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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Expediente</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Preliminares</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo Nava</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&iquest;Por qu&eacute; reelaborar hoy d&iacute;a un <i>concepto del archivo</i>?" Con esta pregunta Jacques Derrida comienza un ensayo muy particular en el horizonte de los desastres que caracterizaron el fin de siglo XX, a los que llam&oacute; <i>archivos del mal</i>.<sup><a href="#nota">1</a></sup> La caracter&iacute;stica de este horizonte implic&oacute; m&aacute;s interrogantes, tales como preguntar por los archivos disimulados, prohibidos, destruidos, desviados o reprimidos; as&iacute; como los cuestionamientos por los modos de tratarlos en el contexto de guerras civiles e internacionales; adem&aacute;s de la pregunta por el poder sobre el documento, su posesi&oacute;n, su retenci&oacute;n y su interpretaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El horizonte en el que se enmarc&oacute; dicho ensayo no ha cambiado. De ah&iacute; que el expediente de este n&uacute;mero est&eacute; dedicado a la cuesti&oacute;n del archivo. La pregunta que se hace Derrida est&aacute; destinada a ser apropiada por nosotros los historiadores, y podemos hacerlo desplaz&aacute;ndola hacia otra interrogante: &iquest;es posible pensar hist&oacute;ricamente el archivo? La respuesta afirmativa tendr&iacute;a como condici&oacute;n de posibilidad asumir el reto que Derrida nos hace a los historiadores: distinguir el archivo de aquello a lo que se la ha reducido con demasiada frecuencia: la memoria y el retorno al origen. Reto que podemos asumir si la cuesti&oacute;n del archivo la tomamos no ya como un dep&oacute;sito de la memoria que salvaguarda una identidad a&ntilde;orada, interrogada o perdida, ni como el lugar que resguarda los documentos como testimonios garantes del acontecimiento, sino a partir de reflexionar sobre los modos en que nos relacionamos con el archivo al momento de trabajar sobre el documento y escribir libros de historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos que conforman este expediente, y en general todo el n&uacute;mero, responden de distintas maneras a este reto. Todos asumen de alguna forma que pensar hist&oacute;ricamente el archivo implica dar cuenta de los modos en que el acontecimiento se sustrae siempre entre el juego del olvido y la memoria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "De viaje tras el encuentro entre archivo e historiograf&iacute;a", Guillermo Zerme&ntilde;o se interroga acerca de la posibilidad de saber si la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica que dio lugar al nacimiento de M&eacute;xico como Estado naci&oacute;n, trajo aparejada tambi&eacute;n una transformaci&oacute;n sem&aacute;ntica del archivo. De este modo, Zerme&ntilde;o se plantea como hip&oacute;tesis que al haber l&iacute;neas de continuidad entre el antiguo r&eacute;gimen y la naciente rep&uacute;blica, las formas o estructuras del archivo tradicional sufren una mutaci&oacute;n dada a partir de una desacralizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica, y la necesidad de generar un nuevo lenguaje jur&iacute;dico/cient&iacute;fico que permita validar y legitimar el nuevo funcionamiento del archivo. La consecuencia que plantea no se deja esperar, pues propone que se dar&aacute; un reforzamiento de la fusi&oacute;n entre historia y archivo no tan acentuada en el r&eacute;gimen anterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, en "La par&aacute;bola de la <i>Bibliotheca</i>", Mart&iacute;n Morales nos muestra c&oacute;mo la <i>bibliotheca</i> jesu&iacute;tica aparece como un archivo en el que la convivencia de impresos y manuscritos testifican tanto el paso de una cultura de la oralidad al impreso, como el paso de una escritura que, una vez plasmada en libro, llega a ser concebida como la fijaci&oacute;n de contenidos que funcionar&aacute;n como sustituci&oacute;n de la memoria. En este sentido, Morales observa a la <i>bibliotheca</i> jesu&iacute;tica como una par&aacute;bola que se construy&oacute; como espacio disciplinado en relaci&oacute;n con los saberes, en donde la ambig&uuml;edad de la escritura ya no podr&aacute; ser identificada con la memoria, ni con los archivos como su lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "El mal de archivo en la escritura de la historia" presento un trabajo que propone una reflexi&oacute;n acerca de las consecuencias historiogr&aacute;ficas implicadas en una deconstrucci&oacute;n del concepto de archivo inaugurada por el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Jacques Derrida. Este escrito parte de la pregunta de hasta d&oacute;nde es posible pensar hist&oacute;ricamente el archivo, para mostrar, desde esta interrogante, c&oacute;mo los distintos modos de tratamiento del archivo nos convocan a establecer nuevos modos de relaci&oacute;n con &eacute;ste, ah&iacute; donde un mal lo atraviesa: borrarse para preservarse. De este modo el historiador estar&iacute;a llamado a trabajar sobre las huellas del borrado de todo acontecimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en "El Archivo Negro. Operaciones penitenciarias y archiv&iacute;sticas en el Palacio de Lecumberri", William Brickman&#45;Clark elabora una propuesta muy interesante en torno de una pregunta: &iquest;es posible que el discurso rector y las consecuencias espaciales de la penitenciar&iacute;a moderna y el archivo (&eacute;ste en tanto dep&oacute;sito f&iacute;sico de la memoria), sean similares? A partir de un an&aacute;lisis del espacio y de las operaciones de organizaci&oacute;n, nominaci&oacute;n y clasificaci&oacute;n entre lo que fue el Palacio de Lecumberri y lo que es hoy el Archivo General de la Naci&oacute;n, Brickman&#45;Clark trabaja una respuesta posible, aquella que, a partir de los trabajos de Foucault y Derrida, enuncia que en sus dos momentos este espacio ha sido habitado por eso que Derrida llama un mal de archivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de resaltar aqu&iacute; que tambi&eacute;n los dos textos que aparecen en la secci&oacute;n de "Ensayos" de este n&uacute;mero, as&iacute; como la rese&ntilde;a que se presenta, est&aacute;n en estrecha relaci&oacute;n con el tema del expediente. Alfonso Mendiola, en "Historizar la teolog&iacute;a y los dogmas de la Iglesia: el compromiso de Michel de Certeau", pone en contexto el desarrollo de la obra del historiador jesuita franc&eacute;s; de esta forma muestra las operaciones historiogr&aacute;ficas en las que &eacute;l estaba inmerso, as&iacute; como el modo en que mantuvo una relaci&oacute;n con el archivo a partir de su esfuerzo por pensar hist&oacute;ricamente la teolog&iacute;a y los dogmas de la Iglesia. Se trata de un Michel de Certeau que, como un viajero, atraviesa fronteras y saberes hacia el lugar del otro. En esta misma direcci&oacute;n, pero con una particularidad interesante, se ubica el trabajo de Andr&eacute;s Freijomil, "La pr&aacute;ctica de la lectura en la obra de Michel de Certeau. Archivo, documento y lectura". Su ensayo demuestra, a partir de un estudio de las pr&aacute;cticas de lectura de De Certeau, que leer implica tiempo y materialidad en tanto interacci&oacute;n textual material y corporalidad gestual del lector. De esta forma, lo que se puede leer en este ensayo es c&oacute;mo enfrentarse con el archivo, y el documento implica esta interacci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, la rese&ntilde;a que presenta Francisco Rivero, intitulada "Escribir las huellas"<i>,</i> trata de un libro muy particular: <i>El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso y lo ficticio,</i> de Carlo Ginzburg. La pertinencia de esta rese&ntilde;a en relaci&oacute;n con el expediente de este n&uacute;mero es que funciona como ejemplo de un historiador que se esfuerza por pensar el entramado de los documentos, los archivos y las huellas de los acontecimientos, a partir de distinguir lo verdadero, lo falso y lo ficticio en la escritura de la historia, manteniendo la postura de que es posible alcanzar la verdad en el discurso hist&oacute;rico. Por tanto, esta rese&ntilde;a resulta un buen cierre del n&uacute;mero, en tanto muestra un ejemplo concreto del modo en que un historiador se ha relacionado con el archivo, modo de relaci&oacute;n que se pone en duda en las p&aacute;ginas siguientes, para poder pensar de modos diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, habr&iacute;a que destacar c&oacute;mo todos los art&iacute;culos muestran un cierto s&iacute;ntoma que devela lo que Derrida ha llamado "mal de archivo": el momento en que el archivo sustrae el acontecimiento, borr&aacute;ndolo para preservarse como memoria, mas, de cierta manera, como una forma de olvido.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Jacques Derrida, <i>Mal de archivo. Una impresi&oacute;n freudiana</i>, Madrid, Trotta, 1997, hoja suelta encartada en el libro.</font></p>     ]]></body>
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