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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Editorial</b></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su fundaci&oacute;n, la Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM ha contado con la colaboraci&oacute;n editorial del editor en jefe, quien en cada n&uacute;mero aborda uno de los asuntos que interesan a la comunidad estudiantil, a la comunidad m&eacute;dica o al p&uacute;blico en general.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta nueva etapa de nuestra Revista, se ha considerado conveniente extender una invitaci&oacute;n a distinguidos miembros de la comunidad universitaria, maestros, investigadores, escritores, etc., para que redacten el texto de la Editorial; &eacute;sta decisi&oacute;n abrir&aacute; las puertas a nuevas visiones acerca de nuestra Revista, permitir&aacute; que se expresen otras opiniones y seguramente ser&aacute; de inter&eacute;s para todos los lectores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El editor invitado de este n&uacute;mero es una de las personalidades m&aacute;s importantes en la Medicina mexicana, el doctor Ruy P&eacute;rez Tamayo, quien representa todo lo que un estudiante de medicina o un m&eacute;dico puede desear para su vida profesional: es un m&eacute;dico brillante, investigador de talla internacional, escritor prol&iacute;fico, conferencista magistral, analista de la realidad nacional, magn&iacute;fico conversador, en&oacute;logo experto y gourmet amateur; ha recibido numerosos premios y reconocimientos, y es doctor <i>Honoris Causa</i> de muchas universidades; debido a que en &eacute;sta &eacute;poca del a&ntilde;o es cuando se celebra la mayor parte de los congresos m&eacute;dicos, escribi&oacute; este editorial al respecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta Revista est&aacute; abierta a sugerencias respecto a futuros colaboradores como editorialistas invitados.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Dr. Rafael &Aacute;lvarez Cordero</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Editor</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Los congresos m&eacute;dicos</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los congresos m&eacute;dicos han cambiado sus funciones a lo largo del tiempo. En sus principios, ten&iacute;an como objetivo primario la comunicaci&oacute;n de las ideas y de los avances en la profesi&oacute;n, tanto en lo conceptual como en la experiencia cl&iacute;nica, diagn&oacute;stica o terap&eacute;utica. Eran organizados por las diferentes sociedades m&eacute;dicas nacionales e internacionales, y su financiamiento corr&iacute;a por cuenta de los asistentes, que acud&iacute;an atra&iacute;dos por la oportunidad de escuchar a las grandes figuras del momento disertar sobre los temas de mayor actualidad. El p&uacute;blico no era muy numeroso y su participaci&oacute;n activa era muy escasa; la mayor&iacute;a se limitaba a escuchar las conferencias magistrales y a conversar informalmente con colegas sobre distintos temas, sin la pretensi&oacute;n de disertar en las sesiones o de presentar sus observaciones en forma de trabajos formales. Con el desarrollo progresivo de la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica, sobre todo en Europa en el siglo XVIII, los congresos m&eacute;dicos empezaron a cambiar poco a poco en su estructura, sin abandonar su inter&eacute;s primario en la difusi&oacute;n de los nuevos conocimientos: conservando la prioridad de las conferencias magistrales, al mismo tiempo se abri&oacute; un nuevo tipo de participaci&oacute;n para los asistentes voluntarios, a los que se asignaban espacios breves para la presentaci&oacute;n de sus ideas y experiencias, casi siempre en forma de discusiones de mesa redonda. Era frecuente que en tales actividades participaran sobre todo los profesores de las escuelas de medicina y los jefes de servicio de los grandes hospitales, y que el p&uacute;blico estuviera conformado principalmente por sus respectivos estudiantes y asistentes. Los congresos m&eacute;dicos de Francia y Alemania conservaron esta estructura durante casi todo el siglo XVIII y parte del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el desarrollo de nuevos medios de comunicaci&oacute;n, como las publicaciones peri&oacute;dicas, el tel&eacute;fono y el tel&eacute;grafo, junto con una mayor movilidad de la poblaci&oacute;n, los congresos m&eacute;dicos dejaron de ser la forma principal de adquisici&oacute;n de nuevos conocimientos, y aunque conservaron sus funciones educativas, las novedades m&eacute;dicas empezaron a difundirse y a conocerse m&aacute;s r&aacute;pidamente trav&eacute;s de los nuevos medios. Adem&aacute;s, los congresos empezaron a concederle cada vez mayor espacio a los trabajos de los asistentes, quienes a su vez prefer&iacute;an aquellas reuniones en las que pod&iacute;an participar activamente. Otros dos elementos que se desarrollaron r&aacute;pidamente a fines del siglo XIX y principios del siglo XX contribuyeron a esta metamorfosis: el aumento progresivo en el n&uacute;mero de m&eacute;dicos investigadores, b&aacute;sicos y cl&iacute;nicos, en todo el mundo occidental, y el crecimiento paralelo de los intereses econ&oacute;micos de las empresas comerciales relacionadas con la medicina. A mediados del siglo XX los congresos m&eacute;dicos ya hab&iacute;an adquirido nuevos objetivos, que no s&oacute;lo igualaron sino que reemplazaron a los iniciales, principalmente dirigidos a la difusi&oacute;n de los avances del conocimiento. Se hicieron prioritarios los intereses en la promoci&oacute;n del prestigio de los investigadores, en la prioridad de los descubrimientos cient&iacute;ficos y de los avances diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos, en la introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as y de nuevas drogas. Las exposiciones comerciales crecieron explosivamente, tanto en tama&ntilde;o como en inversi&oacute;n, y empezaron a participar en el financiamiento de distintos aspectos de los congresos m&eacute;dicos. En los a&ntilde;os ochenta del siglo XX yo asist&iacute; a un congreso en los Estados Unidos en el que hab&iacute;a 12,000 participantes, 4,000 de ellos eran miembros de las empresas comerciales; se presentaron 3,200 trabajos cient&iacute;ficos y se expusieron 2,700 carteles (entre ellos, el m&iacute;o).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el mayor desarrollo de los medios de comunicaci&oacute;n actuales, especialmente los electr&oacute;nicos, la difusi&oacute;n de la informaci&oacute;n cient&iacute;fica m&eacute;dica ya no se hace en los congresos m&eacute;dicos. Y sin embargo, &eacute;stos se siguen celebrando ahora con una estructura compleja que ya no se parece en nada a la que ten&iacute;an sus antecesores. Creo que la mejor forma de conservar los aspectos positivos de los congresos m&eacute;dicos (y evitar hasta donde sea posible los aspectos negativos), es haci&eacute;ndolos breves, con poca gente (todos buenos amigos) y con un solo tema, en sitios agradables, con frecuencia anual o bienal, y sin financiamiento por intereses comerciales.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>Por mi raza hablar&aacute; el esp&iacute;ritu</i> </font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ruy P&eacute;rez Tamayo<sup>a</sup> </b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Editorialista invitado</font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>a</sup>Departamento de Medicina Experimental, Facultad de Medicina. UNAM.</font></p>      ]]></body>
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