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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y noticias</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&Eacute;tica persona y sociedad</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jacob Buganza*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Dora Elvira Garc&iacute;a y Jorge Traslosheros, coords., <i>&Eacute;tica, persona y sociedad. Una &eacute;tica para la vida. </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a/Tecnol&oacute;gico de Monterrey, 2007, 144 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Profesor de la Universidad Veracruzana.</i> <a href="mailto:jbuganza@hotmail.com">jbuganza@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 16/01/2008    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 28/02/2008</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace ya algunos a&ntilde;os, la &eacute;tica ha vuelto a retomar una fuerza que pretendidamente hab&iacute;a perdido. &iquest;La raz&oacute;n? Parece que hay muchos motivos que han causado que la &eacute;tica renaciera de sus cenizas. De entre las razones que pueden explicar esto pueden constarse las dos siguientes. La primera es que la &eacute;tica no puede estar separada de la vida humana, de la vida concreta: necesitamos pensar y/o reflexionar sobre nuestras acciones y sobre sus repercusiones. La segunda es que hoy nos encontramos en una sociedad que cada vez tiene m&aacute;s poder sobre la vida de los otros; una decisi&oacute;n individual puede abarcar las vidas de muchos seres humanos, muchos m&aacute;s que en el pasado, como lo ha sugerido, por ejemplo, Hans Jonas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el marco de la misi&oacute;n 2015 del Tecnol&oacute;gico de Monterrey, se han insertado en el curr&iacute;culo acad&eacute;mico de pr&aacute;cticamente todas las carreras profesionales algunas materias de formaci&oacute;n humana. Una de estas materias es "&Eacute;tica, persona y sociedad", al que el libro hom&oacute;nimo trata de dar orientaci&oacute;n y respuesta. Los autores, todos ellos especialistas en la filosof&iacute;a moral, nos brindan un texto que yo me reservar&iacute;a en llamar "libro de texto" porque, a pesar de que expone el curr&iacute;culo de la materia y lo hacen de una manera muy pedag&oacute;gica, los temas y la profundidad con que lo hacen no tiene nada que ver con una denominaci&oacute;n as&iacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo estuvo a cargo de Dora Elvira Garc&iacute;a. Su cap&iacute;tulo lleva por t&iacute;tulo "Dimensi&oacute;n &eacute;tica de la vida humana". Aqu&iacute;, la autora inicia aclarando qu&eacute; es la &eacute;tica y cu&aacute;l es su importancia. De ah&iacute;, utiliza el concepto de persona como "eje para la &eacute;tica", en donde sigue muy de cerca a Mounier y Kant, considerando que las personas no pueden ser cosificadas porque tienen una dignidad especial, es decir, la persona no debe ser tomada como una cosa, como algo intercambiable, como medio; "las personas, por su dignidad, s&oacute;lo pueden ser fines en s&iacute; mismas y no medios para obtener algo m&aacute;s. Esa dignidad excede con mucho a los meros objetos, los desborda y sus cualidades son infinitamente superiores a ellos" (p. 7). Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez tambi&eacute;n sostiene que la persona es una realidad intencional, es decir, apunta hacia fuera; se encuentra en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, con los cuales se crea a s&iacute; misma. "De ah&iacute; que la persona es movimiento hacia los otros en la comuni&oacute;n y la valorizaci&oacute;n mutua" (p. 8). La persona se humaniza a s&iacute; misma, pero se humaniza con los otros y nunca de manera aislada. De ah&iacute; que la &eacute;tica est&eacute; siempre presente en la realidad humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;tica tiene que lidiar y considerar, siempre, a la persona humana. Y es lo que Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez apuntala poco a poco, especialmente al hablar de las diferencias entre &eacute;tica y moral, haciendo ver que la &eacute;tica est&aacute; inmiscuida en la vida humana misma, y que sus reglas no tienen por qu&eacute; estar en desacuerdo con ella. La &eacute;tica se articula en la vida, y &eacute;sta se articula mediante las acciones que el hombre concreto realiza. Y la &eacute;tica, adem&aacute;s, busca orientar la vida, "constituye una gu&iacute;a de la acci&oacute;n"; la &eacute;tica est&aacute; entrelazada a la vida, y sin aqu&eacute;lla esta &uacute;ltima no podr&iacute;a concebirse porque pocas realidades, si no es que ninguna, pueden ser neutras (la &eacute;tica, en cambio, critica, juzga). De hecho, el v&iacute;nculo inseparable entre vida y &eacute;tica se puede ver claramente en la pregunta fundamental de la &eacute;tica: &iquest;c&oacute;mo hemos de vivir? "Por eso, si la pregunta radical sobre <i>c&oacute;mo hemos de vivir </i>nos ubica en el punto en que sopesamos las diferentes formas de vivir, nos pone frente a los problemas &eacute;ticos m&aacute;s fundamentales, y nos lleva a las preguntas &eacute;ticas que nos dicen c&oacute;mo hemos de actuar y cu&aacute;l es esa <i>buena vida, </i>la <i>eubios </i>de la que hablaba Arist&oacute;teles que, sin realizarse en solitario sino siempre en relaci&oacute;n, nos har&aacute; ser realmente personas, realmente humanos" (p. 14).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasa enseguida Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez a hablar de algunos problemas &eacute;ticos a los que la humanidad se enfrenta en la actualidad. El principal de estos problemas es, a mi juicio, el nihilismo, que puede entenderse como equivocismo &eacute;tico. El nihilismo es "Una actitud para la que no hay nada por lo que valga la pena luchar, ni valores que puedan servir de gu&iacute;as valiosas para la vida, ni asideros desde los cuales sostenerse, sino que <i>todo es posible </i>incluso lo que cualquiera rechazar&iacute;a por inhumano" (p. 17). Existen diversos tipos de nihilismo, de los cuales Dora Elvira Garc&iacute;a destaca dos: el nihilismo radical o extremo, que sostiene que la moralidad no es m&aacute;s que una ilusi&oacute;n; y el nihilismo moderado, que sigue manteniendo "la incorrecci&oacute;n de los juicios morales", lo cual va en contra de nuestra experiencia cotidiana, en la que se considera que los juicios morales son o verdaderos o falsos. Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez tambi&eacute;n destaca otros problemas: el de la desigualdad que se da en el seno del pluralismo, y el consumismo, que elimina la libertad humana pues las acciones de la persona aparecen como si fueran "teledirigidas".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasa despu&eacute;s la autora a revisar las diversas tendencias de la &eacute;tica en cuando a: (i) <i>sus dos aspectos, (ii) su fundamentaci&oacute;n </i>y <i>(iii) su tem&aacute;tica. </i>Con respecto a <i>(i), </i>la &eacute;tica puede o ser teleol&oacute;gica o deontol&oacute;gica, es decir, puede poner el acento en la finalidad de la vida humana (la felicidad) o en la obligatoriedad de las normas (el imperativo categ&oacute;rico). Arist&oacute;teles es el representante de la primera vertiente, y Kant el de la segunda. Con respecto a <i>(ii), </i>la &eacute;tica puede ser o laica o religiosa. Ciertamente una excluye a la otra, pues la &eacute;tica laica pretende no tener fundamentos religiosos, y la &eacute;tica religiosa s&iacute; los tiene. La &eacute;tica religiosa es muy importante porque se ha permeado en la vida cotidiana, como el principio de "fraternidad" que impact&oacute; por ejemplo en la Revoluci&oacute;n francesa. Con respecto a <i>(iii), </i>"hablar de las tem&aacute;ticas &eacute;ticas, significa que hay discursos &eacute;ticos espec&iacute;ficos para cada &aacute;mbito de la vida", como la bio&eacute;tica, la &eacute;tica empresarial, la &eacute;tica ecol&oacute;gica, la &eacute;tica del desarrollo, entre otras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo tiene como objetivo tratar el dif&iacute;cil tema de los fundamentos de la &eacute;tica, y est&aacute; a cargo de Alberto Hern&aacute;ndez. Lo primero que hace el autor es la distinci&oacute;n entre la materia y la forma, y aplicar tal diferenciaci&oacute;n al campo de la &eacute;tica, de donde surgen las &eacute;ticas materiales y las &eacute;ticas formales. Como es bien sabido, las &eacute;ticas materiales son las que se refieren a los bienes, la vida buena y la felicidad, mientras que las &eacute;ticas formales se refieren a la estructura de la moralidad. Pasa despu&eacute;s a hablar de la voluntariedad de los actos, en donde distingue entre acto humano y acto del hombre. Estos &uacute;ltimos no son voluntarios, sino situaciones que "pasan" en el ser humano. Los actos humanos, en cambio, son libres: se conocen, se quieren y por ello se realizan. "Lo que decimos &#151;dice el autor&#151; es que solamente las acciones humanas, a saber, las que existen gracias a la libertad, son acciones que pueden ser calificadas &eacute;ticamente" (p. 38). Esto es de suma importancia al elegir, que es la concretizaci&oacute;n de la elecci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hern&aacute;ndez sigue muy de cerca a santo Tom&aacute;s en la descripci&oacute;n de la elecci&oacute;n. En realidad, son cuatro los pasos que sigue la inteligencia humana para elegir algo y realizarlo. Si puede decirse as&iacute;, hay tres etapas internas y una externa. La primera etapa la llama "intenci&oacute;n": la inteligencia capta algo como bueno, y la voluntad tiende naturalmente hacia tal objeto. Esta etapa brinda la primac&iacute;a temporal del entendimiento sobre la voluntad, pues "una vez que se conoce la cosa, puede despertar el deseo por ella". La segunda etapa se denomina "consejo", y consiste en la b&uacute;squeda de m&aacute;s informaci&oacute;n que lleva a cabo el individuo; adem&aacute;s, se da a la tarea de encontrar los medios para alcanzar aquel proyecto con lo que concluye la primera etapa. Puede ser que se conozca y desee m&aacute;s, pero tambi&eacute;n puede ser que mientras m&aacute;s se conozca el objeto, menos llegue a desearse. La voluntad aprueba o desaprueba lo que el entendimiento le presenta. "Si la voluntad est&aacute; conforme con ese camino y lo acepta, est&aacute; dando su <i>consentimiento" </i>(p. 44). De esta manera, primero se conoce el fin; posteriormente puede quererse el fin; despu&eacute;s se da consejo para alcanzar tal fin; y, finalmente, se puede querer aquello que se necesita para alcanzar el fin. Santo Tom&aacute;s lo dice as&iacute;: "en el orden de lo que se puede obrar, hay que poner en primer lugar el conocimiento del fin; despu&eacute;s el apetito del fin; despu&eacute;s el consejo de lo que es para el fin; finalmente, el apetito de lo que es para el fin" <i>(Suma de Teolog&iacute;a, </i>I&#150;II, q. 15 a. 3). La tercera etapa es la "elecci&oacute;n", que es el resultado de todo lo anterior. El agente elige el objeto previamente conocido y deseado, y elegir es un acto de libertad. Por eso, lo que se elige es, a final de cuentas, un acto humano. A la &uacute;ltima etapa le llama Hern&aacute;ndez "uso", que es realizar lo que se ha elegido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inmediatamente despu&eacute;s, Alberto Hern&aacute;ndez examina la estructura del acto moral o acto humano para evaluarlo. Para ello, sigue la cl&aacute;sica distinci&oacute;n del objeto, el fin y la circunstancia de la acci&oacute;n. El objeto es aquello que se realiza (por ejemplo, robar); el fin es el prop&oacute;sito que persigue el agente moral (ayudar a los pobres); y la circunstancia incluye "tanto el entorno en que se da la acci&oacute;n como los medios de los que se vale el que act&uacute;a, y los instrumentos o las acciones f&iacute;sicas" (p. 48). Cuando se eval&uacute;a una acci&oacute;n, es necesario revisar estos tres aspectos, aunque la carga valorativa primordial se encuentra en el objeto, es decir, en aquello que se hace (robar, matar, ayudar al pr&oacute;jimo, etc&eacute;tera). "La calificaci&oacute;n b&aacute;sica viene dada por el objeto, pero el m&eacute;rito y la culpa pueden ser alterados por el fin subjetivo" y, tambi&eacute;n, por la circunstancia o los medios con los cuales se realiza el objeto (robar amordazando, etc&eacute;tera).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hern&aacute;ndez pasa a revisar, despu&eacute;s de la evaluaci&oacute;n del acto humano, la conocida clasificaci&oacute;n de desarrollo moral establecida por Kolhberg. Este psic&oacute;logo y fil&oacute;sofo estadounidense establece que hay tres niveles de razonamientos morales. El primero es el nivel preconvencional, donde el agente s&oacute;lo se preocupa por sus intereses y en c&oacute;mo llevarlos a cabo; el segundo es el nivel convencional, donde el agente moral ya es capaz de incluir a otras personas en sus decisiones, en especial a las personas que se encuentran a su alrededor, adem&aacute;s de que el criterio moral de tal agente corresponde con el grupo al que pertenece; finalmente, el tercer nivel es el postconvencional, donde el agente es capaz de "considerar a todas las personas que son afectadas por la actuaci&oacute;n, tambi&eacute;n aquellas que se encuentran m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del grupo al que pertenece el individuo" (p. 52). Algo importante que apunta Hern&aacute;ndez con respecto a esto es que "cada uno de los niveles corresponde a un momento evolutivo, pero hay cierta clase de acciones de las que dif&iacute;cilmente puede esperarse que se encuentren en otro nivel distinto de aquel en el que aparecieron desde el primer momento" (p. 52), como cuando alguien delibera sobre qu&eacute; platillo escoger en un restaurante; es claro que no es necesario aplicar un razonamiento posconvencional con referencia a tal problema.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos elementos comentados por Hern&aacute;ndez se complementan con lo referente al razonamiento pr&aacute;ctico. El autor comienza hablando de las falacias en general, las cuales pueden encontrarse tambi&eacute;n en el razonamiento pr&aacute;ctico. Pero cabe advertir que el razonamiento pr&aacute;ctico tiene como finalidad una acci&oacute;n, como ya lo advert&iacute;a Arist&oacute;teles. El razonamiento pr&aacute;ctico no es demostrativo, como s&iacute; lo es el razonamiento te&oacute;rico, propio de las ciencias; "En el razonamiento pr&aacute;ctico la conclusi&oacute;n no se <i>deduce </i>necesariamente de las premisas", simple y sencillamente porque las premisas son diferentes. Estas &uacute;ltimas pueden incluir dentro de su formulaci&oacute;n al deber, lo cual las hace diferentes de las premisas puramente te&oacute;ricas. Para Hern&aacute;ndez, "cuando se esquematiza un razonamiento pr&aacute;ctico en forma de silogismos, la premisa mayor expresar&iacute;a una obligaci&oacute;n general, mientras que la premisa menor corresponder&aacute; a los medios o a las circunstancias para conseguir aquello que se contiene en la premisa mayor" (p. 58). Como puede verse, todo esto sirve mucho para analizar los actos humanos o acciones, objeto material de la &eacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo se titula "Universalismo y relativismo en la &eacute;tica", a cargo de Alberto Constante. Desde el principio, el autor expone tres temas que va a desarrollar: el relativismo moral, la existencia o no de las normas morales universales y, finalmente, la libertad. Ahora bien, Constante considera que el hombre por naturaleza tiende al bien, aunque lo dice utilizando estas palabras: "No temo equivocarme al escribir que nuestra tarea, la &uacute;nica verdadera tarea de nuestro coraz&oacute;n, radica en alcanzar lo que es bueno y rechazar lo malo, prop&oacute;sito siempre amenazado por la vastedad de proporciones del mal, por su argamasa irremediable con el bien y por nuestra incompetencia para elegir y consolidar lo que en cada caso es preferible. Si elegir y elegir bien fuera lo mismo el coraz&oacute;n del hombre no tendr&iacute;a la zozobra doliente de tener que elegir" (pp. 6364). Aqu&iacute; Alberto Constante parece recurrir a la <i>sind&eacute;resis </i>tomista, aunque no lo haga de manera expl&iacute;cita. La sind&eacute;resis es el principio de orden pr&aacute;ctico que todo hombre tiene ("se debe hacer el bien y evitar el mal"), y a partir de &eacute;ste se desprenden las conclusiones pr&aacute;cticas que, como se vio en el ensayo de Hern&aacute;ndez, son acciones. Claro que hay errores en la elecci&oacute;n de lo que es mejor, pero &eacute;stos se deben a otras limitaciones relacionadas con la fr&aacute;gil naturaleza humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto al relativismo, dice que &eacute;ste "niega la existencia de verdades absolutas acerca del bien &#91;y&#93; el mal, pues piensa que &eacute;stas limitan la libertad" (p. 71). El relativismo es un equivocismo que pretende la inexistencia de valores absolutos (e incluso de maldades absolutas). Para el relativismo o equivocismo &eacute;tico no hay valores universales y, en consecuencia, cualquier cosa es considerada v&aacute;lida. El problema que conlleva esta postura es may&uacute;scula en el orden pr&aacute;ctico: puede eliminarse, por considerarse relativa, la dignidad de la persona humana ("persona humana" no es un pleonasmo, pues buena parte del origen del discurso sobre la dignidad del ser humano proviene de la semejanza entre "persona humana" y las "personas divinas"). Constante escribe: "La dignidad humana es una realidad objetiva, reconocible por todo el mundo. Por eso no se deber&iacute;a someter a nadie a normas en cuya elaboraci&oacute;n no haya participado de alg&uacute;n modo. El relativismo a ultranza es inadmisible en &eacute;tica. Es &eacute;ticamente inadmisible una cultura que permita el infanticido o el geronticidio; que agravie a las mujeres o admita la esclavitud" (p. 73), que son ejemplos pr&aacute;cticos de lo que el relativismo propone en la teor&iacute;a. Para este autor, el argumento de la diversidad no avala al relativismo, pues puede haber mejores creencias que otras; casi parafrasea a Savater cuando dice que quien emite su opini&oacute;n es respetable, pero tal vez su opini&oacute;n no lo sea. Esto se relaciona con las normas universales, con su existencia o inexistencia, pues, si &eacute;stas no existen, el relativismo tiene carta de entrada en la &eacute;tica. Sobre esto escribe: "Si no ponemos un freno al relativismo, nos veremos abocados al escepticismo moral. Acabaremos aceptando el <i>todo vale, </i>que es la negaci&oacute;n de la &eacute;tica misma" (pp. 77&#150;78). No es que los juicios morales sean universales <i>de facto, </i>pero s&iacute; universalizables; la finalidad de tales juicios universalizables conlleva a respetar la dignidad de la persona humana, que tiene la caracter&iacute;stica de valer siempre y en todo momento, a juicio de quien esto escribe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, entra al tema de la libertad, que los autores anteriores tambi&eacute;n han tratado, y la considera "la cualidad fundamental del ser humano"; la libertad est&aacute; en el hombre, y en realidad no puede renunciar a ella, pues hacerlo ser&iacute;a un acto de libertad, lo cual es parad&oacute;jico. Por eso Constante no acepta el determinismo moral, el cual es la negaci&oacute;n de la libertad, brindando este ejemplo: "Si un criminal determinista llega ante el juez y le dice "he matado a mi esposa, pero usted no puede condenarme porque yo estaba totalmente determinado a matarla", el juez le puede responder sencillamente "y yo estoy totalmente determinado a condenarlo". Cuando se plantean argumentos deterministas, en general se apela a determinismos s&oacute;lo en un aspecto; se asume en un plano lo que se niega en otro" (p. 83). Es verdad que hay ciertas limitaciones o condicionamientos hist&oacute;ricos o psicol&oacute;gicos, pero siempre hay margen de libertad: la libertad es innegable, y por ella es que puede haber &eacute;tica. Y es que la libertad se relaciona con "los otros", con los dem&aacute;s seres humanos, los cuales, para Constante (al parecer siguiendo muy de cerca a Buber), son el destinatario de mi acci&oacute;n, y es esto &uacute;ltimo una condici&oacute;n indispensable para que yo sea yo. Dice Constante: "Todo lo que soy me viene de un t&uacute;", pues sin el t&uacute; yo no puedo ser yo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente cap&iacute;tulo lleva por t&iacute;tulo "&Eacute;tica y sociedad", elaborado por Sof&iacute;a Reding. La autora se plantea como objetivos el tema de la influencia de los factores externos en la construcci&oacute;n de la personalidad o subjetividad, adem&aacute;s de adentrarse en forma m&aacute;s profunda al problema de la convivencia con los otros. Primero habla de las fuentes de moralizaci&oacute;n, en donde hace una descripci&oacute;n antropol&oacute;gica y brinda las bases para comprender la importancia de la tradici&oacute;n en la conformaci&oacute;n de la personalidad. Escribe lo siguiente: "En raz&oacute;n de esa tradici&oacute;n, podemos apropiarnos de las valoraciones de los otros &#151;y compartir as&iacute; un patrimonio cultural&#151;, es decir, de lo que ellos han considerado como valioso" (p. 93); sin embargo, la tradici&oacute;n no se da de una vez y para siempre, sino que se encuentra en constantes transformaciones o reelaboraciones, que la enriquecen o la empobrecen, seg&uacute;n la opini&oacute;n de quien esto escribe. De igual forma, Reding juzga de suma importancia al Estado en la conformaci&oacute;n de la subjetividad, especialmente a partir de la modernidad; cabe recordar a Hobbes, quien consideraba al Estado civil como un freno para los instintos depredadores de <i>canis lupus </i>que todo hombre lleva dentro. El Estado se encarga de establecer l&iacute;mites para la convivencia de sus ciudadanos. Relacionados con la tradici&oacute;n y el Estado, hay otros medios de moralizaci&oacute;n que es importante destacar. El primero es la familia, c&eacute;lula de la sociedad, donde la "conciencia moral" del ni&ntilde;o comienza a brotar. Tambi&eacute;n est&aacute; la religi&oacute;n, que tiene ciertas normas, llamadas com&uacute;nmente normas religiosas, y que tienen la intenci&oacute;n de orientar el comportamiento de las personas que pertenecen a cierto culto. La escuela tambi&eacute;n es necesario considerarla como parte de la moralizaci&oacute;n (el Estado se relaciona con la educaci&oacute;n a partir de que, en el siglo XIX, como apunta Reding, &eacute;ste toma en sus manos la instrucci&oacute;n de su pueblo), pues "impone una moral m&aacute;s o menos homog&eacute;nea, introyectada a los educando de diversas formas (disciplina, libros de texto, fomento de una moral c&iacute;vica)" (p. 97). Otros medios de moralizaci&oacute;n m&aacute;s actuales son los medios masivos de informaci&oacute;n (que tambi&eacute;n son de formaci&oacute;n), como el cine y la televisi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora pasa a hablar de la construcci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. Para esto, sit&uacute;a al lector en la perspectiva pluralista que se vive hoy en d&iacute;a, y el consecuente problema del etnocentrismo, que entiende la autora como exterminio cultural. En la configuraci&oacute;n del mundo de hoy, es claro que las culturas conviven entre s&iacute; compartiendo lugares comunes. Y es en estos lugares comunes donde pueden darse diversas manifestaciones frente a la alteridad. El etnocentrismo es una de esas manifestaciones, y Reding considera que no es el camino que debe seguirse. La propuesta de la autora es el di&aacute;logo intercultural, el cual presupone poder interpretar las diferentes culturas, "lo que significa que hay que estar dispuestos a <i>preguntar, </i>esto es, abrirse a otras propuestas con una actitud interrogante, lo que es, a fin de cuentas, el objeto de la hermen&eacute;utica" (p. 101). En otros t&eacute;rminos, lo que pide Reding es estar abiertos a los otros para ver qu&eacute; tienen que decir. Siguiendo esta senda, la autora rescata la propuesta de la &eacute;tica c&iacute;vica, entendida como una &eacute;tica de m&iacute;nimos, a saber, una &eacute;tica que propone unos principios que todos deben aceptar, pues son condiciones necesarias para la pluralidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reding enlaza este tema con la democracia. Pluralismo, &eacute;tica c&iacute;vica y democracia van de la mano. Y se enlazan porque la &eacute;tica c&iacute;vica propone la virtud de la tolerancia para la convivencia intercultural. Para Reding, la tolerancia es el "aprecio por la diversidad", y en la democracia hay consenso pero tambi&eacute;n hay disenso o desacuerdo. Pero no es el &uacute;nico valor que las enlaza, sino que tambi&eacute;n est&aacute;n la libertad, la autonom&iacute;a, la justicia, la solidaridad, el di&aacute;logo, la empat&iacute;a, los cuales "son valores que deben compartirse porque promueven una &eacute;tica c&iacute;vica con miras a una convivencia en paz" (p. 103). En estos valores compartidos puede encontrarse una "identidad general", que a su vez es lo mismo que "ciudadan&iacute;a". As&iacute; lo dice Reding: "La funci&oacute;n de una &eacute;tica de m&iacute;nimos o c&iacute;vica ser&iacute;a unificar colectivos con diferentes &eacute;ticas de m&aacute;ximos, en torno a una identidad general que no anula las singularidades sino que las respeta y las promueve: la ciudadan&iacute;a" (p. 103). Si hay una &eacute;tica de m&aacute;ximos que no respete los m&iacute;nimos exigidos, debe ser criticada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la propuesta no se queda ah&iacute;, sino que va m&aacute;s all&aacute;. En seguimiento de Adela Cortina, Reding propone la "ciudadan&iacute;a cosmopolita", en donde la responsabilidad por los dem&aacute;s es algo obligado (una respuesta obligada, dice la autora). La ciudadan&iacute;a cosmopolita ve m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites territoriales, y tal ciudadano se interesa por los problemas de todos. El hombre no s&oacute;lo es ciudadano de su naci&oacute;n, sino que es ciudadano del mundo (como dec&iacute;an algunos estoicos), y "los otros" son sus conciudadanos, por quienes debe actuar solidariamente. La pregunta que se sigue es "&iquest;podemos ser ciudadanos en una &eacute;poca en que el individualismo y el consumismo parecen anular cualquier intento por actuar solidariamente?" (p. 107). La respuesta a esta pregunta parece ser afirmativa para la autora, y llama a la revisi&oacute;n personal e institucional. Con respecto a esto &uacute;ltimo, habla de replantear las instituciones, pues es en ellas donde se discuten los problemas comunes. Propone igualmente el derecho al desarrollo, que se desprende de la reciente &eacute;tica del desarrollo. La &eacute;tica del desarrollo lucha contra la pobreza, la desigualdad y la discriminaci&oacute;n, que son factores que imposibilitan el desarrollo de los individuos y de las naciones. La &eacute;tica del desarrollo defiende "los valores que hacen posible la satisfacci&oacute;n de las necesidades humanas". Pero este asunto no tiene nada de sencillo: tiene que plantear este desarrollo sin el deterioro ecol&oacute;gico. Ya hubo casos exitosos en la India, Namibia y Bolivia, como los recuerda la autora, los cuales hacen ver que es posible vivir mejor y no s&oacute;lo sobrevivir. El tema de la supervivencia est&aacute; latente y seguramente generar&aacute; mayores discusiones ahora que los recursos naturales comienzan a escasear con mayor gravedad. Se comienzan a ver como problemas globales y la &eacute;tica debe estar en la base de las reflexiones sobre estos asuntos, pues la &eacute;tica exige responsabilidad por las futuras generaciones, como sostiene Reding. El desarrollo no tiene por qu&eacute; estar peleado con la ecolog&iacute;a, y sobre esto la &eacute;tica es mediadora. El problema est&aacute; en la palestra, y de acuerdo a las acciones que tomemos como individuos es como se ir&aacute; desenvolviendo. Por ello, Reding invita a la reflexi&oacute;n personal sobre lo que hacemos, lo cual debiera ser humanizante; en ello radica que seamos parte del problema o parte de la soluci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, cuyo t&iacute;tulo es "&Eacute;tica para la vida", lo escribe Gonzalo Lapuente. Este apartado reflexiona sobre el concepto de proyecto, en el sentido de que la vida de cada uno est&aacute; lanzada a la b&uacute;squeda y consecuci&oacute;n de algo. La vida de otros seres no humanos est&aacute;, por decirlo de alg&uacute;n modo, cerrada; las bestias no tienen posibilidad de ser diferentes. El tiempo, para ellas, es siempre el mismo y el futuro no representa nada. Sin embargo, para el hombre esto es diferente, y lo es porque el tiempo tiene su carga subjetiva insoslayable. En el hombre la libertad es posibilidad, y esta libertad se va actualizando en el tiempo. Ejercitando la libertad es que puede construirse la propia identidad; la identidad se construye eligiendo y actuando, y tal elecci&oacute;n y actuaci&oacute;n se convierten en una "segunda naturaleza", como la llamaba Arist&oacute;teles. El hombre se construye a s&iacute; mismo mediante el uso de su libertad y, como ya se vio en otros cap&iacute;tulos anteriores de este libro, porque somos libres somos objeto de una valoraci&oacute;n &eacute;tica. La libertad, al ser constructora, tiene proyectos a largo plazo, que son los "proyectos de vida". Lapuente habla de algunos de estos proyectos y de la necesidad de que &eacute;ste sea humano. As&iacute; lo dice el autor: "Para que mi proyecto de vida sea bueno necesita ser humano, es decir, el proyecto tiene la funci&oacute;n de asegurar que mi futuro va a ser un futuro humano" (p. 123).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente una vida humana es una vida libre, pero Lapuente acent&uacute;a acertadamente que no es suficiente, que hace falta ser cr&iacute;tico, que hace falta valorar las diferentes opciones que se tienen. Y es que la inteligencia humana sopesa las opciones con las que cuenta; conoce, y si le parece bueno, lo quiere; y si lo quiere realmente, entonces lucha por alcanzarlo. Hay que tener, en este sentido, y a mi juicio, una vida inteligente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con lo dicho por Lapuente, se sigue que es necesario contar con un criterio para juzgar, para sopesar, para valorar. El autor explica varios de estos criterios, a los cuales considera insuficientes por s&iacute; solos. El primero es cuando se hace referencia a un hecho; por ejemplo, "&iquest;por qu&eacute; ayudaste a tu amigo? Simplemente porque es mi amigo". El segundo es cuando se refiere a los sentimientos, como cuando alguien dice que hace algo porque le sienta bien. Otro criterio son las consecuencias de la acci&oacute;n, en donde una acci&oacute;n es buena porque produce consecuencias de esa naturaleza. El c&oacute;digo moral es otro criterio, pero es un criterio que no admite cr&iacute;tica. Tambi&eacute;n la autoridad se esgrime como criterio, de tal suerte que lo que se aduce es el juicio de otro. Finalmente, Lapuente hace referencia a la conciencia, lo cual "implica asumir con responsabilidad las propias acciones" (p. 129). Todos estos criterios tiene cierta validez, aunque ninguno asume la antonomasia. Es m&aacute;s, Lapuente se dedica a criticar uno por uno dando argumentos suficientes. lncluso, encuentra que todos los criterios anteriores tienen como presupuesto al sujeto activo, al agente moral, "alguien que se asume a s&iacute; mismo y que se plantea fines y que busca realizarlos. Y a este sujeto es a quien corresponde integrar todos los factores indicados en la construcci&oacute;n de su proyecto de vida" (p. 133).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, tal sujeto o agente moral no est&aacute; aislado, como ya se ha insistido en otros momentos. El sujeto est&aacute; con los otros, y hay necesidad de integrarlos en el propio proyecto. "El ser humano no es un individuo aislado e independiente de todo v&iacute;nculo y contexto. M&aacute;s bien se trata de un sujeto que est&aacute; ligado estrechamente a los otros, hasta tal punto que sin ellos jam&aacute;s se habr&iacute;a llegado a constituir como un yo con su identidad propia y, sin ellos, dejar&iacute;a de ser lo que es" (p. 134). Resuena en esto lo que dice Constante y, antes de &eacute;l, Buber. El yo no puede existir sin el t&uacute;; el t&uacute; me constituye, como un elemento insoslayable, en lo que soy. Citando a otros autores, Lapuente saca de lo anterior que el proyecto de cada uno tiene que considerar a los otros necesariamente. Pero no hay que ver a los otros como instrumentos, sino como los conceptuaba Kant: como fines en s&iacute; mismos, iguales a m&iacute;. Aqu&iacute; Lapuente recuerda a Kolhberg, que Hern&aacute;ndez ya hab&iacute;a tra&iacute;do a colaci&oacute;n, y el nivel postconvencional. Los otros no pueden ser vistos a trav&eacute;s de la raz&oacute;n instrumental, sino desde la perspectiva de la igualdad: tambi&eacute;n el otro es libre y establece su proyecto de vida. Aqu&iacute; embona Lapuente con el texto de Reding, pues para el primero "el proyecto de vida debe incluir, como una parte del mismo, el cumplimiento de los deberes y el reconocimiento de los derechos que nos se&ntilde;ala la &eacute;tica m&iacute;nima" (p. 138). El proyecto de vida que cada uno se plantee no puede estar al margen de los derechos de los otros seres humanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como puede verse, <i>&Eacute;tica, persona y sociedad </i>es un libro muy completo e interesante. A pesar de la gran maestr&iacute;a pedag&oacute;gica con que sus autores manejan cada uno de los temas, el trabajo en conjunto tambi&eacute;n contiene pistas para el lector especialista. No es s&oacute;lo la presentaci&oacute;n de la &eacute;tica y algunos de sus problemas, sino que los autores brindan soluciones que merecen ser discutidas con toda seriedad.</font></p>      ]]></body>
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