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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Actividades acad&eacute;micas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El m&eacute;dico general en la medicina del futuro<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>The General Physician, Essential Actor in the Medicine of the Future</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Julio Sotelo**</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Conferencia Magistral Ignacio Ch&aacute;vez.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Acad&eacute;mico Titular.</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Correspondencia y solicitud de sobretiros: </b>    <br>     <i>Instituto Nacional de Neurolog&iacute;a,     <br> Insurgentes Sur No. 3877 Col. La Fama     <br> 14269 M&eacute;xico, D.F.    <br>   </i><i>Tel. 5606&#150;4782 </i>    <br> e&#150;mail.: <a href="mailto:jsotelo@servidor.unam.mx">jsotelo@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica, se&ntilde;or presidente de la Academia Nacional de Medicina, distinguidas autoridades de las instancias de salud, investigaci&oacute;n y ense&ntilde;anza superior m&aacute;s importantes de nuestro pa&iacute;s, se&ntilde;ores acad&eacute;micos, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ser invitado a participar en la Conferencia Ignacio Ch&aacute;vez es un gran honor que debo no a mis m&eacute;ritos sino a la generosa disposici&oacute;n de la Mesa Directiva de la Academia Nacional de Medicina. Mis m&aacute;s expresivas gracias por este privilegio. En esta tribuna, donde desde hace 140 a&ntilde;os se re&uacute;ne lo mejor del talento m&eacute;dico mexicano convoco a los grandes m&eacute;dicos que nos precedieron, principalmente al Maestro Ignacio Ch&aacute;vez, a que me presten algo de su inspiraci&oacute;n para que esta noche, diga yo, en su memoria, algo que tenga alguna relevancia para los m&uacute;ltiples pendientes que agobian a la medicina de nuestros d&iacute;as.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siendo muchos los beneficios que la ciencia y la tecnolog&iacute;a han aportado al bienestar humano, es en la medicina, con mucho, donde ha cristalizado el mejor de todos y esto, no es una propuesta pretenciosa sino un hecho contundente. En buena parte, la medicina ha sido el vector de que ahora el ser humano moderno, por primera vez en su de venir de 40,000 a&ntilde;os viva dos vidas. Esto, que es ya parte de nuestra cotidianeidad ha ocurrido sigilosamente, sin mayores aspavientos, pr&aacute;cticamente sin darnos cuenta, sin siquiera ser noticia ef&iacute;mera de peri&oacute;dico; si todav&iacute;a mantuvi&eacute;ramos la capacidad de la perplejidad, &#150;que el hombre moderno ha perdido irremisiblemente,&#150; celebrar&iacute;amos interminablemente el hecho de que han ocurrido cosas tan importantes para la vida y la salud del ser humano. Pienso que si esto hubiera sucedido en el siglo XVIII todos los d&iacute;as nos despertar&iacute;amos hablando de ello con gran sorpresa y asombro indefinibles; pero le ocurri&oacute; al hombre del siglo XX que ha mermado progresivamente su capacidad de impresionarse y s&oacute;lo ha incorporado los beneficios que la medicina moderna le ha tra&iacute;do como una m&aacute;s de sus muchas realidades, para sumar a su habitual bagage cotidiano sus nuevas y espl&eacute;ndidas circunstancias vitales y de salud. Hace s&oacute;lo 100 a&ntilde;os el promedio de vida al nacer era cercano a los 35 a&ntilde;os, as&iacute; era y as&iacute; hab&iacute;a sido a lo largo de los siglos, sin grandes diferencias geogr&aacute;ficas, ni sociales ni siquiera econ&oacute;micas, elemento que es ahora el motor de casi todas nuestras acciones. Estas cifras, de una expectativa promedio de supervivencia que alcanzaba s&oacute;lo hasta etapas tempranas de la edad adulta, aplicaban en forma similar desde a los reyes y soberanos hasta sus subditos, m&aacute;s o menos igual entre ricos y cultos que entre pobres e ignorantes. Y es que la medicina, por s&iacute; misma casi no curaba nada, un simple dolor de cabeza era un desaf&iacute;o sin soluci&oacute;n contundente, ya no digamos todas las dem&aacute;s enfermedades Hist&oacute;ricamente, llegar a viejo era un privilegio reservado a unos cuantos. Ahora, cualquier ni&ntilde;o que naci&oacute; el d&iacute;a de hoy, a excepci&oacute;n de lugares muy desprotegidos, tiene la razonable aspiraci&oacute;n a vivir una larga vida y a morir de viejo, es decir, en promedio va a vivir dos vidas, la que le tocaba como miembro de la familia de primates <i>homo&#150;sapiens sapiens </i>con un promedio ecol&oacute;gico de 35 a&ntilde;os y la que le toca ahora de 35 a&ntilde;os adicionales s&oacute;lo por el hecho de haber nacido en estos nuestros tiempos prodigiosos en donde el talento, la imaginaci&oacute;n y el m&eacute;todo cient&iacute;fico aplicados a la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica han revelado misterios y creado un portentoso armamentario de conocimientos que en su aplicaci&oacute;n m&aacute;s generosa, que es en las ciencias de la vida, le han obsequiado al ser humano la maravilla de contender exitosamente con m&uacute;ltiples vicisitudes que eran habitual causa de enfermedad, sufrimiento y muerte temprana. Todas ellas presentes y asechando pr&aacute;cticamente desde el nacimiento. La medicina moderna ha rendido cuentas que van m&aacute;s, mucho m&aacute;s all&aacute; de lo esperado o calculado hace apenas unas cuantas decenas de a&ntilde;os. Quien sabe cuanto dinero se ha invertido en investigaci&oacute;n biom&eacute;dica, pero lo que se haya invertido es poco, muy poco para los dividendos obtenidos. Ning&uacute;n otro oficio, ninguna otra profesi&oacute;n ha traducido sus afanes a t&eacute;rminos tan contundentes, tan valiosos, tan apreciados tan objetivos, como la extensi&oacute;n de la vida misma hasta l&iacute;mites que no requieren mayor explicaci&oacute;n que la simple suma de dos d&iacute;gitos. Ahora pensamos, y con buenos fundamentos, que con un esfuerzo cient&iacute;fico adicional podremos, en un plazo razonable, llegar a sumar tres d&iacute;gitos, es decir, alargar la expectativa de sobreviva saludable a una cifra cercana a los 100 a&ntilde;os. La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, fuente de estos portentos y expectativas seguir&aacute; rindiendo magn&iacute;ficos resultados, posiblemente lo alcanzaremos a ver en nuestro propio periodo vital.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta se&ntilde;orial tribuna, desde el siglo XIX se han analizado todos los avances y se han discutido apasionadamente todos los momentos fascinantes que ha vivido la medicina contempor&aacute;nea al crear, durante su &eacute;poca de oro a trav&eacute;s del siglo XX un nuevo panorama. Casi cada semana, desde hace una centena de a&ntilde;os, en las tradicionales sesiones de la Academia de los mi&eacute;rcoles nos sorprendemos y entusiasmamos con los avances cient&iacute;ficos que aqu&iacute; se discuten y r&aacute;pidamente se incorporan a la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica para hacernos cada vez m&aacute;s competentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sirva lo dicho para ponderar, sin falsas presunciones la espl&eacute;ndida labor que la medicina moderna ha realizado. Pero la intenci&oacute;n de mi intervenci&oacute;n esta noche no es de manera alguna alimentarla soberbia y la autocomplacencia. Nada m&aacute;s lejano a mi intenci&oacute;n, que servir de heraldo y convocar triunfalismos en una profesi&oacute;n donde todo triunfo es pasajero y la muerte y el sufrimiento siguen teniendo la &uacute;ltima palabra. El reconocimiento de los logros indiscutibles de la medicina moderna debe, creo yo, servir de fortaleza inicial para que, con una buena dosis de humildad,&#150;cualidad que no se nos da a los m&eacute;dicos frecuentemente&#150;analizamos los complicados panoramas que ahora tenemos que enfrentar. Estos panoramas desaf&iacute;an a la estructura e imagen misma de nuestra profesi&oacute;n ante la sociedad y demandan, como siempre, lo mejor de nuestro talento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del siglo pasado se inici&oacute;, como era de esperarse a partir de la multiplicaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico, una necesaria divisi&oacute;n de labores y el nacimiento de las especialidades m&eacute;dicas fue una consecuencia natural de la introducci&oacute;n impetuosa de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en una profesi&oacute;n legendariamente parsimoniosa, humanista, afectuosa, hol&iacute;stica, pragm&aacute;tica y tambi&eacute;n, hasta estos d&iacute;as, profundamente ineficiente. Debemos reconocer que hasta el siglo XIX en el mejor de los casos el m&eacute;dico s&oacute;lo consolaba y acompa&ntilde;aba al enfermo y le ofrec&iacute;a, en sus mejores intervenciones, la psicoterapia y el placebo. Ambas, hasta nuestros d&iacute;as no son armas terap&eacute;uticas menores y siguen siendo fuente de &eacute;xitos m&eacute;dicos; pero hay que recordar que no hab&iacute;a analg&eacute;sicos, antibi&oacute;ticos, sedantes, antidepresivos, vacunas, transplantes, laboratorios, estudios de imagen. Para no alargar la lista, no hab&iacute;a ni los m&aacute;s elementales recursos que ahora usamos cotidianamente. Repito, s&oacute;lo hab&iacute;a psicoterapia y placebo; aunados a otras terapias efectivas, pero subjetivas, como son atenci&oacute;n, afecto, buenos modos, imagen de sapiencia, trato gentil y cobros modestos. El m&eacute;dico transportaba en su peque&ntilde;o malet&iacute;n todo su armamentario diagn&oacute;stico y terap&eacute;utico. El mismo m&eacute;dico atend&iacute;a a su paciente desde el nacimiento hasta su muerte con la misma terap&eacute;utica, que ten&iacute;a pocos elementos y mucha presencia personal, casualmente ahora es al rev&eacute;s, tenemos muchos elementos y poca presencia personal, pero de esto luego hablamos. Dec&iacute;a yo que el r&aacute;pido e incontenible descubrimiento de medicamentos eficaces, conocimientos fisiol&oacute;gicos sorprendentes y nuevos m&eacute;todos diagn&oacute;sticos de precisi&oacute;n hizo imposible el dominio de la ciencia m&eacute;dica integral. Si el m&eacute;dico quer&iacute;a aplicar y manejar el creciente conocimiento ten&iacute;a que especializarse, no hab&iacute;a otro camino, no hab&iacute;a elecci&oacute;n posible. As&iacute; naci&oacute; una nueva y tremendamente eficaz &eacute;poca en la medicina, la era de la especializaci&oacute;n, que vio sus mejores tiempos a mediados del siglo XX, en ella se delimitaron los conocimientos por &oacute;rganos y sistemas, por g&eacute;nero, por edad, por ocupaci&oacute;n y as&iacute;, entusiastamente cada quien escogimos nuestro territorio para dominarlo y aplicarlo con eficiencia, prestancia y conocimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta Academia fue testigo y protagonista en la di&aacute;spora de la medicina, que ofrec&iacute;a, y cumpli&oacute;, el dominio del arte m&eacute;dico y quir&uacute;rgico aplicando el m&eacute;todo cient&iacute;fico y sometiendo las enfermedades al riguroso enfoque reduccionista que ha sido, seg&uacute;n el laureado Peter Medawar, el m&aacute;s astuto m&eacute;todo de investigaci&oacute;n jam&aacute;s dise&ntilde;ado. El dominio gremial y fraccionado, ya no individual del conocimiento vigente, y de esta forma el abordaje consistente del espectro complicad&iacute;simo de la biolog&iacute;a y la patolog&iacute;a del ser humano el animal m&aacute;s complejo del mundo conocido, fue metodol&oacute;gicamente sectorizado para ser abordado por un eficient&iacute;simo grupo de expertos que disecar&iacute;an sus constantes y sus variables fisicoqu&iacute;micas y biol&oacute;gicas; primero, para conocer su fenomenolog&iacute;a integradora; despu&eacute;s, para conocer sus desviaciones y finalmente, para dise&ntilde;ar los correctivos a estas desviaciones. No hab&iacute;a de otra, para conocer y tratar al ni&ntilde;o hab&iacute;a que formarse y entrenarse como pediatra, nada que ver con su opuesto, el geriatra; para atender al ri&ntilde;on sin distracciones hab&iacute;a que serur&oacute;logo o bien nefr&oacute;logo; para el cerebro, psiquiatra o neur&oacute;logo, pero para operario, neurocirujano. As&iacute; la lista creci&oacute; grande. S&oacute;lo hay que revisar los sitiales que tiene designados esta Academia a personajes de la m&aacute;xima distinci&oacute;n en cada una de las especialidades que hemos concebido y que han sido protagonistas en los sonados &eacute;xitos de la medicina. Despu&eacute;s de esta diaspora inicial, como consecuencia del devenir natural de esta espl&eacute;ndida concepci&oacute;n naci&oacute; otro vastago, no muy planeado ni bien acotado como su predecesor, pero de todas formas bienvenido y necesario: el s&uacute;per&#150;especialista. La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica contin&uacute;a y el conocimiento se expande cotidianamente, s&oacute;lo hay que ver que hay 6,000 revistas cient&iacute;ficas mensuales que presentan las miles de novedades, que hemos de incorporar regularmente a nuestro acerbo para practicarla medicina de acuerdo a &oacute;ptimos est&aacute;ndares de ejercicio profesional. Este progreso cient&iacute;fico de la medicina, ahora ya incontenible, cre&oacute; y consolid&oacute; este reciente modelo, el s&uacute;per especialista. Para dar un ejemplo en mi oficio ahora ya no basta ser neur&oacute;logo, se puede ser epilept&oacute;logo pero no necesariamente epilept&oacute;logo general, se puede ser epilept&oacute;logo experto en crisis miocl&oacute;nicas, pero no s&oacute;lo en ellas sino experto en crisis miocl&oacute;nicas juveniles relacionadas con el cromosoma 6. Ahora, ser inmun&oacute;logo como tal, no dice mucho, se puede ser complement&oacute;logo, pero experto en la fracci&oacute;n C3, o linfocin&oacute;logo experto en la interlucina 6. Tanto hay descubierto y tanto por descubrir en asuntos puntuales de la ciencia, que dedicar toda la vida a una dolencia o a una mol&eacute;cula o a un gen parece razonable y ocupaci&oacute;n indudablemente de tiempo completo. Es tanto lo que hay que saber y la cantidad de informaci&oacute;n tan vasta y profunda, que un interesante dilema ha ocurrido y que ahora nos tiene en aprietos no sospechados durante nuestra alegre repartici&oacute;n de territorios; la ciencia m&eacute;dica, como tal, ha evolucionado y crecido en solo cien a&ntilde;os a niveles espectaculares y en forma logar&iacute;tmica para generar billones de datos, y m&aacute;s a&uacute;n, crecer&aacute; con mayor ritmo en los a&ntilde;os porvenir. Para concebir, analizar seleccionar y aprovechar esta informaci&oacute;n solo contamos con el cerebro humano, que a su vez ha evolucionado pausadamente en 6 millones de a&ntilde;os que nos llev&oacute; diferenciarnos de nuestros compa&ntilde;eros de escala filogen&eacute;tica dentro de la familia de los primates, a la que desde luego, todav&iacute;a pertenecemos. De esta forma, la informaci&oacute;n cient&iacute;fica evoluciona y aumenta por minuto, mientras que su efector y usuario &uacute;nico, el cerebro humano, no ha cambiado sensiblemente en los &uacute;ltimos 8,000 a&ntilde;os de evoluci&oacute;n diferenciada en que tenemos evidencia de que iniciamos la g&eacute;nesis de sociedades organizadas y la elaboraci&oacute;n de herramientas. Tampoco hay raz&oacute;n alguna para pensar que en los pr&oacute;ximos 1,000 a&ntilde;os el cerebro humano vaya a cambiar sensiblemente en sus capacidades o en sus limitaciones. Este nuevo acertijo trae m&uacute;ltiples elementos de reflexi&oacute;n en una profesi&oacute;n en donde la integridad del ser humano y de sus pesares no pueden, en la visi&oacute;n final, ser subdivididos en sus mol&eacute;culas integrantes. La &eacute;tica y la deontolog&iacute;a, b&aacute;sales inalienables del actuar cotidiano de la medicina, como el segundo oficio m&aacute;s antiguo de la humanidad, simplemente no lo permiten. En t&eacute;rminos cibern&eacute;ticos contempor&aacute;neos, la pr&aacute;ctica de la buena medicina est&aacute; metida en un l&iacute;o, el &lt;&lt;software&gt;&gt; crece ilimitadamente mientras el &lt;&lt;hardware&gt;&gt; se mantiene igual e inalterable, nuestro cerebro no aumenta ni aumentar&aacute;, hagamos lo que hagamos, ni en capacidad ni en velocidad. Dentro de esta paradoja novedosa y sorprendente es que la medicina tendr&aacute; que dise&ntilde;ar sus nuevos paradigmas para encontrar el equilibrio necesario entre sus valores ancestrales irrenunciables y sus novedades cotidianas, raz&oacute;n de &eacute;xitos invaluables y desde luego, tambi&eacute;n irrenunciables.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante nuestra natural fascinaci&oacute;n por la creciente eficiencia de la medicina, no notamos en esas &eacute;pocas, que a cambio de ser m&aacute;s eficientes tendr&iacute;amos el riesgo de trastocar el principio b&aacute;sico del antiguo arte de la medicina, de ver al enfermo no como un ser humano padeciente de un determinado mal funcionamiento en su h&iacute;gado sino como un h&iacute;gado disfuncional en el interior de un sujeto. No lo notamos mucho y de todas formas tampoco importaba mucho el m&eacute;todo, siempre y cuando el resultado fuera satisfactorio, como frecuentemente lo era.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El impacto de la ciencia en la medicina nos gui&oacute;, ahora vemos que inadecuadamente, a creer que el reduccionismo nos llevar&iacute;a en todos los casos a &eacute;xitos sin l&iacute;mite y que la especializaci&oacute;n no era, UNA forma de ejercerla medicina, sino LA forma de ejercer la medicina; en la traslocaci&oacute;n de estos dos art&iacute;culos, uno definido por uno indefinido radica, aparentemente, un gran error conceptual que debe ser urgentemente corregido. No vaya a ser que ahora, que la medicina es cient&iacute;ficamente tan exitosa se vaya a tornar en manantial interminable de quejas, frustraci&oacute;n y decepci&oacute;n por aquel que es nuestra raz&oacute;n de ser, <i>el enfermo.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Porqu&eacute; es que ahora, que por fin curamos incontables enfermedades, que somos agentes indiscutibles de alivio y supervivencia y que hacemos diagn&oacute;sticos impresionadamente acertados tenemos que enfrentar cr&iacute;ticas sociales intensas?; &iquest;porqu&eacute; tenemos que contestar con frecuencia inusual demandas legales?; &iquest;porqu&eacute; es que las vocaciones para estudiar medicina van en descenso?, &iquest;porqu&eacute; es que un n&uacute;mero creciente de pacientes ven con recelo y perspicacia nuestra actuaci&oacute;n, otora aplaudida y venerada por sanos y enfermos, aunque no los pudi&eacute;ramos curar?; &iquest;porqu&eacute; es que en encuestas internacionales aumenta el n&uacute;mero de m&eacute;dicos que responden que el ejercicio de la medicina es fuente de frustraci&oacute;n profesional?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente son muchos los factores que intervienen en estos desalentadores aspectos de la espl&eacute;ndida medicina de hoy. Cuando por diversas y obvias razones se deber&iacute;a pensar que integralmente visto no ha habido jam&aacute;s tiempos mejores para la medicina que los tiempos de ahora. Estos descalabros no son masque uno m&aacute;s de los muchos, muchos problemas que hist&oacute;ricamente hemos enfrentado. La mayor&iacute;a de ellos los hemos resuelto con gran lucimiento y este nuevo, creo que tambi&eacute;n lo resolveremos acertadamente. Creo que vale la pena analizar racional y desapasionadamente cuales desaciertos nuestros han participado en que a veces la imagen del m&eacute;dico ante el paciente no sea lo l&iacute;mpida y venerable que desear&iacute;amos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En alguna reuni&oacute;n reciente con distinguidos m&eacute;dicos generales dec&iacute;a yo que nuestros tiempos se&ntilde;alan la impostergable necesidad de una profunda e irreversible revisi&oacute;n de las formas y m&eacute;todos m&eacute;dicos, para recuperar la tradicional confianza y buena relaci&oacute;n que hasta hace pocos a&ntilde;os era la regla entre pacientes y m&eacute;dicos. Entre las muchas causas que se pudieran aducir en el deterioro de esta imprescindible relaci&oacute;n est&aacute;n los elevados y crecientes costos de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, que son ahora inalcanzables para una proporci&oacute;n cada vez mayor de pacientes; est&aacute; tambi&eacute;n la sofisticada tecnolog&iacute;a de la que ahora el m&eacute;dico depende y la excesiva especializaci&oacute;n del profesional de la salud que, si bien lo tornan cada vez m&aacute;s eficiente en su capacidad diagn&oacute;stica y frecuentemente terap&eacute;utica, lo hacen cada vez menos capaz de una visi&oacute;n integral del enfermo. Casualmente, &eacute;sta &uacute;ltima es la principal aspiraci&oacute;n de un significativo n&uacute;mero de enfermos que con nostalgia recuerdan al m&eacute;dico de anta&ntilde;o, consejero confiable y fuente de soluciones sencillas, sin mayor complicaci&oacute;n y gasto econ&oacute;mico, para las dolencias habituales de toda la familia. No debemos olvidar que aun en nuestros d&iacute;as de sofisticaci&oacute;n tecnol&oacute;gica la mayor&iacute;a de las dolencias son f&aacute;ciles de diagnosticar y muchas de ellas sencillas de curar o aliviar, un n&uacute;mero no despreciable de ellas son psicosom&aacute;ticas, resultado de factores m&aacute;s sociales que biol&oacute;gicos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mezclados en el devenir de la medicina contempor&aacute;nea, se encuentran en forma abigarrada un n&uacute;mero sin precedente de &eacute;xitos terap&eacute;uticos con un n&uacute;mero tambi&eacute;n sin precedente de quejas e insatisfacciones de muchos enfermos. Parece ser un problema de gran complejidad, y lo es. Para enfrentarlo &iquest;c&oacute;mo pensar siquiera que podamos revertir o prescindir de la valiosa tecnolog&iacute;a actual, sustento de nuestra eficiencia?, &iquest;c&oacute;mo evitar la especializaci&oacute;n, que es la forma m&aacute;s adecuada de dominar el conocimiento y la experiencia puntuales en esta &eacute;poca de gran avance cient&iacute;fico e inform&aacute;tico?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora evaluamos esta realidad con la mejor perspectiva que el tiempo brinda, y vemos que se han generado desequilibrios, espejismos e incluso soberbias, todos ellos aunados a innumerables &eacute;xitos cotidianos. Si lo apreciamos con mirada generosa, parece ser que el paquete era completo, incluyendo los errores hist&oacute;ricos; hab&iacute;a que dar paso al contundente avance d&eacute;la especializaci&oacute;n, ese fue un &eacute;xito; el error en que muchos casos fue a costa de la prestancia y prestigio de la medicina general.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque a los especialistas nos cueste trabajo reconocerlo, hay que admitir que una gran proporci&oacute;n de las dolencias m&aacute;s frecuentes que afectan al ser humano se encuentran dentro del marco conceptual de intensa competencia del m&eacute;dico general, no del especialista. M&aacute;s a&uacute;n, muchas de ellas pueden ser mejor resueltas por un buen m&eacute;dico general que por un buen especialista. La visi&oacute;n y actualizaci&oacute;n de un competente y experimentado m&eacute;dico general en muchos casos no la obtiene por m&uacute;ltiples razones un competente y experimentado especialista, desde luego, la relaci&oacute;n inversa tambi&eacute;n es clara por muchas otras razones. Siendo as&iacute;, porqu&eacute; no empezamos a delimitar campos, a nutrir territorios, a restaurar viejas grietas, a construir un terreno de iguales dentro de las diferencias. M&aacute;s a&uacute;n, en presentarle a nuestro &uacute;nico patr&oacute;n, el enfermo, una nueva cara de organizaci&oacute;n y coherencia siempre a su servicio y velando siempre por sus intereses, incluyendo los monetarios, muy por encima de los nuestros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay un &aacute;mbito de rescate que ofrece una soluci&oacute;n factible, que no entra&ntilde;a volver a tiempos pasados, de dudosa o francamente nula eficiencia; pero s&iacute; de retomar el pasado human&iacute;stico, integral y amable del m&eacute;dico en la imagen p&uacute;blica, que tantos beneficios produjo a la medicina y desde luego a los pacientes. Este rescate va venir del m&eacute;dico general que, manteniendo su caracter&iacute;stica visi&oacute;n integral del enfermo, con todos los beneficios que esto conlleva, tambi&eacute;n incremente su capacidad de actualizaci&oacute;n cient&iacute;fica y sea agente confiable de selecci&oacute;n de problemas de salud que requieran o bien de una visi&oacute;n especializada con un especialista, o bien de una visi&oacute;n integradora dentro del ejercicio de la medicina general. As&iacute; el enfermo, se beneficiar&iacute;a de lo nuevo, siempre cambiante y de lo tradicional, siempre valioso e inmutable. La buena pr&aacute;ctica d&eacute;la medicina general es el enclave en la conformaci&oacute;n de la medicina del nuevo milenio; al mismo tiempo m&aacute;s eficiente y siempre poseedora de un valioso y milenario bagaje human&iacute;stico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora sabemos que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX soslayamos y no apreciamos adecuadamente el valor permanente del ejercicio y los espacios definitivos del m&eacute;dico general. En esta deformaci&oacute;n tambi&eacute;n particip&oacute; el enfermo, que deslumbrado, prefer&iacute;a que para un sencillo dolor de cabeza lo viera primero un neur&oacute;logo, m&aacute;s que un m&eacute;dico general. Sea de donde fuere que parti&oacute; el error que deform&oacute; la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, se propici&oacute; una nueva vertiente de incontables insatisfacciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso es que ahora, con una medicina altamente cient&iacute;fica y cada vez m&aacute;s eficaz a&ntilde;oramos todos, particularmente los enfermos, una medicina altamente humanista e integral. La medicina general, como concepto inalterable y dentro de un marco de gran dignidad profesional y acad&eacute;mica podr&aacute; ser en este nuevo siglo palad&iacute;n de la recuperaci&oacute;n social de la imagen del m&eacute;dico como el eje b&aacute;sico de una nueva f&oacute;rmula revitalizadora para toda la profesi&oacute;n m&eacute;dica. Yo me imagino para el futuro una medicina que tendr&aacute; en su praxis dos caminos paralelos y dos f&oacute;rmulas de ejercicio, con una gran cantidad de comunicantes entre s&iacute;. Un camino ser&aacute; la visi&oacute;n del m&eacute;dico general, el otro la visi&oacute;n del m&eacute;dico especialista. Ambos igual de importantes, ambos igual de prestigiados, ambos trabajando para el mismo fin, ambos con la misma categor&iacute;a profesional y en estrecha e indisoluble colaboraci&oacute;n, de igual a igual. Para llegara esto, la profesi&oacute;n m&eacute;dica tiene una deuda con el m&eacute;dico general; tiene que trabajar para mejorar la inform&aacute;tica m&eacute;dica y el proceso de actualizaci&oacute;n en su terreno de competencia, tiene que conceptuar su campo peculiar de actuaci&oacute;n y tiene que revalorar, apreciar y reconocer la enorme contribuci&oacute;n del m&eacute;dico general al actuar cotidiano de toda la profesi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante nuestros grandes dilemas debemos dise&ntilde;ar esquemas originales de actuaci&oacute;n concertada donde el enfermo obtenga orientaci&oacute;n bien intencionada, aunada a beneficios en resultados, en tiempo y en dinero. &iquest;Porqu&eacute; no hacemos sencillo lo que sencillo es y abordamos con m&uacute;ltiples elementos lo que complejo es?, &iquest;porqu&eacute; no el m&eacute;dico general abandera el integracionismo humanista y el especialista el reduccionismo eficiente y entre los dos elaboran la mejor medicina al servicio del hombre, y no de intereses paralelos?. Con suerte y logramos que el m&eacute;dico vuelva a ser el personaje admirado respetado y profundamente estimado al que la sociedad nos tuvo acostumbrados desde tiempos inmemoriales. El m&eacute;dico general tiene una buena encomienda, todos estamos con &eacute;l.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Academia Nacional de Medicina, actor principal&iacute;simo en el devenir de la buena medicina mexicana se ha empe&ntilde;ado, fiel a su tradici&oacute;n, en participar activamente en todo esfuerzo que lleve a la excelencia integral de la medicina, y junto con la Academia Mexicana de Cirug&iacute;a y la Asociaci&oacute;n Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina han dise&ntilde;ado y conformado, mediante un esfuerzo generoso e intenso de tres a&ntilde;os, el Comit&eacute; Normativo Nacional de Medicina General y la consolidaci&oacute;n e idoneidad colegiada del Consejo Nacional de Medicina General y sus respectivos Consejos Estatales. Mismos que llevar&aacute;n, a partir de este a&ntilde;o a la certificaci&oacute;n y recertificaci&oacute;n peri&oacute;dica del m&eacute;dico general, camino indispensable en su prestancia acad&eacute;mica As&iacute; mismo, participar&aacute; el Comit&eacute; Normativo en la acreditaci&oacute;n de los cursos de educaci&oacute;n m&eacute;dica continua bajo los m&aacute;s estrictos c&aacute;nones acad&eacute;micos que aseguren la permanente actualizaci&oacute;n del m&eacute;dico general. En este modelo, los procesos de certificaci&oacute;n y recertificaci&oacute;n ser&aacute;n regulados por los propios m&eacute;dicos generales en forma colegiada, sin tutelajes, sin intromisiones, sin cacicazgos gremiales, sin intromisi&oacute;n de la autoridad; y sustentados por la nueva normativa que dise&ntilde;aron las instancias acad&eacute;micas participantes y que ellos adoptaron sin reservas, circunstancia que presagia magn&iacute;ficas &eacute;pocas de desarrollo profesional y social del brazo m&aacute;s numeroso de la medicina, el de la medicina general.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante relatar que durante el largo y cuidadoso proceso de an&aacute;lisis, correcci&oacute;n e implementaci&oacute;n del marco normativo, que regir&aacute; los procesos acad&eacute;micos de certificaci&oacute;n y recertificaci&oacute;n, se adopt&oacute; como basal de referencia al Consejo Normativo Nacional para Especialidades, esto permiti&oacute; beneficiamos de los profundos e inteligentes an&aacute;lisis hechos durante los 25 a&ntilde;os que llev&oacute; la consolidaci&oacute;n del Comit&eacute; Normativo de Especialidades y que ahora funciona extraordinariamente bien orquestado; cuya autoridad moral y acad&eacute;mica est&aacute;n fuera de duda y, m&aacute;s importante a&uacute;n, sus dict&aacute;menes, consideraciones y normatividad que han sido adoptados y aceptados por unanimidad por los consejos de m&eacute;dicos especialistas del pa&iacute;s. No peque&ntilde;a ha sido la labor de armonizar los procesos de reconocimiento acad&eacute;mico de m&aacute;s de 50 mil m&eacute;dicos especialistas, logro que ha sido reconocido por la Direcci&oacute;n General de Profesiones con la emisi&oacute;n de la C&eacute;dula &uacute;nica de especialistas a los m&eacute;dicos acreditados por los Consejos de las diversas especialidades y avalados el Comit&eacute; Normativo Nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este magn&iacute;fico logro acad&eacute;mico de los m&eacute;dicos especialistas, producto de su decisi&oacute;n de normar su vigencia acad&eacute;mica, fue posible gracias al reconocimiento que toda la medicina mexicana otorga a la autoridad moral y soberana de la Academia Nacional de Medicina y la Academia Mexicana de Cirug&iacute;a como arbitros confiables y vigentes de la medicina mexicana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Comit&eacute; Normativo Nacional de Medicina General est&aacute; en espl&eacute;ndida compa&ntilde;&iacute;a, los marcos referenciales se&ntilde;alados permitir&aacute;n avalar y respaldar las enormes ambiciones acad&eacute;micas, de progreso y relevancia que ahora inicia dentro de este nuevo esquema la Medicina General y que incluye a decenas de miles de m&eacute;dicos que ser&aacute;n convocados a la tan anhelada meta de completar el enfoque integrador de la medicina mexicana y ubicar el ejercicio de la medicina general a la altura acad&eacute;mica que el pueblo de M&eacute;xico espera, y demanda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la Academia Nacional de Medicina, agente legendario de cambio y tradici&oacute;n inicia a resarcir una larga deuda con el m&eacute;dico general, como dec&iacute;amos al principio, actor imprescindible de la medicina del futuro.</font></p>      ]]></body>
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