<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0188-2872</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Tzintzun]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Tzintzun]]></abbrev-journal-title>
<issn>0188-2872</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Instituto de Investigaciones Históricas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0188-28722009000100010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Veracruz: sociedad y cultura popular en la región Golfo Caribe]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Heredia Ortiz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Víctor Manuel]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Facultad de Historia Programa de Licenciatura]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<numero>49</numero>
<fpage>217</fpage>
<lpage>222</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0188-28722009000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0188-28722009000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0188-28722009000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>YOLANDA JU&Aacute;REZ HERN&Aacute;NDEZ Y LETICIA BOBADILLA GONZ&Aacute;LEZ, Coords., <i>Veracruz: sociedad y cultura popular en la regi&oacute;n Golfo Caribe</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Manuel Heredia Ortiz</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Morelia, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 2009, pp. 130</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Programa de Licenciatura, Facultad de Historia, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando escuchamos hablar de la costa del Golfo mexicano, vienen a la mente una serie de estampas estereot&iacute;picas que nos remiten a paisajes, vestimentas, modismos, vocabularios y cultura musical, en donde los conjuntos de arpa dan vida a los sones, los fandangos y el modo de ser "jarocho". No obstante, poco conocemos sobre la manera en que la cultura jarocha se ha arraigado en la cultura nacional mediante estereotipos, mucho menos hemos podido comprender las din&aacute;micas culturales de la regi&oacute;n y su v&iacute;nculos con el resto del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo anterior, el libro <i>Veracruz: sociedad y cultura popular en la regi&oacute;n Golfo Caribe,</i> representa un avance en esta b&uacute;squeda por comprender las expresiones de la cultura veracruzana; por acercarnos a sus ra&iacute;ces afrodescendientes; a su m&uacute;sica, y mostrar la importancia que tuvo su puerto para el resto del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto re&uacute;ne cinco trabajos, los dos primeros abordan la manera como los esclavos negros se establecieron en territorio Novohispano, y la forma en que fue administrada su fuerza de trabajo al servicio de los espa&ntilde;oles. Su inserci&oacute;n econ&oacute;mica se dio de manera preponderante en ciertas &aacute;reas de la producci&oacute;n y no estuvo exenta de divisiones por castas. Por ejemplo, los esclavos negros fueron colocados en las plantaciones de tabaco y az&uacute;car; sin embargo, el mestizaje y la posterior independencia de Espa&ntilde;a, los fueron alejando de su condici&oacute;n esclava, para colocarlos en diversos oficios y trabajos. Uno de los m&aacute;s socorridos fue la ganader&iacute;a. El traslado del ganado, fue una de las actividades en torno a la cual cobraron sentido una serie de elementos que, a la postre, dieron lugar a la comida, la bebida; a ciertas expresiones ling&uuml;&iacute;sticas y a determinadas manifestaciones sonoras que integrar&iacute;an lo que hoy conocemos como m&uacute;sica jarocha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, los dos primeros art&iacute;culos abordan el sincretismo cultural entre los grupos negros y otros ind&iacute;genas y espa&ntilde;oles, y c&oacute;mo ello consolid&oacute; la cultura afromestiza a finales del siglo XVIII. Lo anterior, es un antecedente relevante para comprender el devenir de la cultura "jarocha".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adriana Naveda abre la compilaci&oacute;n con el texto "Descendientes libres de esclavos negros en la villa de C&oacute;rdoba Veracruz, 1773" y muestra c&oacute;mo el sincretismo cultural de la ciudad de C&oacute;rdoba se manifest&oacute; en la pr&aacute;ctica cotidiana de una poblaci&oacute;n de tonos y ocupaciones diversas, pues si bien, para finales del siglo XVIII, la actividad principal que concentraba a cerca de la mitad de los habitantes de la villa era la producci&oacute;n del tabaco, paulatinamente el proceso de mestizaje fue favoreciendo la transici&oacute;n de la relaci&oacute;n amo&#45;esclavo a la de patr&oacute;n&#45;jornalero, misma que fue acompa&ntilde;ada de una diversidad de actividades laborables en las que se fueron incorporando los afrodescendientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no es sino hasta inicios del siglo XIX, cuando los grupos de negros, mulatos, pardos y morenos consolidan sus posiciones laborales en territorio novohispano, debido en parte a los discursos que los reivindicaban y a toda una serie de pol&iacute;ticas tomadas por los insurgentes en su lucha por la Independencia; entre ellas, los bandos para abolir la esclavitud y otro tipo de acciones como los levantamientos de 1812 contra las esclavitud en las Haciendas tabacaleras y azucareras de C&oacute;rdoba. El segundo trabajo, de la autor&iacute;a de Yolanda Ju&aacute;rez, "Oficios e inserci&oacute;n de los afromestizos veracruzanos en el siglo XIX", analiza la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n afrodescendiente en la ciudad de Veracruz y en la regi&oacute;n del Sotavento luego de la Independencia. En este caso se enfatiza el tipo de contrastes entre el entorno urbano y el rural. En el puerto la divisi&oacute;n entre grupos de espa&ntilde;oles, criollos, mestizos y negros no s&oacute;lo remit&iacute;a a la demarcaci&oacute;n de fronteras simb&oacute;licas, sino que esta se reflejaba en la misma organizaci&oacute;n espacial. Dividida en cuatro barrios, Veracruz era una ciudad amurallada. El primero de ellos lo ocupaban los poderosos comerciantes porte&ntilde;os; el segundo era la sede del poder pol&iacute;tico y eclesi&aacute;stico; el tercer y cuarto barrios &#151;ubicados al sur&#151; eran ocupados por diversos grupos de mestizos y afromestizos que realizaban diversas tareas al interior de la ciudad y que colindaban con otro barrio extramuros muy populoso hoy llamado la Huaca, residencia de afrodescendientes y otros grupos marginales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La abolici&oacute;n de la esclavitud favoreci&oacute; la integraci&oacute;n cultural de estos sectores, lo que contribuy&oacute; en gran medida a la demolici&oacute;n de la muralla que los separaba. En el caso del Sotavento veracruzano, el proceso independentista favoreci&oacute; el hecho de que mulatos, pardos y otros grupos de color lograran puestos de trabajo al interior de las haciendas y ranchos ganaderos. El m&aacute;s com&uacute;n era el de vaquero, no obstante, por sus habilidades muchos afrodescendientes llegaron a ocupar el puesto de caporal, dirigiendo una cuadrilla de vaqueros de entre quince y veinte personas. La trashumancia de estos grupos les permiti&oacute; desplazar el ganado por todo el sur veracruzano llevando y trayendo consigo diversas pr&aacute;cticas culturales, no s&oacute;lo gastron&oacute;micas, sino tambi&eacute;n musicales, lo que fue dando forma a la inserci&oacute;n del afroveracruzano a la cultura nacional, lo que la autora designa como jarocho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El proceso de mestizaje al que se refieren los cap&iacute;tulos mencionados fue forjando identidades y diversas manifestaciones culturales, entre las que podemos contar una vasta riqueza musical. Sobre esto Jessica Gottfried y Ricardo P&eacute;rez Montfort, en "Fandango y Son, entre el campo y la ciudad, Veracruz&#45;M&eacute;xico 1930&#45;1990", retoman un caso representativo acerca de c&oacute;mo se fueron creando los estereotipos que forjaron el nacionalismo mexicano: el de los m&uacute;sicos jarochos Lorenzo Barcelata y Andr&eacute;s Huesca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ambos autores "en la segunda mitad de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cuarenta del siglo XX, el son jarocho cancionizado y con &eacute;l una extra&ntilde;a versi&oacute;n estereot&iacute;pica del fandango, muy al estilo de las famosas estampas y calendarios de Jes&uacute;s Helguera, recibieron una fuerte promoci&oacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n masiva nacionales".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para este momento, el huapango, el son y los jarabes, comenzaban a definirse como elementos musicales caracter&iacute;sticos de la naci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior hubiese sido imposible sin la promoci&oacute;n y el rescate de la m&uacute;sica popular hecha una d&eacute;cada atr&aacute;s. Con la creaci&oacute;n de la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica, en los a&ntilde;os treinta, se crearon departamentos como el de Bellas Artes, el cual entre sus actividades incluy&oacute; la recolecci&oacute;n minuciosa de las costumbres t&iacute;picas del territorio nacional; esto inclu&iacute;a, m&uacute;sica, bailes, vestimentas y tradiciones. Personajes como Ger&oacute;nimo Baqueiro Foster fueron muy importantes para difundir la m&uacute;sica popular, pues como maestro del Conservatorio Nacional de M&uacute;sica y reconocido music&oacute;logo, se dedic&oacute; a la investigaci&oacute;n musical en diversas zonas del pa&iacute;s, transcribiendo las melod&iacute;as populares y dejando de paso el inter&eacute;s por "lo mexicano" en las nuevas generaciones de compositores. Otros claro ejemplo de ello fue la producci&oacute;n musical de autores como: Carlos Ch&aacute;vez y Silvestre Revueltas, y m&aacute;s a&uacute;n en el grupo de los cuatro: Blas Galindo, Daniel Ayala, Salvador Contreras y Jos&eacute; Pablo Moncayo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el momento en que desde el cine y la radio se constru&iacute;an las manifestaciones musicales nacionales, aparecieron al frente de la avanzada de jarochos y huastecos Lorenzo Barcelata y Andr&eacute;s Huesca, quienes fueron dos m&uacute;sicos veracruzanos que manten&iacute;an relaciones con la &eacute;lite pol&iacute;tica y art&iacute;stica del pa&iacute;s, lo que en su momento les abri&oacute; las puertas para que pudieran incursionar en los ambientes radiof&oacute;nicos, teatrales y cinematogr&aacute;ficos de la capital. Barcelata musicaliz&oacute; la cinta "All&aacute; en el Rancho Grande" (1936) de Fernando de Fuentes, "Ora Ponciano" de Gabriel Soria (1936), "Las cuatro milpas" (1937) de Ram&oacute;n Pereda, y "Jalisco nunca Pierde" (1937) de Chano Urueta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Andr&eacute;s Huesca aparece en el celuloide nacional como "charro jarocho", acompa&ntilde;ado de sus Coste&ntilde;os, y es considerado como un principal talento de esta concentraci&oacute;n de soneros veracruzanos que buscaban establecerse en la ciudad de M&eacute;xico en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, lo anterior fue posible por la relevancia que el cine nacional otorg&oacute; al son jarocho, por lo que el g&eacute;nero veracruzano logr&oacute; insertarse como parte de la m&uacute;sica popular mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, Ishtar Cardona en "Los Fandangos, la m&uacute;sica de escenario y los festivales: la reactivaci&oacute;n del son jarocho en Veracruz", se refiere a la construcci&oacute;n identitaria con la que se forjaron los c&oacute;digos musicales del son jarocho. El autor considera que las identidades se redefinen constantemente y con ellas el son se transforma. La reformulaci&oacute;n del son jarocho, hecha por la folklorizaci&oacute;n nacionalista de inicios del siglo XX, expropi&oacute; algunos elementos regionales a fin de manifestarlos como nacionales, de manera que componentes como "el mariachi, la fiesta de muertos y, por supuesto, el son jarocho perdieron lentamente sus particularidades locales para devenir como pr&aacute;cticas pertenecientes al ensamble de la Naci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, por ejemplo, el movimiento Jaranero o movimiento Sonero, surgi&oacute; en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta como un colectivo de m&uacute;sicos, que por herencia o adhesi&oacute;n cultural buscaron rescatar en sus nuevas interpretaciones del son las tradiciones que daban identidad a los "fandangos" como contenedores de la memoria com&uacute;n. No obstante, en la evoluci&oacute;n de dicho movimiento Jaranero, se perdieron algunos elementos de la m&uacute;sica tocada en los fandangos de anta&ntilde;o; los j&oacute;venes que actualmente tocan la m&uacute;sica jarocha tienen otra manera de concebir su ejecuci&oacute;n porque hab&iacute;an crecido escuchando otras sonoridades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior dio pie a la formaci&oacute;n de nuevas agrupaciones para los a&ntilde;os noventa del siglo XX, como los llamados "jarochilangos" de la ciudad de M&eacute;xico, o bien los "jarochicanos" de Estados Unidos, que aunque en contextos lejanos al de su origen, son portadoras de elementos que en alg&uacute;n momento fueron parte de la regi&oacute;n jarocha veracruzana.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para problematizar lo identitario en el caso del son jarocho, la autora recurre a tres elementos: la forma, las herencias y los l&iacute;mites de la tradici&oacute;n; en donde, la forma corresponde a los elementos r&iacute;tmicos, mel&oacute;dicos y l&iacute;ricos, que se van fusionando desde la Colonia, pero que se distinguen en gran medida de los elementos regionales de la Nueva Espa&ntilde;a. Por el lado de las herencias, hace una reconstrucci&oacute;n de las tradiciones, como una interpretaci&oacute;n que legitima a su cultura. Y en cuanto a los l&iacute;mites de la tradici&oacute;n, se refiere a la fusi&oacute;n como un "rescate del Son" de la que es objeto el son jarocho, tal como ya ha sido expuesto en el caso de "los Jaraneros".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, los fandangos crean espacios para "el rescate del Son", ya que por ser fiestas populares son muy concurridas, y permiten reactivar el verdadero sentido de las tradiciones. Sin embargo, la contraparte se encuentra en la manera como el fandango se ha vuelto un espect&aacute;culo, e incluso, ha llegado a conformar un mercado musical para organizaciones como "M&uacute;sica del Mundo" o "Folclore Alternativo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, y trat&aacute;ndose de Veracruz en el siglo XIX, el texto incluye un trabajo de Carmen Zavala Ram&iacute;rez, sobre las problem&aacute;ticas sanitarias del puerto. Aborda las medidas higi&eacute;nicas tomadas a ra&iacute;z de la difusi&oacute;n de la epidemia del c&oacute;lera; menciona como la ciudad enfrent&oacute; el problema aplicando cercos sanitarios y cuarentenas como medidas que en aquel momento no brindaron la suficiente seguridad a los pueblos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este texto dedicado a Veracruz, a su poblaci&oacute;n, al proceso de mestizaje y a las influencias musicales como parte de su legado cultural, conforma el primer volumen de la colecci&oacute;n Regiones, de los libros coeditados por la Asociaci&oacute;n Mexicana de Estudios del Caribe, AMEC, la cual con diecisiete a&ntilde;os de vida ha puesto en marcha desde el Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo, un proyecto editorial para difundir las investigaciones de sus agremiados referentes al Caribe mexicano y otros caribes.</font></p>      ]]></body>
</article>
