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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Padilla, Ignacio (2010), <i>La isla de las tribus perdidas: la inc&oacute;gnita del mar latinoamericano,</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Rodr&iacute;guez&#45;Castillo</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Barcelona&#45;M&eacute;xico: Random House Mondadori.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>PROIMMSE&#45;UNAM&#45;IIA</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Proemio</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bicentenario de las independencias latinoamericanas ha ofrecido, al igual que hace algunos a&ntilde;os el V centenario del descubrimiento, la oportunidad para que diversos grupos sociales mostraran inflamadas posiciones pol&iacute;ticas en torno a la celebraci&oacute;n, a la revisi&oacute;n hist&oacute;rica o a la resistencia y rechazo a eventos que se han significado por el despilfarro "oficial" y el reconocimiento de que hay, quiz&aacute;s, poco que celebrar. Por su parte, para las Ciencias Sociales y las Humanidades, dicha fecha, adelantada por los agentes pol&iacute;ticos centrales al inicio y no a la consumaci&oacute;n, ha sido motivo para la revisi&oacute;n &#151;cr&iacute;tica o apolog&eacute;tica&#151; del proceso, as&iacute; como para reposicionar una vieja pregunta que refleja, al tiempo, una igualmente arcaica utop&iacute;a: qu&eacute; define la identidad latinoamericana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ejercicio devela un car&aacute;cter revisionista: busca entender d&oacute;nde se perdi&oacute; el rumbo que aleja a nuestros pa&iacute;ses de los ideales del desarrollo y la modernidad occidentales. Muy a menudo se dejan entrever las particularidades que resaltan aquello que nos disocia: caudillos locales e ideolog&iacute;as nacionalistas. No obstante, con ello el gran enigma de la identidad latinoamericana no ha sido desvelado y pareciese que, tal como afirm&oacute; Pratt en "Modernidades, otredades, entre&#45;lugares" <i>(Desacatos,</i> n&uacute;m. 3, 2000):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nuestra capacidad para reflexionar sobre nuestras realidades e historias &#151;y de ah&iacute; nuestra capacidad de fundar visiones sociales y culturales basadas en nuestras propias realidades e historia&#151; contin&uacute;a siendo dificultada por el peso y la fuerza de los discursos sobre la modernidad difundidos desde Europa.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque no busca directamente en los discursos de la modernidad occidental, sino en fragmentos de la historia y del llamado "boom" de la literatura latinoamericana (cuento y novela, excluyendo a la poes&iacute;a), <i>La isla de las tribus perdidas. La inc&oacute;gnita del mar latinoamericano</i> de Ignacio Padilla, es la confirmaci&oacute;n de aquella regla enunciada por Pratt. El ensayista rastrea en 204 p&aacute;ginas y nos orienta entre los procelosos mares de su interpretaci&oacute;n del "enigm&aacute;tico divorcio entre Am&eacute;rica Latina y el Mar" en cinco bit&aacute;coras &#151;a guisa de cap&iacute;tulos&#151;. Dicha experiencia, que califica de "gatuperio" y aplica por extensi&oacute;n a r&iacute;os, lluvias, tormentas, diluvios, naufragios, inundaciones, es la pauta que retoma para "vertebrar una perspectiva m&aacute;s clara del ser latinoamericano".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El contenido de la obra</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La espada innumerable del mar" es la primera bit&aacute;cora en alusi&oacute;n a Jorge Luis Borges, para quien la magia de mar entre los amantes es "melanc&oacute;lica singladura 'una espada innumerable y una plenitud de pobreza'". Aqu&iacute; recuerda la declaraci&oacute;n de Bol&iacute;var en plena gesta independentista: "si se opone la Naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca", para afirmar que dicha promesa no se cumpli&oacute; y, en interpretaci&oacute;n del autor, aquello que aprehendemos como muestra de la entereza de El Libertador, en realidad era un gesto de impotencia ante una naturaleza que ya era en aquel per&iacute;odo de nuestra historia imaginada, parad&oacute;jicamente, como cuerno de la abundancia e indome&ntilde;able.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La literatura, entonces, es el instrumento para encontrar "belleza en la sensaci&oacute;n de fragilidad que nos transmite la grandeza del incontrolable monstruo natural" que se manifiesta en todo tipo de desproporci&oacute;n. Este monstruo, met&aacute;fora de Latinoam&eacute;rica, es "multiplicidad que niega la unidad, el gigantismo o el enanismo que niegan la mesura, la rabiosa movilidad o el extremo quietismo opuestos al arrullo pausado". En ese sentido, la navegaci&oacute;n termina en "naufragio o en cataclismo, en desembarco intempestivo o en desencanto". No obstante, nuestra relaci&oacute;n con las aguas termina 'anegada'; se convierte en pantano que &laquo;nos apresa y paraliza como en una borrachera&raquo;; pero tambi&eacute;n es 'negada' para convertirse en &aacute;rido desierto, un "mar de polvo" como en las obras de Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Juan Rulfo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo o bit&aacute;cora, "Huracanes ciegos y laberintos de agua", est&aacute; dedicado a la lluvia y nos recuerda "uno de los axiomas m&aacute;s citados de Garc&iacute;a M&aacute;rquez: 'La imaginaci&oacute;n es un lugar donde llueve'". Ratifica as&iacute; que nuestras letras son un lugar donde no ha escampado y, al igual que la mar, las precipitaciones pluviales tienen mucho de perversa met&aacute;fora, pues, en la literatura latinoamericana, la fuerza del agua procede con lentitud; siempre llueve, despacio pero sin pausa y, por ello, "no necesita convertirse en hurac&aacute;n para ser aborrecida". No se convierte en componente para germinar la semilla, al contrario, "desquicia mentes, cierra veredas en la selva, desmonta el tiempo, pierde a los hombres en su laberinto, los persigue en su lerdo peregrinar hacia la muerte" como nos ilustra la obra de Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Vargas Llosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El encierro que sigue a la lluvia provoca que, al igual que el an&oacute;nimo coronel de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el latinoamericano se regodee en sus fracasos. No podr&iacute;a ser de otra manera, como en la narrativa de Rulfo, la lluvia desatada "va creciendo en los r&iacute;os, nos arrastra hacia donde no quisi&eacute;ramos o arrastra hasta nosotros lo que podr&iacute;a da&ntilde;arnos" y, al igual que en la obra de Julio Cort&aacute;zar, "no hay aqu&iacute; una explicaci&oacute;n a la mudanza de emociones". Ese caos, con presencia o ausencia de agua, es exacerbaci&oacute;n de la vitalidad y exuberancia para as&iacute; aumentar, por contraste, nuestra fragilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta bit&aacute;cora el autor reafirma lo que adelant&oacute; &#151;como por accidente&#151; en la anterior: la ciudad en estas latitudes no es un refugio, es amenaza concordada de la naturaleza. En Onetti encuentra a "la urbe latinoamericana por excelencia&raquo;, donde el agua &laquo;se traduce en conflicto, ahogamiento y disimulo &#91;...&#93; como la alegor&iacute;a del acabamiento que sobre los esp&iacute;ritus tiene la existencia". Por ello, en Am&eacute;rica Latina todo proyecto junto al mar est&aacute; condenado al fracaso, ya que estamos "lejos de armonizar con los elementos, m&aacute;s a&uacute;n de rebelarse contra ellos". Por ello, los diluvios de Fernando Vallejo representan no s&oacute;lo el naufragio de Colombia, sino el de Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Afirma, para cerrar esta bit&aacute;cora, que "La escampada en Am&eacute;rica Latina no es un alivio: es la clama chica, la silenciosa premonici&oacute;n de que algo terrible, peor que la tormenta, est&aacute; por ocurrir". Por eso, "Errancia, tormenta, accidente: &eacute;stos son los vectores que se conjugan para el nacimiento de nuestra idea de la tierra que pisamos" y de ah&iacute; se desprende nuestra tremenda pasividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Buques fantasmas y balsas de locos" es la bit&aacute;cora de nuestra condena a la navegaci&oacute;n fluvial y al naufragio. Ah&iacute; el autor observa que en nuestras letras e historia escasean las embarcaciones gloriosas o las armadas egregias, en cambio, abunda el barco enterrado; "emblema del fracaso de lo racional ante la fuerza siempre superior del instinto", que se prolonga al nacimiento mismo de la embarcaci&oacute;n. El astillero rioplatense de Onetti "es una Comala costera" y como en la obra de Revueltas la barca es prolongaci&oacute;n del infierno. En Am&eacute;rica Latina, los "barcos sirven para trasladar cautivos hacia prisiones a&uacute;n m&aacute;s terribles, o para conducir hacia su muerte a marinos que nunca se hallaron bien en tierra". Mientras que Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Onneti trazan en dicha relaci&oacute;n la decadencia colectiva, &Aacute;lvaro Mutis bosqueja el ep&iacute;tome de ella, como un asunto individual y signo de la "extinci&oacute;n sexual y sensual".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina la embarcaci&oacute;n no lleva a puerto seguro, nos "vomita en tierra", pues se cumple el aforismo de "origen es destino". El conquistador, al deshacerse de sus naves, determina que no hay vuelta atr&aacute;s y, desde entonces, nuestro continente ha vivido "De espaldas al mar &#91;...&#93; con un litoral inmenso pero sin tradici&oacute;n mar&iacute;tima &#91;. donde s&oacute;lo hay&#93; barcos piratas, balsas a la deriva y ballenas de artificio encalladas en la arena". Los aforismos populares "Quemar las naves" y "estar en el mismo barco", son parte del imaginario latinoamericano. Y, por un lado, el primero ilustra "la s&iacute;ntesis de una persona decididamente aferrada a la tierra y confrontada con las olas", mientras el segundo "no es un signo de solidaridad sino de fatalismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Comala costera es para Padilla la premonici&oacute;n del "desastre de la explotaci&oacute;n petrolera en buena parte del continente". Pero no es la &uacute;nica, Xochimilco representa un "trayecto que no conduce a ninguna parte". Bioy Casares dice que "cualquier camino es bueno si no sabemos hacia d&oacute;nde vamos" o pretendemos saberlo sobre una balsa: "c&aacute;scara de nuez que es menos piloteada por los hombres que entregada a la voluntad de las corrientes y los vientos" para alcanzar el sue&ntilde;o americano. En consecuencia, "el bracero y el balsero bajan la cabeza en el r&iacute;o Bravo o en el mar Caribe", como un signo m&aacute;s de la imposibilidad de salir de nuestra situaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo, "El signo de Jon&aacute;s", es la bit&aacute;cora que recalca la falta de madurez latinoamericana. Si Jon&aacute;s pasa por el vientre de la ballena como rito inici&aacute;tico para cumplir obediente su labor prof&eacute;tica, la literatura latinoamericana refleja "las incontables paradojas y absurdos sobre los que se sembraron los cimientos del Nuevo Mundo" a trav&eacute;s de "selvas que engullen, r&iacute;os que arrastran, tierras que se abren como bocas inmensas" pero que, contrario a las experiencias del personaje b&iacute;blico, s&oacute;lo sirven para aniquilar y ratificar nuestra fragilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestras letras, la incapacidad para relacionarnos con el oc&eacute;ano se identifica a trav&eacute;s del relato del escritor Jos&eacute; Luis Gonz&aacute;lez sobre "su ni&ntilde;ez pesquera y puertorrique&ntilde;a" con una ballena encallada y que "incapaces de entender y optimizar el portentoso regalo de las aguas, los taimados pescadores del Caribe abandonaron a su suerte aquella masa de huesos, grasa y carne". Argumento semejante, por cierto, al cuento <i>Los trabajos de la ballena</i> del literato chiapaneco Eraclio Zepeda, pero que ratifica a trav&eacute;s de su simbolog&iacute;a &#151;todo cabeza, todo boca, monstruo&#45;infierno&#151;, la validaci&oacute;n de una relaci&oacute;n de identidad: "el mar es el monstruo, y el monstruo el mar", imagen que nos obliga a vivir tierra adentro, pero entre pantanos y selvas donde no hay firmeza posible.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La quinta bit&aacute;cora titulada "Un archipi&eacute;lago de soledades" no puede ser m&aacute;s ilustrativa de una de las caracter&iacute;sticas centrales que identifica Padilla en el "ser latinoamericano" y la referencia obligada es, desde luego, <i>El laberinto de la soledad</i> de Paz, quien conjuga "dos ideas ubicuas en toda descripci&oacute;n del ser latinoamericano". En nuestras letras abundan las alusiones expl&iacute;citas y metaf&oacute;ricas a la insularidad del gobernante que tiene ra&iacute;ces ib&eacute;ricas en la Barataria de Sancho Panza &#151;Cervantes&#151; y muestra su frondosa cauda en la Santa Mar&iacute;a de Tierra Firme de Santos Banderas &#151;Valle Incl&aacute;n&#151;. La novela de la dictadura es, para Padilla, el g&eacute;nero latinoamericano por excelencia. Valle Incl&aacute;n, Roa Bastos, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Rulfo, Bioy Casares, Jorge Ibarg&uuml;engoitia son literatos que ilustran la condici&oacute;n del caudillo y del dictador latinoamericano "de moral ambigua, muertos en vida, fantasmas que no saben que son fantasmas, fugitivos carcomidos por la enfermedad o el escr&uacute;pulo o el poder". Macondo, Santa Mar&iacute;a o Comala dejan de ser lugares geogr&aacute;ficos, son modelos de la "robinsonada latinoamericana". La isla es una alegor&iacute;a de una condici&oacute;n existencial asociada, principalmente, al personalismo pol&iacute;tico con una "fuerte dosis de soledad narcisista y sanguinaria".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En nuestra historia, la malhadada referencia a las islas nos lleva a dos situaciones: por un lado, asumimos "sin m&aacute;s los contrastes que le imponen la orograf&iacute;a y el clima" que dificultan sobremanera la comunicaci&oacute;n, conden&aacute;ndonos a la imposibilidad del sue&ntilde;o bolivariano o, siquiera, el de la unidad centroamericana, planteada por Manuel Arce en 1824, pues los sue&ntilde;os de cohesi&oacute;n se topan &#151;invariablemente&#151; con el individualismo y el caudillismo. Por otro lado, las islas reales representan lo peor del continente: refugio de piratas, presidios y fuente de conflictos entre los Estados latinoamericanos; as&iacute; como "puerto de llegada de un extranjero agresor &#91;...y&#93; enclave del imperio colonial".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vivimos la experiencia del exilio en nuestra propia tierra, somos p&eacute;simos emigrantes, no sabemos acomodarnos a nuevas situaciones y nuestro patriotismo imposta nuestra nostalgia a un origen que, en realidad, abominamos. En consecuencia, el latinoamericano es una persona&#45;isla, es un ser que se resigna a su aislamiento en este mundo hiperconectado y que sigue mostrando su inclinaci&oacute;n y necesidad de l&iacute;deres mesi&aacute;nicos que pongan un poco de orden. En suma, el "agua que ba&ntilde;a la isla y la soledad que rodea al n&aacute;ufrago tienen la misma carga catastr&oacute;fica: la una en su plenitud exteriorizante y la otra en su invitaci&oacute;n a la introspecci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El "ser latinoamericano", seg&uacute;n Padilla</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;les son, entonces, las marcas identitarias del ser latinoamericano? Para Padilla, la "ciudad letrada latinoamericana" nos deja los siguientes rasgos de una identidad colectiva que se encuentra lejos de generar sentimientos de comunidad. Por principio, el <i>disenso con la naturaleza,</i> la cual hemos sido incapaces de domesticar. Por ello, pervive una visi&oacute;n animista en la cual esa naturaleza est&aacute; dotada de una voluntad que nos es hostil pero, sobre todo, a la que no podemos vencer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al no poder domesticar a la naturaleza, &eacute;sta se convierte en el eje de nuestra <i>cultura del obst&aacute;culo,</i> cuyas ra&iacute;ces se encuentran en el descubrimiento mismo del continente; el cual fue por "azar, o peor a&uacute;n, por descuido", pues se experimentaba un posible tr&aacute;nsito a Oriente y, desde entonces, se ha buscado" antes atravesar esta tierra que instalarse en ella". Lo anterior conduce a la <i>insularidad</i> y a confirmar que somos tribus, donde el aislamiento se identifica con lo agreste y lo salvaje, en ant&iacute;tesis a la civilizaci&oacute;n. Padilla observa que en los procesos de independencia, en el pasado, y en las actuales tentativas de crear bloques comerciales, "La dispersi&oacute;n triunfa una y otra vez sobre los sue&ntilde;os bolivarianos de unidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa dispersi&oacute;n carece de rumbo, por ello, considera el ensayista, que la <i>errancia</i> o <i>inclinaci&oacute;n a la deriva</i> es uno m&aacute;s de los caracteres grabados en nuestra identidad y nuestra marca secular es el nomadismo. El quinto y &uacute;ltimo aspecto que identifica es la <i>vocaci&oacute;n de n&aacute;ufragos;</i> del cual afirma es, al tiempo, epitafio. Los esfuerzos de cambio en Am&eacute;rica Latina tienen como destino el fracaso. La conclusi&oacute;n es contundente: "m&aacute;s separados por sus semejanzas que unidos por sus diferencias, los latinoamericanos hemos acusado siempre una vocaci&oacute;n por el aislamiento en la proximidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>A guisa de exhorto a la lectura</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tarea de identificar los caracteres que definen al "ser latinoamericano" no es menor y, podemos estar de acuerdo o no, la propuesta de Padilla no deja de ser de gran provecho. Los lectores, el p&uacute;blico en general interesado en las letras latinoamericanas, encontrar&aacute;n en este libro una interpretaci&oacute;n <i>sui generis</i> de aquello que los autores de cuentos y novelas quisieron "retratar" de la esencia de los seres que habitan estas tierras. Mientras, el lector versado en las Humanidades y las Ciencias Sociales, interesado en la identidad de esta vasta regi&oacute;n que llamamos Latinoam&eacute;rica, encontrar&aacute; elementos para concordar y para polemizar con la interpretaci&oacute;n ofrecida por el autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, por ejemplo, lo que bien podr&iacute;a ser la conclusi&oacute;n del libro, el puerto de llegada, se presenta como punto de partida. El lector no puede colegir si Padilla se adentra o se sale de los procelosos mares de la particular interpretaci&oacute;n por la que pretende guiarnos, o en realidad se trata de otro naufragio de nuestras letras que tambi&eacute;n muestra su renuncia al mar. En todo caso, nos ofrece una "br&uacute;jula de cinco puntas", una interpretaci&oacute;n que afirma partir de la "ciudad letrada latinoamericana" y, no obstante, presenta la estructura de la &eacute;pica b&iacute;blica &#151;desde su g&eacute;nesis a su apocalipsis, pasando por la necesaria b&uacute;squeda de una tierra prometida&#151; para reiterar cinco caracter&iacute;sticas esenciales no del ser latinoamericano, sino, tal como lo consigna el t&iacute;tulo de la obra, de las "tribus latinoamericanas" que para el autor no logran llegar al lugar y el tiempo que marca la modernidad occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto me lleva a dos observaciones. Por un lado, como revisi&oacute;n a la "ciudad letrada" se extra&ntilde;a que se mencione de manera iterativa que los seres de estas latitudes se ocultan tras la m&aacute;scara del jolgorio, el bochinche, el carnaval y la ch&aacute;cara, mas no se adentre en la revisi&oacute;n de la obra que aborda la picaresca y el carnaval. Por otro lado, como ensayo, me parece una limitada interpretaci&oacute;n a una propuesta antropol&oacute;gica de un robusto trasfondo te&oacute;rico, como la de Marc Aug&eacute; en <i>Los "no lugares". Espacios del anonimato. Una Antropolog&iacute;a de la sobremodernidad</i> (2000), y nos muestra la ausencia de la obra antropol&oacute;gica que aborda el dilema latinoamericano desde el an&aacute;lisis del carnaval, como la de Roberto Da Matta en <i>Carnavales, malandros y h&eacute;roes. Hacia una sociolog&iacute;a del dilema brasile&ntilde;o</i> (2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;s debido a dichas ausencias podemos f&aacute;cilmente observar que la propuesta de Padilla sobre el ser latinoamericano enfatiza una perspectiva pesimista en la que el barco&#45;persona y la navegaci&oacute;n&#45;existencia son las met&aacute;foras de nuestra autoidentificaci&oacute;n como seres errantes, inestables, err&aacute;ticos. Caracter&iacute;sticas y entendimiento que bien podr&iacute;an arrojar luces sobre las razones de un comportamiento tan sistem&aacute;tico, de una "democracia que no resuelve, de la ideolog&iacute;a que no echa ra&iacute;z", de un Estado d&eacute;bil y un marco institucional que no funciona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La riqueza que se derive de este probable debate para explicar los m&uacute;ltiples dilemas a los que se enfrentan las sociedades latinoamericanas hoy, sin soslayar las perspectivas como la de Padilla, ser&aacute; un aporte de inter&eacute;s en el marco de &#151;como Padilla las llama&#151; "chifladuras" del bicentenario y m&aacute;s all&aacute; de una "celebraci&oacute;n" que sigue dejando una amarga huella.</font></p>      ]]></body>
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