<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1870-2333</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Polis]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Polis]]></abbrev-journal-title>
<issn>1870-2333</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[UAM, Unidad Iztapalapa, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Sociología]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1870-23332013000100007</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Memoria colectiva: Procesos psicosociales]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Díaz Cruz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rodrigo]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma Metropolitana Departamento de Antropología ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>9</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>171</fpage>
<lpage>181</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1870-23332013000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1870-23332013000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1870-23332013000100007&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Memoria colectiva. Procesos psicosociales</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rodrigo D&iacute;az Cruz*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Juana Ju&aacute;rez, Salvador Arciga y Jorge Mendoza Garc&iacute;a, coords., M&eacute;xico, UAM&#45;Iztapalapa / Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a,</b> <b>2012, 200 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Profesor&#45;investigador del Departamento de Antropolog&iacute;a de la Universidad Aut&oacute;noma&nbsp;Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Doctor en Antropolog&iacute;a por la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. </i>Correo electr&oacute;nico: &lt;<a href="mailto:rdc@xanum.uam.mx">rdc@xanum.uam.mx</a>&gt;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La feminista y antrop&oacute;loga vasca Teresa del Valle nos ofrece esta elocuente imagen de la memoria: "La memoria se asemeja al viento que trae y lleva olores, objetos, polen. Cambia las cosas de lugar y, al mismo tiempo, las rescata del lugar donde se encuentran".<sup><a href="#nota">1</a></sup> Mientras le&iacute;a el libro que aqu&iacute; rese&ntilde;o, no pude liberarme de esta pl&aacute;stica imagen de la memoria como viento transformador, y al mismo tiempo como uno que se empe&ntilde;a en revelar, ocultar, hacer desaparecer. Puede tratarse en efecto de un tenue viento, suavemente perceptible, o bien de uno que avanza terrible, amenazante, con su ulular de hurac&aacute;n. La memoria es una fuerza sutil tanto como una potencia que no pasa desapercibida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo no dejaba de asaltarme la convicci&oacute;n de que del fluir de nuestras experiencias y vidas, tanto individuales como colectivas, la memoria constituye apenas un breve momento, un instante minucioso: &iquest;qu&eacute; recordamos, qu&eacute; recordaremos de todo el d&iacute;a de ayer, de toda la semana anterior, de todo el a&ntilde;o pasado, de la &uacute;ltima d&eacute;cada toda? &iquest;Qu&eacute; huellas nos han dejado al d&iacute;a de hoy, qu&eacute; rastros tendremos en el futuro de nuestras vivencias presentes y del pasado? Olvidamos mucho m&aacute;s de lo que recordamos. El olvido opera como un trasfondo continuo, permanente, el fondo de un iceberg, mientras que la memoria es casi una excepci&oacute;n, ese viento que en la inmensidad remueve aquel polen, que trae y lleva olores &#45;lamentablemente suelen ser olores de sufrimiento, dolor, sangre. Es la memoria una excepci&oacute;n, s&iacute;, pero honda, rica, densa, que nos moviliza, que nos mueve a actuar, que nos conmueve, que nos ofrece pertenencias. Ante todo la memoria crea presencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La de <i>memoria colectiva</i> es una categor&iacute;a pegajosa: se pega de continuo con otras categor&iacute;as y tambi&eacute;n otros t&eacute;rminos se le asocian. <i>Olvido,</i> desde luego, es una de ellas, pero tambi&eacute;n est&aacute;n, solo para mencionar algunas, las de <i>historia, identidad, afectividad, naci&oacute;n, poder.</i> Configuran todas ellas una trama conceptual que desde luego no es neutra, sino que nos invita a dar paseos en cierta direcci&oacute;n, pero no en otras, que tiene sus propias tensiones internas, su jerarquizaci&oacute;n, y lo que Carlos Pereda ha denominado sus <i>pol&iacute;ticas conceptuales:</i> formas espec&iacute;ficas en que se articulan y desarrollan las interrelaciones de enunciados descriptivos, normativos y valorativos.<sup><a href="#nota">2</a></sup> En otras palabras, toda descripci&oacute;n est&aacute; inevitablemente impregnada de normas y valores. Por ejemplo y a prop&oacute;sito de las tramas conceptuales asociadas a la categor&iacute;a de <i>memoria colectiva,</i> no es trivial preguntrse qui&eacute;n recuerda (digamos, al enfatizarse la asociaci&oacute;n entre memoria e identidad se tendr&aacute;n inclinaciones que probablemente no sean compartidas con quien subraye la relaci&oacute;n entre memoria y g&eacute;nero), de qu&eacute; recursos disponemos para recordar (existen diferencias sustantivas entre una sociedad con fuerte tradici&oacute;n oral respecto de aquellas que recurren a esa tecnolog&iacute;a que es la escritura), c&oacute;mo recordamos, por qu&eacute;, para qu&eacute;, para qui&eacute;nes recordamos, c&oacute;mo nos narramos. En s&iacute;ntesis, la memoria constituye una arena permanente de lucha y conflicto, de inestabilidad, de movimiento y esperanza; tambi&eacute;n es un lugar donde juegan las culpas, los remordimientos y arrepentimientos. Ahora que escribo estos comentarios la memoria me trae a colaci&oacute;n estos versos de Jos&eacute; Emilio Pacheco: "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte a&ntilde;os". Y en paralelo esa pregunta anacr&oacute;nica que Charlie Brown le hiciera a Snoopy: "&iquest;Podemos mejorar el ayer?"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los doce trabajos que integran <i>Memoria colectiva. Procesos psicosociales,</i> un libro que fruct&iacute;feramente han coordinado Juana Ju&aacute;rez, Salvador Arciga y Jorge Mendoza, se ocupan con distintos &eacute;nfasis de responder algunas de las interrogantes que he mencionado y desde luego muchas m&aacute;s. Pero quiz&aacute; el primer m&eacute;rito de este libro consista en que no se empe&ntilde;a en agotar o fijar de una vez por todas lo que ha de entenderse por <i>memoria colectiva,</i> sino que se propone explorar sus m&uacute;ltiples pliegues, esclarecer las diversas potencialidades que esta categor&iacute;a supone para comprender la vida social, indagar el campo polis&eacute;mico que implica. Desarrollar&eacute; lo que a mi juicio son las notas, preguntas e inquietudes b&aacute;sicas de los textos que conforman la obra; y al final expondr&eacute; algunos apuntes, m&aacute;s de car&aacute;cter cr&iacute;tico: asumo que los libros vivos y vitales nos invitan a dialogar con ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los tres coordinadores de la obra &#45;Juana Ju&aacute;rez, Salvador Arciga y Jorge Mendoza&#45; la inauguran con un sabroso texto en el que reconstruyen, como punto de partida, los argumentos centrales de la obra del fil&oacute;sofo y soci&oacute;logo franc&eacute;s Maurice Halbwachs, sin duda el padre tutelar del campo de la memoria colectiva. En realidad van m&aacute;s all&aacute;, pues desarrollan algunas ideas y materiales para discutir la memoria colectiva en nuestro tiempo y circunstancia. Es una magn&iacute;fica introducci&oacute;n al libro en la medida en que discute aquellas coordenadas que ubican y dan sentido a esta categor&iacute;a: los marcos donde se despliega, espacio y tiempo, lenguaje, los artefactos que operan como residencia de la memoria, las conmemoraciones y rituales, los relatos de fundaci&oacute;n y de origen, la ret&oacute;rica de la comunicaci&oacute;n, la identidad, las tensiones y perplejidades entre memoria e historia &#45;un asunto que de hecho habita el libro desde la primera hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su excelente contribuci&oacute;n, Eugenia Allier explora el auge, la "epidemia", "tiran&iacute;a", "boom", "industria" de la memoria hoy en d&iacute;a; y se pregunta, &iquest;a qu&eacute; se debe esta preocupaci&oacute;n por la memoria que no exist&iacute;a hace varias d&eacute;cadas? En particular destaca esa inclinaci&oacute;n que se ha tenido por cultivar las <i>memorias del horror:</i> sean las que reconstruyen el holocausto en su atroz diversidad, sean las escrituras de la sobrevivencia en las dictaduras del Cono Sur. En suma, este trabajo indaga c&oacute;mo la memoria &#45;y sobre todo las memorias fragmentadas, es decir, las regionales y locales, las familiares e individuales&#45; se ha convertido en una obsesi&oacute;n y en una parte central de nuestro paisaje cultural. Eugenia Allier nos ofrece explicaciones convincentes respecto a esta obsesi&oacute;n contempor&aacute;nea por la memoria, y con ello tambi&eacute;n discute los v&iacute;nculos y diferencias entre memoria e historia en las ciencias sociales. Para ello nos introduce en la historia de la memoria y en la historia del tiempo presente. Eugenia nos propone "historizar la memoria", un argumento fundamental que no debemos olvidar al hacer la lectura del libro. Cito:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...una historia que no busca conocer los sucesos del pasado, pues no interesa el acontecimiento: menos centrada en el pasado que en los sucesivos presentes pol&iacute;ticos y sociales que lo han condicionado y que pone &eacute;nfasis en los actores y las representaciones: cu&aacute;les han sido y son las creencias y memorias alrededor del pasado, construidas desde el presente. En ese sentido, importan el presente y los agentes &#91;...&#93; La historia de la memoria, entonces, no es el estudio del pasado, sino el del presente: c&oacute;mo se conforma una sociedad a trav&eacute;s de su pasado en los sucesivos presentes (p. 64).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Psicologizar la historia, historizar la psicolog&iacute;a", Rodolfo Su&aacute;rez y Alejandro Araujo se preocupan por se&ntilde;alar "algunos puntos de encuentro entre la psicolog&iacute;a y la historia, tomando como eje la reflexi&oacute;n sobre el tema de la memoria" (p. 80). En otras palabras, argumentan las maneras en que, primero, la memoria se volvi&oacute; objeto de la historia &#45;y con ello su trabajo encuentra varios puntos de intersecci&oacute;n con el texto de Eugenia Allier, esto es, ambos desarrollan tanto una historia de la memoria como una historia del tiempo presente. Luego, y a partir de este horizonte, analizan "las posibilidades para una efectiva historizaci&oacute;n de la psicolog&iacute;a y viceversa" (p. 81).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su ambicioso trabajo, Manuel Gonz&aacute;lez y Josu&eacute; Tinoco parten de la premisa de que la memoria colectiva emerge del pensamiento social, o bien que es este &uacute;ltimo la condici&oacute;n necesaria para que se forje la memoria colectiva. Por ello se proponen esclarecer &#45;como una condici&oacute;n <i>sine qua non</i> para conocer las topograf&iacute;as de la memoria&#45; aquellos elementos que participan en la formaci&oacute;n del pensamiento social: las creencias religiosas, la ideolog&iacute;a, la ciencia y la cultura. Enf&aacute;ticamente sostienen que "se considera a la memoria colectiva como proceso y como producto del pensamiento social" (p. 123), afirmaci&oacute;n que desarrollan a lo largo de su texto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las conmemoraciones constituyen sin duda uno de los recursos culturales m&aacute;s utilizados en tanto pr&aacute;ctica y ejercicio de la memoria, como estrategia de reconstrucci&oacute;n del pasado. Alfonso D&iacute;az y Valent&iacute;n Albarr&aacute;n sostienen con tino en su breve pero sugerente trabajo, que en las conmemoraciones se acumula el tiempo. Sin embargo, esta acumulaci&oacute;n no es arbitraria, casual, sino que est&aacute; atravesada por las relaciones de poder (pp. 146&#45;147). Despu&eacute;s de ofrecernos una suerte de tipolog&iacute;a de distintas maneras de conmemorar, los autores introducen 174 una &uacute;til reflexi&oacute;n sobre la velocidad de las pr&aacute;cticas sociales y sus v&iacute;nculos con nuestra capacidad para recordar: qu&eacute; tan r&aacute;pido o qu&eacute; tan lento se mueve el colectivo en la vida cotidiana y en la din&aacute;mica con la que recuerda. De hecho los autores asumen y defienden la afirmaci&oacute;n del escritor checo Milan Kundera: "el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido" <i>(La lentitud,</i> citado en p. 154). En su texto, Silvia Guti&eacute;rrez estudia "el papel que desempe&ntilde;an los procesos afectivos en la construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de la memoria colectiva" (p. 166). Si bien el tema de la afectividad no se omite en los trabajos del libro que comento &#45;de hecho Halbwachs advirti&oacute; que la memoria colectiva era una memoria afectiva&#45;, en realidad aparece m&aacute;s o menos difuminado o desvanecido; enunciado, s&iacute;, pero sin ocupar el lugar preponderante que Silvia Guti&eacute;rrez con justa raz&oacute;n le otorga en su cap&iacute;tulo. Las emociones, sostiene, "sirven para constituir el material m&aacute;s substancioso de la memoria, &#91;y&#93; &eacute;sta a su vez es la que reproduce y mantiene las emociones adecuadas y actualizadas de acuerdo con cada contexto social" (p. 183).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su trabajo, Ang&eacute;lica Bautista indaga "un espacio simb&oacute;lico en el que se pueda estudiar, con referencias cotidianas, una memoria colectiva. Se trata del <i>barrio"</i> (p. 191). Contin&uacute;a: "un barrio es una delimitaci&oacute;n simb&oacute;lica de la pertenencia al colectivo, una expresi&oacute;n de la identidad, una fuente de reconocimiento y auto&#45;reconocimiento de lo que se es y de lo que no se es" (p. 191). Tambi&eacute;n el barrio ha implicado el desarrollo de potentes imaginarios metropolitanos, esto es, como sostiene Ang&eacute;lica Bautista (quien cita aqu&iacute; a Gravano), el barrio alude a la "comunidad perdida dentro del imaginario urbano contempor&aacute;neo". En nuestro paisaje cultural la noci&oacute;n de <i>barrio</i> ha sido relevante: desata en la memoria m&uacute;ltiples im&aacute;genes y afectos. Baste recordar en la llamada &eacute;poca de oro del cine nacional las pel&iacute;culas que han formado parte de nuestra educaci&oacute;n sentimental y en las que se nos han ofrecido im&aacute;genes contrastadas: ya sea el barrio id&iacute;lico, lugar de la utop&iacute;a, ya donde se viven tragedias cotidianas ins&oacute;litas, en ambos casos con la luminosa presencia de Pedro Infante, Tin Tan, <i>Chachita,</i> Blanca Estela Pav&oacute;n. <i>Intimidad</i> y <i>anonimato</i> coexisten en la vida barrial &#45;defiende Ang&eacute;lica Bautista&#45; y "esa <i>intimidad</i> es colectiva, que deviene de un reconocimiento identitario de pertenencia no a un lugar y a un tiempo en espec&iacute;fico, sino a un espacio; esto es, a una historia &#91;a una memoria&#93; continuada..." (p. 202).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si memoria y olvido conforman una d&iacute;ada indisoluble, otra d&iacute;ada fundamental est&aacute; integrada por la de memoria e identidad. Queda claro que no puede haber identidad personal o social que no est&eacute; animada por alguna memoria. De aqu&iacute; la pertinencia del trabajo colectivo y multicultural de Wolfgang Wagner, Peter Holtz, Yoshihisa Kashima y Javier &Aacute;lvarez, en el que discuten los terribles peligros de asumir que las identidades constituyen clases naturales, esto es, cuando se atribuye una esencia a las categor&iacute;as. Pensemos a modo de ilustraci&oacute;n en las categor&iacute;as de ser indio, ser negro, ser hombre o mujer, ser homosexual, ser mexicano y las m&uacute;ltiples formas en que se les ha naturalizado. <i>Esencializar</i> estas categor&iacute;as no solo dificulta el di&aacute;logo, sino que puede conducir al racismo, xenofobia, homofobia, a la deshumanizaci&oacute;n, al ejercicio m&aacute;s atroz de la violencia contra esa alteridad que, precisamente para ejercer la fuerza, la violencia sin remordimientos, ha sido naturalizada. Escriben los autores: "al asignar a los miembros de una categor&iacute;a social de un estatus 'natural' se les dota de consecuencias simb&oacute;licas y de comportamiento: la naturaleza, como opuesta a la cultura, es truculenta y apenas controlable" (pp. 253254). Y una de las ecuaciones de discriminaci&oacute;n y sumisi&oacute;n m&aacute;s ominosas y naturalizadas es la que ha vinculado a las mujeres con la naturaleza y lo privado, y a los hombres con la cultura y lo p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la misma l&iacute;nea que el texto anterior, Juana Ju&aacute;rez y Ana Corina Fern&aacute;ndez desarrollan las relaciones entre naci&oacute;n, identidad nacional y memoria como elementos constitutivos de un mismo sistema de pensamiento, "cuyo origen es de &iacute;ndole sociocultural y cuyos componentes son producto de la o las ideolog&iacute;as, creencias, tradiciones y formas organizativas propias de cada grupo humano" (p. 311). Territorio hist&oacute;rico, recuerdos compartidos, historia de los or&iacute;genes y etnosimbolismo tambi&eacute;n forman parte de ese sistema. Por ejemplo, se&ntilde;alan las autoras, "la historia de los or&iacute;genes de un pa&iacute;s encierra y da cuenta no nada m&aacute;s del episodio &eacute;pico a partir del cual cobra sentido y se cohesiona un pa&iacute;s, sino que el punto de partida establece tambi&eacute;n modos de pensar, pautas de comportamiento, define la forma que han de adquirir las relaciones entre gobernantes y gobernados" (p. 319). De aqu&iacute; la importancia, sostienen Juana Ju&aacute;rez y Ana Corina Fern&aacute;ndez siguiendo en este punto a Norberto Lechner, de que en Am&eacute;rica Latina necesitemos de m&aacute;s narrativas o relatos democr&aacute;ticos, y no de las pedagog&iacute;as de la violencia que han contribuido a configurar nuestras identidades nacionales a trav&eacute;s 176 de la historia oficial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la misma l&iacute;nea de discusi&oacute;n sobre la memoria y la naci&oacute;n, Salvador Arciga y Osusbel Olivares se ocupan de un problema central para nuestro presente: el de la ciudadan&iacute;a, y el papel que ha tenido la psicolog&iacute;a social en su elucidaci&oacute;n. Despu&eacute;s de exponer el argumento de que las memorias colectivas orientan la vida cotidiana del ciudadano com&uacute;n, defienden que la idea de ciudadan&iacute;a ha de constituir una forma de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Afirm&eacute; arriba que olvidamos mucho m&aacute;s de lo que recordamos. La memoria constituye una presencia enf&aacute;tica, mientras que el olvido es ausencia, por ello es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil explorarlo. Muchas veces se asignan connotaciones negativas al olvido: como si fuera un fracaso; pero el olvido no es un fen&oacute;meno homog&eacute;neo. Olvidar las llaves, olvidar el cumplea&ntilde;os del mejor amigo, olvidar el aniversario de bodas, puede tener consecuencias desastrosas, mas no siempre ha de ser as&iacute;: entre los griegos cl&aacute;sicos se invocaba a la diosa Lete &#45;la diosa del olvido&#45; a fin de que los &aacute;nimos de venganza entre los grupos en contienda se olvidaran para siempre. No est&aacute; mal olvidar los t&iacute;tulos de nobleza y aristocr&aacute;ticos, los t&iacute;tulos que apelan a la sangre; quienes han vivido una conversi&oacute;n religiosa deben olvidar su pasado, ahora resignificado como ominoso; en <i>Gargant&uacute;a y Pantagruel,</i> Rabelais nos informa que la mente de Gargant&uacute;a estaba tan atascada o atorada por las ense&ntilde;anzas escol&aacute;sticas, que su profesor Ponocrates le dio a tomar un t&eacute; para que olvidara dichas tonter&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olvidar algunas cosas puede tener consecuencias positivas; pero otras no las podemos, no las debemos olvidar: de eso trata el &uacute;ltimo y excelente trabajo que comentar&eacute;, el de Jorge Mendoza, que discute el tema del olvido cuando este se busca imponer desde el viento del poder, cuando se pretende producir un olvido institucional: sea mediante las omisiones selectivas, mediante la censura, el fuego como la pira de la memoria, el olvido que provoca vac&iacute;os, el olvido socialmente organizado, el borramiento de otras memorias, de memorias inc&oacute;modas. Cito a Jorge Mendoza:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las colectividades y sociedades los discursos que se imponen, los que dominan, tienen determinadas caracter&iacute;sticas argumentativas y ret&oacute;ricas al momento de justificarse. Arman toda una trama, toda una narraci&oacute;n sobre el pasado, de forma tal que &eacute;ste confluye "de manera natural" en el presente, y se intenta demostrar que otros caminos eran improbables, no viables, s&oacute;lo el que se impuso era el &oacute;ptimo, el m&aacute;s congruente, el l&oacute;gico (pp. 360&#45;361).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">He procurado ilustrar que <i>Memoria colectiva. Procesos psicosociales</i> es un libro que nos ofrece diversas lecciones y ense&ntilde;anzas, tambi&eacute;n nos hereda las tensiones y perplejidades que est&aacute;n presentes en la categor&iacute;a misma de <i>memoria colectiva.</i> Quiz&aacute; la m&aacute;s destacable es la que tiene que ver con la dif&iacute;cil y compleja interrelaci&oacute;n de memoria e historia, que atraviesa a toda la obra, si bien no es una que sea tratada del mismo modo en todos los textos. Considero que en diversos cap&iacute;tulos se busca realizar lo que denomino <i>un acto de purificaci&oacute;n</i> de la memoria, de la memoria colectiva en su relaci&oacute;n de oposici&oacute;n con la historia. Veamos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se afirma en alg&uacute;n punto que "la memoria colectiva no tiene una finalidad vinculada al poder o a la imposici&oacute;n, sino m&aacute;s tendiente a la edificaci&oacute;n del presente con formas significativas, la identidad, al mantenimiento de tradiciones y de versiones que resisten a la visi&oacute;n homog&eacute;nea de la historia" (p. 346). En otro lado se apunta que "la memoria colectiva &#91;.&#93; no transita por el terreno normativo del conocimiento formal, de hecho su expresi&oacute;n comunal se ubica en una conciencia colectiva no racionalizada" (p. 207). O bien se asume que la memoria colectiva es una memoria viva, din&aacute;mica, comunicativa, que brinda un sentido de continuidad, mientras que la historia es est&aacute;tica, es informativa y busca ser la &uacute;nica versi&oacute;n de los hechos (p. 313). En otro cap&iacute;tulo tambi&eacute;n se indica que la historia es 'una' por principio y las memorias son 'm&uacute;ltiples' (p. 176). Transcribo un &uacute;ltimo ejemplo: la memoria presenta al grupo una pintura de s&iacute; mismo que transcurre en el tiempo, la historia en cambio lo hace desde afuera y deviene en formas de pensamiento artificiales y esquematizadas (p. 39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apunt&eacute; que se busca realizar un <i>acto de purificaci&oacute;n de la memoria</i> porque las memorias colectivas est&aacute;n ellas tambi&eacute;n e inevitablemente atravesadas por relaciones de poder, por estereotipos, por omisiones, por olvidos, por exclusiones: las memorias de la familia, del linaje y del clan, del grupo social, del barrio, del pueblo est&aacute;n, en su escala, oficializadas. Pongamos por caso las memorias de la familia o del grupo de parentesco: qui&eacute;n habla y qui&eacute;n recuerda en nombre de la familia, &iquest;la abuela, el padre?; cu&aacute;ntos hechos se ocultan en la memoria familiar que se transmite, como conocimiento, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n; cu&aacute;ntos miembros de la familia son excluidos de las narrativas del propio grupo de parentesco; qu&eacute; discontinuidades muestra una memoria de esta clase. Tampoco creo que sea conveniente asumir que la historia, 178 incluso la historia oficial, sea una, homog&eacute;nea, esquem&aacute;tica, artificial, est&aacute;tica o solo informativa: la historia oficial forma parte de arenas y campos de batalla. El pasado es polis&eacute;mico, produce diversas versiones. Ah&iacute; donde el poder busca domesticar el pasado, tarde o temprano emerger&aacute;n otras lecturas, distintas interpretaciones. La propia gente gesta sus propios usos del pasado. Es com&uacute;n que en muchos pueblos de nuestro pa&iacute;s sus habitantes escriban la historia de su pueblo, con visitas al Archivo General de la Naci&oacute;n, por ejemplo, para demostrar a partir de documentos coloniales sus derechos a la tierra, para proteger sus l&iacute;mites territoriales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra tensi&oacute;n tiene que ver con la asociaci&oacute;n entre memoria, identidad y conmemoraciones, as&iacute; como con las consecuencias que se le atribuyen. En algunos textos del libro se asoma en esta intersecci&oacute;n una mirada que yo llamar&iacute;a <i>sublime,</i> pues se sobre&#45;enfatiza la cohesi&oacute;n del grupo que suscita (p. 184), el lugar de la tradici&oacute;n ben&eacute;vola que reitera, la integraci&oacute;n de los grupos sociales que provoca (p. 331), el apelar a una suerte de voluntad colectiva (p. 317) o al alma de los pueblos (pp. 288, 319). La intersecci&oacute;n entre memoria e identidad sin duda puede provocar &aacute;nimos intensos de efervescencia y cohesi&oacute;n colectivas, pero tambi&eacute;n debemos reconocer que algunos de esos &aacute;nimos pueden fortalecer y justificar el ejercicio de la violencia contra una alteridad que se asume peligrosa para el grupo. Esto es, quien atenta contra el propio grupo propicia la guerra y la violencia, la venganza, las gestas heroicas. Somos testigos hoy de c&oacute;mo los fervorosos nacionalismos, los estados totalitarios y algunos de los crecientes movimientos &eacute;tnicos y religiosos incitan a la violencia y al genocidio para purificar y proteger al propio grupo &#45;para preservar su memoria e identidad&#45; de los infieles, de los enemigos y traidores a la naci&oacute;n, de los disidentes, opositores y rebeldes, de la alteridad racial y sexual, de los insumisos, que constituyen para aquellos un c&aacute;ncer social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de <i>Memoria colectiva. Procesos psicosociales</i> nos ofrece distintas ense&ntilde;anzas y nos invita a reflexionar, a conversar y debatir sobre temas relevantes para comprender nuestro tiempo y circunstancia. Como soy optimista, creo que los autores han de estar ya tramando el siguiente libro: <i>Memoria colectiva 2.</i> Sugiero la inclusi&oacute;n de dos temas: la articulaci&oacute;n de la memoria con el g&eacute;nero y con el cuerpo. A modo de ilustraci&oacute;n, en un apasionante trabajo sobre los lugares de la memoria desde una perspectiva de g&eacute;nero, M&oacute;nica In&eacute;s Cejas se hace las siguientes preguntas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es el <i>locus</i> de la(s) mujer(es) y de <i>lo femenino</i> en el espacio p&uacute;blico, es decir, en las representaciones de la naci&oacute;n y en el imaginario del pasado? Desde una perspectiva de g&eacute;nero que no puede dejar de considerarse sin entretejerla con clase, etnia y otros signos de 'identidad/otredad', &iquest;qu&eacute; tan inclusivas son esas representaciones que aluden a la naci&oacute;n mexicana y que se sit&uacute;an en este espacio p&uacute;blico? &iquest;Son inclusivas de la mitad del <i>demos</i> y lo son en su variedad? &iquest;Qu&eacute; relaciones de poder son representadas? &iquest;Desde d&oacute;nde se enuncian?<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n entre cuerpo y memoria es m&aacute;s evidente para nosotros desde distintos &aacute;ngulos: &iquest;qui&eacute;n no tiene la huella en una de sus rodillas de una ca&iacute;da, de un <i>faul</i> arteramente dado, de un tropez&oacute;n con la cuerda?, o bien, el rastro de una vacuna en el hombro que nos acompa&ntilde;ar&aacute; hasta la sepultura. A trav&eacute;s de los h&aacute;bitos la memoria est&aacute; tambi&eacute;n encarnada, arraigada en nosotros: sin reflexi&oacute;n, casi en autom&aacute;tico, manipulamos tenedor y cuchillo frente a un resistente <i>top sirloin,</i> manejamos el auto, escribimos con l&aacute;piz o en la computadora. Pero estos ejemplos son sublimes. Veamos otros. Recurrir&eacute; a un excelente trabajo de Rodrigo Parrini.<sup><a href="#nota">4</a></sup> &iquest;Qu&eacute; marcas dejan en el cuerpo la explotaci&oacute;n de los esclavos, las mujeres, los obreros, los ni&ntilde;os?, &iquest;qu&eacute; cicatrices, que roturas, qu&eacute; arrugas, qu&eacute; enfermedades, qu&eacute; desnutrici&oacute;n? En el v&iacute;nculo entre cuerpo y memoria, el primero puede ser pensado como un archivo, y esas llagas, esas heridas, esas enfermedades oscuras, como los documentos de una historia infame y dolorosa. Nietzsche escrib&iacute;a que "para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego; s&oacute;lo lo que no cesa de <i>doler</i> permanece en la memoria": &iquest;cu&aacute;les son las memorias del vientre de las parturientas, "hecha de maternidades idealizadas y de cuerpos crispados"?, se interroga Parrini. &iquest;C&oacute;mo narrar un sufrimiento corporal extremo? Tal vez el lenguaje sea insuficiente para dar cuenta de &eacute;l y tal vez la raz&oacute;n se vea desbordada, pero el cuerpo est&aacute; ah&iacute; como un archivo que nos reclama con la siguiente pregunta: "&iquest;Podemos mejorar el ayer?"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Carlos Pereda, 1994 <i>Raz&oacute;n e incertidumbre,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI Editores / UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6245718&pid=S1870-2333201300010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maceira Ochoa, Luz, y Luc&iacute;a Rayas Velasco, eds. 2011 <i>Subversiones. Memoria social y g&eacute;nero. Ataduras y reflexiones,</i> M&eacute;xico, Juan Pablos / Fonca / ENAH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6245720&pid=S1870-2333201300010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En Teresa del Valle, "Identidad, memoria, juegos de poder", Luz Maceira Ochoa y Luc&iacute;a&nbsp;s<b>/3</b> Rayas Velasco, eds., <i>Subversiones. Memoria social y g&eacute;nero. Ataduras y reflexiones,</i> M&eacute;xico, Juan Pablos / Fonca / ENAH, 2011, p. 71.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> En Carlos Pereda, <i>Raz&oacute;n e incertidumbre,</i> M&eacute;xico, Siglo XXI Editores / UNAM, 1994, p. 77.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;En M&oacute;nica In&eacute;s Cejas, "De monumentos y naciones: reflexiones en torno a los significados de g&eacute;nero en monumentos de la Ciudad de M&eacute;xico", en Luz Maceira Ochoa y Luc&iacute;a Rayas Velasco, <i>op. cit.</i> , p. 170.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;En Rodrigo Parrini, "Memorias del cuerpo. Cuerpo, memoria y olvido", <i>ib&iacute;dem,</i> pp. 330, 180 332&#45;333.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pereda]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Razón e incertidumbre]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI EditoresUNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Maceira Ochoa]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luz]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rayas Velasco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lucía]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Subversiones. Memoria social y género. Ataduras y reflexiones]]></source>
<year>2011</year>
<publisher-name><![CDATA[Juan PablosFoncaENAH]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
