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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="verdana"><b>Interacciones entre el estr&eacute;s y la contaminaci&oacute;n: Un tema emergente en la investigaci&oacute;n sobre salud infantil*</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">La evaluaci&oacute;n del riesgo acumulado plantea que m&uacute;ltiples agentes se conjugan para inducir las enfermedades, y que por lo tanto deben tomarse en cuenta m&uacute;ltiples factores estresantes para llegar a una verdadera comprensi&oacute;n de los motivos por los que ocurren los efectos adversos en la salud.<sup>1</sup> En la actualidad hay un n&uacute;mero peque&ntilde;o pero creciente de cient&iacute;ficos que est&aacute;n rompiendo los viejos esquemas al investigar si el estr&eacute;s psicol&oacute;gico cr&oacute;nico podr&iacute;a ser uno de esos factores que incrementan la vulnerabilidad de los ni&ntilde;os a ciertas exposiciones qu&iacute;micas y contribuyen a los efectos que se manifiestan posteriormente como asma, trastornos del desarrollo neurol&oacute;gico, enfermedades cardiovasculares, obesidad, c&aacute;ncer y otros problemas. Estos investigadores tambi&eacute;n est&aacute;n comenzando a identificar bioindicadores que podr&iacute;an arrojar luz sobre los mecanismos mediante los cuales el estr&eacute;s psicol&oacute;gico act&uacute;a sobre el sistema inmune y el cerebro en desarrollo en los ni&ntilde;os, modificando o incrementando su respuesta a ciertas exposiciones al plomo y a los contaminantes atmosf&eacute;ricos relacionados con el tr&aacute;fico, entre otros.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> "En realidad no conocemos la magnitud de esas interacciones entre sustancias qu&iacute;micas. Es mucho m&aacute;s probable que ocurran cuando la sustancia misma act&uacute;a directamente sobre los sistemas de estr&eacute;s", se&ntilde;ala Deborah Cory&#45;Slechta, profesora de medicina ambiental de la Escuela de Medicina y Odontolog&iacute;a de la Universidad de Rochester: "Sabemos que algunas sustancias qu&iacute;micas, como el plomo, interact&uacute;an con el estr&eacute;s; pero no sabemos qu&eacute; otras lo hacen tambi&eacute;n".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Se han observado v&iacute;nculos entre el estr&eacute;s y la enfermedad por lo menos desde el siglo XII, cuando el fil&oacute;sofo Maim&oacute;nides cit&oacute; el trastorno emocional como un factor causante del asma.<sup>2</sup> Sin embargo, la comprobaci&oacute;n de estos v&iacute;nculos representa un importante reto, se&ntilde;ala Malcolm P. Cutchin, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. "Se han planteado muchas hip&oacute;tesis sobre estos v&iacute;nculos, pero apenas ahora estamos comenzando a esclarecer las relaciones y a comprender los procesos", a&ntilde;ade. A medida que los investigadores han ido sabiendo m&aacute;s acerca de las t&eacute;cnicas que permiten identificar las exposiciones a sustancias qu&iacute;micas y al estr&eacute;s en el cuerpo humano, han comenzado a aplicar t&eacute;cnicas para calcular c&oacute;mo responden las personas al estr&eacute;s y de qu&eacute; manera esa respuesta puede propiciar el desarrollo de las enfermedades cuando se sale de cauce.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>&iquest;Qu&eacute; es el estr&eacute;s?</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Es bueno tener cierto grado de estr&eacute;s. Los sistemas humanos comprenden un sistema nervioso parasimp&aacute;tico que responde al estr&eacute;s estimulando la liberaci&oacute;n de las hormonas adrenalina (para acelerar la frecuencia cardiaca, elevar la presi&oacute;n arterial y movilizar la energ&iacute;a) y cortisol (para reabastecer las reservas de energ&iacute;a y preparar al sistema inmune para combatir las amenazas bacterianas y virales o derivadas de lesiones). Esta energ&iacute;a adicional estimula a los ni&ntilde;os a seguirse esforzando por gatear hasta alcanzar un juguete brilloso que est&aacute; en el piso al otro lado de la habitaci&oacute;n y permite a los adolescentes dilucidar la soluci&oacute;n de un problema de geometr&iacute;a complejo. A este tipo de estr&eacute;s se le ha llamado "estr&eacute;s positivo".<sup>3</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El "estr&eacute;s tolerable" cae dentro de la categor&iacute;a de las experiencias de corta duraci&oacute;n m&aacute;s intensas, como la partida de un ser querido o un desastre natural. Los sistemas de respuesta del cuerpo se aceleran para responder al suceso, pero conservan la capacidad de apagarse una vez que termina la experiencia. Se considera que el estr&eacute;s es "t&oacute;xico" cuando es prolongado, severo o frecuente. Para los ni&ntilde;os puede consistir en sufrir abuso f&iacute;sico o emocional, abandono cr&oacute;nico, abuso de sustancias o enfermedad mental de las personas encargadas de cuidarlos o exposici&oacute;n a la violencia, cuando los viven sin un apoyo adecuado de los adultos.<sup>3</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> No obstante, hay personas que experimentan estr&eacute;s cr&oacute;nico durante su ni&ntilde;ez y al crecer se convierten en adultos fuertes, lo que indica que el grado de respuesta al estr&eacute;s de una persona depende de muchos factores, incluyendo los gen&eacute;ticos, los rasgos de la personalidad y las destrezas de afrontamiento aprendidas. "Los estudios<sup>4,5</sup> ciertamente demuestran que el estr&eacute;s acumulado puede hacer que uno se vuelva m&aacute;s adaptable", dice Cory&#45;Slechta. "Por motivos que no alcanzamos a comprender del todo", a&ntilde;ade, "algunas personas tienden a manejarse mejor en las situaciones estresantes en la edad adulta debido a que en su ni&ntilde;ez han experimentado un alto nivel de estr&eacute;s".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Sin embargo, en general, si la respuesta de "luchar o salir huyendo" que suscita el estr&eacute;s se prolonga demasiado, un flujo hormonal ininterrumpido puede "reprogramar" el sistema inmune de modo que permanezca acelerado o bien se suprima, es decir, que no se encuentre ya en las condiciones &oacute;ptimas de equilibrio que promueven la buena salud.<sup>6</sup> Por ejemplo, la capacidad del sistema inmune humano de ser estabilizado por el cortisol puede dejar de funcionar, y pueden incrementarse la producci&oacute;n de citoquinas y la mobilizaci&oacute;n de las c&eacute;lulas inflamatorias,<sup>6</sup> lo que podr&iacute;a contribuir a generar problemas tales como obesidad, c&aacute;ncer y enfermedad coronaria.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> "Los mecanismos no son del todo claros; en otras palabras, no estamos precisamente seguros de c&oacute;mo opera el estr&eacute;s en el cuerpo para crear problemas de salud en el futuro. Sin embargo, nos estamos acercando", dice Richard Hunter, investigador adjunto del Laboratorio de Neuroendocrinolog&iacute;a Harold y Margarte Milliken de la Universidad Rockefeller. Hay cada vez m&aacute;s evidencias de que el estr&eacute;s puede influir en una o m&aacute;s de las mismas v&iacute;as fisiol&oacute;gicas que ciertas sustancias qu&iacute;micas t&oacute;xicas; esto podr&iacute;a ocurrir con el estr&eacute;s oxidativo, la respuesta inmune proinflamatoria y trastornos del sistema nervioso parasimp&aacute;tico.<sup>7</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Es poco probable que exista s&oacute;lo una v&iacute;a predominante para los efectos del estr&eacute;s en el cuerpo o para su impacto en la susceptibilidad a la contaminaci&oacute;n, dice Jane E. Clougherty, profesora adjunta del Departamento de Salud Ambiental y Ocupacional de la Universidad de Pittsburgh: "El estr&eacute;s es una constelaci&oacute;n no espec&iacute;fica de efectos fisiol&oacute;gicos, algunos de los cuales pueden incrementar y otros reducir la capacidad de respuesta de las personas a la contaminaci&oacute;n, dependiendo del tipo y la dosis de contaminaci&oacute;n, de la cronicidad y la intensidad del estr&eacute;s, de los &oacute;rganos afectados, as&iacute; como de los resultados de salud de inter&eacute;s, recursos y otros factores individuales y comunitarios".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Clougherty explica que existen diferencias entre el estr&eacute;s agudo y el cr&oacute;nico. En el estr&eacute;s agudo, que puede durar horas o d&iacute;as, se libera la hormona cortisol y se activa el eje hipot&aacute;lamo&#45;pituitaria&#45;suprarrenales (HPS), mientras que en el estr&eacute;s cr&oacute;nico, que dura semanas o a&ntilde;os, se alteran la capacidad de respuesta glucocorticoide y las funciones inmune, endocrina y metab&oacute;lica.8 "Existe la hip&oacute;tesis de que es sobre todo el estr&eacute;s cr&oacute;nico el que incrementa la susceptibilidad de un individuo a la contaminaci&oacute;n", se&ntilde;ala Clougherty: "Algunos aspectos del estr&eacute;s agudo, tales como la broncodilataci&oacute;n, pueden ocultar temporalmente una respuesta a la contaminaci&oacute;n".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Las complejidades de la interacci&oacute;n no se limitan a esto. "La relaci&oacute;n temporal entre el estr&eacute;s y las exposiciones a la contaminaci&oacute;n cuentan, lo mismo que la intensidad", dice Clougherty. Es decir que en general el estr&eacute;s tiene que haberse dado antes de la exposici&oacute;n a una sustancia qu&iacute;mica para que se observe una interacci&oacute;n adversa. Es m&aacute;s, las interacciones entre el estr&eacute;s y la contaminaci&oacute;n no necesariamente son lineales. Clougherty a&ntilde;ade: "Algunas veces lo que importa es la exposici&oacute;n a uno de estos factores; otras, la exposici&oacute;n al otro; en ocasiones importan ambas. A veces cualquiera de ellas es lo suficientemente elevada como para que el sistema se 'sature' y las interacciones dejen de tener impacto".<sup>9</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> En 1993 Bruce S. McEwen y Eliot Stellar propusieron el concepto marco biol&oacute;gico llamado "carga alost&aacute;tica" como un modo de visualizar los factores que influyen en la forma en que un individuo interpreta y responde al estr&eacute;s.<sup>10</sup> La "alostasis" se refiere al estado adaptativo de responder a un reto; la carga alost&aacute;tica es el impacto f&iacute;sico acumulado de esa adaptaci&oacute;n. Seg&uacute;n lo describi&oacute; despu&eacute;s McEwen, la carga alost&aacute;tica es "el precio que paga el cuerpo por verse forzado a adaptarse a situaciones psicosociales o f&iacute;sicas adversas, y representa la presencia de un exceso de alostasis o el funcionamiento ineficiente de los sistemas de respuesta de la alostasis, los cuales deben encenderse y luego apagarse de nuevo una vez que termina la situaci&oacute;n estresante".<sup>11</sup> Sin embargo, sigue siendo dif&iacute;cil utilizar el concepto de la carga alost&aacute;tica en disciplinas diferentes, debido a que no existe uniformidad de criterios sobre la importancia relativa de los diversos factores estresantes que deben tomarse en cuenta para calcularla.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v53n6/a10img01_tb.jpg" /></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><a href="/img/revistas/spm/v53n6/a10img01.jpg">Click to enlarge</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Vayamos al laboratorio</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En una investigaci&oacute;n publicada en junio de 2010, Clougherty y sus colegas reportaron que los efectos respiratorios de la exposici&oacute;n de las ratas a la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica se exacerbaba con el estr&eacute;s.<sup>12</sup> El equipo encontr&oacute; que los indicadores de inflamaci&oacute;n sist&eacute;mica en la sangre se elevaban bajo el estr&eacute;s cr&oacute;nico y que s&oacute;lo con la exposici&oacute;n combinada al estr&eacute;s cr&oacute;nico y a las grandes concentraciones de material particulado en el ambiente las ratas mostraban un patr&oacute;n de respiraci&oacute;n r&aacute;pida y poco profunda. Se cree que este informe es el primer estudio toxicol&oacute;gico que ilustra el papel del estr&eacute;s en la amplificaci&oacute;n de la respuesta respiratoria de un animal a la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica por material particulado, dice Clougherty.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Muchos investigadores que se han enfocado en proyectos que examinan el v&iacute;nculo potencial entre el estr&eacute;s, la contaminaci&oacute;n y los resultados de salud adversos en los seres humanos han estudiado a familias de escasos recursos que viven en los cinturones de pobreza. Cory&#45;Slechta examina los efectos de la exposici&oacute;n al plomo combinada con el estr&eacute;s sobre la salud, y se&ntilde;ala que una hip&oacute;tesis que ha atra&iacute;do a los investigadores hacia este campo de estudio sugiere que los ni&ntilde;os que viven en comunidades de bajos ingresos en entornos urbanos son aun m&aacute;s vulnerables a ciertas enfermedades debido a los elevados niveles de exposici&oacute;n ambiental a los que se enfrentan (por ejemplo, las esquirlas de pintura con base de plomo, el humo del diesel y las emisiones de las plantas industriales cercanas). Los individuos de estas comunidades tambi&eacute;n tienden a presentar una mayor incidencia de enfermedades, dice Cory&#45;Slechta. "Una hip&oacute;tesis que circula por ah&iacute; es que estas personas tambi&eacute;n est&aacute;n viviendo en comunidades con mayores niveles de estr&eacute;s y tienen niveles m&aacute;s altos de hormonas de estr&eacute;s", a&ntilde;ade.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Esto puede ser cierto particularmente en las poblaciones urbanas que se ven expuestas con relativa frecuencia al crimen y la violencia callejera.<sup>13,14</sup> Un art&iacute;culo de Wright y sus colegas fue el primero que explor&oacute; este fen&oacute;meno; en &eacute;l se detallaban cuatro estudios de casos de pacientes pedi&aacute;tricos urbanos con asma que ilustran una asociaci&oacute;n entre la exposici&oacute;n de los ni&ntilde;os a la violencia y la exacerbaci&oacute;n de los s&iacute;ntomas del asma.<sup>15</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> "Algunas veces no hab&iacute;a ning&uacute;n factor desencadenante de las exacerbaciones del asma como los que solemos ver, por ejemplo en los d&iacute;as en que hay un alto nivel de ozono", dice Wright, refiri&eacute;ndose a las historias cl&iacute;nicas de los pacientes descritas en el art&iacute;culo: "Realmente parec&iacute;a que era un factor estresante emocional lo que exacerbaba el asma, en este caso, la violencia en la comunidad. Esto se observa a nivel cl&iacute;nico: hay factores emocionales desencadenantes del asma en los ni&ntilde;os. Los investigadores lo han visto en otros trastornos que tienen igualmente una base inmunol&oacute;gica, como el colon inflamable o la artritis". Desde entonces, dice, se han publicado varios estudios que han corroborado estas relaciones anecd&oacute;ticas.<sup>16&#45;18</sup> Wright y sus colegas tambi&eacute;n han demostrado que los ni&ntilde;os en edad escolar que crecen en barrios violentos presentan niveles elevados de cortisol.<sup>19</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> En 2007, Clougherty, Wright y su colega Jonathan Levy, de la Escuela de Salud P&uacute;blica de Harvard, publicaron un estudio en el que se examinaba la exposici&oacute;n de los ni&ntilde;os a la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica relacionada con el tr&aacute;fico y la violencia urbana (medida seg&uacute;n la frecuencia con la que los padres reportaban que sus hijos eran testigos de incidentes de agresi&oacute;n f&iacute;sica, disparos, apu&ntilde;alamientos o abuso verbal dom&eacute;stico, o bien o&iacute;an disparos de rev&oacute;lver). La salud de los ni&ntilde;os expuestos a niveles elevados de violencia urbana se ve&iacute;a m&aacute;s fuertemente afectada por los contaminantes atmosf&eacute;ricos relacionados con el tr&aacute;fico, como lo indicaba la aparici&oacute;n del asma.<sup>20</sup> En otro estudio, Edith Chen, coordinadora del Laboratorio de Psicobiolog&iacute;a de la Salud de la Universidad de Columbia Brit&aacute;nica, y sus colegas demostraron de manera similar una asociaci&oacute;n entre los niveles elevados de estr&eacute;s familiar autoinformados y un efecto m&aacute;s pronunciado de la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica relacionada con el tr&aacute;fico sobre los resultados adversos de asma en los adolescentes, incluyendo una mayor producci&oacute;n de indicadores inflamatorios relacionados con este padecimiento.<sup>21</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Otro trabajo pionero que examin&oacute; la interacci&oacute;n del estr&eacute;s y la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica se bas&oacute; en datos obtenidos del Estudio de Salud Infantil de la Universidad del Sur de California (UCS), un estudio longitudinal de la salud respiratoria en ni&ntilde;os de 13 comunidades del Sur de California.<sup>22</sup> Robert McConnell, subdirector del Centro de Salud Ambiental Infantil de la USC, y sus colegas dieron seguimiento durante tres a&ntilde;os a 2497 ni&ntilde;os sin historia de problemas respiratorios. Recolectaron informaci&oacute;n sobre la exposici&oacute;n a la contaminaci&oacute;n relacionada con el tr&aacute;fico y sobre si los ni&ntilde;os hab&iacute;an estado expuestos o no al humo de tabaco in utero. Hacia el final de los tres a&ntilde;os encontraron que el riesgo de desarrollar asma asociado con la contaminaci&oacute;n por el tr&aacute;fico era considerablemente mayor para los ni&ntilde;os cuyos padres reportaron niveles elevados de estr&eacute;s personal. El estr&eacute;s y la baja escolaridad de los padres tambi&eacute;n estuvieron asociados con una respuesta incrementada a la exposici&oacute;n prenatal al humo de tabaco.<sup>23</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Sin embargo, los investigadores se&ntilde;alan que el estr&eacute;s familiar y la ansiedad y el temor que lo acompa&ntilde;an, y que son causa de estr&eacute;s t&oacute;xico en muchos ni&ntilde;os, no se limitan a las comunidades de bajos recursos o a un grupo racial en particular. Un estudio seminal realizado en 1998, que vincula la ni&ntilde;ez en una familia disfuncional con los problemas de salud en la edad adulta, realiz&oacute; una encuesta principalmente a adultos blancos de clase media, dice McEwen. De los 8506 encuestados, un poco m&aacute;s de la mitad (52.1%) eran mujeres; 79.4% eran blancos, y 43% ten&iacute;an un t&iacute;tulo universitario.<sup>24</sup> Los participantes blancos o asi&aacute;ticos que se hab&iacute;an graduado de la universidad tend&iacute;an a haber vivido menos experiencias adversas de diversa &iacute;ndole en la ni&ntilde;ez (por ejemplo, abuso f&iacute;sico, abuso sexual, encarcelamiento de un miembro de la familia), pero ser&iacute;a err&oacute;neo suponer que estos grupos o cualquier otro son inmunes al estr&eacute;s t&oacute;xico. "Es f&aacute;cil imaginar que el vivir en el hacinamiento, la pobreza y dem&aacute;s incrementar&iacute;a la frecuencia con que los padres se descargan con sus hijos, pero la clase media no est&aacute; libre (de conflictos familiares)", dice McEwen.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> "Tanto los estudios epidemiol&oacute;gicos como los realizados en animales demuestran que el estr&eacute;s puede incidir sobre los principales sistemas reguladores del cuerpo, desequilibr&aacute;ndolos", dice Wright:<sup>7,25,26</sup> "Esto puede ocurrir en cualquier periodo de la vida, pero si ocurre en una etapa cr&iacute;tica del desarrollo en la que ya de suyo hay cambios r&aacute;pidos, como el embarazo o la adolescencia, sus efectos podr&iacute;an ser particularmente medibles y duraderos".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Un corpus de investigaciones sugiere que la exposici&oacute;n in utero al estr&eacute;s puede contribuir a la programaci&oacute;n prenatal de enfermedades en la edad adulta. En un comunicado especial publicado en 2009, McEwen y sus coautores, Jack P. Shonkoff y W. Thomas Boyce, plantearon un proceso en el que el feto 'lee' las caracter&iacute;sticas clave de su entorno y se prepara para adaptarse a un mundo exterior cuyos niveles de seguridad, suficiencia y peligro pueden variar dr&aacute;sticamente". El feto en desarrollo absorbe las experiencias de su madre, y si la madre libera con frecuencia hormonas de estr&eacute;s, &eacute;stas preparan al feto para una vida fuera del &uacute;tero en la que probablemente habr&aacute; niveles elevados de estr&eacute;s. Los sistemas del beb&eacute; "retienen la programaci&oacute;n inicial y colocan su sistema de respuesta al estr&eacute;s en un estado exacerbado de irritabilidad y alerta", escribieron: "En tales circunstancias, los beneficios de la supervivencia a corto plazo pueden tener un alto costo en salud a largo plazo".<sup>27</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Otros investigadores han llegado a lo mismo. Una investigaci&oacute;n publicada en 1998 utiliz&oacute; mediciones pareadas de cortisol de la madre y el feto para demostrar que existe una relaci&oacute;n lineal entre las concentraciones maternas y las fetales.<sup>28</sup> Un estudio realizado al a&ntilde;o siguiente sugiere que la elevaci&oacute;n prolongada de los niveles de cortisol en la madre pueden afectar negativamente el crecimiento del cerebro del feto.<sup>29</sup> Y una revisi&oacute;n de 2005 examin&oacute; la evidencia de que la exposici&oacute;n in utero al exceso de cortisol puede trastornar el desarrollo temprano del cerebro al interferir con el desarrollo de las neuronas y con la maduraci&oacute;n de las sinapsis en algunas regiones del cerebro.<sup>30</sup></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v53n6/a10img02.jpg" /></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Y ahora &iquest;hacia d&oacute;nde ir?</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Este a&ntilde;o la Agencia de Protecci&oacute;n al Ambiente (EPA, por sus siglas en ingl&eacute;s) impuls&oacute; a los investigadores que luchan por definir las interacciones entre el estr&eacute;s y la exposici&oacute;n a contaminantes. En enero de 2011 la agencia otorg&oacute; siete becas de investigaci&oacute;n del programa Ciencia para el Logro de Resultados (STAR, por sus siglas en ingl&eacute;s)<sup>31</sup> por un total de 7 millones de d&oacute;lares para trabajar con nuevos enfoques que permitan profundizar la comprensi&oacute;n del modo en que el estr&eacute;s modifica las exposiciones ambientales.<sup>32</sup> Al anunciar las becas, Paul Anastas, administrador adjunto de la Oficina de Investigaci&oacute;n y Desarrollo de EPA, subray&oacute; que los beneficiarios est&aacute;n conscientes de las preocupaciones planteadas por los defensores de la justicia ambiental y comunitaria, entre los que se incluye el hecho de que las comunidades urbanas pobres no pueden participar en el proceso de gesti&oacute;n de permisos para instalaciones industriales en su barrio, el hacinamiento, los conflictos familiares y la violencia en la comunidad. Los defensores de la justicia ambiental a&ntilde;aden que las normas y regulaciones del gobierno no consideran que estos problemas constituyan una carga desproporcionada y por ende no protegen del todo la salud de los residentes de esas zonas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Las becas STAR fueron otorgadas a investigadores que trabajan sobre nuevas t&eacute;cnicas y metodolog&iacute;as anal&iacute;ticas que habr&aacute;n de facilitar en el futuro la realizaci&oacute;n de estudios de los riesgos acumulados y la comparaci&oacute;n de los resultados. Los equipos profundizar&aacute;n en los aspectos tanto sociales como ambientales para evaluar los efectos acumulados de los factores estresantes qu&iacute;micos y no qu&iacute;micos, as&iacute; como los riesgos acumulados en las poblaciones urbanas y en las comunidades de bajos ingresos cerca de un sitio superfund, los efectos combinados de los metales y el estr&eacute;s sobre el funcionamiento del sistema nervioso central, las disparidades en los riesgos de los contaminantes atmosf&eacute;ricos y los efectos del estr&eacute;s y los contaminantes derivados del tr&aacute;fico sobre el asma infantil.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Carolyn Raffensperger, directora ejecutiva de la Red de Ciencias y Salud Ambiental, agrupaci&oacute;n sin fines de lucro, dice que su grupo est&aacute; convocando a un Grupo de Trabajo sobre Impactos Acumulados, que opera a nivel nacional, a promover la investigaci&oacute;n y la conciencia pol&iacute;tica sobre los impactos acumulados. <sup>33</sup> El grupo incluye a acad&eacute;micos, a dependencias reguladoras estatales y nacionales (incluyendo a los funcionarios de EPA que est&aacute;n administrando las becas STAR), y a organismos no lucrativos. Raffensperger se&ntilde;ala que el grupo de trabajo concentrar&aacute; sus esfuerzos en los aspectos legales de las regulaciones y pol&iacute;ticas que en la actualidad no toman en cuenta los riesgos de la contaminaci&oacute;n m&uacute;ltiple."El problema con la investigaci&oacute;n y la ley es que tenemos un enfoque que considera las exposiciones a las sustancias qu&iacute;micas y a las plantas (industriales) de una en una", dice: "Casi nunca basamos nuestras decisiones sobre pol&iacute;ticas en la totalidad de las exposiciones que ocurren en el entorno de una persona".</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Catherine M. Cooney</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Escritora cient&iacute;fica radicada en Washington, DC, ha publicado art&iacute;culos en Environmental Science &amp; Technology y en Chemical Watch.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Referencias y notas</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Levy JI. Is epidemiology the key to cumulative risk assessment? Risk Anal 2008;28(6):1507&#45;1513. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1111/j.1539&#45;6924.2008.01121.x" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1111/j.1539&#45;6924.2008.01121.x</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328045&pid=S0036-3634201100060001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Rosner F. Moses Maimonides' Treatise on Asthma. Thorax 1981;36:245&#45;251. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1136/thx.36.4.245" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1136/thx.36.4.245</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328047&pid=S0036-3634201100060001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. Toxic Stress Response: The Facts &#91;website&#93;. Cambridge, MA: Centro de Desarrollo Infantil, Universidad Harvard 2011. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/3nzcqna" target="_blank">http://tinyurl.com/3nzcqna</a> &#91;consultado13 sept. 2011&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328049&pid=S0036-3634201100060001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. Meaney MJ, Szyf M. Maternal care as a model for experience&#45;dependent chromatin plasticity? Trends Neurosci 2005;28(9):456&#45;463. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.tins.2005.07.006" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.tins.2005.07.006</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328051&pid=S0036-3634201100060001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. Francis DD, Meaney MJ. Maternal care and the development of stress responses. Curr Opin Neurobiol 1999;9(1):128&#45;134. PMID: 10072372.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328053&pid=S0036-3634201100060001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Miller GE, <i>et al.</i> Chronic psychological stress and the regulation of pro&#45;inflammatory cytokines: a glucocorticoid&#45;resistance model. Health Psychol 2002;21(6):531&#45;541. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1037/0278&#45;6133.21.6.531" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1037/0278&#45;6133.21.6.531</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328055&pid=S0036-3634201100060001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Wright RJ. Moving towards making social toxins mainstream in children's environmental health. Curr Opin Pediatr 2009;21(2):222&#45;229. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1097/MOP.0b013e3283292629" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1097/MOP.0b013e3283292629</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328057&pid=S0036-3634201100060001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Clougherty JE, Kubzansky LD. A framework for examining social stress and susceptibility to air pollution in respiratory health. Environ Health Perspect 2009;117(9):1351&#45;1358. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0900612" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0900612</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328059&pid=S0036-3634201100060001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Clougherty JE, <i>et al.</i> A longitudinal analysis of the efficacy of environmental interventions on asthma&#45;related quality of life and symptoms among children in urban public housing. J Asthma 2006; 43(5):335&#45;343. PMID: 16801137.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328061&pid=S0036-3634201100060001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. McEwen BS, Stellar E. Stress and the individual. Mechanisms leading to disease. Arch Intern Med 1993;153(19):2093&#45;2101. PMID: 8379800.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328063&pid=S0036-3634201100060001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. McEwen BS. Sex, stress and the hippocampus: allostasis, allostatic load, and the aging process. Neurobiol Aging 2002;23(5):921&#45;939. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0197&#45;4580(02)00027&#45;1" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0197&#45;4580(02)00027&#45;1</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328065&pid=S0036-3634201100060001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">12. Clougherty JE, <i>et al.</i> Chronic social stress and susceptibility to concentrated ambient fine particles in rats. Environ Health Perspect 2010;118(6):769&#45;775. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901631" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.0901631</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328067&pid=S0036-3634201100060001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">13. Wright RJ. Health effects of socially toxic neighborhoods: the violence and urban asthma paradigm. Clin Chest Med 2006;27(3):413&#45;421. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.ccm.2006.04.003" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.ccm.2006.04.003</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328069&pid=S0036-3634201100060001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">14. Lederbogen F, <i>et al.</i> City living and urban upbringing affect neural social stress processing in humans. Nature 2011;474(7352):498&#45;502. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1038/nature10190" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1038/nature10190</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328071&pid=S0036-3634201100060001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">15. Wright RJ, Steinbach SF. Violence: an unrecognized environmental exposure that may contribute to greater asthma morbidity in high risk inner&#45;city populations. Environ Health Perspect 2001;109(10):1085&#45;1089. PMID: 11675274.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328073&pid=S0036-3634201100060001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">16. Sternthal MJ, <i>et al.</i> Community violence and urban childhood asthma: a multilevel analysis. Eur Respir J 2010;36(6):1400&#45;1409. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1183/ 09031936.00003010" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1183/ 09031936.00003010</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328075&pid=S0036-3634201100060001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">17. Gupta RS, <i>et al.</i> The association between community crime and childhood asthma prevalence in Chicago. Ann Allergy Asthma Immunol 2010;104(4):299&#45;306. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.anai.2009.11.047" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.anai.2009.11.047</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328077&pid=S0036-3634201100060001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">18. Swahn MH, Bossarte RM. The associations between victimization, feeling unsafe, and asthma episodes among US high&#45;school students. Am J Public Health 2006;96(5):802&#45;804. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.2105/AJPH.2005.066514" target="_blank">http://dx.doi.org/10.2105/AJPH.2005.066514</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328079&pid=S0036-3634201100060001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">19. Suglia SF, <i>et al.</i> Posttraumatic stress symptoms related to community violence and children's diurnal cortisol response in an urban community&#45;dwelling sample. Int J Behav Med 2010;17(1):43&#45;50. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1007/s12529&#45;009&#45;9044&#45;6" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1007/s12529&#45;009&#45;9044&#45;6</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328081&pid=S0036-3634201100060001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">20. Clougherty JE, <i>et al.</i> Synergistic effects of traffic&#45;related air pollution and exposure to violence on urban asthma etiology. Environ Health Perspect 2007;115(8):1140&#45;1146. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.9863" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.9863</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328083&pid=S0036-3634201100060001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">21. Chen E, <i>et al.</i> Chronic traffic&#45;related air pollution and stress interact to predict biologic and clinical outcomes in asthma. Environ Health Perspect 2008;116(7):970&#45;975. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.11076" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.11076</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328085&pid=S0036-3634201100060001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">22. Shankardass K, <i>et al.</i> Parental stress increases the effect of traffic&#45;related air pollution on childhood asthma incidence. Proc Natl Acad Sci USA 2009;106(30); 12406&#45;12411. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0812910106" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1073/pnas.0812910106</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328087&pid=S0036-3634201100060001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">23. Wright RJ. Psychologic stress and asthma: Wright's response. Environ Health Perspect 2002;110(5):A231. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1289/ehp.110&#45;a231" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1289/ehp.110&#45;a231</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328089&pid=S0036-3634201100060001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">24. Felitti VJ, <i>et al.</i> Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults: the Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. Am J Prev Med 1998;14(4):245&#45;258. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0749&#45;3797(98)00017&#45;8" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0749&#45;3797(98)00017&#45;8</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328091&pid=S0036-3634201100060001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">25. Fowden AL, <i>et al.</i> Intrauterine programming of physiological systems: causes and consequences. Physiol 2006;21(1):29&#45;37. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10. 1152/ physiol. 00050. 2005" target="_blank">http://dx.doi.org/10. 1152/ physiol. 00050. 2005</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328093&pid=S0036-3634201100060001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">26. Welberg LAM, Seckl JR. Prenatal stress, glucocorticoids and the programming of the brain. J Neuroendocrinol 2001;13(2):113&#45;128. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1111/j.1365&#45;2826.2001.00601.x" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1111/j.1365&#45;2826.2001.00601.x</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328095&pid=S0036-3634201100060001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">27. Shonkoff JP, <i>et al.</i> Neuroscience, molecular biology, and the childhood roots of health disparities. JAMA 2009;301(21):2252&#45;2259. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1001/jama.2009.754" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1001/jama.2009.754</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328097&pid=S0036-3634201100060001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">28. Gitau R, <i>et al.</i> Fetal exposure to maternal cortisol. Lancet 1998;352(9129):707&#45;708. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/S0140&#45;6736(05)60824&#45;0" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/S0140&#45;6736(05)60824&#45;0</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328099&pid=S0036-3634201100060001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">29. Sandman CA. Maternal corticotropin&#45;releasing hormone and habituation in the human fetus. Develop Psychobiol 1999;34(3):163&#45;173. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/ 10.1002/(SICI)1098&#45;2302(199904)34:3&lt;163::AID&#45;DEV1&gt;3.0.CO;2&#45;9" target="_blank">http://dx.doi.org/ 10.1002/(SICI)1098&#45;2302(199904)34:3<163::AID&#45;DEV1>3.0.CO;2&#45;9</a>.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">30. Van den Bergh BR, Mulder EJ, Mennes M, Glover V. Antenatal maternal anxiety and stress and the neurobehavioural development of the fetus and child: links and possible mechanisms: a review. Neurosci Biobehav Rev 2005;29(2):237&#45;258. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1016/j.neubiorev.2004.10.007" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1016/j.neubiorev.2004.10.007</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328102&pid=S0036-3634201100060001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">31. El programa STAR de la EPA brinda apoyo a las ciencias de la salud humana, ecolog&iacute;a, econom&iacute;a e ingenier&iacute;a mediante becas para financiar investigaciones innovadoras.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328104&pid=S0036-3634201100060001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">32. EPA. EPA Awards $7 Million to Study Effects of Pollution Exposures and Social Stressors on Communities. Research grants aim to gather comprehensive community wide data on human health impacts &#91;press release&#93;. Washington, DC:U.S. Environmental Protection Agency (11 Jan 2011). &#91;Consultado 13 sept. 2011&#93;. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/4xjhy55" target="_blank">http://tinyurl.com/4xjhy55</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328106&pid=S0036-3634201100060001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">33. Cumulative Impacts Project &#91;website&#93;. Science &amp; Environmental Health Network, Collaborative on Health and the Environment (updated 13 Sep 2011). &#91;Consultado13 sept. 2011&#93; Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/65v9gkk" target="_blank">http://tinyurl.com/65v9gkk</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328108&pid=S0036-3634201100060001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">34. McEwen BS. Protective and damaging effects of stress mediators. New Engl J Med 1998;338(3):171&#45;179. Disponible en: <a href="http://dx.doi.org/10.1056/NEJM1998011533803" target="_blank">http://dx.doi.org/10.1056/NEJM1998011533803</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9328110&pid=S0036-3634201100060001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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