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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Lisbona Guill&eacute;n, Miguel y Justus Fenner (coord.) (2010), <i>La Revoluci&oacute;n mexicana en Chiapas, un siglo despu&eacute;s</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez Ponciano</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: PROIMMSE&#150;IIA&#150;UNAM y Gobierno del Estado de Chiapas, pp. 500, ISBN 978&#150;607&#150;02&#150;1400&#150;4.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>PROIMMSE&#150;UNAM&#150;IIA</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dice Jan Rus en los comentarios finales de este libro, por varias razones excepcional, que el evento m&aacute;s importante del siglo XX chiapaneco no es la Revoluci&oacute;n mexicana sino el auge y ca&iacute;da de las fincas; un fen&oacute;meno objeto de estudios pioneros como los de Sonia Toledo Tello y m&aacute;s recientemente Gabriel Ascensio Franco, y que de muchas maneras como Rus se&ntilde;ala acerca la historia a la antropolog&iacute;a, abriendo nuevos horizontes interpretativos y preguntas que seguramente motivar&aacute;n nuevas investigaciones.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro coordinado por Justus Fenner y Miguel Lisbona es oportuno no s&oacute;lo por salir a la luz en pleno a&ntilde;o de centenarios y bicentenarios, sino por su cr&iacute;tica originalidad y su demanda expl&iacute;cita de m&aacute;s investigaciones planteada en casi todos los cap&iacute;tulos. Esto lo hace un valioso instrumento de trabajo, pre&ntilde;ado de interrogantes y respuestas que rompen tab&uacute;es, estereotipos y verdades preconcebidas e ideologizadas, sobre las varias versiones de la Revoluci&oacute;n mexicana en Chiapas. Es un volumen resultado de extensos trabajos etnogr&aacute;ficos y de archivo, escrito por investigadores para que lo lean otros investigadores, pero que tambi&eacute;n debieran conocerlo los profesores de historia de las escuelas secundarias, vocacionales y de las universidades locales y for&aacute;neas, semillero de investigadores con ganas de bucear en los archivos y recoger el vigoroso testimonio de los que fueron protagonistas, o son memoriosos depositarios de la tradici&oacute;n oral sobre las revoluciones en Chiapas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A golpe de vista, lo obvio, pero que vale la pena enfatizar, es la diversa procedencia de los autores, lo que permite un saludable horizonte internacional de discusi&oacute;n, y el contraste de fuentes y miradas ampl&iacute;a las posibilidades de interpretaci&oacute;n de temas petrificados por la historiografia oficial, o las creencias e invenciones populares carentes de respaldo f&aacute;ctico. En la secci&oacute;n introductoria, los coordinadores del volumen revisan las posiciones oficiales, revisionistas y posrevisionistas sobre la Revoluci&oacute;n mexicana en Chiapas y nos invitan a tomar distancia de lo pol&iacute;ticamente correcto y la cr&iacute;tica vac&iacute;a de contenidos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su contribuci&oacute;n, Carlos Mart&iacute;nez Assad problematiza el concepto &uacute;nico de Revoluci&oacute;n mexicana para los estados del sureste, y muestra la doble tensi&oacute;n entre formas alternativas de ver al sur desde el centro y desde el norte, y a la inversa: ver desde el sur al centro y al norte, as&iacute; como la manera en que las distancias, las dificultades en las v&iacute;as de comunicaci&oacute;n, acent&uacute;an la convergencia de conservadurismos y estereotipos que retratan la pasividad de los trabajadores rurales o lo reaccionario de las oligarqu&iacute;as regionales. Se cuestiona si la mexicana fue una revoluci&oacute;n pol&iacute;tica (Arnoldo C&oacute;rdova), que moviliz&oacute; grandes contingentes humanos, y tanto en el art&iacute;culo de Mart&iacute;nez Assad como a lo largo de todo el libro se ofrece un retrato s&oacute;lido de las din&aacute;micas del rabasismo, el maderismo, el carrancismo, y el mapachismo. Se abordan las peculiaridades de la modernizaci&oacute;n porfirista, los cambios en el contexto de la nueva definici&oacute;n fronteriza con Guatemala, las relaciones entre Iglesia y Estado, la abolici&oacute;n de la servidumbre debido a deudas planteada por la ret&oacute;rica del trabajo libre contratado entre mozos y patronos, que como sabemos no implic&oacute; la eliminaci&oacute;n de la compulsi&oacute;n forzada al trabajo, sino por el contrario el rabasismo ilustrado estuvo convencido de que esa era la mejor manera de hacer avanzar la civilizaci&oacute;n y el progreso en Chiapas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto a destacar es el faccionalismo y lo equ&iacute;voco que puede resultar aplicar etiquetas homogenizantes o demasiado planas para definir ideol&oacute;gicamente a los contendientes, sus estrategias, sus alianzas, la percepci&oacute;n de sus rivales, y la manera como ellos mismos se definen y posicionan. As&iacute; un gobierno revolucionario como el de Obreg&oacute;n apoya a un mapachista como Tiburcio Fern&aacute;ndez para gobernador, quien a su vez lidere&oacute; tropas autoasumidas villistas y opuestas a Carranza.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Miguel Lisbona, en "Del mito pol&iacute;tico al contra&#150;mito historiogr&aacute;fico", plantea la pertinencia de los estudios regionales y la necesidad de definir qu&eacute; tipo de revoluci&oacute;n hubo en Chiapas, ofreciendo una valiosa recensi&oacute;n de los debates entre revisionistas, como Thomas Benjam&iacute;n y Alan Knight, y posrevisionistas, cercanos al poscolonialismo estadounidense, como Florence Mallon, ejemplo del "coctel Derrida&#150;Foucault servido a la Gramsci", que critica Mauricio Tenorio citado por Lisbona, quien llama a examinar las diversas estrategias de modernidad, legitimidad y modernizaci&oacute;n, y a revisar la vigencia de dicotom&iacute;a tradici&oacute;n&#150;modernidad para juzgar la historia de Chiapas, criticando la postura que asume que en Chiapas no ocurri&oacute; nada, y si ocurri&oacute; algo fue lo peor de la Revoluci&oacute;n: el arribo del Estado nacional corporativo. Dice Lisbona para finalizar que no estar&iacute;a mal un ejercicio de humildad hermen&eacute;utica que ayude a poner en su justo t&eacute;rmino un per&iacute;odo hist&oacute;rico que como la Revoluci&oacute;n mexicana est&aacute; demasiado cargado de visiones de futuro.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Justus, por su parte, insiste en la falta de investigaciones y en la necesidad de tener presente el Chiapas mexicano y el Chiapas centroamericano. Llama a desideologizar los enfoques y la creencia de que las compa&ntilde;&iacute;as deslindadoras tuvieron mucho que ver en el despojo de tierras comunales y en el crecimiento del latifundio. Utilizando las mismas fuentes que han sido citadas para argumentar en torno al crecimiento de latifundios a partir de los deslindes, un mito pol&iacute;ticamente conveniente para finqueros, pol&iacute;ticos y funcionarios revolucionarios, astutamente utilizado para esquivar su propia responsabilidad hist&oacute;rica por la miseria en el campo chiapaneco; Fenner dice que el desaf&iacute;o es escribir la historia agraria chiapaneca sin la carga ideol&oacute;gica que la Revoluci&oacute;n mexicana nos dej&oacute;, y reitera su invitaci&oacute;n a batallar por m&aacute;s gente y m&aacute;s recursos para la investigaci&oacute;n y el rescate de archivos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un cap&iacute;tulo que por su acuciosidad y abundancia de fuentes podr&iacute;a m&aacute;s bien convertirse en un libro, Roc&iacute;o Ortiz Herrera reconstruye la historia de la formaci&oacute;n territorial, agraria y social de Chiapa de Corzo, una de las ciudades m&aacute;s pobladas y antiguas de Chiapas cuyo lugar eminente en la historia estatal y regional tiende a olvidarse. Por su parte, Aaron Bobrow&#150;Strain analiza las din&aacute;micas de relaci&oacute;n entre terratenientes y organizaciones campesinas en Chil&oacute;n, las disputas ind&iacute;genas inter e intracomunitarias, la violencia, el soborno, los rezagos, el papel de los finqueros como mediadores entre el Estado y los campesinos, y la forma como esta mediaci&oacute;n provoc&oacute; en varios casos la colisi&oacute;n entra la territorialidad ind&iacute;gena y la territorialidad finquera. Aborda tambi&eacute;n el desempe&ntilde;o de otros mediadores como los maestros federales, los caciques ind&iacute;genas, los comit&eacute;s agrarios y funcionarios federales, que participaron de la constituci&oacute;n de un Estado benevolente que se supone reemplazar&iacute;a el paternalismo de los finqueros.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fluido relato de Mar&iacute;a del Carmen Legorreta describe la manera en que se formaron Las Ca&ntilde;adas, municipio de Ocosingo, en la Selva Lacandona, la relaci&oacute;n entre mozos y patronos y el papel de los acasillados en la colonizaci&oacute;n de las &aacute;reas adyacentes a las fincas. Con base en entrevistas y fuentes documentales, Legorreta hace una r&aacute;pida y amena reconstrucci&oacute;n de las relaciones entre Iglesia, hacendados y peones acasillados, y explica la confluencia de los diversos conservadurismos y acciones revolucionarias que dan fe del arraigo de las relaciones de servidumbre, destacando el caso de los finqueros que anduvieron en campana militar acompa&ntilde;ados de sus peones y sirvientes. Sin ser derrotados militarmente, los finqueros de Ocosingo lograron mantener el control sobre los ind&iacute;genas, dice Legorreta y se pregunta hasta qu&eacute; punto esa pasividad, quietud o falta de insurrecci&oacute;n popular, tuvo algo que ver con la inexistencia de casos generalizados de despojo de tierras comunales y ejidales en esa regi&oacute;n de Chiapas, a diferencia del belicoso sentimiento antiterratenientes que se observ&oacute; en otras partes del pa&iacute;s. Me pregunto hasta qu&eacute; punto la modernizaci&oacute;n porfirista en Chiapas y la presencia de intereses extranjeros tom&oacute; ventaja de las condiciones de coexistencia entre las comunidades y el latifundio agroexportador, similares a las se&ntilde;aladas por David McCreery para Guatemala. Legorreta revisita figuras se&ntilde;eras como las de Enrique Caballero y Pl&aacute;cido Flores, el tabasque&ntilde;o organizador, agitador y l&iacute;der de los acasillados, que encabez&oacute; la lucha por una justicia social, parad&oacute;jicamente desvinculada de la lucha en contra de la desigualdad social. Y es que en la perspectiva de los acasillados era "natural" sentirse inferiores al patr&oacute;n, y no fueron pocos los que prefirieron permanecer con el patr&oacute;n en las fincas. &Eacute;ste, uno de los temas reyes en el estudio de la hegemon&iacute;a en Mesoam&eacute;rica, pareciera mostrar como se va de lo servil a lo tutelar para retornar nuevamente a la condici&oacute;n aciudadana o preciudadana vigente hasta nuestros d&iacute;as.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto del an&aacute;lisis de una sociedad marcada por las din&aacute;micas de sus relaciones de servidumbre o sus relaciones serviles, a lo mejor m&aacute;s adelante podr&iacute;a ensayarse una visi&oacute;n m&aacute;s amplia de los repertorios simb&oacute;licos que nos permita entender no solo el trabajo forzado, el trabajo no pagado de los mozos, o la administraci&oacute;n patrimonial y el usufructo privado del poder p&uacute;blico, sino tambi&eacute;n las ideolog&iacute;as de superioridad e inferioridad que permean todos los sectores desde arriba y desde abajo, y sirven para ordenar, legitim&aacute;ndolo y naturaliz&aacute;ndolo, el lugar que corresponde ocupar a cada quien en sociedad, de acuerdo con las reglas no escritas de la blancura, el repudio del igualamiento, el discurso sobre la haraganer&iacute;a, el mito del nativo harag&aacute;n y la necesidad pol&iacute;tica de la dictadura; fen&oacute;menos todos con una resonancia centroamericana, en donde aparece desdibujada con mayor claridad la v&iacute;a junker del capitalismo ensayado entre finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sarah Washbrook aborda la forma en que Emilio Rabasa, "ni caudillo, ni general, ni patriarca", sino ilustrado porfirista, centraliz&oacute; y racionaliz&oacute; el cobro de impuestos como el de educaci&oacute;n, penaliz&oacute; la vagancia, impuls&oacute; la abolici&oacute;n de la propiedad comunal, y la conversi&oacute;n de la burocracia estatal en una gran empresa comercial que vend&iacute;a puestos p&uacute;blicos al mayor postor, propiciando la multiplicaci&oacute;n de funcionarios corruptos e ineptos, ocupados en justificar el peonaje por deudas, dada la incultura atribuida a los llamados indios, incapaces de entender y cumplir con los t&eacute;rminos de la contrataci&oacute;n de trabajo libre. Con prejuicios racistas se justific&oacute; el trabajo forzado, se negaron derechos pol&iacute;ticos a los ind&iacute;genas, y esta negaci&oacute;n se convirti&oacute; en un factor leg&iacute;timo y necesario del progreso econ&oacute;mico. Washbrook, se&ntilde;ala c&oacute;mo la privatizaci&oacute;n del poder estatal, los abusos en el sistema tributario y un "revival" del trabajo forzado, caracterizaron a este porfirismo ilustrado de Rabasa, defensor del peonaje por deudas atacado por "espiritualistas locos" como Francisco Le&oacute;n y Flavio Guill&eacute;n. Aqu&iacute; tendr&iacute;amos que pensar hasta qu&eacute; punto el trabajo forzado no fue un "revival colonial", sino un rasgo estructural de lo que como, se&ntilde;alamos antes, en los a&ntilde;os setenta se denominaba v&iacute;a junker del capitalismo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya en la secci&oacute;n final del volumen tenemos una magn&iacute;fico dosier fotogr&aacute;fico en proceso, organizado por Diana Guill&eacute;n, que muestra detalles biogr&aacute;ficos de su antepasado Flavio Guill&eacute;n, ex gobernador, maderista, callista, francmas&oacute;n, que vivi&oacute; cuatro a&ntilde;os en Quetzaltenango y diez en la ciudad de Guatemala. Un trabajo que pareciera m&aacute;s bien una probadita de una obra en proceso. Sarah Osten examina la vida personal y pol&iacute;tica de Carlos A. Vidal y la fascinante experiencia del Partido Socialista Chiapaneco, as&iacute; como la triangulaci&oacute;n entre Vidal y los gobernadores socialistas de Yucat&aacute;n, Felipe Carrillo Puerto y Tom&aacute;s Garrido Canabal de Tabasco, en el marco del ascenso de Plutarco El&iacute;as Calles. Se antoja jugar a la heur&iacute;stica hist&oacute;rica y, rompiendo la tradicional dicotom&iacute;a centro&#150;periferia, que reduce la periferia al rol pasivo de imitador o sat&eacute;lite de lo que sucede en el centro, preguntar &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a con el callismo y qu&eacute; rumbo hubiera tomado la institucionalizaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n en M&eacute;xico si tanto Vidal como Carrillo Puerto no hubieran sido asesinados?</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro tema, fundamental para la construcci&oacute;n de lo regional y lo nacional, Sarelly Mart&iacute;nez Mendoza examina tres peri&oacute;dicos, el <i>Diario de Chiapas,</i> conservador anticarrancista; <i>Chiapas Nuevo,</i> procarrancista; y La <i>Patria Chica,</i> promapachista vocero de Tiburcio Fern&aacute;ndez, para mostrarnos a trav&eacute;s de esta "pariente pobre de la historia" la sociedad y la vida cotidiana durante el per&iacute;odo revolucionario: los conflictos entre Tuxtla y San Crist&oacute;bal, la instituci&oacute;n de la tradici&oacute;n de informar sin comprometerse, los alegatos en torno a la necesidad pol&iacute;tica de la dictadura, y la constataci&oacute;n hist&oacute;rica de que en Chiapas los peri&oacute;dicos han dependido durante mucho tiempo del apoyo material proveniente del erario p&uacute;blico. El gran tema del aguardiente y su importancia en la historia fiscal del Estado es desarrollado por Juan Miguel Blasco L&oacute;pez, durante un per&iacute;odo bastante convulso en el que la econom&iacute;a de plantaci&oacute;n y las bandas armadas paralizaban peri&oacute;dicamente la actividad comercial, con la consiguiente p&eacute;rdida tributaria para el Estado. Sobresalen, en este caso, las componendas mediante las cuales se intent&oacute; frenar la ca&iacute;da de los ingresos fiscales resultado de la importaci&oacute;n de licores de Oaxaca y de otras partes del pa&iacute;s, situaci&oacute;n que se quiso remediar mediante los "remates", gracias a los cuales se privatiz&oacute; la funci&oacute;n de cobrar los derechos por fabricaci&oacute;n y venta de licores, que permiti&oacute; a su vez a los rematantes dedicarse ellos mismos a la fabricaci&oacute;n y venta de licor, con el consiguiente enriquecimiento personal y familiar, y la elevaci&oacute;n de los ingresos de la tesorer&iacute;a estatal. Cierran el libro dos breves comentarios, el de Jan Rus mencionado al principio, y el llamado de Arturo Taracena Arriola a identificar una cronolog&iacute;a propia para pensar la Revoluci&oacute;n en Chiapas y distinguir la coyuntura de la Revoluci&oacute;n de la larga duraci&oacute;n de su institucionalizaci&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final se queda uno con un panorama mucho m&aacute;s complejo de la historia moderna chiapaneca y sus relaciones con el centralismo federal, en la que lo anecd&oacute;tico se convierte en convocatoria para refinar la mirada sobre lo estructural y las particularidades en varios casos precursoras de modernidad relacionadas con el resto del pa&iacute;s, como la ley de obreros de 1914, el sufragio femenino o los distintos socialismos de Chiapas y el resto del sureste. Se da por sentada, adem&aacute;s, la indiscutible complejidad del hecho revolucionario, no obstante considero que hace falta repensar m&aacute;s desde la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a de la cultura el fen&oacute;meno de la dictadura como necesidad pol&iacute;tica, los mitos y representaciones que la naturalizan y legitiman la condici&oacute;n preciudadana, y el cultivo de lo servil en la intersubjetividad de las personas, no s&oacute;lo como relaci&oacute;n laboral premoderna. En resumen, es un libro lleno de sugerentes discusiones y tareas de investigaci&oacute;n sobre la historia de esta Revoluci&oacute;n que se ha conmemorado en 2010, y que sigue reclamando la atenci&oacute;n de los interesados en recuperar la memoria de las elites y las clases populares, hasta ahora dispersa en la voz de personajes de carne y hueso y en los registros oficiales. Y es que como dicen Lisbona y Fenner, citando a Thomas Benjamin, la institucionalizaci&oacute;n de la historia de la provincia en M&eacute;xico no ha coincidido con su profesionalizaci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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