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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Podemos vivir sin emergencia?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Edgardo Mocca*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Quiroga, H. (2005). <i>La Argentina en emergencia permanente,</i> Buenos Aires: Edhasa.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad de Buenos Aires.</i> <a href="mailto:emocca@fibertel.com.ar">emocca@fibertel.com.ar</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La discusi&oacute;n sobre si es preferible el gobierno de las leyes o el gobierno de los hombres, recorre todo el desarrollo de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica occidental, y no solamente occidental. Se trata de dilucidar el margen de discrecionalidad de los gobernantes en su relaci&oacute;n con la legalidad que rige en cada caso a la sociedad. La ley no tiene pasiones, sentenciaba Arist&oacute;teles al fundamentar la superioridad del gobierno de la ley, mientras Plat&oacute;n utilizaba su cl&aacute;sica met&aacute;fora del "timonel" para concluir que en &eacute;ste "la fuerza del arte es superior a la de las leyes".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bien podr&iacute;a decirse que el &uacute;ltimo trabajo de Hugo Quiroga es una intervenci&oacute;n que se inscribe plenamente en este milenario debate. Sin embargo, el lector de <i>La Argentina en emergencia permanente</i> tendr&aacute; ante s&iacute; no solamente una rica y fundada reflexi&oacute;n te&oacute;rica sobre la rep&uacute;blica democr&aacute;tica, sino, a la vez, un relato hist&oacute;rico seriamente documentado de los 22 a&ntilde;os de la recuperada democracia argentina. En efecto, se nos propone desde el comienzo un "reencuentro entre los conceptos pol&iacute;ticos y la historia" que constituir&aacute; un eje de lectura general de la obra. &iquest;Cu&aacute;l es el concepto pol&iacute;tico central? Sin duda, el estado de emergencia, concepto que, surgido, como es obvio, para designar episodios circunstanciales de la vida pol&iacute;tica republicana, ha pasado a ser en nuestro pa&iacute;s un rasgo central del r&eacute;gimen pol&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La clave del relato es el a&ntilde;o 1989. Despu&eacute;s de la ilusi&oacute;n democr&aacute;tica que atravesara nuestra sociedad desde su recuperaci&oacute;n en 1983, el peso de la larga crisis que se hab&iacute;a ido incubando en el seno del "Estado intervencionista" remataba en el estallido hiperinflacionario. Hab&iacute;a una transformaci&oacute;n profunda de orden econ&oacute;mico pero tambi&eacute;n cultural que se hab&iacute;a madurado, oculta detr&aacute;s del entusiasmo de la transici&oacute;n democr&aacute;tica: la renuncia prematura de Ra&uacute;l Alfons&iacute;n fue, en &uacute;ltima instancia, el costo de una interpretaci&oacute;n ingenua de la capacidad de la democracia pol&iacute;tica para dar soluci&oacute;n a una crisis sist&eacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, sostiene Quiroga, Carlos Menem, antes de avanzar con la transici&oacute;n econ&oacute;mica, tuvo que terminar la inconclusa transici&oacute;n pol&iacute;tica; tal es el sentido que se adjudica a la doble serie de indultos otorgados por el presidente de aquel per&iacute;odo: los de octubre de 1989 a militares comprometidos en hechos de represi&oacute;n y en las sublevaciones desarrolladas durante el gobierno radical y los de diciembre de 1990 que liberaron a los miembros de la Junta Militar oportunamente condenados durante el gobierno de Alfons&iacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esa crucial etapa de nuestra vida democr&aacute;tica, cuando nace la pr&aacute;ctica del "estado de emergencia" que, nacido en situaciones f&aacute;cticas concretas &#45;fundamentalmente la crisis hiperinflacionaria&#45; alcanza durante el propio per&iacute;odo menemista el estatus de un modo permanente de gobierno de la democracia argentina. Es lo que Quiroga llama el decisionismo democr&aacute;tico. No deja de ser parad&oacute;jico el hecho de que lo que se se&ntilde;ala como el acta inaugural del "Estado de derecho atenuado" coincida con la etapa en la que se cierra el ciclo de sublevaciones militares, complet&aacute;ndose la transici&oacute;n democr&aacute;tica. El "pacto postergado", expresado en el indulto a los militares, marca una diferencia de la transici&oacute;n argentina en relaci&oacute;n a la de la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses democratizados durante la d&eacute;cada de los ochenta, en las que la recuperaci&oacute;n del estado de derecho se alcanza sobre la base de acuerdos entre los personeros de la dictadura y los del nuevo r&eacute;gimen; se alcanza poco despu&eacute;s una estabilidad macroecon&oacute;mica de la que el pa&iacute;s hab&iacute;a carecido durante muchas d&eacute;cadas, se se&ntilde;ala como el acta inaugural del "Estado de derecho atenuado" como modo de ser de nuestra rep&uacute;blica. En Argentina, la pr&aacute;ctica sistem&aacute;tica del estado de emergencia en la democracia nace en el mismo momento en que la amenaza de la restauraci&oacute;n dictatorial aparece definitivamente superada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se subraya oportunamente que la emergencia permanente no es un "modelo de democracia" sino una pr&aacute;ctica de gobierno. El autor pone as&iacute; distancia de la ret&oacute;rica acerca del "r&eacute;gimen" y de la necesidad de su ca&iacute;da para transitar el camino de un se&ntilde;alamiento cr&iacute;tico y al mismo tiempo cauteloso. Tampoco suma uno m&aacute;s a la larga lista de adjetivos (tutelada, delegativa, restringida, entre muchos otros) con los que la bibliograf&iacute;a politol&oacute;gica ha pretendido dar cuenta de las particularidades de nuestras democracias. No puede ser de otra manera cuando todo el edificio del "decisionismo democr&aacute;tico" est&aacute; construido sobre la base del incumplimiento parlamentario de un conjunto de art&iacute;culos de la Constituci&oacute;n Nacional reformada en 1994 que disponen la necesidad de que el Congreso reglamente el modo de controlar la validez de los decretos de necesidad y urgencia y los vetos parciales del Poder Ejecutivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La utilizaci&oacute;n a lo largo de toda la obra del concepto "Estado de derecho atenuado" merece algunas puntualizaciones. Nuestro pa&iacute;s ha logrado la afirmaci&oacute;n de las garant&iacute;as individuales y las libertades p&uacute;blicas en un nivel que no tiene antecedentes, por lo menos desde 1930. Sin embargo, la atenuaci&oacute;n del Estado de derecho a la que se hace referencia remite a una definici&oacute;n de contenidos m&aacute;s amplios. En homenaje a la s&iacute;ntesis, Estado de derecho es, en la definici&oacute;n que diera Norberto Bobbio y a la que Quiroga parece adherir impl&iacute;citamente, "el Estado que tiene como principio inspirador la subordinaci&oacute;n de todo poder al Derecho, desde el nivel m&aacute;s bajo hasta el m&aacute;s alto, mediante el proceso de legitimaci&oacute;n de toda acci&oacute;n de gobierno que fue llamada desde la primera Constituci&oacute;n escrita de la &eacute;poca moderna, "constitucionalismo"<sup>1</sup>. Esa subordinaci&oacute;n del poder al derecho sufre en nuestra vida pol&iacute;tica una "atenuaci&oacute;n": la capacidad de decisi&oacute;n concentrada en el presidente y validada por la emergencia que desdibuja el rol del Congreso y vac&iacute;a la arena del debate p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una perspectiva comparada mostrar&iacute;a que este "ocaso de los poderes legislativos" es un fen&oacute;meno bastante generalizado desde hace m&aacute;s o menos tres d&eacute;cadas en las democracias occidentales, a&uacute;n en las m&aacute;s a&ntilde;ejas y consolidadas. Obligar&iacute;a a un giro exagerado para los efectos de este comentario, la referencia a un conjunto de fen&oacute;menos que configuran lo que ha dado en llamarse la "metamorfosis de la representaci&oacute;n" o el ocaso de la "democracia de partidos"<sup>2</sup> cuya sede central son los parlamentos y su transformaci&oacute;n en "democracia del p&uacute;blico" o de "las audiencias" en las que los medios masivos de comunicaci&oacute;n ya no s&oacute;lo transmiten sino configuran y organizan la agenda del debate p&uacute;blico. No obstante, dentro de este cuadro generalizado, nuestro pa&iacute;s ha mostrado particularidades muy marcadas en lo que concierne a la consolidaci&oacute;n de ciertas "zonas grises" de la vigencia de su Constituci&oacute;n y sus leyes. Baste recordar, por ejemplo, c&oacute;mo se manipul&oacute; en 2003 la legislaci&oacute;n electoral vigente para permitir la competencia de tres candidatos del Partido Justicialista. Y no est&aacute; de m&aacute;s decir que la sistem&aacute;tica exclusi&oacute;n del Congreso del tratamiento de ciertas medidas de la trascendencia del pago de la deuda al FMI con reservas del Banco Central da cuenta de la gravedad del problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Se puede gobernar sin el ejercicio del decisionismo democr&aacute;tico? Es, sin duda, la pregunta central del libro y la respuesta, que su autor se abstiene de dar, no puede pensarse desde un registro voluntarista que ponga el problema en t&eacute;rminos de la inclinaci&oacute;n o la voluntad subjetiva del gobernante de turno. En &uacute;ltima instancia, una vez que la emergencia hiciera su aparici&oacute;n en la escena democr&aacute;tica argentina, ning&uacute;n gobernante se priv&oacute; de utilizarla profusamente. El interrogante puede abrirse a otros, de manera de situar hist&oacute;ricamente el problema: &iquest;c&oacute;mo se lleg&oacute; en el pa&iacute;s a un grado tan considerable de diluci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos en el plano nacional?, &iquest;c&oacute;mo es posible hacer viable la democracia representativa sin un sistema de partidos que oriente y canalice las preferencias y permita la responsabilizaci&oacute;n colectiva de las decisiones que se toman en los &oacute;rganos de gobierno? Al considerar estas cuestiones, veremos que tambi&eacute;n las transformaciones de &eacute;poca en el formato de los partidos y en sus relaciones con el mundo social han adquirido en nuestro pa&iacute;s facetas propias que plantean la necesidad de un an&aacute;lisis concreto; es decir, un an&aacute;lisis que prescinda de la nostalgia por los "grandes partidos" de otras &eacute;pocas (nostalgia plenamente injustificada en Argentina, dada nuestra historia de movimientos personalistas y hegem&oacute;nicos) como tambi&eacute;n de la c&iacute;nica resignaci&oacute;n al vaciamiento de la escena deliberativa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Es el decisionismo democr&aacute;tico una suerte de profundizaci&oacute;n patol&oacute;gica de los vicios de nuestro presidencialismo? A primera vista parecer&iacute;a que s&iacute;. Sin embargo, la descripci&oacute;n profunda y detallada que se hace en esta obra de las vicisitudes de nuestro dise&ntilde;o institucional no autoriza plenamente esta conclusi&oacute;n. Est&aacute; claro que la vigencia de una serie de mecanismos que permiten al presidente gobernar sin el concurso activo del Congreso (aunque ser&iacute;a imposible el uso sistem&aacute;tico de este recurso sin una aquiescencia "pasiva" del parlamento) caracteriza el funcionamiento institucional argentino. Pero el hecho es que en veintid&oacute;s a&ntilde;os de democracia ya hubo cuatro presidentes &#45;Alfons&iacute;n, De la R&uacute;a, Rodr&iacute;guez S&aacute;a y Duhalde&#45;que no concluyeron el per&iacute;odo previsto y que, salvo en el caso de la asunci&oacute;n de Menem en reemplazo de Alfons&iacute;n que ten&iacute;a como soporte el resultado electoral, todas las crisis hubieron de ser resueltas en sede parlamentaria. El resultado concreto de las inconclusas reformas institucionales sancionadas por la Convenci&oacute;n Constituyente de 1994 parece ser un acentuado presidencialismo en &eacute;pocas de popularidad del gobierno y un "parlamentarismo de hecho", cuando la crisis ha devorado esa popularidad. Ning&uacute;n gobierno de la emergencia ha logrado conjurar los efectos devastadores de las crisis durante estos a&ntilde;os de democracia ni impedir sus nefastas consecuencias para el gobierno que las sufri&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La emergencia, como argumenta y explicita s&oacute;lidamente Quiroga en su libro, se ha convertido en una instituci&oacute;n regular de nuestro sistema pol&iacute;tico. El "gobierno de los hombres" predomina entre los argentinos por sobre el "gobierno de la ley". De todos modos, a quienes hemos vivido y, a nuestra manera, hemos intervenido en las duras peripecias de nuestra sociedad en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, puede asaltarnos la idea de que la emergencia ha sido el dispositivo &#45;magro, peligroso, pero dispositivo al fin&#45; de la democracia para sobrevivir a las sucesivas y tremendas crisis atravesadas. Vale anotar aqu&iacute; que Quiroga sit&uacute;a como ejes centrales del per&iacute;odo analizado en su relato: la legitimidad electoral y la legitimidad de la moneda; ambos han atravesado verdaderos cataclismos sociales y pol&iacute;ticos y han pervivido. Si pensamos que en 2002 circulaba ampliamente un <i>paper </i>de expertos extranjeros sugiriendo que nuestra econom&iacute;a pasase a ser administrada por un comit&eacute; de especialistas internacionales, acaso no nos asombre tanto la baja calidad institucional de nuestra democracia sino m&aacute;s bien su supervivencia. Claro que las grandes desgracias y las un poco milagrosas salvaciones de nuestra rep&uacute;blica, no pueden ser la excusa para el conformismo. Sobre todo porque tambi&eacute;n hemos aprendido que el decisionismo no es un recurso apto para enderezar el rumbo en la crisis sino un factor, que al debilitar la legitimidad del sistema, puede erosionar gravemente su futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un excelente material hist&oacute;rico sobre nuestro pasado reciente, una densa reflexi&oacute;n sobre el peso de las tramas pol&iacute;tico&#45;institucionales en la vida de la sociedad y tambi&eacute;n, acaso, una invitaci&oacute;n a un debate pol&iacute;tico concreto y actual sobre las pr&aacute;cticas de nuestra democracia pueden encontrarse en este importante trabajo de Hugo Quiroga.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a> Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1&nbsp;Bobbio, N. (1984). <i>El futuro de la democracia.</i> M&eacute;xico: FCE, pp. 124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174656&pid=S1870-3569200600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2&nbsp;Manin, B. (1992). "La metamorfosis de la representaci&oacute;n", en <i>Qu&eacute; queda de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica.</i> Caracas: Nueva Sociedad.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174658&pid=S1870-3569200600010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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