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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Nota sobre democracia y constituci&oacute;n en la obra de Hans Kelsen<a href="#notas">*</a></b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pedro Salazar Ugarte**</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 17/08/2006&nbsp;    <br> Aceptaci&oacute;n: 7/02/2008</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es ampliamente conocido, en la historia de las ideas jur&iacute;dicas, s&oacute;lo en el siglo XX apareci&oacute; un verdadero esquema de control de constitucionalidad de leyes europeo: el Tribunal Constitucional ideado por Hans Kelsen. A diferencia del dise&ntilde;o americano que hab&iacute;a comenzado a moldearse desde el siglo precedente, Kelsen, propuso que el control de constitucionalidad quedara concentrado en las manos de un &oacute;rgano creado espec&iacute;ficamente para "asegurar el ejercicio regular de las funciones estatales"<sup><a href="#notas">1</a></sup>. Es decir: para garantizar que la creaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n de las normas jur&iacute;dicas se ajustara a lo establecido por la constituci&oacute;n. El razonamiento de Kelsen era, en t&eacute;rminos muy generales, el siguiente: a) la creaci&oacute;n (legislaci&oacute;n) y la aplicaci&oacute;n (ejecuci&oacute;n) no son funciones estatales coordinadas sino dos etapas jerarquizadas del proceso de creaci&oacute;n del derecho ya que la constituci&oacute;n establece las reglas que deben observarse durante la producci&oacute;n normativa; b) esta producci&oacute;n tambi&eacute;n representa un acto de aplicaci&oacute;n de la constituci&oacute;n; c) por lo mismo, debemos garantizar la constitucionalidad de las leyes para proteger a la constituci&oacute;n; e) de lo contrario, el legislador, usando sus facultades, podr&iacute;a rebasar persistentemente los l&iacute;mites constitucionales. No obstante, seg&uacute;n Kelsen, la libertad del legislador "no (estar&iacute;a) sometida m&aacute;s que a limitaciones relativamente d&eacute;biles, (porque) su poder de creaci&oacute;n es relativamente grande"<sup><a href="#notas">2</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Kelsen la constituci&oacute;n deb&iacute;a ser objeto de protecciones porque representaba la estabilidad del estado pero no porque tuviera un contenido normativo particular. De hecho, en principio, la propuesta kelseniana no estaba dirigida a la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales: la constituci&oacute;n pod&iacute;a perfectamente no contemplar estos derechos y seguir siendo la norma suprema del ordenamiento. El verdadero valor que deb&iacute;a protegerse era la estabilidad constitucional. Kelsen no desconoc&iacute;a (ni objetaba) que algunas constituciones modernas "contienen no solamente reglas sobre los &oacute;rganos y procedimientos de la legislaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n un cat&aacute;logo de derechos fundamentales de los individuos o libertades individuales"<sup><a href="#notas">3</a></sup> y aceptaba que, en esos casos, la constituci&oacute;n trazaba "l&iacute;mites de contenido a las leyes futuras"<a href="#notas"><sup>4</sup></a>, por lo que la inconstitucionalidad pod&iacute;a declararse por razones de contenido. Pero esto no significaba que Kelsen promoviera un control de constitucionalidad 'material' como el que se hab&iacute;a impuesto en los Estados Unidos. Para Kelsen, toda 'inconstitucionalidad material' se reduc&iacute;a a una 'inconstitucionalidad formal' porque la constituci&oacute;n pod&iacute;a ser reformada con la finalidad de incorporar el contenido de la ley (que hasta ese momento era inconstitucional) o con la intenci&oacute;n de abrogar la norma constitucional en la que se fundaba la inconstitucionalidad. Por este camino cualquier ley (con cualquier contenido) pod&iacute;a ajustarse a la constituci&oacute;n<sup><a href="#notas">5</a></sup>. Como podemos ver, en la teor&iacute;a kelsenaina, la constitucionalidad 'material' de una norma depende del contenido contingente de la constituci&oacute;n y no de la existencia de algunos bienes constitucionalmente protegidos por su importancia particular. Los derechos fundamentales existen, si y s&oacute;lo si, la constituci&oacute;n los establece como tales. Lo mismo vale para los principios constitucionales como la justicia, la libertad, la igualdad, etc.: s&oacute;lo adquieren significado cuando la constituci&oacute;n los contempla pero, incluso en este caso, "no a&ntilde;aden nada a la realidad efectiva del derecho"<sup><a href="#notas">6</a></sup>. Kelsen no defiende una concepci&oacute;n 'axiol&oacute;gica de la constituci&oacute;n' que supondr&iacute;a, entre otras cosas, limitaciones materiales al poder de reforma constitucional<sup><a href="#notas">7</a></sup>. Ciertamente el Tribunal Constitucional es una autoridad suprema, facultada para anular las normas que entran en contradicci&oacute;n (formal y/o material) con la constituci&oacute;n, pero los contenidos constitucionales no son inmodificables. El Tribunal es necesario porque de otra forma ser&iacute;a imposible garantizar la supremac&iacute;a de la constituci&oacute;n: "ser&iacute;a una ingenuidad pol&iacute;tica pensar que el Parlamento anular&iacute;a una ley que &eacute;l mismo ha votado porque otro &oacute;rgano la haya declarado inconstitucional"<sup><a href="#notas">8</a></sup>. S&oacute;lo el Tribunal puede garantizar la vigencia de la constituci&oacute;n independientemente de la voluntad y de las caracter&iacute;sticas del &oacute;rgano que produce las leyes.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El propio Kelsen se da cuenta de que sus argumentos se topan con las objeciones que, en su momento, enfrent&oacute; la l&oacute;gica del juez americano Marshall: a) los peligros que el control de constitucionalidad podr&iacute;a suponer para la divisi&oacute;n de poderes; b) una preocupaci&oacute;n democr&aacute;tica que impugnaba la legitimidad de los l&iacute;mites impuestos por la constituci&oacute;n (y por los int&eacute;rpretes) a la voluntad del legislador democr&aacute;tico. Para sortear la primera objeci&oacute;n, Kelsen argument&oacute; que el Tribunal Constitucional no pertenece al poder judicial por lo que, al menos en su teor&iacute;a, se trataba de un esquema sustancialmente distinto del americano. Seg&uacute;n su razonamiento, el &oacute;rgano de control constitucional realiza una funci&oacute;n legislativa en sentido negativo: "anular una ley es dictar una norma general; porque la anulaci&oacute;n de una ley tiene el mismo car&aacute;cter de generalidad que su producci&oacute;n y no es, por as&iacute; decirlo, sino producci&oacute;n con un signo negativo y, por lo tanto, una funci&oacute;n legislativa"<sup><a href="#notas">9</a></sup>. De esta forma, al ejercer una funci&oacute;n legislativa, el Tribunal Constitucional es un &oacute;rgano del Poder Legislativo que no contradice la separaci&oacute;n de poderes. Adem&aacute;s los poderes de este 'legislador negativo' se encuentran estrictamente limitados por la propia constituci&oacute;n. No olvidemos que para Kelsen la constituci&oacute;n es solamente un instrumento t&eacute;cnico. Para responder a la segunda objeci&oacute;n, Kelsen argumenta que el control de constitucionalidad no afecta a la democracia porque, en realidad, es una condici&oacute;n para el desarrollo de la misma. Su tesis es que la constituci&oacute;n constituye un instrumento para proteger a las minor&iacute;as pol&iacute;ticas: &eacute;stas cuentan con la facultad de impugnar la constitucionalidad de las leyes aprobadas por la mayor&iacute;a. Por lo mismo, con sus propias palabras: "la justicia constitucional se presenta &#45;en &uacute;ltima instancia&#45; como una garant&iacute;a de paz pol&iacute;tica en el interior del estado"<sup><a href="#notas">10</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &iquest;en d&oacute;nde queda el principio democr&aacute;tico de autonom&iacute;a pol&iacute;tica que se expresa en las decisiones de la mayor&iacute;a parlamentaria?; &iquest;qu&eacute; sucede en los casos en los que una ley (posteriormente declarada) inconstitucional haya sido aprobada por una ampl&iacute;sima mayor&iacute;a de los representantes populares?; &iquest;acaso &#45;como nos dir&iacute;a Thomas Hobbes&#45; el &oacute;rgano que tiene la &uacute;ltima palabra no es el verdadero 'soberano'? Estas y muchas otras preguntas quedan fundamentalmente sin respuesta en la teor&iacute;a kelseniana. Aunque ello no implica que, al menos en el fondo, dichas preocupaciones no estuvieran presentes en sus reflexiones: los principios como la libertad, la igualdad, la justicia, la moralidad &#45;nos advierte&#45; "pueden jugar un papel extremadamente peligroso precisamente en el campo de la justicia constitucional"<sup><a href="#notas">11</a></sup> &iquest;Por qu&eacute; motivo? La respuesta la ofrece el propio Kelsen: porque "podr&iacute;an interpretarse las disposiciones de la Constituci&oacute;n que invitan al legislador a someterse a (estos principios) como directivas relativas al contenido de las leyes (...) y, en este caso, el poder del tribunal ser&iacute;a tal que habr&iacute;a que considerarlo simplemente insoportable"<sup><a href="#notas">12</a></sup>. Por este camino la postura de la mayor&iacute;a de los jueces podr&iacute;a contradecir a la de la mayor&iacute;a de los representantes y el Tribunal Constitucional se convertir&iacute;a en el legislador positivo. Por ello, Kelsen recomienda categ&oacute;ricamente "abstenerse de todo este tipo de fraseolog&iacute;a<sup><a href="#notas">13</a></sup>" controvertida en las constituciones. De lo contrario est&aacute; en peligro la certeza del derecho y tambi&eacute;n la democracia.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas premisas sobre la justicia constitucional sirven para explicar algunas tensiones y apor&iacute;as en la teor&iacute;a de Hans Kelsen cuando observamos su obra desde el mirador de sus escritos sobre la democracia. As&iacute; como la Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Weimar puede ser considerada el primer ejemplo hist&oacute;rico de una democracia constitucional, la obra de Kelsen puede asumirse como la primera teor&iacute;a que se ocup&oacute; de los dos sistemas que integran al modelo, el constitucionalismo y la democracia, en su versi&oacute;n contempor&aacute;nea. Sin embargo, Kelsen, estudi&oacute; al estado constitucional y a la democracia pol&iacute;tica por separado y, en un cierto sentido, de forma independiente. De hecho, mientras la teor&iacute;a general del derecho kelseniana es netamente descriptiva y pretende valer para cualquier ordenamiento; la teor&iacute;a de la democracia resulta ser prescriptiva y sumamente exigente. Kelsen, no escribi&oacute; una teor&iacute;a de la democracia constitucional sino dos teor&iacute;as paralelas que, al ponerse en contacto, evidencian muchos de los problemas te&oacute;ricos que aquejan a esta complicada forma de gobierno. En las palabras de Anna Pintore, el jurista austriaco no "afront&oacute; expresa y sistem&aacute;ticamente el problema de conciliar los dos polos en perenne tensi&oacute;n al interior de este modelo: la soberan&iacute;a popular y la constituci&oacute;n, la democracia y los derechos, la autonom&iacute;a p&uacute;blica y la autonom&iacute;a privada"<sup><a href="#notas">14</a></sup>. Para comprobar esta afirmaci&oacute;n proceder&eacute; a recuperar algunas tesis generales de su teor&iacute;a constitucional y democr&aacute;tica y, en &uacute;ltimo apartado, a ponerlas en contraste.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "teor&iacute;a pura del derecho" kelseniana &#45;caracterizada, entre otras ideas, por su concepci&oacute;n del estado como ordenamiento jur&iacute;dico, por la representaci&oacute;n del mismo como una estructura de normas jer&aacute;rquicamente organizada, por su distinci&oacute;n entre ordenamientos din&aacute;micos y nomodin&aacute;micos, por la idea del poder estatal como poder jur&iacute;dico&#45;marc&oacute; un parteaguas en la historia del pensamiento jur&iacute;dico del siglo XX. Me limito a recuperar algunas tesis estrictamente necesarias para evidenciar las tensiones entre esta concepci&oacute;n del ordenamiento constitucional y la teor&iacute;a kelseniana de la democracia<sup><a href="#notas">15</a></sup>. Como ya hemos advertido, para Kelsen, los procedimientos de creaci&oacute;n normativa son fundamentales: la validez de las normas jur&iacute;dicas depende de la forma en la que fueron creadas y no de su contenido. Kelsen concibe al estado como un ordenamiento jur&iacute;dico centralizado (el derecho es el fundamento del poder y no viceversa) que tienen su &uacute;ltima fuente de validez en una norma hipot&eacute;tica fundamental <i>(Grundnorm)</i> que no es una norma 'puesta' sino 'presupuesta'. M&aacute;s all&aacute; de los m&uacute;ltiples debates acad&eacute;micos que ha generado esta idea kelseniana, lo cierto es que la <i>Grundnorm</i> otorga validez a la constituci&oacute;n que, a su vez, contiene las normas que regulan la producci&oacute;n jur&iacute;dica. Por lo mismo, la constituci&oacute;n es la norma positiva suprema del ordenamiento, cuya validez no depende (al menos no necesariamente) de un poder constituyente (m&aacute;s o menos democr&aacute;tico) sino de una norma 'hipot&eacute;tica' y cuya funci&oacute;n esencial es autorizar a los &oacute;rganos estatales para producir las dem&aacute;s normas del ordenamiento. Conviene, de nueva cuenta, subrayarlo: la funci&oacute;n primordial de la constituci&oacute;n kelseniana no es la protecci&oacute;n de los derechos fundamentales sino regular la creaci&oacute;n de normas jur&iacute;dicas (que pueden tener cualquier contenido) y que son necesarias para garantizar el orden y la paz sociales. En una frase: el 'estado de derecho' kelseniano es un estado regulado por el derecho y no un estado vinculado por los derechos. En este contexto, la funci&oacute;n de los &oacute;rganos legislativos, judiciales (e, incluso, ejecutivos) facultados para producir e interpretar las normas jur&iacute;dicas es toral: son ellos quienes determinan el contenido de las normas.</font></p>              ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todas estas tesis que recogen el n&uacute;cleo de la teor&iacute;a jur&iacute;dica kelseniana no son f&aacute;cilmente compatibles con su concepci&oacute;n democr&aacute;tica. Tambi&eacute;n en este caso me limito a recoger algunas ideas elementales. El punto de partida de las reflexiones kelsenianas sobre la democracia es el relativismo filos&oacute;fico: en el plano del conocimiento las verdades &eacute;ticas y cient&iacute;ficas siempre ser&aacute;n relativas. Con sus palabras: "El antagonismo entre absolutismo y relativismo filos&oacute;fico (...) es an&aacute;logo al antagonismo entre autocracia y democracia que representan respectivamente al absolutismo y al relativismo pol&iacute;ticos"<sup><a href="#notas">16</a></sup>. La dicotom&iacute;a democracia/autocracia es una clave para entender la teor&iacute;a kelseniana: la democracia es el mecanismo para adoptar decisiones de una colectividad que reconoce a la laicidad &#45;entendida como el di&aacute;logo entre individuos y grupos rec&iacute;procamente tolerantes&#45; como el valor supremo, mientras que la autocracia es la forma de gobierno que corresponde a una colectividad que se reconoce en un conjunto de principios dogm&aacute;ticamente aceptados; la democracia se basa en la participaci&oacute;n de los individuos en el procedimiento de producci&oacute;n legislativa, la autocracia, en cambio, se funda en su exclusi&oacute;n; la democracia se funde con el principio de autonom&iacute;a y la autocracia con el principio de heteronom&iacute;a. De hecho, me atrevo a sostener que, cuando nos habla de la democracia, Kelsen es un autor 'rousseauiano'. Por ejemplo, ante el enfrentamiento entre la libertad negativa y la libertad positiva no duda en inclinarse por la segunda: "la "libertad del individuo (... ) se revela irrealizable y termina en un segundo plano; mientras que la libertad de la colectividad la remplaza en el primero"<sup><a href="#notas">17</a></sup>. Kelsen no desconoce que la democracia moderna necesita del liberalismo pol&iacute;tico pero, en el plano te&oacute;rico, reconoce que "incluso si la extensi&oacute;n de poder del estado sobre el individuo fuera ilimitada y con ello la libertad individual completamente aniquilada (... ) la democracia seguir&iacute;a siendo posible (siempre que dicho poder fuera creado por lo individuos que se someten al mismo)"<sup><a href="#notas">18</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos observar la concepci&oacute;n de la democracia kelseniana reivindica el valor de la autonom&iacute;a pol&iacute;tica hasta su m&aacute;xima extensi&oacute;n posible. Sin embargo, &eacute;l mismo reconoce que la autodeterminaci&oacute;n extrema es incompatible con el ordenamiento social: si todos nos gobernamos a capricho el destino del grupo social ser&iacute;a la anarqu&iacute;a. Por ello acepta que la libertad pol&iacute;tica se limite mediante la regla de mayor&iacute;a y el principio de representaci&oacute;n. El principio mayoritario permite una empresa dif&iacute;cil: limitar la autodeterminaci&oacute;n individual pero asegurando el mayor grado de libertad pol&iacute;tica posible. Pero, como ha advertido Norberto Bobbio<sup><a href="#notas">19</a></sup>, para Kelsen, la regla de mayor&iacute;a no es un simple instrumento t&eacute;cnico: "es una s&iacute;ntesis de las ideas de libertad y de igualdad"<sup><a href="#notas">20</a></sup>. La dial&eacute;ctica mayor&iacute;a/minor&iacute;a es fundamental en la teor&iacute;a de la democracia kelseniana y debe superarse mediante un 'compromiso' que permita "colocar en un segundo plano lo que (separa ambos grupos) en favor de lo que los une"<sup><a href="#notas">21</a></sup>. Tambi&eacute;n la representaci&oacute;n pol&iacute;tica es inevitable y constituye una limitaci&oacute;n de la autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos. Para atenuar este mal necesario e inevitable, Kelsen, se inclina abiertamente por un modelo de democracia parlamentario y proporcional que permite la m&aacute;xima expresi&oacute;n posible de la autonom&iacute;a pol&iacute;tica de los ciudadanos. El reto est&aacute; en aumentar las condiciones para que el peso de cada votante sea el mismo: a cada cabeza un voto y a cada voto un peso igual<sup><a href="#notas">22</a></sup>. Tanto el principio de mayor&iacute;a como la representaci&oacute;n pol&iacute;tica se fundan en reglas jur&iacute;dicas pero esto no es suficiente para acomodar satisfactoriamente las piezas de su concepci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico con su teor&iacute;a de la democracia. Veamos.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la teor&iacute;a del derecho kelseniana, la constituci&oacute;n democr&aacute;tica solo es una de las constituciones posibles. Y est&aacute; lejos de ser la menos problem&aacute;tica. La teor&iacute;a del ordenamiento jur&iacute;dico no presupone ni favorece una idea pol&iacute;tica en particular, ni un determinado conjunto de valores: el estado jur&iacute;dico en cuanto tal no es ni un estado liberal ni un estado democr&aacute;tico. De hecho, como he adelantado, siguiendo las tesis de la teor&iacute;a pura del derecho, la constituci&oacute;n puede recoger leg&iacute;timamente cualquier contenido y los mecanismos destinados a protegerla (particularmente el Tribunal Constitucional) buscan proteger el orden y la paz social pero no (salvo cuando la constituci&oacute;n lo establece expresamente) garantizar ciertas libertades individuales. No s&oacute;lo. En el caso de las constituciones que incorporan derechos fundamentales sabemos que &eacute;stos constituyen una condici&oacute;n de legitimidad constitucional pero no implican limitaciones sustanciales a la facultad del poder de reforma constitucional: los derechos no son un "n&uacute;cleo inmodificable". Hasta este punto el relativismo axiol&oacute;gico de Kelsen concuerda perfectamente con su concepci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico ya que su idea de constituci&oacute;n no representa un mecanismo orientado (al menos no necesariamente) hacia la garant&iacute;a de los derechos fundamentales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero los problemas aparecen cuando invertimos la perspectiva y observamos el ordenamiento desde la lupa de la democracia. Ciertamente para Kelsen la democracia est&aacute; estrechamente emparentada con el relativismo axiol&oacute;gico pero &eacute;l mismo nos dice que "si la democracia es sobre todo una <i>forma</i> de estado o de gobierno, debemos tener presente que el antagonismo entre forma y sustancia o entre forma y contenido es solamente relativo y que una misma cosa puede parecer forma desde un punto de vista y contenido o sustancia desde otro"<sup><a href="#notas">23</a></sup>. Kelsen parece referirse &uacute;nicamente al 'contenido' de las reglas de procedimiento y no al 'contenido sustancial' de las normas que son producidas a trav&eacute;s de las mismas: a los principios que permiten que la democracia sea posible. Pero estos principios, seg&uacute;n su propia teor&iacute;a, no son meros procedimientos sino valores con un contenido preciso: las libertades naturales, la tolerancia, los derechos de las minor&iacute;as, etc. Como lo advierte Garz&oacute;n Vald&eacute;s: "el punto de partida de la defensa que Kelsen hace del parlamentarismo es la aceptaci&oacute;n de dos valores fundamentales: la libertad y la igualdad"<sup><a href="#notas">24</a></sup>. Valores que, como hemos visto, tambi&eacute;n reposan detr&aacute;s de su concepci&oacute;n de la regla de mayor&iacute;a. Por este camino el relativismo axiol&oacute;gico se topa con sus propias limitaciones: "el relativismo filos&oacute;fico exige una restricci&oacute;n de la libertad a trav&eacute;s de una ley bajo la cual todos los sujetos sean iguales"<sup><a href="#notas">25</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchos los autores, como Mauro Barberis, Albert Calsamiglia, El&iacute;as D&iacute;az y el propio Garz&oacute;n Vald&eacute;s, que coinciden en que el relativismo &eacute;tico de Kelsen no es absoluto sino relativo<sup><a href="#notas">26</a></sup>. La democracia kelseniana es posible cuando el relativismo &eacute;tico es relativo porque debe existir "una base de valores comunes o, al menos un <i>overlapping consensus,</i> para que la discusi&oacute;n y la votaci&oacute;n tengan sentido"<sup><a href="#notas">27</a></sup>. De hecho, si observamos con atenci&oacute;n tenemos que la inclinaci&oacute;n hacia la democracia &#45;aunque sea 'formal'&#45; como la forma de gobierno m&aacute;s deseable, pone en crisis la actitud relativista y axiol&oacute;gicamente neutral ue el propio Kelsen presum&iacute;a abrazar. Se trata de una elecci&oacute;n ideol&oacute;gica que est&aacute; necesariamente ligada a un conjunto de valores civiles y pol&iacute;ticos que corresponde al n&uacute;cleo de derechos fundamentales que hacen posible a la democracia. El problema es que, regresando a su teor&iacute;a pura del derecho, tenemos que Kelsen no nos ofrece mecanismos para garantizar estos contenidos m&iacute;nimos que 'relativizan' su 'relativismo' y que permiten el desarrollo de los procedimientos democr&aacute;ticos. Si la constituci&oacute;n puede reformarse sin limitaciones materiales y el propio Kelsen sugiere que no debemos no constitucionalizar principios morales 'ambiguos': &iquest;C&oacute;mo podemos garantizar la vigencia permanente de las libertades naturales, de la tolerancia, de los derechos de las minor&iacute;as, etc&eacute;tera?</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conviene insistir: la constituci&oacute;n kelseniana (independientemente de si es o no una constituci&oacute;n democr&aacute;tica) carece de un 'n&uacute;cleo inmodificable'. Siguiendo los procedimientos de creaci&oacute;n normativa constitucionales ser&iacute;a perfectamente leg&iacute;timo crear normas que nieguen los principios que dan sustento a la democracia formal. En breve: Kelsen, no puede 'blindar' las libertades y los derechos que constituyen las precondiciones de la democracia. Para colmo, tampoco la democracia es una garant&iacute;a frente a s&iacute; misma. El propio Kelsen nos dice que los principios &#45;de mayor&iacute;a y de representaci&oacute;n&#45; que limitan a la democracia son meramente formales y, aunque sostuvo que la democracia no puede separarse del liberalismo, tambi&eacute;n afirm&oacute; que se podr&iacute;a seguir hablando de democracia incluso cuando las libertades individuales fueran completamente aniquiladas<sup><a href="#notas">28</a></sup>. La contradicci&oacute;n es notable y no encuentra respuesta en la obra kelseniana. Esto (al menos en parte) puede explicarse porque el autor no analiz&oacute; con detenimiento la tensi&oacute;n que atraviesa a los tipos de libertad (negativa y positiva) y debe superarse para que la democracia constitucional sea posible. Al presuponer que la autodeterminaci&oacute;n es la mejor garant&iacute;a de las libertades, Kelsen pasa por alto un problema relevante: la tensi&oacute;n que existe entre los derechos fundamentales (entendidos como l&iacute;mites a las decisiones colectivas) y el principio de autogobierno que &eacute;l mismo reconoce como fundamento de la democracia. &iquest;Si los dos &uacute;nicos l&iacute;mites al principio de autogobierno &#45;la representaci&oacute;n y la regla de mayor&iacute;a&#45; son formales, c&oacute;mo podemos proteger a los derechos fundamentales? Lo que sucede es que, como bien ha advertido Pintore, Kelsen, descuida el polo de la tensi&oacute;n ue inclina el modelo democr&aacute;tico constitucional hacia los derechos fundamentales. Su problema radica en que, por un lado no est&aacute; dispuesto a reconocer l&iacute;mites materiales a las decisiones legalmente adoptadas pero, por el otro, incluso en los m&aacute;rgenes de su teor&iacute;a, la democracia constitucional no es posible sin garantizar (algunos) derechos fundamentales. Kelsen recurre a una puerta falsa: apostar por la pr&aacute;ctica del 'compromiso pol&iacute;tico' que, aunque nos pueda parecer deseable, s&oacute;lo desde la ingenuidad constituye una garant&iacute;a efectiva de los derechos fundamentales.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Tribunal Constitucional tampoco nos resuelve el problema. De hecho, Kelsen s&oacute;lo analiza superficialmente dos problemas fundamentales: a) la garant&iacute;a de los derechos a cargo de este tribunal; b) las dificultades que esta garant&iacute;a acarrear&iacute;a para la teor&iacute;a democr&aacute;tica. La ausencia de una reflexi&oacute;n a fondo del segundo problema es consecuencia de las deficiencias con las que aborda el primero: si los derechos no constituyen un 'n&uacute;cleo inmodificable' que debe ser garantizado por el Tribunal Constitucional, no emerge el peligro de un enfrentamiento directo entre el legislador positivo y el tribunal. Adem&aacute;s, seg&uacute;n su teor&iacute;a, se supone que la actuaci&oacute;n de este &uacute;ltimo est&aacute; rigurosamente limitada por la constituci&oacute;n. Pero el problema existe e impl&iacute;citamente Kelsen lo reconoce cuando advierte el peligro que puede conllevar la constitucionalizaci&oacute;n de principios abstractos referidos a valores. Su temor ya ha sido destacado: la ambiguedad y vaguedad de las normas de principio puede degenerar en un poder excesivo en manos de los jueces y por ello es deseable una constituci&oacute;n de 'detalle'. De ah&iacute; que la respuesta que da Kelsen a la objeci&oacute;n democr&aacute;tica que cuestiona la legitimidad de la justicia constitucional sea insatisfactoria: su idea del legislador negativo no soluciona el problema real de la transferencia de poder desde las manos de los legisladores democr&aacute;ticos hasta los jueces constitucionales. La sola propuesta de que las minor&iacute;as recurran a la justicia constitucional para impugnar las decisiones mayoritarias acarrea un enorme poder en las manos de los jueces: no s&oacute;lo son los custodios de la constituci&oacute;n sino tambi&eacute;n los &aacute;rbitros del proceso pol&iacute;tico. Ello a pesar de su dudosa legitimidad democr&aacute;tica<sup><a href="#notas">29</a></sup>.</font></p>              <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Este texto, apenas modificado, forma parte del tercer cap&iacute;tulo de mi libro "La democracia constitucional. Una radiograf&iacute;a te&oacute;rica" (FCE&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2006). Debo y agradezco a Rodolfo V&aacute;zquez la iniciativa y la generosidad para su publicaci&oacute;n en este espacio.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> H. Kelsen, <i>La Garant&iacute;a Jurisdiccional de la Constituci&oacute;n (La justicia constitucional),</i> Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas, M&eacute;xico, 2001,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769345&pid=S1405-0218200800010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> (cito de la edici&oacute;n contenida en <i>Escitos sobre Democracia y el socialismo,</i> Editorial Debate, Madrid, 1988),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769346&pid=S1405-0218200800010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> p. 109.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Ivi., p. 111.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Ivi., p. 115.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> <i>Ibidem.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Cfr. Ivi., p. 116.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Ivi., p. 142.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> La concepci&oacute;n axiol&oacute;gica de la 'constituci&oacute;n' parte de la premisa de que el documento constitucional tiene, en s&iacute; mismo, un "valor positivo y normativo". Se trata de una concepci&oacute;n fuertemente vinculada con el ideal del constitucionalismo en su versi&oacute;n contempor&aacute;nea: el valor obligatorio de la constituci&oacute;n reposa en la convicci&oacute;n del predominio axiol&oacute;gico de los derechos individuales sobre el estado. Cfr. P. Comanducci, <i>Assaggi di meta&eacute;tica due,</i> Giappichelli, Torino, 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769353&pid=S1405-0218200800010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> <i>Ibidem.</i></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Ivi., p. 130.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Ivi., p. 155.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Ivi., p. 142.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Ivi., p. 142&#45;143.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> <i>Ibidem.</i></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> A. Pintore, "Democracia senza diritti. In margine al Kelsen democratico" en <i>Sociologia del Diritto,</i> 2, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769361&pid=S1405-0218200800010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Cfr. Tambi&eacute;n de esta misma autora A. Pintore, <i>I diritti della democracia,</i> Laterza, Roma&#45;Bari, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769362&pid=S1405-0218200800010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Cfr., principalmente, H. Kelsen, <i>Theory of Law and State,</i> Cambridge, Harvard University Press, 1945;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769364&pid=S1405-0218200800010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> H. Kelsen, <i>Il problema della Sovranit&agrave; e la teoria del diritto internazionale. Contributo per una teoria pura del diritto,</i> Giuffr&eacute;, Milano, 1989;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769365&pid=S1405-0218200800010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> H. Kelsen, <i>Pure Theory of Law,</i>Berkeley, Los Angeles, University of California Press, 1978;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769366&pid=S1405-0218200800010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> H. Kelsen, <i>&iquest;Qu&eacute; es la Teor&iacute;a Pura del Derecho?,</i> Biblioteca de &Eacute;tica, Filosof&iacute;a del derecho y Pol&iacute;tica, Distribuciones Fontamara, M&eacute;xico, 1997;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769367&pid=S1405-0218200800010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> H. Kelsen, "What is Justice?: justice, law and politics in the mirror of science", en <i>Collected essays by H. Kelsen,</i> Berkeley, Los Angeles, University of California Press, 1957.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769368&pid=S1405-0218200800010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sobre la obra juridica de Kelsen se sugiere consultar, L. Gianformaggio (editor), <i>Hans Kelsen's Legal Theory. A Diachronic Point ofView,</i> Torino, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769369&pid=S1405-0218200800010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> H. Kelsen, <i>La democrazia,</i> Bologna, Il Mulino, 1998, p. 195.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769371&pid=S1405-0218200800010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> ivi., p. 53.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Ibidem.</i></font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> N. Bobbio, "La regla de mayor&iacute;a: l&iacute;mites y apor&iacute;as" en Fern&aacute;ndez Santill&aacute;n (comp) <i>Norberto Bobbio: el fil&oacute;sofo y la pol&iacute;tica,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1996, pp. 254&#45;277.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769375&pid=S1405-0218200800010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Cfr. H. Kelsen, <i>La democrazia,</i> cit., p. 101.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Ivi. pp. 104&#45;105. Kelsen es expl&iacute;cito al sostener que el compromiso es inevitable porque, de lo contrario, tarde o temprano la minor&iacute;a se rebelar&iacute;a contra la dictadura de la mayor&iacute;a.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> Cfr. <i>Theory of Law and State</i> (en la versi&oacute;n italiana, <i>Teoria generale dello stato e del diritto,</i> pp. 209&#45;302),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769379&pid=S1405-0218200800010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> cit.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> H. Kelsen, <i>La democracia,</i> cit., p. 198.</font></p>         <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> E. Garz&oacute;n Vald&eacute;s, <i>Derecho, &Eacute;tica y Pol&iacute;tica,</i> Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1993, p. 636.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769382&pid=S1405-0218200800010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> H. Kelsen, <i>&iquest;Qu&eacute; es la justicia?,</i> cit., p. 117.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Cfr. Ivi., p. 13; E. D&iacute;az, <i>Sociolog&iacute;a y Filosof&iacute;a del Derecho,</i> Taurus, Madrid, 1980 y,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769385&pid=S1405-0218200800010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> sobre todo, la "Introducci&oacute;n" de Mauro Barberis al volumen de Kelsen, <i>La democrazia,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4769386&pid=S1405-0218200800010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i> que hemos citado y que me sirvi&oacute; de pauta para esta reflexi&oacute;n.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> M. Barberis, "introducci&oacute;n", cit., p. 33.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup> Cfr. A. Pintore, "Democracia senza diritti. In margine al Kelsen democratico", cit.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> El propio Kelsen enfrent&oacute; este problema y propuso mecanismos especiales para la designaci&oacute;n de los miembros del Tribunal Constitucional en los que el Parlamento tendr&iacute;a una participaci&oacute;n activa.</font></p>      ]]></body><back>
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