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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="Verdana"><b><a name="at1"></a>Persisten las preguntas<a href="#nt1"><sup>*</sup></a>. Factores ambientales en las enfermedades autoinmunes</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tras el nacimiento de su primera hija, comenzaron a aparecer moretones en el cuerpo de Stanley Finger. Despertado s&uacute;bitamente la mayor&iacute;a de las noches por el llanto de su beb&eacute;, Finger, semidormido, tropezaba al dirigirse hacia la habitaci&oacute;n de aqu&eacute;l, golpe&aacute;ndose contra las paredes y los muebles en la oscuridad. "Mi esposa y yo brome&aacute;bamos al respecto", dice Finger, ingeniero qu&iacute;mico de Bluffton, Carolina del Sur. Sin embargo, durante un chequeo rutinario, Finger se enter&oacute; de que la causa de la facilidad con la que le sal&iacute;an moretones era que el n&uacute;mero de sus plaquetas estaba disminuyendo dr&aacute;sticamente. El cuerpo depende de estos fragmentos celulares para la coagulaci&oacute;n, y la cuenta de plaquetas de Finger hab&iacute;a bajado a casi un tercio de su valor normal. Despu&eacute;s de descartar el c&aacute;ncer y otras enfermedades, el doctor de Finger lleg&oacute; finalmente a un diagn&oacute;stico: p&uacute;rpura trombocitop&eacute;nica inmune (PTI).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La PTI es una enfermedad autoinmune, un padecimiento que se presenta cuando el sistema inmune ataca a las c&eacute;lulas y los tejidos del cuerpo. Cuando se le diagnostic&oacute; a Finger en 1974, a&uacute;n no se percib&iacute;an las enfermedades autoinmunes como amenazas a la salud p&uacute;blica, como se las ve hoy en d&iacute;a. Sin embargo, seg&uacute;n Fred Miller, director del Grupo de Autoinmunidad Ambiental del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental, actualmente se reconoce que las enfermedades autoinmunes se cuentan entre las principales causas de muerte entre las mujeres j&oacute;venes y de mediana edad de los Estados Unidos. Es m&aacute;s: los &iacute;ndices de prevalencia para algunas de estas enfermedades se est&aacute;n incrementando debido a causas que Miller considera en gran parte ambientales: "Nuestras secuencias gen&eacute;ticas no est&aacute;n cambiando con la suficiente rapidez como para ser la causa de estos incrementos", dice Miller. "Pero nuestro medio ambiente s&iacute;: tenemos 80 000 sustancias qu&iacute;micas cuyo uso est&aacute; aprobado en el comercio, pero sobre cuyos efectos sobre el sistema inmune sabemos muy poco. Nuestros estilos de vida tambi&eacute;n son diferentes de como eran hace apenas unas cuantas d&eacute;cadas, y comemos m&aacute;s alimentos procesados." Si bien los &iacute;ndices de prevalencia de las enfermedades del coraz&oacute;n y del c&aacute;ncer contin&uacute;an reduci&eacute;ndose, dice Miller, las enfermedades autoinmunes podr&iacute;an convertirse en algunos de los padecimientos m&aacute;s costosos y m&aacute;s onerosos en los Estados Unidos.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Una familia de enfermedades se extiende</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hasta hace poco, los cient&iacute;ficos no consideraban las enfermedades autoinmunes como un grupo depadecimientos relacionados entres&iacute;, sino que ve&iacute;an cada una de las enfermedades como independiente de las dem&aacute;s y, generalmente, como una aflicci&oacute;n poco com&uacute;n. La PTI, por ejemplo, aqueja apenas a 10 personas de cada 100 000<Sup>1</Sup> (en comparaci&oacute;n, la Organizaci&oacute;n Nacional de Trastornos Poco Comunes define las enfermedades poco comunes como aquellas que aquejan cuando mucho a 250 personas por cada 100 000). Dado que nadie hab&iacute;a aglutinado las enfermedades autoinmunes en un mismo grupo, se desconoc&iacute;a su impacto acumulativo sobre la salud y la sociedad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Esto preocup&oacute; a Noel Rose, inmun&oacute;logo y profesor de la Universidad Johns Hopkins, quien estaba convencido de que la ciencia m&eacute;dica no estaba poniendo suficiente atenci&oacute;n a aquello que las enfermedadesautoinmunes tienen en com&uacute;n. De modo que a mediados de la d&eacute;cada de los 1990 Rose comenz&oacute; a hacer lo que nadie m&aacute;s hab&iacute;a hecho: junto con un peque&ntilde;o grupo de colegas rebusc&oacute; en los art&iacute;culos publicados en revistas y otras fuentes epidemiol&oacute;gicas en un intento de calcular cu&aacute;ntas personas se ve&iacute;an aquejadas por cada uno de 24 padecimientos autoinmunes, incluyendo esclerosis m&uacute;ltiple, artritis reumatoide (AR), lupus eritematoso sist&eacute;mico (LES) y <I>diabetes mellitus</i> tipo 1. Utilizando proyecciones de poblaci&oacute;n para el a&ntilde;o 1996 de la Oficina del Censo de EUA, Rose lleg&oacute; finalmente al c&aacute;lculo de que estos padecimientos, considerados conjuntamente, aquejaban a 1 de cada 3 estadounidenses: m&aacute;s de 8.5 millones de personas en aquel entonces.<Sup>2</sup> "Eso result&oacute; asombroso", dice Rose. "Hasta entonces nadie se hab&iacute;a dado cuenta de que las enfermedades autoinmunes abundan tanto."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n c&aacute;lculos actuales de los Institutos Nacionales de Salud, hasta 23.5 millones de estadounidenses pueden estar aquejados de al menos un padecimiento autoinmune.<Sup>3</sup> Pero Rose se&ntilde;ala que ese n&uacute;mero no hace referencia a los datos del Censo de EU del a&ntilde;o 2010; es m&aacute;s, proviene de la evaluaci&oacute;n de Rose de dichas 24 enfermedades inmunes, seg&uacute;n la cual el n&uacute;mero real de estas enfermedades oscila entre 80 y 120.<Sup>4</sup> El tama&ntilde;o real de la poblaci&oacute;n afectada en Estados Unidos podr&iacute;a llegar a ser de 50 millones de personas,<Sup>5</sup> seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n Americana de Enfermedades Autoinmunes (en ingl&eacute;s, AARDA), un grupo de apoyo con sede en el este de Detroit.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las enfermedades autoinmunes tienden a agruparse entre los miembros de una familia. Sin embargo, aunque un par de gemelos id&eacute;nticos tengan la misma susceptibilidad gen&eacute;tica a heredar enfermedades, Rose dice que es posible que s&oacute;lo uno de ellos desarrolle un padecimiento autoinmune, lo que sugiere la intervenci&oacute;n de disparadores ambientales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los cient&iacute;ficos definen esos disparadores de manera amplia: se han citado sustancias qu&iacute;micas, agentes infecciosos, estr&eacute;s, hormonas, f&aacute;rmacos, drogas, alimentaci&oacute;n, aumento de peso, comportamientos, etc., como factores etiol&oacute;gicos. Rose reconoci&oacute; que el incremento podr&iacute;a deberse en parte a los cambios en el diagn&oacute;stico. "Es dif&iacute;cil descartar esa posibilidad porque ahora la conciencia cl&iacute;nica de estas enfermedades es mucho mayor que antes", dice. "Pero tambi&eacute;n hay estudios muy buenos que muestran incrementos reales, en particular de la diabetes tipo 1."<Sup>6,7</sup> El hecho de que la diabetes tipo 1 ha estado bien caracterizada durante d&eacute;cadas constituye hasta el momento una evidencia convincente de que el incremento en la incidencia no es una mera ilusi&oacute;n basada en un mejor diagn&oacute;stico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Jill Norris, profesora de epidemiolog&iacute;a de la Escuela de Salud P&uacute;blica de Colorado, a&ntilde;ade que la prevalencia de la enfermedad celiaca &#150;padecimiento autoinmune del intestino delgado provocado por la exposici&oacute;n al gluten, una prote&iacute;na que se encuentra en el trigo, la cebada y el centeno&#150; tambi&eacute;n parece estarse incrementando dr&aacute;sticamente en Estados Unidos.<Sup>8</sup> "Probablemente estamos viendo una mezcla de diferentes tendencias", dice Norris. Si bien algunas enfermedades autoinmunes van en aumento, otras est&aacute;n disminuyendo: por ejemplo la prevalencia de la AR parece estar reduci&eacute;ndose en la poblaci&oacute;n, se&ntilde;ala. "Y en cuanto a la mayor&iacute;a de las dem&aacute;s", a&ntilde;ade", "no sabemos, sobre todo porque no tenemos registros adecuados para rastrearlas."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>La complejidad de las enfermedades autoinmunes, revelada</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los cient&iacute;ficos dividen las enfermedades autoinmunes en dos categor&iacute;as generales: las variedades espec&iacute;ficas de un &oacute;rgano (como la diabetes tipo 1, que es un ataque inmune a las c&eacute;lulas productoras de insulina del p&aacute;ncreas) y las variedades sist&eacute;micas (como el LES, que se presenta cuando el sistema inmune se vuelca contra m&uacute;ltiples &oacute;rganos y tejidos del cuerpo). Los resultados cl&iacute;nicos var&iacute;an seg&uacute;n la enfermedad y van desde los trastornos hemorr&aacute;gicos en la PTI a la incapacidad de procesar la glucosa en la diabetes tipo 1 y hasta el dolor y la inflamaci&oacute;n de las articulaciones en la AR.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Dado que las enfermedades autoinmunes suelen ser poco comunes y con frecuencia no son f&aacute;ciles de diagnosticar mediante ex&aacute;menes de sangre, im&aacute;genes y otras pruebas est&aacute;ndar, a los m&eacute;dicos cl&iacute;nicos que no est&aacute;n familiarizados con estas enfermedades pueden resultarles desconcertantes. No es raro que los m&eacute;dicos descarten a pacientes verdaderamente enfermos calific&aacute;ndolos de perezosos o neur&oacute;ticos, dice Finger, actual presidente del consejo directivo de la AARDA. "Pueden requerirse a&ntilde;os para diagnosticar algunos de estos padecimientos". "Los pacientes pueden ser referidos de un especialista a otro. Incluso apenas en el a&ntilde;o 2000 los profesionales de la salud mental eran los primeros en realizar un diagn&oacute;stico correcto."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v53n4/a11img01.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p> <table width="578" border="0" align="center" cellpadding="5" cellspacing="5">   <tr>     <td bgcolor="#bed5cb">    <p><font size="3" face="Verdana"><b>Interacciones entre los genes y el medio ambiente y las enfermedades autoinmunes: una hip&oacute;tesis</b></font></p>           <p><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n la hip&oacute;tesis del trastorno elemental,las enfermedades autoinmunes se consideran como conjuntos integrados por muchos fenotipos individuales, cada uno de los cuales est&aacute; definido por un conjunto &uacute;nico de s&iacute;ntomas, signos y hallazgos de laboratorio. Esta figura utiliza el ejemplo de las enfermedades reum&aacute;ticas sist&eacute;micas, un subconjunto de enfermedades inmunes, para conceptualizar c&oacute;mo pueden producirse diversos fenoti pos de enfermedades a consecuencia de distintas interacciones entre los genes y el medio ambiente.</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana">Cada esfera representa un fenotipo de enfermedad; cada cuadro representa el genoma de un individuo, y cada hex&aacute;gono representa una exposici&oacute;n ambiental particular. Seg&uacute;n esta hip&oacute;tesis, algunas combinaciones de genomas y exposiciones ambientales dan lugar a deter minados fenotipos de enfermedad,mientras que otras combinaciones pueden no producirlos. En otros casos, un factor ambiental o un genoma, indicado aqu&iacute; con una X, puede brindar protecci&oacute;n contra el desarrollo de una enfermedad.</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana">AR = artritis reumatoide; LES = lupus eritematoso sist&eacute;mico.</font></p>           <p><font size="2" face="Verdana">Fuente: Gourley M, Miller FW. Mechanisms of disease: environmental factors in the pathogenesis of rheumatic disease. Nat Clin Pract Rheumatol 2007;3(3):172&#45;180; doi:10.1038/ncprheum0435 (Reim preso con autorizaci&oacute;n).</font></p></td>   </tr> </table>     <p><font size="2" face="Verdana">Todas las enfermedades autoinmunes se presentan cuando el sistema inmune del cuerpo se vuelve contra s&iacute; mismo. Pero seg&uacute;n Kathleen Gilbert, inmun&oacute;loga y profesora de la Universidad de Ciencias M&eacute;dicas de Arkansas, eso es pr&aacute;cticamente lo &uacute;nico que sabemos con certeza acerca de ellas. Los cient&iacute;ficos, dice, apenas han ara&ntilde;ado la superficie en lo tocante a saber qu&eacute; es lo que provoca una enfermedad autoinmune.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Este campo est&aacute; repleto de teor&iacute;as y mecanismos biol&oacute;gicos en conflicto y carece de un concepto unificador, a&ntilde;ade K. Michael Pollard, profesor adjunto del Instituto Scripps de Investigaci&oacute;n. "Por cada inmun&oacute;logo hay una o dos teor&iacute;as sobre las causas de las enfermedades autoinmunes", dice. "Ese es el estado en el que se encuentra este campo: hemos realizado un gran n&uacute;mero de buenos trabajos, pero hay tantos tipos de enfermedades, que todas ellas presentan diferencias en su mec&aacute;nica que pueden ser sutiles o profundas."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En algunos casos las enfermedades autoinmunes ocurren cuando unas prote&iacute;nas anormales llamadas auto&#45;anticuerpos atacan a c&eacute;lulas y tejidos en lugar de a los invasores extra&ntilde;os como los virus y las bacterias. Eso es lo que ocurre en la enfermedad de Graves: los auto&#45;anticuerpos se ligan a los receptores de hormonas en la gl&aacute;ndula tiroidea. Como resultado, el &oacute;rgano se sobreactiva, lo que da lugar a s&iacute;ntomas entre los que se incluyen la intolerancia al calor, una p&eacute;rdida de peso inexplicada, ojos saltones, hipertensi&oacute;n y temblor. O bien, las c&eacute;lulas T pueden atacar a c&eacute;lulas y tejidos, dice Gilbert, como ocurre cuando destruyen las c&eacute;lulas de islote que producen la insulina en el p&aacute;ncreas, dando lugar a la diabetes tipo 1.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Pero incluso las enfermedades causadas por linfocitos T pueden verse acompa&ntilde;adas por una proliferaci&oacute;n de auto&#45;anticuerpos que es posible detectar antes de que se manifiesten los s&iacute;ntomas. Por ejemplo, los m&eacute;dicos pueden evaluar la condici&oacute;n del sistema autoinmune en los ni&ntilde;os que se cree puedan estar en riesgo de contraer diabetes tipo 1, midiendo los niveles en la sangre de auto&#45;anticuerpos contra la insulina y otros ant&iacute;genos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Rose a&ntilde;ade que algunas enfermedades autoinmunes comparten componentes heredables, como lasvariaciones en el gen que codifica el ant&iacute;geno leucocitario humano (en ingl&eacute;s, HLA). El HLA es la versi&oacute;n humana de una importantefamilia de genes llamada complejo mayor de histocompatibilidad (eningl&eacute;s, MHC), que desempe&ntilde;a un papel crucial en la inmunidad delos vertebrados. Una variedad en particular de MHC conocida como el haplotipo HLA&#45;A1&#45;B8&#45;DR3, dice, interviene en varias enfermedades autoinmunes. De hecho, la mayor&iacute;a de las enfermedades autoinmunes pueden estar ligadas a variaciones del HLA de uno u otro tipo, a&ntilde;ade. "De modo que esto me dice que son fundamentales para la etiolog&iacute;a de las enfermedades autoinmunes", concluye Rose.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No obstante, Rose reconoce que si bien muchas variaciones de genes est&aacute;n ligadas a las enfermedades autoinmunes, cada una de ellas aporta s&oacute;lo un porcentaje peque&ntilde;o del riesgo total. La enfermedad ocurre s&oacute;lo cuando m&uacute;ltiples genes act&uacute;an juntos, dice, y aun en ese caso la gen&eacute;tica no alcanza a explicar por completo el riesgo, lo que indica que entran en juego factores ambientales. "Sin embargo, tenemos muy poca informaci&oacute;n sobre estos factores", a&ntilde;ade Rose. "Necesitamos m&aacute;s datos que asocien las enfermedades inmunes con exposiciones espec&iacute;ficas. Tambi&eacute;n necesitamos mecanismos biol&oacute;gicos veros&iacute;miles que expliquen c&oacute;mo es que esas exposiciones provocan o exacerban las enfermedades. En esto se enfocar&aacute; nuestra principal labor de investigaci&oacute;n en la pr&oacute;xima d&eacute;cada."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>V&iacute;nculos ambientales</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n Pollard, hasta ahora la mejor evidencia sobre la relaci&oacute;n entre las exposiciones ambientales y las enfermedades autoinmunes es la queprocede de estudios de f&aacute;rmacos.Esto no es de extra&ntilde;ar, dice, puestoque los pacientes de esos estudios son controlados cuidadosamente por lo que respecta a la dosis, el resultado cl&iacute;nico y la confusi&oacute;n derivada de otros factores. Pollar se&ntilde;ala queen una minor&iacute;a de pacientes se han vinculado de manera concluyente al LES dos f&aacute;rmacos en particular: la procainamida, un tratamiento para la arritmia cardiaca, y la hidralazina, utilizada para tratar la presi&oacute;n arterial alta.<Sup>9</sup> "Y cuando se les retira el f&aacute;rmaco a los pacientes, sus s&iacute;ntomas de lupus desaparecen", dice Pollard.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Adem&aacute;s de la relaci&oacute;n entre estas exposiciones farmac&eacute;uticas y el LES, tambi&eacute;n hay evidencias s&oacute;lidas que vinculan la ingesti&oacute;n de gluten con la enfermedad celiaca; de hecho, los s&iacute;ntomas desaparecen cuando se elimina de su dieta el gluten, seg&uacute;n Alessio Fasano, director del Centro de Investigaci&oacute;n Celiaca de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. Sin embargo, la evidencia humana de otros v&iacute;nculos entre el medio ambiente y estas enfermedades es m&aacute;s tenue, debido en parte a las limitaciones inherentes de la epidemiolog&iacute;a ambiental, afirma Pollard: las personas tienden a la movilidad y est&aacute;n expuestas a m&uacute;ltiples agentes ambientales a la vez, y con frecuencia los s&iacute;ntomas de las enfermedades autoinmunes tardan un tiempo considerable en comenzar a manifestarse.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v53n4/a11img02.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, los v&iacute;nculos propuestos tambi&eacute;n tienden a verse afectados por resultados contradictorios de los estudios. Por ejemplo,estudios realizados en el Reino Unido, Suecia y Jap&oacute;n relacionaron el tabaquismo con el LES,<Sup>10,11,12</sup> pero en tres estudios realizados en Estados Unidos no se encontr&oacute; una conexi&oacute;n similar.<sup>13,14,15</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las fuentes entrevistadas para este art&iacute;culo coincidieron un&aacute;nimemente en que el incremento de los &iacute;ndices de prevalencia es m&aacute;s evidente en el caso de la diabetes tipo 1. Datos obtenidos del sistema nacional de salud de Finlandia demuestran que los &iacute;ndices de diabetes tipo 1 se incrementaron a m&aacute;s del doble, pasando de 31 casos por cada 100,000 personas en 1980 a 64 casos por cada 100,000 personas en el a&ntilde;o 2005.<Sup>16</sup> Tambi&eacute;n se detectaron incrementos en otros 17 pa&iacute;ses europeos, en un porcentaje anual de 3.9% de 1989 a 2003.<Sup>17</sup> Los autores de dicho estudio predijeron que el n&uacute;mero de casos nuevos en ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os en Europa se duplicar&iacute;a para 2020 respecto a 2005, mientras que el n&uacute;mero de casos en los ni&ntilde;os menores de 15 a&ntilde;os se incrementar&aacute; en 70%.<Sup>17</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Norris se&ntilde;ala que tambi&eacute;n se han documentado incrementos de diabetes tipo 1 en Estados Unidos por medio de un programa de detecci&oacute;n de diabetes en los j&oacute;venes llamado SEARCH, coordinado por los Centros para el Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades de EU.<Sup>18</sup> El programa SEARCH rastrea los datos de incidencia recopilados en los registros de seis estados: Colorado, California, Hawaii, Ohio, Carolina del Sur y Washington. Norris dice que en Colorado el n&uacute;mero de casos se increment&oacute; de 15 por cada 100,000 personas en el periodo de 1978&#150;1988 a 23.9 por cada 100,000 personas entre 2002 y 2004. "Ese es un incremento de alrededor de 70%", agrega. "No es tan grande como en que se ve en Finlandia, pero s&iacute; es sustancial."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>La diabetes: un ejemplo que viene al caso</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">&iquest;Qu&eacute; es lo que est&aacute; ocasionando el incremento de la diabetes tipo 1? Terence Wilkin, profesor de endocrinolog&iacute;a y metabolismo de la Escuela de Medicina Pen&iacute;nsula en Plymouth, RU, cita incrementos constantes en el peso de los ni&ntilde;os a edades cada vez menores. Seg&uacute;n Wilkin, una masa corporal m&aacute;s pesada exacerba la resistencia a la insulina, o el proceso mediante el cual la insulina pierde la capacidad de coordinar el metabolismo de la glucosa. Eso pone a las c&eacute;lulas pancre&aacute;ticas beta en marcha directa: en la lucha por satisfacer las demandas de insulina, las c&eacute;lulas beta se agotan, lo que provoca el desencadenamiento de la enfermedad. "Vemos de manera sistem&aacute;tica que los ni&ntilde;os con mayor peso desarrollan diabetes m&aacute;s tempranamente", dice Wilkin. "Y el v&iacute;nculo con la resistencia a la insulina explica por qu&eacute; est&aacute; sucediendo esto."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Norris dice que la hip&oacute;tesis de Wilkin tiene sentido a un nivel intuitivo. Pero al citar datos prospectivos<Sup>19</sup> del Estudio de Autoinmunidad en la Diabetes en los J&oacute;venes (en ingl&eacute;s, DAISY), coordinado por la Universidad de Colorado en Denver, Norris afirma que algunos ni&ntilde;os presentan evidencias de autoinmunidad (medida seg&uacute;n el n&uacute;mero de anticuerpos dirigidos contra las c&eacute;lulas de islotes pancre&aacute;ticos en la sangre) antes de mostrar se&ntilde;ales de tener mayor peso o estatura de lo normal. "Seg&uacute;n nuestros datos no hay ninguna asociaci&oacute;n entre el peso corporal y el &iacute;ndice de masa corporal y el futuro surgimiento de una enfermedad autoinmune", explica. "Podr&iacute;a ser que el incremento de peso y la resistencia a la insulina sean posteriores al inicio de la enfermedad autoinmune", a&ntilde;ade. "De modo que yo no descartar&iacute;a por completo la teor&iacute;a de Wilkin: simplemente quiz&aacute; tengamos que ajustarla a los datos."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Es m&aacute;s, la cohorte del estudio DAISY est&aacute; limitada a ni&ntilde;os en riesgo identificados por tipo de HLA, agrega Norris, mientras que la hip&oacute;tesis de Wilkin puede ser aplicable a poblaciones infantiles m&aacute;s amplias que no se limiten a individuos gen&eacute;ticamente susceptibles. "Y no hemos probado la hip&oacute;tesis de Wilkin en la poblaci&oacute;n general", concluye Norris.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Mientras tanto, algunos investigadores han propuesto que la diabetes tipo 1 podr&iacute;a estar relacionada con el consumo de las f&oacute;rmulas infantiles, mismo que se populariz&oacute; despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Estudios retrospectivosrealizados sobre todo en Finlandia y otros pa&iacute;ses llevaron esta visi&oacute;n un paso m&aacute;s all&aacute; al mostrar asociaciones con el consumo de leche de vaca espec&iacute;ficamente.<Sup>20</sup> Sin embargo, las investigaciones prospectivas m&aacute;s recientes,<Sup>21,22,23,24</sup> que al decir de Norris no est&aacute;n aquejadas porlos problemas de sesgo de recuerdo que caracterizan en ocasiones a los dise&ntilde;os retrospectivos, no han podido confirmar estas asociaciones. En cambio, estos estudios han vinculado la diabetes tipo 1 a otrasexposiciones alimentarias en los beb&eacute;s y ni&ntilde;os peque&ntilde;os, incluyendo cereales con y sin gluten, tub&eacute;rculos y frutas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">"No estoy segura de que podamos decir que un factor por s&iacute; solo en la alimentaci&oacute;n de los beb&eacute;s sea el m&aacute;s importante", dice Norris. "Hay demasiada variabilidad en lo que nos muestran los estudios; podr&iacute;a no tratarse de un solo factor." Agrega que los datos tambi&eacute;n sugieren que la diabetes tipo 1 puede estar relacionada con los enterovirus<Sup>25</sup> ycon los contaminantes, incluyendo la presencia de nitratos y nitrosaminas derivadas de los nitratos en el agua utilizada para beber.<Sup>26</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Pistas sobre los mecanismos de autoinmunidad</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Son principalmente los estudios ocupacionales, en los que las exposiciones pueden determinarse con mayor confiabilidad con base en la memoria y los registros de los lugares de trabajo que en los estudios de la poblaci&oacute;n general, los que vinculan los compuestos industriales y sustancias qu&iacute;micascon las enfermedades autoinmunes. Algunas de las asociaciones que m&aacute;s apoyan dichos estudios, se&ntilde;ala Miller,vinculan la exposici&oacute;n ocupacional a la s&iacute;lice cristalina con enfermedades tales como AR, LES y esclerosis sist&eacute;mica (conocida tambi&eacute;n como esclerodermia), una enfermedad de los tejidos conectivos.<Sup>27,28,29</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Jean Pfau, profesora adjunta deinmunotoxicolog&iacute;a de la Universidad del Estado de Idaho, sugiere que la s&iacute;lice y el asbesto &#150;el cual ha sido asociado con AR, LES y escleroderma en los mineros y otros residentes del pueblo de Libby, Montana,<Sup>30</sup> anteriormente dedicado a la explotaci&oacute;n de minas de asbesto&#150; evocan las enfermedades autoinmunes de maneras similares. Ambos compuestos se incrustan en los pulmones, dice, lo que sirve para atraer a las c&eacute;lulasinmunes y producir inflamaci&oacute;n. Es m&aacute;s, la s&iacute;lice y el asbesto son citot&oacute;xicos, de modo que matan a las c&eacute;lulas en formas que pueden generar mucho detritus celular. Pfau se&ntilde;ala que posiblemente las c&eacute;lulas B del &aacute;rea inflamada "pierdan tolerancia" al material del propio organismo, es decir, al detritus celular, y procedan a producir auto&#45;anticuerpos correspondientes a ese detritus que ataquen a las c&eacute;lulas sanas en todo el cuerpo. Se podr&iacute;an desencadenar procesos similares debido a la exposici&oacute;n viral, agrega, poniendo como ejemplo la exposici&oacute;n al virus de Epstein&#45;Barr que ha sido causa de AR y LES.<Sup>31</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Igualmente importante en la literatura sobre inmunotoxicolog&iacute;a es el solvente tricloroetileno (TCE), un contaminante de las aguas subterr&aacute;neas sumamente generalizado. En un estudio realizado por Gilbert y sus colegas se encontr&oacute; que la exposici&oacute;n al TCE alteraba la expresi&oacute;n de las c&eacute;lulas T auxiliares en los ratones, volvi&eacute;ndolos menos susceptibles a la apoptosis (muerte celular programada).<Sup>32</sup> "Se supone que la apoptosis evita que las c&eacute;lulas T auxiliares autorreactivas &#150;o m&aacute;s espec&iacute;ficamente, el subconjunto de c&eacute;lulas CD4<Sup>+</sup> T que expresan la prote&iacute;na CD4 en sus superficies&#150; se expandan y provoquen enfermedades autoinmunes", explica Gilbert. "De modo que la supresi&oacute;n de este proceso puede incrementar la vulnerabilidad a una variedad de enfermedades."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los ratones de Gilbert expuestos al TCE presentaron evidencias de actividad inmune en el h&iacute;gado, incluyendo alteraciones de las citoquinas y cambios en la expresi&oacute;n de de genes en linfocitos con dosis no t&oacute;xicas.<Sup>32</sup> A la larga, los ratones desarrollaron hepatitis autoinmune, dice, pero los efectos del TCE sobrelas c&eacute;lulas CD4<Sup>+</sup> T no necesariamente se limitan a las enfermedades hep&aacute;ticas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Mientras tanto, varios estudios tambi&eacute;n asocian los solventes, incluyendo el TCE&middot;, con enfermedades autoinmunes como la AR, el LES y la esclerosis sist&eacute;mica.<Sup>27</sup> Es dif&iacute;cil decir si esas asociaciones son reales o no, a&ntilde;ade Gilbert, porque los seres humanos est&aacute;n t&iacute;picamente expuestos a mezclas de sustancias qu&iacute;micas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pollard se&ntilde;ala que los estudios bien controlados en seres humanos son un eslab&oacute;n perdido en la investigaci&oacute;n sobre las enfermedades autoinmunes. "Estas enfermedades son poco comunes, de modo que se requieren estudios grandes para detectar las asociaciones, y eso cuesta mucho dinero", dice. "Tenemos fragmentos y piezas sueltas: por ejemplo, existen varios reportes de personas expuestas en minas que tienen algunas caracter&iacute;sticas de las enfermedades autoinmunes, pero esas personas tambi&eacute;n est&aacute;n expuestas a muchas otras sustancias. En eso consiste el mayor problema: necesitamos datos duros sobre poblaciones que est&aacute;n y que no est&aacute;n expuestas, y no es f&aacute;cil realizar esos estudios."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Necesidades para el futuro</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Lo que m&aacute;s se necesita, dice Miller, son mejores datos que documenten la frecuencia y ubicaci&oacute;n de las enfermedades autoinmunes en la poblaci&oacute;n. "Estamos hablando de un registro nacional, algo que nos permita tomar control de los focos de las enfermedades en relaci&oacute;n con determinadas exposiciones ambientales", a&ntilde;ade. "Eso nos permitir&iacute;a ver de qu&eacute; maneras cambian esas enfermedades con el paso del tiempo."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Miller se&ntilde;ala el programa de Vigilancia, Epidemiolog&iacute;a y Resultados Finales (en ingl&eacute;s, SEER)<Sup>33</sup> del Instituto Nacional de C&aacute;ncer como un ejemplo de un registro exitoso. El programa SEER recopila informaci&oacute;n sobre la incidencia, prevalencia y supervivencia de c&aacute;ncer en zonas que representan 28% de la poblaci&oacute;n de Estados Unidos, as&iacute; como datos para todo el pa&iacute;s. "No tenemos nada como eso para las enfermedades autoinmunes", dice Miller. Como consecuencia, a&ntilde;ade, mientras que se suele abordar los c&aacute;nceres como una sola entidad, cada una de las enfermedades autoinmunes es vista aisladamente, lo cual impide un uso m&aacute;s eficaz de los fondos destinados a la investigaci&oacute;n.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n Rose, la obtenci&oacute;n de mejores diagn&oacute;sticos tambi&eacute;n constituye una importante prioridad. Hoy en d&iacute;a, dice, a la mayor&iacute;a de las personas aquejadas de enfermedades inmunes no se les diagnostican &eacute;stas hasta que el proceso de la enfermedad ya est&aacute; demasiado avanzado. "Tenemos evidencias fidedignas de que esas enfermedades pueden desarrollarse durante a&ntilde;os antes de manifestarse cl&iacute;nicamente", dice Rose. "Para cuando vemos a estos pacientes, ya ha habido mucho da&ntilde;o, y nos vemos ante la dif&iacute;cil tarea de tratar de arreglar esto. Ser&iacute;a mejor dar con ellos antes, por lo que es absolutamente necesario encontrar mejores bioindicadores que ayuden a predecir qui&eacute;nes est&aacute;n en riesgo."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Segal JB, Powe NR. Prevalence of immune thrombocytopenia: analyses of administrative data. J Thrombo Haemost 2006;4(11):2377&#45;2383; doi:10.1111/j.1538&#45;7836.2006.02147.x</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339530&pid=S0036-3634201100040001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Jacobson DL, et al. Epidemiology and estimated population burden of selected autoimmune diseases in the United States. Clin Immunol Immunopathol 1997;84(3):223&#45;243; doi:10.1006/ clin.1997.4412</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339531&pid=S0036-3634201100040001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. The Autoimmune Diseases Coordinating Committee. Progress in autoimmune disease research. Informe al Congreso. Publicaci&oacute;n del NIH Nº 05&#45;5140. Bethesda, MD:The Autoimmune Diseases Coordinating Committee, National Institute of Allergy and Infectious Diseases, National Institutes of Health, 2005 &#91;consultado abril 27, 2011&#93;. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/3wev5xh" target="_blank">http://tinyurl.com/3wev5xh</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339532&pid=S0036-3634201100040001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. AARDA.The cost burden of autoimmune disease:The latest front in the war on healthcare spending. Eastpointe, MI:American Autoimmune Related Diseases Association, Inc., 2011 &#91;consultado abril 27, 2011&#93;. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/4yucztc" target="_blank">http://tinyurl.com/4yucztc</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339533&pid=S0036-3634201100040001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. AARDA. Questions &amp; answers. How many americans have an autoimmune disease? &#91;website&#93;. Eastpointe, MI:American Autoimmune Related Diseases Association, Inc. &#91;consultado abril 27, 2011&#93;. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/44exjhg" target="_blank">http://tinyurl.com/44exjhg</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339534&pid=S0036-3634201100040001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Podar T, et al. Increasing incidence of childhood&#45;onset type I diabetes in 3 Baltic countries and Finland 1983&#45;1998. Diabetologia 2001;44(suppl 3):B17&#45;B20; PMID:11724410</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339535&pid=S0036-3634201100040001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Grimaldi LME, <I>et al</I>. High prevalence and fast rising incidence of multiple sclerosis in Caltanissetta, Sicily, Southern Italy. Neuroepidemiology 2007;28(1):28&#45;32; doi:10.1159/000097853</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339536&pid=S0036-3634201100040001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Rubio&#45;Tapia A, <I>et al</I>. Increased prevalence and mortality in undiagnosed celiac disease. Gastroenterology 2009;137(1):88&#45;93; doi:10.1053/j.gastro.2009.03.059</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339537&pid=S0036-3634201100040001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Pollard KM, <I>et al</I>.Toxicology of autoimmune diseases. Chem Res Toxicol 2010;23(3):455&#45;466; doi:10.1021/tx9003787</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339538&pid=S0036-3634201100040001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. Nagata C, <I>et al</I>. Systemic lupus erythematosus: a case&#150;control epidemiologic study in Japan. Int J Dermatol 1995;34(5):333&#45;337; PMID:7607794</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339539&pid=S0036-3634201100040001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. Hardy CJ, <I>et al</I>. Smoking history, alcohol consumption, and systemic lupus erythematosus: a case&#150;control study.Ann Rheum Dis 1998;57:451&#45;455; doi:10.1136/ard.57.8.451</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339540&pid=S0036-3634201100040001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">12. Bengtsson AA, <I>et al</I>. Risk factors for developing systemic lupus erythematosus: a case&#150;control study in southern Sweden. Rheumatology 2002;41(5):563&#45;571; doi:10.1093/ rheumatology/41.5.563</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339541&pid=S0036-3634201100040001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">13. Weetman AP. Determinants of autoimmune thyroid disease. Nature Immunol 2001;2(9):769770; doi:10.1038/ni0901&#45;769</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339542&pid=S0036-3634201100040001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">14. Vestergaard P, <I>et al</I>. Smoking as a risk factor for Graves' disease, toxic nodular goiter, and autoimmune hypothyroidism. Thyroid 2002;12(1):69&#45;75; doi:10.1089/105072502753451995</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339543&pid=S0036-3634201100040001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">15. Reidenberg MM, <I>et al</I>.Acetylation phenotypes and environmental chemical exposure of people with idiopathic systemic lupus erythematosus. Arthritis Rheum 1993;36(7):971&#45;973; doi:10.1002/art.1780360714</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339544&pid=S0036-3634201100040001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">16. Harjutsalo V, <I>et al</I>.Time trends in the incidence of type 1 diabetes in Finnish children: a cohort study. Lancet 2008;371(9626):1777&#45;1782; doi:10.1016/S0140&#45;6736(08)60765&#45;5</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339545&pid=S0036-3634201100040001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">17. Patterson CC, <I>et al</I>. Incidence trends for childhood type 1 diabetes in Europe during 1989&#45;2003 and predicted new cases 2005&#150;20: a multicentre prospective registration study. Lancet 2009;373(9680):2027&#45;2033; doi:10.1016/S01406736(09)60568&#45;7</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339546&pid=S0036-3634201100040001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">18. SEARCH for Diabetes in Youth Study &#91;website&#93;.Atlanta, GA: US Centers for Disease Control and Prevention; Bethesda, MD:National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, 2010 &#91;consultado abril 28, 2011&#93;. Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/3fvtkfp" target="_blank">http://tinyurl.com/3fvtkfp</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339547&pid=S0036-3634201100040001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">19. Lamb MM, <I>et al</I>. Height growth velocity, islet autoimmunity, and type 1 diabetes development: the Diabetes Autoimmunity Study in the Young. Diabetologia 2009;52(10):2064&#45;2071; doi:10.1007/s00125&#45;009&#45;1428&#45;2</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339548&pid=S0036-3634201100040001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">20. Knip M, <I>et al</I>. Infant feeding and the risk of type 1 diabetes.Am J Clin Nutr 2010;91(5):1506S&#45;1513S; doi:10.3945/ ajcn.2010.28701C</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339549&pid=S0036-3634201100040001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">21. Ziegler A&#45;G, <I>et al</I>. 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Diabetologia 2006;49:15121521; doi:10.1007/s00125&#45;006&#45;0236&#45;1</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339551&pid=S0036-3634201100040001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">23. Norris JM, <I>et al</I>.Timing of initial cereal exposure in infancy and risk of islet autoimmunity. JAMA 2003;290(13):1713&#45;1720; doi:10.1001/jama.290.13.1713</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339552&pid=S0036-3634201100040001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">24. Couper JJ, <I>et al</I>. 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Disponible en: <a href="http://tinyurl.com/5s6k5gq" target="_blank">http://tinyurl.com/5s6k5gq</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9339563&pid=S0036-3634201100040001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     ]]></body>
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