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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>CARTAS    AL EDITOR</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La Fiebre Manchada    de las Monta&ntilde;as Rocosas, una epidemia olvidada </b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Gerardo &Aacute;lvarez-Hern&aacute;ndez,    PhD</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Jefe de la Unidad    de Vigilancia Epidemiol&oacute;gica Hospital Infantil del Estado de Sonora.    <a href="mailto:galvarez@guayacan.uson.mx">galvarez@guayacan.uson.mx</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><i>Sr. Editor:</i>    La Fiebre Manchada de las Monta&ntilde;as Rocosas (FMMR) es una enfermedad reemergente    en el estado de Sonora, que desde el a&ntilde;o 2003 provoca una carga de morbilidad    y mortalidad en sus habitantes, particularmente ni&ntilde;os y adolescentes    que residen en municipios costeros del estado, desde Huatabampo hasta Hermosillo,<sup>1-2    </sup>pero con un reciente desplazamiento geogr&aacute;fico que se extiende    a municipios fronterizos como Nogales y Agua Prieta. Ya en el a&ntilde;o 2005,    investigadores del vecino estado de Arizona<sup>3</sup> documentaron la presencia    de la enfermedad y la relacionaron con la presencia de un vector inesperado,    <i>Ripicephalus sanguineus</i> (la garrapata caf&eacute; del perro) que era    com&uacute;n en el estado de Sonora desde los a&ntilde;os 40 (Bustamante). Adujeron    que las condiciones de ruralidad y el clima seco propio de esta regi&oacute;n    geogr&aacute;fica eran los principales factores de riesgo, y no descartaron    la "presencia de focos hiperend&eacute;micos y brotes epid&eacute;micos localizados."    </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Su predicci&oacute;n    fue correcta, pues en Sonora se han registrado desde el a&ntilde;o 2003 cerca    de 600 casos de infecciones por bacterias de la familia <i>Rickettsiae</i>,    la mayor&iacute;a de ellos debidas a <i>R. rickettsii</i>, el agente etiol&oacute;gico    de la FMMR. Los casos se han diseminado en 18 municipios, pero s&oacute;lo tres    de ellos (Cajeme, Navojoa y Huatabampo) concentran 80% de la incidencia. Si    bien estos n&uacute;meros son motivo de atenci&oacute;n, lo que parece m&aacute;s    importante es el comportamiento observado en la poblaci&oacute;n pedi&aacute;trica.    Se acepta, en general, que en regiones end&eacute;micas de los Estados Unidos    o Sudam&eacute;rica la letalidad es mayor para poblaci&oacute;n adulta joven,    pero en los ni&ntilde;os ha comenzado a incrementarse la proporci&oacute;n de    casos severos y muertes.<sup>4</sup> En el caso de la poblaci&oacute;n infantil    que acude regularmente al Hospital Infantil del Estado de Sonora (HIES), hemos    observado un paulatino incremento de la letalidad del padecimiento. En un reporte    previo de Sonora,<sup>2</sup> la letalidad del padecimiento fue de 22% en una    serie de 9 casos. En el a&ntilde;o 2009, la letalidad observada hasta la segunda    semana de octubre es de 43% en 21 casos, una cifra superior a otros reportes    de &aacute;reas end&eacute;micas.<sup>5</sup> Un par de explicaciones preliminares    a este hecho pueden ofrecerse: (a) el tiempo promedio de inicio del tratamiento    en los pacientes fallecidos es de 10.3 d&iacute;as despu&eacute;s de comenzados    sus s&iacute;ntomas, un retraso significativo respecto a lo recomendado (antes    del s&eacute;ptimo d&iacute;a de haber iniciado el cuadro cl&iacute;nico); y    (b) los m&eacute;dicos de primer contacto no incluyen entre sus diagn&oacute;sticos    iniciales de sospecha del padecimiento.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Justo uno de los    problemas m&aacute;s frecuentes que se encuentra incluso en &aacute;reas de    alta endemia es que existe un relativo desconocimiento del personal m&eacute;dico    acerca de la fisiopatolog&iacute;a, cuadro cl&iacute;nico, diagn&oacute;stico    y tratamiento de la enfermedad, confundi&eacute;ndolo con otros padecimientos    de mayor poder medi&aacute;tico como el dengue e incluso la leptospirosis. El    desconocimiento no es exclusivo del personal de salud; la poblaci&oacute;n tampoco    conoce las formas de prevenirlo, controlar al vector ni, incluso, vigilar sus    mordeduras o retirarlo de modo seguro de su piel o de su ropa. En ambos hechos,    la dificultad subyacente es que no hay informaci&oacute;n confiable ni precisa    acerca de la magnitud y trascendencia del problema. En M&eacute;xico en general,    y en Sonora en particular, parece que los esfuerzos se concentran en el control    de otras enfermedades transmitidas por vector como el dengue, lo que sin duda    ha resultado en impactos positivos para la poblaci&oacute;n. Pero es menester    considerar desde un punto de vista sanitario que existen nuevas situaciones    contextuales (p.e. cambio clim&aacute;tico, desplazamiento poblacional, crecimiento    urbano desordenado, entre otros) y conductuales (la preferencia por mascotas    como el perro) que act&uacute;an favorablemente para la reemergencia de vectores    y la transmisi&oacute;n de microorganismos que no son habituales en el reservorio    de agentes infecciosos de una regi&oacute;n.<sup>6</sup> Esto parece ser el    escenario ideal para la presencia de la FMMR en Sonora. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El reconocimiento    de su presencia es imperioso, y no s&oacute;lo para el &aacute;mbito local.    A nivel nacional tampoco parece que constituya una prioridad sanitaria. Es notorio    el subregistro de casos, pues la p&aacute;gina electr&oacute;nica de la Direcci&oacute;n    General de Epidemiolog&iacute;a desde el a&ntilde;o 2006 s&oacute;lo reporta    cuatro casos del padecimiento para todo el pa&iacute;s. El subregistro no es    &uacute;nico para M&eacute;xico; ya se ha se&ntilde;alado en otros reportes    que la incidencia de la FMMR puede ser mayor que la registrada, entre otras    cosas porque una proporci&oacute;n de pacientes con s&iacute;ntomas moderados    es tratado emp&iacute;ricamente sin siquiera sospechar el diagn&oacute;stico,    varios casos no son notificados a los sistemas de vigilancia epidemiol&oacute;gica    y algunos pacientes mueren antes de que puedan tomarse muestras para identificar    al agente etiol&oacute;gico o se indica tratamiento que puede abolir los t&iacute;tulos    de anticuerpo.<sup>7</sup> La reemergencia de la FMMR es real en Sonora y probablemente    en otras regiones del pa&iacute;s, y es muy conveniente que se d&eacute; un    vigoroso impulso para atender su comportamiento, especialmente a trav&eacute;s    del fortalecimiento de la vigilancia epidemiol&oacute;gica, el dise&ntilde;o    de manuales cl&iacute;nicos, la estandarizaci&oacute;n y acceso a t&eacute;cnicas    diagn&oacute;sticas, la capacitaci&oacute;n del personal de salud y la promoci&oacute;n    de medidas comunitarias para la prevenci&oacute;n y control del vector. </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">1. Mart&iacute;nez-Medina    MA, Padilla-Zamudio G, Sol&iacute;s-Gallardo LP, Guevara-Tovar M. Fiebre Manchada    de las Monta&ntilde;as Rocosas. Informe de dos casos. Gac Med Mex 2005;141(4):309-312.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307224&pid=S0036-3634201000010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">2. Mart&iacute;nez-Medina    MA, &Aacute;lvarez-Hern&aacute;ndez G, Padilla-Zamudio G, Rojas-Guerra MG. Fiebre    Manchada de las Monta&ntilde;as Rocosas en ni&ntilde;os: consideraciones cl&iacute;nicas    y epidemiol&oacute;gicas. Gac Med Mex 2007:143(2):137-140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307226&pid=S0036-3634201000010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">3. Demma LJ, Traeger    MS, Nicholson WL, Paddock CD, Blau DM, Eremeeva ME <i>et al</i>. Rocky Mountain    Spotted Fever from an unexpected tick vector in Arizona. N Engl J Med 2005;353:    587-594.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307228&pid=S0036-3634201000010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">4. Chapman AS,    Murphy SM, Demma LJ, Holman RC, Curns AT, McQuiston JH <i>et al</i>. Rocky Mountain    Spotted Fever in the United States, 1997-2002. Ann NY Acad Sci 2006:1078:154-155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307230&pid=S0036-3634201000010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">5. Buckingham SC,    Marshall GS, Schutze GE, Woods CR, Jackson MA, Patterson LER <i>et al</i>.Clinical    and laboratory features, hospital course, and outcome of Rocky Mountain Spotted    Fever in children. J Pediatr 2007;150:180-184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307232&pid=S0036-3634201000010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">6. S&uuml;ss J,    Klaus C, Gerstengarbe FW, Werner PC. What makes ticks tick? Climate change,    Ticks, and Tick-Borne Diseases. J Travel Med 2008;15(1):39-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307234&pid=S0036-3634201000010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">7. Chen LF, Sexton    DJ. What&acute;s new in Rocky Mountain Spotted Fever?Infect Dis Clin N Am 2008;22:415-432.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9307236&pid=S0036-3634201000010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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