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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier: Formas de la alteridad</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La cr&iacute;tica sitiada</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Subirats*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Fil&oacute;sofo y ensayista espa&ntilde;ol. Graduado de la Universidad de Barcelona (1978) donde se doctor&oacute; en Filosof&iacute;a (1981).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 1 de septiembre de 2010    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Fecha de aprobaci&oacute;n: 19 de enero de 2011</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un ejercicio cr&iacute;tico de autoreflexi&oacute;n, este art&iacute;culo quiere remarcar los momentos que, a partir de los sucesos del 2001, defin&iacute;an el generalizado estado de sitio de la existencia y la conciencia por la ilimitada violencia y el absoluto poder del espect&aacute;culo. Retomando la teor&iacute;a cr&iacute;tica, trivializada por la cultura industrial y acad&eacute;mica, se trata de configurar una constelaci&oacute;n cr&iacute;tica como reflexi&oacute;n del <i>logos</i> de la civilizaci&oacute;n, es decir, como la reconstrucci&oacute;n de lo que la constituye. El texto plantea la posibilidad de ver el otro lado de la cat&aacute;strofe, pero para ello habr&aacute; que vislumbrar tambi&eacute;n, muy probablemente, el fantasma de la estupidizaci&oacute;n masiva que no dudar&aacute; en penetrar en cada uno de los intersticios de esta sociedad global que nos rodea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Existencia sitiada, cr&iacute;tica, crisis, civilizaci&oacute;n, comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestra condici&oacute;n de confinamiento urban&iacute;stico y electr&oacute;nico en el mundo que llamamos posthumano, lo que he titulado "la existencia sitiada", se me hicieron presentes d&iacute;as despu&eacute;s del ataque al World Trade Center y el Pent&aacute;gono. Hoy las huellas de aquel escenario han sido cuidadosamente borradas de las memorias colectivas, y suplantadas por el espect&aacute;culo de la guerra global y la configuraci&oacute;n de un renovado sistema de dominaci&oacute;n planetaria. Por eso quiero relatarles algunos detalles de aquella situaci&oacute;n inaugural. A los ataques jihadistas les siguieron una serie de agresiones a oficinas p&uacute;blicas, as&iacute; como de individuos, con esporas letales de la bacteria &Aacute;nthrax a trav&eacute;s de cartas de origen desconocido. Durante varios d&iacute;as los <i>mass media</i> sembraron sistem&aacute;ticamente el p&aacute;nico sobre una aterrada masa medi&aacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las esporas, lo mismo que los terroristas, se configuraron per&#45;formativamente como un virtual peligro letal que pod&iacute;a aparecer en cualquier momento y en todas partes: en los transportes p&uacute;blicos, en las aulas de la universidad o en la privacidad dom&eacute;stica electr&oacute;nicamente vigilada. Un clima de terror e inseguridad se expand&iacute;a en consecuencia desde los pent&aacute;gonos del poder de Washington hasta los m&aacute;s remotos confines del mundo. Las v&iacute;ctimas obedec&iacute;an a un deliberado principio arbitrario: un senador, un empleado de correo, una enfermera. La opacidad medi&aacute;ticamente construida de sus autores no hac&iacute;a sino intensificar su efecto intimidador. La informaci&oacute;n medi&aacute;tica estaba perfectamente uniformada bajo los lenguajes y las realidades predise&ntilde;adas por la c&uacute;pula militar. La naci&oacute;n entera viv&iacute;a un estado electr&oacute;nico de sitio representado como cumplimiento de la libertad. Nunca hab&iacute;a imaginado hasta entonces la radical deconstrucci&oacute;n de la vida social y la desintegraci&oacute;n de la existencia individual que en los a&ntilde;os sesenta barrunt&aacute;bamos bajo el lema de "la sociedad del espect&aacute;culo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es irrelevante subrayar que esta arma biol&oacute;gica, producida bajo los auspicios del gobierno brit&aacute;nico durante la II Guerra Mundial, ya se hab&iacute;an utilizado contra nacionalistas africanos en Rodesia, en lugar de diseminarlos sobre la poblaci&oacute;n civil alemana a la que originalmente estaba destinada. La propaganda gubernamental identific&oacute; de todos modos estas bacterias con un aleatorio bioterrorismo y las asoci&oacute; con el gobierno de Sadam Hussein. Y cuando unas semanas m&aacute;s tarde se supo ocasionalmente que s&oacute;lo la industria militar de los Estados Unidos pod&iacute;a producir esporas de tan sofistica calidad como las que se hab&iacute;an usado el los d&iacute;as que siguieron a aquel 11 de septiembre, ya era demasiado tarde. La guerra global hab&iacute;a sido proclamada. El &eacute;xtasis nacionalista y el fuego belicista incendiaron en cuesti&oacute;n de horas a todo el pa&iacute;s. Una nueva era hab&iacute;a comenzado.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tres momentos defin&iacute;an este generalizado estado de sitio. Primero, el confinamiento social bajo el principio del terror medi&aacute;tico y militar. En segundo lugar, la dependencia individual y colectiva de esos mismos medios electr&oacute;nicos de comunicaci&oacute;n como sistema de realidad. Tercero, la impotencia humana frente a discursos pol&iacute;ticos ostensiblemente fraudulentos y decisiones militares de consecuencias ostensiblemente genocidas. Esta es la constelaci&oacute;n hist&oacute;rica que he analizado en <i>La existencia sitiada</i> (2007).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los ensayos deliberadamente fracturados que componen este libro he tratado de definir conceptual y expresivamente una condici&oacute;n humana terminal en una edad caracterizada por el dise&ntilde;o industrial de la realidad a escala global, el escarnio medi&aacute;tico universal de la masa electr&oacute;nica, un estado de guerra indefinida y la destrucci&oacute;n del ecosistema. Pero no es este solamente mi punto de partida. En mis a&ntilde;os en la academia norteamericana he experimentado en mi propia piel otro aspecto de nuestra constelaci&oacute;n hist&oacute;rica negativa: el confinamiento intelectual, la compartimentaci&oacute;n y la subsiguiente desarticulaci&oacute;n de la posibilidad misma de pensamiento. El estructuralismo y postestructuralismo pueden celebrarse como la expresi&oacute;n y legitimaci&oacute;n formales de este estado de sitio intelectual. Su postulado universal de que nada existe fuera del lenguaje y s&oacute;lo la intertextualidad es real traduce la voluntad administrativa de confinar microsaberes, controlarlos ling&uuml;&iacute;sticamente y ponerlos institucionalmente fuera del alcance de su reflexi&oacute;n. La construcci&oacute;n de realidades ficticias es su consecuencia. Su impl&iacute;cita condena de la experiencia individual y de la creatividad como un absurdo, desde el punto de vista de la racionalidad profesional, pone de manifiesto su rostro dogm&aacute;tico. Y en la misma medida en que se confina el ser en el interior del lenguaje, la administraci&oacute;n de &eacute;ste se eleva a principio de todo poder en las jergas del espect&aacute;culo postpol&iacute;tico, lo mismo que en los discursos postintelectuales de un cerrado academicismo. Lo que no se subsuma a un terminante control ling&uuml;&iacute;stico, sean disidencias, sean poemas, adquiere por su propia naturaleza extraling&uuml;&iacute;stica el car&aacute;cter existencial de un fantasma, el significado burocr&aacute;tico de la herej&iacute;a y el valor ontol&oacute;gico de una nada. La consecuencia moral de este deconstruccionismo institucional es el h&iacute;bridismo de imbecilidad y cinismo que hoy rige nuestros destinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo cuatro aspectos he tratado de analizar esta condici&oacute;n terminal de nuestra existencia. El primero es la constituci&oacute;n de la realidad como espect&aacute;culo. Bajo este concepto de espect&aacute;culo describo nuestras vidas, reducidas a la soledad y la impotencia, en el medio de una realidad producida, empaquetada y difundida por las industrias culturales como un hecho cumplido e inapelable, ya se trate de la felicidad de la Cocacola o de la seguridad que proporcionan la acumulaci&oacute;n indefinida de misiles con cabezas nucleares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi segundo an&aacute;lisis plantea el vasto dilema de una destrucci&oacute;n de cultos y culturas humanas que no ha cesado de extenderse desde los d&iacute;as fundacionales del colonialismo moderno. Una destrucci&oacute;n cuyos momentos constituyentes hay que buscarlos en los momentos pioneros de la teolog&iacute;a pol&iacute;tica del ap&oacute;stol Pablo y de la epistemolog&iacute;a moderna de Francis Bacon. Una destrucci&oacute;n de culturas que en el momento actual posee dimensiones colosales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer dilema que planteo es el sentido un&iacute;vocamente destructivo que ha asumido la dominaci&oacute;n cient&iacute;fica de la naturaleza. El <i>Manhattan Project</i> bajo cuyos auspicios se cumpli&oacute; el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki es el paradigma de esta ciencia destructiva. Las tecnolog&iacute;as de destrucci&oacute;n nuclear, de colonizaci&oacute;n biol&oacute;gica y el calentamiento global son sus s&iacute;ntomas m&aacute;s ostensibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espect&aacute;culo, regresi&oacute;n cultural y biol&oacute;gica, y poder tecnoindustrial son fuerzas que confluyen y concluyen en lo que constituye el momento central de la crisis civilizatoria y existencial de nuestro tiempo: la inversi&oacute;n del orden a la vez temporal y metaf&iacute;sico del progreso. En su versi&oacute;n escatol&oacute;gica este ideal de progreso se defin&iacute;a como un proceso indefinido de cumplimiento del ser en el l&iacute;mite de un tiempo final, es decir, lo que el ap&oacute;stol Juan defini&oacute; program&aacute;ticamente como "revelaci&oacute;n" o "apocalipsis". Su expresi&oacute;n secularizada en las filosof&iacute;as del progreso ligadas a la revoluci&oacute;n industrial ha trocado hoy su bandera del mejor ma&ntilde;ana por la administraci&oacute;n de crisis sociales, conflictos militares y desastres ecol&oacute;gicos. Su expresi&oacute;n cultural global es la ritualizaci&oacute;n acad&eacute;mica del final de la filosof&iacute;a y del arte, la muerte del hombre y la desaparici&oacute;n del intelectual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existencia sitiada y conciencia sitiada apuntan hacia esta situaci&oacute;n existencial e hist&oacute;rica terminal. Exponen un presente se&ntilde;alado por el vac&iacute;o y el no ser, por el nihilismo como su expresi&oacute;n filos&oacute;fica, y un deseo generalizado de destrucci&oacute;n que se expresa con la misma violencia en la agresividad ecocida del consumo energ&eacute;tico, como en las estrategias y tecnolog&iacute;as letales de la guerra global que lo sustentan. Bajo el signo y el sino de nuestra existencia sitiada se ha congelado el tiempo hist&oacute;rico. La volatilizaci&oacute;n medi&aacute;tica de lo real y la liquidaci&oacute;n institucional del intelectual son sus condiciones absolutas. Su bandera victoriosa: la extensi&oacute;n ilimitada de la violencia y el poder absoluto del espect&aacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las situaciones chuscas que me llamaron la atenci&oacute;n apenas un par de meses despu&eacute;s del ataque al World Trade Center, y cuando la efervescencia y propaganda belicista era m&aacute;s intensa, fue un panel en la <i>New School</i> de Nueva York en la cual las cabezas visibles del <i>postmodernism</i> norteamericano celebraron el final de la teor&iacute;a cr&iacute;tica. Fue en realidad la &uacute;ltima aparici&oacute;n p&uacute;blica del postodernismo, su acto o acta de defunci&oacute;n. Sin embargo, es cierto que la "teor&iacute;a cr&iacute;tica" se hab&iacute;a reducido a los l&iacute;mites institucionales de una escuela, al contexto hist&oacute;rico de los fascismos europeos del siglo pasado y a las obras de un pu&ntilde;ado de fil&oacute;sofos alemanes. Pero en su ensayo program&aacute;tico de 1937, en el que establec&iacute;a la distinci&oacute;n entre teor&iacute;a tradicional y teor&iacute;a cr&iacute;tica, Max Horkheimer no defin&iacute;a a &eacute;sta &uacute;ltima como una escuela, ni tampoco como un pensamiento ligado a una coyuntura pol&iacute;tica espec&iacute;fica. Mucho menos a&uacute;n la institucionalizaba como un m&eacute;todo. Horkheimer pon&iacute;a m&aacute;s bien en cuesti&oacute;n la cosificaci&oacute;n de una categor&iacute;a ideol&oacute;gica de ciencia y de teor&iacute;a, en el sentido en que ayer lo asum&iacute;a la sociolog&iacute;a del conocimiento y hoy lo asumen los <i>cultural studies.</i> Su proyecto de una teor&iacute;a cr&iacute;tica m&aacute;s bien surg&iacute;a a partir de una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y sociol&oacute;gica sobre los sistemas totalitarios de control humano, el empobrecimiento emocional e intelectual de la cultura industrial, y sus reiteradas crisis econ&oacute;micas y militares. La teor&iacute;a cr&iacute;tica era la respuesta a la sucesi&oacute;n de reg&iacute;menes totalitarios, genocidios y procesos de destrucci&oacute;n social que han acompa&ntilde;ado a la acumulaci&oacute;n de riqueza, el desarrollo tecnol&oacute;gico y sistemas crecientemente perfeccionados de control social. Esta teor&iacute;a se conceb&iacute;a asimismo como heredera de las ilustraciones europeas, de Montaigne a Marx (Horkheimer, 1968, I: 156s).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero esta teor&iacute;a cr&iacute;tica, si queremos conservar un nombre que la cultura industrial y acad&eacute;mica ha trivializado, debe definirse de nuevo. Y debe hacerse bajo una perspectiva m&aacute;s radical y elemental de la que pudiera concebirse en la Europa de los fascismos pasados. Esta cr&iacute;tica se configura en primer lugar como reflexi&oacute;n del <i>logos</i> de la civilizaci&oacute;n sobre sus &uacute;ltimas consecuencias destructivas. Pero no se trata solamente de una cr&iacute;tica de la raz&oacute;n instrumental. Tampoco de la reconstrucci&oacute;n de los l&iacute;mites o de la "dial&eacute;ctica" de la Ilustraci&oacute;n. Reflexi&oacute;n sobre el <i>logos</i> significa la reconstrucci&oacute;n cr&iacute;tica de sus constituyentes. Significa su esclarecimiento geneal&oacute;gico. Comprende la revisi&oacute;n de los or&iacute;genes religiosos y mitol&oacute;gicos de este <i>logos</i> occidental. Debe plantear los l&iacute;mites de su secularizaci&oacute;n bajo las epistemolog&iacute;as cient&iacute;ficas. Ha de redefinir el significado de totalitarismo en la edad de la guerra nuclear y del espect&aacute;culo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabemos qu&eacute; caminos del pensamiento conducen a ninguna parte: la cantonalizaci&oacute;n acad&eacute;mica de conocimientos, las vigiladas micropol&iacute;ticas, los valores de la cultura espectacular, la tecnociencia instrumental, el positivismo estructuralista como su legitimaci&oacute;n escritural. La cr&iacute;tica filos&oacute;fica de nuestro tiempo final, la teor&iacute;a cr&iacute;tica, la reflexi&oacute;n intelectual y art&iacute;stica de nuestro presente tiene que explorar, restaurar y reformular en primer lugar la tradici&oacute;n espiritual que le ha sido arrebatada. Tiene que hacerlo para construir su horizonte hist&oacute;rico y sus categor&iacute;as anal&iacute;ticas. Tiene que hacerlo tambi&eacute;n a partir de las experiencias tanto de las metr&oacute;polis imperiales y coloniales, como de las voces intelectuales y proyectos civilizatorios que aquellas han amordazado y destruido a lo largo del proceso de su expansi&oacute;n colonial en el llamado Tercer Mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nuestra edad pol&iacute;tica y espiritualmente congelada bajo los signos del poder global que en 1945 se instaur&oacute; sobre las cenizas del <i>Ground Zero</i> de Hiroshima y Nagasaki, G&uuml;nther Anders la defini&oacute; como Tiempo Final <i>(Endzeit).</i> Sus caracter&iacute;sticas se pueden poner al d&iacute;a bajo una serie de categor&iacute;as elementales: amenaza universal de extinci&oacute;n biol&oacute;gica a trav&eacute;s de la acci&oacute;n combinada de la acumulaci&oacute;n de residuos nucleares, el incremento de la producci&oacute;n industrial de factores biocidas, el calentamiento atmosf&eacute;rico y la destrucci&oacute;n industrial de los sistemas ecol&oacute;gicos m&aacute;s fundamentales para la supervivencia del planeta, como el Amazonas o los c&iacute;rculos polares. Cierra este paisaje un incremento de la violencia global alimentada por una omnipotente industria militar. Pero Anders ya a&ntilde;adi&oacute; a este cuadro hist&oacute;rico actual otro aspecto: "Apokalypse&#45;Blindheit" &#151;la ceguera frente al ocaso de la humanidad, frente a la destrucci&oacute;n, frente a los genocidios de hoy, frente al Apocalipsis. El significado de esta ceguera a la situaci&oacute;n hist&oacute;rica de un tiempo final puede resumirse en una regla de oro: la mutilaci&oacute;n intelectual, la par&aacute;lisis imaginativa, la suspensi&oacute;n universal de la inteligencia, el entorpecimiento generalizado de la sensibilidad art&iacute;stica &#151;desde las aulas universitarias y los museos, hasta las cadenas de televisi&oacute;n. Bajo su imperativo se expande la estupidizaci&oacute;n masiva frente al desastre mundial que nos rodea (Anders, 1972).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Furcht in der Hoffnung, Hoffnung in der Furcht": temor en la esperanza y esperanza en el medio del "temor y temblor"; bajo esta unidad, ligada a la figura espiritual de Job, formulaba Ernst Bloch el sentido hist&oacute;rico y metaf&iacute;sico de este <i>Prinzip Hoffnung</i> (principio&#45;esperanza) en el mundo de hoy. Esta esperanza ya no es la espera expectativa de algo mejor o simplemente menos malo. Bloch lo defini&oacute; a partir de una historia y una tradici&oacute;n colectivas que incluyen pueblos y tradiciones espirituales, as&iacute; como formas de resistencia democr&aacute;tica. Una tradici&oacute;n que comprende a m&iacute;sticos isl&aacute;micos, herejes cristianos, cabalistas y l&iacute;deres revolucionarios. Esta comunidad hist&oacute;rica del verdadero esp&iacute;ritu, que debe distinguirse rotundamente del esp&iacute;ritu de la <i>ekklesia</i> y sus subproductos secularizados, no se funda en un sentido "interior" de fe, ni en la subsiguiente esperanza de la expectativa expectante formulada por la teolog&iacute;a pol&iacute;tica de Pablo. Su punto de partida no es tampoco la famosa conciencia infinita de Lutero y Hegel. Es la historia de las luchas y rebeliones de los pueblos por preservar su soberan&iacute;a frente a la destrucci&oacute;n, el genocidio y los poderes tir&aacute;nicos. Los quilombos de los esclavos coloniales de Am&eacute;rica y la rebeli&oacute;n de Kronstadt, Thomas M&uuml;ntzer o Rosa Luxemburgo (Bloch, 1959).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta esperanza no es un estado pseudom&iacute;stico de contemplaci&oacute;n ap&aacute;tica, ni asume las funciones consolatorias que la <i>spes</i> (esperanza) cristiana ha desempe&ntilde;ado a lo largo de su historia. Por el contrario, es un conocimiento activo y trasformador de la realidad en el sentido de la praxis de Kant o de Marx. Est&aacute; indisolublemente ligada a la cr&iacute;tica de los sistemas de destrucci&oacute;n social y a la solidaridad con toda la humanidad. Es un principio intelectual y espiritual constituyente de aquel pensamiento que tenga el valor y la voluntad de poner de manifiesto los conflictos, las amenazas y las falsedades que acosan la existencia humana bajo el <i>logos</i> medi&aacute;ticamente naturalizado de una cat&aacute;strofe mundial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anders, G. (1972), <i>Endzeit und zeitende,</i> M&uuml;nich: C. H. Beck.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864512&pid=S1870-0063201100020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bloch, E.(1959), <i>Das prinzip hoffnung,</i> Francfort del Meno: Suhrkamp Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864514&pid=S1870-0063201100020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Horkheimer, M. (1968), <i>Kritische theorie,</i> editado por Alfred Schmidt, Francfort del Meno: S. Fischer Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864516&pid=S1870-0063201100020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Subirats, E. (2007), <i>La existencia sitiada,</i> Monterrey: Fineo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864518&pid=S1870-0063201100020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTA</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> En el proceso judicial <i>post mortem</i> en el que se revel&oacute; el presunto actor de aquellos atentados, un ingeniero militar que presuntamente cometi&oacute; suicidio, el fiscal se&ntilde;al&oacute; de todos modos: "We regret that we will not have the opportunity to present evidence to the jury" &#91;<i>Lamentamos que no tendremos la oportunidad de presentarle evidencia al jurado</i>&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INFORMACI&Oacute;N SOBRE EL AUTOR</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Subirats.</b> Fil&oacute;sofo y ensayista espa&ntilde;ol. Graduado de la Universidad de Barcelona (1978) donde se doctor&oacute; en Filosof&iacute;a (1981). Autor de una veintena de libros, entre ellos <i>Contra la raz&oacute;n destructiva</i> (1979), <i>La cultura como espect&aacute;culo</i> (1988) y <i>Violencia y civilizaci&oacute;n</i> (2006); as&iacute; como de un sinn&uacute;mero de ensayos y art&iacute;culos publicados dentro y fuera de Espa&ntilde;a. Ha sido profesor en universidades de M&eacute;xico, Brasil y Estados Unidos. Actualmente es profesor&#45;investigador en la Universidad de Nueva York.</font></p>      ]]></body><back>
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