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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La memoria de los lugares urbanos<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b>Denise Jodelet<i>**</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS), Par&iacute;s, Francia</i> &lt;<a href="mailto:denise.jodelet@wanadoo.fr">denise.jodelet@wanadoo.fr</a>&gt;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi ponencia estar&aacute; dedicada a las relaciones que se pueden establecer entre el espacio urbano, las significaciones que le dan los habitantes de la ciudad y los hechos o marcos de memoria. Mi prop&oacute;sito ser&aacute; plantear algunas preguntas relevantes para el proyecto sobre la memoria urbana, que ha motivado este encuentro.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un primer momento, es conveniente esclarecer lo que se puede entender por <i>memoria de lugares urbanos. </i>El t&iacute;tulo de mi texto es una especie de juego de palabras a partir de la noci&oacute;n de <i>lugares de memoria, </i>introducida por el historiador Pierre Nora (1997), cuyo uso ha tenido un gran &eacute;xito. Esta noci&oacute;n remite, entre otros elementos, a sitios, espacios, edificios, que nos dan acceso a sucesos del pasado. Son lugares que llevan la marca de su &eacute;poca, est&aacute;n clasificados en t&eacute;rminos de momentos hist&oacute;ricos, nos dan el sentido de una diferencia entre pasado y presente y ofrecen la imagen de lo que no somos m&aacute;s. As&iacute; aparecen por ejemplo los monumentos de la ciudad, cuyo poder de recordaci&oacute;n viene de su fuerza de representaci&oacute;n de una &eacute;poca pasada. Al mismo tiempo, pueden tener una his toria que cambia su capacidad mnemot&eacute;cnica, como lo veremos, en la medida en que los ciudadanos lo asocian a su propia historia grupal o personal. Es por ello que me parece mejor hablar de memoria de lugares urbanos, porque la historia vivida de los ciudadanos les da sentidos espec&iacute;ficos. De modo que un t&iacute;tulo como "Memoriay sentido de los lugares urbanos" podr&iacute;a parecer m&aacute;s pertinente, pero en este caso perder&iacute;a la dimensi&oacute;n de juego entre memorias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>La ciudad como lugar antropol&oacute;gico</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablar de memoria de lugares urbanos significa considerar a la ciudad como si tuviera una vida hist&oacute;rica, del modo que lo hace el antrop&oacute;logo Marc Aug&eacute; (1992) cuando refiere a <i>lugares antropol&oacute;gicos </i>que se pueden encontrar tanto en las sociedades tradicionales como en las modernas, donde pasado y presente se ofrecen unidos a la mirada del observador, como lo ilustran Baudelaire o Benjamin, y en sociedades pos o supra&#45;modernas, caracter&iacute;sticas de la &eacute;poca contempor&aacute;nea. Los lugares antropol&oacute;gicos se distinguen por tres rasgos comunes: son identitarios, relacionales e hist&oacute;ricos .</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la perspectiva de Aug&eacute; (1992), la identidad remite al hecho de que, en la ciudad, la organizaci&oacute;n del espacio urbano corresponde a un orden que define para cada uno de sus ocupantes oportunidades de acci&oacute;n, restricciones y prohibiciones, cuyos contenidos son simult&aacute;neamente sociales y espaciales. Tal organizaci&oacute;n de la ciudad conforma la identidad social de los sujetos que est&aacute;n sometidos a este orden. El car&aacute;cter relacional de los lugares se refiere al hecho de que dos cosas diferentes no pueden ocupar un mismo sitio: los elementos de un lugar est&aacute;n distribuidos en un orden que configura posiciones particulares que se articulan entre s&iacute;. Aunque la ocupaci&oacute;n de un espacio com&uacute;n asegura una identidad compartida, cada elemento guarda su singularidad, al mismo tiempo que queda ligado a los otros por lazos de coexistencia. El car&aacute;cter hist&oacute;rico viene del hecho de que las relaciones sociales se inscriben en el tiempo, y que los sucesos de la vida cotidiana se desarrollan con cierta duraci&oacute;n y tienen su periodicidad; sin olvidar que a lo largo del tiempo los edificaciones llevan la marca de la &eacute;poca de su construcci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; surge el interrogante sobre cu&aacute;les son las condiciones que permiten a la ciudad ofrecerse como un lugar antropol&oacute;gico, definido por su car&aacute;cter identitario, que hace que los habitantes puedan reconocerse y definirse a trav&eacute;s de su medio; por su car&aacute;cter relacional, que brinda la posibilidad de leer la relaci&oacute;n que los habitantes establecen entre s&iacute;; y por su car&aacute;cter hist&oacute;rico, que permite encontrar las huellas del pasado, el eco del tiempo vivido en ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hay que reconocer que la complejidad del fen&oacute;meno urbano requiere una reflexi&oacute;n a partir de diversas disciplinas. Las ciencias sociales fueron las primeras en intervenir en los proyectos de los planificadores y de los constructores (arquitectos, urbanistas), sea de manera cr&iacute;tica o mediante los an&aacute;lisis de las expectativas sociales en t&eacute;rminos de habitaci&oacute;n y de vida ciudadana. Los aportes de la psicolog&iacute;a fueron m&aacute;s tard&iacute;os: en los a&ntilde;os setenta, cuando se desarroll&oacute; una disciplina aut&oacute;noma dedicada al medio ambiente (Jodelet, 1987).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Perspectivas de aproximaci&oacute;n a la ciudad</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si consideramos las contribuciones de estas disciplinas, destacan diversos enfoques para estudiar la relaci&oacute;n que el sujeto, individual o colectivo, establece con su espacio de vida, en diversas escalas: el hogar, los espacios de trabajo y de residencia, las vecindades locales, los barrios, los suburbios, los territorios de establecimientos comunitarios de tipo nacional o regional, etc&eacute;tera. As&iacute;, por un lado, encontramos perspectivas de tipo objetivista que han subrayado el determinismo de los elementos materiales del entorno f&iacute;sico que influyen sobre la vivencia y la conducta de individuos pasivos; por el otro, perspectivas de tipo subjetivista que  reducen el espacio a una escena donde el hombre es un actor (Wirth, 1925). En todos los casos, la preocupaci&oacute;n ha sido analizar la manera en que el sentido viene al espacio, lo que supone el estudio de la construcci&oacute;n de sentido y de significaci&oacute;n que no solamente est&aacute;n basados en la experiencia directa y las pr&aacute;cticas funcionales, placenteras o subversivas de uso del territorio, sino tambi&eacute;n en un valor simb&oacute;lico conferido al medio ambiente natural y construido por una cultura, las relaciones sociales y los juegos de poder, como lo han mostrado la antropolog&iacute;a (Paul&#45;L&eacute;vy y Segaud, 1983), la sociolog&iacute;a y la historia.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este movimiento llev&oacute; a la psicolog&iacute;a social a considerar la relaci&oacute;n de los individuos y de los grupos con los espacios urbanos, usando dos enfoques centrados en las representaciones y la memoria social o colectiva. Antes de exponer con m&aacute;s detalle los presupuestos de estas dos posiciones, recordar&eacute; r&aacute;pidamente los modelos propuestos por las ciencias sociales y la psicolog&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las ciencias sociales, la perspectiva objetivista busca en las propiedades del espacio construido el origen del sentido del entorno urbano. Corresponde en parte al concepto <i>toposociolog&iacute;a, </i>definido por Lefebvre (1968), que dibuja el panorama ciudadano como objetivaci&oacute;n en las inscripciones materiales de la estructuraci&oacute;n social de la ciudad y de las relaciones de poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, en torno a un esquema que opone centralidad y periferia, al que est&aacute;n sometidas las ciudades. Tambi&eacute;n podemos relacionar con esta interpretaci&oacute;n la perspectiva simb&oacute;lica que inscribe el orden social en la organizaci&oacute;n espacial, como en los pueblos bororo estudiados por L&eacute;vi&#45;Strauss (1955), en la casa kabyle que describe Bourdieu (1980), o en las construcciones del biopoder en la obra de Foucault (1975) y sus disc&iacute;pulos (Rabinow, 1984). He presentado estas perspectivas en diversas publicaciones (Jodelet, 1987, 1996, 1998, 2002 y 2005), mostrando que no podemos dejar de considerarlas como la base de la experiencia urbana y de las representaciones que le corresponden.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como he mencionado en un cap&iacute;tulo del <i>Handbook of environmental Psychology </i>(1987), del lado de las posiciones subjetivas encontramos diversas corrientes que, apoy&aacute;ndose en el psicoan&aacute;lisis, lo imaginario y la fenomenolog&iacute;a, han insistido en la relaci&oacute;n establecida entre el cuerpo (la imagen de s&iacute; y de los otros, la manera singular de marcar su espacio de vida) y la representaci&oacute;n y estructuraci&oacute;n del medio ambiente. Para tratar la ciudad, ciertos autores han llegado a introducir la noci&oacute;n de espacio semicorporal, donde se opera la formaci&oacute;n del yo y la adaptaci&oacute;n psicol&oacute;gica y social al medio ambiente. En este caso, el entorno f&iacute;sico es considerado como receptor de proyecciones afectivas, imaginarias y simb&oacute;licas, que est&aacute;n vinculadas con la propia historia del sujeto, orientando sus conductas de apropiaci&oacute;n del espacio. Esta correspondencia entre el cuerpo humano y el cuerpo urbano es ahora ampliamente reconocida. En un primer momento predomin&oacute; la met&aacute;fora org&aacute;nica, cuando la ciudad fue vista como un sistema de circulaci&oacute;n con un centro, que remit&iacute;a a la imagen del cuerpo regido por un coraz&oacute;n con sus arterias. Hoy en d&iacute;a se relata la lectura de la experiencia urbana seg&uacute;n un modelo inspirado por la vivencia del cuerpo directamente interpelado, en sus estados de salud, bienestar y calidad de vida, por el medio urbano. Esta idea me parece relevante para estudiar la vivencia urbana en funci&oacute;n del curso de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>El enfoque semiol&oacute;gico del espacio urbano</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sociolog&iacute;a, cabe mencionar una tercera forma de analizar la ciudad inspirada por los modelos de la semiolog&iacute;a, buscando dar cuenta del car&aacute;cter simb&oacute;lico y significante del espacio urbano m&aacute;s all&aacute; de la materialidad de sus elementos y de su destinaci&oacute;n pr&aacute;ctica. Dos corrientes de pensamiento adoptan esta perspectiva, tomando al espacio como un texto o narrativa que las culturas y las pr&aacute;cticas "cargan" de significaciones. La primera corriente, ejemplificada con la obra de Fran&ccedil;oise Choay (1972, 2006), ve la ciudad en evoluci&oacute;n hist&oacute;rica en funci&oacute;n de los rasgos de las civilizaciones urbanas. En el pasado, desde las sociedades arcaicas, tradicionales, hasta aquellas de la Edad Media, el espacio construido estaba saturado de significaciones religiosas, pol&iacute;ticas y sociales. Podemos pensar que estas significaciones permanecen a t&iacute;tulo de vestigios de memoria en la aprehensi&oacute;n de la gente que hoy visita ciertos barrios o edificios antiguos de su ciudad. La dominaci&oacute;n geogr&aacute;fica del palacio imperial de Maximiliano no deja de expresar el poder pol&iacute;tico; la Bas&iacute;lica de Guadalupe sigue animando la fe religiosa. Ah&iacute; la memoria se hace viva, y el pasado vigente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Choay, en la &eacute;poca actual, marcada por preocupaciones productivas y consumistas, la ciudad que evoluciona r&aacute;pidamente se convierte en un espacio hiposignificante, reducido a una pura funci&oacute;n econ&oacute;mica. Esta reducci&oacute;n sem&aacute;ntica del espacio urbano genera la creaci&oacute;n de un imaginario llamado compensatorio que transforma la ciudad en un lugar de proyecci&oacute;n donde los habitantes expresan sus peculiaridades y nostalgias.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra corriente semiol&oacute;gica, representada por Michel de Certeau (1990), hace de la ciudad una narrativa que se sobrepone a lo construido, y que en ocasiones subvierte su funci&oacute;n. La narrativa resulta de la manera seg&uacute;n la cual los habitantes viven y construyen la ciudad, a trav&eacute;s de sus usos y de su mirada. Esta lectura var&iacute;a seg&uacute;n los sujetos, sus estados afectivos, su condici&oacute;n material y las trayectorias que adoptan en el recorrido de la ciudad. Var&iacute;a tambi&eacute;n en funci&oacute;n de los mensajes visuales, auditivos, olfativos, que emiten los espacios urbanos en su organizaci&oacute;n sis t&eacute; mica de elementos. Por otra parte, se establece que las dimensiones sem&aacute;nticas de la ciudad est&aacute;n relacionadas con la cultura: el imaginario urbano favorece una reserva de arquetipos culturales, inmersos en la historia &#45;personal, grupal y colectiva&#45;, que permiten la lectura de la ciudad. En esta din&aacute;mica, la percepci&oacute;n de la ciudad remite a una producci&oacute;n del imaginario social que orienta los usos y otorga la apropiaci&oacute;n del espacio por parte de los ciudadanos, quienes pueden tener la capacidad de generar sentidos diferentes de los que fueron planeados por sus constructores. Esta potencialidad subversiva del uso y de la lectura de la ciudad desemboca en el tema de la creatividad social en la relaci&oacute;n con los lugares urbanos. Creatividad ligada a la historia de los grupos y a la biograf&iacute;a individual y colectiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Percepci&oacute;n del espacio urbano y relaciones intergrupales</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Voy a dar un ejemplo personal del potencial de transformaci&oacute;n de la percepci&oacute;n del dise&ntilde;o urbano, que depende de la vivencia social del espacio. Nac&iacute; en una ciudad de Argelia, Or&aacute;n, que, de acuerdo con los relatos hist&oacute;ricos, fue fundada por marinos andaluces como ciudad portuaria aut&oacute;noma en el siglo X. Or&aacute;n fue creada <i>ex nihilo </i>por los andaluces, antes de su llegada no hab&iacute;a ning&uacute;n establecimiento territorial de los &aacute;rabes de la zona, cuya capital estaba en el interior, en la ciudad de Tlemcen. De modo que, en esta regi&oacute;n, Or&aacute;n fue desde el inicio un puerto de car&aacute;cter europeo, limitado al norte por el mar y rodeado en sus fronteras interiores por la monta&ntilde;a y por barrios donde viv&iacute;an poblaciones ind&iacute;genas que emigraban para trabajar. Esta zona periurbana era llamada el "barrio negro" <i>(le village n&egrave;gre) </i>&#45;aunque la poblaci&oacute;n no era en absoluto de color negro&#45; y le parec&iacute;a peligrosa a los habitantes de origen europeo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante mi juventud, la ciudad que conoc&iacute; y practiqu&eacute; se limitaba a un centro con grandes v&iacute;as de circulaci&oacute;n que se presentaba como un amplio espacio de vida, pero encerrado por zonas que la gente no se permit&iacute;a atravesar o frecuentar, aunque en ellas se encontraran hermosos jardines y bosques. No se permit&iacute;a pasar las fronteras de un espacio definido por el edificio del municipio, los liceos, la catedral, los barrios de residencia de la poblaci&oacute;n europea y las calles en las que circulaban o se reun&iacute;an y que parec&iacute;an amplias y abiertas. Esta organizaci&oacute;n de un centro dilatado (extenso espacio de trabajo, de diversi&oacute;n y de paseo) y de una periferia ignorada y amenazante perdur&oacute; durante todo el tiempo que pas&eacute; en la ciudad, a pesar de mis largas estancias fuera de ella y de mis viajes. Esta organizaci&oacute;n del espacio reflejaba las relaciones intergrupales que opon&iacute;an los ind&iacute;genas a los colonizadores, por as&iacute; decirlo. Un orden impl&iacute;cito, transmitido silenciosamente por el modo de vida de la comunidad de origen europeo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viv&iacute; en Or&aacute;n, haciendo viajes espor&aacute;dicos a Francia, hasta el momento en que part&iacute; a Par&iacute;s para hacer mis estudios universitarios. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, y teniendo Argelia diez a&ntilde;os como pa&iacute;s independiente, hice un viaje tur&iacute;stico para mostrarle a mi hijo el lugar donde nac&iacute;. Al volver me sorprendi&oacute; el cambio ocu rrido en mi percepci&oacute;n del espacio urbano. Los lugares no eran como los hab&iacute;a conservado en mi memoria. El centro tan extendido de mi juventud se hab&iacute;a vuelto peque&ntilde;o, la ciudad se hab&iacute;a agrandado con los barrios antes excluidos y eso solamente porque la poblaci&oacute;n se hab&iacute;a unificado: los &aacute;rabes, relegados al barrio negro en el pasado, eran ahora los &uacute;nicos habitantes de la ciudad. No era una cuesti&oacute;n de reencontrar sitios que parec&iacute;an peque&ntilde;os porque hab&iacute;a conocido ciudades m&aacute;s grandes. Era una nueva estructuraci&oacute;n del espacio, que depend&iacute;a de la desaparici&oacute;n de las relaciones intergrupales conflictivas, de la armonizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n urbana. La memoria del pasado y de la experiencia social antigua no pod&iacute;a encajar con la experiencia nueva, aun cuando el espacio se hab&iacute;a mantenido igual desde el punto de vista material. No ocurri&oacute; lo mismo con la capital, Argel, donde hab&iacute;a vivido un a&ntilde;o y cuyo paisaje sigui&oacute; siendo el mismo para m&iacute;. Pero Argel no era el lugar de mi identidad ni de mi arraigo social. En esta experiencia se encuentra el origen de mi inter&eacute;s por las representaciones so&#45;cioespaciales de los lugares urbanos que fusionan lo material y lo social en una misma unidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Experiencia y representaciones socioespaciales</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Recordar esta experiencia, similar a los diversos discursos interpretativos de la vivencia y de la semantizaci&oacute;n de la ciudad que fueron dominantes hacia finales del siglo XX &#45;aunque un poco olvidados hoy d&iacute;a&#150;, me pareci&oacute; necesario porque abre horizontes de aproximaci&oacute;n que han sido borrados por una visi&oacute;n, que calificar&iacute;a de apocal&iacute;ptica, de la ciudad y de la vida urbana. El discurso sobre la condici&oacute;n urbana pos&#45; o supramoderna nos da una visi&oacute;n de un sujeto pasivo que pierde toda capacidad de invenci&oacute;n y de manejo de su espacio de vida. En tal perspectiva, la contemporaneidad es definida por la extensi&oacute;n del tejido urbano, la multiplicaci&oacute;n de los transportes y las comunicaciones, la uniformaci&oacute;n de las referencias culturales, la planetarizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n y las comunicaciones, la aceleraci&oacute;n de la historia, la individualizaci&oacute;n solitaria y homog&eacute;nea, la p&eacute;rdida de los lazos sociales en espacios deshumanizados, etc&eacute;tera. Tantos discursos que acaban por ofrecer una imagen delet&eacute;rea de la vida urbana. Pese a que estas constataciones nos incitan a buscar los medios que permitir&iacute;an mejorar la condici&oacute;n urbana, tenemos que recordar que, aun en esta situaci&oacute;n de v&eacute;rtigo y de trastorno, los habitantes siguen como sujetos activos de su destino y de su relaci&oacute;n con el espacio, incluso en los llamados <i>no lugares </i>(aeropuertos, supermercados, autopistas, cajas distribuidoras de dinero, entre otros). La cuesti&oacute;n que emerge es la de encontrar los medios para ayudar a los habitantes a preservar sus lugares de vida como lugares de identidad, relaci&oacute;n y memoria. Este interrogante abre la segunda parte de mi propuesta, centrada en el papel que juega la memoria en la defensa de la identidad urbana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la psicolog&iacute;a ambiental podemos encontrar recursos para afrontar el desaf&iacute;o. En sus inicios esta disciplina estuvo marcada por una perspectiva empirista que cre&oacute; una dicotom&iacute;a entre el factor f&iacute;sico del espacio construido y los factores individuales de sus ocupantes, buscando c&oacute;mo el factor f&iacute;sico determina los procesos psicol&oacute;gicos. De modo que lo urbano y la ciudad perd&iacute;an su car&aacute;cter de espacios sociales. Descomponi&eacute;ndolos en elementos (la calle, el metro, las residencias, etc&eacute;tera), esta postura se interesaba &uacute;nicamente en el efecto del contexto material sobre el individuo. As&iacute;, se dilu&iacute;an los aspectos sociales y materiales del entorno urbano bajo la forma de una condici&oacute;n ambiental general utilizada como laboratorio ideal para la observaci&oacute;n de procesos en el nivel individual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de los a&ntilde;os ochenta, para sobrepasar esta dicotom&iacute;a entre individuo pasivo y medio f&iacute;sico, se desarrollaron las l&iacute;neas de pensamiento interaccionista y transaccional, en las cuales individuo y ambiente se defin&iacute;an mutUAMente. Dichas perspectivas han intentado llenar el vac&iacute;o social de la aproximaci&oacute;n del medio urbano, considerando que el espacio es "sociof&iacute;sico" y que el individuo se relaciona con &eacute;ste a trav&eacute;s del filtro de sus ideas, creencias, valores y sentimientos. Sin embargo, estas tentativas no fueron capaces de analizar, desde el punto de vista te&oacute;rico, los procesos del encuentro entre las diversas dimensiones sociales. Adem&aacute;s, se centraron en la relaci&oacute;n inmediata, en t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n causal que existe entre el espacio construido y quienes viven, trabajan o pasean en &eacute;l. No tuvieron en cuenta la dimensi&oacute;n temporal de estas interacciones ni los juegos de la memoria que las estructuran. Es tard&iacute;amente, en 1992, que una conferencia internacional de la iaep sobre "Socio Environmental Metamorphosis" trat&oacute; de las relaciones entre memoria, significados e identidad.<a href="#notas"><sup>1</sup></a><sup> </sup>Para ello fue necesario reconocer que los sentidos del espacio se encuentran marcados por la cultura y la historia, y que los significados subjetivos que prestan sus habitantes tienen que ver con su biograf&iacute;a y la historia de su grupo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Analizar la experiencia urbana supone considerar:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. La estructuraci&oacute;n material del espacio de vida, tanto interno &#45;el hogar&#45; como externo &#45;el entorno local o m&aacute;s amplio.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2.&nbsp; &nbsp; Las pr&aacute;cticas que se desarrollan en los espacios urbanos, que delimitan la forma y el sentido funcional&#45;afectivo de la ciudad, tal como se la apropian los sujetos.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3.&nbsp; &nbsp; Las significaciones que emergen del conjunto urbano y sus partes, o que est&aacute;n proyectadas en ellos. Estas significaciones remiten, como hemos visto, a la organizaci&oacute;n sem&aacute;ntica del espacio y a las memorias arrancadas a su historia y su vivencia, a las caracter&iacute;sticas simb&oacute;licas, tanto como a las pr&aacute;cticas de uso y de apropiaci&oacute;n.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este sistema tripartito debe ser estudiado como una totalidad, raz&oacute;n por la que he propuesto desarrollar una perspectiva de estudio de las representaciones socioespaciales (Jodelet, 1982) que permita una aproximaci&oacute;n hol&iacute;stica de los conocimientos, actitudes y sentidos subjetivos, relacionados con el espacio urbano, as&iacute; como con el simbolismo que encarna en la materialidad del espacio, las relaciones y &oacute;rdenes sociales, la coloraci&oacute;n social que depende de sus diversos ocupantes, sus modos de vivir y sus pr&aacute;cticas en el entorno f&iacute;sico. Desde 1963 han sido conducidas en nuestro laboratorio en Par&iacute;s diversas investigaciones de las cuales han dado testimonio el trabajo de Martha de Alba sobre la Ciudad de M&eacute;xico (2002) y las contribuciones latinoamericanas recientemente publicadas por Anthropos en el libro <i>espacios imaginarios </i>y <i>representaciones sociales </i>(Arruda y de Alba, 2007).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Memoria e identidad urbana</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">La forma de abordar las representaciones socioespaciales permite tambi&eacute;n reintroducir en su pleno papel la memoria y la historia, como lo hab&iacute;an sugerido los predecesores &Eacute;mile Durkheimy Maurice Halbwachs, al unir representaci&oacute;n y memoria. Para Durkheim (1965), los sitios p&uacute;blicos y religiosos donde se celebran conmemoraciones y rituales cumplen en su periodicidad una funci&oacute;n de recordaci&oacute;n, asegurando a la comunidad un sentimiento de continuidad. Su dis c&iacute;pulo Halbwachs elabor&oacute; una teor&iacute;a social de la memoria, considerada como una representaci&oacute;n&#45;reconstrucci&oacute;n del pasado a partir de los intereses del pre sente, aserci&oacute;n ratificada por Paul Ricoeur en su libro sobre memoria e historia (2000). Halbwachs dedic&oacute; su atenci&oacute;n a la memoria conservada en los espacios de vida y a su papel en el porvenir colectivo y en la identidad social de los grupos y de sus miembros, en dos libros: <i>les cadres sociaux de la m&eacute;moire </i>(1925) y <i>la m&eacute;moire collective </i>(1950). Adem&aacute;s, consagr&oacute; un estudio espec&iacute;fico al manejo ideol&oacute;gico de la memoria espacial en <i>la topographie l&eacute;gendaire des &eacute;vangiles en terre sainte </i>(1971 &#91; 1941&#93;), obra poco conocida, aunque rica en ense&ntilde;anza para un an&aacute;lisis de las narrativas mnemot&eacute;cnicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El inter&eacute;s de Halbwachs por la memoria proviene de una discusi&oacute;n de la teor&iacute;a de Bergson, juzgada como vac&iacute;a de la dimensi&oacute;n social. Pero su inter&eacute;s por la importancia de la memoria en la vida cotidiana debe ser ligado a su compromiso con la Escuela de Chicago, con la cual se relacion&oacute; una temporada y que influenci&oacute; mucho sus estudios sobre la morfolog&iacute;a social. Debe a Georg Simmel y a la Escuela de Chicago la estrecha relaci&oacute;n establecida entre la ciudad, los modos de vivir y de pensar, lo cual confiere una total relevancia al estudio de lo urbano como espacio construido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Simmel (1999) la ciudad es, por excelencia, la escena de la modernidad. Ah&iacute; se elaboran las diferencias sociales, se desarrolla la independencia individual y se debilitan los lazos comunitarios, debido a la conexi&oacute;n y a las relaciones de intercambio con los otros grupos. Asimismo, la aceleraci&oacute;n del ritmo de vida, la intensificaci&oacute;n de la estimulaci&oacute;n sensorial y el desfile incesante de im&aacute;genes cambiantes contribuyen a la formaci&oacute;n de una mentalidad citadina, caracterizada por el desarraigo, el criticismo y el intelectualismo. Simmel observa tambi&eacute;n que la ciudad, cuya ex tensi&oacute;n funcional sobrepasa las fronteras f&iacute;sicas, ex tiende, como lo hace el individuo, su actividad en un territorio cada vez m&aacute;s amplio, nacional e internacional. Dentro de la misma l&iacute;nea de pensamiento, la Escuela de Chicago (Grafmayer y Joseph, 1984) considera a la ciudad como el medio f&iacute;sico de un modo de vivir caracter&iacute;stico. Esta relaci&oacute;n es estudiada a partir de la estructura f&iacute;sica que se forma sobre la base de una poblaci&oacute;n, de un conjunto de t&eacute;cnicas y de un orden ecol&oacute;gico. As&iacute;, a cada instituci&oacute;n y modelo de relaciones corresponde una estructura espacial, una constelaci&oacute;n de personas que comparten comportamientos y conjuntos de ideas y actitudes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las concepciones de Simmel y de la Escuela de Chicago tienen eco en las propuestas de Halbwachs sobre la memoria, que se pueden resumir as&iacute;:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Los grupos dentro de los l&iacute;mites de una ciudad, de una casa o de otros lugares de vida, dibujan su forma en el suelo y reencuentran sus recuerdos colectivos en el marco espacial as&iacute; constituido.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; El grupo urbano aparece como un cuerpo social que reproduce en sus divisiones y es tructura la configuraci&oacute;n material de la ciudad.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; La memoria colectiva se apoya en im&aacute;genes espaciales. No hay memoria colectiva que no se desarrolle en un marco espacial.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&bull; Los objetos con los cuales estamos en contacto cotidianamente nos dan una imagen de permanencia y de estabilidad. Son como una sociedad silenciosa e inm&oacute;vil, independiente de nuestra agitaci&oacute;n, de nuestros cambios de humor, que nos da un sentimiento de orden y de quietud.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al retomar la idea de una relaci&oacute;n entre modo de vivir, identidad y espacio urbano, Halbwachs parece dar una respuesta positiva gracias a la memoria, a las inquietudes de Simmel.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Ser&aacute; que la memoria de los lugares urbanos pueda sostener el afrontamiento ante los trastornos de la ciudad contempor&aacute;nea? En los diferentes discursos que presentan a la ciudad como un espacio sagrado, pol&iacute;tico, funcional, semi&oacute;tico, el papel dedicado a la memoria presenta tres formas t&iacute;picas:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>a) </i>La memoria colectiva, la cual corresponde a las formas de vida social (actividades profesionales, comerciales, festividades, etc&eacute;tera) que en el pasado marcaron los lugares urbanos y que sobreviven en la organizaci&oacute;n espec&iacute;fica de la forma de los lugares. El eco del pasado sigue animando las formas que pueden ser resignificadas por los usos actuales, como el caso de las antiguas plazas que sirven como escenario de nuevas expresiones de vida, por ejemplo los restaurantes de la plaza de Coyoac&aacute;n o de la de San Jacinto en San &Aacute;ngel.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>b) </i>La memoria de acontecimientos hist&oacute;ricos que conservan los lugares donde ocurrieron eventos en el pasado, como la Plaza de la Bastilla en Par&iacute;s o la Plaza de las Tres Culturas en M&eacute;xico. El significado de estos lugares permanece  de  manera emblem&aacute;tica como  encarnaci&oacute;n de los valores e ideas ah&iacute; defendidos.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>c) </i>La memoria monumental, como lo dice Nietzche, que restituye el pasado como tal, a trav&eacute;s de objetos o estructuras durables que se pueden reconocer como pertenecientes a una &eacute;poca o a un estilo determinado. En este caso se trata de lugares de memoria que pueden ser susceptibles tanto de pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n del patrimonio como de cuidado espec&iacute;fico para la conservaci&oacute;n del pasado nacional o internacional, pi&eacute;nsese en las ciudades reconocidas como patrimonio de la humanidad por la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Educaci&oacute;n, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Este resguardo del patrimonio plantea la cuesti&oacute;n de los valores morales as&iacute; protegidos. Cabe referir aqu&iacute; el conflicto ocurrido cuando una comunidad de monjas polacas quiso recuperar el sitio Aushwitz, atacando as&iacute; la memoria del pueblo jud&iacute;o masacrado por el nazismo y el de recho de los sobrevivientes a perpetuar su deber de memoria. &iquest;Pero no existen tambi&eacute;n en la sociedad civil problemas acerca de la protecci&oacute;n de un patrimonio familiar o local que impide un desarrollo colectivo al servicio de intereses particulares, como el caso de las protestas contra la redensificaci&oacute;n de la zona centro de la Ciudad de M&eacute;xico?</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, cualesquiera que sean sus aportes, todas estas concepciones de la memoria urbana, centradas en la materialidad de las huellas del pasado en el espacio urbano, no prestan atenci&oacute;n suficiente a la intervenci&oacute;n de lo imaginario, de lo simb&oacute;lico y de lo ideol&oacute;gico, que remite a la identidad y al trabajo de la memoria en la construcci&oacute;n de la vida social, estrechamente asociado a ella. Para ampliar el estudio de la memoria de los lugares urbanos, propongo dos rutas de investigaci&oacute;n: la memoria dogm&aacute;tica y el esp&iacute;ritu de los lugares.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Memoria dogm&aacute;tica y el esp&iacute;ritu de los lugares</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n de <i>memoria dogm&aacute;tica </i>fue propuesta por Halbwachs en su obra <i>la topographie l&eacute;gendaire des &eacute;vangiles en terre sainte </i>(1971 &#91;1941&#93;). El autor, despu&eacute;s de dos viajes a Palestina, analiz&oacute; las narrativas del recorrido de los lugares santos en dos momentos de la historia de la cristiandad, antes y despu&eacute;s del Concilio de Nic&eacute;e, que en el siglo v estableci&oacute; los dogmas que unificar&iacute;an la cristiandad fuera de Palestina. Antes del siglo v las narrativas de los peregrinos reproducen los testimonios judeo&#45;cristianos que transmiten la memoria de la vida de Jes&uacute;s, en conformidad con las expectativas de la Biblia y en continuidad con la historia judaica. Despu&eacute;s del Concilio de Nic&eacute;e, las narrativas generadas por las Cruzadas transmiten una imagen del espacio reducido al territorio de la Pasi&oacute;n de Cristo y del recorrido de la Semana Santa. Esta nueva visi&oacute;n reorganiza los espacios y corta la relaci&oacute;n con el pasado jud&iacute;o, conforme a la nueva doctrina. De modo que los lugares santos, base material durable, han permitido la permanencia de la memoria colectiva espont&aacute;nea y de la memoria dogm&aacute;tica que expresa un mensaje sagrado, unificando la diversidad de las representaciones religiosas. La narrativa de las estaciones de la Pasi&oacute;n sirve para establecer una memoria pedag&oacute;gica, justificando el paso del Antiguo al Nuevo Testamento y ense&ntilde;ando la l&oacute;gica del dogma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Halbwachs, el orden de los lugares en las narrativas es did&aacute;ctico y obligatorio. As&iacute; se pueden definir, de acuerdo con &eacute;l, las leyes de la espacializaci&oacute;n de la memoria. La disposici&oacute;n de las cosas en el espacio es un lenguaje social que permite unificar, ense&ntilde;ar, organizar el tiempo, los sucesos, las personas. Creo que estas propuestas son fecundas para indicar l&iacute;neas de exploraci&oacute;n de los procesos de transmisi&oacute;n de la memoria de los lugares y sus funciones pedag&oacute;gicas e ideol&oacute;gicas, sea en las relaciones intergeneracionales o grupales, sea a trav&eacute;s de la rememoraci&oacute;n del pasado en las historias de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda ruta de investigaci&oacute;n tiene que ver con el esp&iacute;ritu de los lugares y remite al papel del olvido o del silencio de un pasado que sigue activo en la fisonom&iacute;a del espacio urbano. A trav&eacute;s de las formas arquitect&oacute;nicas se expresa el estilo de una &eacute;poca, cuyo esp&iacute;ritu queda vigente en el aspecto est&eacute;tico y funcional del espacio, perpetuando una atm&oacute;sfera y una historia que tienen un eco en la identidad de los habitantes. Dar&eacute; r&aacute;pidamente un ejemplo de los procesos ligados a la defensa de una identidad frente al pasado vergonzoso de una ciudad. La arquitectura del puerto de Nantes testimonia un largo pasado desde la Edad Media hasta los siglos XVIII y XIX. Para estudiar la construcci&oacute;n de la imagen de la ciudad, hice una especie de experimento ciego. Sin conocer la ciudad utilic&eacute; el testimonio de tres documentos diferentes: una tesis sobre la imagen que los habitantes tienen de su ciudad; una descripci&oacute;n de la ciudad realizada por dos m&eacute;dicos higienistas &#150;Gu&eacute;pin y Bonamy&#150; en el siglo XIX, reeditada en 1981; y la obra del escritor Julien Gracq (1985), quien pas&oacute; su infancia en Nantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al comparar las caracter&iacute;sticas de las tres im&aacute;genes de Nantes (Jodelet, 1986), buscaba ver si la ciudad ten&iacute;a rasgos permanentes y evaluados de manera similar a trav&eacute;s del tiempo y de los testimonios. Observ&eacute; que el centro de la ciudad no era el lugar de origen de la ciudad en la Edad Media, sino un barrio del siglo XVM, el barrio Graslin, con su teatro, sus edificios culturales, etc&eacute;tera. Este barrio fue construido gracias a la riqueza de una actividad comercial: la trata de negros comprados como esclavos en &Aacute;frica para ser vendidos en las Am&eacute;ricas a cambio de caf&eacute;, az&uacute;car, cacao y otros productos que eran importados en Europa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los documentos estudiados se apreci&oacute; que si bien la gente se enorgullec&iacute;a de la producci&oacute;n cultural ligada al lucro del comercio de esclavos, la parte de la ciudad donde viv&iacute;an los comerciantes de esclavos era completamente rechazada: no era mencionada y, si lo era, su descripci&oacute;n mostraba un tono desvalorizante o negativo. A la identificaci&oacute;n con la gloria cultural de la ciudad correspond&iacute;a la verg&uuml;enza de los actores del tr&aacute;fico de esclavos, aunque sus casas fueran del mismo estilo. Independientemente del tiempo o de la &eacute;poca, se rechazaba toda identificaci&oacute;n con este pasado que se ocultaba en la imagen de la ciudad. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No fue sino hasta 1992 que se realiz&oacute; un trabajo colectivo de recuperaci&oacute;n de este pasado vergonzoso, mediante una exposici&oacute;n que mostraba todos los aspectos negativos de la trata de negros. Esta exposici&oacute;n, denominada "Los anillos de la memoria",<sup><a href="#notas">2</a></sup> pretend&iacute;a "afrontar este pasado oscuro, examinarlo, evaluarlo, tomarlo en cuenta, porque es tambi&eacute;n mirando atr&aacute;s, <i>'sans faux&#45;semblant'</i>, que se comprende el pasado". Sublimar el drama, rendir compasi&oacute;n y justicia a las v&iacute;ctimas de este comercio inmoral, "por el fuego de la inteligencia y del coraz&oacute;n", dec&iacute;an los organizadores de la exposici&oacute;n, agregando: "En Nantes, m&aacute;s que en otros lugares, despu&eacute;s de la abolici&oacute;n del esclavismo, las sombras de la mala conciencia y del cinismo han recubierto la tragedia de la trata de negros con un manto de silencio..." Las p&aacute;ginas de la historia ligadas al tr&aacute;fico de esclavos negros "quedaban extra&ntilde;amente pegadas: Al no saber leerlas, no era posible pasarlas". Terminar&eacute; con este ejemplo que demuestra el papel de la memoria en la construcci&oacute;n del sentido del espacio urbano y la necesidad de luchar contra la negaci&oacute;n de pasados oscuros para restablecer las identidades urbanas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos ejemplos que escog&iacute; para ilustrar aspectos de la vivencia y de la memoria de los lugares urbanos tienen que ver con la historia de Francia. Lo he hecho a prop&oacute;sito para subrayar la integraci&oacute;n entre la memoria pasada y la memoria social y sus lazos identi&#45;tarios, como la articulaci&oacute;n entre las relaciones sociales y el pasado depositado en el entorno f&iacute;sico. As&iacute;, se puede dar evidencia del papel de la poblaci&oacute;n en la construcci&oacute;n del sentido de la ciudad, que hace eco al esp&iacute;ritu conservado en la materialidad del espacio construido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El discurso contempor&aacute;neo sobre la ciudad sugiere que el desarrollo moderno de las ciudades coincidir&iacute;a con una desaparici&oacute;n de los efectos de la memoria. Esta desaparici&oacute;n es interpretada de forma positiva o negativa. La negaci&oacute;n de la importancia de la memoria se apoya en la idea de que la ciudad puede devenir un lugar de liberaci&oacute;n, de creatividad y de individuaci&oacute;n. La liberaci&oacute;n intervendr&iacute;a con respecto a los marcos del pasado y al peso colectivo de los h&aacute;bitos y las costumbres. La creatividad estar&iacute;a asociada a un marco que autoriza las innovaciones y los experimentos. La individualizaci&oacute;n se manifestar&iacute;a en la constituci&oacute;n de sujetos m&oacute;viles, inventivos, flexibles, capaces de adaptarse a la rapidez de los cambios y de tomar riesgos, contrariamente a quienes siguen atados a las modas de los comportamientos impuestos. Los modos de sociabilidad ligados a la ciudad contempor&aacute;nea ser&iacute;an liberadores por cuanto corresponden a contactos epis&oacute;dicos, aunque diversificados, y escapan a un poder central. Este discurso va en detrimento de quien es conducido a la p&eacute;rdida de sentido del espacio urbano en raz&oacute;n de la deslocalizaci&oacute;n de la vida social, de la diluci&oacute;n de contactos sociales, cuya ausencia es remplazada por una <i>vida en mosaico </i>caracterizada por la multiplicaci&oacute;n de signos de reconocimiento visual (como la ropa) y la pluralidad de c&oacute;digos de comunicaci&oacute;n (el uso del tel&eacute;fono celular, por ejemplo). En una u otra perspectiva, se subesti ma el hecho de que la ciudad es portadora de las huellas del pasado cuya importancia reside en el significado que transmiten y que asegura a la poblaci&oacute;n residente la estabilidad en el tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como dec&iacute;a Halbwachs (1941): "la memoria colectiva reconstruye sus recuerdos de manera que est&eacute;n en concordancia con las ideas y preocupaciones actuales. Pero se opone a resistencias, vestigios materiales, textos escritos, as&iacute; como a aquello que ha tomado la forma de ritos y de instituciones". En el caso del espacio urbano, hay que reintegrar, para el afrontamiento de los cambios del presente y la construcci&oacute;n del futuro, todas las facetas de su pasado, revivido o reconstruido, que asegura un arraigo de las identidades en una continuidad y una perennidad social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alba, Martha de. 2002. "Les repr&eacute;sentations socio&#45;spatiales de laville de Mexico. Exp&eacute;rience urbaine, images collectives et m&eacute;diatiques d'une m&eacute; tropo le g&eacute;ante", tesis doctoral, L'&Eacute;cole des Hautes &Eacute;tudes en Sciences Sociales, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631476&pid=S0188-7017201000010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arruda, &Aacute;ngela y Marta de Alba (eds.). 2007</font>. <font face="verdana" size="2"><i>Espacios imaginarios y representaciones sociales. Aportes desde latinoam&eacute;rica, </i>Anthropos/ Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Iztapalapa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631478&pid=S0188-7017201000010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Auge, Marc. 1992. <i>Non&#45;lieux. introduction &agrave;  une anthropologie de la surmodernit&eacute;, </i>&Eacute;ditions du Seuil, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631480&pid=S0188-7017201000010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, Pierre. 1980. "La maison ou le monde renvers&eacute;", anexo en <i>le sens pratique, </i>Les &Eacute;ditions de Minuit, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631482&pid=S0188-7017201000010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Certeau, Michel de. 1990.		<i>L'invention du quotidien, </i>Gallimard, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631484&pid=S0188-7017201000010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Choay, Fran&ccedil;oise. 1972.		 <i>S&eacute;miologie et urbanisme: le sens de la ville, </i>&Eacute;ditions du Seuil, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631486&pid=S0188-7017201000010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 2006. <i>Pour une anthropologie de l'espace, </i>&Eacute;ditions du Seuil, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631488&pid=S0188-7017201000010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durkheim,  &Egrave;mile. 1965.		<i>Les Formes &eacute;l&eacute;mentaires de la vie religieuse, </i>Presses Universitaires de France (PUF), Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631490&pid=S0188-7017201000010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Foucault, Michel. 1975.		<i>Surveiller et punir, </i>Gallimard, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631492&pid=S0188-7017201000010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracq,  Julien. 1985.		<i>La forme d'une ville, </i>Jos&eacute; Corti, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631494&pid=S0188-7017201000010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grafmayer, Yves e Isaac Joseph (eds.). 1984.		<i>L'ecole de  Chicago.  naissance  de  l'&eacute;cologie urbaine, </i>Aubier, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631496&pid=S0188-7017201000010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gu&eacute;pin, Ange y Eugene Bonamy. 1981.<i> Nantes au XIX&egrave;me si&egrave;cle, </i>Centre de Recherche Politique, Nantes &#91;1835&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631498&pid=S0188-7017201000010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Halbwachs, Maurice. 1925.		<i>Les cadres sociaux de la m&eacute;moire, </i>PUF, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631500&pid=S0188-7017201000010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1950.	<i>La m&eacute;moire collective, </i>PUF, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631502&pid=S0188-7017201000010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1971.	<i>La  topographie l&eacute;gendaire des &eacute;vangiles en terre sainte, </i>PUF, Par&iacute;s, 2&ordf; ed. &#91;1941&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631504&pid=S0188-7017201000010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jodelet, Denise. 1982. "Les repr&eacute;sentations socio&#45;spatiales de laville", en P.H. Derycke (ed.), <i>Conceptions de l'espace, </i>Universit&eacute; de Par&iacute;s X&#45;Nanterre, Par&iacute;s, pp. 145&#45;177.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631506&pid=S0188-7017201000010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1986 "Repr&eacute;sentations socio&#45;spatiales et identit&eacute; urbaine: le cas de Paris, Nantes, Rome". Ponencia presentada al <i>simposium "City image and identity", 22<sup>&egrave;me</sup> Congr&egrave;s internatioal de Psychologie Appliqu&eacute;e, </i>Jerusal&eacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631508&pid=S0188-7017201000010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1987 "The study of people&#45;environment relations in France", en I. Altman y D.Stokols (eds.), <i>Hand&#45;book of environmental Psychology, </i>John Wiley, Nueva York, pp. 1171&#45;1193.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631510&pid=S0188-7017201000010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1996 "Las representaciones sociales del medio ambiente", en L. I&ntilde;iguezyE. Pol (eds.), <i>Cognici&oacute;n, representaci&oacute;n y apropiaci&oacute;n del espacio. Monograf&iacute;as Psico&#45;socio&#45;ambientales, </i>Publicaciones de la Universidad de Barcelona, Barcelona, pp. 29&#45;44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631512&pid=S0188-7017201000010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 1998&nbsp;"Les  repr&eacute;sentations  sociales  et  l'&eacute;tude  du rapport Homme/Environnement", en A.V.D. Rigas (ed.), <i>social representations and contemporary social problems,  </i>Ellinika Grammata, Atenas, pp. 37&#45;51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631514&pid=S0188-7017201000010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 2002 "A cidade e a mem&oacute;ria", en V. del Rio, C. Duarte y P. Rheingantz (eds.), <i>Projeto do lugar. Colabora&ccedil;&atilde;o entre psicologia, arquitetura e urbanismo, </i>Contra Capa, R&iacute;o de Janeiro, pp. 31&#45;43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631516&pid=S0188-7017201000010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;. 2005 "Las representaciones sociales y el estudio de la relaci&oacute;n hombre&#45;medio ambiente", en <i>Psic. soc. Revista internacional de Psicolog&iacute;a social, </i>vol. 1, n&uacute;m. 4, pp. 27&#45;80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631518&pid=S0188-7017201000010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lefebvre, Henri. 1968		<i>Le droit &agrave;  la ville, </i>Anthropos, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631520&pid=S0188-7017201000010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&eacute;vi&#45;Strauss, Claude. 1955.		<i>Tristes tropiques, </i>Plon, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631522&pid=S0188-7017201000010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nora, Pierre. 1997.<i> Les lieux de m&eacute;moire, </i>Gallimard (col. Quarto), Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631524&pid=S0188-7017201000010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paul&#45;L&eacute;vy, Fran&ccedil;oise y Marion Segaud (eds.). 1983<i> Anthropologie  de  l'espace,   </i>Centre   Georges Pompidou/Centre   de   Cr&eacute;ation  Industrielle, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631526&pid=S0188-7017201000010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rabinow, Paul. 1984 "Bio&#45;Power in the colonies", en C. Belisle y B. Schiele (eds.), <i>les savoirs dans les pratiques quotidiennes, </i>Editions du Centre National de la Recherche Scientifique, Paris.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631528&pid=S0188-7017201000010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ricoeur, Paul. 2000. <i>La m&eacute;moire, l'histoire, l'oubli, </i>&Eacute;ditions du Seuil, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631530&pid=S0188-7017201000010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simmel,  Georg. 1999. <i>Sociologie, &eacute;tude des formes de la socialisation, </i>PUF, Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631532&pid=S0188-7017201000010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wirth, Louis. 1925. <i>Le ph&eacute;nom&egrave;ne urbain comme mode de vie, </i>The University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=631534&pid=S0188-7017201000010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Ponencia "Le m&eacute;moire des lieux urbains" presentada en el Taller Internacional sobre Memoria Urbana y Narrativas (Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, UAM-I, 16 de abril de 2008), organizado en el marco del proyecto Experiencias, representaciones y memoria de la metr&oacute;poli de los adultos mayores: el caso de la Zona Metropolitana de la Ciudad de M&eacute;xico, financiado por el Consejo Nacional de Ciencias y Tecnolog&iacute;a. Traducci&oacute;n de Martha de Alba, UAM-I, &lt;<a href="mailto:marthadealba_uami@yahoo.com.mx">marthadealba_uami@yahoo.com.mx</a>&gt;. Recibida el 19/ 10/09 y aceptada el 23/02/10.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>Socio environmental metamorphosis. Actes de la 12&egrave;me conf&eacute;rence de l'Association internationale de Psychologie de l'Envi&#45;ronnement, </i>Marmaras, Grecia, 1992.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Les anneaux de la m&eacute;moire. Catalogue de l'exposition sur l'esclavage, </i>Nantes, 1992.</font></p>      ]]></body><back>
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