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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El mercado taurino en los inicios de la tauromaquia moderna]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>
    <p align="justify">&nbsp;</p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Antonio Luis L&oacute;pez Mart&iacute;nez. <i>    <br>
El mercado taurino en los inicios de la tauromaquia moderna</i>,     <br>
Sevilla, Fundaci&oacute;n Real Maestranza de Caballer&iacute;a de Sevilla/    <br>
Fundaci&oacute;n de Estudios Taurinos/Universidad de Sevilla, 2013, 681 pp.</b></font></p>
    <p align="center">&nbsp;</p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antonio Luis L&oacute;pez Mart&iacute;nez, autor del libro <i>El mercado taurino en los inicios de la tauromaquia moderna</i> (2013), afirma que el inter&eacute;s por los juegos y rituales con toros se remonta a la antig&uuml;edad y existen restos arqueol&oacute;gicos en todo el arco mediterr&aacute;neo que dan testimonio de ello, aunque desde la edad media estas actividades se circunscribieron a la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica y el sur de Francia. Los or&iacute;genes del toreo a pie, la modalidad prevaleciente en la actualidad, se remontan al siglo XVIII, cuando las luchas con toros relegaron su condici&oacute;n de entretenimiento nobiliario y afianzaron la versi&oacute;n popular de espect&aacute;culos p&uacute;blicos a los que se asist&iacute;a pagando una entrada.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del siglo XX se han publicado innumerables obras acerca de las corridas de toros en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, as&iacute; como de sus protagonistas, toros y toreros. Por regla general, se trata de publicaciones que aluden a la lidia como arte o <i>fiesta</i> y que han adoptado formas esencialmente noveladas o period&iacute;sticas. Sin embargo, la historiograf&iacute;a acad&eacute;mica sobre el toreo en tanto actividad econ&oacute;mica inserta en el mercado ha sido mucho m&aacute;s magra. Por ello, la presente obra adquiere una relevancia singular, ya que analiza la evoluci&oacute;n de la corrida de toros como una actividad mercantil en la que se compraban y vend&iacute;an bienes &#150;toros, caballos&#150; y se contrataban servicios &#150;toreo&#150;. Bajo este esquema, las entidades organizadoras de los eventos adoptaron la estructura de empresas, mientras las relaciones que entablaron los lidiadores entre s&iacute; y entre ellos y la empresa contratante pueden ser entendidas, en este sentido, como relaciones laborales.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estos supuestos iniciales, el objetivo esencial del libro es examinar las mutaciones sociales y econ&oacute;micas que experiment&oacute; la lidia a lo largo de los siglos XVIII y XIX, hasta llegar a convertirse en un espect&aacute;culo de masas y una actividad econ&oacute;mica en crecimiento con importantes encadenamientos en sectores tanto pecuarios y agr&iacute;colas &#150;ganader&iacute;a vacuna, caballar y mular&#150; como industriales y artesanales &#150;armer&iacute;a, sastrer&iacute;a, carpinter&iacute;a, alba&ntilde;iler&iacute;a e imprenta&#150;. A lo largo de estos siglos, el principal mercado taurino espa&ntilde;ol fue el sevillano, as&iacute; lo demuestra la contundente documentaci&oacute;n primaria que sustenta el estudio: en primer lugar, el archivo de la Real Maestranza de Caballer&iacute;a de Sevilla, instituci&oacute;n responsable de las corridas en este periodo &#150;en concreto sus libros de contabilidad&#150; y, en segundo lugar, la secci&oacute;n de protocolos notariales del Archivo Hist&oacute;rico Provincial de Sevilla, donde se resguarda la mayor concentraci&oacute;n de contratos taurinos revisada por el autor &#150;firmados tanto por empresarios como por lidiadores, proveedores y ganaderos de toros de lidia&#150;. Junto a estos dos repositorios esenciales, la revisi&oacute;n de otros tantos archivos con una enjundia menor aleja ampliamente el quehacer minucioso de reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica del mercado taurino moderno, de la que hace gala esta obra, de la mir&iacute;ada de obras que le preceden, donde la loa a la bravura del matador, a la casta del toro o a una lidia memorable han prevalecido frente al escrutinio riguroso del historiador.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es el primer y fundamental sello distintivo del libro: se trata de un estudio fundamentado de principio a fin en fuentes primarias de archivo. De hecho, corona este imponente y documentado estudio un completo ap&eacute;ndice que re&uacute;ne los principales contratos citados, correspondientes a los distintos archivos consultados, tanto de transacciones de los lidiadores, arrendamiento y compra de fincas r&uacute;sticas, como de las descripciones notariales sobre bienes de ganaderos y venta de ganader&iacute;as de lidia. Finaliza dicho ap&eacute;ndice con una selecci&oacute;n de carteles de corridas celebradas en la plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla en los siglos que se analizan.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con estos planteamientos, la estructura del libro responde cabalmente a las principales hip&oacute;tesis que en &eacute;l se defienden, desplegadas en nueve cap&iacute;tulos que se distribuyen en cuatro apartados bien delimitados. As&iacute;, la primera de las cuatro partes de este estudio se dedica a la configuraci&oacute;n y actividades de la empresa taurina moderna, ejemplificada por la citada Real Maestranza de Caballer&iacute;a de Sevilla a lo largo del siglo XVIII y el primer tercio del XIX, periodo en que la corporaci&oacute;n aparece como responsable directa del negocio de los toros. Junto al an&aacute;lisis de las actividades de los empresarios y los agentes intermediarios &#150;llamados "apoderados"&#150;, y entre estos y los oferentes de servicios, se abordan los distintos tipos de servicios que tales empresas contrataban, por ejemplo la compra y transporte de toros y caballos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte se analizan las funciones de todos los participantes en las corridas, pero no de manera individual sino como categor&iacute;as profesionales diferenciadas, se prioriza el estudio del participante colectivo &#150;la cuadrilla&#150;, m&aacute;s que el individual. El objetivo de esta segunda parte consiste en examinar las relaciones econ&oacute;micas, tanto empresariales como laborales, que surgen entre los diferentes participantes en la organizaci&oacute;n y celebraci&oacute;n de la corrida de toros.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte del libro parte de un estudio anterior del autor (L&oacute;pez, 2002)<a href="#a10n1" id="a10n-1">1</a> en el que demuestra la estrecha relaci&oacute;n existente entre la cr&iacute;a del toro de lidia y la gran explotaci&oacute;n agraria, y la importancia del ganado bravo como factor de sostenibilidad de los ecosistemas agrarios. Sobre esta idea seminal, L&oacute;pez Mart&iacute;nez propone una periodizaci&oacute;n de la ganader&iacute;a de lidia, desde el predominio de los proveedores ocasionales hasta la conformaci&oacute;n de las grandes ganader&iacute;as o castas fundadoras; lo anterior basado en dicha relaci&oacute;n de complementariedad del toro de lidia con el latifundio y los avatares pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que afectaron a la misma, especialmente las desamortizaciones de tierra en la primera mitad del siglo XIX, por su importancia en el florecimiento de las ganader&iacute;as bravas como actividad empresarial singular y especializada.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la cuarta y &uacute;ltima parte unifica y da sentido a las restantes a trav&eacute;s de una mirada al mercado taurino en su conjunto, en primer lugar como espacio real donde se celebraba la actividad econ&oacute;mica &#150;a partir de la gradual construcci&oacute;n de plazas de toros&#150; y, en segundo lugar, mediante el an&aacute;lisis de la expansi&oacute;n de Sevilla como centro de contrataci&oacute;n taurina, donde se daban cita todos los actores econ&oacute;micos ya citados, especialmente en alguna de sus calles m&aacute;s conocidas, como la calle Sierpes.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los festejos taurinos requer&iacute;an de una completa organizaci&oacute;n en la que concurr&iacute;a un buen n&uacute;mero de profesionales y empresas que constitu&iacute;an una red compleja de relaciones e intereses. Los empresarios taurinos &#150;individuos o instituciones&#150; se encargaban de la contrataci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de todos los servicios necesarios para la celebraci&oacute;n de la corrida: desde recabar la autorizaci&oacute;n oficial, hasta conseguir un espacio p&uacute;blico acotado o construido ex profeso para tal fin, pasando por el mantenimiento de las plazas de toros, la adquisici&oacute;n de los toros y los caballos, la contrataci&oacute;n de los individuos que formaban parte en el espect&aacute;culo (los lidiadores a pie o a caballo, locales o for&aacute;neos), la retirada de los restos de los animales muertos en la plaza, los facultativos o cirujanos que se ocupaban de los habituales accidentes de los lidiadores y otros servicios artesanales como la provisi&oacute;n de armas, trajes y capotes para la lidia, transportistas para acarrear a los animales hasta la plaza, destazadores y vendedores de la carne de los toros sacrificados e incluso impresores que se encargaran de elaborar la publicidad de los eventos (L&oacute;pez, 2013, pp. 40&#45;42).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Real Maestranza de Caballer&iacute;a de Sevilla obtuvo en 1730 un privilegio de la corona para organizar dos fiestas de toros anuales, lo que supuso el inicio de una nueva forma de entender estos festejos, puesto que el objetivo recaudatorio los convertir&iacute;a con el tiempo en una actividad altamente redituable. Adem&aacute;s, seg&uacute;n el autor, esto trajo consigo una progresiva profesionalizaci&oacute;n de los individuos participantes en las corridas desde el momento en que empezaron a cobrar por su actuaci&oacute;n. La Orden corri&oacute; con todos los gastos de la organizaci&oacute;n de las fiestas de toros hasta 1835, cuando abandon&oacute; definitivamente esta tarea para comenzar a arrendarla de forma sistem&aacute;tica a particulares. Los festejos sol&iacute;an durar dos d&iacute;as y se mataban toros por la ma&ntilde;ana y por la tarde, lo que equival&iacute;a a cuatro corridas actuales. Las fiestas se celebraban en primavera o en oto&ntilde;o y fueron prohibidas en diferentes ocasiones, de 1755 a 1759, de 1785 a 1791, de 1800 a 1802 y nuevamente de 1805 a 1814 (pp. 50&#45;51). La Maestranza obten&iacute;a sus principales ingresos del valor de la plaza y de la comercializaci&oacute;n de los subproductos derivados de la celebraci&oacute;n de las corridas y orientaba sus gastos m&aacute;s importantes a la compra de toros y caballos y el pago de salarios de los diferentes lidiadores y empleados. El valor de los toros bravos se increment&oacute; a lo largo del siglo XVIII, primero por el aumento de la demanda sevillana y despu&eacute;s por la expansi&oacute;n del toreo a otras plazas como C&aacute;diz, el puerto de Santa Mar&iacute;a y, sobre todo, Madrid. De manera concomitante, los honorarios de los lidiadores subieron, a pesar de representar menos de la mitad del gasto en los toros. La construcci&oacute;n de una plaza de toros de mamposter&iacute;a frente a la anterior de madera llev&oacute; a la corporaci&oacute;n a endeudarse gravemente a pesar de los beneficios que dejaban las fiestas de toros (pp. 73&#45;75).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, las instituciones privilegiadas &#150;maestranzas, hospitales, ayuntamientos&#150; sol&iacute;an delegar, mediante arrendamiento, la organizaci&oacute;n de las funciones de toros en asentistas, los cuales, seg&uacute;n L&oacute;pez Mart&iacute;nez, constituyeron el precedente de los empresarios taurinos modernos. Estos tomaron el relevo de las corporaciones cuando los privilegios desaparecieron, ya que arrendaron las plazas de toros y organizaron los eventos. Estos empresarios eran "principalmente gentes del comercio", tratantes de caballos, propietarios de ganader&iacute;as de toros, representantes de toreros y de empresas taurinas de otras localidades, con papeles a menudo intercambiables (p. 81). A veces eran los propios toreros los que figuraban como empresarios. La importancia de ciertas plazas de toros y la existencia de capitales llev&oacute; en ocasiones a la creaci&oacute;n de sociedades encargadas de su gesti&oacute;n, incluso a fines del siglo XVIII se apreci&oacute; una tendencia a la concentraci&oacute;n empresarial en &aacute;reas geogr&aacute;ficas localizadas. Sin duda, la red de relaciones en torno al mundo taurino ten&iacute;a su principal reflejo en la pauta de los lidiadores de conceder poderes a terceras personas para contratar sus servicios con los empresarios de las plazas de toros. Ante la dificultad de los toreros o empresarios de desplazarse para establecer los contratos, el apoderamiento se extendi&oacute; al mismo ritmo que la celebraci&oacute;n de festejos en &aacute;reas geogr&aacute;ficas mayores. Estos poderes llevaron a una gradual profesionalizaci&oacute;n de los apoderados como agentes taurinos que representaban a los toreros y tambi&eacute;n a los propietarios de las plazas (p. 97).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contrataci&oacute;n de servicios taurinos tuvo en el abastecimiento de toros su aspecto fundamental, pero no el &uacute;nico. L&oacute;pez Mart&iacute;nez detalla las modalidades de adquisici&oacute;n de las reses bravas y su evoluci&oacute;n, dedica especial atenci&oacute;n al traslado de las mismas desde las dehesas hasta las plazas, por la complejidad de los desplazamientos a medida que los festejos se regularizaron y crecieron las temporadas taurinas, ya institucionalizadas y peri&oacute;dicas. En respuesta al incremento de la demanda, se produjo una especializaci&oacute;n geogr&aacute;fica de los ganaderos de toros y la expansi&oacute;n de un mercado del ganado de lidia por todo el pa&iacute;s. Los riesgos de los traslados, muy elevados al principio cuando se hac&iacute;an a pie y cada vez a mayores distancias, se redujeron con la aparici&oacute;n del ferrocarril a trav&eacute;s de cajones individuales y de los vapores entre ciudades costeras. Los altos costos iniciales se redujeron con la generalizaci&oacute;n del transporte por carretera, ya entrado el siglo XX.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mundo del toreo, por otra parte, estuvo caracterizado por una actuaci&oacute;n eminentemente colectiva, pues los lidiadores trabajaban agrupados en cuadrillas, es decir, colectivos de toreros unidos jer&aacute;rquicamente. La configuraci&oacute;n actual de las mismas se alcanz&oacute; a mediados del siglo XIX, cuando al equipo de toreros a pie se integraron los picadores a caballo que antes actuaban a t&iacute;tulo individual. Fue entonces cuando triunf&oacute; un toreo mucho m&aacute;s arraigado en &aacute;mbitos urbanos &#150;representados por los lidiadores a pie&#150; que rurales, asociados a los picadores (pp. 173&#45;174). El pago de los honorarios se hizo durante mucho tiempo a un solo individuo que fung&iacute;a como director de la cuadrilla, casi siempre el primer espada, quien era tambi&eacute;n el que contrataba los servicios del conjunto. Tales honorarios estuvieron regulados por el mercado, como expresi&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica de los espectadores. La mayor diferenciaci&oacute;n entre los salarios de los primeros espadas y el resto de los matadores se produjo con la aparici&oacute;n de las primeras grandes figuras de la tauromaquia de la &eacute;poca, en el &uacute;ltimo tercio del siglo XVIII. Respecto a los miembros subalternos, como los banderilleros, su condici&oacute;n de auxiliares de los matadores hizo que durante mucho tiempo sus nombres no aparecieran en los contratos, por lo que su salario quedaba supeditado a las decisiones de estos. Los contratos notariales, seg&uacute;n L&oacute;pez Mart&iacute;nez, conten&iacute;an numerosas cl&aacute;usulas mediante las cuales, tanto los lidiadores como los empresarios trataban de asegurar la percepci&oacute;n de los honorarios y la realizaci&oacute;n de las faenas, respectivamente. Adem&aacute;s, contemplaban la duraci&oacute;n de las temporadas taurinas, el tipo de desplazamientos y el pago de los mismos, y preve&iacute;an incluso las indemnizaciones ante los accidentes de trabajo o la suspensi&oacute;n de los festejos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal y como afirma el autor, el toro bravo "surgi&oacute; como un producto marginal de las grandes explotaciones agrarias existentes en los siglos XVIII y XIX" (p. 310). Sobre todo en el Valle del Guadalquivir, la cr&iacute;a de toros estuvo unida al latifundio cerealero, cuya principal fuerza de trabajo era el buey. La reproducci&oacute;n de estos animales exig&iacute;a mantener una gran vacada, a menudo de varios centenares de vacas reproductoras con varias camadas al a&ntilde;o. Los machos excedentarios y poco aptos para la doma se orientaron al mercado taurino. L&oacute;pez Mart&iacute;nez estudia la evoluci&oacute;n seguida por la localizaci&oacute;n de las fincas dedicadas a la cr&iacute;a del toro de lidia, para concluir que en un inicio fueron las comarcas de mayor vocaci&oacute;n agr&iacute;cola &#150;la campi&ntilde;a y la vega&#150; las que desarrollaron una actividad ganadera de lidia m&aacute;s amplia (p. 314), mientras que en la segunda mitad del siglo XIX se produjo una redistribuci&oacute;n que favoreci&oacute; la concentraci&oacute;n de dichas ganader&iacute;as en zonas de mayor vocaci&oacute;n pecuaria &#150;marismas, sierra norte&#150;. El detallado an&aacute;lisis que hace el autor de las principales familias relacionadas con la cr&iacute;a y venta de toros bravos constituye todo un ejercicio de prosopograf&iacute;a nobiliaria, basada fundamentalmente en la extensi&oacute;n de sus dominios territoriales, la capacidad de sus explotaciones y el n&uacute;mero de reses vendidas a la Real Maestranza y a otras corporaciones dedicadas al negocio taurino. Tambi&eacute;n, en este sentido, las grandes casas ganaderas, las castas fundacionales, experimentaron una profesionalizaci&oacute;n similar a la del resto de participantes en dicho negocio, adquiriendo formas de estrategias plenamente empresariales.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, la corrida moderna, o toreo a pie, se expandi&oacute; por toda la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica y buena parte de las ciudades americanas a lo largo de los siglos XVIII y XIX, cuyo indicador es la construcci&oacute;n de las plazas de toros. Dicha construcci&oacute;n reflej&oacute; no s&oacute;lo la afici&oacute;n taurina, sino las vicisitudes econ&oacute;micas de las localidades donde se levantaron, y sus propios procesos de crecimiento econ&oacute;mico. Al mismo tiempo, la contrataci&oacute;n de bienes y servicios taurinos se fue concentrando en unas pocas ciudades en las que se instalaban los agentes taurinos y a las que acud&iacute;an los empresarios para establecer los contratos, de las que Sevilla tal vez es el mejor exponente.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra es el producto de largos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n en archivos y una reflexi&oacute;n muy al margen de la algarab&iacute;a de la llamada "fiesta nacional". Por ello, este t&iacute;tulo, realizado sobre la base de la historia econ&oacute;mica y empresarial, puede considerarse verdaderamente una historia de la empresa taurina, que se constituye ante todo como empresa agraria y tambi&eacute;n de servicios. Bienvenida en todo caso, por su valor historiogr&aacute;fico intr&iacute;nseco frente a la marea triunfal y epop&eacute;yica que ha caracterizado la producci&oacute;n escrita sobre el mundo del toreo.</font></p>


    <p align="right">&nbsp;</p>
    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b><i>Alicia Gil L&aacute;zaro</i></b>    <br>
  Universidad de Sevilla    <br>
  Sevilla, Espa&ntilde;a</font></p>
    <br>

	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a href="#a10n-1" id="a10n1">1</a> L&oacute;pez, A. L. (2002). <i>Ganader&iacute;as de lidia y ganaderos. Historia y econom&iacute;a de los toros de lidia en Espa&ntilde;a</i>. Sevilla: Real Maestranza de Caballer&iacute;a de Sevilla/Universidad de Sevilla.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=722029&pid=S1405-2253201500030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>

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