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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Medicina Departamento de Psiquiatría y Seminario de Estudios sobre la Globalidad]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">TEMA PEDI&Aacute;TRICO</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Medicina y sociedad</b></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Medicine and society</b></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Ram&oacute;n de la Fuente</b></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ex-Secretario de Salud y Ex-Rector de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    <br>Profesor Titular, Departamento de Psiquiatr&iacute;a y Seminario de Estudios sobre la Globalidad, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>M&eacute;xico D.F., M&eacute;xico.</font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Autor de correspondencia:</b> Juan Ram&oacute;n de la Fuente     <br>Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jrfuente1@gmail.com" target="_blank">jrfuente1@gmail.com</a></font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ha de recepci&oacute;n: 30-04-13    <br>Fecha de aceptaci&oacute;n: 30-04-13</font></p>    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta ocasi&oacute;n el <i> Bolet&iacute;n M&eacute;dico del Hospital Infantil de M&eacute;xico</i>  presenta, en la secci&oacute;n de Tema Pedi&aacute;trico, el discurso que, con motivo del septuag&eacute;simo aniversario del Hospital Infantil de M&eacute;xico, pronunci&oacute; el Dr. Juan Ram&oacute;n de la Fuente en abril de 2013.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 31 de mayo de 1943, el Presidente Manuel &Aacute;vila Camacho confiri&oacute; vida legal al Hospital Infantil de la Ciudad de M&eacute;xico al atribuirle, por ley, las caracter&iacute;sticas de un organismo p&uacute;blico descentralizado, dotado de personalidad jur&iacute;dica y patrimonio propio.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los antecedentes de esta benem&eacute;rita Instituci&oacute;n pueden remontarse a 1930, cuando el Dr. Isidro Espinosa de los Reyes fund&oacute; la Sociedad de Puericultura que poco tiempo despu&eacute;s se convertir&iacute;a en la Sociedad Mexicana de Pediatr&iacute;a. Desde esta Sociedad surgieron diversos proyectos orientados a atender a la ni&ntilde;ez (incluida la construcci&oacute;n de un hospital), para lo cual se form&oacute; una comisi&oacute;n integrada por los doctores Manuel C&aacute;rdenas de la Vega, Mario Torroella, Rigoberto Aguilar y Federico G&oacute;mez.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Presidente Abelardo Rodr&iacute;guez, en 1933, conoci&oacute; el proyecto y dio instrucciones para que se iniciara la construcci&oacute;n de un hospital para ni&ntilde;os. Desgraciadamente, esta se detuvo unos cuantos meses despu&eacute;s por falta de presupuesto. Al crearse, en 1938, el Departamento de Asistencia Infantil, del cual estaba al frente el Dr. Salvador Zubir&aacute;n, y teniendo como uno de sus principales colaboradores al Dr. Federico G&oacute;mez, resurgi&oacute; la idea. Fue el Presidente L&aacute;zaro C&aacute;rdenas quien dio instrucciones de reiniciar el anhelado proyecto, esta vez en manos de un distinguido arquitecto, Jos&eacute; Villagr&aacute;n Garc&iacute;a. No obstante, la obra nuevamente se suspendi&oacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando estuvo al frente de la Secretar&iacute;a de Salubridad el Dr. Gustavo Baz, se reanud&oacute; la construcci&oacute;n del edificio, que fue inaugurado finalmente el 30 de abril de 1943, justamente hace 70 a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gran faena, sin duda, la de ese grupo singular de maestros de la medicina mexicana. No solamente fueron los creadores de la infraestructura hospitalaria, sino tambi&eacute;n los grandes promotores de los valores acad&eacute;micos en el trabajo asistencial quienes, al incidir tan radicalmente en el desarrollo de la medicina en M&eacute;xico, tambi&eacute;n lo hicieron en el devenir social de nuestro pa&iacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, el tema que he escogido para esta conferencia es, precisamente, el de Medicina y Sociedad. Es una forma de honrar a los que hicieron posible esta obra y a quienes han sabido darle continuidad durante 70 a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tan importante es crear algo, como mantenerlo, cultivarlo, enriquecerlo, corregir su rumbo, perfeccionarlo, protegerlo, proyectarlo, consagrarlo a las m&aacute;s altas tareas de una naci&oacute;n como la nuestra, que sigue atrapada en sus contradicciones, sus desigualdades, con una enorme deuda social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos fueron, sin duda, los constructores de la medicina mexicana del siglo XX. Aquel fue un verdadero ej&eacute;rcito de m&eacute;dicos comprometidos con un proyecto de pa&iacute;s, que parec&iacute;a haber encontrado, en la revoluci&oacute;n institucionalizada, la ruta del desarrollo. Instituciones se&ntilde;eras como el Hospital Infantil, y luego los Institutos de Cardiolog&iacute;a y Nutrici&oacute;n, junto con el Seguro Social y toda la red hospitalaria nacional, en su conjunto, representaban justamente eso: el gran paso hacia el desarrollo, el arribo de la justicia social mediante la creaci&oacute;n de instituciones con una irrevocable vocaci&oacute;n de servicio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero las instituciones tienen en su haber, en su historia, en su tradici&oacute;n, en sus anhelos y en su trabajo cotidiano, nombres y apellidos. Siempre, al referirse a este punto, se corre el riesgo de ser injusto. Se omiten, sin querer o deliberadamente, nombres que est&aacute;n presentes en las aulas, en los quir&oacute;fanos, en los laboratorios, en los pasillos, en los consultorios, en la biblioteca y tambi&eacute;n en las oficinas administrativas, en las del patronato y entre los muchos benefactores que le han dado vida y sustentabilidad a esa utop&iacute;a, que en su momento imagin&oacute; Don Federico G&oacute;mez, pero que despu&eacute;s fue capaz de convertir en realidad, en buena medida por rodearse de colaboradores leales y eficaces, y por haber sabido crear una escuela, dir&aacute;n unos; una familia, dir&aacute;n otros; una verdadera instituci&oacute;n, en todo el sentido del t&eacute;rmino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; como el hospital desarroll&oacute; su propia microhistoria: la creaci&oacute;n de los diversos departamentos y servicios; los primeros m&eacute;dicos de tiempo completo; la edici&oacute;n -muy importante- del <i> Bolet&iacute;n M&eacute;dico del Hospital Infantil de M&eacute;xico, </i> que data de 1944; el desarrollo del cuerpo de enfermer&iacute;a, sin el cual el hospital no existir&iacute;a; los cursos de la licenciatura y posgrado; las residencias, las subespecialidades; la Sociedad M&eacute;dica y sus jornadas; los congresos y ceremonias; las ampliaciones y remodelaciones que ha sufrido y, por supuesto, los percances frente a los desastres naturales, como el temblor de 1957 y la ''invasi&oacute;n'' (pac&iacute;fica, por supuesto) que ocasion&oacute; del edificio contiguo, la Maternidad Mundet. Su crecimiento siempre fue dif&iacute;cil, siempre extraordinariamente meritorio, siempre con esa tenacidad que caracteriz&oacute; a esos grandes capitanes de la medicina mexicana del siglo pasado: Gustavo Baz, Ignacio Ch&aacute;vez, Federico G&oacute;mez y Salvador Zubir&aacute;n, en riguroso orden alfab&eacute;tico. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio social es la caracter&iacute;stica m&aacute;s acusada de nuestro tiempo. En el transcurso de una cuantas d&eacute;cadas, nuestro pa&iacute;s ha experimentado hondas transformaciones que son consecuencia de su incorporaci&oacute;n a la cultura industrial y de su revoluci&oacute;n social. En las familias los cambios son notables: cambios en el papel de la mujer en el hogar, cambios en el ejercicio de la autoridad, en la educaci&oacute;n de los hijos, la agudizaci&oacute;n de los conflictos generacionales y el relajamiento de las ligas de afecto que dan cohesi&oacute;n al grupo y son fuente de seguridad para sus miembros.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esas palabras, que tienen una gran vigencia, no son m&iacute;as. Las dijo en una ocasi&oacute;n como esta, pero en 1975, mi padre, quien fue invitado a dictar una Conferencia Magistral -que llevaba el nombre de Federico G&oacute;mez- por la Asociaci&oacute;n de M&eacute;dicos del Hospital. &Eacute;l mismo fue m&eacute;dico del Hospital Infantil y fund&oacute; el servicio de Higiene Mental a invitaci&oacute;n de Don Federico, 25 a&ntilde;os antes, es decir, en 1950. Apenas hab&iacute;a concluido su entrenamiento como psiquiatra en la Universidad de Columbia, en Nueva York.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute; si el se&ntilde;or Director ten&iacute;a conocimiento de todo ello cuando hace algunos meses, amablemente, me visit&oacute; en Ciudad Universitaria para invitarme a impartir esta conferencia. En todo caso, mi gratitud por tal distinci&oacute;n adquiere una dimensi&oacute;n afectiva adicional, pues fue a trav&eacute;s de mi padre que yo pude conocer a Don Federico, ya retirado, y a un buen n&uacute;mero de m&eacute;dicos de esa ''primera camada'' que, con tanto esmero y generosidad, contribuy&oacute; a formar y a proyectar, con una singular y muy atinada visi&oacute;n, lo que ser&iacute;an la pediatr&iacute;a y sus diversas ramas en los a&ntilde;os subsecuentes. Mi padre, por cierto, mantuvo siempre un grato recuerdo de aquellos a&ntilde;os y conserv&oacute;, hasta el final de su vida, una buena amistad con sus amigos pediatras.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; algunos elementos propios de la efem&eacute;ride que hoy nos convoca, la que nos hace recordar que la nuestra es una profesi&oacute;n que est&aacute; inserta, quiz&aacute; como ninguna otra, en la din&aacute;mica social del pa&iacute;s, y que ha ejercido sobre ella una influencia determinante. Tomemos simplemente el indicador m&aacute;s contundente: la esperanza de vida al nacer. En 1943 apenas superaba los 54 a&ntilde;os y hoy est&aacute; por arriba de los 75 a&ntilde;os. No es exagerado afirmar, pues, que la justicia social empieza por proteger la salud f&iacute;sica y mental de las personas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dice, con toda raz&oacute;n, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la medicina ha experimentado cambios m&aacute;s extensos y profundos que en cualquier otra &eacute;poca de su historia. En el cuidado de la salud, el p&eacute;ndulo ha oscilado de lo individual a lo social; del &eacute;nfasis en la curaci&oacute;n al &eacute;nfasis en la prevenci&oacute;n; del ciudadano y la comunidad como sujetos pasivos, a su participaci&oacute;n activa, cada vez m&aacute;s informada y demandante. La infancia y la vejez, como etapas iniciales y terminales de la vida, han adquirido tambi&eacute;n mayor relevancia, mayores derechos, nuevos compromisos y la exigencia de mejores servicios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cierta forma, podr&iacute;amos decir que el ejercicio de la profesi&oacute;n ha cambiado dr&aacute;sticamente. Los avances de la tecnolog&iacute;a y de la ciencia misma, por supuesto, han incrementado sustancialmente el poder de los m&eacute;dicos al grado de que, hoy, nuestras decisiones tienen, sobre la vida y el bienestar de las personas, consecuencias mucho mayores que en el pasado. Como nunca antes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, preocupa que la relaci&oacute;n del m&eacute;dico con el enfermo, en los muy diversos escenarios en los que ahora ocurre el acto cl&iacute;nico, haya experimentado simult&aacute;neamente un grave desgaste en muchos de los valores que son la esencia misma de nuestra profesi&oacute;n. Ese encuentro, que es ante todo el de una confianza frente a una conciencia, parece no encontrar ya su lugar natural, y la alianza hist&oacute;rica ente el m&eacute;dico y el paciente, que ha sido el ingrediente m&aacute;s antiguo y uno de los m&aacute;s poderosos de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, ha sufrido un serio deterioro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es oportuno entonces examinar el asunto, toda vez que es desde la perspectiva de los valores humanos y sociales de la medicina, del rigor con el que estos se cultiven, de la importancia que se les d&eacute; en el ejercicio cl&iacute;nico, donde pueden analizarse mejor y proyectarse con m&aacute;s autoridad las diversas opciones que se tienen frente a los graves retos que hoy nos confrontan y que limitan la capacidad de los m&eacute;dicos de influir en el desarrollo social en M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto actual, y a 70 a&ntilde;os de distancia de la fundaci&oacute;n de esta y otras instituciones que transformaron la forma de ejercer la medicina (y en consecuencia las condiciones de salud del pa&iacute;s), es ineludible rescatar la importancia de la dimensi&oacute;n acad&eacute;mica en nuestro trabajo profesional. Ese es el componente fundamental de la contribuci&oacute;n de estas instituciones. Me refiero se&ntilde;aladamente a los Institutos Nacionales de Salud. Porque la medicina acad&eacute;mica se sustenta en la ense&ntilde;anza y en la investigaci&oacute;n, en el an&aacute;lisis documentado de los procesos que determinan la salud y la enfermedad, elementos que permiten ofrecer la mejor medicina asistencial posible. Por eso son de excelencia, y por lo mismo hay que cultivarlos y protegerlos con esmero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, una formaci&oacute;n acad&eacute;mica rigurosa es la &uacute;nica que puede ofrecer expectativas reales de desarrollo integral a los estudiantes, tanto de licenciatura como de posgrado. Pero no s&oacute;lo en medicina, tambi&eacute;n en enfermer&iacute;a, psicolog&iacute;a, nutrici&oacute;n, trabajo social y toda la amplia gama de disciplinas afines que hoy forma parte indisoluble del trabajo en las instituciones de salud. Adem&aacute;s, nuestra profesi&oacute;n est&aacute; simult&aacute;neamente inmersa en la vor&aacute;gine de nuevas tecnolog&iacute;as con m&uacute;ltiples efectos, ben&eacute;ficos e indeseables, y de la participaci&oacute;n cada vez m&aacute;s activa de diversos grupos sociales que influyen directa e indirectamente en la atenci&oacute;n m&eacute;dica: los organismos multinacionales, las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones, la banca de desarrollo, las compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas, las empresas biotecnol&oacute;gicas, los organismos gremiales, en fin. Todos ellos constituyen un complejo proceso, la multiplicidad de valores en los que hoy se desarrolla el trabajo del m&eacute;dico. En esta trama en la que estamos atrapados, se nos olvida con frecuencia que la medicina es, ante todo, una ciencia humana, es decir, una ciencia centrada en la persona, y que para la atenci&oacute;n de los enfermos no basta la ciencia m&aacute;s s&oacute;lida ni la t&eacute;cnica m&aacute;s depurada. Los aspectos subjetivos e interpersonales siguen siendo fundamentales y deben ser tomados en cuenta precisamente para ser examinados con rigor y con sensibilidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destacar la importancia de los componentes humanos, esto es, los de orden psicol&oacute;gico y social en la medicina, de ninguna manera implica o pretende restar importancia a los aspectos cient&iacute;ficos o tecnol&oacute;gicos. De hecho, el desgaste de esta dimensi&oacute;n en el trabajo del m&eacute;dico no se debe al avance de la ciencia ni a las nuevas tecnolog&iacute;as -que han sido el sustento del progreso de nuestra profesi&oacute;n- sino al esp&iacute;ritu con el que se les aplica, y porque frecuentemente absorben por completo la atenci&oacute;n de los m&eacute;dicos, quienes as&iacute; descuidan los aspectos personales de sus enfermos y de sus familiares, para los cuales ya no tiene tiempo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gran herencia de nuestros maestros no solamente son las instituciones que nos dejaron, sino el esp&iacute;ritu y la m&iacute;stica con la que las crearon, que es la que mantuvo y mantiene viva esa utop&iacute;a. Si hay algo que deba quedar claro el d&iacute;a de hoy es que no hemos llegado a la meta, ni siquiera despu&eacute;s de haber cumplido 70 a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema que parece agudizarse en el contexto de esta compleja din&aacute;mica social que nos abruma tiene que ver con el empobrecimiento intelectual de algunos m&eacute;dicos. Percibo con preocupaci&oacute;n y frecuencia creciente un estrechamiento de su sentido &eacute;tico y de su capacidad de reflexi&oacute;n. Bombardeados de informaci&oacute;n -relevante y superficial-, presionados por los tiempos de consulta y el n&uacute;mero de enfermos que hay que atender, limitados por la cobertura de los seguros m&eacute;dicos, atrapados entre las estructuras burocr&aacute;ticas y mercantiles, disminuidas sus retribuciones en las instituciones p&uacute;blicas y tentados por el principio del lucro mayor que caracteriza a la llamada industria de la salud, los m&eacute;dicos de hoy tienden a olvidar con frecuencia que la verdadera fortaleza de nuestra profesi&oacute;n radica en la posibilidad de acentuar los valores que dimanan de la naturaleza misma de la persona: su igualdad fundamental, su individualidad, su dignidad, sus m&aacute;rgenes de libertad, sin lo cual nuestra profesi&oacute;n corre el riesgo de desnaturalizarse. En todo caso, el punto fino para resaltar es que la imagen que se tiene de los seres humanos es lo que define la clase de medicina que se practica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dec&iacute;amos que la medicina ha experimentado, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cambios m&aacute;s extensos y profundos que en cualquier otra &eacute;poca de su historia. Es cierto, pero pienso, adem&aacute;s, y no creo ser ingenuo ni a&uacute;n menos arrogante, que los mejores d&iacute;as para nuestra profesi&oacute;n est&aacute;n por llegar. Tenemos ya las herramientas para incidir, ni m&aacute;s ni menos, que en nuestra propia evoluci&oacute;n biol&oacute;gica. Lo que no queda claro es si realmente estamos preparados para asumir tal responsabilidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque, si bien es mucho lo que ha cambiado en la medicina, hay algo que no ha cambiado ni cambiar&aacute;: la obligaci&oacute;n que tenemos los m&eacute;dicos para con nuestros pacientes. Obligaci&oacute;n que no se deriva de la ideolog&iacute;a, ni de la moda, ni de la sociolog&iacute;a de la profesi&oacute;n, ni disminuye si la retribuci&oacute;n por nuestros servicios es indirecta o limitada. Se deriva fundamentalmente de la vulnerabilidad y la indefensi&oacute;n que embargan a cualquier persona ante la enfermedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si en verdad se tiene un compromiso, no nada m&aacute;s con la salud como derecho social enunciativo sino sobre todo con quienes la han perdido y tratan afanosamente de recuperarla, entonces nada debe anteponerse a las necesidades primarias de los enfermos. Ah&iacute; est&aacute; la diferencia entre recuperar la salud o dejar que esta se deteriore, lo cual ocurre con mayor frecuencia entre los enfermos pobres, que son la mayor&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perm&iacute;taseme concluir abordando, as&iacute; sea someramente, otro de los aspectos sociales m&aacute;s controvertidos, trascendentes y sensibles de la medicina de nuestro tiempo. Me refiero a algunos temas selectos de &eacute;tica m&eacute;dica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dec&iacute;amos que el poder de la medicina se ha expandido en forma tal que las decisiones que toman los m&eacute;dicos tienen hoy un efecto como nunca antes lo hab&iacute;an tenido en la vida de las personas. Como es natural, el trabajo del m&eacute;dico se ajusta a la evoluci&oacute;n de la sociedad, y la sociedad misma demanda, cada vez m&aacute;s, una &eacute;tica sustentada en el principio que expresa el derecho inalienable de los individuos a la libertad. El centro de la discusi&oacute;n est&aacute; en el principio de la autonom&iacute;a, el cual, a su vez, est&aacute; indisolublemente ligado al de la autodeterminaci&oacute;n. En el an&aacute;lisis final deber ser el paciente, debidamente informado y en pleno uso de sus facultades, quien decida lo que es mejor para s&iacute; mismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto se vuelve m&aacute;s complejo si advertimos que otro signo del tiempo que vivimos es, justamente, la creciente diversificaci&oacute;n de los valores sociales. En una sociedad plural y democr&aacute;tica, es tan probable que los valores y los principios de los pacientes y de los m&eacute;dicos coincidan como que discrepen. Entre los propios m&eacute;dicos hay criterios distintos acerca de asuntos tan sensibles como la eutanasia, el aborto, la prolongaci&oacute;n de la vida, la sedaci&oacute;n terminal, etc&eacute;tera. Sin embargo, no se trata solamente de ver cu&aacute;les son las preferencias personales del m&eacute;dico aunque, desde luego, este puede y debe dar su punto de vista. Incluso, habr&aacute; pacientes que prefieran dejar estas decisiones en manos de sus m&eacute;dicos para no tener que asumirlas ellos mismos. Hay que entender que si estos asuntos no fueran pol&eacute;micos y, en no pocos casos, tambi&eacute;n motivo de serios conflictos, la importancia de la &eacute;tica ser&iacute;a bastante trivial. Ahora bien, y aqu&iacute; viene un punto nodal, si los polos del conflicto potencial se simplifican entre lo que es ''bueno'' y lo que es ''malo'', corremos el riesgo de crear un conflicto moral insoluble. Precisamente por eso, el tema debe abordarse desde una perspectiva estrictamente laica, dejando a un lado los juicios de valor; respetables en todo caso, pero que no pueden imponerse a otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ning&uacute;n &aacute;mbito de la esfera social, como en el de la medicina, hay una oportunidad m&aacute;s tangible para reivindicar el laicismo como la mejor forma de encontrar alternativas y soluciones ante problemas de inter&eacute;s general y cotidiano. Desde la fertilizaci&oacute;n <i> in vitro</i> , el uso de c&eacute;lulas madre, la interrupci&oacute;n del embarazo en ciertas condiciones, los cuidados paliativos a las personas que est&aacute;n pr&oacute;ximas a morir, hasta los nuevos alcances de la gen&oacute;mica y otros. Ocurre adem&aacute;s que muchos de estos ''territorios'' han dejado de ser propiedad exclusiva de los m&eacute;dicos. Legisladores, te&oacute;logos, economistas, fil&oacute;sofos, medios de comunicaci&oacute;n y diversas voces de la sociedad civil se expresan sobre ellos de manera cotidiana, intensa y no siempre en forma compatible. En el fondo, los conflictos surgen porque se contraponen valores opuestos. Ah&iacute; es donde entra el laicismo. Que nadie pretenda imponer a otros sus creencias; que cada quien asuma las que m&aacute;s le convenzan. Si unas y otras posiciones se respetan, la posibilidad del conflicto disminuye. No hay que confundir derechos con preferencias, ni delitos con pecados, ni feligreses con ciudadanos. Estas categor&iacute;as tampoco son incompatibles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis y la discusi&oacute;n de asuntos complejos, con informaci&oacute;n veraz y serenidad, va dando frutos. Los cambios y los consensos toman tiempo y, sin embargo, son posibles. Un buen ejemplo en nuestro pa&iacute;s que apunta en la direcci&oacute;n correcta son las denominadas ''Leyes de Voluntad Anticipada'', vigentes ya en varias entidades federativas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toca a los m&eacute;dicos contribuir a definir, con la mayor precisi&oacute;n posible, las acciones m&aacute;s apropiadas en casos pol&eacute;micos. No podemos eludir nuestra responsabilidad. El humanismo es el &uacute;nico instrumento del que disponemos para proteger los valores inmutables de la medicina. La primera pregunta que debemos hacernos ante tales dilemas ineludibles es la siguiente: &iquest;qu&eacute; es lo que m&aacute;s beneficia al paciente?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pienso que el m&eacute;dico debe conservar, ante todo, su compromiso de actuar de acuerdo con la voluntad del enfermo, mientras no afecte los derechos de otros. Cuando el m&eacute;dico defiende los derechos de sus enfermos, est&aacute; defendiendo sus propios derechos. Una interpretaci&oacute;n moderna del viejo c&oacute;digo hipocr&aacute;tico ser&iacute;a justamente esa: comprometerse a defender siempre los derechos de los pacientes. Si un m&eacute;dico priva a una persona de sus derechos, no est&aacute; actuando en su funci&oacute;n de m&eacute;dico. Si un m&eacute;dico da la espalda a los enfermos est&aacute; renunciando al compromiso humanista de su profesi&oacute;n. Para quienes llevamos ya un camino recorrido en el entorno social de la medicina, en su vida acad&eacute;mica e institucional, muchos de estos temas no son nuevos. Lo novedoso es el contexto actual, el avance inexorable de la ciencia y la conciencia, cada vez m&aacute;s generalizada y profunda, de que solamente se progresa igualando derechos. Y, el derecho a la salud, con todas sus implicaciones, sigue encabezando la lista de las prioridades sociales.</font></p>       ]]></body>
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