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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Salvador Zubirán: pilar de Nutrición, antes, ahora y en los tiempos por venir]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culo especial</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Salvador Zubir&aacute;n: pilar de Nutrici&oacute;n, antes, ahora y en los tiempos por venir</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Salvador Zubir&aacute;n: column of nutrition, before, now and in times to come</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermo Sober&oacute;n*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Presidente del Consejo de la Comisi&oacute;n Nacional de Bio&eacute;tica, Presidente Em&eacute;rito de la Fundaci&oacute;n Mexicana para la Salud, Miembro de El Colegio Nacional, Rector de la UNAM 1973&#150;1981, Secretario de Salud 1982&#150;1988.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Reimpresos:</b><i>    <br>   </i><i>Dr. Guillermo Sober&oacute;n</i>    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:gsoberon@funsalud.org.mx">gsoberon@funsalud.org.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre me he ufanado de que la buena suerte me ha acompa&ntilde;ado en mi ya larga vida profesional. Una de las mejores expresiones de mi buena fortuna se manifiesta claramente en la oportunidad que tuve de convivir con una pl&eacute;yade de grandes maestros que marcaron su impronta en mi persona, pues me dotaron de un armamentario que me ha provisto de razones y actitudes que, seguramente, han sido cruciales para abrirme paso. As&iacute;, en orden cronol&oacute;gico menciono, para iniciar la lista, a mi padre Galo Sober&oacute;n y Parra, malari&oacute;logo que me introdujo a los buenos caminos de las ciencias m&eacute;dicas al tiempo de minimizar sus sinsabores, ya que fue un hombre feliz que disfrut&oacute; inmensamente su profesi&oacute;n; a Edmundo Rojas Natera, quien, por poco, me hace pat&oacute;logo; a Francisco G&oacute;mez Mont, quien me abri&oacute; los ojos a la endocrinolog&iacute;a; a Jos&eacute; Laguna, de quien recib&iacute; la inspiraci&oacute;n para penetrar en las filas de la bioqu&iacute;mica; a Philip P. Cohen, mi mentor en la Universidad de Wisconsin, quien adem&aacute;s de hacerme bioqu&iacute;mico, se empe&ntilde;&oacute; en adiestrarme en el dif&iacute;cil arte del <i>"chairmanship";<img src="/img/revistas/ric/v58n4/a12s1.jpg"> </i>a Bernardo Sep&uacute;lveda con quien estuve cerca en dos &eacute;pocas, la primera dif&iacute;cil y tensa por el encuentro entre su inefable f&eacute;rrea disciplina y mi nunca doblegada rebeld&iacute;a, la segunda tersa y recompensante cuando unimos fuerzas para impulsar el uso razonable de los medicamentos en el sistema de salud al tiempo de impulsar el desarrollo de la industria quimicofarmac&eacute;utica. Siguen los nombres de dos reconocid&iacute;simos salubristas, Miguel Bustamante y Manuel Mart&iacute;nez B&aacute;ez, cuyos consejos fueron valios&iacute;simos cuando tuve que adentrarme en los fascinantes senderos de la salud p&uacute;blica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos nombres m&aacute;s debo destacar en esa lista, singular por su riqueza, los de Ignacio Ch&aacute;vez y Salvador Zubir&aacute;n. Siempre tuve una gran admiraci&oacute;n por el Maestro Ch&aacute;vez, cuya obra ya era un&aacute;nimemente reconocida en M&eacute;xico y allende nuestras fronteras, pero pude acercarme a &eacute;l hasta 1952 cuando contraje matrimonio con Socorro su sobrina predilecta y, sobre todo, cuando fue rector en 1961 y yo era ya profesor universitario, relaci&oacute;n que se estrech&oacute; a partir de 1973 y hasta su fallecimiento en 1979, tiempo en que yo era rector de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM); fue precisamente el Maestro Ch&aacute;vez quien me llev&oacute; a nuestra <i>alma mater, </i>las reflexiones de su parte, que pude recoger, fueron grandemente aleccionadoras.<img src="/img/revistas/ric/v58n4/a12s2.jpg"> Con Salvador Zubir&aacute;n conviv&iacute; muy de cerca y, dir&iacute;a, en forma casi cotidiana lo que, sin duda, puedo aquilatar como una lecci&oacute;n de vida en su m&aacute;s amplio sentido. Por eso he expresado que la nuestra fue, m&aacute;s bien, una relaci&oacute;n filial de mi parte y que es, para m&iacute;, muy significativo que parti&oacute;, pr&aacute;cticamente, de que, a punto de regresar de Wisconsin, perd&iacute; a mi padre, en 1956. La relaci&oacute;n se extendi&oacute; hasta el fallecimiento del Maestro en 1998.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salvador Zubir&aacute;n fue, ciertamente, un hombre de bien, inteligente, trabajador infatigable, generoso, maestro l&uacute;cido, gran amigo de sus amigos. Fue un excelente esposo tanto en su primer matrimonio con Vita como en el segundo con Mar&iacute;a Luisa; tambi&eacute;n se le reconoce como excelente padre y cari&ntilde;oso abuelo y bisabuelo. Haberle acompa&ntilde;ado en su constructiva labor y haber contado con su apoyo en tantas circunstancias que se me presentaron en la UNAM y en la Secretar&iacute;a de Salubridad y Asistencia (SSA) fue, para m&iacute;, verdaderamente providencial. Por eso me ha parecido oportuno referir algunas vivencias que dan fe de su firme car&aacute;cter, de su visi&oacute;n de largo plazo y de su indeclinable energ&iacute;a para buscar la superaci&oacute;n de su instituci&oacute;n y de c&oacute;mo mantenerse con la cabeza enhiesta y poner el pecho ante la adversidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al Maestro Zubir&aacute;n se le reconoce por su gran obra: el Instituto Nacional de Ciencias M&eacute;dicas y Nutrici&oacute;n Salvador Zubir&aacute;n (INCMNSZ) y claro que hay buena raz&oacute;n para que as&iacute; suceda, pues es una gran instituci&oacute;n. No obstante, hay que rememorar su labor en colocar cimientos del Sistema Nacional de Salud de nuestro pa&iacute;s y en su esfuerzo por encauzar a la UNAM por senderos de excelencia acad&eacute;mica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su titulaci&oacute;n como m&eacute;dico busc&oacute; consolidar su formaci&oacute;n en centros donde pudiera acercarse a la frontera del conocimiento cient&iacute;fico en una &eacute;poca en la que se sent&iacute;a el impacto del informe Flexner que determin&oacute; la utilizaci&oacute;n de las aportaciones de la ciencia en la ense&ntilde;anza y en la pr&aacute;ctica de la medicina. Por eso se traslad&oacute; al Hospital Peter Bent Brigham, vinculado a la Universidad Harvard, en Boston. A su regreso a M&eacute;xico se enfrasc&oacute; en la pr&aacute;ctica privada de la medicina, en la docencia en la Escuela Nacional de Medicina de la UNAM y en algunos trabajos en la esfera gubernamental. La primera oportunidad de mostrar su convicci&oacute;n social en la aplicaci&oacute;n de su ejercicio profesional se dio cuando el presidente L&aacute;zaro C&aacute;rdenas lo hizo Jefe del Departamento de Asistencia Infantil y en el sexenio siguiente en que pas&oacute; a ser Subsecretario de Asistencia con Gustavo Baz como Secretario. Ah&iacute; desarrollaron una notable obra en la construcci&oacute;n de hospitales en diversos lugares del pa&iacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reconocemos que 1943 marca el arranque del Sistema Nacional de Salud que ha dado lugar, a trav&eacute;s de reformas sucesivas, al arreglo estructural de las instituciones que hoy contemplamos. En ese a&ntilde;o se cre&oacute; el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se fusion&oacute; el Departamento de Salubridad, creado en 1917 al promulgarse nuestra Carta Magna, con la Secretar&iacute;a de Asistencia, creada en 1937. Tambi&eacute;n emergi&oacute; en ese a&ntilde;o el Hospital Infantil de M&eacute;xico Federico G&oacute;mez (HIMFG), primero de las instituciones que ahora en n&uacute;mero de 12 constituyen los Institutos Nacionales de Salud (INS). El segundo fue el Instituto Nacional de Cardiolog&iacute;a Ignacio Ch&aacute;vez (INCICh) en 1944 y el tercero el Hospital de Enfermedades de la Nutrici&oacute;n en 1946 que en 1980 pas&oacute; a ser instituto, ahora Instituto Nacional de Ciencias M&eacute;dicas y Nutrici&oacute;n Salvador Zubir&aacute;n, a los tres les fue a&ntilde;adido, con justicia, el nombre de sus fundadores. Pocos est&aacute;n enterados del papel importante que jug&oacute; el Maestro Zubir&aacute;n en aquellos arreglos, pues desde su posici&oacute;n de subsecretario promovi&oacute; los cambios necesarios y apoy&oacute; a sus amigos G&oacute;mez y Ch&aacute;vez en la concepci&oacute;n y desarrollo del Hospital Infantil de M&eacute;xico y del Instituto Nacional de Cardiolog&iacute;a, respectivamente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nutrici&oacute;n se edific&oacute; aprovechando la estructura f&iacute;sica existente del pabell&oacute;n 9 del Hospital General de M&eacute;xico, lo que le ocasion&oacute; acerbas cr&iacute;ticas por parte de sus m&eacute;dicos. Las tres instituciones, HIMFG, INCICh e INCMNSZ, combinaron la atenci&oacute;n m&eacute;dica con la ense&ntilde;anza de pregrado y de posgrado y con la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que, inicialmente, prevaleci&oacute; en la modalidad cl&iacute;nica. El subsector de los INS es un baluarte fundamental de nuestro Sistema Nacional de Salud, pues adem&aacute;s de la atenci&oacute;n m&eacute;dica especializada que ofrece, produce recursos humanos calificados de alto nivel que son primordiales para todas las instituciones de salud que integran el sistema y son los responsables de la mayor parte de la producci&oacute;n cient&iacute;fica de calidad que se origina en M&eacute;xico. Es de inter&eacute;s que, en el a&ntilde;o de 1981, 36 a&ntilde;os despu&eacute;s de fundado Nutrici&oacute;n, la llamada Coordinaci&oacute;n de los Servicios de Salud de la Presidencia de la Rep&uacute;blica recomend&oacute; que la Secretar&iacute;a de Salubridad y Asistencia estableciera un n&uacute;cleo org&aacute;nico en apoyo de los Institutos Nacionales de Salud, proyecto que estuvo a la responsabilidad del maestro Zubir&aacute;n. Su experiencia y talento, as&iacute; como el gran respeto y afecto que se le ten&iacute;a al Maestro vinieron bien para el desarrollo de esa idea en beneficio de instituciones trascendentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el a&ntilde;o de 1946, algunos meses antes de la inauguraci&oacute;n de Nutrici&oacute;n, el Maestro Zubir&aacute;n fue designado Rector de la UNAM por la Junta de Gobierno de la Universidad. Eran a&ntilde;os dif&iacute;ciles que viv&iacute;a la Instituci&oacute;n, sacudida por conflictos frecuentes resultado del enfrentamiento de facciones pol&iacute;ticas. Con verdadero entusiasmo y responsabilidad acept&oacute; el reto y se entreg&oacute; de lleno a la dificultosa tarea, pre&ntilde;ada de riesgos, de conducir a la instituci&oacute;n por un camino de superaci&oacute;n basado en la elevaci&oacute;n del nivel de ense&ntilde;anza y de investigaci&oacute;n. Esos esfuerzos, que tuvieron buena acogida por parte de muchos universitarios que comulgaban con sus ideas de c&oacute;mo fortalecer nuestra m&aacute;xima casa de estudios, representaban una amenaza para grupos de sedicentes estudiantes y algunos profesores, que buscaron la forma de organizar un conflicto que, acicateado desde fuera de la instituci&oacute;n, adquiri&oacute; graves proporciones y caus&oacute; la expulsi&oacute;n f&iacute;sica del Maestro de sus oficinas, en medio de soeces imprecaciones y de empujones por una turbamulta que irrumpi&oacute; en la Rector&iacute;a. Acci&oacute;n nefasta que ensombrece la historia institucional.   Claro   que  le   afect&oacute;   al  Maestro   ese episodio tanto por ver cercenados sus prop&oacute;sitos cuanto por la violencia desplegada y por el hecho, tantas veces repetido, del desentendimiento de las autoridades gubernamentales de proteger a la Universidad por una malhadada interpretaci&oacute;n de la autonom&iacute;a universitaria que deja a la casa de estudios en una absoluta indefensi&oacute;n. Con todo, el Maestro Zubir&aacute;n no guard&oacute; nunca resentimiento con la UNAM a la que continu&oacute; sirviendo con lealtad y veneraci&oacute;n en distintas actividades acad&eacute;micas, pues claramente entendi&oacute; que la agresi&oacute;n sufrida se debi&oacute; a un grup&uacute;sculo seudouniversitario. Fue miembro de la Junta de Gobierno de nuestra <i>alma mater </i>de 1958 a 1962; se le nombr&oacute; Profesor Em&eacute;rito de la Facultad de Medicina en 1967 y se le otorg&oacute; el Doctorado Honoris Causa en 1979 (<a href="/img/revistas/ric/v58n4/a12f1.jpg" target="_blank">Figura 1</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dolido, pero nunca derrotado, reasumi&oacute; su posici&oacute;n de Director de Nutrici&oacute;n, pugnando sin tregua por encumbrar a la instituci&oacute;n. Fue, en ese tiempo, que le conoc&iacute; personalmente si bien, en alguna ocasi&oacute;n, siendo yo estudiante, pude saludarle en la Rector&iacute;a pues acompa&ntilde;aba a su sobrino Jos&eacute; Mar&iacute;a, ya que &eacute;ramos compa&ntilde;eros en la carrera. La raz&oacute;n de mi visita el 17 de julio de 1949 era que, armado de una tarjeta de presentaci&oacute;n que me dio mi padre, exploraba la posibilidad de hacer un internado (hoy se llama residencia) en Nutrici&oacute;n; aspiraba yo a hacerme internista y Nutrici&oacute;n, en su corta vida, ya hab&iacute;a ganado prestigio de su excelencia en medicina interna. Al enterarse, por mi respuesta a la pregunta espec&iacute;fica que me hizo, que hab&iacute;a yo obtenido las m&aacute;s altas calificaciones en la carrera, me dijo sin ambages:<a name="rn1"></a> "Te quedas con nosotros" (<a href="#n1">1</a>) y de inmediato orden&oacute; que se hicieran los arreglos para que se formalizara mi admisi&oacute;n. En verdad que a m&iacute; &uacute;nicamente me animaba el prop&oacute;sito de inquirir sobre las condiciones del adiestramiento ya que, en principio, favorec&iacute;a hacer la residencia en el Hospital General en donde, de hecho, ya hab&iacute;a sido admitido, pues mi entrenamiento cl&iacute;nico se hab&iacute;a dado en este nosocomio y ah&iacute; me hab&iacute;an indoctrinado a desconfiar de "los almidonados del nueve". Sin embargo, no me atrev&iacute;a a contradecir sus amables intenciones y no pod&iacute;a ser descort&eacute;s ante su magn&iacute;fica acogida, por lo que dej&eacute; transcurrir los acontecimientos. Mi buena suerte me compens&oacute; ya que se puso en claro que podr&iacute;a ingresar hasta enero de 1950, pero, en tanto, podr&iacute;a laborar en el Departamento de Patolog&iacute;a con Edmundo Rojas, quien, justamente, retornaba de Harvard, por lo que discurr&iacute; que se me daba la oportunidad de asomarme a una patolog&iacute;a moderna que, sin duda, me servir&iacute;a y si no me acomodaba ya ver&iacute;a c&oacute;mo volver a mis planes originales. Pronto se me abri&oacute; un mundo nuevo tanto por la patolog&iacute;a como por el andamiaje y funcionamiento institucional, que se respiraban en Nutrici&oacute;n, as&iacute; que no tuve ning&uacute;n problema para olvidarme del Hospital General.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La residencia fue muy formativa, el trabajo era intenso y el ambiente acad&eacute;mico demandante. Cada d&iacute;a hab&iacute;a que correr de un lado para otro y buscar espacio para la biblioteca, pues hab&iacute;a que preparar a conciencia los casos cl&iacute;nicos y tener material para las revisiones bibliogr&aacute;ficas. Durante la residencia mi inter&eacute;s transit&oacute; de la medicina interna a la endocrinolog&iacute;a que surg&iacute;a con gran vigor en esos a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto que ve&iacute;a poco al Maestro Zubir&aacute;n, acaso le saludaba de vez en cuando si nos cruz&aacute;bamos en alguna sesi&oacute;n institucional, en la biblioteca o en el servicio cl&iacute;nico por sus visitas espor&aacute;dicas a enfermos en los que ten&iacute;a alg&uacute;n inter&eacute;s, nunca faltaba, de su parte, alguna pregunta de c&oacute;mo transcurr&iacute;a mi entrenamiento y si estaba satisfecho. No pude ocultar mi sorpresa cuando en una ocasi&oacute;n en que me aproximaba al aula Genaro Escalona sent&iacute;, por detr&aacute;s, una mano sobre mi hombro. Era el Maestro Zubir&aacute;n quien, sin m&aacute;s, me dijo "Faltan quince minutos para que empiece la sesi&oacute;n; acomp&aacute;&ntilde;ame a mi oficina". Ah&iacute; me di cuenta que &eacute;l sab&iacute;a m&aacute;s sobre mi persona y cuando me espet&oacute;: "&iquest;Qu&eacute; te mueve a ser endocrin&oacute;logo y no internista?", me di cuenta que G&oacute;mez Mont le hab&iacute;a comentado, pues era la &uacute;nica persona a quien le hab&iacute;a yo confiado esa inquietud. Directamente le repliqu&eacute; "Por una parte, para ser endocrin&oacute;logo tendr&eacute; que ser tambi&eacute;n, en buena medida, internista; adem&aacute;s, siempre me he sentido atra&iacute;do por la patogenia de las enfermedades y la endocrinolog&iacute;a las est&aacute; revelando con un sustrato cient&iacute;fico". La breve conversaci&oacute;n se dio muy bien en mi favor y sal&iacute; alucinado cuando para terminar, me expres&oacute;: "Hay que hacer primero el curso de posgrado aqu&iacute; y luego ir a un sitio fuera donde puedas traer algo que nos mueva cuando regreses con nosotros. Vamos, desde ahora, a pedirle una beca a la Fundaci&oacute;n Kellogg; pronto nos visitar&aacute; el Dr. Horning (funcionario de la Kellogg), as&iacute; que ten lista la documentaci&oacute;n. Hablar&eacute; con G&oacute;mez Mont para precisar el sitio. Me parece que podr&iacute;a ser Thorn en Harvard, ya veremos". La entrevista con el Dr. Horning se dio muy bien y se me concedi&oacute; la beca para cuando estuviera yo listo a partir al extranjero que ser&iacute;a despu&eacute;s de llevar el curso de posgrado en endocrinolog&iacute;a que se impart&iacute;a en Nutrici&oacute;n. Como se iniciaba hasta enero de 1951 el maestro G&oacute;mez Mont me aconsej&oacute; pasar un tiempo con Pepe Laguna, quien se hab&iacute;a integrado a Nutrici&oacute;n para instalar un Laboratorio de Bioqu&iacute;mica despu&eacute;s de haber invertido algunos a&ntilde;os en Escocia y en Estados Unidos de Am&eacute;rica trabajando en ese campo. "Ser&aacute; un tiempo provechoso, pues ahora la endocrinolog&iacute;a se basa en la bioqu&iacute;mica", me dijo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi paso con Pepe Laguna result&oacute; muy estimulante para m&iacute;, pues se me revel&oacute; todo un mundo de posibilidades para lo que yo aspiraba en relaci&oacute;n a mi trabajo futuro. Me pareci&oacute; importante hacer saber a G&oacute;mez Mont mi decisi&oacute;n de hacerme bioqu&iacute;mico y su comentario me dej&oacute; muy inquieto, pues expres&oacute;: "Caramba, tendremos que informar de inmediato al Maestro Zubir&aacute;n, pues ya se hicieron los arreglos con la Kellogg". Temeroso, pude balbucear al Director las razones de mi giro vocacional, me preocupaba sobremanera que tuviera la impresi&oacute;n de que yo estaba desubicado y no sab&iacute;a lo que en realidad quer&iacute;a. Para mi sorpresa reaccion&oacute; de manera muy positiva: "Me parece muy bien. La bioqu&iacute;mica ser&aacute; fundamental para el futuro de la medicina y necesitamos desarrollarla aqu&iacute;, en Nutrici&oacute;n. Vamos a hacer un nuevo planteamiento a la Fundaci&oacute;n Kellogg".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ya el derrotero era otro, se abrevi&oacute; mi residencia, pues se me reconocieron los seis meses que hab&iacute;a pasado en Patolog&iacute;a y pude dedicarme, casi un a&ntilde;o, a estudiar por mi cuenta qu&iacute;mica, f&iacute;sica y matem&aacute;ticas, con la ayuda de mi prometida que estaba a punto de recibirse de qu&iacute;mica, materias que me servir&iacute;an para adentrarme en la bioqu&iacute;mica. Al mismo tiempo dedicaba media jornada de trabajo como m&eacute;dico de Consulta Externa, lo cual me aseguraba algunos exiguos ingresos; fundamentalmente discut&iacute;a con los residentes de Consulta Externa las historias cl&iacute;nicas que elaboraban. Contraje nupcias el 3 de julio de 1952 y de inmediato Socorro y yo partimos para Wisconsin y regresamos cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde ya con el doctorado a cuestas para desarrollar el Departamento de Bioqu&iacute;mica de Nutrici&oacute;n que se constru&iacute;a en la azotea del vetusto edificio de la calle de Miguel Jim&eacute;nez que aprovech&oacute;, como se ha dicho, el pabell&oacute;n 9 del Hospital General.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de mi formaci&oacute;n, sobre todo la decisi&oacute;n del Maestro Zubir&aacute;n, me hizo ver su gran visi&oacute;n en el desarrollo de la instituci&oacute;n que tanto le signific&oacute; para consolidar el INCMNSZ como una gran instituci&oacute;n. El proceso de seleccionar entre los residentes a los m&aacute;s promisorios para inducirlos a abordar &aacute;reas m&eacute;dicas que representan innovaciones y enviarlos a lugares de excelencia en el extranjero donde pueden captar en forma directa lo que se produce en la frontera del conocimiento para incorporarlos, una vez formados, en Nutrici&oacute;n, ha hecho posible un crecimiento institucional s&oacute;lido y diversificado para constituir lo que es sin duda "la gema de la corona del Sistema Nacional de Salud Mexicano". <a name="rn2"></a>(<a href="#n2">2</a>)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Departamento de Bioqu&iacute;mica de Nutrici&oacute;n se inaugur&oacute; el 12 de octubre de 1957. Fue posible incorporar excelentes investigadores que, rodeados de estudiantes de posgrado, pronto fueron productivos, pues los trabajos realizados les signific&oacute; un bien ganado prestigio en M&eacute;xico y allende nuestras fronteras. En su inicio, se organizaron cinco laboratorios, a saber: Nutrici&oacute;n (Carlos Gitler), Hormonas (Francisco G&oacute;mez Mont), Agua y Electr&oacute;litos (Alfonso Rivera), Diabetes (Luis Domenge), Enzimolog&iacute;a (Guillermo Sober&oacute;n). Pronto se incorpor&oacute; Carlos Gual a Hormonas y sustituy&oacute; a G&oacute;mez Mont cuando &eacute;ste se incorpor&oacute; al IMSS. Sin duda, el decidido apoyo del Maestro Zubir&aacute;n fue clave para el desarrollo de ese departamento que produjo excelentes resultados en cuanto a trabajos cient&iacute;ficos, a formaci&oacute;n de recursos humanos y a lograr que la bioqu&iacute;mica permeara a reductos ya encaminados y que hasta entonces ten&iacute;an un perfil fundamentalmente cl&iacute;nico: Gastroenterolog&iacute;a, Hematolog&iacute;a y Endocrinolog&iacute;a. La nutrici&oacute;n hab&iacute;a estado presente en algunas encuestas de campo y, en forma destacada, en un trabajo de investigaci&oacute;n realizado por Zubir&aacute;n y G&oacute;mez Mont, publicado en <i>Vitamins and Hormones, </i>que explor&oacute; la relaci&oacute;n entre la desnutrici&oacute;n cr&oacute;nica del adulto y el balance endocrino el cual tuvo importante impacto en aquel tiempo. Pienso que la fortaleza de Nutrici&oacute;n se dio, inicialmente, en la cl&iacute;nica y en la organizaci&oacute;n del trabajo institucional. La primera ola enriquecedora fue la patolog&iacute;a que introdujo Edmundo Rojas; la segunda, me parece, correspondi&oacute; a la bioqu&iacute;mica y la tercera ya fue consecuencia de la diversificaci&oacute;n arm&oacute;nica y de la profundizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por cierto que la extensi&oacute;n al estudio de la nutrici&oacute;n con un enfoque de salud p&uacute;blica se inici&oacute; en 1957 cuando lo que quedaba del Instituto de Nutriolog&iacute;a se transfiri&oacute; al Hospital de Enfermedades de la Nutrici&oacute;n. Ese instituto fue creado en los a&ntilde;os cuarenta por Don Francisco de Paula Miranda y en &eacute;l destacaron Rene Cravioto, Guillermo Massieu y Jes&uacute;s Guzm&aacute;n que, entre otros trabajos, produjeron las tablas de composici&oacute;n de los alimentos mexicanos; adem&aacute;s se realizaron algunas encuestas nutricionales por el Dr. Anderson, de la Fundaci&oacute;n Rockefeller, en apoyo al desarrollo del Instituto. Me toc&oacute; recibir esa transferencia y organizar los cursos de adiestramiento para formar m&eacute;dicos nutri&oacute;logos: Adolfo Ch&aacute;vez, Ang&eacute;lica Salas, Samuel Castillo y Gilberto Balam integraron la primera generaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi tiempo se dedicaba, en tanto se terminaba el Departamento de Bioqu&iacute;mica, a ese curso, al programa de Maestr&iacute;a en Bioqu&iacute;mica que empezamos sin contar, todav&iacute;a, con el respaldo acad&eacute;mico que solicit&aacute;bamos a la UNAM y en apoyar al Maestro Zubir&aacute;n en la planeaci&oacute;n del nuevo edificio que se construir&iacute;a, para dar una nueva casa a Nutrici&oacute;n, en los terrenos que ahora ocupa el Centro M&eacute;dico Nacional Siglo XXI del IMSS.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, me manten&iacute;a muy ocupado por lo que me incomodaban las frecuentes llamadas a la Direcci&oacute;n sea para ver problemas que, las m&aacute;s de las veces, no me correspond&iacute;an, sea para conocer a personajes de aquellos tiempos que recurr&iacute;an a Nutrici&oacute;n por problemas de salud, pues al Maestro le gustaba presumir de su doctor en bioqu&iacute;mica. Compensaba ese discreto malestar lo mucho que aprend&iacute;a de la experiencia del Maestro y me impresionaba su avidez de asimilar conocimientos bioqu&iacute;micos que le aclaraban aspectos cl&iacute;nicos que plenamente dominaba. No era extra&ntilde;o escucharle en discursos, o en otro tipo de disertaciones, analog&iacute;as que plasmaba con base en la bioqu&iacute;mica. Estudiaba con verdadero ah&iacute;nco y entusiasmo; esa actitud para m&iacute; fue ejemplar y mucho me ha servido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando m&aacute;s agobiado estaba el Maestro por los problemas, mayor energ&iacute;a desplegaba para salir avante. Vale aqu&iacute; referir algunas situaciones que le afectaron grandemente y que denotan su entereza para estar siempre por encima de las dificultades que enfrentaba:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. En julio de 1957 se dio el terremoto que derrib&oacute; el &Aacute;ngel de la Independencia. Se da&ntilde;&oacute; severamente el edificio de Havre 7 que el Maestro hab&iacute;a construido con grandes esfuerzos en el terreno donde originalmente se encontraba su casa particular. El edificio se construy&oacute; para alojar consultorios m&eacute;dicos y un laboratorio cl&iacute;nico; en forma natural, los inquilinos eran, casi completamente, facultativos que laboraban en Nutrici&oacute;n. Las rentas le serv&iacute;an al Maestro para pagar el adeudo contra&iacute;do por la construcci&oacute;n que, una vez saldado, ser&iacute;a el patrimonio para asegurarle una vejez tranquila. La reparaci&oacute;n estaba por encima de sus posibilidades por lo que lo vendi&oacute; y algo pudo recuperar. Fue sin duda un rev&eacute;s, pero pronto se acomod&oacute; a su nueva situaci&oacute;n y a seguir trabajando con entusiasmo que eso estaba en su natural ser.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. El edificio que se constru&iacute;a en el Centro M&eacute;dico por la SSA avanzaba r&aacute;pidamente. El Maestro ten&iacute;a reuniones semanales con los jefes de departamento a fin de revisar los pendientes para que nada detuviera el progreso de la obra; Alfonso Rivera <a name="rn3"></a>(<a href="#n3">3</a>) y yo d&aacute;bamos seguimiento a lo que se decid&iacute;a para mantener al Maestro informado, quien interven&iacute;a cada vez que se hac&iacute;a necesario. En una ocasi&oacute;n nos dieron un buen susto, pues el doctor Rafael Bengoa, prestigiado nutri&oacute;logo espa&ntilde;ol que radicaba en Venezuela hab&iacute;a venido a M&eacute;xico para participar en la ense&ntilde;anza de nuestros nutri&oacute;logos. De pronto interrumpe una pl&aacute;tica programada y dice: "Hasta aqu&iacute; la clase, pues me urge hablar con Sober&oacute;n; yo vine a ayudar no a ser instrumento para que se afecten los intereses de esta instituci&oacute;n". Una vez solos me explic&oacute; que, a trav&eacute;s de un subsecretario se le hab&iacute;a informado que el Secretario deseaba saludarlo y que lo esperaba en su despacho. Ocurri&oacute; a la cita y ah&iacute; se encontr&oacute; al Secretario rodeado de un grupo de personas y empezaron los cuestionamientos, pues se reprochaba al Maestro que el nuevo edificio no le hac&iacute;a justicia a la importancia de la nutrici&oacute;n, ya que el espacio se destinaba sobre todo a aspectos cl&iacute;nicos y quir&uacute;rgicos propios de un hospital especializado. Con esa referencia, la intenci&oacute;n era que Bengoa estuviera de acuerdo con esa opini&oacute;n. Nuestro profesor visitante se defendi&oacute; argumentando que no conoc&iacute;a a fondo el proyecto arquitect&oacute;nico y al pretender explic&aacute;rselo evadi&oacute; el punto sobre la base que requer&iacute;a conocer los programas en curso y los de futuro, por lo que dar&iacute;a su punto de vista si contaba con esos elementos. R&aacute;pido me desplac&eacute; a la oficina del Maestro para ponerlo al tanto. "Con raz&oacute;n estos canijos me citan para ma&ntilde;ana sin decirme de qu&eacute; se trata", me dijo. R&aacute;pidamente nos dimos a la tarea de colorear, en los planos, los espacios que aplicaban directamente a nutrici&oacute;n y rayar los que realizaban trabajos vinculados con nutrici&oacute;n. En cada caso hicimos un listado de programas vigentes y los que se abordar&iacute;an en el futuro, en lo cual nos ayud&oacute; Bengoa y, por tel&eacute;fono, ratific&aacute;bamos con los jefes de departamento correspondientes que las propuestas fueran viables. Con esa informaci&oacute;n el Maestro acudi&oacute; a encerrarse en la jaula de los leones. Cuando regres&oacute; est&aacute;bamos ansiosos de saber c&oacute;mo le hab&iacute;a ido; estaba tan euf&oacute;rico que en su cara se reflejaba el &eacute;xito obtenido. "No los dej&eacute; hablar, pues de entrada le dije al Secretario que ten&iacute;a una solicitud que hacerle y que empezar&iacute;a por justificarla. Ah&iacute; les solt&eacute; toda la informaci&oacute;n que preparamos e insist&iacute; en la importancia de la nutrici&oacute;n como problema de salud p&uacute;blica aclar&aacute;ndoles que el escenario de &eacute;sta es la comunidad, por lo que el espacio requerido en el edificio es relativamente menor pero destacando que, pr&aacute;cticamente, todos los departamentos trabajan para esta &aacute;rea. El enunciado de los potenciales programas fue apabullante. Termin&eacute; por solicitarle recursos sobre todo para el programa de campo; veh&iacute;culos, equipo port&aacute;til. Me contest&oacute; que contara con lo que ped&iacute;a, as&iacute; que hay que especificar la solicitud. Ni siquiera me dijeron para qu&eacute; me hab&iacute;an llamado".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, lo que suceder&iacute;a despu&eacute;s en 1962, ya no fue susto, fue una tragedia completa; la p&eacute;rdida total del edifico en el que hab&iacute;amos invertido a&ntilde;os de esfuerzo y la oportunidad de tener un espacio que permitiera un desarrollo institucional de significaci&oacute;n como ya se intu&iacute;a que ser&iacute;a el caso. El edificio estaba pr&aacute;cticamente terminado y de hecho en un muro exterior se empezaron a grabar las letras para acomodar su t&iacute;tulo: Instituto Nacional de la Nutrici&oacute;n. Sin embargo, se detuvo sin completar ni siquiera la primera palabra. No me gust&oacute;, por lo que se lo coment&eacute; al Maestro: "Seguro se usar&aacute;n letras m&aacute;s grandes, pues les coment&eacute; que me parec&iacute;an peque&ntilde;as", replic&oacute;. Unos cuantos d&iacute;as despu&eacute;s apareci&oacute;, en un peri&oacute;dico vespertino, que todo el Centro M&eacute;dico lo hab&iacute;a vendido la SSA al IMSS. Rivera y yo nos fuimos directos a buscar al Maestro en su consultorio quien, al enterarse de la infausta nueva, se qued&oacute; sin habla, sin dar cr&eacute;dito a lo que le&iacute;a. De inmediato pidi&oacute; que le comunicaran con el Secretario de Patrimonio, Eduardo Bustamante, amigo suyo, quien le ratific&oacute; la veracidad de lo que se informaba en el peri&oacute;dico. De nada le sirvi&oacute; su intentona de patalear pues el Secretario le ataj&oacute; dici&eacute;ndole que era un hecho consumado. Nos reconfort&oacute; lo mejor que pudo y nos despidi&oacute;, pues ten&iacute;a pacientes que atender, no sin antes indicarnos que se citara al personal m&eacute;dico, de jefes de departamento para arriba, en su oficina, a las diez de la ma&ntilde;ana. Regresamos desconsolados a Nutrici&oacute;n sin cruzar palabra en el camino, para cumplir lo que nos hab&iacute;a ordenado. A esa hora ya, pr&aacute;cticamente, s&oacute;lo quedaban los residentes y decidimos no decir nada pues ya el Maestro dar&iacute;a a conocer las malas nuevas al d&iacute;a siguiente. Al llegar a su oficina, era notorio que se hab&iacute;an retirado las fotograf&iacute;as que daban cuenta del progreso de la obra y de la magnitud del edificio perdido. S&oacute;lo se hab&iacute;a colocado una fotograf&iacute;a que, un 6 de enero D&iacute;a de la Enfermera, se hab&iacute;a tomado al frente del edificio de Miguel Jim&eacute;nez con el personal al frente. Cuando est&aacute;bamos reunidos apareci&oacute; el Maestro quien, sin m&aacute;s, expres&oacute;: "Tuvimos un sue&ntilde;o muy agradable que nos colmo de ilusi&oacute;n, ya hemos despertado a nuestra realidad, que es la que cuelga de la pared. Esto es lo que realmente tenemos y es con lo que habremos de seguir trabajando, eso s&iacute;, con renovados br&iacute;os, con el mismo entusiasmo de siempre y, en lo posible, redoblando el esfuerzo. No quiero caras largas, no podemos desfallecer pues hay que conseguir un acomodo digno que de sobra merecemos". Cort&oacute; cualquier comentario pues s&oacute;lo a&ntilde;adi&oacute;: "Vamos a seguir trabajando, les agradezco su presencia".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En verdad que no se dejaba arredrar, pronto sistematiz&oacute; lo m&aacute;s importante de la informaci&oacute;n que se hab&iacute;a reunido alrededor del proyecto frustrado y con ese, no tan breve, memorando, a peregrinar, otra vez, cabildeando en los altos c&iacute;rculos pol&iacute;ticos del pa&iacute;s, casi siempre Rivera o yo le acompa&ntilde;&aacute;bamos y en ocasiones los dos. El caso era v&aacute;lido y su vehemencia mucha, de modo que el Departamento del Distrito Federal le dio otro terreno magn&iacute;fico en el sur de la ciudad para ubicar ah&iacute; el Instituto. A punto de tener listo el nuevo plan arquitect&oacute;nico nos enteramos que el Perif&eacute;rico pasar&iacute;a por esa zona, lo cual nos pareci&oacute; muy bien porque ser&iacute;a una vialidad importante. Se nos ocurri&oacute; que era necesario ubicar con precisi&oacute;n esa v&iacute;a para tomarla en cuenta en el nuevo proyecto. Nos recibi&oacute; con gran amabilidad la ingeniera Angelita Alessio Robles y, por poco nos vamos de espaldas, pues el Perif&eacute;rico m&aacute;s que cerca pasaba por encima del terreno que se nos hab&iacute;a cedido. Ni modo, a seguir buscando y as&iacute; llegamos a su ubicaci&oacute;n actual. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hubo una circunstancia afortunada: en una visita que hice al Premio Nobel Prof. Hugo Theorell, en el Instituto Karolinska en Suecia, al enterarse del Instituto de Nutrici&oacute;n y lo que hac&iacute;a me puso en contacto con el se&ntilde;or Birger Strid quien manejaba las finanzas de la Fundaci&oacute;n Wenner&#150;Gren establecida con los bienes que dej&oacute; Alex Wenner&#150;Gren, quien vivi&oacute; en M&eacute;xico y hab&iacute;a manifestado sus deseos de apoyar alg&uacute;n proyecto de contenido social. En aquella entrevista estuve en uno de mis buenos d&iacute;as y logr&eacute; que aceptara considerar una solicitud del Instituto. Coment&oacute; que as&iacute; se har&iacute;a si &eacute;sta se presentaba antes de un mes. Habl&eacute; por tel&eacute;fono a M&eacute;xico (que no era f&aacute;cil y adem&aacute;s muy caro), pero el Maestro Zubir&aacute;n no estaba en el pa&iacute;s; volv&iacute; con Strid y logr&eacute; que ampliara el plazo a tres meses. Encontr&eacute; al Maestro en Edimburgo, pues asist&iacute;amos al mismo congreso y conversamos de c&oacute;mo hacer la solicitud que se empez&oacute; a preparar mediante sus instrucciones y se remiti&oacute; a los dos d&iacute;as de nuestro regreso; al poco tiempo nos enteramos que se hab&iacute;a concedido la solicitud que se hizo para construir los primeros edificios de investigaci&oacute;n de Nutrici&oacute;n en la ubicaci&oacute;n actual del Instituto. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. El 15 de noviembre de 1964 la tragedia cay&oacute; como un rayo. Despu&eacute;s de asistir en Hermosillo, Son., a una reuni&oacute;n acad&eacute;mica Alfonso Rivera y Chayo, su esposa, y Luis Domenge y Manon su esposa, tomaron un vuelo a Las Vegas donde esperaban disfrutar por unos d&iacute;as. No llegaron, el avi&oacute;n se estrell&oacute; en una colina muriendo todos los pasajeros y la tripulaci&oacute;n. La muerte de dos investigadores ya productivos y formados fue una cuantiosa p&eacute;rdida para Nutrici&oacute;n. En la parte personal fue muy doloroso perder a cuatro amigos muy queridos que dejaron en la orfandad a seis ni&ntilde;os peque&ntilde;os. Con Alfonso y Chayo (hermana de Manuel Campuzano) Socorro y yo &eacute;ramos muy cercanos pues viv&iacute;amos enfrente de ellos y compart&iacute;amos cuidados con los hijos, su transportaci&oacute;n a la escuela, vida social. Resentimos enormemente el fatal accidente y nos llev&oacute; tiempo volver a levantar cabeza. El Maestro Zubir&aacute;n no estaba en M&eacute;xico y cuando se enter&oacute; fue muy afectado; yo saldr&iacute;a para Am&eacute;rica del Sur el 20 de noviembre, por casi cuatro semanas, de modo que no le ver&iacute;a, ya que &eacute;l regresar&iacute;a hasta fines del mes. Le dej&eacute; escrita una carta donde le ped&iacute;a que, ya que hab&iacute;a que tomar decisiones importantes, pudiera esperar a mi regreso pues me interesaba hacerle conocer algunas reflexiones que incid&iacute;an en el desarrollo futuro de la instituci&oacute;n. En Vi&ntilde;a del Mar, Chile, recib&iacute; un telex del Maestro indic&aacute;ndome que esperar&iacute;a a mi regreso. Le propuse que la funci&oacute;n de Alfonso Rivera como Jefe de la Divisi&oacute;n de Ense&ntilde;anza la asumiera Lu&iacute;s S&aacute;nchez Medal, quien era el Jefe de la Divisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n y que yo le sustituir&iacute;a en esta posici&oacute;n y que la funci&oacute;n de Rivera como investigador la asumiera Federico Diez, quien ya hab&iacute;a mostrado capacidad, en tanto surg&iacute;a alguien que diera continuidad al Laboratorio de Agua y Electr&oacute;litos y a la Unidad Metab&oacute;lica permitiendo a Federico ir al extranjero a completar su formaci&oacute;n. En cuanto a Lu&iacute;s Domenge no ve&iacute;a qui&eacute;n pudiera sustituirlo, por lo que ser&iacute;a mejor suspender el Laboratorio de Diabetes hasta tiempos mejores. Le pareci&oacute; bien el planteamiento y as&iacute; se hizo. Yo tendr&iacute;a la oportunidad de impulsar la investigaci&oacute;n en algunas &aacute;reas del Instituto que lo ameritaban. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos planes no prosperaron, pues en 1965, por ah&iacute; de marzo o abril, se inici&oacute; el proceso que me llevar&iacute;a de Nutrici&oacute;n al Instituto de Investigaciones Biom&eacute;dicas de la UNAM, en ese tiempo llamado de Estudios M&eacute;dicos y Biol&oacute;gicos. Era rector de la UNAM el Maestro Ignacio Ch&aacute;vez, quien me pidi&oacute; que le ayudara proporcion&aacute;ndole nombre y curricula de personas que pudiera proponer a la Junta de Gobierno de la Universidad, a fin de designar el nuevo director. Fue un proceso largo y dif&iacute;cil para m&iacute;, pues al rector no le dejaban satisfecho mis propuestas hasta que se revel&oacute;, despu&eacute;s de muchas vueltas, que yo ser&iacute;a el propuesto, el asunto me llev&oacute; a enfrentar al Maestro Zubir&aacute;n, lo cual no fue nada sencillo.<a name="rn4"></a>(<a href="#n4">4</a>)</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el solo mencionar la posibilidad de irme a trabajar a otra instituci&oacute;n le produc&iacute;a profundo y genuino malestar, pues no conceb&iacute;a que hubiera algo comparable a Nutrici&oacute;n, no el de entonces sino el que su gran visi&oacute;n avizoraba para un futuro no muy distante. Mi razonamiento era que ser director de Biom&eacute;dicas representaba una gran oportunidad, dado mi perfil profesional y el tipo de investigaci&oacute;n que llevaba a cabo, ya que se ajustaban mejor a ese escenario, pues en Nutrici&oacute;n "la cobija ya no alcanzaba para taparme", pues el Maestro recib&iacute;a cr&iacute;ticas de dentro y de fuera por permitir "investigaci&oacute;n esot&eacute;rica". Adem&aacute;s ya no cab&iacute;amos en el Departamento de Bioqu&iacute;mica y ser&iacute;a saludable metastatizar Jaime Mora y yo y dejar a Estela S&aacute;nchez y a Chucho Torres al frente del Laboratorio de Enzimolog&iacute;a. Las discusiones fueron frecuentes y largas, con un tono cordial y, a veces, no tanto. Se dieron en su oficina y en la m&iacute;a, en su casa y en mi casa, en su coche y en mi coche, en el club de golf y en... donde se pod&iacute;a. Por fin acept&oacute;, no sin dejar establecido que "mi necedad no ten&iacute;a l&iacute;mites y que comet&iacute;a un error del que habr&iacute;a de arrepentirme". Pero, a pesar de los tintes emocionales no hubo rompimiento, no podr&iacute;a haberlo. S&iacute; me cal&oacute; un comentario afectuoso, que no reproche, de Vita su esposa quien, al poco tiempo de haberme incorporado a la UNAM me dijo: "Que te vas de Nutrici&oacute;n, &iquest;qu&eacute; va a hacer Salvador ahora que le cortaron sus dos brazos?"</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi llegada a Biom&eacute;dicas no fue nada f&aacute;cil, pues hube de resistir la andanada de improperios y actitudes hostiles que me prodigaban el director que me precedi&oacute; y su familia que ah&iacute; laboraba. Lleg&oacute; al extremo de acusarme de que yo "hab&iacute;a regalado a Nutrici&oacute;n un microscopio electr&oacute;nico". Con ese infundio bajo el brazo visitaba a los miembros de la Junta de Gobierno de la UNAM para pedirles mi destituci&oacute;n. No contaba con que mi Maestro Zubir&aacute;n no iba a dejar que empujaran a su muchacho, as&iacute; nom&aacute;s. El Maestro, provisto de informaci&oacute;n fidedigna, tambi&eacute;n hizo su recorrido con los miembros de la Junta de Gobierno, algunos de ellos amigos suyos. El rector Javier Barros Sierra, quien me apoy&oacute; sin reservas, cort&oacute; por lo sano y record&oacute; a la Junta que s&oacute;lo puede hacer suyos los problemas que le somete el rector y que la querella de Biom&eacute;dicas era un asunto que le era perfectamente conocido y que hab&iacute;a planteamientos para su soluci&oacute;n. <i>Ese episodio puso de manifiesto el esp&iacute;ritu combativo del Maestro si de defender causas justas se trataba; ganaba las peleas con argumentaci&oacute;n contundente y su gran autoridad moral.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. En 1971 pas&eacute; a ser Coordinador de la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica de la UNAM. En agosto de 1972 el Maestro Zubir&aacute;n me invit&oacute; a reintegrarme a Nutrici&oacute;n como subdirector, con la idea de que, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, me propondr&iacute;a a la Junta Directiva de la instituci&oacute;n para que fuera su director. Lo mucho que ya se hab&iacute;a desarrollado la investigaci&oacute;n en el Instituto hac&iacute;a viable mi designaci&oacute;n en ese puesto. Claro que me sent&iacute; atra&iacute;do y le acept&eacute; de inmediato. Sin embargo, le ped&iacute; que me diera tiempo pues la UNAM estaba inmersa en un grave conflicto (aquel infausto episodio de Falc&oacute;n y Castro Bustos) y yo pensaba que no era conveniente mi salida en esas condiciones. El Maestro decidi&oacute; que esperar&iacute;a, pero la situaci&oacute;n se complic&oacute;, pues en octubre irrumpi&oacute; el sindicalismo universitario, lo que prolong&oacute; la interrupci&oacute;n de actividades y empeor&oacute; la situaci&oacute;n. Renunci&oacute; el rector Gonz&aacute;lez Casanova y mis posibilidades para sucederlo fueron creciendo. En la entrevista que me hizo la Junta de Gobierno el 22 de diciembre de 1972 pareci&oacute; claro, por lo menos a m&iacute;, que no me escoger&iacute;an dada mi argumentaci&oacute;n de c&oacute;mo enfrentar la intrincada problem&aacute;tica universitaria. Por eso ped&iacute; a Gregorio Pantoja, mi chofer en ese entonces, que recogiera mis libros en la Coordinaci&oacute;n de Ciencias y los llevara a la oficina que me hab&iacute;a asignado el Maestro en Nutrici&oacute;n. Yo tomaba unos merecidos d&iacute;as de descanso en Morelia y P&aacute;tzcuaro y, a mi regreso, ya se habr&iacute;a designado rector, lo que determinaba un nuevo coordinador y, por tanto, yo estar&iacute;a liberado para irme a Nutrici&oacute;n. Por la v&iacute;a telef&oacute;nica, gente bien informada me hac&iacute;a saber, d&iacute;a con d&iacute;a, que ante los miembros de la Junta de Gobierno de la UNAM mis posibilidades aumentaban. Ya en la ciudad de M&eacute;xico, el 31 de diciembre, supe que s&oacute;lo qued&aacute;bamos dos finalistas y el d&iacute;a 2 de enero un miembro de la Junta me aconsej&oacute; que me pusiera a escribir mi discurso, pues seguramente ser&iacute;a escogido. Fui designado el 3 de enero y mi problema era, entre muchos y grandes, c&oacute;mo explicar la situaci&oacute;n al Maestro Zubir&aacute;n. Le ped&iacute; a Ram&oacute;n de la Fuente, miembro de la Junta, que me acompa&ntilde;ara a ver al Maestro, temprano al d&iacute;a siguiente, antes de mi primera reuni&oacute;n de trabajo con la Junta en casa de Emilio Rosenblueth. Mi sorpresa fue grande pues el Maestro nos esperaba rodeado de la plana mayor de Nutrici&oacute;n. No me dej&oacute; hablar, ni siquiera hubiera podido hacerlo, pues la emoci&oacute;n ahogaba mi voz, sobre todo despu&eacute;s de escuchar la hermosa arenga con la que sancion&oacute; mi designaci&oacute;n y termin&oacute; diciendo: "&iexcl;Todos estamos detr&aacute;s del rector!" En mi libro Tres rectores vistos por un rector <a name="rn5"></a>(<a href="#n5">5</a>) doy cuenta detallada de esta inolvidable vivencia. Lo que de ah&iacute; surgi&oacute; fueron ocho a&ntilde;os apretados de dificultades, superaci&oacute;n de problemas, algunos descalabros, numerosas recompensas, en fin, la &eacute;poca m&aacute;s entra&ntilde;able de mi vida. Y a todo lo largo siempre junto al Maestro Zubir&aacute;n, siempre deseoso de recibir sus sabios consejos que nunca ha dejado de prodigarme.<a name="rn6"></a>(<a href="#n6">6</a>)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino por reafirmar lo mucho que ha contado en mi vida haber estado cerca del Maestro Zubir&aacute;n durante cuatro d&eacute;cadas, por lo que pude aprovechar sus grandes ense&ntilde;anzas, no s&oacute;lo en medicina, sino, en general, en la vida misma. Mi finada esposa Socorrito, las comparti&oacute; y como yo, las disfrut&oacute; plenamente. Esta relaci&oacute;n se extendi&oacute; a Vita y a Mar&iacute;a Luisa, su primera y su segunda esposas, respectivamente. Tambi&eacute;n con sus hijos y sus c&oacute;nyuges.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Maisterrena, su yerno casado con Gloria su hija mayor, quien fue m&eacute;dico de Nutrici&oacute;n durante muchos a&ntilde;os, hasta su fallecimiento con frecuencia me llamaba "cu&ntilde;ado" implicando mi relaci&oacute;n filial con su suegro. Con el Maestro muchos viajes hicimos en M&eacute;xico y a otros pa&iacute;ses. Me acompa&ntilde;&oacute;, en octubre de 1986, en que recib&iacute; el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Salamanca, por cierto, la v&iacute;spera de la ceremonia le avisaron que el Senado de la Rep&uacute;blica le hab&iacute;a otorgado la presea Belisario Dom&iacute;nguez, por lo que regres&oacute; a M&eacute;xico presuroso inmediatamente despu&eacute;s de la ceremonia. Me correspondi&oacute; coordinar el programa para celebrar sus cien a&ntilde;os de edad en un comit&eacute; que presidi&oacute; Juan Ram&oacute;n de la Fuente, Secretario de Salud y tambi&eacute;n la colecci&oacute;n editorial conmemorativa. Asisti&oacute; al homenaje que le tribut&oacute; la UNAM llevado en una ambulancia y asistido por dos residentes de Nutrici&oacute;n, pues se rebel&oacute; con vehemencia a las indicaciones m&eacute;dicas que le prohib&iacute;an salir de su internamiento en Nutrici&oacute;n. Tres d&iacute;as antes de su fallecimiento el 10 de junio de 1998 Socorro y yo est&aacute;bamos en Nueva Orleans, donde fuimos avisados de que se esperaba pronto un desenlace fatal. Pudimos regresar de inmediato, cuando ya estaba en un letargo no muy profundo, pues cuando se le dijo que ya estaba ah&iacute; me apret&oacute; la mano y al susurrarle al o&iacute;do remembranzas de nuestras andanzas juntos esbozaba una sonrisa y asent&iacute;a con la cabeza. Pronto entr&oacute; en coma y expir&oacute; sin aparente sufrimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ca&iacute;a, as&iacute;, aquel robusto &aacute;rbol a&ntilde;oso cuya sombra protectora me refugi&oacute;, como a tantos otros. Alguna vez mencion&eacute;: "A lo largo de su fruct&iacute;fera vida se ha prodigado, pues ha sido maestro de muchos, pero puedo ufanarme en decir que de ese maestro yo he tenido m&aacute;s, pero mucho m&aacute;s que muchos otros".<a name="rn7"></a>(<a href="#n7">7</a>)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino por recordar la dedicatoria que escrib&iacute; al libro "Sober&oacute;n, dentro y fuera de la Universidad" que edit&oacute; la UNAM en 1992: "Con afecto al maestro Zubir&aacute;n, con quien he estado estrechamente vinculado durante toda mi vida profesional de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, simboliza e idealiza las muchas personas de quienes he aprendido lo que s&eacute; y he sabido hacer. Su existencia, plena de vitalidad, es un paradigma de un gran m&eacute;dico y de un hombre de bien".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ric/v58n4/a12s1.jpg">As&iacute; nombraba Cohen a la gesti&oacute;n acad&eacute;mico&#150;administrativa que implica ser Jefe de Departamento o de una jerarqu&iacute;a mayor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ric/v58n4/a12s2.jpg">"Haber convivido con Ignacio Ch&aacute;vez fue un deleite espiritual; haber conocido y revisado su obra ha sido aleccionador, haber participado <i>in <b>vivo </b></i>e <i>in <b>vitro </b></i>en su gesti&oacute;n como rector es una c&aacute;tedra suprema". Guillermo Sober&oacute;n: Ignacio Ch&aacute;vez, Rector de la UNAM, en Cuauhtemoc Vald&eacute;s Olmedo. Ignacio Ch&aacute;vez a cien a&ntilde;os de su nacimiento. M&eacute;xico. El Colegio Nacional, p 123. (Ep&iacute;grafe del texto presentado en el homenaje de la UNAM con motivo del centenario de su natalicio). <b>NOTA: </b>la expresi&oacute;n <b><i>in vitro </i></b>quiso hacer referencia al conocimiento de Ignacio Ch&aacute;vez a trav&eacute;s de sus escritos y fama p&uacute;blica, mientras que <i>in <b>vivo </b></i>es para explicar la apreciaci&oacute;n de Ch&aacute;vez por medio de una interacci&oacute;n directa con la persona: relaci&oacute;n rector/director y relaci&oacute;n exrector/rector, discusiones, problemas comunes, conferencias, etc.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n1"></a>1. Ya he explicado antes que, en 1986, el Maestro me hizo el honor de pedirme que nos tute&aacute;ramos por eso el anacronismo que espero, se me entienda, porque me qued&oacute; la ilusi&oacute;n de que nuestra relaci&oacute;n siempre se dio tan intensa como termin&oacute; en virtud de su deceso. <font size="1"><a href="#rn1">REGRESAR</a></font> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n2"></a>2. As&iacute; se refiri&oacute; a Nutrici&oacute;n Jes&uacute;s Kumate en el tiempo que fue Secretario de Salud. <font size="1"><a href="#rn2">REGRESAR</a></font></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n3"></a>3. Alfonso Rivera, quien hab&iacute;a sido mi compa&ntilde;ero de cuarto en la residencia en Nutrici&oacute;n, regres&oacute; a M&eacute;xico despu&eacute;s de una estancia posdoctoral en Bethesda, MD. &Eacute;l fue incorporado, adem&aacute;s de sus propias ocupaciones, a la &eacute;gida inmediata del Maestro, de modo que compart&iacute;amos esa relaci&oacute;n estrecha. Se comentaba que &eacute;l y yo &eacute;ramos los brazos del Maestro Zubir&aacute;n, lo cual tra&iacute;a consigo que se nos viera, por algunos, con cierta animadversi&oacute;n. Yo le dec&iacute;a con sorna a Rivera "Te queda bien a ti ser el brazo derecho por mocho (que no lo era) y a m&iacute; me queda bien ser el izquierdo por liberal" (que s&iacute; lo era). <font size="1"><a href="#rn3">REGRESAR</a></font> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n4"></a>4. "Nutrici&oacute;n en cuatro etapas de mi casi cincuentenaria vida profesional", en Salvador Zubir&aacute;n, 1898&#150;1998. Tomo IV, Testimonios, pp 437&#150;448. Cuauhtemoc Vald&eacute;s Olmedo (editor). M&eacute;xico, UNAM, SSA, INCMSZ, FUNSALUD, 1998. <font size="1"><a href="#rn4">REGRESAR</a></font> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n5"></a>5. Sober&oacute;n, Guillermo. Tres rectores vistos por un rector. M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Sociedad de Ex&#150;Alumnos de la Facultad de Ingenier&iacute;a y El Colegio Nacional, 1984 <font size="1"><a href="#rn5">REGRESAR</a></font> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n6"></a>6. Ibid. <a href="#rn6"><font size="1">REGRESAR</font></a> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="n7"></a>7. P&aacute;rrafo final de Salvador Zubir&aacute;n en mis cinco d&eacute;cadas en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, en Hombres de la salud en M&eacute;xico, <i>Cuadernos FUNSALUD, </i>No. 3, p. 68, M&eacute;xico, 1993. <a href="#rn7"><font size="1">REGRESAR</font></a> </font></p>      ]]></body>
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