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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size=5>NOTICIAS</font></b></p>     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;     <p align="center"><b><font size=5>Alvan Feinstein o el renacimiento de la cl&iacute;nica    </font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <P>     <P>En un soberbio ensayo, Michel Foucault nos ha descrito c&oacute;mo, entre los siglos XVIII y XIX, se reunieron las  condiciones para que podamos ubicar el nacimiento  de la cl&iacute;nica en ese tr&aacute;nsito de tiempo.  La cl&iacute;nica, esa actividad que nos permite <font face="Symbol" size="2">¾</font>por nuestro intercambio con el enfermo<font face="Symbol" size="2">¾</font> identificar cu&aacute;les son sus padecimientos y cu&aacute;les nuestros  medios para ayudarlo; es, a la vez, ese espacio de aprendizaje y ejercicio de destrezas manuales, sensoriales e  intelectuales, necesarias para aprender a distinguir lo &uacute;til de lo no &uacute;til.     <P>     Parad&oacute;jicamente, el siglo XX nos trajo a la vez un desarrollo tecnol&oacute;gico explosivo, cuyos efectos a&uacute;n no  alcanzamos a vislumbrar totalmente, y una progresiva deshumanizaci&oacute;n en la atenci&oacute;n m&eacute;dica. Esta &uacute;ltima atribuible a una  espiral especializante de los m&eacute;dicos, a una mistificaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a y al desarrollo de una visi&oacute;n mercantil de la  actividad m&eacute;dica. Esto alcanz&oacute; tan graves proporciones que hubo voces que llegaron a hablar de la muerte de la  cl&iacute;nica.<SUP>1</SUP>     <P>     En ese contexto, la medicina de la segunda mitad del siglo XX se vio enriquecida por la actividad de un  formidable cl&iacute;nico, investigador y pensador: Alvan R Feinstein (ARF, como gustaba de ser citado). Dado que el amanecer del  siglo XXI nos ha tra&iacute;do su muy lamentable fallecimiento, el pasado 24 de octubre, es mi prop&oacute;sito hacer una somera  revisi&oacute;n de sus aportaciones a la medicina actual, y por ende a la del futuro, como contratendencia de aquellos agoreros de la  <I>mort de la clinique</I>.     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>     Dada la muy vasta obra de Feinstein no intentar&eacute; un recuento bibliogr&aacute;fico de ella. M&aacute;s bien  discutir&eacute; algunas de sus aportaciones conceptuales, lo que lo sit&uacute;a no s&oacute;lo como un personaje importante para la medicina anglosajona,  como lo pueden haber sido tantos cl&iacute;nicos <font face="Symbol" size="2">¾</font>investigadores o no, autores  de textos, cuyos ep&oacute;nimos acompa&ntilde;an a  libros cl&aacute;sicos de amplia difusi&oacute;n actual (Harrison, Cecil, Sabiston, etc&eacute;tera)<font face="Symbol" size="2">¾</font>, sino de trascendencia para la medicina  contempor&aacute;nea en general, m&aacute;s all&aacute; de fronteras pol&iacute;ticas o de idioma. La estatura es, sin exageraci&oacute;n, y dejemos que la  historia lo confirme, la misma de Hip&oacute;crates, Avicena, Esculapio, Pasteur, Virchow y tantos otros gigantes del pante&oacute;n  m&eacute;dico universal. Pero, demos evidencias para el sano esc&eacute;ptico de la afirmaci&oacute;n previa, aparentemente desmesurada.     <P>     <P><b>Aportaciones de ARF</b>      <P>     <P><I>Epidemiolog&iacute;a cl&iacute;nica</I>. Ciertamente,  una de las m&aacute;s grandes aportaciones fue la integraci&oacute;n de un c&uacute;mulo de  conocimientos que permit&iacute;an estructurar, bajo el rubro de la epidemiolog&iacute;a cl&iacute;nica, la experiencia del m&eacute;dico, para cumplir  apropiadamente sus responsabilidades de toma de decisiones diagn&oacute;sticas, terap&eacute;uticas y pron&oacute;sticas. No fue  el &uacute;nico, lo acompa&ntilde;aron en esta empresa muchos destacados investigadores como David L Sackett, N Weiss, Thomas Chalmers  y otros.     <P>     Lo aportado por ARF fue su profunda capacidad cl&iacute;nica y su propuesta de una reconceptualizaci&oacute;n de  varios fen&oacute;menos cl&iacute;nicos: la identificaci&oacute;n del est&iacute;mulo iatrotr&oacute;pico (la motivaci&oacute;n precisa de acudir con un m&eacute;dico, que  no por fuerza tiene que ser un s&iacute;ntoma) como un elemento pivote en la interpretaci&oacute;n de las manifestaciones de un  enfermo o un grupo de ellos, y el reconocimiento del paciente lant&aacute;nico (aqu&eacute;l que tiene presente una enfermedad, con o  sin s&iacute;ntomas de ella, pero que no ha decidido acudir al m&eacute;dico para su atenci&oacute;n) como un sujeto que obliga a ser tomado  en cuenta al interpretar el espectro de manifestaciones de una cierta enfermedad, o el pron&oacute;stico de grupos de  pacientes afectados por ella. De la misma manera, la necesidad de incorporar el concepto de comorbilidad al reconocer la  realidad cl&iacute;nica de la concomitancia de enfermedades, en lugar de su abstracci&oacute;n te&oacute;rica como entidades  independientes y claramente deslindables. El papel de los diagramas de Venn y  el &aacute;lgebra booleana para la comprensi&oacute;n de las  enfermedades y sus muy diversas formas de presentaci&oacute;n. En fin, s&oacute;lo unos botones de muestra de lo innovador en el  pensamiento feinsteiniano.     <P>     No se trata s&oacute;lo de un traslado de conceptos o herramientas de la epidemiolog&iacute;a a la cl&iacute;nica. Es redescubrir  el mensaje que encierra la enfermedad en los grupos de sujetos enfermos y en los individuos mismos. Es por ello que,  sin menoscabo alguno, se podr&iacute;an atribuir a Feinstein los elementos para un renacimiento de la cl&iacute;nica, si acept&aacute;ramos  que los desarrollos del siglo XX la hab&iacute;an vulnerado.     <P><I>Arquitectura de la investigaci&oacute;n  cl&iacute;nica</I>. En este rubro las aportaciones feinsteinianas tambi&eacute;n fueron sobresalientes.  Simplemente, el &eacute;nfasis que ARF hac&iacute;a sobre que la actividad de planear y llevar a cabo un estudio biom&eacute;dico no se  restring&iacute;a al &quot;dise&ntilde;o de la investigaci&oacute;n&quot;, como convencionalmente se le conoce, lo pone de manifiesto. La necesidad  de comparar lo semejante desde el punto de vista pron&oacute;stico, la importancia de la estratificaci&oacute;n pron&oacute;stica, la trascendencia  del momento cero (<I>zero time</I>), el concepto de la cohorte incipiente  (<I>inception cohort</I>), la adherencia, las co-maniobras, la  develaci&oacute;n de las limitaciones estructurales de los  estudios <I>trohoc</I> (estudios de casos y controles  <font face="Symbol" size="2">¾</font>o cohortes, deletreados al rev&eacute;s en  ingl&eacute;s). En la investigaci&oacute;n de procedimientos, la importancia de distinguir los prop&oacute;sitos de utilizaci&oacute;n  de una prueba diagn&oacute;stica, la importancia del espectro cl&iacute;nico-patol&oacute;gico-com&oacute;rbido, tanto en los sujetos que tienen  la enfermedad por detectar, como entre los que no la tienen, as&iacute; como los sesgos espec&iacute;ficos que el investigador debe  evitar en estos menesteres.     <P>     Todos esos conceptos, y muchos otros, nos han permitido estructurar m&aacute;s adecuadamente la ense&ntilde;anza de la  investigaci&oacute;n cl&iacute;nica y su metodolog&iacute;a, en los programas de posgrado que durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os han permitido hacer  de la formaci&oacute;n de investigadores una actividad docente m&aacute;s sistem&aacute;tica y no fortuita, como antiguamente se  acostumbraba.     <P>     <I>Clinimetr&iacute;a</I>. Ante la confusi&oacute;n generada por el desarrollo tecnol&oacute;gico, el cl&iacute;nico se encontr&oacute; con que sus  instrumentos de obtenci&oacute;n de datos, el interrogatorio y la exploraci&oacute;n f&iacute;sica, parec&iacute;an demasiado &quot;rudimentarios&quot; al compararlos  con los obtenidos por otros medios altamente tecnificados: desde flam&oacute;metros hasta columnas de cromatograf&iacute;a l&iacute;quida  de alta presi&oacute;n; desde tomograf&iacute;as computadas o de emisi&oacute;n de positrones hasta resonancias magn&eacute;ticas; desde  an&aacute;lisis histopatol&oacute;gicos hasta las m&aacute;s refinadas y avanzadas t&eacute;cnicas de biolog&iacute;a molecular. Feinstein fue un abanderado de  la medici&oacute;n v&aacute;lida y &quot;apropiada&quot; de los fen&oacute;menos cl&iacute;nicos, s&oacute;lo en apariencia &quot;blandos&quot;, sentando las bases para el  fortalecimiento, o &quot;endurecimiento&quot;, de las mediciones que pueden generar los cl&iacute;nicos y evitando la sustituci&oacute;n de  fen&oacute;menos (intensidad y calidad del dolor por mediciones qu&iacute;micas o variables neurofisiol&oacute;gicas). As&iacute;, introdujo el criterio  de sensatez (traducci&oacute;n de  <I>sensibility</I>) como uno m&aacute;s en el proceso de validaci&oacute;n de instrumentos de medici&oacute;n,  precisamente para definir el grado con el que se cumple el prop&oacute;sito de medir un fen&oacute;meno. De esta manera, sent&oacute; las  bases metodol&oacute;gicas para llevar a cabo los estudios de validaci&oacute;n de estos procedimientos, tanto en t&eacute;rminos de la  exactitud como de la reproducibilidad.     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>     <I>Auxometr&iacute;a</I>. Este concepto lo  forj&oacute; ARF para designar un procedimiento que permitiera inferir la velocidad de  progresi&oacute;n de un cuadro nosol&oacute;gico <font face="Symbol" size="2">¾</font>lo que es particularmente relevante en el caso de los tumores malignos<font face="Symbol" size="2">¾</font>, a partir  del tipo y secuencia de las manifestaciones cl&iacute;nicas atribuibles al mismo, as&iacute; como los intervalos de tiempo en que se  desarrollaron. As&iacute;, se puede definir la gravedad o malignidad de la afecci&oacute;n en cuesti&oacute;n y, por lo tanto, formular mejor  un pron&oacute;stico y decidir un tratamiento. Esto, por contraposici&oacute;n a la tendencia actual en la  que son las caracter&iacute;sticas  histol&oacute;gicas o moleculares, usualmente en un solo punto en el tiempo, las que  definen la &quot;agresividad&quot; o &quot;malignidad&quot; de los tumores y la fundamentaci&oacute;n de las decisiones terap&eacute;uticas y pron&oacute;sticas correspondientes. Parafraseando  a Feinstein: los cl&iacute;nicos debemos clasificar pacientes y no tumores.     <P>     <I>Estratificaci&oacute;n  pron&oacute;stica</I>. Congruente con su apreciaci&oacute;n de la clinimetr&iacute;a, de la auxometr&iacute;a y de la riqueza  contenida en los expedientes cl&iacute;nicos, despu&eacute;s de publicar una se&ntilde;era serie de  trabajos.<SUP>2-6</SUP> ARF y sus colaboradores  desarrollaron estratificaciones pron&oacute;sticas para neoplasias malignas diversas (recto, laringe, enfermedad de Hodgkin, leucemias  agudas, mama, endometrio, pr&oacute;stata, pulm&oacute;n y cuello uterino, cuando menos), adem&aacute;s de otras para entidades no  neopl&aacute;sicas como diabetes mellitus, SIDA, fibrilaci&oacute;n auticular, insuficiencia cardiaca congestiva y pancreatitis aguda.     <P>     En este rubro, en la parte conceptual, nos dio a conocer el fen&oacute;meno de Will  Rogers<SUP>7</SUP> (ep&oacute;nimo asignado en  memoria de un c&oacute;mico cuyo repertorio inclu&iacute;a un  <I>sketch</I> en el que relataba el efecto de la migraci&oacute;n de grupos entre dos  poblaciones), que explica bien c&oacute;mo los cambios en el pron&oacute;stico de pacientes tratados por neoplasias supuestamente  en estad&iacute;os semejantes, en diferentes &eacute;pocas pueden ser s&oacute;lo aparentes y explicables simplemente por una mejor  estadificaci&oacute;n, debida a mejores tecnolog&iacute;as diagn&oacute;sticas de la &eacute;poca m&aacute;s reciente, y no tanto por mejor&iacute;a en los recursos  terap&eacute;uticos para tratar ese fen&oacute;meno. Dec&iacute;a Will Rogers: &quot;Cuando los Okies salieron de Oklahoma y se cambiaron  a California, elevaron el nivel de inteligencia en ambos estados&#133;&quot;.     <P>     Aqu&iacute;, un reto intelectual que queda por aclarar es por qu&eacute;,  no obstante la claridad y fortaleza metodol&oacute;gica de  las diversas estratificaciones de que he hecho menci&oacute;n, &eacute;stas no hayan sido incorporadas por la comunidad m&eacute;dica  oncol&oacute;gica, la cardiol&oacute;gica y la de la medicina interna en general. Es claro que la calidad no se lleva necesariamente con el  factor de impacto.     <P><I>Taxon&oacute;rica</I>. En su apasionamiento por el rigor de investigaci&oacute;n, identific&oacute; y comparti&oacute; su percepci&oacute;n de la necesidad  de estructurar cuidadosamente los formatos para categorizaci&oacute;n y codificaci&oacute;n de las variables de inter&eacute;s en un cierto  estudio. Si bien aparentemente superado este concepto por el acelerado desarrollo de programas de captura y  procesamiento de datos, cada vez m&aacute;s &quot;amigables&quot;, la disciplina descrita por ARF en 1970 sigue vigente y puede bien seguir  siendo tema de estudio en cualquier curso de an&aacute;lisis de datos para aquellos interesados en la investigaci&oacute;n  m&eacute;dica.<SUP>8,9</SUP>     <P><I>Neologismos</I>. No es mi prop&oacute;sito hacer una relaci&oacute;n exhaustiva de los m&uacute;ltiples t&eacute;rminos que ARF acu&ntilde;&oacute;.  Afortunadamente, se encarg&oacute; de prepararnos la relaci&oacute;n en la &uacute;ltima de las 57 entregas de la serie Clinical Biostatistics, que  durante 11 a&ntilde;os public&oacute; en la revista Clinical Pharmacology and  Therapeutics.<SUP>10</SUP> El punto aqu&iacute; es destacar la ense&ntilde;anza que  nos dej&oacute; sobre la importancia de desarrollar los t&eacute;rminos necesarios para poder comprender y comunicar los  m&uacute;ltiples fen&oacute;menos que nos muestran los enfermos, las  enfermedades, los padecimientos, las investigaciones cl&iacute;nicas y  su desarrollo. El romper con las camisas de fuerza que nos impone una  estructura ling&uuml;&iacute;stica obsoleta  permite incorporar y asimilar mejor los problemas que cotidianamente enfrentarnos en la atenci&oacute;n, la ense&ntilde;anza y la investigaci&oacute;n.     <P><I>Docencia.</I> Seis libros (<a href="#cuadro1">cuadro I</a>) y m&aacute;s    de 400 art&iacute;culos primarios (seg&uacute;n su particular clasificaci&oacute;n)    resumen sus aportaciones. Si bien los primeros libros ya se han agotado, su    falta de inter&eacute;s mercantil lo llev&oacute; a invitarnos, en alguna visita    a nuestro pa&iacute;s en la que le plantearon este problema: &quot;&#133;<I>xerox    them, I don't care&#133;</I>&quot; (&quot;&#133;fotoc&oacute;pienlos, no me    importa&#133;&quot;). Su af&aacute;n docente siempre estuvo presente, ya ense&ntilde;ando    a alumnos de pregrado los secretos de la nosolog&iacute;a, ya creando para el    posgrado el Clinical Scholars Program, ya escribiendo infatigablemente numeros&iacute;simos    ensayos e investigaciones, ya revisando las tareas de sus alumnos o impartiendo    conferencias y participando en congresos en todo el mundo, ya familiariz&aacute;ndonos    con el <I>&quot;academic toilet training&quot;.</I> En pocas palabras, Alvan    Feinstein era todo un maestro.      <P align="center"><a name="cuadro1"></a>     <P align="center">&nbsp;     <P align="center"><img src="/img/revistas/spm/v44n1/8565c1.gif" border="0">      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="center">&nbsp;     <P>     Nos permiti&oacute; entender las complejidades de la estad&iacute;stica en t&eacute;rminos asequibles a los cl&iacute;nicos y nos abri&oacute; el  camino a una nueva mirada hacia los enfermos y sus problemas.  Pero una de las m&aacute;s importantes  ense&ntilde;anzas fue su escepticismo, la actitud iconoclasta, que nos permiti&oacute; desmitificar todos los textos y analizar cr&iacute;ticamente la investigaci&oacute;n  que sustenta cualquier evidencia invocada en la toma de decisiones.     <P> S&oacute;lo nos queda terminar diciendo: adi&oacute;s Alvan. Pacientes y cl&iacute;nicos    agradecemos tu obra. No ser&aacute; en vano. La medicina del siglo XXI quedar&aacute;    marcada indeleblemente por la escuela que iniciaste.      <P>&nbsp;     <P>     <P align="right"><i>Sergio Ponce de Le&oacute;n R.    <br>   Unidad de Epidemiolog&iacute;a Cl&iacute;nica,    <br>   Subdirector de Servicios Param&eacute;dicos,    <br>   Instituto Nacional de Ciencias M&eacute;dicas y Nutrici&oacute;n Salvador Zubir&aacute;n    <br>   Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:splr@quetzal.innsz.mx">splr@quetzal.innsz.mx</a>    </i>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>     <P>     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;     <p align="center"><font size="4">Refencias </font></p>     <P>     <!-- ref --><P>1. Boccon-Gibod L, Steg A. Mort de la clinique: Le grand d&eacute;s&eacute;quilibre. Nouv Presse Med 1979;8: 3713-3714.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150827&pid=S0036-3634200200010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2. Feinstein AR. Symptoms as an index of biologic behaviour and prognosis in human cancer. Nature 1966;209:241-245.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150828&pid=S0036-3634200200010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3. Feinstein AR, Spitz H. The epidemiology of cancer therapy: I. Clinical problems of statistical surveys. Arch Intern Med 1969;123:171-186.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150829&pid=S0036-3634200200010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4. Feinstein AR, Pritchett JA, Schimpff CR. The epidemiology  of cancer therapy: II. The clinical course: Data, decisions, and temporal demarcations. Arch Intern  Med 1969;123:323-344.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150830&pid=S0036-3634200200010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5. Feinstein AR, Pritchett JA, Schimpff CR. The epidemiology  of cancer therapy: III. The management of imperfect date. Arch Intern Med 1969;123:448-461.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150831&pid=S0036-3634200200010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>6. Feinstein AR, Pritchett JA, Schimpff CR. The epidemiology  of cancer therapy: IV. The extraction of data from medical records. Arch Intern Med 1969;123:571-590.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150832&pid=S0036-3634200200010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>7. Feinstein AR, Sosin DM, Wells CK. The Will Rogers  phenomeon. Stage migration and new diagnostic techniques as a source of misleading statistics for survival  in cancer. N Engl J Med 1985; 312:1604-1608.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150833&pid=S0036-3634200200010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>8. Feinstein AR. Taxonorics: I. Formulation of criteria. Arch Intern Med 1970;126:679-693.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150834&pid=S0036-3634200200010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>9. Feinstein AR. Taxonorics: II. Formats and codigs system for data processing. Arch Intern Med 1970;126:1053-1067.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150835&pid=S0036-3634200200010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>10. Feinstein AR. Clinical biostatistics: LVII. A glossary of neologisms in quantitative clinical science. Clin Pharmacol Ther 1981;30:564-577.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9150836&pid=S0036-3634200200010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>     <P>       ]]></body><back>
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