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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font>	</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Agust&iacute;n Andreu: <i>Del misterio del hombre. Contemplaciones leibnizianas</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Casales Garc&iacute;a</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> Granada: Comares, 2013, 162 pp.</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Popular Aut&oacute;noma del Estado de Puebla, UPAEP.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las contemplaciones leibnizianas que Agust&iacute;n Andreu propone en el presente texto no son en sentido estricto un mero comentario a la doctrina del hannoveriano, sino que parten de la filosof&iacute;a de Leibniz para reflexionar sobre una de las cuestiones existenciales m&aacute;s apremiantes a lo largo de nuestra vida, a saber, qu&eacute; es el hombre. "Esta pregunta", afirma el autor, "viene a expresar de la mejor manera posible el tema mismo del quehacer y el vivir del hombre y lo que tiene que averiguar &eacute;l mismo vivi&eacute;ndolo y pens&aacute;ndolo, simult&aacute;neamente, y lo que necesita saber: cap&iacute;tulo esencial de su destino, cap&iacute;tulo que incluye todo lo dem&aacute;s"(p. 5). As&iacute;, Andreu se aproxima al misterio del hombre desde una ontolog&iacute;a monadol&oacute;gica, la cual se cifra en t&eacute;rminos de infinitud y unidad, ya que &eacute;stas "son las categor&iacute;as impl&iacute;citas y operantes en todo concepto o perspectiva antropol&oacute;gica, como se ver&aacute;. Unidad desde dentro, desde el punto metaf&iacute;sico, que es la realidad. Infinitud en toda dimensi&oacute;n posible y de todos los modos posibles"(p. 12).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Partiendo de estas coordenadas ontol&oacute;gicas, Andreu confronta el ser del hombre con el del Creador, cuya infinitud y unidad son originarias. La propia individualidad de cada m&oacute;nada carecer&iacute;a de sustento metaf&iacute;sico si su ser no reposara en el Ser Necesario. La creatura se manifiesta como una infinitud&#45;finita, en cuanto que todo ser creado tiene su fundamento o raz&oacute;n de ser en Dios. Para Andreu, el cosmos es un todo arm&oacute;nico compuesto de una infinitud de m&oacute;nadas, donde el hombre se presenta como un hecho radicalmente nuevo. "Lo que encontramos en nosotros de especial es una realidad llamada pensamiento que consiste en darse cuenta de s&iacute; y del mundo universo"(p. 27). Se trata, por tanto, de un ser&#45;de&#45;pregunta, de una pregunta viviente que se manifiesta, a su vez, como un ser&#45;de&#45;libertad dispuesto al desarrollo de potencialidades infinitas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada m&oacute;nada es un ser de conatus, cuyo grado sumo es la m&oacute;nada espiritual: el hombre es un ser "de responsabilidad propia y &uacute;ltima y de sentido o teleolog&iacute;a decisiva"(p. 33), donde el cosmos se presenta como "el teatro del hombre"(p. 34). As&iacute;, la antropolog&iacute;a metaf&iacute;sica que aqu&iacute; se esboza parte, en primer lugar, de una nueva noci&oacute;n de substancia, la cual garantiza "la con&#45;sistencia y solidez de lo individuado"(p. 39), y, en segundo lugar, de una personalizaci&oacute;n de la antropolog&iacute;a, que postula "una vida de in&#45;personarse en todo, de personalizarlo todo, de elevarlo todo al grado m&aacute;ximo de realidad que consiste en entrar en el entramado de la reciprocidad y el resplandor del sentido en la forma de la persona y su expresi&oacute;n y gesto"(p. 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una perspectiva monadol&oacute;gica del cosmos como la que propone Leibniz, pone su origen en "puntos metaf&iacute;sicos cuya emanaci&oacute;n o expresi&oacute;n llamamos corporeidad o materia y cuyo despliegue constituye el universo"(p. 44). La m&oacute;nada, en este sentido, manifiesta un car&aacute;cter netamente expresivo, el cual nos permite afirmar que su individualidad consiste propiamente en su conexi&oacute;n con el resto del universo, esto es, cuando se es parte del todo. As&iacute;, es en la m&oacute;nada espiritual en donde "toda la fuerza del conocimiento y apetito y su orbe correspondiente, compenetrado con el resto del Universo y nunca separado ni separable, es un espejo definitivamente profundo de la mente originaria del universo, de la mente de lo que se dice Dios"(p. 47). Desafortunadamente el texto no aborda a profundidad el basto horizonte de la teor&iacute;a leibniziana de la expresi&oacute;n, a pesar de que es un tema recurrente en el libro, as&iacute; como tampoco observa las problem&aacute;ticas que encierra la met&aacute;fora del espejo dentro de la misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos conduce a sostener que el misterio de la creaci&oacute;n radica en ser un origen absoluto personal cuyo drama se gesta en las relaciones personales. De ah&iacute; que las mentes est&eacute;n en contacto inmediato con el Ente primero, donde el perspectivismo de las m&oacute;nadas s&oacute;lo es el modo en que la mente armoniza con la inteligencia infinita. La mente, por ende, no s&oacute;lo es un ser que conoce las grandes verdades, sino tambi&eacute;n un ser que est&aacute; en todo. Es aqu&iacute; donde se introduce nuevamente la infinitud de la m&oacute;nada finita y su anhelo por salvaguardar tanto la unidad en la pluralidad como la pluralidad en la unidad. Al mantener una relaci&oacute;n personal con el universo, ese ser&#45;de&#45;pregunta asume una dimensi&oacute;n trascendente en virtud de la cual le brota necesariamente la conciencia y co&#45;responsabilidad por el cuidado del otro y su circunstancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Andreu, es en el hombre donde el cosmos se cuestiona por su ser, su origen y su sentido, tesis que, si bien no aparece expl&iacute;citamente en Leibniz, favorece la comprensi&oacute;n de sus grandes tesis metaf&iacute;sicas. Todo lo humano sale del Universo mismo a modo de brotes que se gestan desde el fondo mon&aacute;dico o punto metaf&iacute;sico: "Toda realidad est&aacute; constituida por una m&oacute;nada principal y un agregado de m&oacute;nadas mediante el cual la m&oacute;nada principal se coloca en el universo constituy&eacute;ndolo al mismo tiempo que se expresa en &eacute;l, se presenta y expresa para todo el resto infinito de entidades o unidades del universo"(p. 68). El cosmos es un todo org&aacute;nico compuesto por infinidad de m&oacute;nadas cuya realidad se cifra en t&eacute;rminos de fuerza o tendencia, donde la m&oacute;nada se comprende como una unidad irreductible &uacute;nica. Los esp&iacute;ritus, por ende, asumen este perspectivo de modo personal, esto es, seg&uacute;n un contexto o situs espec&iacute;fico que la distingue del resto de individuos. Andreu, sin embargo, no profundiza suficiente al respecto, dejando al lector la tarea de adentrarse en el pensamiento leibniziano y, concretamente, en su teor&iacute;a de la expresi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su ser&#45;de&#45;pregunta constitutivo o mente de infinitud&#45;finita se gesta desde el momento en que el feto es humano. De ah&iacute; que el hombre no sea un extra&ntilde;o en el cosmos, sino una conciencia reflexiva de s&iacute; en situaci&oacute;n c&oacute;smica: "es una pluralidad interior, &iacute;ntima, del dentro constitutivo, pero una pluralidad en el punto metaf&iacute;sico simple, y en consecuencia, no es sino &#150;num&eacute;ricamente&#45; una fuerza o energ&iacute;a, una unidad metaf&iacute;sica"(p. 81). Aunque Andreu no menciona que esta unidad metaf&iacute;sica tambi&eacute;n se gesta en cualquier otro ser viviente, aclara que la m&oacute;nada espiritual es ser&#45;de&#45;ser cuya realidad se presenta en la tensi&oacute;n entre su estar&#45;en&#45;el&#45;mundo y su trascendencia c&oacute;smica, tensi&oacute;n que hace de la soledad una mera quimera, en cuanto que la m&oacute;nada tiene un car&aacute;cter netamente expresivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las grandes novedades de este texto de inspiraci&oacute;n leibniziana consiste en abordar la femineidad desde una perspectiva monadol&oacute;gica, seg&uacute;n la cual "la mujer tiene un ser personal de recepci&oacute;n; su valor propio y el sentido de su ser es el de recibir la existencia y el acoger en la existencia. Es el ser personal hecho recepci&oacute;n y acogimiento. Su realizaci&oacute;n llena de posibilidad a la existencia, su fallo es el mayor en la existencia. Su responsabilidad en ello puede ser compartida, pero la radicalidad personal, no"(p. 95). A esta aproximaci&oacute;n monadol&oacute;gica a la mujer le acompa&ntilde;a una perspectiva leibniziana de la sexualidad en su &iacute;ndole personal, ya que: "una concepci&oacute;n no personal de la sexualidad trae consecuencias deplorables en todos los sentidos y una deformaci&oacute;n de la humanidad" (p. 96).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta perspectiva monadol&oacute;gica del cosmos, cada ser humano es un ser&#45;de&#45;libertad que expresa de una forma &uacute;nica el universo, y pone nuestro destino en nuestras manos. As&iacute;, la libertad se encuentra en un punto metaf&iacute;sico primigenio en el que, a pesar de ser el lugar en el que reside el origen del mal, se puede pensar la mejor composibilidad posible. Andreu, sin embargo, se limita a enunciar la vitalidad de la libertad dentro de la metaf&iacute;sica leibniziana, sin por ello profundizar en las implicaciones mismas de su definici&oacute;n, esto es, como espontaneidad ligada a la raz&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La m&oacute;nada espiritual o mente se manifiesta en su vecindad y parentesco con el Origen del Universo y, en ese sentido, se dice que pertenece a lo originario. "La m&oacute;nada es en su expresi&oacute;n esencial o radical siempre; dispuesta a saltar al cosmos donde sabe que tendr&aacute; un sitio y un tiempo que se concretar&aacute;n en virtud de lo que ser&aacute; necesitada y llamada a la luz de su aventura"(p. 112). Este car&aacute;cter expresivo de la m&oacute;nada, seg&uacute;n Andreu, hace de los esp&iacute;ritus un ser&#45;de&#45;presencia, donde cada persona es indispensable para el ser de la otra. As&iacute;, la m&oacute;nada personal es un ser&#45;de&#45;presencia cuya responsabilidad por el otro es siempre personal y nunca individual: "en la percepci&oacute;n del otro, lo que se percibe es la presencia, el ser&#45;de&#45;presencia, lo abrumador de esa presencia que es interrogativa, que se impone", de manera que "no hay un m&aacute;s all&aacute; del orden interpersonal o de reciprocidad reflexiva"(pp. 118&#45;119).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Leibniz, seg&uacute;n el autor, la noci&oacute;n de creaci&oacute;n ex nihilo significa la plenitud de la autodonaci&oacute;n divina creatural, mientras que la conservaci&oacute;n significa la creaci&oacute;n continuada. De manera que el cosmos es el brote eterno de la divinidad, el cual se gesta de manera gradual y sucesiva: cada creatura es una fulguraci&oacute;n de la divinidad. "Este ser de monadicidad consiste en la presi&oacute;n constitutiva del todo hacia la existencia en universo, en unidad de reciprocidad infinita, en espacio&#45;temporalidad, en dimensi&oacute;n que est&aacute; en estado permanente de originaci&oacute;n y fen&oacute;meno profundizable"(p. 128). He aqu&iacute; el car&aacute;cter de reciprocidad de la m&oacute;nada, su ser de extensi&oacute;n y expresi&oacute;n: "la m&oacute;nada que es en el cosmos en cuanto se extiende y expresa, prosigue su realizaci&oacute;n mediante la acci&oacute;n en libertad, haciendo mundo e historia, lugar del hombre... Es m&oacute;nada en extensi&oacute;n y expresi&oacute;n radical y en existencia de permanente realizaci&oacute;n creciente"(pp. 135&#45;136).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la m&oacute;nada s&oacute;lo puede realizarse a trav&eacute;s de sus interconexiones activas y pasivas con el cosmos de personas. La m&oacute;nada mental, seg&uacute;n Andreu, es un ser cuya expresividad se manifiesta en el donarse&#45;entregarse&#45;conectarse, en la reciprocidad constitutiva de su ser&#45;de&#45;libertad: "es un ser expulsado de la naturaleza, expulsado a medias, y que tiene que moverse o vivir en una esfera determinada por las reciprocidades personales fundamentalmente"(p. 139). De manera que la creaci&oacute;n del universo s&oacute;lo tiene sentido a trav&eacute;s de la infinitud de m&oacute;nadas en reciprocidad y composibilidad. "El ser de libertad no puede hacerse y formarse m&aacute;s que mediante libertad, y como es un ser de reciprocidad personal, no puede hacerse m&aacute;s que en sociedad e historia"(pp. 140&#45;141). La creaci&oacute;n misma se gesta en la reciprocidad de las relaciones interpersonales: se trata de un cosmos personal cuya necesidad no s&oacute;lo es f&iacute;sica y moral, sino tambi&eacute;n est&eacute;tica. "Pues bien, el cosmos existe por necesidad &oacute;ptima, porque la infinitud del Origen no deja de emanar o espirar o emitir, es decir, dar existencia, vida, vida personal o plenitud de existencia en reciprocidad"(p. 147). S&oacute;lo as&iacute; se puede sostener que es en el hombre donde se realiza la gloria de la autodonaci&oacute;n divina: "porque la realidad &uacute;ltima del cosmos, la realidad verdaderamente densa o central, la realidad de la realidad es la reciprocidad de las personas y la personalizaci&oacute;n de cuanto hay"(p. 152).</font></p>      ]]></body>

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