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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Bioterrorismo: un nuevo problema de salud pública]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Emory Departamento de Medicina Division de Enfermedades Infecciosas]]></institution>
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<country>Estados Unidos de América</country>
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</front><body><![CDATA[ <center>       <p><font size=5><b> <font size="4"><a name="top"></a>PRESENTACI&Oacute;N </font></b></font></p>       <p>&nbsp;</p>       <p>&nbsp; </p> </center>     <P align="center">      <P align="center"><font size=5><b>Bioterrorismo: un nuevo problema de salud    p&uacute;blica </b></font>     <P>&nbsp;     <P align="center">Carlos del R&iacute;o-Chiriboga, Dr,<SUP>(<a href="#back">1</a>)</SUP>    Carlos Franco-Paredes, Dr.<SUP>(<a href="#back">1</a>)</SUP>     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><b><font size="6">L</font></b> a evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de las sociedades    actuales se debe en gran parte a guerras, desarrollo tecnol&oacute;gico e integraci&oacute;n    de los diferentes grupos &eacute;tnicos en sociedades. Sin embargo, a lo largo    de la historia, distintas epidemias ocasionadas por agentes infecciosos han    tenido un gran impacto en la conformaci&oacute;n del mundo actual.<SUP>1</SUP>    Desde el punto de vista de la biolog&iacute;a poblacional, la tasa reproductiva    b&aacute;sica de una epidemia establece que la introducci&oacute;n y subsiguiente    diseminaci&oacute;n de un agente infeccioso en una poblaci&oacute;n dependen    de tres factores. El primero de ellos es dado por el riesgo de transmisi&oacute;n    por exposici&oacute;n (tasa de ataque), el segundo por la frecuencia de la exposici&oacute;n    por unidad de tiempo, y, por &uacute;ltimo, por la susceptibilidad de la poblaci&oacute;n    al agente en cuesti&oacute;n.<SUP>2</SUP>      <P>     La conquista por el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol del Nuevo Mundo ejemplifica el efecto de la introducci&oacute;n de un agente  infeccioso en una poblaci&oacute;n susceptible. La diseminaci&oacute;n del virus de la viruela entre las poblaciones susceptibles de los  imperios Azteca e Inca tuvo un profundo impacto y fue un factor decisivo para facilitar la derrota de &eacute;stos. Por  ejemplo, gracias a la epidemia de viruela entre los soldados del Imperio Inca Francisco Pizarro, con s&oacute;lo pocos soldados, fue  capaz de derrotar al ej&eacute;rcito de 80 000 soldados de  Atahualpa.<SUP>1,3</SUP>     <P>     De la misma manera, las grandes transiciones demogr&aacute;ficas en los tiempos modernos se han debido a las  grandes epidemias ocasionadas por agentes infecciosos como la plaga bub&oacute;nica y la  influenza.<SUP>4,5</SUP> Las epidemias de peste,  ocasionadas por <I>Yersinia pestis,</I> tuvieron un gran impacto en la humanidad. La primera de ellas inici&oacute; en Egipto en 541 A.C.  y acab&oacute; aproximadamente con 60% de las poblaciones en el norte de &Aacute;frica, Europa y en el centro y sur de Asia.  La segunda epidemia de peste ocurri&oacute; en Europa durante el siglo XIV (se inici&oacute; en 1346) causando la muerte a entre 20 y  30 millones de personas.<SUP>6,7</SUP>     <P>     La perversa idea de utilizar agentes infecciosos  para efectos similares a los de las grandes epidemias  ha sido considerada por el hombre desde hace muchos a&ntilde;os y existen descripciones en distintos periodos de la  historia.<SUP>3</SUP> Es as&iacute; como, durante la segunda pandemia de peste bub&oacute;nica, se registra uno de  los primeros eventos que puede ser considerado  como bioterrorismo. En 1346, durante la invasi&oacute;n de la ciudad de Kaffa (actualmente Feodosia en Crimea),  la Armada T&aacute;rtara coloc&oacute; los cad&aacute;veres de gente que hab&iacute;a sucumbido por plaga en las entradas de la ciudad. La  epidemia que se gener&oacute; provoc&oacute; la derrota de los defensores de la ciudad de  Kaffa.<SUP>8</SUP>     <P>     De forma similar la utilizaci&oacute;n del virus de la  viruela de manera intencionada como arma biol&oacute;gica  fue realizada por vez primera por el Ej&eacute;rcito Brit&aacute;nico en contra de los nativos norteamericanos entre 1754-1767. Los soldados  del Ej&eacute;rcito Brit&aacute;nico distribuyeron mantas que hab&iacute;an sido utilizadas por enfermos con viruela entre los nativos  norteamericanos matando hasta 50% de las tribus afectadas. Con  el descubrimiento de la vacuna contra la viruela  por Edward Jenner y el subsecuente desarrollo de vacunaci&oacute;n, la amenaza potencial de utilizar la viruela como arma biol&oacute;gica  disminuy&oacute; considerablemente.<SUP>3,9-11</SUP>     <P>     El establecimiento de los postulados de Koch y el desarrollo de la microbiolog&iacute;a moderna han  permitido el aislamiento y producci&oacute;n de arsenales de  agentes infecciosos. En el siglo XX existe evidencia de  que el ej&eacute;rcito alem&aacute;n desarroll&oacute; un programa para la creaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas durante la Primera Guerra Mundial. El  <I>Bacillus Anthracis</I> o <I>Burkholderia mallei  </I>fueron usados por los alemanes para contaminar ganado vacuno que fue exportado a  Rusia.<SUP>3</SUP>     <P>     Jap&oacute;n tambi&eacute;n desarrolla armas biol&oacute;gicas para destrucci&oacute;n masiva durante su ocupaci&oacute;n en Manchuria,  desde 1932 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, bajo la direcci&oacute;n de Shiro Ishii. La unidad 731 era la base para  la creaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas y los experimentos eran llevados a cabo en prisioneros chinos. La unidad 731 fue  responsable de epidemias con <I>Vibrio  cholerae</I>, <I>Shigella spp</I>., <I>B.  anthracis</I> y <I>Y. pestis</I> en diversas regiones de China.  Espec&iacute;ficamente, pulgas contaminadas con  <I>Y. pestis</I> fueron dispersadas mediante aviones y se les considera responsables de  m&uacute;ltiples brotes de plaga en China.<SUP>12</SUP>     <P>     Durante la Segunda Guerra Mundial prisioneros en campos de concentraci&oacute;n Nazis fueron expuestos a  <I>Ricketsia prowazekii</I>, al virus de la hepatitis A y  <I>Plasmodium spp</I>, con el objetivo de crear sulfonamidas y vacunas contra  estas infecciones. Sin embargo, no existe evidencia alguna de que estos experimentos  fueron llevados a cabo para la creaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas por parte del Gobierno de Adolfo  Hitler.<SUP>3</SUP>     <P>     En Estados Unidos de Am&eacute;rica (EUA) la producci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas comienza en 1942 en Fort Detrick con  la producci&oacute;n de 5 000 bombas que conten&iacute;an esporas de  <I><U>B. Anthracis</U></I>. A pesar de que no existe evidencia de la  utilizaci&oacute;n de estas bombas durante la Segunda Guerra Mundial, en el periodo  de la posguerra la creaci&oacute;n de un vasto arsenal  de armas biol&oacute;gicas en EUA se fortalece con la incorporaci&oacute;n de cient&iacute;ficos japoneses de la unidad 731.  Espec&iacute;ficamente, este programa tiene importantes avances durante la guerra contra Corea (1950-1953). En los a&ntilde;os subsecuentes a  esa guerra, el gobierno de EUA es acusado en m&uacute;ltiples ocasiones de la utilizaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas durante el  conflicto.<SUP>13</SUP> Por su parte, EUA acusa a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica de la utilizaci&oacute;n, en lugares como Laos (1975), Kampuchea (1979) y  en Afganist&aacute;n (1979), de micotoxinas producidas por  <I>Fusarium spp</I> (lluvia amarilla) y que act&uacute;an bloqueando la  s&iacute;ntesis de ADN en c&eacute;lulas humanas. La tensi&oacute;n generada  en estos a&ntilde;os de la Guerra Fr&iacute;a entre Rusia y EUA, sobre la  base de los alegatos acerca de la producci&oacute;n y uso de armas biol&oacute;gicas, lleva a la creaci&oacute;n de una  Convenci&oacute;n Internacional, en 1972, para la prohibici&oacute;n del desarrollo, producci&oacute;n y almacenamiento de armas  biol&oacute;gicas. El tratado que result&oacute;  de dicha convenci&oacute;n se firm&oacute; por m&aacute;s de 100 pa&iacute;ses incluyendo EUA y la Uni&oacute;n  Sovi&eacute;tica.<SUP>3,12-13</SUP>     <P>     En 1970, el presidente Richard Nixon detiene la producci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas en EUA,  y concluye con la destrucci&oacute;n total de dicho  arsenal en 1972.<SUP>3,14</SUP> A pesar de la ratificaci&oacute;n del tratado por la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, la  sospecha internacional de la continua producci&oacute;n de  armas biol&oacute;gicas por el gobierno sovi&eacute;tico se  incrementa debido a una epidemia de &aacute;ntrax en abril de 1979  entre civiles que viven cerca de una base militar en Sverdlovsk,  Rusia.<SUP>14-16</SUP> Esta epidemia ocasion&oacute; la muerte de 66 individuos por infecci&oacute;n con  <I>B. anthracis</I>. A pesar de la sospecha de la liberaci&oacute;n  no intencional de la base militar, el gobierno ruso neg&oacute; el incidente y report&oacute; que las muertes se debieron a la ingesta  de carne contaminada con &aacute;ntrax obtenida en el mercado negro ruso. En 1992, el Presidente Boris Yeltsin reconocio que  el brote de &aacute;ntrax en Sverdlovsk fue ocasionado por la  liberaci&oacute;n no intencional de una planta militar que era parte  del continuo programa de creaci&oacute;n del arsenal biol&oacute;gico en  Rusia.<SUP>3,14</SUP>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>     Otro Estado que, se considera, desarroll&oacute; un  ambicioso programa para la elaboraci&oacute;n de un  gran numero de armas biol&oacute;gicas es Irak. Despu&eacute;s de la guerra del Golfo P&eacute;rsico, oficiales iraqu&iacute;es admitieron haber desarrollado  un programa que inclu&iacute;a la producci&oacute;n de toxina botul&iacute;nica, rotavirus,  aflatoxinas, micotoxinas y &aacute;ntrax como agentes  de destrucci&oacute;n masiva.<SUP>17,3</SUP> Reportes de los servicios de inteligencia sugieren que se produjeron  aproximadamente 19 000 litros de toxina botul&iacute;nica que se sabe  ser&iacute;an suficientes para matar a la humanidad  entera.<SUP>18</SUP> No existe hasta este momento evidencia alguna de que ninguno  de estos agentes fuera utilizado durante la guerra del  Golfo P&eacute;rsico. Debido a la presi&oacute;n internacional, el Gobierno de Irak ha notificado la destrucci&oacute;n de su arsenal de armas biol&oacute;gicas; no  obstante, dudas bien fundamentadas de organismos internacionales  obligaron a la destrucci&oacute;n de plantas de  producci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas por la Comisi&oacute;n de Seguridad de las Naciones  Unidas.<SUP>17</SUP>     <P>     En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, grupos de fan&aacute;ticos  religiosos han utilizado de manera intencional  agentes infecciosos para ocasionar da&ntilde;o entre la poblaci&oacute;n. En  1984 en una poblaci&oacute;n del Estado de Oregon, EUA, un  culto religioso de seguidores del gur&uacute; Bhagwan Shree Rajneesh contaminaron restaurantes, supermercados y dep&oacute;sitos de agua con  <I>Salmonella typhimurium</I> ocasionando 751 casos de gastroenteritis. El objetivo de este grupo religioso era evitar la participaci&oacute;n de  la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, de ese lugar en las elecciones de comisionados, pues ello afectar&iacute;a la adquisici&oacute;n de  un rancho donde se establecer&iacute;a un centro  religioso.<SUP>19</SUP> Asimismo, en Jap&oacute;n en 1995, el culto terrorista Aum Shinrikyo,  responsable de la liberaci&oacute;n intencional del gas Sarin en el tren subterr&aacute;neo de la ciudad de Tokio, intent&oacute; por lo menos  en ocho ocasiones distintas, ataques con antrax. Afortunadamente ninguno de ellos result&oacute;  exitoso.<SUP>20</SUP>     <P>     Los eventos del 11 de septiembre pasado, aunados al brote de casos de antrax cut&aacute;neo y por inhalaci&oacute;n en  EUA, sugieren que la posibilidad del bioterrorismo es una realidad en el nuevo milenio. Entre el 4 de octubre y el 23  de noviembre de 2001, el Centro de Prevenci&oacute;n y Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en ingl&eacute;s) ha  confirmado un total de 11 casos de &aacute;ntrax por inhalaci&oacute;n y siete de &aacute;ntrax cut&aacute;neo en EUA, como resultado de la utilizaci&oacute;n de  <I>B.</I> <I>anthracis </I>como arma biol&oacute;gica. La mayor&iacute;a de los casos se han asociado  epidemiol&oacute;gicamente con el sistema postal  de ese pa&iacute;s.<SUP>21-24</SUP> Estos desafortunados eventos en la poblaci&oacute;n civil en EUA han determinado una respuesta del sistema  de salud p&uacute;blica a trav&eacute;s de sistemas de vigilancia epidemiol&oacute;gica activa y de informaci&oacute;n a todo el personal de salud  para estar alerta en la identificaci&oacute;n de posibles brotes epid&eacute;micos.     <P>     Particularmente, el CDC recomienda que el personal de salud est&eacute; alerta para el reconocimiento de  enfermedades que pudieran estar asociadas con a la liberaci&oacute;n intencional de agentes biol&oacute;gicos. La dispersi&oacute;n de un agente  infeccioso puede no tener efectos inmediatos debido a los distintos periodos de incubaci&oacute;n de cada uno de los agentes. Los  eventos que sugieren la dispersi&oacute;n intencional de  agentes biol&oacute;gicos incluyen: a) casos que ocurran en grupos de personas  que hayan acudido a alg&uacute;n evento p&uacute;blico; b) grupos de pacientes que se presenten con s&iacute;ntomas y signos que indiquen  un proceso infeccioso, por ejemplo dos o m&aacute;s pacientes con una par&aacute;lisis fl&aacute;cida no explicable por otras razones,  especialmente si ocurre en personas previamente sanas; c) signos y s&iacute;ntomas de un proceso infeccioso en grupos de edad  no caracter&iacute;stica; por ejemplo, un brote de varicela en adultos y d) signos de disfunci&oacute;n del tallo cerebral como  disfagia, disartria, diplop&iacute;a en dos o m&aacute;s pacientes que pudieran sugerir la dispersi&oacute;n intencional de toxina  botul&iacute;nica.<SUP>25</SUP>     <P>     La utilizaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas a escala global ya no es hoy en d&iacute;a, una amenaza te&oacute;rica sino una realidad  cuyo potencial destructivo es extremadamente elevado. Entre los agentes que debemos poder reconocer como  potenciales agentes de bioterrorismo, adem&aacute;s del bacilo de &aacute;ntrax se encuentran la infecci&oacute;n por  <I>Yersinia pestis </I>(plaga o peste), la variola mayor (viruela), la toxina botul&iacute;nica (botulismo), la infecci&oacute;n por  <I>Francisella tularensis</I> (tularemia), y las  fiebres hemorr&aacute;gicas ocasionadas por los filovirus (Marburg y Ebola) y por el grupo de los arenavirus como Lassa (Fiebre  de Lassa) y el virus de la fiebre hemorr&aacute;gica  argentina.<SUP>25,26</SUP>     <P>     En vista del incumplimiento hist&oacute;rico de diversos gobiernos a los tratados internacionales para la  destrucci&oacute;n y eliminaci&oacute;n del arsenal de armas biol&oacute;gicas, aunado a los eventos de los &uacute;ltimos meses en los EUA, nos vemos  obligados a confrontar, desafortunadamente, una nueva etapa en la historia de la salud p&uacute;blica en el mundo. La hipot&eacute;tica  consideraci&oacute;n de que un paciente que llega a urgencias con fiebre y tos no es ya un simple caso de neumon&iacute;a sino un posible  caso de bioterrorismo hace que la amenaza de la utilizaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas con potencial de destrucci&oacute;n masiva sea  cada vez menos lejana.     <P>     Esto obliga a una nueva perspectiva de los sistemas de salud p&uacute;blica en este milenio. En esta nueva era los  sistemas de salud p&uacute;blica deben estar preparados para responder a la amenaza de la utilizaci&oacute;n de armas biol&oacute;gicas desde  m&uacute;ltiples enfoques. Para empezar se requiere del establecimiento de sistemas de vigilancia epidemiol&oacute;gica que  proporcionen informaci&oacute;n en tiempo real y de una intensa educaci&oacute;n del personal de salud y de la poblaci&oacute;n general. La  identificaci&oacute;n de posibles brotes de enfermedades infecciosas y el desarrollo de planes de emergencia para el aislamiento,  prevenci&oacute;n de la diseminaci&oacute;n y tratamiento de los casos constituyen medidas importantes de prevenci&oacute;n secundaria. A un nivel  de prevenci&oacute;n terciaria, es importante prevenir la invalidez de  las personas que sufrieron a consecuencia de los actos  de bioterrorismo.     <P>     La existencia de redes de intercomunicaci&oacute;n electr&oacute;nica, hoy en d&iacute;a permite tener acceso a una gran cantidad  de informaci&oacute;n sobre bioterrorismo y es importante que los portales de internet sean consultados de manera peri&oacute;dica.  Las principales p&aacute;ginas de Internet dedicadas a bioterrorismo son:     <P>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#149; <a href="http://www.hopkins_biodefense.org/">http://www.hopkins<font face="Symbol" size="2">_</font>biodefense.org/</a>    </p>       <p>&#149; \t &#171;<font face="Symbol" size="2"><sub>¾</sub></font>parent&#187;      <a href="http://www.bt.cdc.gov/">http://www.bt.cdc.gov/</a> </p>       <p>&#149; \t &#171;<font face="Symbol" size="2"><sub>¾</sub></font>parent&#187;      <a href="http://www.idsociety.org/">http://www.idsociety.org/</a> </p>       <p>&#149; \t &#171;<font face="Symbol" size="2"><sub>¾</sub></font>parent&#187;      <a href="http://www.usamriid.army.mil/education/bluebook.html">http://www.usamriid.army.mil/education/bluebook.html</a>    </p>       <p>&#149; \t &#171;<font face="Symbol" size="2"><sub>¾</sub></font>parent&#187;      <a href="http://www.apic.org/bioterror/agentsheets.cfm">http://www.apic.org/bioterror/agentsheets.cfm</a>    </p> </blockquote>     <P>     <P>     A pesar de que la mayor&iacute;a de estos eventos son resultado de actos de terrorismo por motivos pol&iacute;ticos, es en el  &aacute;rea del bioterrorismo donde la comunidad cient&iacute;fica y el personal m&eacute;dico y de salud p&uacute;blica debemos jugar un papel  fundamental.     <P>     <I>Salud P&uacute;blica de  M&eacute;xico</I>, ante la actualidad y trascendencia de la amenaza del bioterrorismo presenta dos  trabajos sobre el tema. En<I> Bioterrorismo: apuntes para una agenda de lo  inesperado</I>, Ponce de Le&oacute;n y colaboradores, hacen una  revisi&oacute;n de los cuadros cl&iacute;nicos, de los m&eacute;todos de diagn&oacute;stico y de los tratamientos para las enfermedades producidas por  los principales microrganismos que se pueden utilizar con fines bioterroristas. Asimismo, formularon una serie de  propuestas tendientes a orientar respuestas adecuadas, en los &aacute;mbitos nacional e internacional, ante un ataque biol&oacute;gico.  Valdespino y colaboradores, en <I>El A, B, C, sobre &aacute;ntrax, para personal de  salud</I> entregan a &eacute;ste un resumen actualizado sobre  los agentes biol&oacute;gicos asociados al bioterrorismo con especial &eacute;nfasis en el &aacute;ntrax, su patogenia, sus aspectos  bacteriol&oacute;gicos, su cuadro cl&iacute;nico, su diagn&oacute;stico y tratamiento. Con  estos aportes, miembros de la comunidad cient&iacute;fica  mexicana pretenden establecer pautas que garanticen a las autoridades sanitarias del pa&iacute;s una adecuada capacidad de  respuesta ante un posible ataque bioterrorista.     <P>     <P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;     <P align="center"><font size="4">Referencias </font>     <P>     <!-- ref --><P>1. Diamond J. Up to the starting line. En: Guns Germs, Steel. The fates of human societies. New York (NY): WW Norton &amp; Company, 1999:35-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148282&pid=S0036-3634200100060001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2. Giesecke J. Mathematical models for epidemics. En: Modern Infect Dis Epidemiol. Oxford University Press, 1994;109-123.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148283&pid=S0036-3634200100060001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3. Christopher G, Cieslak T, Pavlin J, et al. Biological warfare: A historical perspective. JAMA 1997;278(5):412-417.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148284&pid=S0036-3634200100060001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4. Inglesby T, Dennis D, Henderson D, et al. Plague as a biological weapon. Medical and public health management. JAMA 2000;283:2281-2290.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148285&pid=S0036-3634200100060001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5. Snacken R, Kendal A, Haaheim L, Wood J. The next influenza pandemic: Lessons from Hong Kong, 1997. Emerg Infect Dis 1999;5(2):1-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148286&pid=S0036-3634200100060001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>6. Perry RD, Fetherston JD. <I>Yersinia  pestis</I> <font face="Symbol" size="2">¾</font>etiologic agent of plague. Clin Microbiol Rev 1997;10:35-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148287&pid=S0036-3634200100060001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>7. Slack P. The black death past and present. Trans R Soc Trop Med Hyg 1989;83:461-463.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148288&pid=S0036-3634200100060001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>8. Derbes VJ, De Mussis and the great plague of 1349: A forgotten episode of bacteriological war. 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JAMA 1997;278(5):428-430.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148297&pid=S0036-3634200100060001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>17. Zilinskas RA. Iraq's biological weapons: The past as future? JAMA 1997;278(5):418-424.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148298&pid=S0036-3634200100060001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>18. Amon S, Schechter R, Inglesby T, et al. Botulinum toxin as a biological weapon. Medical and public health management. JAMA  2001; 285(8):1059-1070.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148299&pid=S0036-3634200100060001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>19. Torok TJ, Tauxe RV, Wise R, et al. A large community outbreak of salmonellosis caused by intentional contamination of restaurant salad bars. JAMA  1997;278(5):389-395.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148300&pid=S0036-3634200100060001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>20. WuDunn S, Miller J, Broad W. How Japan germ terror alerted world. New York Times, May 26, 1998:1-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148301&pid=S0036-3634200100060001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>21. Lane CH, Fauci AS. Bioterrorism on the home front. A new challenge for american medicine. JAMA 2001;286(20):2597-2599.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148302&pid=S0036-3634200100060001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>22. Borio L, Frank D, Venkat M, et al. Death due to bioterrorism-related inhalational anthrax. Report of 2 patients. JAMA 2001;286(20):2554-2559.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148303&pid=S0036-3634200100060001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>23. Jeringan J, Stephens DS, Ashford DA, et al. Bioterrorism-related inhalational    anthrax: The first 10 cases reported in the United States. Emerg Infect Dis    <font face="Symbol" size="2">¾</font> Nov 8 2001;7(6):1-26. Disponible en: <a href="http://www.cdc.gov/ncidod/EID/vol7no6/jernigan.htm">http://www.cdc.gov/ncidod/EID/vol7no6/jernigan.htm</a>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148304&pid=S0036-3634200100060001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>24. Quintiliani R Jr., Majan AK, Quintilliani R. Fatal case of inhalational    anthrax mimicking intra-abdominal sepsis. Clin Infect Dis 2001;33. Disponible    en: <a href="http://www.emory.edu/ID/011434.web.pdf">http://www.emory.edu/ID/011434.web.pdf</a>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148305&pid=S0036-3634200100060001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>25. CDC. Recognition of illness associated with the intentional release of a biologic agent. MMWR Morb Mortal Wkly Rep 2001;50(41):893-897.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148306&pid=S0036-3634200100060001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>26. Dennis Dt, Inglesby T, Henderson T, et al. Tularemia as a biological weapon. Medical and public health management. JAMA 2001;285(21): 2763-2773.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9148307&pid=S0036-3634200100060001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>     ]]></body>
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