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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un manifiesto contra Durkheim a leer... empezando por el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo</b></font></p>          <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pierre Tripier*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Latour, B. (2008). <i>Reensamblar lo social: una introducci&oacute;n a la teor&iacute;a del actor&#45;red,</i> Buenos Aires: Ed. Manantial.<a href="#notas">**</a></b></font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Profesor Em&eacute;rito Universidad de Versailles&#45;Saint Quentin, Francia.</i> <a href="mailto:tripier.pierre@wanadoo.fr">tripier.pierre@wanadoo.fr</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro comienza recordando la controversia Durkheim&#45;Tarde, y tomando claramente partido por este &uacute;ltimo. El recurso a Tarde para promover otra sociolog&iacute;a no es nuevo. En 1961, poco antes de ser elegido presidente de la American Sociological Association, Everett C. Hughes publicaba (en el <i>American Journal of Sociology</i> el art&iacute;culo <i>Tarde's Psychologie Economique: an Unknown Classic by a Forgotten Sociologist.</i> En dicho trabajo, el padre de la segunda &#45;y &uacute;ltima&#45; escuela Sociol&oacute;gica de Chicago, enaltece la obra de Tarde y resalta las convergencias de &eacute;ste con Simmel, aunque probablemente estos dos autores no se hayan conocido. Hugues le atribuye a Tarde la primera reflexi&oacute;n sociol&oacute;gica sobre las relaciones entre el adelanto industrial, el desarrollo del esparcimiento y la prosperidad de la actividad cultural. Tambi&eacute;n halaga la particular atenci&oacute;n que Tarde ha prestado a los fen&oacute;menos de geograf&iacute;a pol&iacute;tica, as&iacute; como su trabajo por establecer la relaci&oacute;n entre personas y grupos sociales en la conversaci&oacute;n entre individuos y entre comunidades. Seg&uacute;n Hugues, Tarde mostr&oacute; que los fen&oacute;menos de reconocimiento mutuo y de interacci&oacute;n se encuentran en el coraz&oacute;n mismo de los conjuntos colectivos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hughes compadece a aquellos que, seg&uacute;n &eacute;l, pierden el tiempo juzgando a los autores del pasado para saber qui&eacute;n ten&iacute;a raz&oacute;n en las controversias que los opon&iacute;an. De hecho, disuad&iacute;a a sus estudiantes de usar autores prestigiosos para "sostener su pensamiento o desechar una tesis contraria". (Hughes, 1971: 565).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la actualidad, esta perspectiva "fr&iacute;a" sobre las controversias pasadas es propuesta por Andrew Abbott, sucesor de Hughes como profesor de sociolog&iacute;a en la Universidad de Chicago. A trav&eacute;s de dos obras sucesivas (de 2000 y 2003), Abbott modela la historia de las oposiciones te&oacute;ricas o metodol&oacute;gicas entre soci&oacute;logos, en un esquema fractal: a cada generaci&oacute;n le corresponden las mismas oposiciones te&oacute;ricas o metodol&oacute;gicas que se manifiestan en t&eacute;rminos, y, sobre la base de referencias, ligeramente distintos. El soci&oacute;logo, en tanto que productor de una ciencia social, se encuentra <i>a caballo</i> entre rigor e imaginaci&oacute;n, y debe, por ende, conciliar su proprio aporte al desarrollo general de la disciplina. A veces, el soci&oacute;logo innova mostrando nuevas realidades que plantean nuevas preguntas, como fue el caso de Bruno Latour, cuando public&oacute; <i>La Vida en el laboratorio</i> junto con Woolgar en 1995 (Abbott, 2004: 126). Sin embargo, la historia de las Ciencias Sociales, y, en particular, la de la Sociolog&iacute;a &#45;la m&aacute;s indefinida de esas ciencias, seg&uacute;n Abbott (2001: 3)&#45; es la historia de una constante oposici&oacute;n entre realistas y constructivistas, entre funcionalistas e interaccionistas; entre metod&oacute;logos de la cantidad y metod&oacute;logos de la calidad; entre investigaciones basadas en datos locales e investigaciones que apuntan al universalismo. Seg&uacute;n Abbott, las ciencias sociales no son capaces de invalidar una proposici&oacute;n, declar&aacute;ndola no&#45;cient&iacute;fica. &Eacute;sta s&oacute;lo puede ser combatida, nunca rechazada, lo cual explica por qu&eacute; cada generaci&oacute;n de cient&iacute;ficos sociales reproduce las mismas divisiones que la anterior &#45;aunque bajo otras formas&#45;a trav&eacute;s de nuevos t&eacute;rminos y nuevos enunciados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruno Latour, en su libro, pareciera responderle a Abbott &#45;sin citarlo&#45;, buscando una salida a la eterna repetici&oacute;n a la que el profesor de Chicago predestina nuestras ciencias. Esta salida es buscada de dos maneras: en primer lugar, citando casi exlcusivamente a sus contempor&aacute;neos<sup><a href="#notas">1</a></sup> y, por ende, a s&iacute; mismo. En segundo lugar, en pos de su demonstraci&oacute;n &#45;como un Newton creador de un espacio y un tiempo absolutos e isomorfos&#45;, Latour esgrime una versi&oacute;n '"plana" del mundo colectivo, donde lo que importa son los ensamblajes (o agregaciones) y los recorridos de las personas, labradas por los "mediadores" que se encuentran en su camino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recordemos que el autor que nos ocupa viene de la Sociolog&iacute;a de la Ciencia, en cuyo marco ha profundizado, junto con otros (John Law, Michael Mulkay, Michel Callon, entre otros), la intuici&oacute;n de la matem&aacute;tica brit&aacute;nica Mary Hesse<sup>2</sup>: seg&uacute;n ella, para actuar en la actividad cient&iacute;fica, es necesario formar una red heter&oacute;clita, constituida tanto por humanos como por objetos. El cient&iacute;fico los vuelve c&oacute;mplices de sus acciones, para hacer efectiva su actividad, para valorizarla y para ganar las controversias disciplinarias. Se trata de lo que Law, Callon o Latour llamar&aacute;n actor&#45;red. En el libro que nos ocupa aqu&iacute;, este concepto sirve para analizar, adem&aacute;s del cient&iacute;fico, a todos los individuos actuantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las figuras tutelares de Tarde y Durkheim le permiten a Bruno Latour crear una controversia cient&iacute;fica: retomando las divergencias de estos dos autores, y coloc&aacute;ndose bajo la protecci&oacute;n de Tarde, Latour ampl&iacute;a el dominio de aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a del actor&#45;red, oponi&eacute;ndola a las otras teor&iacute;as sociol&oacute;gicas, ya sean individualistas u hol&iacute;sticas, deductivas o inductivas, de origen local o universal, acotadas a los hechos, aqu&iacute; y ahora, o tendientes a tejer velos cr&iacute;ticos sobre estos hechos. As&iacute;, Latour aparece como un Don Quijote sin Sancho Panza, fustigando el conjunto de la producci&oacute;n sociol&oacute;gica, exceptuando la suya.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Claro, Bruno Latour no ser&iacute;a Bruno Latour si fuese lac&oacute;nico y aplicara, por ejemplo, las m&aacute;ximas que Jorge Luis Borges hab&iacute;a decidido seguir desde sus primeros escritos:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos in&uacute;tiles. Abolici&oacute;n de los trabajos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciaci&oacute;n, las pr&eacute;dicas y la nebulosidad rebuscada (Borges, 1921).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, v&iacute;a la h&aacute;bil utilizaci&oacute;n del pensamiento de controversia, la escritura de Latour presenta cierta eficacia ret&oacute;rica. Tambi&eacute;n, suelen aparecer en su obra destellos de inteligencia fulgurante, aunque en la primera parte de este libro se ahoguen en el quijotismo y en su propensi&oacute;n a la met&aacute;fora. Es necesario esperar la segunda parte y, sobre todo, la conclusi&oacute;n, para que aparezcan esos destellos a los que Latour nos ten&iacute;a acostumbrados. A fin de cuentas, el autor encuentra un padre espiritual en la figura de John Dewey, en mi opini&oacute;n, mucho m&aacute;s oportuno que la de Tarde (siempre y cuando sea indispensable seguir los pasos de alguien).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mejor consejo que podr&iacute;a darse a los futuros lectores de <i>Reensamblar lo social</i> es empezar por la segunda parte y la conclusi&oacute;n. S&oacute;lo entonces ser&aacute; fruct&iacute;fero abordar el laberinto de los dem&aacute;s cap&iacute;tulos, en el trascurso de los cuales, lo mejor ser&aacute; detenerse lo menos posible en las consideraciones sobre las "otras" sociolog&iacute;as (diferentes a las del autor), para concentrarse en los elementos positivos all&iacute; expuestos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son esos elementos que Latour no ha desarrollado ya en sus precedentes trabajos, tales como <i>La vida en el laboratorio, Microbes, Guerre et Paix, Nunca fuimos modernos, Politiques de la Nature</i> o <i>La esperanza de Pandora?</i> En <i>Reensamblar lo social</i> son retomados y extendidos a las naciones &#45;y, posteriormente, a la globalidad de la tierra&#45; los resultados de sus anteriores investigaciones, cuyo objeto ha sido la ciencia: el car&aacute;cter horizontal y compuesto de la red, el laboratorio como agente de la continuidad entre interior y exterior, el car&aacute;cter agregativo de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, el rol del cient&iacute;fico como vocero de cosas y personas, el car&aacute;cter prudente y plano de los an&aacute;lisis del actor&#45;red. Aparece tambi&eacute;n la desconfianza de Latour hacia toda forma de juzgamiento deductivo y hacia toda imposici&oacute;n de aquellas doctrinas que no permitan tomar en cuenta todos los aspectos materiales constitutivos e impulsores de un an&aacute;lisis adecuado, o que dificulten la expresi&oacute;n de las sociolog&iacute;as locales. Para el autor, mientras el an&aacute;lisis est&eacute; dominado por variables demasiado imponentes y monol&iacute;ticas, no podr&aacute; ser &uacute;til al pensamiento:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;La teor&iacute;a d&#93;el actor&#45;red siempre ha enarbolado el siguiente eslogan: "Abst&eacute;nganse del poder", es decir, abst&eacute;nganse lo m&aacute;s posible de usar la noci&oacute;n de poder, no vaya a ser que, a cambio de alcanzar vuestros objetivos, &eacute;sta se les vuelva en contra, y en contra de vuestras explicaciones. Nadie tiene el derecho de proponer una explicaci&oacute;n poderosa si no respeta la separaci&oacute;n y el equilibrio de los poderes (Latour, 2008: 376).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En substancia, el autor expresa su sociolog&iacute;a en tres movimientos: localizar lo global, redistribuir lo local y conectar los sitios. El primer movimiento combate la ilusi&oacute;n de tener que cambiar de escala, pasando del poderoso al miserable, de lo interior a lo exterior o de los niveles microsociol&oacute;gicos a los macrosociol&oacute;gicos. La demonstraci&oacute;n del car&aacute;cter necesariamente horizontal de la sociolog&iacute;a preconizada por Latour incluye algunas formulas lapidarias que condensan su argumento, tales como: "es peque&ntilde;o lo que est&aacute; poco conectado, y grande lo que lo est&aacute; en mayor medida" (Latour, 2008: 263).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo movimiento combate otra ilusi&oacute;n: la que hace de la interacci&oacute;n cara a cara, la quintaescencia de las relaciones colectivas. Al igual que los principales interaccionistas, de Blumer (1969) a Goffman (1961), Latour demuestra el error de esta visi&oacute;n reductora, afirmando que la interacci&oacute;n no es ni isot&oacute;pica, ni sincr&oacute;nica, ni sin&oacute;ptica, ni isob&aacute;rica y menos a&uacute;n, homog&eacute;nea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer movimiento apunta, como el esquema de Mary Hesse, a conectar elementos heterog&eacute;neos de manera diferente, seg&uacute;n el punto de vista adoptado: "el Derecho debe (...) asociar entidades de manera jur&iacute;dica, la ciencia (...) de manera cient&iacute;fica, (...) la religi&oacute;n de manera religiosa" (Latour, 2008: 344&#45;345).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puesto que las dem&aacute;s ciencias tambi&eacute;n ensamblan, a su manera, humanos y no&#45;humanos, resulta entonces que el autor no limita estas visiones de un mundo plano &#45;con sus mediadores y (re)composiciones&#45; &uacute;nicamente a la sociolog&iacute;a: "Cada disciplina ha elegido desplegar cierto tipo de mediadores espec&iacute;ficos y ha privilegiado cierto tipo de estabilizaci&oacute;n, poblando as&iacute; el mundo de diferentes tipos de habitantes bien armados y enteramente formateados"(Latour, 2008: 372).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abbott, A. (2001). <i>Chaos of Disciplines.</i> Chicago U.P.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185461&pid=S1870-3569200900010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2004). <i>Methods of Discovery.</i> Nueva York: W.W. Norton &amp; Cy.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185463&pid=S1870-3569200900010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Blumer, H. (1989). &quot;Symbolic Interactionism". <i>Perspective and Method.</i> California: U.P.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185465&pid=S1870-3569200900010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Borges, J. L. (1921). <i>El Ultra&iacute;smo.</i> Buenos Aires, Nosotros, 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185467&pid=S1870-3569200900010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goffman, E. (1961). <i>Encounters, Two Studies in Interaction.</i> Indianapolis: Bobbs Merrill.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185469&pid=S1870-3569200900010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hughes, E. C. (1984). <i>The Sociological Eye, Selected Papers, Chicago Aldine.</i> Chicago: New Brunswick Transaction Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185471&pid=S1870-3569200900010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Latour, B. (1995). <i>La vida en el laboratorio.</i> Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185473&pid=S1870-3569200900010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2001). <i>La esperanza de Pandora: ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia.</i> Barcelona: Ed. Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185475&pid=S1870-3569200900010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2007). <i>Nunca fuimos modernos: ensayo de antropolog&iacute;a sim&eacute;trica.</i> Buenos Aires: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2185477&pid=S1870-3569200900010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas" id="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** Nota traducida del franc&eacute;s por Natalia La Valle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Un r&aacute;pido conteo de sus referencias bibliogr&aacute;ficas lo demuestra: los autores publicados antes de 1970 representan solamente el 6% del total de referencias, mientras que los autores publicados a partir de 1990 constituyen el 70%. Comparativamente, en el texto de Abbott de 2003, las publicaciones previas a 1970 son casi la mitad de su bibliograf&iacute;a (m&aacute;s del 49%), mientras que las de 1990 en adelante representan s&oacute;lo el 13%.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Pierre Tripier</b>: Doctor en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad de Par&iacute;s (Francia). Es profesor em&eacute;rito de clase excepcional en Laboratoire Printemps, Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y Universidad de Versailles (Francia). Recientemente, ha publicado en: Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, Inflexions y Sociolog&iacute;a del trabajo.</font></p>      ]]></body><back>
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