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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL    <br>   CONTAMINACI&Oacute;N LUM&Iacute;NICA</b></font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p><font size="4" face="verdana"><b><a name="title"></a>La luz nocturna y el c&aacute;ncer de mama en el mundo<a href="#nt"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Varios estudios realizados en la &uacute;ltima d&eacute;cada han sugerido que la pr&aacute;ctica moderna de mantener nuestros cuerpos expuestos a la luz artificial nocturna (LAN) incrementa el riesgo de c&aacute;ncer, en especial de aquellos c&aacute;nceres (como el de mama y de pr&oacute;stata) que requieren de hormonas para desarrollarse. Las mujeres que trabajan en el turno nocturno han presentado &iacute;ndices de c&aacute;ncer de mama m&aacute;s elevados,<Sup>1</Sup> mientras que las mujeres invidentes, que no suelen estar expuestas a la LAN o no la perciben, han presentado menos riesgo.<Sup>2</Sup> En 2007, la Agencia Internacional de Investigaci&oacute;n sobre el C&aacute;ncer declar&oacute; que la rotaci&oacute;n por turnos en el trabajo era un probable cancer&iacute;geno humano.<Sup>3</Sup> Ahora un estudio m&aacute;s amplio en 164 pa&iacute;ses a&ntilde;ade otra evidencia, que involucra a la contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica general. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El estudio, realizado por Richard Stevens, epidemi&oacute;logo de la Universidad de Connecticut, y sus colegas de la Universidad de Haifa, demostr&oacute; que los niveles de LAN m&aacute;s elevados, ponderados por poblaci&oacute;n a nivel de pa&iacute;s, estaban asociados con una mayor incidencia de c&aacute;ncer de mama.<Sup>4</Sup> Una prueba de sensibilidad indic&oacute; un incremento de 30 a 50% en el riesgo de c&aacute;ncer de mama en los pa&iacute;ses con niveles m&aacute;s altos de LAN, en comparaci&oacute;n con aquellos que tienen los niveles m&aacute;s bajos. No se encontr&oacute; ese tipo de asociaci&oacute;n entre la LAN y la incidencia en mujeres de c&aacute;nceres de pulm&oacute;n, colorrectal o de laringe, que no dependen de las hormonas. </font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana">'Adoptamos la perspectiva amplia y dijimos: 'Si realmente hay una relaci&oacute;n causal, los niveles de LAN en el mundo deber&iacute;an mostrar una correlaci&oacute;n con la incidencia de c&aacute;ncer de mama',' dice Stevens. 'Esta es una condici&oacute;n necesaria pero no suficiente para un efecto potencialmente grande. Si no hubi&eacute;ramos visto ninguna relaci&oacute;n entre la LAN a nivel nacional y el riesgo de c&aacute;ncer de mama, eso habr&iacute;a sido una buena evidencia en contra de un efecto grande de la LAN sobre el riesgo de c&aacute;ncer de mama.' </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> David Blask, bi&oacute;logo de la Universidad Tulane, se&ntilde;ala que las implicaciones van m&aacute;s all&aacute; de la rotaci&oacute;n por turnos. 'Este estudio sugiere que todos los que vivimos en la sociedad industrializada tenemos el potencial de que nuestro sistema circadiano se vea trastornado por un exceso de luz nocturna, y potencialmente este riesgo no se limita al peque&ntilde;o porcentaje de la poblaci&oacute;n que se ve expuesto a la misma debido a su ocupaci&oacute;n', dice Blask.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v53n2/a12img01.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Eva Schernhammer, epidemi&oacute;loga de Harvard, est&aacute; de acuerdo en que el resultado positivo de este estudio a&ntilde;ade m&aacute;s evidencia a la idea de que la exposici&oacute;n a la LAN contribuye al riesgo de c&aacute;ncer de mama. Pero como estudio ecol&oacute;gico,<Sup>5</Sup> aun si el resultado hubiera sido negativo, no ser&iacute;a lo suficientemente fuerte para descartar la evidencia de los estudios anteriores de casos y controles, dice. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los autores del estudio se&ntilde;alan que, debido a su naturaleza ecol&oacute;gica, el estudio no tomaba en cuenta el comportamiento que pudiera reducir la exposici&oacute;n de los individuos a la LAN, como el dormir. Si la gente est&aacute; realmente dormida, poca luz o ninguna llegar&aacute; a sus retinas, dice Stevens, y a&ntilde;ade: 'Tres o cuatro buenos estudios prospectivos han reportado un menor riesgo de c&aacute;ncer de mama en mujeres que reportan que duermen muchas horas.'<Sup>6</Sup> Stevens considera que la duraci&oacute;n del sue&ntilde;o reportada equivale a tiempo pasado en la oscuridad. Pero la gente se despierta a mitad de la noche, se&ntilde;ala, e incluso los periodos breves en los que se tienen los ojos abiertos durante la noche podr&iacute;an exponer la retina a la LAN.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El nuevo estudio resalta la necesidad de comprender los mecanismos que est&aacute;n detr&aacute;s de la asociaci&oacute;n entre el c&aacute;ncer y la LAN, puesto que no est&aacute;n claros, dice Stevens. Anteriormente, Blask y sus colegas hicieron la famosa demostraci&oacute;n de que un factor clave en la conexi&oacute;n es la melatonina, una hormona que se produce en la oscuridad nocturna que propicia el sue&ntilde;o.<Sup>7</Sup> Demostraron que el crecimiento y el metabolismo de los c&aacute;nceres de mama humanos que se desarrollaban en ratas se hac&iacute;an m&aacute;s lentos cuando los tumores eran impregnados con sangre humana rica en melatonina recolectada durante la noche. Por el contrario, el crecimiento y el metabolismo de los tumores no se modificaron cuando se los impregnaba con sangre en la que se hab&iacute;an suprimido niveles de melatonina debido a una exposici&oacute;n, por breve que fuese, a la LAN. Utilizando el mismo modelo, Blask y George Brainard, de la Universidad Thomas Jefferson, han comenzado a realizar estudios piloto sobre los efectos de la melatonina y la LAN sobre el c&aacute;ncer de pr&oacute;stata humano. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Otros estudios implican la expresi&oacute;n excesiva o deficiente de genes que se sabe intervienen en el reloj circadiano del cuerpo. Por ejemplo, Stevens y sus colegas de Yale, incluyendo a Yong Zhu, encontraron que las mujeres saludables del grupo de control mostraban una menor expresi&oacute;n del gen <I>CLOCK</I> (por sus siglas en ingl&eacute;s: Circadian Locomotor Output Cycles Kaput) que aquellas que padec&iacute;an c&aacute;ncer de mama.<Sup>8</Sup> Tambi&eacute;n descubrieron que posiblemente los cambios epigen&eacute;ticos &#150;el activarse o desactivarse de ciertos genes como resultado de factores ambientales&#150; desempe&ntilde;en un papel. Por ejemplo: un cambio epigen&eacute;tico llamado metilaci&oacute;n del promotor, que desactiva la expresi&oacute;n del gen <I>CLOCK</I>, se vio asociado con un menor riesgo de c&aacute;ncer de mama.<Sup>8</Sup> Actualmente Stevens y Zhu est&aacute;n estudiando si las mujeres que trabajan los turnos nocturnos muestran una menor metilaci&oacute;n del promotor del <I>CLOCK</I>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Otra gran pregunta es en qu&eacute; medida contribuye la LAN al riesgo de enfermar de c&aacute;ncer. 'La luz nocturna tiende a ser un factor entre varios que han contribuido al incremento del c&aacute;ncer de mama en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas', dice Les Reinlib, director de programas que coordina los subsidios del NIEHS relacionados con los efectos de la LAN sobre la salud. 'Parece ser significativo, y en ese caso es algo que podemos controlar.' </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>Angela Spivey</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   escribe desde Carolina del Norte sobre ciencia, medicina y educaci&oacute;n superior.    <br>   Ha escrito para EHP desde el a&ntilde;o 2001 y es miembro de la Asociaci&oacute;n Nacional de Escritores Cient&iacute;ficos. </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Schernhammer ES, et al. J Natl Cancer Inst 93(20):1563&#150;1568 (2001); doi:10.1093/jnci/93.20.1563.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346611&pid=S0036-3634201100020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Hahn RA. Epidemiology 2(3):208&#45;210 (1991); PMID:2054403.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346613&pid=S0036-3634201100020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. IARC. Painting, firefighting, and shiftwork. IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans; v. 98. Lyon, Francia: International Agency for Research on Cancer Working Group on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans (2007).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346615&pid=S0036-3634201100020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. Kloog I, et al. Cancer Causes Control; doi: 10.1007/s10552&#45;010&#45;9624&#45;4 &#91;en l&iacute;nea desde el 3 de agosto de 2010&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346617&pid=S0036-3634201100020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">5. Los estudios ecol&oacute;gicos examinan las caracter&iacute;sticas de poblaciones enteras, no las de los individuos. Por el contrario, los estudios de cohorte y de casos y controles incluyen datos de salud y de exposici&oacute;n para cada uno de los individuos estudiados. Algunos hallazgos ecol&oacute;gicos interesantes pueden sugerir hip&oacute;tesis que podr&iacute;an probarse mediante estudios de cohorte o de casos y controles m&aacute;s costosos y que requieren m&aacute;s tiempo.</font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Verkasalo PK, et al. &#91;Cancer Res 65(20):9595&#150;9600 (2005) doi:10.1158/0008&#45;5472.CAN&#45;05&#45;2138&#93; es uno de esos estudios.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346620&pid=S0036-3634201100020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Blask DE, et al. Cancer Res 65(23):11174&#150;11184 (2005) doi:0.1158/0008&#45;5472.CAN&#45;05&#45;1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346622&pid=S0036-3634201100020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Hoffman AE, et al. Cancer Res 70(4):1459&#150;1468 (2010) doi:10.1158/0008&#45;5472.CAN&#45;09&#45;379.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346624&pid=S0036-3634201100020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Stevens RG. Int J Epidemiol 38(4): 963&#45;&#150;970 (2009) doi:10.1093/ije/dyp178.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346626&pid=S0036-3634201100020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. Gronfier C, et al. Am J Physiol Endocrinol Metab 287(1):E174 E181 (2004); doi:10.1152/ajpendo.00385.2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346628&pid=S0036-3634201100020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. Figueiro MG, Rea MS. Int J Endocrinol 2010:829351 doi:10.1155/2010/829351.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9346630&pid=S0036-3634201100020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a name="nt"></a><a href="#title">*</a> Publicado originalmente en <I>Environmental Health Perspectives,</I> volumen 118, n&uacute;mero 12, diciembre de 2010, p&aacute;gina A525.</font></p>      ]]></body><back>
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