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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reacción visceral: efectos ambientales sobre la microbiota humana]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b> NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><a name="add"></a><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Reacci&oacute;n visceral: Efectos ambientales sobre la microbiota humana<a href="#not1a"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Melissa Lee Phillips</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cada uno de nosotros -en nuestra piel, en nuestras mucosas y en nuestro tracto gastrointestinal (GI)- viven microorganismos al lado de los cuales el n&uacute;mero de nuestras propias c&eacute;lulas y genes se ve empeque&ntilde;ecido. Si bien algunos de estos microbios son pat&oacute;genos, la mayor&iacute;a de ellos son inofensivos o incluso ben&eacute;ficos. La gran variedad de microorganismos del cuerpo, colectivamente denominados la microbiota, es similar a un &oacute;rgano en el sentido de que lleva a cabo funciones esenciales para nuestra supervivencia. Algunos microbios producen vitaminas y otros nutrientes esenciales. Muchos metabolizan alimentos que no podemos digerir por nosotros mismos. Tambi&eacute;n descomponen f&aacute;rmacos y toxinas y regulan m&uacute;ltiples aspectos de la inmunidad innata y adquirida, protegiendo al organismo hu&eacute;sped de infecciones y de inflamaci&oacute;n cr&oacute;nica, y tambi&eacute;n, posiblemente, de muchos trastornos de base immunol&oacute;gica. As&iacute; como ocurre con el coraz&oacute;n o los pulmones, cuando un agente ambiental altera la funci&oacute;n de la microbiota, el resultado puede ser una enfermedad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La mayor parte de las investigaciones sobre la relaci&oacute;n entre el ambiente y la microbiota se han enfocado en los intestinos, donde habitan alrededor de 100 trillones de microorganismos, la gran mayor&iacute;a de nuestra gama de microbios. Los cambios en las especies de microbios que residen en nuestros intestinos han sido asociados con una larga lista de patolog&iacute;as, desde alergias y enfermedades autoinmunes hasta la obesidad y el c&aacute;ncer. Algunos investigadores incluso sospechan que la microbiota puede desempe&ntilde;ar un papel en los trastornos del espectro autista (en ingl&eacute;s, ASD).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Cada uno de nosotros es portador de miles de especies de bacterias en nuestros intestinos, junto con unas cuantas especies de otros tipos de organismos. Si bien los seres humanos tienen una microbiota extremadamente similar, no hay dos personas que tengan exactamente la misma composici&oacute;n de especies de bacterias en sus intestinos -de hecho, el consorcio de microbios de cada individuo puede resultar tan &uacute;nico como una huella dactilar-. Sin embargo, un estudio publicado en el n&uacute;mero de <i>Nature</i> del 22 de enero de 2009 informa que, si bien las especies individuales de bacterias pueden diferir ampliamente de una persona a otra, todas tienden a codificar las mismas v&iacute;as metab&oacute;licas, dice la coautora Ruth Ley, profesora adjunta de microbiolog&iacute;a de la Universidad Cornell. "Encontramos las mismas funciones gen&eacute;ticas, sin importar qu&eacute; conjunto de bacterias se halle presente", se&ntilde;ala Ley. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las influencias externas tales como el uso de antibi&oacute;ticos, la alimentaci&oacute;n y el estr&eacute;s psicol&oacute;gico han demostrado tener una fuerte correlaci&oacute;n con aquello que vive dentro de nuestro cuerpo, y los investigadores apenas est&aacute;n comenzando a entender c&oacute;mo estos factores ambientales pueden afectar nuestra salud. Los avances recientes en las tecnolog&iacute;as de secuenciaci&oacute;n gen&oacute;mica han dado impulso a este campo. Mientras que anteriormente los cient&iacute;ficos s&oacute;lo pod&iacute;an estudiar aquellos microorganismos que se cultivan f&aacute;cilmente en el laboratorio y los cuales excluyen a la mayor&iacute;a de los microbios anaer&oacute;bicos de los intestinos, hoy en d&iacute;a pueden secuenciar todo el conjunto de ADN en una muestra de microbios e identificar la especie integrante. Este enfoque, denominado metagen&oacute;mica, ha sido clave para muchos avances recientes en la comprensi&oacute;n de la relaci&oacute;n entre nuestra microbiota y nuestra salud.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig01m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig01tamb.jpg"  border="0">    <br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Nuestros compa&ntilde;eros microbianos</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El tracto intestinal de los beb&eacute;s es colonizado por microorganismos mediante un complejo proceso que se inicia durante el nacimiento y que se cree depende en parte de la gen&eacute;tica del organismo hu&eacute;sped y en parte de los microbios que se encuentren en el ambiente del ni&ntilde;o. Los beb&eacute;s que nacen por ces&aacute;rea muestran perfiles de microbios diferentes de aquellos que nacen por v&iacute;a vaginal: mientras que los beb&eacute;s que nacen por v&iacute;a vaginal son colonizados primero por bacterias fecales y vaginales de la madre, los beb&eacute;s nacidos por ces&aacute;rea inicialmente se ven expuestos a bacterias que se originan del ambiente hospitalario y del personal de atenci&oacute;n m&eacute;dica. Una investigaci&oacute;n realizada por Giacomo Biasucci y colaboradores y publicada en el n&uacute;mero del <i>Journal of Nutrition</i> de septiembre de 2008, demostr&oacute; que la microbiota intestinal despu&eacute;s del nacimiento por ces&aacute;rea se caracterizaba por una ausencia de especies <i>Bifidobacteria</i>, que se considera importante para el desarrollo postnatal del sistema inmune, mientras que los reci&eacute;n nacidos por v&iacute;a vaginal mostraban un predominio de estas especies. En general, los ni&ntilde;os nacidos por ces&aacute;rea tambi&eacute;n tienden a experimentar una demora en el acceso a la leche materna, la cual ejerce una poderosa influencia sobre la microbiota intestinal. &#91;Para m&aacute;s informaci&oacute;n, v&eacute;ase "Contaminants in human milk: weighing the risks against the benefits of breastfeeding," <i>EHP </i>2008;116:A426-A434.&#93; </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig02m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig02tamb.jpg"  border="0">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Durante el primer a&ntilde;o de vida, la constituci&oacute;n de la microbiota de los intestinos de los beb&eacute;s puede variar ampliamente y se sigue basando en gran medida en las cepas de bacterias de los cuerpos de sus madres, as&iacute; como en las del ambiente inmediato. Una investigaci&oacute;n publicada por Chana Palmer y colaboradores en la edici&oacute;n de <i>PLoS Biology</i> del 26 de junio de 2007 demostr&oacute; que, a la edad de un a&ntilde;o, los beb&eacute;s comienzan a converger hacia un perfil de microbiota que se asemeja m&aacute;s al del tracto GI de los adultos, en particular cuando comienzan a comer alimentos s&oacute;lidos. Se considera que, una vez que se ha desarrollado plenamente en la edad adulta, la microbiota intestinal permanece bastante estable durante meses o a&ntilde;os.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Mucho de lo que sabemos sobre la influencia de los microbios en nuestra biolog&iacute;a proviene del estudio de roedores "libres de g&eacute;rmenes" que nacen y crecen en ambientes est&eacute;riles. Debido a que estos animales carecen de microbiota, los investigadores pueden deducir qu&eacute; aspectos de la biolog&iacute;a y la fisiolog&iacute;a de los mam&iacute;feros dependen normalmente de estos simbiontes. Tambi&eacute;n pueden inocular entonces a los animales libres de g&eacute;rmenes con diversas bacterias para ver c&oacute;mo los afecta la colonizaci&oacute;n (al animal resultante se le denomina "gnotobi&oacute;tico"). Estos estudios han demostrado que la microbiota intestinal es esencial para el desarrollo y el funcionamiento normales tanto del tracto GI como del sistema inmune.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> "Los trabajos realizados en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas vinculan la microbiota muy estrechamente con muchos par&aacute;metros de la biolog&iacute;a del organismo hu&eacute;sped tanto en la salud como en la enfermedad", dice Justin Sonnenburg, profesor adjunto de microbiolog&iacute;a e inmunolog&iacute;a de la Universidad Stanford. Sin embargo, en la mayor&iacute;a de los casos la conexi&oacute;n entre la microbiota y la enfermedad sigue siendo simplemente una correlaci&oacute;n; a&uacute;n no est&aacute; claro si realmente los cambios microbiales causan la enfermedad o si sencillamente son un reflejo de un estado enfermo. Es m&aacute;s, con frecuencia no est&aacute; claro c&oacute;mo o por qu&eacute; nuestro equilibrio de microorganismos cambia en una direcci&oacute;n poco saludable, una condici&oacute;n conocida como disbiosis. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Seg&uacute;n un informe de Mohamed Othman y colegas suyos publicado en el n&uacute;mero de <i>Current Opinion in Gastroenterology</i> de enero de 2008, muchos problemas relacionados con la disbiosis pueden ser en realidad manifestaciones de una condici&oacute;n llamada sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (en ingl&eacute;s SIBO). Se supone que la mayor&iacute;a de los microbios de los intestinos se encuentran en el colon, y que hay relativamente pocos en el intestino delgado. Con el tiempo, con los cambios en la anatom&iacute;a intestinal, con la motilidad intestinal y la secreci&oacute;n de &aacute;cidos g&aacute;stricos, los microbios pueden emigrar del colon al intestino delgado, lo que da como resultado el SIBO. El SIBO es m&aacute;s com&uacute;n en la gente mayor, si bien los reportes sobre su prevalencia var&iacute;an ampliamente. Entre los s&iacute;ntomas del SIBO se incluyen diarrea, dolor abdominal y p&eacute;rdida de peso en gran medida como resultado de la absorci&oacute;n deficiente de los micronutrientes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La hip&oacute;tesis de la higiene</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la creciente incidencia de varias enfermedades at&oacute;picas y autoinmunes en los pa&iacute;ses desarrollados ha dado lugar a la llamada hip&oacute;tesis de la higiene. Esta idea es que los beb&eacute;s en desarrollo necesitan verse expuestos a suficientes microorganismos tanto patog&eacute;nicos como comensales para que sus sistemas inmunes se desarrollen y funcionen adecuadamente. Seg&uacute;n la hip&oacute;tesis de la higiene, en aquellos pa&iacute;ses que tienen niveles muy altos de higiene (como se refleja por el uso de la refrigeraci&oacute;n, la pasteurizaci&oacute;n, el tratamiento del agua y el procesamiento de los alimentos para impedir el crecimiento bacteriano), los ni&ntilde;os no se ven expuestos a suficientes de estos microbios. "En esencia, andamos por ah&iacute; con una microbiota parcialmente mermada", dice Sonnenburg.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Varios estudios han informado sobre una fuerte correlaci&oacute;n entre la alteraci&oacute;n de la composici&oacute;n microbiana y las alergias y el asma. Los beb&eacute;s con eczema at&oacute;pico ten&iacute;an una menor diversidad microbiana en sus intestinos y menos especies de <i>Bifidobacteria</i>, en comparaci&oacute;n con los beb&eacute;s sanos, seg&uacute;n un estudio realizado por Mei Wang y colaboradores y publicado en el n&uacute;mero del <i>Journal of Allergy and Clinical Immunology</i> de enero de 2008. En un estudio prospectivo llevado a cabo por Stijn L. Verhulst y sus colegas y publicado en el n&uacute;mero del <i>Journal of Asthma</i> de noviembre de 2008, se encontr&oacute; que hab&iacute;a una correlaci&oacute;n entre el incremento en las concentraciones de bacterias anaer&oacute;bicas en las heces de los beb&eacute;s de tres semanas de edad y una mayor probabilidad de resollar durante el primer a&ntilde;o de vida -un s&iacute;ntoma que puede asociarse con el asma o con otros problemas pulmonares m&aacute;s adelante en la vida-, si bien las bacterias <i>Clostridium</i> parecen ser protectoras.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig03m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig03tamb.jpg"  border="0">    <br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Tambi&eacute;n se ha observado disbiosis en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un grupo de trastornos intestinales que incluye la colitis ulcerativa y la enfermedad de Crohn. Algunas cepas microbianas -en especial de las especies <i>Bacteroides</i> y <i>Clostridia</i>- pueden producir enterotoxinas o poseer propiedades degradadoras de las prote&iacute;nas que aumentan la permeabilidad de las mucosas y la captaci&oacute;n bacteriana. En el n&uacute;mero de <i>Gut</i> de enero de 2004 Cyrus Tamboli y sus colegas escribieron que estas cepas pueden colonizar la mucosa intestinal y cruzar la barrera epitelial, con lo cual interact&uacute;an con los macr&oacute;fagos residentes y provocan la s&iacute;ntesis de citocinas proinflamatorias por parte de las c&eacute;lulas epiteliales infectadas y los macr&oacute;fagos. En otros casos, los pacientes con EII parecen tener una respuesta inmune proinflamatoria anormal a las bacterias comensales normales, seg&uacute;n informan H. Matsuda y colaboradores en el n&uacute;mero del <i>Journal of Gastroenterology and Hepatology</i> de enero de 2000.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La amplia utilizaci&oacute;n de los antibi&oacute;ticos tambi&eacute;n puede estar afectando a la microbiota entre aquellas personas que viven en pa&iacute;ses desarrollados. Estudios realizados tanto en humanos como en animales han demostrado que incluso un tratamiento con una dosis &uacute;nica de antibi&oacute;ticos puede dar lugar a una disminuci&oacute;n de las bacterias que suelen considerarse ben&eacute;ficas, como las bifidobacterias y los lactobacilos, as&iacute; como a un incremento de los pat&oacute;genos potenciales, tales como el <i>Clostridium difficile</i> y la levadura <i>Candida albicans</i>. A corto plazo, estos cambios en la microbiota pueden provocar infecciones por levaduras y s&iacute;ntomas GI que incluyen hinchaz&oacute;n, dolor abdominal y diarrea, pero un trabajo reciente sugiere que las consecuencias pueden ser mucho m&aacute;s duraderas y graves.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Un estudio realizado por Les Dethlefsen y colaboradores y publicado en el n&uacute;mero de <i>PLoS Biology</i> del 18 de noviembre de 2008 report&oacute; que la mayor&iacute;a de los tipos de bacterias intestinales regresaban a sus niveles previos al tratamiento a las cuatro semanas de concluir un ciclo de cinco d&iacute;as de ciprofloxacina, un antibi&oacute;tico de amplio espectro de uso extendido. Sin embargo unos cuantos tipos de bacterias no se hab&iacute;an recuperado aun seis meses despu&eacute;s. Un estudio publicado en el n&uacute;mero del <i>ISME</i> &#91;International Society for Microbial Ecology&#93; <i>Journal </i>de mayo de 2007 encontr&oacute; que los niveles de algunos tipos de bacterias intestinales permanec&iacute;an afectados hasta dos a&ntilde;os despu&eacute;s de un ciclo de siete d&iacute;as de clindamicina, el f&aacute;rmaco predilecto para tratar infecciones por <i>Bacteroides</i>. </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig04m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig04tamb.jpg"  border="0">    <br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> De acuerdo con Janet Jansson, cient&iacute;fica decana del equipo del Departamento de Ciencias de la Tierra del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y primera autora del estudio del <i>ISME Journal</i>, es posible que estos cambios a largo plazo no tengan consecuencias reales para la salud: "Tal vez pierdas algunas especies o cepas, pero obtienes otras que asumen sus funciones", dice. "No sabemos si tiene o no importancia." </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> No obstante, el estudio de Jansson tambi&eacute;n revel&oacute; un incremento "dr&aacute;stico y persistente" en niveles de genes de resistencia espec&iacute;ficos en los <i>Bacteroides</i> despu&eacute;s del uso de la clindamicina. En las personas a quienes examinaron, en un principio los niveles de los genes de resistencia eran insignificantes, pero "se elevaron exponencialmente y permanecieron en ese nivel durante dos a&ntilde;os", apunta Jansson. "Esos genes realmente persisten."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Quiz&aacute;s el ejemplo cl&aacute;sico de c&oacute;mo la higiene ha alterado las microbiotas es el del <i>Helicobacter pylori</i>. En los a&ntilde;os ochenta los investigadores aislaron por primera vez el microbio entonces conocido como <i>Campylobacter pylori</i>, si bien actualmente se cree que este microbio ha estado presente en la mayor&iacute;a de los intestinos humanos durante milenios. Hoy en d&iacute;a, sin embargo, el incremento en la salubridad, la higiene y el uso de antibi&oacute;ticos ha diezmado las poblaciones intestinales de este microbio antes omnipresente. "En los pa&iacute;ses desarrollados", escribi&oacute; Martin J. Blaser en el n&uacute;mero de octubre de 2006 de <i>EMBO</i> &#91;siglas en ingl&eacute;s de la Organizaci&oacute;n Europea de Biolog&iacute;a Molecular&#93; <i>Reports</i>, "las nuevas generaciones est&aacute;n creciendo sin nuestro antiguo compa&ntilde;ero, <i>H. pylori</i>, para orquestar sus hormonas g&aacute;stricas". </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Si bien se ha demostrado que el <i>H. pylori</i> contribuye a la formaci&oacute;n de adenocarcinoma y linfoma g&aacute;stricos, as&iacute; como de &uacute;lceras, investigaciones recientes han revelado otro aspecto de este microbio: en el n&uacute;mero del <i>Journal of the National Cancer Institute</i> del 3 de marzo de 2004 Weimin Ye y sus colegas confirmaron que el <i>H. pylori</i> estaba asociado a una reducci&oacute;n considerable del riesgo de adenocarcinoma en el es&oacute;fago bajo. Actualmente se considera tambi&eacute;n que el <i>H. pylori</i> modula funciones inmunol&oacute;gicas, endocrinas y fisiol&oacute;gicas en el est&oacute;mago. En el n&uacute;mero de Seminars in Radiation Oncology de enero de 2007, Rebecca S. Holmes y Thomas L. Vaughan escribieron: "La incidencia de infecci&oacute;n &#91;por <i>H. pylori</i>&#93; ha ido disminuyendo en Estados Unidos y en otros pa&iacute;ses desarrollados, lo cual puede contribuir a la mayor incidencia de &#91;adenocarcinoma esof&aacute;gico&#93;."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Debido a que otros factores adem&aacute;s de las condiciones sanitarias pueden confundir los estudios epidemiol&oacute;gicos, los investigadores tambi&eacute;n han recurrido a los modelos animales en busca de conexiones entre la microbiota y diversas enfermedades. En el caso de los trastornos autoinmunes, Li Wen y colaboradores reportaron, en el n&uacute;mero de <i>Nature</i> del 23 de octubre de 2008, que privar de microbiota a ratones condujo a la aparici&oacute;n m&aacute;s r&aacute;pida de enfermedades m&aacute;s graves en un modelo de rat&oacute;n con diabetes tipo I. Un reporte anterior de S. Brugman y colaboradores, publicado en el n&uacute;mero de <i>Diabetologia</i> de septiembre de 2006 utiliz&oacute; un modelo de rata para la diabetes tipo I. Los autores observaron que las ratas que llegado un momento desarrollaron la enfermedad ten&iacute;an una cantidad menor de bacterias <i>Bacteroides</i> que las ratas que no desarrollaron la enfermedad. M&aacute;s a&uacute;n, el tratamiento con antibi&oacute;ticos disminuy&oacute; la incidencia y retras&oacute; la aparici&oacute;n de la diabetes, mientras que una combinaci&oacute;n de tratamiento con antibi&oacute;ticos y una alimentaci&oacute;n protectora especial evit&oacute; por completo la enfermedad en esta rata con tendencia a la diabetes. </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig05m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig05tamb.jpg"  border="0">    <br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La alimentaci&oacute;n y la obesidad</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Muchas de las especies de microbios que viven en los intestinos metabolizan los alimentos y extraen calor&iacute;as, y algunos microbios son m&aacute;s eficientes para hacerlo que otros. Debido a que los individuos poseen consorcios de bacterias ligeramente diferentes, es probable que los microbios de algunas personas utilicen m&aacute;s calor&iacute;as, provocando quiz&aacute; que este grupo tienda m&aacute;s al sobrepeso.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En el n&uacute;mero de <i>Proceedings of the National Academy of Sciences</i> del 2 de agosto de 2005, Ley y otros investigadores encabezados por Jeffrey Gordon, director del Centro de Ciencias Gen&oacute;micas de la Universidad de Washington, descubrieron que la microbiota intestinal de los ratones gen&eacute;ticamente obesos conten&iacute;a un elevado porcentaje de bacterias del phylum FirmicutesSir, mientras que sus compa&ntilde;eros de camada delgados ten&iacute;an m&aacute;s bacterias del phylum Bacteriodetes. En el n&uacute;mero de <i>Nature</i> del 21/28 de diciembre de 2006, Ley report&oacute; la misma observaci&oacute;n en voluntarios humanos obesos y delgados. Tambi&eacute;n descubri&oacute; que la microbiota de las personas obesas que perdieron peso por medio de una dieta baja en calor&iacute;as cambiaron a un aspecto m&aacute;s similar al de las personas m&aacute;s delgadas.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Es dif&iacute;cil decir qu&eacute; vino primero en algunos de estos estudios: la obesidad o la microbiota alterada. En otro estudio del mismo laboratorio de la Universidad Washington, publicado igualmente en el n&uacute;mero de <i>Nature</i> del 21/28 de diciembre de 2006, los ratones libres de g&eacute;rmenes fueron colonizados por la microbiota de ratones obesos, o bien, de ratones delgados. Los ratones que recibieron la microbiota de ratones obesos acumularon un porcentaje m&aacute;s alto de grasa corporal que los ratones que recibieron la microbiota de ratones delgados (47.0% contra 0.86%), lo que sugiere que los cambios de microbiota pueden contribuir a la aparici&oacute;n de la obesidad. Los investigadores tambi&eacute;n encontraron que al parecer la microbiota de los ratones obesos, que conten&iacute;a m&aacute;s genes que participan en la descomposici&oacute;n de los az&uacute;cares, utilizaba de hecho m&aacute;s energ&iacute;a de la misma alimentaci&oacute;n que la microbiota de ratones delgados. Los experimentos con trasplantes proporcionaron evidencias funcionales de que esta diferencia puede ser biol&oacute;gicamente relevante.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig06m.jpg"><img src="/img/revistas/spm/v51n4/a12fig06tamb.jpg"  border="0">    <br> clic para agrandar</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Junto con la observaci&oacute;n de que los diferentes microbios y las distintas combinaciones microbianas pueden influir de maneras diferentes en el peso corporal, se est&aacute;n definiendo otros efectos con respecto a los cambios en el metabolismo humano. Por ejemplo, se ha identificado la disbiosis como factores inflamatorios que promueven la resistencia a la insulina y el aumento de peso, como lo se&ntilde;alaron Yolanda Sanz y colaboradores en una rese&ntilde;a publicada en l&iacute;nea el 3 de diciembre de 2008 antes de su publicaci&oacute;n en letra impresa en <i>Interdisciplinary Perspectives on Infectious Diseases</i>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Aun cuando no se relacionen con la obesidad, las diferencias de alimentaci&oacute;n parecen influir en nuestra microbiota, si bien el modo como lo hacen sigue siendo hasta cierto punto un misterio, dice Nita Salzman, profesora adjunta de pediatr&iacute;a del Colegio de Medicina de Wisconsin. Los beb&eacute;s amamantados tienden a tener en sus intestinos m&aacute;s bifidobacterias y lactobacilos que los beb&eacute;s alimentados con f&oacute;rmula. En un estudio reportado por Johan Dicksved y colaboradores en el n&uacute;mero de <i>Applied and Environmental Microbiology</i> de abril de 2007, los ni&ntilde;os criados de acuerdo con el estilo de vida "antropos&oacute;fico" promovido por el fil&oacute;sofo Rudolf Steiner -con antibi&oacute;ticos restringidos y gran cantidad de alimentos fermentados ricos en microbios- demostraron tener una mayor diversidad microbiana que los ni&ntilde;os criados en granjas, cuyas alimentaciones inclu&iacute;an m&aacute;s productos animales producidos en la granja.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> "Definitivamente la alimentaci&oacute;n puede ejercer un impacto sobre la composici&oacute;n &#91;microbiana&#93;", dice Ley. Tambi&eacute;n es probable que los conservadores y otras sustancias qu&iacute;micas en nuestros alimentos, as&iacute; como los antibi&oacute;ticos y sustancias qu&iacute;micas que damos a ingerir a nuestro ganado, influyan en nuestra microbiota, dice Salzman. "Probablemente todas estas cosas tienen un impacto sobre nuestra colonizaci&oacute;n", se&ntilde;ala. Pero las implicaciones exactas de estos cambios para la salud siguen siendo oscuras.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>La conexi&oacute;n entre el cerebro y los intestinos</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Algunas investigaciones sugieren que la microbiota tambi&eacute;n puede estar implicada en ciertos padecimientos neurol&oacute;gicos. "Hay m&uacute;ltiples puntos de contacto en los que la microbiota podr&iacute;a ejercer impacto sobre nuestro sistema nervioso", dice Sonnenburg. Las neuronas ent&eacute;ricas inervan los intestinos y transmiten se&ntilde;ales de &eacute;stos al sistema nervioso. La microbiota tambi&eacute;n produce metabolitos que son absorbidos al torrente sangu&iacute;neo, y algunos de estos metabolitos pueden cruzar la barrera entre la sangre y el cerebro. Pero otros estudios no han podido encontrar evidencias de una conexi&oacute;n entre la microbiota y los problemas neurol&oacute;gicos, y a&uacute;n son escasos los detalles de los mecanismos potenciales. "Existe una buena base te&oacute;rica para afirmar que la microbiota ejerce un impacto sobre nuestro sistema nervioso y, potencialmente, sobre la cognici&oacute;n", dice Sonnenburg. "Pero nos encontramos en las primer&iacute;simas etapas &#91;de estudio&#93;."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Al parecer el estr&eacute;s psicol&oacute;gico reduce los n&uacute;meros de especies de lactobacilos en los intestinos humanos, mientras que incrementa el crecimiento de los pat&oacute;genos tales como las especies <i>Escherichia coli</i> y <i>Pseudomona</i>, seg&uacute;n informan Femke Lutgendorff y colaboradores en el n&uacute;mero de <i>Current Molecular Medicine</i> de junio de 2008. En el trabajo realizado en animales y publicado por Siobhain M. O'Mahoney sus colegas en el n&uacute;mero de <i>Biological Psychiatry</i> de febrero de 2009, se someti&oacute; a cr&iacute;as de ratas a estr&eacute;s separ&aacute;ndolas de sus madres durante tres horas al d&iacute;a entre los d&iacute;as postnatales 2 a 12 (las cr&iacute;as segu&iacute;an recibiendo leche materna). En comparaci&oacute;n con los controles, las cr&iacute;as estresadas mostraron una microbiota fecal notablemente alterada. Se han reportado hallazgos similares en beb&eacute;s de monos Rhesus separados de sus madres y en ratas adultas expuestas a estr&eacute;s psicol&oacute;gico cr&oacute;nico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Las patolog&iacute;as secundarias derivadas de los cambios inducidos por el estr&eacute;s a&uacute;n no est&aacute;n claras, pero la literatura cient&iacute;fica contiene algunas posibilidades intrigantes. Se ha reportado que el estr&eacute;s psicol&oacute;gico exacerba tanto la EII como otro trastorno intestinal, el s&iacute;ndrome de intestino irritable (SII), que se caracteriza por una variedad de s&iacute;ntomas intestinales tales como el dolor abdominal, hinchaz&oacute;n y estre&ntilde;imiento. M&uacute;ltiples estudios -incluyendo el trabajo de Anna Kassinen y colaboradores, publicado en el n&uacute;mero de <i>Gastroenterology</i> de julio de 2007, y el de Mazen Issa, publicado en el n&uacute;mero de <i>Inflammatory Bowel Diseases</i> de octubre de 2008- han identificado asimismo una microbiota intestinal anormal en las personas que padecen estos trastornos. Aun as&iacute;, como lo se&ntilde;alan Sunny Singh y sus colegas en una rese&ntilde;a publicada el 31 de marzo de 2009 antes de la versi&oacute;n impresa en el <i>American Journal of Gastroenterology</i>, los estudios sobre el v&iacute;nculo entre el estr&eacute;s y el trastorno intestinal est&aacute;n limitados por la naturaleza subjetiva de la documentaci&oacute;n del estr&eacute;s psicol&oacute;gico.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Otras investigaciones han sugerido que los trastornos del espectro autista (ASD) pueden estar relacionados con una microbiota alterada. Helena Parracho y sus colegas reportan, en el n&uacute;mero del <i>Journal of Medical Microbiology</i> de octubre de 2005, que 91.4% de 58 ni&ntilde;os autistas estudiados padec&iacute;an un trastorno GI, en comparaci&oacute;n con 25% de los hermanos de los ni&ntilde;os con ASD, que estaban sanos en otros sentidos, y ning&uacute;n miembro de un grupo de ni&ntilde;os sanos sin parentesco alguno con ellos. La biota fecal de los ni&ntilde;os con ASD conten&iacute;a consistentemente especies de clostridios diferentes de las de los ni&ntilde;os sanos, as&iacute; como un incremento estad&iacute;sticamente significativo del total de especies de clostridios, lo cual sugiere que los factores ambientales y la gen&eacute;tica pueden afectar las poblaciones intestinales de estas especies. Los investigadores se&ntilde;alan que las especies de clostridios producen no s&oacute;lo enterotoxinas que dan lugar a problemas GI sino tambi&eacute;n neurotoxinas que, seg&uacute;n su hip&oacute;tesis, podr&iacute;an dar lugar a signos caracter&iacute;sticos de los ASD.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En otra conexi&oacute;n potencial entre los intestinos y los ASD, se ha demostrado que el uso de antibi&oacute;ticos en ratas altera la microbiota intestinal de estos animales al grado de inhibir casi completamente la excreci&oacute;n de mercurio. Dado que la toxicidad debida al mercurio es una de las principales causas sospechadas de los ASD, algunos investigadores tienen la hip&oacute;tesis de que el alto uso de antibi&oacute;ticos puede asimismo inhibir la capacidad de los ni&ntilde;os de excretar el metal, incrementando el riesgo de padecer estos trastornos. "Espec&iacute;ficamente", escribieron James B. Adams y sus colegas en el <i>Journal of Toxicology and Environmental Health, Parte A</i>, volumen 70, n&uacute;mero 12 (2007), "los antibi&oacute;ticos orales reducen la cantidad de flora intestinal normal (que desmetilan el metilmercurio) y pueden incrementar la cantidad de levadura y <i>E. coli</i> (que metilan el mercurio inorg&aacute;nico), dando como resultado una mayor absorci&oacute;n y una menor excreci&oacute;n de mercurio." </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>En busca de tratamientos</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">A medida que se revelan las conexiones entre la microbiota y las enfermedades, muchos investigadores tienen esperanzas de que resulte posible encontrar nuevos tratamientos para estos padecimientos centr&aacute;ndose en nuestras bacterias. Se est&aacute;n haciendo cada vez m&aacute;s intentos de tratar las enfermedades asociadas a la microbiota con probi&oacute;ticos y prebi&oacute;ticos. Los alimentos y suplementos alimenticios probi&oacute;ticos introducen microorganismos vivos que se establecen en los intestinos y se piensa que son ben&eacute;ficos para la salud. Generalmente contienen especies de lactobacilos o bifidobacterias; si bien algunos incluyen cepas no pat&oacute;genas de estreptococos, <i>E. coli</i>, y par&aacute;sitos nematodos. Los prebi&oacute;ticos se hacen con ingredientes tales como inulina, oligosac&aacute;ridos, lactulosa, y el almid&oacute;n resistente, que generalmente se piensa que estimulan el crecimiento de lactobacilos y bifidobacterias, si bien pueden estimular asimismo otras especies bacterianas, incluyendo las especies menos deseables de clostridios, como lo se&ntilde;ala Yanbo Wang en una rese&ntilde;a publicada en el n&uacute;mero de <i>Food Research International</i> de enero de 2009.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Entre las evidencias a favor de los probi&oacute;ticos que cuentan con mayor apoyo se encuentra la de que &eacute;stos producen mejor&iacute;as en las diarreas virales infantiles, se&ntilde;ala Sonnenburg. "Estas &#91;evidencias&#93; son muy s&oacute;lidas y, creo, ampliamente aceptadas", a&ntilde;ade. Tambi&eacute;n existen investigaciones convincentes que demuestran que despu&eacute;s del tratamiento con antibi&oacute;ticos los probi&oacute;ticos pueden ayudar a la microbiota a regresar r&aacute;pidamente a una composici&oacute;n normal y a la vez reducir los movimientos intestinales de tipo diarreico, seg&uacute;n lo demostraron Catherina J. M. Koning y colaboradores en el n&uacute;mero de <i>American Journal of Gastroenterology</i> de enero de 2008.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Muchos estudios han proporcionado evidencias sobre la eficacia de los probi&oacute;ticos para padecimientos tales como el desarrollo de alergias, colitis ulcerativas y enfermedad de Crohn. En los ratones, se ha demostrado que los lactobacilos tienen efectos antidiab&eacute;ticos y antitumorales. En su rese&ntilde;a <i>Interdisciplinary Perspectives on Infectous Diseases</i>, Sanz y sus colegas describieron las evidencias preliminares de que los probi&oacute;ticos y prebi&oacute;ticos con propiedades antiinflamatorias pod&iacute;an ser eficaces contra la obesidad, la diabetes y otros trastornos asociados. Por ejemplo, la suministraci&oacute;n de un probi&oacute;tico ejerci&oacute; un efecto preventivo contra la diabetes tipo 1 en un modelo de ratones diab&eacute;ticos no obesos mediante mecanismos inmunomoduladores, seg&uacute;n se report&oacute; en el n&uacute;mero de <i>Diabetologia</i> de agosto de 2005.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> No obstante, los hallazgos de las investigaciones sobre la eficacia de los probi&oacute;ticos no son siempre consistentes, dice Sonnenburg. "Hay algunos excelentes estudios sugerentes en los que vemos un impacto de los probi&oacute;ticos, pero hay otros tantos o m&aacute;s en los que no hay tal impacto", dice.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Una rese&ntilde;a de Darren M. Brenner y sus colegas, publicada en el n&uacute;mero de abril de 2009 del <i>American Journal of Gastroenterology</i>, determin&oacute; que una cepa particular de <i>Bifidobacterium infantis</i> fue el &uacute;nico probi&oacute;tico estudiado en 16 pruebas aleatorizadas controladas que consistentemente mostr&oacute; evidencias de mejorar los s&iacute;ntomas del SII. Sin embargo, los autores escribieron que la mayor&iacute;a de las pruebas no utilizaron un estudio de dise&ntilde;o apropiado, o bien no reportaron suficientemente los sucesos adversos, de modo que fue imposible evaluar la eficacia de otros probi&oacute;ticos. Brenner y sus colegas escribieron que los estudios futuros sobre los probi&oacute;ticos deber&iacute;an utilizar criterios de diagn&oacute;stico estandarizados para poder obtener una evaluaci&oacute;n apropiada de la eficacia de los probi&oacute;ticos. "Estamos en buena medida en pa&ntilde;ales en este campo", dice Ley. "Hay mucho que a&uacute;n no entendemos."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Aun as&iacute;, el tratamiento de enfermedades con probi&oacute;ticos o prebi&oacute;ticos es una de las fronteras m&aacute;s prometedoras en la investigaci&oacute;n de la microbiota, se&ntilde;ala M&eacute;lanie Gareau, becaria de postdoctorado en el Hospital de Ni&ntilde;os Enfermos de Toronto. Su trabajo, publicado en el n&uacute;mero de noviembre de 2007 de <i>Gut</i>, ha demostrado que el tratamiento de las anormalidades intestinales inducidas por estr&eacute;s mediante probi&oacute;ticos a base de lactobacilos no s&oacute;lo restableci&oacute; la funci&oacute;n intestinal y el comportamiento bacteriano normales sino tambi&eacute;n redujo los niveles de hormonas de estr&eacute;s. "Definitivamente, el papel de los probi&oacute;ticos en el mantenimiento de la microbiota del colon es un aspecto interesante de este emocionante campo que est&aacute; avanzando r&aacute;pidamente", apunta.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Exploraci&oacute;n del metagenoma</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Entre otros aspectos prometedores de la investigaci&oacute;n sobre la microbiota se incluyen los avances en las tecnolog&iacute;a de secuenciaci&oacute;n que permiten estudiar a un enorme n&uacute;mero de seres humanos y sus microbios, dice Ley. Las encuestas globales sobre la microbiota humana, por ejemplo, pueden comenzar a abordar cuestiones sobre el modo en que la geograf&iacute;a, la historia, la alimentaci&oacute;n y la cultura intervienen en la determinaci&oacute;n de la estructura y la funci&oacute;n de la microbiota. Tambi&eacute;n se han proyectado estudios de asociaci&oacute;n gen&oacute;mica para examinar c&oacute;mo las variaciones gen&eacute;ticas del genoma humano predicen la composici&oacute;n de la microbiota. Ley dice que para estudiar estas cuestiones de una manera confiable los investigadores necesitan obtener el perfil de las microbiotas de grandes cantidades de personas. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> A fin de proporcionar una base que permita responder algunas de estas preguntas, los Institutos Nacionales de Salud de EUA lanzaron el Proyecto del Microbioma Humano a fines de 2007. Se calcula que el proyecto distribuir&aacute; 115 millones de d&oacute;lares a lo largo de cinco a&ntilde;os para determinar qu&eacute; partes de la microbiota son similares en todos los seres humanos y qu&eacute; partes son diferentes, y c&oacute;mo estas diferencias pueden relacionarse con la enfermedad. La Comisi&oacute;n Europea est&aacute; financiando un esfuerzo paralelo, llamado Metagen&oacute;mica del Tracto Intestinal Humano, y en octubre de 2008 los cient&iacute;ficos de todo el mundo formaron el Consorcio Internacional del Microbioma Humano para compartir datos sobre el metagenoma humano -que comprende los genomas de todos nuestros microorganismos comensales- entre los investigadores de todo el mundo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Seg&uacute;n Sonnenburg, es probable que el poder secuenciar f&aacute;cil y r&aacute;pidamente miles de microbios abra un nuevo campo: la consideraci&oacute;n de la microbiota del individuo en el desarrollo de la medicina personalizada. Las diferencias ente las microbiotas de cada persona influir&aacute;n no s&oacute;lo en sus riesgos para la salud sino tambi&eacute;n en el modo en que responden a las intervenciones que incluyen el tratamiento con probi&oacute;ticos y los cambios alimentarios, dice. "Debemos pensar que las diferencias entre nuestras microbiotas son an&aacute;logas a las diferencias gen&eacute;ticas que determinan nuestras diversas respuestas.", dice.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> El solo saber cu&aacute;les son los componentes de nuestras microbiotas no bastar&aacute; para alcanzar esta meta, seg&uacute;n Salzman. Aun cuando podamos determinar toda la microbiota a nivel de las especies y todos los genes del metagenoma, "sigue siendo dif&iacute;cil decir cu&aacute;l de estas cosas es realmente importante para determinar la salud o la enfermedad". Por ello actualmente los esfuerzos para proporcionar este tipo de comprensi&oacute;n no se est&aacute;n enfocando en las secuencias gen&oacute;micas de las bacterias residentes sino en las prote&iacute;nas que &eacute;stas producen."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> En el n&uacute;mero del <i>ISME Journal</i> de febrero de 2009, el grupo de Jansson public&oacute; un an&aacute;lisis del proteoma bacteriano humano -los miles de prote&iacute;nas bacterianas que se expresan en nuestros cuerpos. "El proteoma... &#91;te dice&#93; lo que realmente est&aacute; pasando en los intestinos", dice. Ella y sus colegas descubrieron que las prote&iacute;nas que intervienen en el metabolismo de los carbohidratos y en la utilizaci&oacute;n de los alimentos ten&iacute;an una expresi&oacute;n muy elevada, mientras que otras prote&iacute;nas, como las que participan en la motilidad, se encontraban casi ausentes. Actualmente est&aacute;n trabajando en el an&aacute;lisis de los proteomas microbianos de personas con enfermedad de Crohn.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Otra manera de analizar la funci&oacute;n microbiana relevante consiste en examinar los metabolitos producidos por los microbios; esto revela no s&oacute;lo lo que las bacterias est&aacute;n expresando sino lo que el cuerpo est&aacute; absorbiendo de hecho, se&ntilde;ala Salzman. Un estudio realizado por William R. Wikof y colaboradores, publicado en el n&uacute;mero del 10 de marzo de 2009 de <i>Proceedings of the National Academy of Sciences</i> demuestra que muchos aspectos del metabolismo de los mam&iacute;feros dependen de la microbiota. En ausencia de una microbiota, los metabolitos que se encuentran en la sangre de los ratones se modificaron de manera significativa, lo cual sugiere que probablemente la capacidad de un animal de metabolizar los f&aacute;rmacos -y por extensi&oacute;n muchas otras sustancias qu&iacute;micas- depende en parte de su comunidad de microbios.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Combinar los inventarios gen&oacute;micos de las especies microbianas que habitan dentro de nosotros con el an&aacute;lisis funcional de las prote&iacute;nas que expresan y de los metabolitos que absorbemos har&aacute; que "este campo avance significativamente en lo que se refiere a comprender qu&eacute; est&aacute; pasando y c&oacute;mo esto se relaciona con la enfermedad", se&ntilde;ala Salzman. "Los avances tecnol&oacute;gicos han impulsado profundamente este campo, pero sigo pensando que probablemente estamos apenas en el comienzo."</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><a name="not1a"></a><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a href="#add">*</a>	   Publicado originalmente en <i>Environmental Health Perspectives</i>, volumen    117, n&uacute;mero 5, mayo 2009, p&aacute;ginas A198-A205</font></p>      ]]></body>
</article>
