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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Estudio del estado de nutrición y los hábitos alimentarios de comunidades otomíes en el Valle del Mezquital de México]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><b>CLASSICS</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="verdana"><b><a name="tx"></a>Estudio del estado de nutrici&oacute;n    y los h&aacute;bitos alimentarios de comunidades otom&iacute;es en el Valle    del Mezquital de M&eacute;xico<a href="#nt"><sup>1</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Richmond K Anderson, MD; Jos&eacute; Calvo,    MD; Gloria Serrano, MD; George C Payne, MD</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" noshade>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Se presentan los resultados de un estudio nutriol&oacute;gico    en grupos de ind&iacute;genas otom&iacute;es del Valle del Mezquital de M&eacute;xico.    La regi&oacute;n es &aacute;rida, est&eacute;ril y econ&oacute;mica y culturalmente    una de las m&aacute;s deprimidas del pa&iacute;s. Los habitantes com&iacute;an    muy pocos de los alimentos considerados com&uacute;nmente como esenciales para    lograr una buena nutrici&oacute;n. Su consumo de carne, leche y sus derivados,    frutas y verduras es extremadamente bajo. Sin embargo, por el consumo de tortillas,    pulque y todas las plantas disponibles que se pueden considerar comestibles,    se logra una dieta suficientemente adecuada.</font></p> <hr size="1" noshade>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">El presente trabajo es el informe de un estudio    sobre nutrici&oacute;n llevado a cabo en cuatro comunidades ind&iacute;genas    en el Valle del Mezquital de M&eacute;xico. Dos de ellas fueron estudiadas de    octubre a diciembre de 1943 y las otras de marzo a septiembre de 1944.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El Valle del Mezquital se encuentra en un &aacute;rea    que atraviesa la carretera panamericana y que se sit&uacute;a entre 97 y 193    km al norte de la Ciudad de M&eacute;­xico. Las cuatro comunidades estudiadas    se ubican en el extremo sur del Valle, a unos 120 km de la capital del pa&iacute;s.    Los habitantes son predominantemente ind&iacute;genas, aunque puede apreciarse    cierto mestizaje.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La mayor&iacute;a de los historiadores opina    que los indios otom&iacute;es fueron originalmente habitantes del Valle de M&eacute;xico,    pero que fueron desplazados hacia los alrededores por invasiones sucesivas que    terminaron con la de los aztecas. En lo fundamental ellos contin&uacute;an practicando    sus costumbres nativas, no obstante la influencia espa&ntilde;ola que data de    la primera mitad del siglo XVI.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> EI principal idioma era el otom&iacute;,    sin embargo en las dos primeras comunidades, que se encuentran cerca de un pueblo    de alrededor de 3 500 habitantes, casi toda la poblaci&oacute;n hablaba tambi&eacute;n    el espa&ntilde;ol. En las otras dos localidades, en cambio, un alto porcentaje    de la poblaci&oacute;n hablaba solamente otom&iacute; y sus habitantes eran    m&aacute;s ignorantes y desconfiados y menos cooperadores.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La regi&oacute;n se encuentra a una altura    de 2 000 metros sobre el nivel del mar y su clima es templado (la temperatura    promedio de 1921 a 1935 fue de 16.3ºC, con m&aacute;xima de 34.5º y m&iacute;nima    de 5.5º). La regi&oacute;n es extremadamente &aacute;rida e inadecuada para    la agricultura de temporal. Algunas &aacute;reas del Valle cuentan con sistemas    de riego, en cambio las comunidades estudiadas no disponen de estos. El promedio    de la precipitaci&oacute;n pluvial anual para el periodo de 1921 a 1935 fue    de 440 mm, con promedio de 52 d&iacute;as con precipitaci&oacute;n mayor a 0.1    mm. Rara vez se obtienen cosechas satisfactorias; sin embargo, la agricultura    contin&uacute;a siendo una de las principales ocupaciones de los habitantes  del &aacute;rea.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Antes de la situaci&oacute;n actual de la    tenencia de la tierra exist&iacute;an grandes ranchos dedicados a la producci&oacute;n    de pulque por la falta de riego. El pulque es una bebida obtenida de la fermentaci&oacute;n    del aguamiel, que a su vez proviene del maguey. Cuando las grandes propiedades    fueron repartidas, muchas familias adquirieron peque&ntilde;as parcelas en las    que iniciaron el cultivo de algunos alimentos, principalmente el ma&iacute;z    y el frijol; sin embargo, la producci&oacute;n de estos cultivos es generalmente    muy baja. Al parecer la producci&oacute;n del pulque ha ido disminuyendo, ya    que se adapta mejor a la producci&oacute;n en gran escala; aun si continua siendo    importante para la econom&iacute;a y nutrici&oacute;n de la gente de la regi&oacute;n.    Otra ocupaci&oacute;n habitual de los habitantes es el tejido de la fibra de    maguey (agave).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> En las dos primeras comunidades se fabricaban    con el agave tapetes r&uacute;sticos, en las otras pa&ntilde;os &aacute;speros    de forma cuadrangular llamados ayates, los cuales se utilizan fundamentalmente    para cargar objetos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La gente vive en peque&ntilde;as chozas construidas    con hojas de maguey, las cuales se acomodan sobre armazones r&uacute;sticos    hechos con varas largas. Dichas chozas resultan muy permeables a los elementos    naturales, incluyendo la lluvia. Una peque&ntilde;a parte de la poblaci&oacute;n    habita viviendas de adobe o piedra. Los techos de la habitaci&oacute;n se elevan    tan poco del suelo, que com&uacute;nmente se encuentran ocultos por arbustos    o cactus; adem&aacute;s, por su gran dispersi&oacute;n frecuentemente se dificulta    su localizaci&oacute;n. Uno puede encontrarse en el centro de un poblado y considerarse    en una regi&oacute;n deshabitada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Su ropa es pobre e insuficiente, y la mayor&iacute;a    de la gente viste un mismo conjunto de prendas que no se lava con frecuencia    y se utiliza hasta su deterioro. La ropa usada por los padres pasa com&uacute;nmente    a ser utilizada por los hijos. La mala higiene personal de la gente puede ser    atribuida en mucho a las condiciones econ&oacute;micas y la escasez de agua.    Cada comunidad cuenta con uno o dos pozos, generalmente muy profundos, de los    que los habitantes obtienen el agua y la transportan a sus casas, lo que requiere    de mucho trabajo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La infestaci&oacute;n con piojos es pr&aacute;cticamente    universal, encontr&aacute;ndose en las dos primeras comunidades una infestaci&oacute;n    de 90 y 85% respectivamente; la situaci&oacute;n es probablemente similar en    las otras dos. El tifo es end&eacute;mico en la regi&oacute;n; no obstante,    no se encontraron casos en estas comunidades en el momento del estudio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Se realiz&oacute; un registro de los ingresos    y los gastos destinados a alimentaci&oacute;n de todas las familias. El 25%    de estos registros fueron analizados, encontr&aacute;ndose un gasto para alimentos    de s&oacute;lo 6.68 pesos por semana y por familia (equivalente a 1.38 d&oacute;lares)    y 1.64 pesos (0.34 de d&oacute;lar) por persona semanalmente. Este promedio    se basa en el valor encontrado en el mercado de casi todos los alimentos adquiridos,    con excepci&oacute;n de parte del pulque y varias plantas silvestres consumidas,    a las cuales no se les puede asignar valor monetario. El pulque es habitualmente    producido por algunos individuos y vendido al resto de la comunidad; sin embargo,    muchas familias tienen algunos magueyes y producen cantidades peque&ntilde;as    de la bebida para el autoconsumo. Debe se&ntilde;alarse que los precios de los    alimentos eran muy altos al momento del estudio. El precio del ma&iacute;z,    el principal alimento consumido, era de 50 centavos el kg en el mercado local.    Un promedio de 75% del ingreso total se destinaba a la alimentaci&oacute;n.    Es asombroso que la gente pudiera subsistir en estas condiciones.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Pr&aacute;cticamente no existen instalaciones    sanitarias y la atenci&oacute;n m&eacute;dica es insuficiente. El agua de los    pozos no es potable, lo que probablemente influye en el elevado consumo de pulque.    Debido al clima seco y templado de la regi&oacute;n, muchas de las llamadas    enfermedades tropicales, comunes en otras zonas de M&eacute;xico, no existen    aqu&iacute;. Las principales causas de muerte de acuerdo con los registros del    Departamento de Salud son: en primer lugar, enfermedades pulmonares, particularmente    neumon&iacute;as, y en segundo lugar, enfermedades intestinales (diarrea, enteritis    y disenter&iacute;a). Tanto la tasa de natalidad (aproximadamente 55 por 1 000),    como la de mortalidad general (aproximadamente 31 por 1 000) y la de mortalidad    infantil son muy altas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Las elevadas tasas de natalidad y mortalidad    en ni&ntilde;os y adultos j&oacute;venes pueden apreciarse en los datos sobre    el n&uacute;mero de ni&ntilde;os vivos y muertos en las historias cl&iacute;nicas    de las mujeres de las comunidades estudiadas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Las mujeres de entre 35 y 40 a&ntilde;os    de edad ten&iacute;an un promedio de seis a siete hijos, de los cuales, alrededor    de 40% estaban muertos. Cerca de 60% de los hijos de mujeres de 50 a&ntilde;os    y m&aacute;s hab&iacute;an fallecido.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Es obvio que la regi&oacute;n es econ&oacute;mica    y culturalmente muy atrasada, considerada como una de las m&aacute;s o tal vez    la mas atrasada del pa&iacute;s. No hemos visto ninguna otra regi&oacute;n tan    pobre a lo largo de varios viajes extensos por M&eacute;xico.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Metodolog&iacute;a</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Hasta donde fue posible, la poblaci&oacute;n    total de cada comunidad fue examinada. La gente cooper&oacute; con el estudio    una vez que fue ganada su confianza. Cada individuo fue objeto de un examen    f&iacute;sico y una historia cl&iacute;nica, prestando especial atenci&oacute;n    a los posibles signos y s&iacute;ntomas de enfermedad por deficiencia. La c&oacute;rnea,    conjuntiva, enc&iacute;as y lengua fueron examinadas con la ayuda de una l&aacute;mpara    de exploraci&oacute;n y al microscopio. Cerca del final del estudio un dentista    especializado en salud p&uacute;blica examin&oacute; las bocas de todas las    personas que aceptaron participar en cada comunidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="#qdr01">cuadro 1</a> muestra los resultados del censo    y el porcentaje de personas y familias examinadas. El grupo que fue objeto de    examen dental especial es relativamente peque&ntilde;o dado que el dentista    trabaj&oacute; muy poco tiempo en cada comunidad. El n&uacute;mero exacto de    habitantes de la comunidad es dif&iacute;cil de obtener, por la dificultad para    encontrar algunos de los casos y por la actitud recelosa de muchas personas    de las comunidades; no obstante, debido al prolongado periodo de resistencia    de los investigadores en la regi&oacute;n, fue posible obtener un censo exacto    de las comunidades estudiadas.</font></p>     <p><a name="qdr01"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr01.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Se realiz&oacute; una encuesta de alimentos    a nivel familiar e individual. Cada familia fue visitada diariamente durante    una semana, habitualmente a la hora en que la comida principal hab&iacute;a    sido preparada. Se tomaba nota de los platillos consumidos y sus ingredientes.    Casi ning&uacute;n alimento se preparaba a horas distintas a la de la comida    principal. Por el m&eacute;todo de pesas y medidas se determinaron los pesos    y vol&uacute;menes de los alimentos. Se llev&oacute; a cabo un registro del    consumo de alimentos por cada miembro de la familia, con base en medidas caseras    o porciones de las preparaciones consumidas por cada individuo de la familia;    asimismo, se llev&oacute; a cabo el registro de alimentos fuera del hogar. Durante    el primer d&iacute;a de visita se realiz&oacute; un inventario de los alimentos    presentes en el hogar, manteni&eacute;ndose un registro de los alimentos comprados    o adquiridos de alguna otra manera; tambi&eacute;n se midieron los desperdicios.    Al final de la semana se obtuvo un inventario de los alimentos no consumidos.    Los inventarios y el registro de adquisiciones fueron comparados con los registros    individuales de consumo de todos los miembros de la familia, con objeto de detectar    cualquier error o discrepancia importante. Los registros generalmente correspondieron    a siete d&iacute;as consecutivos, no siendo as&iacute; en todos los casos; sin    embargo, en aquellos que se registraron menos de siete d&iacute;as, se incluyeron    un domingo y un d&iacute;a de mercado (los d&iacute;as de mayores cambios en    el consumo de alimentos). No se observaron diferencias significativas entre    estos dos tipos de registros de dietas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> De los registros semanales de consumo de    alimentos a nivel individual, se calcularon los consumos diarios promedio de    calor&iacute;as, prote&iacute;nas animales y totales, carbohidratos, grasa,    vitamina A, tiamina, riboflavina, niacina, acido asc&oacute;rbico, calcio, f&oacute;sforo    y hierro. No se consider&oacute; necesaria ninguna correcci&oacute;n por p&eacute;rdidas    durante la preparaci&oacute;n de los alimentos. El valor nutritivo de las tortillas    fue obtenido del an&aacute;lisis de dicho alimento tal y como era preparado    para su consumo. La mayor fuente de vitamina C era el pulque, el cual se beb&iacute;a,    como es obvio, sin cocinarse. Los chiles seco y verde eran casi siempre molidos    y comidos sin cocinar. Al parecer, los vegetales silvestres eran los &uacute;nicos    alimentos en los que las p&eacute;rdidas por la preparaci&oacute;n podr&iacute;an    ser de mucha importancia, y estos no eran habitualmente cocinados en exceso.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Las tablas utilizadas en el c&aacute;lculo    diet&eacute;tico se basan, fundamentalmente, en el an&aacute;lisis de alimentos    obtenidos en M&eacute;xico durante el presente estudio; algunos de ellos proven&iacute;an    de la regi&oacute;n estudiada. S&oacute;lo fue posible analizar algunas muestras    de cada alimento (frecuentemente s&oacute;lo una), por lo que somos conscientes    de que los c&aacute;lculos derivados de dichos an&aacute;lisis pueden ser inexactos;    sin embargo, pensamos que los errores son menores que si los c&aacute;lculos    hubieran sido basados en datos de otros pa&iacute;ses.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Se obtuvieron muestras de sangre aproximadamente    de 90% de las personas sometidas a examen f&iacute;sico y fueron excluidos los    ni&ntilde;os peque&ntilde;os menores de dos a&ntilde;os. De aproximadamente    20 ml de sangre obtenida de cada individuo, alrededor de 4 ml fueron oxalatados    con una mezcla de potasio seco y oxalato de amonio<SUP>2</SUP> y utilizados    para las determinaciones hematol&oacute;gicas, incluyendo hemoglobina,<SUP>3</SUP>    hematocrito<SUP>2</SUP> y recuento de gl&oacute;bulos rojos. La sangre restante    se emple&oacute; para determinar las prote&iacute;nas s&eacute;ricas totales    y albumina por el m&eacute;todo cuantitativo de Biuret,<SUP>4</SUP> caroteno    y vitamina A, s&eacute;ricos<SUP>5</SUP> y &aacute;cido asc&oacute;rbico.<SUP>6</SUP>    En ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os la fosfatasa fue tambi&eacute;n determinada.<SUP>7</SUP>    Un frotis de sangre para la detecci&oacute;n de paludismo (de ambos tipos: grueso    y delgado) fue practicado en la mayor&iacute;a; tambi&eacute;n se realiz&oacute;    examen de excremento cuando parec&iacute;a indicado. Inmediatamente despu&eacute;s    de obtenidas las muestras de sangre se introduc&iacute;an en un jarro con hielo    y ese mismo d&iacute;a eran transportadas por autom&oacute;vil a la Ciudad de    M&eacute;­xico. Al investigar la estabilidad de los componentes de la sangre    bajo esta t&eacute;cnica de manejo, encontramos que no hab&iacute;a ning&uacute;n    cambio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>H&aacute;bitos de alimentaci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Como en otras partes de M&eacute;xico, los alimentos    b&aacute;sicos aqu&iacute; son el ma&iacute;z (casi invariablemente: tortillas),    el frijol y el chile. Los alimentos suplementarios son aquellos disponibles    localmente, el mas importante de los cuales es el pulque. La carne se come en    muy peque&ntilde;as cantidades y es usualmente de borrego o cabra, ya que estos    animales son los que mejor se adaptan a las condiciones de esta regi&oacute;n.    Frecuentemente, la sangre de los animales es consumida y la carne se vende para    adquirir alimentos m&aacute;s baratos. Esto mismo sucede con la producci&oacute;n    de peque&ntilde;as cantidades de leche, huevo y carne de aves. El &uacute;nico    animal silvestre que suele consumirse es el conejo. Los frijoles son relativamente    caros y se consumen en cantidades menores que en otras partes de M&eacute;xico.    El consumo de chile es elevado. Peque&ntilde;as cantidades de cebolla, ajo,    tomate y m&aacute;s raras veces jitomate se utilizan como saborizantes en las    preparaciones. La grasa m&aacute;s com&uacute;nmente usada para cocinar es la    manteca de cerdo, aunque en cantidades relativamente bajas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Se consumen casi todas las plantas que pueden    ser concebidas como comestibles; incluyendo muchos de los cactus. Varias de    ellas crecen sin ser cultivadas durante la estaci&oacute;n lluviosa y la mayor&iacute;a    de la gente las considerar&iacute;a como plantas no comestibles. Asimismo, consumen    una gran variedad de gusanos e insectos. De este modo se logra una dieta muy    variada. Algunas de las plantas que la mayor&iacute;a de la gente considera    como "no comestibles" tienen un sorprendente valor nutritivo; por    ejemplo, la f&eacute;rtil malva es fuente excepcional de vitaminas A y C, y    hierro. Entre otras, de alguna importancia en la dieta, se incluyen la hediondilla,    tunas y nopales, flores de maguey (garambullo), yuca, verdolagas, quelites,    xocoyoll y flor y hojas de nabo, lengua de vaca y endivia; a excepci&oacute;n    de sus frutos, los cactus casi no se consumen. Rara vez consumen otros vegetales    fuera de los ya mencionados.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Muchos alimentos de considerable importancia    en las dietas de otras regiones de M&eacute;xico se emplean con poca frecuencia    en esta &aacute;rea, probablemente por algunas razones econ&oacute;micas. Entre    estos se incluyen las frutas y las verduras, pan y otros productos de trigo    o de grano, arroz, caf&eacute;, az&uacute;car, pastas, lentejas, ch&iacute;charos,    alubias y cacahuates.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La cocina es bastante simple y consiste en    la elaboraci&oacute;n de tortillas y la preparaci&oacute;n de frijoles. Las    verduras son conocidas aunque no excesivamente y no se comen en grandes cantidades.    La mayor parte de la gente hace dos comidas al d&iacute;a: la de la ma&ntilde;ana    y la de la noche; esta &uacute;ltima, omitida por la mayor&iacute;a, generalmente    consiste en las sobras de la comida principal.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los ni&ntilde;os son alimentados al pecho    hasta edades avanzadas, algunas veces durante varios a&ntilde;os, y no fue raro    encontrar mujeres con varios ni&ntilde;os lactando a la vez. El estado com&uacute;n    de las mujeres en edad f&eacute;rtil era el embarazo o la lactancia. Las encuestas    diet&eacute;ticas de hijos cuyas historias indicaban que continuaban siendo    amamantados en alguna medida fueron excluidas de las tabulaciones.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El pulque es bebido par casi toda la poblaci&oacute;n    y frecuentemente en grandes cantidades, en muchas casos sustituye totalmente    al agua. Est&aacute; generalizada la creencia de que dicha bebida es muy nutritiva;    muchos hombres afirmaban que no podr&iacute;an trabajar si no beb&iacute;an    pulque y que serv&iacute;a como sustituto de la carne en la dieta. Aun los beb&eacute;s    y ni&ntilde;os peque&ntilde;os lo consumen considerablemente (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr02.gif">cuadro   2</a>).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El pulque es el producto de la fermentaci&oacute;n    de un l&iacute;quido producido por el maguey. Ocho o diez a&ntilde;os despu&eacute;s    del trasplante del maguey, un poco antes de que brote el tallo central que sostiene    a la flor, se remueve esa parte central dej&aacute;ndose un recept&aacute;culo    en forma de copa. Dentro de esta copa drena un l&iacute;quido de las hojas,    el cual es removido diariamente con una pipeta hecha de una calabaza alargada.    Las caras internas de la copa deben ser raspadas diariamente con objeto de mantener    el flujo de l&iacute;quido. Las hojas almacenan gran cantidad de az&uacute;car    (principalmente sacarosa) para cubrir las necesidades energ&eacute;ticas del    r&aacute;pido crecimiento del tallo que sostiene la flor, por lo que el l&iacute;quido    producido es muy dulce y se conoce como aguamiel. Este l&iacute;quido es inoculado    con un cultivo de pulque previamente elaborado y se deja fermentar por un tiempo    variable, generalmente alrededor de 10 a 12 d&iacute;as. Despu&eacute;s de alcanzar    su punto &oacute;ptimo debe ser tornado en un lapso entre 24 y 48 horas, ya    que los microorganismos fermentados no son separados y la fermentaci&oacute;n    contin&uacute;a sin freno, causando deterioro en el producto. La presencia del    fermento le da al pulque una apariencia blancuzca y turbia. La bebida es ligeramente    &aacute;cida y su sabor no es desagradable, pero se produce en condiciones antihigi&eacute;nicas;    sin embargo, su acidez probablemente impide que se convierta en un buen medio    de cultivo para organismos pat&oacute;genos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Debido a que los microorganismos que causan    la fermentaci&oacute;n no son removidos, &eacute;stos aportan alguna cantidad    de vitamina C.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El consumo promedio de pulque por los hombres,    seg&uacute;n nuestros registros de dietas, era de 1 a 2 1itros por d&iacute;a;    esta estimaci&oacute;n posiblemente sea baja, dada la dificultad de obtener    un registro adecuado del consumo de un l&iacute;quido bebido en forma abundante    a cualquier hora. No era raro encontrar hombres que beb&iacute;an 10 litros    al d&iacute;a. El contenido de alcohol del pulque es bajo (3 a 5%), pero no    obstante eso, com&uacute;nmente se observaba ebriedad, particularmente los d&iacute;as    de mercado y de fiesta.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La importancia relativa del pulque y otros    alimentos principalmente puede observarse en el <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr03.gif">cuadro   3</a>, que es el resultado    del an&aacute;lisis de 100 registros de dietas, seleccionadas seg&uacute;n el    numero de habitantes y distribuci&oacute;n de la edad y el sexo en las comunidades    de estudio. Los porcentajes se ordenan de acuerdo con las principales fuentes    de cada nutrimento. Como puede observarse, las tortillas son por mucho el alimento    m&aacute;s importante por s&iacute; solo, seguidas del pulque. Esto no significa    que el pulque tenga un elevado valor nutritivo o que sea especialmente recomendado    como fuente de cualquiera de estos nutrimentos; sin embargo, debido al car&aacute;cter    marginal en la dieta del resto de los alimentos, este adquiere importancia,    especialmente por su aporte de vitamina C.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Resultados</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los cuadros sobre dietas muestran los consumos    de alimentos para edades y sexos y establecen una comparaci&oacute;n can los   de recomendaciones de consumo de alimentos del National Research Council.<a name="tx02"></a><a href="#nt02"><sup>2</sup></a></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Para los adultos se utilizaron recomendaciones    basadas en personas con actividad moderada. Al utilizar estas recomendaciones    como punto de comparaci&oacute;n, no estamos sugiriendo que puedan ser utilizadas    contra la desnutrici&oacute;n, ya que ese no fue el prop&oacute;sito para el    que se elaboraron, adem&aacute;s de que mantienen amplios rangos de tolerancia    por factores de seguridad, para cubrir las variaciones individuales en los requerimientos    de nutrimentos y por la falta de conocimientos precisos sobre las necesidades    humanas.<SUP>8</SUP> Su funci&oacute;n es la de sentar un punto de comparaci&oacute;n    y evaluaci&oacute;n de los niveles diet&eacute;ticos observados. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr03.gif">cuadro 3</a> presenta los datos referentes    a calor&iacute;as. El promedio de ingesti&oacute;n cal&oacute;rica para el grupo    total, incluyendo todas las edades, fue del 70 por ciento de la recomendada.    Estos consumos registrados fueron menores que los encontrados en un estudio    similar en la Ciudad de M&eacute;xico,<SUP>9</SUP> pero se acercan a aqu&eacute;llos    hallados en ciertas regiones de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Youmans,    Patton y Kern<SUP>10</SUP> encontraron un promedio de 2 015 calor&iacute;as    para un grupo de blancos de todas las edades y de 1 519 para negros en un &aacute;rea    rural de Tennessee, y Milman y Anderson encontraron promedios de 1 833 para    blancos y 1 598 para negros en un &aacute;rea rural de Carolina del Norte;   estos datos son similares a nuestro promedio de 1 706.<a name="tx03"></a><a href="#nt03"><sup>3</sup></a></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El promedio de consumo de calor&iacute;as    por 24 horas rebasa con un margen considerable a los requerimientos cal&oacute;ricos    basales calculados seg&uacute;n el peso y la talla, aunque en algunos grupos    de edad, particularmente durante la adolescencia, el margen parece ser m&aacute;s    bien peque&ntilde;o. Una situaci&oacute;n parecida se encontr&oacute; tanto    en la Ciudad de M&eacute;xico<SUP>9</SUP> como en un &aacute;rea rural de Tennessee.<SUP>10</SUP>    Sin embargo, este margen puede ser mayor de lo que en realidad aparenta, ya    que los datos de Aub&#45;Du Bois en los que se bas&oacute; el c&aacute;lculo de    los requerimientos basales se consideran 5 o 10% elevados a&uacute;n para la    poblaci&oacute;n de Estados Unidos. Los indios otom&iacute;es son bajos de estatura    y delgados, aunque no en su mayor&iacute;a. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr04.gif">cuadro 4</a> compara los pesos relativos de    este grupo de personas, de acuerdo con la edad y el sexo, seg&uacute;n el patr&oacute;n    de referencia de Estados Unidos de Am&eacute;rica, los cuales fueron en general    similares a los pesos de un grupo de individuos de la Ciudad de M&eacute;xico.<SUP>9</SUP>    Existen dudas sobre la conveniencia de utilizar dicho patr&oacute;n en este    grupo. Muchas personas, en especial las mujeres en edad adulta, ten&iacute;an    estaturas tan peque&ntilde;as que las tablas no pod&iacute;an ser utilizadas.    Su exclusi&oacute;n posiblemente modifica los promedios; en todo caso, puede    afirmarse que un elevado porcentaje, especialmente entre los ni&ntilde;os, ten&iacute;a    peso bajo de acuerdo al patr&oacute;n de referencia de Estados Unidos. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr03.gif">cuadro 3</a> tambi&eacute;n muestra el porcentaje    de calor&iacute;as derivadas de carbohidratos, grasas, prote&iacute;nas y alcohol.    Se puede observar que se trata de una dieta relativamente alta en carbohidratos    y baja en grasa y prote&iacute;nas. Son impresionantes los porcentajes de calor&iacute;as    aportadas por el alcohol, pr&aacute;cticamente todas del pulque. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los &uacute;ltimos dos renglones muestran    estos datos para todo el grupo y para aqu&eacute;llos cuyos registros diet&eacute;ticos    mostraron que hab&iacute;an consumido cantidades significativas en la semana    de la encuesta. S&oacute;lo hay 1% de diferencia (8.0% comparado con 9.1%) entre    el consumo de estos dos grupos. A&uacute;n entre beb&eacute;s el consumo es    significativo. El valor m&aacute;ximo de 14.8% en hombres adultos expresa el    promedio y a nivel individual algunas veces fue el doble o m&aacute;s. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr05.gif">cuadro 5</a> muestra que el promedio de consumo    total de prote&iacute;na fue de 80% de lo recomendado. Este consumo ser&iacute;a    adecuado si se considera solamente desde el punta de vista cuantitativo; sin    embargo, la situaci&oacute;n cualitativa no es aceptable. Un promedio de s&oacute;lo    4.8% proven&iacute;a de fuente animal, adem&aacute;s el 46% de las personas    no consum&iacute;a prote&iacute;nas de origen animal y un 66% com&iacute;a menos    de 5% de estas. Asimismo se puede observar que no obstante que el promedio cuantitativo    es aceptable, un porcentaje considerable de personas, especialmente entre los grupos    de menor edad, com&iacute;an menos del 50% de las recomendaciones proteicas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="#qdr06">cuadro 6</a> proporciona datos sobre prote&iacute;nas      en la sangre. Con objeto de ahorrar tiempo se utiliz&oacute; el m&eacute;todo       de Biuret en lugar del de Kjeldahl. Aunque el m&eacute;todo usado es un       poco  menos confiable para uso generalizado, parece apropiado para el estudio       de deficiencias  prot&eacute;icas en grupos de poblaci&oacute;n,<SUP>12</SUP> y       en general los  valores se comparan favorablemente con los de otros estudios.<SUP>9,11,12,</SUP><a name="tx04"></a><a href="#nt04"><sup>4</sup></a></font></p>     <p><a name="qdr06"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr06.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Aproximadamente en un 10% de los casos se    puede considerar que existen valores bajos de prote&iacute;na (prote&iacute;na    total menor de 6.5 mg, albumina menor de 4.0 mg), pero la deficiencia rara vez    fue grave, y no se observ&oacute; en forma marcada en mujeres embarazadas y    lactantes, en quienes muy probablemente se har&iacute;a evidente una deficiencia.    El grupo de niveles m&aacute;s bajos fue el de personas mayores de 50 a&ntilde;os,    cerca de 40% de este grupo de edad tuvieron valores de albumina inferiores a    4 g. S&oacute;lo 14 adultos mostraron evidencia cl&iacute;nica de edema moderado;    de estos, 6 ten&iacute;an niveles de prote&iacute;nas en sangre lo suficientemente    bajos como para considerarlos factor importante en la causa del edema (promedio    de prote&iacute;na total de 5.1 mg y albumina de 2.6 g ). El edema en los otros    casos debe ser atribuido a otras causas. Desde el punto de vista del consumo    de prote&iacute;nas, los niveles de prote&iacute;na en sangre y los ex&aacute;menes    cl&iacute;nicos, la nutrici&oacute;n proteica de estas personas era bastante   buena.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La mayor fuente de prote&iacute;nas era la    tortilla, seguida de frijoles y pulque, los que ten&iacute;an menos importancia    (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr02.gif">cuadro 2</a>). Entre las prote&iacute;nas vegetales, la prote&iacute;na del ma&iacute;z    (si el germen es incluido como en la preparaci&oacute;n de la tortilla<SUP>13</SUP>)    y el frijol pueden considerarse como de valor biol&oacute;gico aceptable. El    contenido de prote&iacute;nas del pulque fue calculado por su contenido de nitr&oacute;geno;    dado que existe la posibilidad de que el pulque contenga otros productos nitrogenados    no prote&iacute;nicos, probablemente el valor asignado fue demasiado alto. Se    sabe que las prote&iacute;nas de algunos microorganismos fermentadores son deficientes    en amino&aacute;cidos azufrados,<SUP>14</SUP> sin embargo se duda de que exista    esta deficiencia en el pulque.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Es posible que una deficiencia en la calidad    o cantidad de la prote&iacute;na consumida pudo haber afectado negativamente    el crecimiento de estas personas, sin disminuir significativamente los niveles    de prote&iacute;na en sangre. Se sabe que esto ocurre en animales experimentales.<SUP>15</SUP>    EI crecimiento era inadecuado si se juzga a trav&eacute;s de los patrones de    crecimiento de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, con retardos en el crecimiento    de entre dos y tres a&ntilde;os.<SUP>16</SUP></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr07.gif">cuadro 7</a> muestra el consumo de vitamina    A. Este nutrimento se encontraba presente casi en su totalidad en forma de provitamina    A (caroteno). Aparentemente las cantidades consumidas eran adecuadas, encontr&aacute;ndose    un consumo de 127% de lo recomendado, sin embargo se reconoce que los requerimientos    pueden ser mayores si se satisfacen fundamentalmente con carotenos en lugar    de hacerlo con vitamina A. Por otro lado, al menos 13% de las personas comieron    menos del 50% de los alimentos recomendados.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr08.gif">cuadro 8</a> proporciona los datos de vitamina    A y caroteno en sangre. En general los valores de vitamina A corresponden a    los encontrados en cualquier otro lugar, aumentando paulatinamente de la ni&ntilde;ez    a la edad adulta.<SUP>9,11,17</SUP> El porcentaje por debajo de 70 U.I. fue    de 25; sin embargo, creemos que es un l&iacute;mite elevado, particularmente    para ni&ntilde;os en los que 50 U. I. parece un m&iacute;nimo m&aacute;s satisfactorio.    En este mismo cuadro se incluye la proporci&oacute;n de personas con niveles    inferiores a 30 U.I., ya que la deficiencia cl&aacute;sica de vitamina A no    se presenta generalmente arriba de este nivel.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Se encontraron pocos signos cl&iacute;nicos    de deficiencia de vitamina A y &eacute;stos fueron indefinidos. Aunque la presencia    de piel seca era muy com&uacute;n, esta condici&oacute;n puede atribuirse a    factores higi&eacute;nicos y f&iacute;sicos. Se encontraron veinte personas    con piel seca hiperquerat&oacute;sica, posiblemente de origen nutricional; empero,    ni su consumo de vitamina A ni sus niveles de sangre eran bajos. No se encontraron    signos cl&aacute;sicos de deficiencia como las manchas de Bitol, aunque la incidencia    de alteraciones de la conjuntiva fue alta (<a href="#qdr18">cuadro 18</a>), estas pueden no ser una    expresi&oacute;n de deficiencia en vitamina A, y como se encontr&oacute; previamente    con otros signos, no existieron correlaciones entre estas alteraciones y los    niveles de alimento en la dieta y la sangre.<SUP>19</SUP></font></p>     <p><a name="qdr18"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr18.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tal como se presenta en el <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr09.gif">cuadro       9</a>, el consumo   de tiamina fue adecuado aun con una dieta tan elevada en carbohidratos. En   todos los grupos de edad el promedio alcanz&oacute; o excedi&oacute; las recomendaciones    y s&oacute;lo una persona recibi&oacute; menos del 50 por ciento. Adem&aacute;s,    los miligramos de tiamina por 1 000 calor&iacute;as superaban el valor frecuentemente   recomendado de 0.50.6 mg,<SUP>20</SUP> y estaba lejos de la zona considerada   com&uacute;nmente de peligro de 0.2 mg por 1 000 calor&iacute;as. No se observaron    casos con deficiencia de tiamina, aunque se encontr&oacute; una elevada incidencia    de s&iacute;ntomas atribuidos ocasionalmente a esta deficiencia y de dolores    en los m&uacute;sculos de las piernas (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr19.gif">cuadro   19</a>); dif&iacute;cilmente puede    juzgarse si estos signos o s&iacute;ntomas por s&iacute; mismos constituyen    una evidencia de deficiencia de tiamina, especialmente en un grupo como este,    cuyo nivel intelectual dificulta a&uacute;n m&aacute;s la evaluaci&oacute;n.    No hubo casos de neuritis perif&eacute;rica definida.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> En el <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr10.gif">cuadro       10</a> puede observarse que el consumo    de riboflavina era definitivamente bajo, siendo en promedio de 41% de las recomendaciones,    con 98% de las personas consumiendo menos de lo recomendado y 69% menos del    50% de las recomendaciones. El promedio de miligramos de riboflavina por 1 000    calor&iacute;as se encuentra ligeramente por arriba de un valor que produce    agotamiento gradual de las reservas del cuerpo,<SUP>21</SUP> y los valores de    consumo de algunas personas se encontraban muy por debajo de este promedio.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los an&aacute;lisis de los alimentos mexicanos    han indicado que puede esperarse una deficiencia de riboflavina;<SUP>1</SUP>    esto se confirma por los hallazgos cl&iacute;nicos de una gran frecuencia de    queilosis angular y glositis (<a href="#qdr18">cuadros 18</a> y <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr19.gif">19</a>).    La incidencia de vascularizaci&oacute;n de la c&oacute;rnea fue de 42 por ciento    (<a href="#qdr18">cuadro 18</a>). Esta es menor que la encontrada en grupos    de blancos, pero mayor que en los negros de los Estados Unidos, donde el consumo    de riboflavina era considerablemente m&aacute;s elevado.<SUP>11,19</SUP> El    posible efecto de la raza obstaculiza la evaluaci&oacute;n de la incidencia    de vascularizaci&oacute;n de la c&oacute;rnea en estos grupos ind&iacute;genas;    sin embargo, no se observ&oacute; correlaci&oacute;n entre el consumo de riboflavina    y la vascularizaci&oacute;n de la c&oacute;rnea u otros signos que sugieren    deficiencia de riboflavina.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El consumo de niacina (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr11.gif">cuadro    11</a>) fue bajo si se juzga utilizando las recomendaciones, pero estaba muy    por encima del nivel que generalmente produce pelagra. La situaci&oacute;n aqu&iacute;    es complicada debido a que las tortillas, hechas de ma&iacute;z, aportan alrededor    de tres cuartas partes de las calor&iacute;as y es posible que bajo tales condiciones    el consumo de niacina pueda ser deficiente. Aunque no se encontr&oacute; pelagra    cl&aacute;sica, fue com&uacute;n observar resequedad de la piel en los pies    y espinillas. La incidencia de glositis fue alta (<a href="#qdr18">cuadro 18</a>),    pudiendo considerarse como factores de esta las deficiencias de niacina y riboflavina.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El consumo de vitamina C puede considerarse    bueno (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr12.gif">cuadro 12</a>), alcanz&aacute;ndose un promedio de 142% de lo recomendado.    Ning&uacute;n grupo cay&oacute; por debajo de 75%, que es un nivel casi adecuado,    el consumo elevado en los adultos se debe a la excesiva ingesti&oacute;n de    pulque; los niveles en sangre resultaron congruentes con los consumos de vitamina    C, observ&aacute;ndose promedios bastante superiores a 1 mg para todos los grupos    de edad, con un porcentaje relativamente peque&ntilde;o con consumos de 0.6    mg y s&oacute;lo 1.6% por debajo de 0.3 mg (<a href="#qdr13">cuadro 13</a>). S&oacute;lo se encontraran    dos valores de cero durante todo el estudio, uno en una persona que no beb&iacute;a    pulque y otro en una persona con paludismo activo. Estos datos contrastan con    varios estudios hechos en los Estados Unidos, en los que se encontraron com&uacute;nmente    valores de cero.<SUP>11,12</sup></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="qdr13"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr13.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">No se encontraron casos considerados como    escorbuto al practicar ex&aacute;menes f&iacute;sicos. No obstante los consumos    relativamente altos de vitamina C y los valores en sangre, era extremadamente    com&uacute;n encontrar enc&iacute;as rojas, hinchadas y esponjosas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La incidencia de gingivitis, determinada    por examen con una l&aacute;mpara de exploraci&oacute;n f&iacute;sica, se aprecia    en el <a href="#qdr18">cuadro 18</a> y juzgada por examen dental en el <a href="#qdr20">cuadro   20</a>. Se piensa que esta    incidencia elevada debe atribuirse a la mala higiene dental y no a deficiencias    de vitamina C; pr&aacute;cticamente no exist&iacute;an cepillos de dientes o    cuidados dentales. Tampoco se encontr&oacute; correlaci&oacute;n entre la gingivitis    y los niveles de vitamina C en dieta o en sangre.</font></p>     <p><a name="qdr20"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr20.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="#qdr14">cuadro 14</a> proporciona informaci&oacute;n    que indica que los valores hematol&oacute;gicos son adecuados si se comparan    con los encontrados habitualmente en Estados Unidos; sin embargo, no existen    estudios realizados en altitudes similares que puedan ser utilizados con fines    comparativos, por lo que es dif&iacute;cil emitir un juicio definitivo. Al parecer    no fue com&uacute;n la incidencia de anemia. Debe a&ntilde;adirse que en esta    regi&oacute;n no existe una incidencia de uncinaria tal que obligue a considerar    a este par&aacute;sito como un factor a tomar en cuenta al analizar los valores    hematol&oacute;gicos. El promedio de dichos valores en mujeres embarazadas y    en lactancia no fue significativamente menor al de otras mujeres, lo que sugiere    que el consumo de alimentos con materias para la s&iacute;ntesis de hemoglobina,    especialmente hierro, era suficiente para cubrir los requerimientos extra de    estos periodos.</font></p>     <p><a name="qdr14"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr14.gif"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El volumen corpuscular medio y la hemoglobina    corpuscular media muestran valores moderadamente superiores a los habituales;    esto puede atribuirse a la altitud y coincide con algunos otros estudios;<SUP>9,13,24</SUP>    los registros del consumo de hierro (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr15.gif">cuadro 15</a>) apoyan los datos hematol&oacute;gicos.    El consumo se encontraba por arriba en todos los grupos de edad y la incidencia    de consumos bajos era reducida.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El calcio y el f&oacute;sforo (<a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr16.gif">cuadro       16</a>)    son aportados principalmente por las tortillas. El promedio del consumo de calcio    es de 85% de las recomendaciones, consider&aacute;ndose como adecuado; sin embargo,    en los ni&ntilde;os peque&ntilde;os el promedio desciende a 50% de las recomendaciones    y la incidencia de bajos consumos es elevada. Los ni&ntilde;os amamantados (pr&aacute;cticamente    todos los menores de un a&ntilde;o y otros ni&ntilde;os mayores) no fueron incluidos    en el estudio, debido a la dificultad en la determinaci&oacute;n de su consumo    de alimentos; sin embargo, como los consumos de las madres fueron por regla    general adecuados, probablemente los de los ni&ntilde;os amamantados tambi&eacute;n    lo eran. No se encontr&oacute; ning&uacute;n caso de raquitismo o enfermedad    atribuida a deficiencia de calcio. Al parecer, el consumo de f&oacute;sforo    era adecuado y la relaci&oacute;n calcio&#45;f&oacute;sforo era favorable, encontr&aacute;ndose    un promedio de 0.75, que no se encuentra lejos de la relaci&oacute;n &oacute;ptima    que es de 1. Probablemente el contenido de calcio del agua de pozo (promedio    de mg/litro) contribuye a alcanzar los requerimientos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> No se consider&oacute; necesario medir el    consumo de vitamina D por la gran exposici&oacute;n de la gente a los rayos    solares durante periodos prolongados y con ropa ligera, ya que la sequedad de    la regi&oacute;n dificulta la formaci&oacute;n de nubes que interfieran con    los rayos solares y estos factores hacen poco probable deficiencia de vitamina    D. Todas las determinaciones de fosfatasa se encontraron dentro de los l&iacute;mites    normales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El primer rengl&oacute;n del <a href="/img/revistas/spm/v51s4/a21qdr17.gif">cuadro       17</a> contiene    las recomendaciones de consumo ajustadas al grupo estudiado, calculadas por    el uso de los valores del National Research Council para la distribuci&oacute;n    de edades y sexos de este estudio. En el segundo rengl&oacute;n se observan    los promedios de consumo encontrados y en el tercero el porcentaje de las recomendaciones    alcanzado. Se puede apreciar que el consumo de vitamina A, tiamina, &aacute;cido    asc&oacute;rbico y hierro puede considerarse como muy bueno, ya que exceden    a los valores recomendados. El nivel de calcio se encontraba un poco bajo pero    probablemente satisfactorio. Los consumos de prote&iacute;nas, especialmente    consideradas desde el punto de vista cualitativo, calor&iacute;as y niacina    eran ligeramente bajos. Posiblemente el consumo de niacina se encontraba aun    m&aacute;s bajo por el elevado consumo de ma&iacute;z. La riboflavina es el    &uacute;nico nutrimento que podr&iacute;a caracterizarse como suficientemente    inadecuado para producir signos cl&iacute;nicos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Hallazgos f&iacute;sicos</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Una consideraci&oacute;n importante en nuestra    elecci&oacute;n de esta &aacute;rea para un estudio de nutrici&oacute;n fue    el conocimiento de que se trata de una de las m&aacute;s pobres en M&eacute;xico.    No obstante, se observaron muy pocas deficiencias nutricionales cl&iacute;nicas.    La gente era de baja estatura y delgada pero no en extremo. Probablemente el    fen&oacute;meno de posible origen nutricional que m&aacute;s llam&oacute; la    atenci&oacute;n fue la baja talla y el retraso en el desarrollo de los ni&ntilde;os    para su edad. Hasta qu&eacute; punto es esta una caracter&iacute;stica racial    o en qu&eacute; medida se debe a deficiencias nutricionales, es algo que no    puede a&uacute;n determinarse. En la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os el consumo    promedio de varios nutrimentos, en relaci&oacute;n a las recomendaciones del    National Research Council, fue bajo. La desnutrici&oacute;n en algunos ni&ntilde;os    se hac&iacute;a evidente por una delgadez marcada, retardo en el crecimiento    y desarrollo, palidez, etc., y no por s&iacute;ndromes francos tales como escorbuto,    pelagra y raquitismo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La piel de estas personas era casi siempre    seca y escamosa, y frecuentemente endurecida y agrietada, especialmente en las    &aacute;reas expuestas, y con incremento en las alteraciones a medida que aumentaba    la edad. Existen reservas para atribuir estas alteraciones a deficiencias nutricias,    ya que la regi&oacute;n es muy seca, soleada, con mucho polvo y viento, la gente    no se ba&ntilde;a frecuentemente, est&aacute; casi siempre invadida de piojos    y su ropa brinda poca protecci&oacute;n contra dichos agentes f&iacute;sicos;    en estas condiciones uno esperar&iacute;a encontrar alteraciones en la piel.    Adem&aacute;s, se encontr&oacute; que algunas alteraciones en las conjuntivas,    incluyendo pingu&eacute;cula, aparec&iacute;an m&aacute;s temprano y eran m&aacute;s    graves que en algunas otras regiones de M&eacute;xico que hemos estudiado; sin    embargo, podr&iacute;an ser atribuidas a los efectos f&iacute;sicos del sol,    viento, sequedad y polvo y no a deficiencias de vitamina A.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los signos cl&iacute;nicos m&aacute;s comunes    de probable deficiencia fueron queilosis y glositis; no obstante, se ha dudado    de la especificidad de la queilosis como signo de deficiencia de riboflavina,    complejo B y otra deficiencia nutricional. Fue imposible realizar un experimento    terap&eacute;utico debidamente controlado, por falta de cooperaci&oacute;n suficiente.    En dos de las comunidades logramos que 13 personas con queilosis angular aguda    se sometieran a tratamiento de riboflavina (5 mg de dosis diaria total) con    regularidad razonable. Durante las primeras dos semanas se observ&oacute; poca    mejor&iacute;a, pero finalmente, desde la tercera a la cuarta semanas cinco    personas fueron curadas o mejoraron notablemente y tres presentaron mejor&iacute;a    moderada. Al parecer todas las personas con queilosis habr&iacute;an tenido    reacciones positivas si hubieran continuado sometidas al tratamiento durante    un periodo suficiente. Pero este experimento no puede ser considerado como crucial,    pensamos que sugiere que los casos de queilosis encontrados eran deficiencias    del complejo B, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente de riboflavina. Siete de    las trece personas tratadas con riboflavina o complejo B mostraron tambi&eacute;n    un grado moderado de invasi&oacute;n corneal y en cinco permanec&iacute;a aun    presente al final del tratamiento.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Es interesante observar que la incidencia    de queilosis entre los que consum&iacute;an cantidades considerables de pulque    (500 ml o m&aacute;s diariamente) fue de 9% contra 45% en los que consum&iacute;an    cantidades menores o no lo consum&iacute;an. Al intentar tomar en cuenta el    factor edad en el an&aacute;lisis, resultaron grupos muy peque&ntilde;os para    ser estad&iacute;sticamente significativos; empero los porcentajes resultantes    sugieren que la vitamina B del pulque ayud&oacute; a prevenir la aparici&oacute;n    de signos de deficiencia del complejo B, como queilosis.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La glositis de grado agudo tambi&eacute;n    fue com&uacute;n. En este estudio las condiciones no fueron favorables para    el tratamiento satisfactorio de un grupo; sin embargo, en otras regiones hemos    encontrado lenguas de apariencia similar que respondieron al tratamiento con    vitaminas y complejo B. Por lo expuesto, pensamos que en la mayor&iacute;a de    los casos las alteraciones en la lengua observadas en este estudio eran debidas    a una deficiencia del complejo B. Los efectos de traumas como el consumo de    grandes cantidades de chile muy picante pueden ser tambi&eacute;n importantes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="#qdr18">cuadro 18</a> resume los hallazgos del examen    realizado con una l&aacute;mpara de exploraci&oacute;n f&iacute;sica, porque    en mayor proporci&oacute;n se realizaron estudios en adultos que en ni&ntilde;os,    por lo que se le debe dar mayor peso a las alteraciones sufridas por los adultos    al hacer el an&aacute;lisis de los resultados del grupo en su totalidad. No    se hizo por separado el an&aacute;lisis de los casos agudos y los cr&oacute;nicos    pero aproximadamente el 60% de los casos de gingivitis y el 94% de los de glositis    fueron considerados como cr&oacute;nicos. Se puede observar que, con excepci&oacute;n    de la vascularizaci&oacute;n corneal, la edad o factores asociados con esta    resultaron causas contribuyentes a la aparici&oacute;n de estas alteraciones,    ya que hay un aumento de su incidencia entre personas de m&aacute;s edad. Consecuentemente,    somos esc&eacute;pticos del valor de estos ex&aacute;menes de exploraci&oacute;n    f&iacute;sica, particularmente los de la c&oacute;rnea, conjuntiva y enc&iacute;as,    como criterio de estado nutricio, a menos que se refuercen con otras evidencias    cl&iacute;nicas.<SUP>19</sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> El <a href="#qdr19">cuadro 19</a> presenta la incidencia de algunos    signos y s&iacute;ntomas cl&iacute;nicos, debidos posiblemente al estado nutricio.    Pensamos que es poco probable que muchos de estos signos y s&iacute;ntomas sean    debidos a deficiencias nutricias en porcentajes grandes de los casos estudiados.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Por la extrema sequedad de la regi&oacute;n    no existe la trasmisi&oacute;n del paludismo en estas comunidades; sin embargo,    ocasionalmente algunas de las personas de las comunidades acud&iacute;an a trabajar    por periodos cortos a regiones irrigadas del Valle y regresaban con la enfermedad.    Nos llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n la baja incidencia de hipertensi&oacute;n    en estos ind&iacute;genas, comparados con estadounidenses. Esto tambi&eacute;n    se observ&oacute; en varios grupos de mestizos que estudiamos. La incidencia    de soplos cardiacos es tambi&eacute;n menor que la observada en los Estados    Unidos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> La gente ten&iacute;a muy buena dentadura    considerando que no recib&iacute;an atenci&oacute;n dental y no ten&iacute;an    pr&aacute;cticas higi&eacute;nicas. Los resultados de los ex&aacute;menes dentales   se presentan en el <a href="#qdr20">cuadro 20</a>.<a name="tx05"></a><a href="#nt05"><sup>5</sup></a></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Para uno que est&aacute; acostumbrado a ver    la elevada incidencia de problemas dentales en la mayor parte de los Estados    Unidos, la observaci&oacute;n de que casi el 50% de los adultos ten&iacute;a    dentaduras perfectas fue asombrosa. En algunas bocas se observ&oacute; la formaci&oacute;n    de gran cantidad de c&aacute;lculos. La incidencia de gingivitis muy evidente    en el examen dental fue alta, mientras que la de piorrea fue baja.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"> Desde el punto de vista diet&eacute;tico    los principales factores considerados como importantes en la formaci&oacute;n    de los dientes est&aacute;n cubiertos. Los consumos de vitaminas A y C, calcio    y f&oacute;sforo son relativamente correctos y hay suficiente exposici&oacute;n    al sol para cubrir los requerimientos de vitamina D. Aunque la dieta es elevada    en carbohidratos, debido principalmente a las tortillas, pr&aacute;cticamente    no se consumen az&uacute;cares. No se encontr&oacute; evidencia cl&iacute;nica    de fluorosis. El examen del agua de varios de los pozos mostr&oacute; 0.2 a    0.3 ppm de fluoruro. Esta cifra est&aacute; muy por debajo del s&eacute;ptimo    considerado como adecuado para la prevenci&oacute;n de la caries. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> No fueron comunes las deficiencias nutricias    cl&iacute;nicas. La &uacute;nica deficiencia evidente tanto cl&iacute;nicamente    como a trav&eacute;s de los registros diet&eacute;ticos, fue la de riboflavina.    Debido al elevado consumo de ma&iacute;z, probablemente exist&iacute;a alguna    deficiencia de niacina. El consumo de calor&iacute;as y el de prote&iacute;nas,    desde el punto de vista cualitativo, fueron moderadamente bajos. El consumo    de vitamina A, tiamina, &aacute;cido asc&oacute;rbico, hierro, calcio y f&oacute;sforo    se encontraba dentro de los limites correctos.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los mayores signos cl&iacute;nicos de deficiencia    encontrados fueron queilosis angular y glositis. El crecimiento juzgado por    los patrones de Estados Unidos de Am&eacute;rica, se encontraba retardado; sin    embargo, es imposible evaluar adecuadamente el estado nutricional sin tomar    en cuenta factores &eacute;tnicos. Los dientes se encontraron en excelente estado.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Los estudios de la sangre, que incluyeron    examen hematol&oacute;gico, determinaci&oacute;n de prote&iacute;nas, y vitaminas    A y C, revelaron valores que en general se compararon favorablemente con datos    encontrados en otros estudios.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Da la impresi&oacute;n de que, no obstante    la esterilidad y pobreza de la regi&oacute;n, sus habitantes, a lo largo de    muchos siglos, han desarrollado h&aacute;bitos alimentarios y un modo de vida    adaptados a ese ambiente. Cualquier intento de modificaci&oacute;n ser&iacute;a    un error mientras no se mejoren sus condiciones econ&oacute;micas y sociales    y se logren condiciones realmente m&aacute;s favorables.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Agradecimientos</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los autores desean agradecer la cooperaci&oacute;n    y facilidades brindadas a ellos por el doctor Francisco Miranda, director del    Instituto de Nutriolog&iacute;a; el doctor Manuel B. M&aacute;rquez Escobedo,    director del Centro de Adiestramiento de la Escuela de Higiene y el doctor &Aacute;ngel    de la Garza Brito, director de la Escuela de Higiene. Estamos en deuda con el    se&ntilde;or Leobardo B. Terpan, por su ayuda en ciertas fases del trabajo de    campo y en los c&aacute;lculos estad&iacute;sticos. Tambi&eacute;n agradecemos    la ayuda t&eacute;cnica de las se&ntilde;oritas Mercedes Prieto L&oacute;pez    y Consuelo S&aacute;nchez Mesa en el laboratorio y la se&ntilde;orita Antonia    Monta&ntilde;os, la se&ntilde;ora Mercedes Maga&ntilde;a Vda. de Galindo, la    se&ntilde;orita Ausencia Lutrillo Rojas y la se&ntilde;orita Ofelia Carrasco    que, en varios momentos colaboraron en la obtenci&oacute;n de las encuestas    dietarias.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Cravioto, R., Lockhart, E.E., Anderson, R.K.,    Miranda, F. y Harris, R.S. Composition of typical mexican foods. J. Nutrition,    29:317, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296126&pid=S0036-3634200900100002100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">2. Wintrobe, M.M. Clinical hematologr. filadelfia,    Lea and Febiger, 1942, pp. 200&#45;201.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296128&pid=S0036-3634200900100002100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">3. Evelin, K.A. Stabilized photoelectric colorimeter    wilh light filters. J. Biol. Chem., 135:707, 1940.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296130&pid=S0036-3634200900100002100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">4. Robinson, H.W. y Hogden, CG. Biuret reaction    in determination of serum proteins. J Biol Chem 135:707, 1940.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296132&pid=S0036-3634200900100002100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. Kimble, M.S. Photoelectric determination of    vitamin A and carotene in human plasma. J Lab &amp; Clin Med, 24: 1055, 1939.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296134&pid=S0036-3634200900100002100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">6. Midlin, R.L. y Butler, A.M. Determination    of ascorbic acid in plasma: a macromethod and micromethod. J Biol Chem, 122:673,    1938.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296136&pid=S0036-3634200900100002100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">7. Bodansky, A. Phosphatase studies: determination    of serum phosphatase. Factors influencing accuracy of determinations. J Biol    Chem, 101 :93, 1933.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296138&pid=S0036-3634200900100002100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">8. Wilder, Russel M. Misinterpretation and misuse    of the recommended dietary allowance. Science, 101 :285, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296140&pid=S0036-3634200900100002100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">9. Robinson, W.D., Payne, G.C y Calvo, J.A. Study    of the nutritional status of a population group in Mexico City. J.A. Dietet.    A., 20:289, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296142&pid=S0036-3634200900100002100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">10. Youmans, J.B., Patton, E.W. y Kern, R. Surveys    of the nutrition of populations. Description of the population, general methods    and procedures and the findings in respect to the energy principle (calories)    in a rural population in Middle Tennessee. Parte 2. A.J.P.H., 33:58, 1943.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296144&pid=S0036-3634200900100002100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">11. Milam, D.F. y Anderson, R.K. Nutrition survey    of an entire rural country in North Carolina. South, M.J., 37:597, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296146&pid=S0036-3634200900100002100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">12. Youmans, .I.B., Patton, E.W., Sutton, W.R.,    Kern, R. y Steinkamp, R. Surveys of the nutrition of populations. 2. The protein    nutrition of a rural population in Middle Tennessee. A.J.P.H., 33:955, 1943.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296148&pid=S0036-3634200900100002100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">13. Corn germ, a valuable protein food. Nutrition    Review, 2:212, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296150&pid=S0036-3634200900100002100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">14. Development of liver injury in rats on yeast    protein diet. Nutrition Rev., 2: 180, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296152&pid=S0036-3634200900100002100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">15. Metocoff, J., Favour, CB., y Stare, F.J.    Plasma protein and hemoglobin inlhe protein&#45;deficient rat. A three&#45;dimensional    study. J. Clin. Investigation, 24:82, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296154&pid=S0036-3634200900100002100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">16. Wetzel, N.C. Physical fitness in terms of    physique development and basal metabolism. J.A.M.A., 116: 1187, 1941.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296156&pid=S0036-3634200900100002100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">17. Youmans, J.B., Patton, E.W., Sutton, W.R.,    Kern, R. y Steinkamp, R. Surveys of the nutrition of populations. 3. The vitamin    A nutrition of a rural population in Middle Tennessee. A.J.P.H., 34:368, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296158&pid=S0036-3634200900100002100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">18. Levels of carotene and vitamin A in human    blood. Nutrition Rev. 3:38, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296160&pid=S0036-3634200900100002100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">19a. Anderson, R.K. y Milam, D.F. Biomicroscopy    of the eyes in evaluation of nutritional status. Conjunctival changes. J Nutrition,    30: II, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296162&pid=S0036-3634200900100002100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">19b. J Anderson, R.K. y Milam, D.F. Biomicroscopy    of the eyes in evaluation of nutritional stalUS. Corneal vascularization. J.    Nutrition, 30:17,1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296164&pid=S0036-3634200900100002100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">20. Melnick, D.A. Critique of values suggested    as the thiamin requirement of man. J Am. Dietet. A., 20:516, 1944.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296166&pid=S0036-3634200900100002100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">21. Williams, R.D., Mason, H.L., Cusick, P.L.    y Wilder, R.M. Observation on induced riboflavin requirement of man. J. Nutrition,    25:361, 1943.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296168&pid=S0036-3634200900100002100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">22. Milam, D.F. A nutrition survey of a small    North Carolina Community. A.J.P.H., 32:406, 1942.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296170&pid=S0036-3634200900100002100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">23. Hurtado, A., Merino, C. y Delgado, E. Influence    of anoxemia on the hematopoietic activity. Arch. Int. Med., 75:284, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296172&pid=S0036-3634200900100002100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">24. Guti&eacute;rrez Villarreal, A. El volumen    corpuscular medio. Tesis, Escuela M&eacute;dico Militar, Mexico, 1942.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296174&pid=S0036-3634200900100002100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">25. Klein, H. y Palmer, C.E. Dental caries in    American Indian children, Pub Health Bull., 239, US Govt. Ptg. Office, dic.    1937.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9296176&pid=S0036-3634200900100002100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a name="nt"></a><a href="#tx">1</a> Los estudios      y observaciones en los que se basa este informe fueron conducidos bajo los     auspicios  y con el apoyo de The International Health Division of the Rockefeller     Foundation  en cooperaci&oacute;n con la Secretar&iacute;a de Salubridad     y Asistencia de  M&eacute;xico y sus dependencias: Instituto Nacional de     Nutriolog&iacute;a,    Escuela de Higiene y el Centro de Adiestramiento de la Escuela de Higiene.    <br>   Publicado originalmente en American Journal of Public Health: Anderson RK, Calvo J, Serrano G, Payne GC. A study of the    nutritional status and food habits of Otomi Indians in the Mezquital Valley    of Mexico. Am J Public Health 1946;36:883&#45;903. Se reproduce con autorizaci&oacute;n    de la American Public Health Association (APHA), quien mantiene la posesi&oacute;n    de los derechos de autor. La APHA no se hace responsable por la precisi&oacute;n    de la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol del presente art&iacute;culo.    <br>   <a name="nt02"></a><a href="#tx02">2</a> Recommended Dietary Allowances Revised, 1945. Reprint and circular series, number 122, August 1945, National Research Council, Washington, D.C., ya que los valores de 1945 muestran algunas reducciones, particularmente para vitaminas del complejo B, los c&aacute;lculos de porcentajes de recomendaciones de consumo de este estudio no pueden ser comparados directamente con c&aacute;lculos similares basados en las recomendaciones antiguas utilizadas en otros estudios.    <br> <a name="nt03"></a><a href="#tx03">3</a> El uso del sistema de Atwater para el c&aacute;lculo de valores cal&oacute;ricos, empleado para mezclas de dietas en los Estados Unidos, puede introducir alg&uacute;n error cuando se aplica a dietas m&aacute;s mon&oacute;tonas compuestas casi totalmente de plantas, como las consumidas por estas personas. Un intento por utilizar valores cal&oacute;ricos m&aacute;s espec&iacute;ficos para los diversos alimentos trajo como resultado diferencias que dif&iacute;cilmente pod&iacute;an ser consideradas como significativas. Este error es al parecer menor que varios otros inherentes a los m&eacute;todos de registro y c&aacute;lculo de las ingestiones diet&eacute;ticas.    <br> <a name="nt04"></a><a href="#tx04">4</a> Hurtado y colaboradores23 observaron un aumento moderado pero definitivo en prote&iacute;nas s&eacute;ricas despu&eacute;s de tres horas de llegar a una gran altitud. Los efectos cr&oacute;nicos de la altitud deben ser determinados antes de que estos valores prot&eacute;icos puedan ser comparados con los de otros lugares.    <br> <a name="nt05"></a><a href="#tx05">5</a> Los estudios dentales se hicieron en colaboraci&oacute;n con F&eacute;lix R. Leycegui, DDS. Una descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de los resultados de ex&aacute;menes dentales en esta y otras regiones de M&eacute;xico se dar&aacute;n a conocer por separado.</font></p>      ]]></body><back>
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