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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las formas íntimas de leer sobre lo ajeno: reflexiones sobre el libro Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y sida]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Las formas &iacute;ntimas de leer sobre lo ajeno: reflexiones sobre el libro Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y sida.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Maribel &Aacute;lvarez*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Guillermo N&uacute;&ntilde;ez, (2007). <i>Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y sida. </i>M&eacute;xico, D.F., PUEG, El Colegio de Sonora, Porr&uacute;a, 386 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Estudios sobre el Noroeste de M&eacute;xico. Universidad de Arizona.       Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:alvarezm@u.arizona.edu" target="_blank">alvarezm@u.arizona.edu</a></i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace poco hojeaba el libro de ensayos del poeta cubano Eliseo Diego titulado <i>La insondable sencillez </i>(1983) donde su hijo Eliseo Alberto escribe en la introducci&oacute;n que su padre consideraba que una de las razones m&aacute;s leg&iacute;timas para escribir un libro es no haberlo encontrado en ninguna parte, o sea que nadie lo haya escrito antes. Y, sin embargo, ser una voz innovadora, interesante, o hasta provocadora, no es suficiente raz&oacute;n para escribir un libro, pues como el mismo Eliseo Diego apuntaba, el quehacer creativo del escritor (excepto alg&uacute;n caso aislado de un c&iacute;nico supremo) siempre parte de una necesidad &iacute;ntima del propio autor. Como dir&iacute;a Guillermo N&uacute;&ntilde;ez Noriega &#150; ya reconocido como autor de un cuerpo de trabajo extenso sobre la sexualidad en M&eacute;xico y por ende estimable conocedor de los matices m&aacute;s delicados de la introspecci&oacute;n&#150; el escritor, el antrop&oacute;logo, el analista siempre debe preguntarse: &iquest;Cu&aacute;l es mi deseo?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, como investigador y autor, Guillermo N&uacute;&ntilde;ez ha sido transparente y, por lo tanto, inquebrantablemente &eacute;tico, dos cualidades de rigor en cuanto a que el tema a tratar puede ser considerado por algunos de cierta manera "escabroso" o inc&oacute;modo. Las personas de Hermosillo y de las comunidades de la sierra de Sonora sab&iacute;an que realizaba una investigaci&oacute;n y que &eacute;sta trataba sobre las formas de ser hombre, la sexualidad, el machismo. El autor, adem&aacute;s, revel&oacute; en el proceso de investigaci&oacute;n, y en el texto propiamente, su experiencia de vida "en la disidencia sexual y de g&eacute;nero". Para que no quedaran dudas sobre los protocolos metodol&oacute;gicos en las p&aacute;ginas 90 y 91 aclara lo que hizo y no hizo durante el curso de la investigaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, el postulado te&oacute;rico/investigativo aparece desnudo y revelador a trav&eacute;s del texto. Es representado como un deseo de ofrecer un descubrimiento radical, o sea, "en la lucha social por las concepciones mismas de lo que significa ser hombre se encierran las posibilidades amorosas" (p. 92). &Eacute;stas, nos dice el autor, son posibilidades de salud, de placer, de tranquilidad, de democracia, de dignidad, de felicidad, incluso de vida, para muchos seres humanos. El libro despliega una meta ciudadana y humanista: vivir es sentirse vivo, y hay poderes y reg&iacute;menes que deforman las posibilidades de sentir, especialmente entre los varones. Sin embargo, estos poderes alienantes nunca extinguen totalmente las posibilidades de la subjetividad. M&aacute;s que asomarse o intuirse sutilmente, las posibilidades se deslizan apretadamente, se insertan, se resuelven, se maniobran entre espacios espec&iacute;ficos de la vida cotidiana (en el rancho, en la cantina, en una caminata por el r&iacute;o, en la plaza). Los espacios, a pesar de ser visibles en cuanto a la sociabilidad que conllevan, casi siempre son angostos (a veces secretos) pero aun bajo esas circunstancias no dejan de ser tambi&eacute;n precariamente placenteros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, el libro tiene los elementos necesarios para ser libro: una tem&aacute;tica f&eacute;rtil, un autor con valores, metas y prop&oacute;sitos bien asentados; unas respetables instituciones de investigaci&oacute;n y una casa editorial, as&iacute; como un cr&iacute;tico nacional (el maestro Carlos Monsiv&aacute;is) que lo enmarca dentro de un amplio contexto hist&oacute;rico sobre "lo <i>gay</i>" en M&eacute;xico (se&ntilde;alando con su caracter&iacute;stico estilo y modo desenfadado: "este libro va a ser importante en nuestro pa&iacute;s"). Pero todo esto, a&uacute;n, no es suficiente para medir la importancia de un texto. Ya est&aacute; bien establecido que las audiencias de los libros acad&eacute;micos no superan m&aacute;s que los consabidos inner&#150;circles. Para que sea de verdad importante, un libro tiene que leerse con el mismo gusto y placer con que fue escrito: tiene que hallar su espacio en nuestras mesitas de noche, en las mochilas, en el ba&ntilde;o donde a veces aprovechamos para leer, o en la cocina, manchado de chile verde, o hasta en el patio al lado de esa silla deste&ntilde;ida y destartalada donde nos gusta sentarnos antes o despu&eacute;s de la cena. En fin, ahora nos toca a nosotros, los lectores, leer con intimidad las intimidades de otros. Y es mi deseo, como lectora, reflexionar sobre el resto del ensayo. Espec&iacute;ficamente, quisiera referirme a cinco filtros que pienso son importantes confrontar al encontrarnos ante un texto tan excepcionalmente inteligente; un texto que nos recuerda lo mucho que no sabemos sobre tantas cosas de las cuales nos consideramos tan conocedores. Un texto cr&iacute;tico para la tarea de ser m&aacute;s humildes (y quiz&aacute;s tambi&eacute;n m&aacute;s rigurosos cuando de postulados totalizantes se trata).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Considero que el primer filtro a vencer es la incredulidad: c&oacute;mo explicar el desconocimiento de un campo afectivo que existe aqu&iacute; entre nosotros, incluso entre compadres. Habr&aacute; lectores que simplemente dir&aacute;n "no lo creo", "no es posible", "esto no puede ser"&#150; y en estas afirmaciones estar&aacute; tambi&eacute;n de manera impl&iacute;cita la antropolog&iacute;a misma, por las reducidas concepciones de la intimidad entre varones que ha difundido (dot&aacute;ndonos de manera indirecta del placer de sabernos "conocedores" de algunos temas por haber sido testigo aqu&iacute; o all&aacute; de esto o aquello, en todos los casos eso simplemente "casos" sin un marco m&aacute;s all&aacute; de un englobamiento conceptual que generaliza y excluye lo que no "encaja" en la propuesta). El discurso dominante, incluyendo el que articulan quienes se han sentido complacidos de "entender" lo diferente de las relaciones homosexuales en M&eacute;xico (y este entendimiento a su vez se reduce a un orden jer&aacute;rquico anal &#150;quien recibe y quien penetra) ha producido llamados expertos sobre lo masculino. Pero sabemos que las estructuras de sentimiento de lo social no se contienen dentro de las opiniones expertas de nadie; mientras ciertas vertientes de pensamientos congelan los significados de lo homoer&oacute;tico en M&eacute;xico, el deseo y las pr&aacute;cticas disidentes en su cotidianidad antropol&oacute;gica por su lado contin&uacute;an derritiendo esquemas. Lo que ser&aacute; verdaderamente incre&iacute;ble para muchos lectores de este libro ser&aacute; reconocer que la categor&iacute;a denominada "subjetividad homosexual" no es adecuada para entender a todos los sujetos involucrados en experiencias homoer&oacute;ticas. Ser&aacute; una incredulidad ante la ruptura &#150;ante las incoherencias que persisten y por ende retan el consabido conocimiento experto, m&eacute;dico y sociol&oacute;gico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo filtro creo tiene algo que ver con la funci&oacute;n cognitiva de las homolog&iacute;as: &iquest;Estas situaciones de intimidad entre hombres de la sierra y de Hermosillo son equivalentes a qu&eacute;? &iquest;A la vida gay que ya tan familiar se nos hace a trav&eacute;s de los medios y la difusi&oacute;n de "shows" en cable como <i>Will &amp; Grace</i>? &iquest;A la fluidez queer que tantos j&oacute;venes cosmopolitas de hoy en d&iacute;a usan a modo de moda? &iquest;A una versi&oacute;n (tambi&eacute;n bastante familiar) sobre los hombres "muy machos" &#150;que circula a modo de chismecito de domingo&#150;aquellos que al no poder controlar su hiper&#150;sexualidad gen&eacute;tica por ser hombres se echan a cualquiera? Visto desde un punto de vista pedag&oacute;gico lo hom&oacute;logo nos puede acercar a nuevos conocimientos, nos permite hacer analog&iacute;as que desglosan lo extra&ntilde;o y lo hacen m&aacute;s accesible. Pero del mismo modo, una analog&iacute;a mal colocada nos puede paralizar. Por lo tanto, es cierto que algunas relaciones homoer&oacute;ticas se conforman a los modelos ya conocidos del "joto" y el "mayate," pero para muchos otros tipos de intercambios f&iacute;sicos y emocionales entre hombres el modelo es inadecuado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este libro N&uacute;&ntilde;ez postula una alternativa a la torpeza discursiva y conceptual que hasta ahora ha imposibilitado la referencia a lo homoer&oacute;tico sin recaer en lo estereot&iacute;pico. Las an&eacute;cdotas, notas de campo, las transcripciones crudamente reales y emotivas del discurso de hombres a los cuales yo (una mujer acad&eacute;mica norteamericana) nunca podr&eacute; conocer como los llega a conocer el investigador (sonorense, conocedor de los "cotorreos" de pueblo, tambi&eacute;n masculino, tambi&eacute;n un buen amigo que hace favores a los vecinos con quienes convive en la Sierra) proclaman una heterogeneidad de las practicas sexuales impresionante. Esta multiplicidad de formas de vivir la intimidad entre hombres resulta ser &#150;en el contexto de un M&eacute;xico que aspira a la modernidad sexual en sus muchas formas sociales &#150;una verdadera revoluci&oacute;n te&oacute;rica. En el ep&iacute;logo, el autor invoca al escritor Guy Hocquenghem para resumir el modo en que quiz&aacute;s un cambio conceptual orientado hacia esta heterogeneidad puede tambi&eacute;n (posiblemente) llegar a ser un cambio pol&iacute;tico consecuente: estas capacidades de vivir el deseo m&aacute;s all&aacute; de las etiquetas dominantes pudiera quiz&aacute;s tambi&eacute;n demostrar el "potencial de cada ser humano" y nos ayudar&iacute;a a "constituir una sociedad m&aacute;s solidaria, m&aacute;s igualitaria, m&aacute;s generosa" (p. 367). En este sentido el libro es para todos: para los <i>gays </i>y las lesbianas, y para los <i>straight </i>y los que nunca jam&aacute;s han escuchado el t&eacute;rmino heterosexual (ni les interesa); en fin, para todos los <i>hombres y mujeres, </i>punto y aparte.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Propongo la problem&aacute;tica de la invisibilidad como tercer filtro. Nuestros modelos de comprensi&oacute;n, dice Guillermo, "invisibilizan componentes de la realidad" y se vuelven c&oacute;mplices de los sistemas de dominaci&oacute;n. Porque no lo entiendo yo, dir&aacute;n algunos, o porque nadie me dio acceso ni confianza a m&iacute; a escuchar estas confesiones, concluyo que no existen. Pero, sin embargo, en este libro vemos precisamente demostrada la dial&eacute;ctica de lo no nombrable: la invisibilidad se materializa en su propio sistema de significaci&oacute;n (las miradas, las insinuaciones, el juego de palabra &#150;pues que onda, g&uuml;ey? Pos nada, que onda pues?&#150; los encuentros, pudi&eacute;ramos decir circunstanciales, &#150;compartir la cama porque s&oacute;lo hay una&#150; los viajes para transportar mulas, el deber con la esposa y los hijos, la canci&oacute;n de Chente cantada a coro despu&eacute;s de una cuantas cervezas, la fiesta de despedida para el amigo). Estos signos del deseo latente no son vistos (y en esto que me disculpe el maestro Monsiv&aacute;is) como cuesti&oacute;n de salir del closet (hacerse visible). El prop&oacute;sito de hacer estas t&aacute;cticas para relacionarse visibles en el libro, nos reitera el investigador, no es satisfacer la curiosidad metropolitana y p&iacute;cara de leer sobre la vida sexual de los "nativos;" es cuestionar las categor&iacute;as dadas construyendo una genealog&iacute;a radical del saber donde lo homosexual y lo no homosexual forman parte de una misma estructura significante, es decir la homofobia, que marca todas las din&aacute;micas de la identidad masculina, no solamente la de los homosexuales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si por un lado es cierto que el libro se inserta en las corrientes que intentan teorizar las "historias no oficiales" y por lo tanto recuerda algunos de los textos antropol&oacute;gicos que profundizan el tema de la "resistencia" a los sistemas hegem&oacute;nicos, el lector no debe ni por un instante asumir que el tratamiento de estos modos de resistencias son romantizados por el autor. Aqu&iacute; radica el logro m&aacute;s significativo del trabajo: por un lado el texto valoriza las expresiones cotidianas asociadas a la hombr&iacute;a, pero en el mismo marco anal&iacute;tico hace trizas aquellos aspectos del "sentido com&uacute;n" que expresan un discurso "profundamente patriarcal, violento" (p. 90). O sea, este libro hace "visible" mucho m&aacute;s que una narrativa heroica y promiscua; tambi&eacute;n expone al aire libre los "trapos sucios" que sostienen en su lugar el sistema de dominaci&oacute;n sexo&#150;g&eacute;nero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La consideraci&oacute;n de las din&aacute;micas binarias visible/invisible pone al descubierto el cuarto filtro que considero importante superar. Este se ocupa de la problem&aacute;tica de la interioridad. Si se ha llegado a reconocer en la ciencia que hasta las abejas, los tiburones, y las hormigas parecen tener "vidas emocionales" que hasta ahora desconoc&iacute;amos (por ser incapaz el ser humano de traducir el lenguaje emotivo de estas especies) &iquest;Por qu&eacute; a&uacute;n sabemos tan poco sobre la vida emocional interna de los hombres? Los hombres que lloran o se emocionan ante las ternuras cursis de lo sentimental en la cultura popular arriesgan el estigma de ser marcados como "afeminados". El fen&oacute;meno de la intimidad entre los hombres se ha reducido a un fen&oacute;meno estrictamente sexual. Pero &iquest;Qu&eacute; sobre las posibilidades de la ternura y el amor? En este libro se nos presenta a un personaje recurrente, Ventura. Un hombre masculino, vaquero, con una marcada debilidad por otros hombres. Pero en un momento de desgarradora transparencia, Ventura confiesa al antrop&oacute;logo: "<i>S&iacute;, me gusta que me hagan el amor &#91;agrega en voz baja&#93;, pero yo lo que m&aacute;s quiero es sentir el cari&ntilde;o, as&iacute;, la amistad con ternura, as&iacute; algo bonito, sentir que nos queremos, besarnos y todo, pues</i>" (p. 216). &iquest;C&oacute;mo se debe traducir la palabra cari&ntilde;o en el contexto de la amistad homoer&oacute;tica? Todos tenemos historias sobre hombres sensibles de una familia o de un pueblo; a veces es el artesano que trabaja con las manos, a veces es el abuelo, a veces el t&iacute;o que nunca se cas&oacute;. El caso es que nuestra humanidad nunca estar&aacute; completa hasta que no se puedan abrir los espacios que permitan estas posibilidades (al amor en s&iacute; mismo pero tambi&eacute;n al deseo sexual que a veces acompa&ntilde;a a la amistad entre varones).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y es precisamente esta noci&oacute;n de la amistad la que me lleva a proponer como quinto y &uacute;ltimo filtro el tema de la empat&iacute;a. Es la amistad la que nos abre la posibilidad de una nueva conciencia sobre las relaciones de pareja. Pero ser emp&aacute;ticos con el Otro, o sea humanizarnos con las subjetividades ajenas hasta las &uacute;ltimas consecuencias (incluyendo la posibilidad de enamorarnos de nuestro propio sexo) ha sido casi imposible como proyecto ut&oacute;pico y liberador. Una terrible barrera nos lo impide: la homofobia. La escritora y te&oacute;rica Chicana Gloria Anzald&uacute;a dijo que la homofobia es el temor de regresar a casa. Guillermo N&uacute;&ntilde;ez ha escrito, en otro texto, que la homofobia no es el odio a los homosexuales sino el miedo al deseo propio. En el cap&iacute;tulo tres examina la met&aacute;fora corporal de "rajarse" como un terreno discursivo donde los hombres emprenden negociaciones delicadas sobre la hombr&iacute;a y la intimidad. El concepto de "rajarse" tal como es usado en M&eacute;xico (en las islas del Caribe, por ejemplo, se habla de "partirse") figura como una met&aacute;fora corporal de las limitaciones impuestas socialmente a las identidades de g&eacute;nero. Para los hombres indexa una forma de subjetividad como cuerpo cerrado (sin fisuras, duro, recio, s&oacute;lido, invulnerable). Para las mujeres, visto de manera simple, la subjetividad es m&aacute;s "blanda" (m&aacute;s suave y sensible) pero a la misma vez implica el descontrol, la debilidad, el ponerse hist&eacute;ricas, el no ser racionales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los hombres, bien hombres, ocultan el cuerpo (no se andan luciendo); las mujeres, bien mujeres, hacen lo contrario. Los hombres que traspasan estas fronteras y se "rajan" (se quejan mucho, hablan sin control, violan el hermetismo, se alteran f&aacute;cilmente y m&aacute;s importante a&uacute;n se "abren emocionalmente") son "blandengues", afeminados, locas. El control social sobre el rajarse es fulminante; las exigencias que impone en los ni&ntilde;os varones recurre a la amenaza del estigma. N&uacute;&ntilde;ez se limita a su material etnogr&aacute;fico (como deber ser) y no abunda m&aacute;s all&aacute; sobre las formas en que estas regulaciones de g&eacute;nero impactan a las ni&ntilde;as. Pero pienso que el orden simb&oacute;lico que vigila el rajarse en los varones quiz&aacute;s tambi&eacute;n sea c&oacute;mplice de las formas en que se ejerce violencia sexual hacia las ni&ntilde;as para "abrirlas" (el incesto, por ejemplo, como epidemia social invisible). El investigador s&iacute; reitera una gran verdad: la homofobia y la misoginia son dos caras de la misma moneda del sexismo, piezas de una tecnolog&iacute;a de poder sobre las identidades y las posibilidades de intimar (p. 199).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello, si tantas pr&aacute;cticas de los varones en M&eacute;xico, pregunta el antrop&oacute;logo, est&aacute;n condicionadas por el concepto de rajarse (o mejor dicho, el no hacerlo) &iquest;De qu&eacute; forma logran los hombres superar estas vigilancias sobre la expresividad y "sangrar por la herida" (como dice la canci&oacute;n de Vicente Fern&aacute;ndez)? Para contestar esta pregunta Guillermo introduce el espacio social hecho posible por la estrategia hablada de lo que, basado en la misma canci&oacute;n ranchera tan popular en las cantinas, el llama el "ac&aacute; entre nos." En esos momentos donde se invoca, el "ac&aacute; entre nos" abre un espacio emocional donde los varones se atreven a explorar otras posibilidades de ser. Las confesiones de vulnerabilidad en este espacio ling&uuml;&iacute;sticamente negociado con la frase "ac&aacute; entre nos" permiten a los hombres "rajarse" entre s&iacute; (y en modos impredecibles hasta a veces transformar las formas mismas de la masculinidad y la homofobia).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es aqu&iacute; donde el libro, una vez m&aacute;s, vuelve a hablarnos a los lectores que buscamos una empat&iacute;a que nos humanice. El reconocimiento de las t&aacute;cticas sociales de la homofobia, la marginalizaci&oacute;n de las posibilidades emocionales de la hombr&iacute;a, nos debe llevar a pensar en como tratamos todo lo que &#150;a trav&eacute;s de ordenes simb&oacute;licos internalizados, estimamos despreciable en nosotros mismo. Ese menosprecio da&ntilde;ino que imposibilita a los hombres "rajarse" ante la ternura personal o ante las injusticias sexistas tambi&eacute;n debe iluminar los modos en que todos, hombres y mujeres, acostumbramos atrincherarnos en nuestros miedos. Los miedos llevan a la dureza, la dureza a la falta de an&aacute;lisis, la ausencia de cr&iacute;tica lleva a la prepotencia, y as&iacute; se va construyendo todo un aparato de poder que deshumaniza y destruye.</font></p>      ]]></body>
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