oacute;lo aproximadamente la mitad de todo el nitr&oacute;geno    aplicado a los suelos como fertilizante pasa a formar parte de las cosechas    que se obtienen de ellos; el resto se pierde en el medio ambiente.<sup>17</sup>    "Por cada &aacute;tomo de nitr&oacute;geno que entr&oacute; en el estado",    dice Tomich, "una cuarta parte termin&oacute; en el agua subterr&aacute;nea    como nitrato".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Seg&uacute;n Alan Townsend, coautor del informe    publicado en <i>Issues in Ecology </i>&#91;<i>Cuestiones de ecolog&iacute;a</i>&#93;    y quien actualmente funge como director de la Divisi&oacute;n de Biolog&iacute;a    Ambiental de la Fundaci&oacute;n Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el    mayor reto al que se enfrentan los esfuerzos de investigaci&oacute;n sobre la    contaminaci&oacute;n por nitr&oacute;geno es que dependen del rastreo indirecto    del flujo de nitr&oacute;geno. En un art&iacute;culo publicado en la revista    <i>Science</i> en 2008, Townsend y sus colegas sosten&iacute;an que una gran    cantidad de incertidumbre persigue a cualquier intento de precisar el destino    del nitr&oacute;geno reactivo.<sup>7</sup> Unas dos terceras partes del total    pueden estarse acumulando en los suelos, la vegetaci&oacute;n y las aguas subterr&aacute;neas,    sugieren. Desde all&iacute; podr&iacute;a desnitrificarse, transformado en    N<sub>2</sub> simple, y ser emitido a la atm&oacute;sfera, pero a&uacute;n no    est&aacute; claro cu&aacute;l es el destino &uacute;ltimo de ese nitr&oacute;geno    que se acumula.<sup>18</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Entre m&aacute;s r&aacute;pido se desnitrifica    el nitr&oacute;geno reactivo, m&aacute;s pronto se saca de sus 'excesos    criminales' a una de esas mol&eacute;culas de nitr&oacute;geno reactivo    y se la pone de vuelta all&iacute; donde no nos da&ntilde;e", dice Townsend.    "Pero es muy dif&iacute;cil medir ese proceso excepto en una escala muy    peque&ntilde;a, como un laboratorio o una situaci&oacute;n de campo controlada".</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En t&eacute;rminos geol&oacute;gicos, Townsend    y su colega Stephen Porder se&ntilde;alaron en un nuevo informe que el enorme    trastorno causado por la humanidad al ciclo natural del nitr&oacute;geno ha    ocurrido en apenas un abrir y cerrar de ojos. Por ende tenemos s&oacute;lo una    breve ventana de observaci&oacute;n con base en la cual predecir el resultado    ambiental &uacute;ltimo de este trastorno, cuyo "legado nos acompa&ntilde;ar&aacute;    durante varias generaciones".<sup>19</sup> Mientras tanto, la fabricaci&oacute;n    global de nitr&oacute;geno reactivo se acelera y podr&iacute;a seguir haci&eacute;ndolo,    dependiendo de si las naciones alteran o no sus estrategias agr&iacute;colas.<sup>20</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">No obstante, Townsend considera que el &eacute;xito    espectacular de la Ley del Aire Limpio<sup>21</sup> para reducir el nitr&oacute;geno    reactivo en la atm&oacute;sfera, que seg&uacute;n c&aacute;lculos de la EPA    previno unas 165 000 muertes prematuras en Estados Unidos en s&oacute;lo el    a&ntilde;o 2012,<sup>22</sup> como un testimonio de lo que se puede lograr sobre    el terreno en relativamente poco tiempo. "Se ve que puede funcionar sin    una especie de gigantesca agitaci&oacute;n social o econ&oacute;mica",    se&ntilde;ala.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este contexto, considera las iniciativas tales    como el informe SBX2 1 y la Evaluaci&oacute;n del Nitr&oacute;geno en California    como modelos del modo adecuado de promover el apoyo p&uacute;blico y privado    para pol&iacute;ticas que ya han demostrado su valor. A&ntilde;ade, "no    se trata s&oacute;lo de esbozar el problema y obtener los datos, sino de entrar    en profundidad con los interesados, hablar con todos ellos y buscar afinidades    y soluciones comunes: esta es una manera de avanzar".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Referencias y notas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Harter T, et al. Addressing Nitrate in California's    Drinking Water with a Focus on Tulare Lake Basin and Salinas Valley Groundwater.    Report for the State Water Resources Control Board Report to the Legislature.    Davis, CA: Centro de Ciencias de Cuencas, Universidad de California, Davis (2012).    Disponible en: <a href="http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/" target="_blank">http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353654&pid=S0036-3634201200060001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Ward MH, et al. Workgroup report: drinking-water    nitrate and health-recent findings and research needs. Environ Health    Perspect 113(11):1607 1614 (2005); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.8043" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.8043</a>.    Los beb&eacute;s que consumen agua con niveles elevados de nitrates, inclusive    como parte de una f&oacute;rmula, pueden desarrollar un padecimiento potencialmente    mortal conocido como metahemoglobinemia o s&iacute;ndrome del beb&eacute; azul,    en el cual la sustancia contaminante &lt;compromiso&gt; la capacidad de la sangre    de transportar ox&iacute;geno. En los adultos, la exposici&oacute;n alimentaria    a los nitratos y nitritos se ha asociado a la formaci&oacute;n de compuestos    carcinog&eacute;nicos N-nitrosos en el tracto digestivo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353656&pid=S0036-3634201200060001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Legislatura del Estado de California. Proyecto    de Ley SBX2 1: Calidad del agua, Control de inundaciones, Almacenamiento de    agua y Preservaci&oacute;n de la fauna y de la flora. En vigor desde el 30 de    septiembre de 2008. Disponible en: <a href="http://www.leginfo.ca.gov/pub/07-08/bill/sen/sb_0001-0050/sbx2_1_bill_20080930_chaptered.html" target="_blank">http://www.leginfo.ca.gov/pub/07-08/bill/sen/sb_0001-0050/sbx2_1_bill_20080930_chaptered.html</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353658&pid=S0036-3634201200060001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Anton EC, et al. Nitrate in Drinking Water,    Report to the Legislature, Informe No. 88-11WQ. Sacramento, CA: Consejo Estatal    para el Manejo de Recursos H&iacute;dricos, Agencia de Protecci&oacute;n al    Medio Ambiente, California. Disponible en: <a href="http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/files/138960.pdf" target="_blank">http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/files/138960.pdf</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353660&pid=S0036-3634201200060001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Davidson EA, et al. Excess Nitrogen in the    U.S. Environment: Trends, Risks, and Solutions. Issues in Ecology, Winter 2012,    Report #15. Washington, DC: Sociedad Americana de Ecolog&iacute;a (2012). Disponible    en: <a href="http://www.esa.org/science_resources/issues/FileEnglish/issuesinecology15.pdf" target="_blank">http://www.esa.org/science_resources/issues/FileEnglish/issuesinecology15.pdf</a> &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353662&pid=S0036-3634201200060001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6.Townsend AR, Howarth RW. Fixing the global    nitrogen problem. Sci Am 302(2):64-71 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1038/scientificamerican0210-64" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1038/scientificamerican0210-64</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353664&pid=S0036-3634201200060001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Galloway JN, et al. Transformation of the    nitrogen cycle: recent trends, questions, and potential solutions. Science 320(5878):889-892    (2008); <a href="http://dx.doi.org/10.1126/science.1136674" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1126/science.1136674</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353666&pid=S0036-3634201200060001400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. UNEP/WHRC. Reactive Nitrogen in the Environment:    Too Much of a Good Thing? Paris, France and Falmouth, MA: Programa para el Medio    Ambiente de las Naciones Unidas y el Centro de Investigaciones Woods Hole (2007).    Disponible en: <a href="http://www.unep.fr/scp/publications/details.asp?id=DTI/0904/PA" target="_blank">http://www.unep.fr/scp/publications/details.asp?id=DTI/0904/PA</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353668&pid=S0036-3634201200060001400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9.EPA. Integrated Science Assessment for Oxides    of Nitrogen-Health Criteria. EPA/600/R-08/071. Research Triangle Park,    NC: Centro Nacional de Evaluaci&oacute;n del Medio Ambiente, Oficina de Investigaci&oacute;n    y Desarrollo, Agencia de Protecci&oacute;n al Medio Ambiente de Estados Unidos    (julio de 2008). Disponible en: <a href="http://ofmpub.epa.gov/eims/eimscomm.getfile?p_download_id=475020" target="_blank">http://ofmpub.epa.gov/eims/eimscomm.getfile?p_download_id=475020</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353670&pid=S0036-3634201200060001400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. EPA SAB. Reactive Nitrogen in the United    States: An Analysis of Inputs, Flows, Consequences, and Management Options.    EPA-SAB-11-013. Washington, DC: Consejo Consultivo de Ciencias, Agencia de Protecci&oacute;n    al Medio Ambiente de Estados Unidos (agosto de 2011). Disponible en: <a href="http://yosemite.epa.gov/sab/sabproduct.nsf/WebBOARD/INCSupplemental?OpenDocument" target="_blank">http://yosemite.epa.gov/sab/sabproduct.nsf/WebBOARD/INCSupplemental?OpenDocument</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353672&pid=S0036-3634201200060001400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11.Exner ME, et al. Long-term response of groundwater    nitrate concentrations to management regulations in Nebraska's Central    Platte Valley. Sci World J 10:286-297 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1100/tsw.2010.25" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1100/tsw.2010.25</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353674&pid=S0036-3634201200060001400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. NOAA. Gulf of Mexico Hypoxia Watch &#91;p&aacute;gina    web&#93;. Stennis Space Center, MS: Centro Nacional de Datos Costeros, Administraci&oacute;n    Nacional Oce&aacute;nica y Atmosf&eacute;rica, Departamento de Comercio de Estados    Unidos (revisada el 9 de abril de 2012). Disponible en: <a href="http://www.ncddc.noaa.gov/hypoxia/" target="_blank">http://www.ncddc.noaa.gov/hypoxia/</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353676&pid=S0036-3634201200060001400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Sprague LA, et al. Nitrate in the Mississippi    and its tributaries, 1980 to 2008: are we making progress? Environ SciTechnol    45(17):7209-7216 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1021/es201221s" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1021/es201221s</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353678&pid=S0036-3634201200060001400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. California Nitrogen Assessment &#91;website&#93;.    Davis, CA: Instituto de Sostenibilidad Agr&iacute;cola, Universidad de California    Davis (2012). Disponible en: <a href="http://nitrogen.ucdavis.edu/research/nitrogen" target="_blank">http://nitrogen.ucdavis.edu/research/nitrogen</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353680&pid=S0036-3634201200060001400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Legislatura del Estado de California. Proyecto    de Ley AB 32: Ley de Soluciones para el Calentamiento Global. En vigor desde    el 27 de septiembre de 2006. Disponible en: <a href="http://www.leginfo.ca.gov/pub/05-06/bill/asm/ab_0001-0050/ab_32_bill_20060927_chaptered.pdf" target="_blank">http://www.leginfo.ca.gov/pub/05-06/bill/asm/ab_0001-0050/ab_32_bill_20060927_chaptered.pdf</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353682&pid=S0036-3634201200060001400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Air Resources Board. California Greenhouse    Gas Inventory Data 2000-2009 &#91;website&#93;. Sacramento, CA: Consejo de Recursos    del Aire, Agencia de Protecci&oacute;n al Medio Ambiente, California (actualizado    el 6 de abril de 2012). Disponible en: <a href="http://www.arb.ca.gov/cc/inventory/data/data.htm" target="_blank">http://www.arb.ca.gov/cc/inventory/data/data.htm</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353684&pid=S0036-3634201200060001400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Viers JH, et al. Nitrogen Sources and Loading    to Groundwater. Technical Report 2: Assessing Nitrate in California's    Drinking Water with a Focus on Tulare Lake Basin and Salinas Valley Groundwater.    Davis, CA: Centro de Ciencias de Cuencas, Universidad de California, Davis (2012).    Disponible en: <a href="http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/files/139110.pdf" target="_blank">http://groundwaternitrate.ucdavis.edu/files/139110.pdf</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353686&pid=S0036-3634201200060001400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Sutton MA, et al. Challenges in quantifying    biosphere-atmosphere exchange of nitrogen species. Environ Pollut 150(1)125-139;    <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.envpol.2007.04.014" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.envpol.2007.04.014</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353688&pid=S0036-3634201200060001400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Townsend AR, Porder S. Agricultural legacies,    food production and its environmental consequences. ProcNatlAcadSci USA; <a href="http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1203766109" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1203766109</a>    &#91;en l&iacute;nea, 16de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353690&pid=S0036-3634201200060001400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Townsend AR, Palm CA. The Nitrogen Challenge.    BioScience 59(10):822-823 <a href="http://dx.doi.org/10.1525/bio.2009.59.10.2" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1525/bio.2009.59.10.2</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353692&pid=S0036-3634201200060001400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. Clean Air Act of 1970 &#91;Ley de Aire Limpio,    1970&#93; (CAA). Ley P&uacute;blica No. 95-95. Disponible en: <a href="http://www.epa.gov/air/caa/" target="_blank">http://www.epa.gov/air/caa/</a>    &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353694&pid=S0036-3634201200060001400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. EPA. The Benefits and Costs of the Clean    Air Act from 1990 to 2020.Final Report. Washington, DC: Oficina del Aire y Radiaci&oacute;n,    Agencia de Protecci&oacute;n al Medio Ambiente de Estados Unidos (marzo de 2011).    Disponible en: <a href="http://www.epa.gov/air/sect812/feb11/fullreport" target="_blank">http://www.epa.gov/air/sect812/feb11/fullreport</a>.    pdf &#91;consultado el 12 de abril de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353696&pid=S0036-3634201200060001400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#top2" name="end2">*</a> Publicado originalmente    en <i>Environmental Health Perspectives,</i> volumen 120, n&uacute;mero 5, mayo    2012, p&aacute;ginas A200-A203.</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>BIOLOG&Iacute;A MOLECULAR</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b><a name="top3"></a>M&aacute;s sustancias qu&iacute;micas    presentan efectos epigen&eacute;ticos de una generaci&oacute;n a otra<a href="#end3"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Bob Weinhold, M</b><b>A</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ha escrito reportajes sobre temas de salud ambiental    para gran cantidad de publicaciones desde 1996. Es miembro de la Sociedad de    Periodistas Ambientales.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2">Lo &uacute;nico que hace posible    la vida es una incertidumbre permanente e intolerable que consiste en no saber    qu&eacute; sigue.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Ursula K. LeGuin, <i>La mano izquierda de la oscuridad</i> (1969)</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Si el combustible para los aviones de propulsi&oacute;n    a chorro hubiera existido cuando su bisabuela se embaraz&oacute;, usted habr&iacute;a    heredado un potencial de infertilidad que podr&iacute;a convertirlo en el &uacute;ltimo    miembro de su &aacute;rbol geneal&oacute;gico. Pero si la ciencia de los bioindicadores    de la herencia epigen&eacute;tica transgeneracional contin&uacute;a desarroll&aacute;ndose,    los investigadores podr&aacute;n llegar por lo menos a rastrear la causa de    su infertilidad hasta la exposici&oacute;n de su bisabuela a estos agentes.    Esos son dos aspectos importantes del m&aacute;s reciente de una serie de estudios    realizados por Michael Skinner, profesor de epigen&eacute;tica reproductiva    y ambiental, y sus colegas de la Universidad del Estado de Washington.<sup>1</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los cambios epigen&eacute;ticos ocurren cuando    la funci&oacute;n de un gen se ve alterada por diversos mecanismos aun cuando    su secuencia de ADN permanezca estable. La exposici&oacute;n de una madre produce    efectos transgeneracionales que se heredan a trav&eacute;s de generaciones    sucesivas en ausencia de una exposici&oacute;n directa de los descendientes.<sup>2</sup>    Estos efectos inducidos por el medio ambiente han sido demostrados en personas,    roedores, aves, peces, insectos, gusanos, plantas y microbios, en algunos casos    a lo largo de docenas de generaciones.<sup>3</sup></font></p>     <p></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el estudio actual, el equipo de Skinner administr&oacute;    inyecciones diarias a ratas hembras durante los d&iacute;as 8-14 de la gestaci&oacute;n,    el per&iacute;odo de determinaci&oacute;n de las g&oacute;nadas embrionarias.    Los investigadores las expusieron a cuatro clases de sustancias qu&iacute;micas    representativas, cada una con un sistema de transducci&oacute;n de se&ntilde;ales    diferente: una mezcla de pl&aacute;sticos, una mezcla de plaguicidas, una dioxina    (2,3,7,8- tetraclorodibenzo-<i>p</i>-dioxina, TCDD) y un producto hidrocarburo    (combustible para aviones JP-8).<sup>4</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las sustancias qu&iacute;micas seleccionadas    representan una gama de sustancias a las que las personas se ven expuestas regularmente    en entornos civiles y militares. Se han publicado evidencias de efectos de herencia    transgeneracional vinculados al aditivo de los pl&aacute;sticos bisfenol A    y a la TCDD, pero no a las dem&aacute;s sustancias qu&iacute;micas probadas,    se&ntilde;ala Lisa Helbling Chadwick, administradora en ciencias de la salud    del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS), cuyo &aacute;mbito    incluye la epigen&eacute;tica transgeneracional. (El NIEHS financi&oacute;    el estudio junto con el Departamento de Defensa de Estados Unidos.)</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las dosis utilizadas en los estudios (hubo dos    para la mezcla de pl&aacute;sticos y una para cada una de las otras exposiciones)    fueron deliberadamente m&aacute;s altas que las que se suele encontrar en el    medio ambiente. "Golpeamos &#91;a las ratas&#93; con un martillo para poder ver    cu&aacute;l era el destino final", dice Skinner, y a&ntilde;ade que se    requiere de m&aacute;s investigaci&oacute;n para determinar las implicaciones    para las dosis reales a las que estamos expuestos los seres humanos; las v&iacute;as    de exposici&oacute;n, el momento de la exposici&oacute;n, las mezclas y otros    factores. Otra inc&oacute;gnita es c&oacute;mo puede relacionarse un trastorno    endocrino potencial con cualquier impacto epigen&eacute;tico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El equipo evalu&oacute; varios efectos sobre    el sistema reproductivo y descubri&oacute; numerosos resultados estad&iacute;sticamente    significativos en la tercera generaci&oacute;n sucesiva (F<sub>3</sub>). Las    cuatro clases de sustancias qu&iacute;micas redujeron significativamente el    n&uacute;mero de fol&iacute;culos ov&aacute;ricos primordiales en aproximadamente    un 30-40%, efecto que podr&iacute;a ocasionar trastornos reproductivos. En comparaci&oacute;n    con los controles, se asoci&oacute; la mezcla de pl&aacute;sticos, JP-8 y TCDD    a un adelanto de dos d&iacute;as en el inicio de la pubertad de las hembras    (m&aacute;s o menos comparable a un adelanto de dos a&ntilde;os en la especie    humana, se&ntilde;ala Skinner), y con reducciones de un 50-65% de la concentraci&oacute;n    de testosterona en la sangre en los machos. Las mismas sustancias se vincularon    con un incremento de aproximadamente 20% en el &iacute;ndice de distancia anogenital    en las hembras. La dosis menor en la mezcla de pl&aacute;sticos se asoci&oacute;    a un incremento de 15% en el &iacute;ndice de distancia anogenital en los machos.    El combustible JP-8 se asoci&oacute; a un incremento de aproximadamente 20%    de apoptosis de las c&eacute;lulas esperm&aacute;ticas.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_5.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">El equipo tambi&eacute;n identific&oacute; en    el epigenoma de la esperma regiones &uacute;nicas de metilaci&oacute;n del ADN    para cada clase de sustancias qu&iacute;micas, lo que sugiere que llegado un    momento ser&iacute;a posible rastrear retroactivamente los efectos de sustancias    qu&iacute;micas espec&iacute;ficas.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">John McCarrey, profesor de biolog&iacute;a celular    y molecular de la Universidad de Texas en San Antonio, encuentra convincentes    estos resultados; ha estado estudiando la epigen&eacute;tica durante aproximadamente    30 a&ntilde;os y colabora de manera constante con Skinner, si bien no particip&oacute;    en este estudio. "Skinner et al. han proporcionado la prueba de principio    de que es posible obtener estos tipos de defectos", se&ntilde;ala McCarrey.    "Asimismo han incrementado significativamente la lista de sustancias    qu&iacute;micas que pueden provocar estas cosas". Sin embargo, a&ntilde;ade    que la "caja negra" de los mecanismos que intervienen lleva a muchos    a permanecer esc&eacute;pticos de que tales efectos puedan ocurrir.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A fin de llenar las lagunas de conocimiento,    Chadwick afirma que el NIEHS considerar&aacute; la posibilidad de financiar    estudios, incluyendo aquellos que puedan ayudar a definir la gama de las sustancias    que pueden provocar estos efectos, determinar los mecanismos que intervienen    para ello y evaluar los factores que afectan las variaciones individuales en    cuanto a la susceptibilidad, por ejemplo, las diferencias gen&eacute;ticas.    Este tipo de investigaci&oacute;n resulta particularmente necesario, puesto    que los efectos observados no corresponden con la idea que se tiene en la actualidad    de que normalmente el cuerpo repara los problemas epigen&eacute;ticos que se    presentan durante el desarrollo fetal. Esto sugiere que pueden entrar en juego    mecanismos desconocidos o modificados.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Kaylon Bruner-Tran, profesora auxiliar de ginecolog&iacute;a    y obstetricia de la Universidad Vanderbilt, se&ntilde;ala que estos y otros    hallazgos bastan para concluir que "es muy probable que otros sistemas    biol&oacute;gicos se vean afectados por exposiciones similares a sustancias    t&oacute;xicas". En virtud de lo anterior y dado que sabemos que nunca    eliminaremos todas las sustancias qu&iacute;micas que podr&iacute;an causar    estos efectos, un enfoque de investigaci&oacute;n que le gustar&iacute;a que    se explorara es el modo en que la nutrici&oacute;n puede exacerbar o mitigar    los impactos: "Ese es el siguiente gran problema: &iquest;qu&eacute; hacemos    respecto a los efectos?"</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Referencias y notas</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Manikkam M, et al. Transgenerational actions    of environmental compounds on reproductive disease and identification of epigenetic    biomarkers of ancestral exposures. PLoS ONE 7(2):e31901 (2012); <a href="http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0031901" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0031901</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353732&pid=S0036-3634201200060001400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">2. El enfocarse en los impactos de tercera generaci&oacute;n    garantiza que cualquier efecto observado no haya sido causado por exposiciones    t&oacute;xicas a la primera generaci&oacute;n sucesiva ni a la l&iacute;nea    germinal de su siguiente generaci&oacute;n.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Ho DH, Burggren WW. Epigenetics and transgenerational    transfer: a physiological perspective. J ExpBiol 213(1):3-16 (2010); <a href="http://dx.doi.org/10.1242/jeb.019752" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1242/jeb.019752</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353735&pid=S0036-3634201200060001400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">4. La mezcla de plaguicidas incluye la permetrina,    un plaguicida utilizado en los seres humanos y en la agricultura, as&iacute;    como <i>N</i>,<i>N</i>-Dietil-metatoluamida (DEET), un repelente de insectos.    La mezcla de pl&aacute;sticos incluye bisfenol A y dos ftalatos, bis(2-etilhexil)    ftalato y dibutil ftalato. El TCDD se forma durante numerosos procesos de combusti&oacute;n    incompletos. JP-8 es utilizado por varios servicios militares en todo el mundo    para m&uacute;ltiples fines, incluyendo su uso como combustible de veh&iacute;culos    a&eacute;reos y terrestres y para controlar el polvo en las superficies de las    carreteras.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"> 5. La distancia anogenital es la longitud desde    el ano a la base del pene o de la vagina. El &iacute;ndice es una forma estandarizada    de medir esta distancia, tomando en cuenta variables tales como la edad, el    peso y el sexo.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="end3" href="#top3">*</a> Publicado originalmente    en <i>Environmental Health Perspectives,</i> volumen 120, n&uacute;mero 6, junio    2012, p&aacute;gina A228.</font></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>SALUD NEUROL&Oacute;GICA</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b><a name="top4"></a>Un mecanismo reci&eacute;n    descubierto d</b></font><font face="Verdana" size="4"><b>e los efectos del clorpirifos sobre el neurodesarrollo<a href="#end4"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Carol Potera</b>    <br>       <br> Radica en Montana y ha publicado art&iacute;culos en EHP desde 1996. Tambi&eacute;n escribe para las revistas Microbe, Genetic Engineering News y American Journal of Nursing.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">El insecticida organofosforado clorpirifos (CPF)    provoca p&eacute;rdida de c&eacute;lulas cerebrales en las ratas j&oacute;venes,<sup>1</sup>    y la exposici&oacute;n prenatal de los seres humanos al CPF se ha asociado a    una considerable reducci&oacute;n del coeficiente intelectual en la ni&ntilde;ez.    <sup>2</sup> Ahora un estudio no invasivo de imagen por resonancia magn&eacute;tica    (IRM) revela que en los ni&ntilde;os expuestos al CPF <i>in utero</i>, este    plaguicida altera la estructura de las regiones del cerebro que rigen una amplia    gama de repercusiones conductuales, lo cual arroja nueva luz sobre la manera    en que el CPF afecta al sistema nervioso central.<sup>3</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Alguna vez se utiliz&oacute; el CPF para los    cultivos alimentarios, los campos de golf, el control de plagas en interiores    y los collares antipulgas para mascotas.<sup>4</sup> Gradualmente se elimin&oacute;    su uso residencial en el a&ntilde;o 2001, despu&eacute;s de que la Agencia de    Protecci&oacute;n del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA) public&oacute;    una evaluaci&oacute;n revisada de los riesgos del plaguicida en la que pide    una mayor protecci&oacute;n para los ni&ntilde;os y para los trabajadores.<sup>5</sup>    No obstante, se sigue utilizando ampliamente el CPF en la agricultura, con lo    cual se expone potencialmente a los trabajadores agr&iacute;colas y a las personas    que viven cerca de las granjas. El ingerir granos, frutas, verduras y otros    alimentos que contienen residuos de CPF tambi&eacute;n puede exponer a las personas    a niveles muy bajos de esta sustancia. En la encuesta m&aacute;s reciente del    Programa de Datos sobre Plaguicidas del Departamento de Agricultura de Estados    Unidos, los niveles de CPF detectados en los productos agr&iacute;colas fueron    3-500 veces menores que los niveles de tolerancia establecidos por la EPA para    los alimentos individuales.<sup>6</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El estudio actual es parte de un estudio mayor    de cohorte que el Centro Columbia de Salud Ambiental Infantil (CCCEH) de la    Universidad de Columbia est&aacute; llevando a cabo en mujeres pertenecientes    a grupos minoritarios y en sus hijos. El proyecto se inici&oacute; en 1997,    antes de que se eliminara el uso residencial del CPF. El CPF medido en los cordones    umbilicales de los ni&ntilde;os indicaba el grado al que hab&iacute;an sido    expuestos <i>in utero </i>a esta sustancia, en gran medida a trav&eacute;s    de la exposici&oacute;n de sus madres a plaguicidas rociados en los edificios    de apartamentos<sup>7</sup>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Informes anteriores de los investigadores del    CCCEH encontraron una asociaci&oacute;n entre los niveles mayores de exposici&oacute;n    al CPF y un menor peso al momento de nacer.<sup>8</sup> Para la edad de tres    a&ntilde;os los ni&ntilde;os con un mayor nivel de exposici&oacute;n al CPF    <i>in utero </i>tend&iacute;an a obtener puntajes inferiores a los de los ni&ntilde;os    con niveles bajos de exposici&oacute;n en las pruebas de desarrollo cognitivo    y psicomotor,<sup>9</sup> y para la edad de siete a&ntilde;os tend&iacute;an    a tener un coeficiente intelectual m&aacute;s bajo y menores puntajes de memoria    a corto plazo.<sup>2</sup> El estudio actual evalu&oacute; los datos obtenidos    mediante IRM de 40 ni&ntilde;os de entre 6 y 11 a&ntilde;os de edad, la mitad    de los cuales ten&iacute;an niveles de CPF de 4.39 pg/g o m&aacute;s en el plasma    umbilical, mientras que la otra mitad ten&iacute;a niveles inferiores a 4.39    pg/g. El nivel de exposici&oacute;n al plomo, otra sustancia t&oacute;xica ambiental    asociada a problemas cognitivos, era bajo en todos los ni&ntilde;os.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los ni&ntilde;os del grupo con mayor exposici&oacute;n    tend&iacute;an a mostrar una considerable dilataci&oacute;n de las regiones    cerebrales que controlan la atenci&oacute;n, el lenguaje, la cognici&oacute;n    social (por ejemplo, la capacidad de reconocer rostros), las emociones y la    inhibici&oacute;n, as&iacute; como las funciones ejecutivas (por ejemplo, la    planeaci&oacute;n y el razonamiento), comparados con el grupo de menor exposici&oacute;n.<sup>3</sup>    Estas diferencias concuerdan con los hallazgos de estudios sobre la exposici&oacute;n    al CPF en animales.<sup>1</sup> En el grupo con niveles de exposici&oacute;n    m&aacute;s bajos, los ni&ntilde;os con una mayor dilataci&oacute;n cerebral    tend&iacute;an a tener coeficientes intelectuales m&aacute;s bajos, pero no    se observ&oacute; esta relaci&oacute;n en el grupo con alto nivel de exposici&oacute;n.<sup>3</sup>    "Que algo sea m&aacute;s grande no siempre significa que sea mejor cuando    se trata del cerebro", dice Bradley Peterson, psiquiatra de la Universidad    de Columbia encargado de realizar los IRM y coautor del estudio.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los esc&aacute;ners revelaron que buena parte    de la dilataci&oacute;n cerebral correspond&iacute;a a la gl&iacute;a, es decir,    a la materia blanca. <sup>3</sup> El CPF da&ntilde;a a las neuronas y a la gl&iacute;a    y genera tejido cicatrizal en los modelos animales;<sup>1</sup> y Peterson especula    que la dilataci&oacute;n observada en los ni&ntilde;os podr&iacute;a deberse    a un da&ntilde;o similar. Los altos niveles de exposici&oacute;n al CPF tambi&eacute;n    se asociaron con la reducci&oacute;n o inversi&oacute;n de las diferencias    normales en el desarrollo del cerebro relacionadas con el sexo. Por ejemplo,    el l&oacute;bulo parietal derecho generalmente es m&aacute;s grande en las ni&ntilde;as    que en los ni&ntilde;os varones, pero esto se invert&iacute;a en los ni&ntilde;os    con altos niveles de exposici&oacute;n. Se desconocen las consecuencias de estas    alteraciones en la conducta, si es que las hay.<sup>3</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se encontraron diferencias entre los cerebros    de ambos grupos con niveles de exposici&oacute;n al CPF muy por debajo de las    dosis alimentarias de referencia se&ntilde;aladas por la EPA (0.005 mg/kg/d&iacute;a    para el p&uacute;blico en general y 0.0005 mg/kg/d&iacute;a para las mujeres    y los ni&ntilde;os).<sup>5</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Este par&aacute;metro representa el nivel m&aacute;s    bajo en el cual la exposici&oacute;n al CPF est&aacute; asociada con la inhibici&oacute;n    de la enzima acetilcolinesterasa, que descompone el neurotransmisor acetilcolina.    Un exceso de acetilcolina puede provocar mareos, temblores y otros s&iacute;ntomas    neurol&oacute;gicos.<sup>4</sup></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">"Hasta ahora, las directrices para determinar    los niveles aceptables de exposici&oacute;n a este plaguicida se han basado    en el supuesto de que los efectos del clorpirifos sobre el sistema nervioso    central se deb&iacute;an a trastornos de la neurotransmisi&oacute;n", explica    Joseph Jacobson, profesor de psiquiatr&iacute;a de la Escuela de Medicina de    la Universidad Estatal Wayne, en Detroit, Michigan. Se&ntilde;ala que los nuevos    datos de IRM "sugieren de manera convincente que un mecanismo muy diferente    act&uacute;a a niveles mucho m&aacute;s bajos de exposici&oacute;n que los que    antes se asociaban a un incremento del riesgo". Por lo tanto, agrega, este estudio    sugiere que posiblemente sea necesario revisar las directrices de la EPA para    la exposici&oacute;n al CPF.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v54n6/a11img_6.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Robin Whyatt, coautora del estudio y subdirectora    del CCCEH, coincide con &eacute;l. "Nuestros datos y otros estudios experimentales    demuestran que es muy probable que el clorpirifos afecte al desarrollo fetal    mediante mecanismos distintos de la inhibici&oacute;n de la acetilcolinesterasa    en dosis inferiores a aquellas que inhiben la acetilcolinesterasa", dice.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Actualmente la EPA est&aacute; finalizando una    evaluaci&oacute;n preliminar de los riesgos de la exposici&oacute;n al CPF,    la cual se dio a conocer con el fin de someterla a comentario p&uacute;blico    en el verano de 2011 como parte de la reevaluaci&oacute;n peri&oacute;dica de    los plaguicidas registrados para ser utilizados en Estados Unidos.<sup>10</sup>    Los d&iacute;as 10-13 de abril de 2012, el Grupo Consultivo Cient&iacute;fico    establecido en el marco de la Ley Federal de Insecticidas, Fungicidas y Raticidas    se reuni&oacute; para revisar la informaci&oacute;n m&aacute;s reciente sobre    problemas de salud relacionados con la exposici&oacute;n al CPF. El estudio    de IRM "ser&aacute; evaluado, junto con todos los dem&aacute;s datos que    la agencia est&aacute; valorando, conforme trabaja para finalizar la determinaci&oacute;n    de los riesgos para la salud humana", seg&uacute;n un vocero de la EPA    que habl&oacute; en condiciones de anonimato.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La combinaci&oacute;n de datos epidemiol&oacute;gicos    y datos de im&aacute;genes cerebrales en este estudio proporciona algunas de    las evidencias m&aacute;s s&oacute;lidas que existen hasta la fecha de que la    exposici&oacute;n prenatal al CPF causa problemas de neurodesarrollo en los    ni&ntilde;os, seg&uacute;n Peterson, quien afirma que este tipo de protocolo    "debe convertirse en la ola del futuro para contemplar la manera en que    las &#91;sustancias t&oacute;xicas&#93; ambientales contribuyen a las enfermedades neuropsiqui&aacute;tricas    en los ni&ntilde;os".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Campbell CG, et al. Chlorpyrifos interferes    with cell development in rat brain regions. Brain Res Bull 43(2):179-189    (1997); <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0361-9230(96)00436-4" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0361-9230(96)00436-4</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353770&pid=S0036-3634201200060001400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Rauh V, et al. Seven-year neurodevelopmental    scores and prenatal exposure to chlorpyrifos, a common agricultural pesticide.    Environ Health Perspect 119(8):1196-1201 (2011); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.1003160" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.1003160</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353772&pid=S0036-3634201200060001400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Rauh VA, et al. Brain anomalies in children    exposed prenatally to a common organophosphate pesticide. ProcNatlAcadSci USA    109(20):7871-7876 (2012); <a href="http://www.pnas.org/content/109/20/7871.full" target="_blank">http://www.pnas.org/content/109/20/7871.full</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353774&pid=S0036-3634201200060001400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. ATSDR. Final Interaction Profile.Chlorpyrifos,    Lead, Mercury, and Methylmercury. Ap&eacute;ndice A: Background Information    for Chlorpyrifos. Atlanta, GA: Agencia de Registro de Sustancias T&oacute;xicas    y Enfermedades (agosto de 2006). Disponible en: <a href="http://www.atsdr.cdc.gov/interactionprofiles/ip-11/ip11-a.pdf" target="_blank">http://www.atsdr.cdc.gov/interactionprofiles/ip-11/ip11-a.pdf</a> &#91;consultada el 6 de junio de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353776&pid=S0036-3634201200060001400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Smegel DC, et al. Human Health Risk Assessment:    Chlorpyrifos. Washington, DC: Oficina de Programas de Plaguicidas, Agencia de    Protecci&oacute;n al Medio Ambiente de Estados Unidos (8 de junio de 2000).    Disponible en: <a href="http://www.epa.gov/scipoly/sap/meetings/2008/september/hed_ra.pdf" target="_blank">http://www.epa.gov/scipoly/sap/meetings/2008/september/hed_ra.pdf</a>.    &#91;consultada el 6 de junio de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353778&pid=S0036-3634201200060001400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. USDA. Pesticide Data Program: Annual Summary,    Calendar Year 2010. Washington, DC: Programa de Datos sobre Plaguicidas del    Departamento de Agricultura de Estados Unidos (2012). Disponible en: <a href="http://www.ams.usda.gov/AMSv1.0/getfile?dDocName=stelprdc5098550" target="_blank">http://www.ams.usda.gov/AMSv1.0/getfile?dDocName=stelprdc5098550</a>    &#91;consultada el 6 de junio de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353780&pid=S0036-3634201200060001400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Whyatt RM, et al. Residential pesticide use    during pregnancy among a cohort of urban minority women. Environ Health Perspect    110(5):507-514 (2002); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.02110507" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.02110507</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353782&pid=S0036-3634201200060001400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Whyatt RM, et al. Prenatal insecticide exposures    and birth weight and length among an urban minority cohort. Environ Health Perspect    112(10):1125-1132 (2004); <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.6641" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.6641</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353784&pid=S0036-3634201200060001400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Rauh VA, et al. Impact of prenatal chlorpyrifos    exposure on neurodevelopment in the first 3 years of life among innercity children.    Pediatrics 118(6):e1845-e1859 (2006); <a href="http://dx.doi.org/10.1542/peds.2006-0338" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1542/peds.2006-0338</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353786&pid=S0036-3634201200060001400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. EPA. Chlorpyrifos &#91;p&aacute;gina web&#93;. Washington,    DC: Oficina de Programas de Plaguicidas, Agencia de Protecci&oacute;n al Medio    Ambiente de Estados Unidos (actualizada el 9 de mayo de 2012). Disponible en:    <a href="http://www.epa.gov/oppsrrd1/registration_review/chlorpyrifos/index.htm" target="_blank">http://www.epa.gov/oppsrrd1/registration_review/chlorpyrifos/index.htm</a>    &#91;consultada el 6 de junio de 2012&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9353788&pid=S0036-3634201200060001400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a name="end4" href="#top4">*</a> Publicado    originalmente en <i>Environmental Health Perspectives,</i> volumen 120, n&uacute;mero    7, julio 2012, p&aacute;ginas A270-271.</font></p>      ]]></body><back>
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