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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Fran&ccedil;ois Dosse, <i>Michel de Certeau. El caminante herido</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alexander Pereira Fern&aacute;ndez</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Iberoamericana, 2003, pp. 635</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Posgrado en Historia, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas de la Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo.</i></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Michel de Certeau (1925&#45;1986): te&oacute;logo jesu&iacute;ta nacido en Francia, soci&oacute;logo de la cultura, antrop&oacute;logo del creer, historiador de las religiones, epistemi&oacute;logo <i>de la historia</i>, semi&oacute;logo y psicoanalista, es antes que nada una figura m&iacute;stica de la modernidad. Eso es lo que nos dice su bi&oacute;grafo Fran&ccedil;ois Dosse, tambi&eacute;n historiador, conocido por sus trabajos sobre la historia intelectual de Francia en el siglo XX. Con su libro<i> La historia en migajas</i>, Dosse se hizo conocido al presentar a finales de los a&ntilde;os ochenta un balance profundo sobre la trayectoria de la Escuela de Annales. De ah&iacute; ampli&oacute; sus investigaciones hacia la historia de las ciencias humanas, con especial &eacute;nfasis en el devenir del estructuralismo. Posteriormente, motivado por las nuevas preocupaciones del sujeto en la historia, ha dedicado su trabajo a la biograf&iacute;a. En 1997 public&oacute; una dedicada a Paul Ricoeur y luego, en 2002, otra a Michel de Certeau. Dos figuras que, a su modo de ver, crearon obras expresivas de las incertidumbres que sobrevinieron en la historiograf&iacute;a luego de promediar el siglo XX.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Dosse, la obra intelectual de Michel de Certeau est&aacute; cruzada por una experiencia m&iacute;stica que lo llev&oacute; a caminar por las fronteras del conocimiento, de la interdisciplinaridad, sin poder dejar de andar, abandonando los caminos ya transitados, en b&uacute;squeda permanente del otro, como aquel viajero expuesto a escuchar siempre al desconocido. Esa actitud existencial habr&iacute;a hecho de Certeau un pensador impredecible, por su car&aacute;cter itinerante, inconforme, plural, sincero consigo mismo y humilde ante el conocimiento. Lo anterior nutrir&iacute;a su reflexi&oacute;n de puntos de vistas inesperados, en virtud de una perpetua b&uacute;squeda que lo condujo a abrir paso a lo no pensado, a lo impensable por el sentido convencional. Logrando de ese modo aperturas en las ciencias humanas en una &eacute;poca en que el estructuralismo entraba en crisis, siendo precisamente desde ah&iacute; que Certeau producir&iacute;a sus mayores contribuciones a las ciencias humanas, en la teolog&iacute;a, y en especial, en la disciplina hist&oacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Quiero ir por el mundo, donde vivir&eacute; como un ni&ntilde;o perdido; tengo el humor de un &aacute;nimo vagabundo tras todo mi bien haber repartido. Todo es igual, la vida o la muerte, me basta con que a m&iacute; el Amor quede" (p.18). Se trata de la primera estrofa de un poema escrito por Jean&#45;Joseph Surin, un sacerdote jesuita del siglo XVII, a quien Certeau dedic&oacute; gran parte de su vida intelectual. Antes de morir, Certeau pidi&oacute; que ese poema fuera le&iacute;do en su funeral, con lo que dejaba un mensaje p&oacute;stumo que no s&oacute;lo recodaba el itinerario de Surin sino tambi&eacute;n el suyo: el de un caminante herido. As&iacute; lo llama Dosse, para referirse a un Certeau lacerado por una herida &iacute;ntima que lo impuls&oacute; a caminar al borde del precipicio, en tr&aacute;nsito constante, en un viaje peligroso, solitario e indefinido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El impulso m&iacute;stico que habr&iacute;a animado a Certeau ser&iacute;a comparable al experimentado por Surin, en una &eacute;poca distinta que sin embargo compart&iacute;a con la contempor&aacute;nea una profunda crisis del cristianismo. Tales crisis ser&iacute;an precisamente las que ayudar&iacute;an a comprender el misticismo que se apoder&oacute; de ambos personajes, quienes en medio de la desesperanza religiosa habr&iacute;an seguido el camino de buscar a Dios, un camino m&iacute;stico. El paralelo que Dosse traza entre ambas figuras es muy grande, hasta el punto de que se refiere a Certeau como el doble de Surin, o la sombra que lo acompa&ntilde;ar&iacute;a hasta el final de sus d&iacute;as. Afirma el bi&oacute;grafo que el impulso m&iacute;stico de Certeau ser&iacute;a producto de la crisis de fe que atraviesa el cristianismo desde la segunda parte del siglo XX, y a la p&eacute;rdida de certezas que hasta ese mismo tiempo brindaba el proyecto de la Ilustraci&oacute;n. En medio de esa crisis de fe y de p&eacute;rdidas de certidumbres, certeau ser&iacute;a un incansable buscador de Dios, en todas las cosas del mundo y en su propio interior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En opini&oacute;n de Dosse, desde una perspectiva freudiana, a Michael de Certeau podr&iacute;a consider&aacute;rsele como una figura melanc&oacute;lica, que mostrar&iacute;a un destino subjetivo ligado a una p&eacute;rdida similar a la que padeci&oacute; Surin: la de un Dios universal, que ahora hab&iacute;a que buscar por medio de una continua introspecci&oacute;n. La melancol&iacute;a, tanto en el caso de Surin como de Certeau, ser&iacute;a la expresi&oacute;n de un luto por cumplir, por aquello que se perdi&oacute; y se sabe imposible de encontrar, al grado de quedar atrapado en una infinita desesperaci&oacute;n, que llevar&iacute;a al m&iacute;stico, en su b&uacute;squeda de Dios, a caminar incesantemente, sin hallar aquello que sabe imposible de encontrar. Semejante desgarramiento llevar&iacute;a al desamparo y a estados de angustias interiores inmensas, al ascetismo y a la humildad. La melancol&iacute;a que expresar&iacute;a la personalidad de Certeau ser&iacute;a un pasaje obligado en su experiencia m&iacute;stica, afirma Dosse: "esta relaci&oacute;n con la p&eacute;rdida, con el cuerpo ausente, con el luto imposible del objeto perdido, se expresa en todas las formas de la m&iacute;stica" (p. 608). Y ello es as&iacute; porque la m&iacute;stica no es otra cosa que un imposible intento de uni&oacute;n con Dios, al que se le busca en el interior de uno mismo y en todas las cosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero a diferencia de Surin, que termin&oacute; suicid&aacute;ndose, Certeau lograr&iacute;a canalizar su herida intima a trav&eacute;s de la escritura y gracias a cierto apego a las instituciones, no exento de conflictos, en especial con la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, que en todo caso nunca abandon&oacute;. Al respecto, escribe Dosse: "Este tormento tr&aacute;gico que alienta a Certeau en las riveras de la m&iacute;stica/melancol&iacute;a no reviste sin embargo, en &eacute;l, una forma m&oacute;rbida ya que lo protege una sobreactividad que no le deja sino pocos instantes de posibles ca&iacute;das en estados depresivos" (p. 610). Asimismo, para Dosse es claro que de no haber sido por el v&iacute;nculo que Certeau sosten&iacute;a con instituciones universitarias y religiosas su desenlace vital hubiera podido ser muy similar al de Surin. Afirma: "Podemos aventurar la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual esas instituciones son para &eacute;l el contrapunto necesario del impulso que lo lleva hacia la m&iacute;stica, lo que evita su ca&iacute;da al borde del abismo" (p. 614). Es as&iacute; que la escritura y el amparo institucional ser&iacute;an para Certeau v&iacute;as por donde encarrilar su latente misticismo, esa infinita b&uacute;squeda de Dios, que se ver&aacute; proyectada en el modo en c&oacute;mo asumi&oacute; el oficio del historiador, como un di&aacute;logo entre el presente y el pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, el surgimiento de esa herida que acompa&ntilde;a a Certeau podr&iacute;a ubicarse m&aacute;s o menos en el tiempo. En la biograf&iacute;a se nos narra un hecho traum&aacute;tico en la trayectoria del biografiado, que habr&iacute;a significado una ruptura en su vida. En 1967, a los cuarenta y dos a&ntilde;os de edad, Certeau sufri&oacute; un accidente automovil&iacute;stico en el que adem&aacute;s de perder a su madre tuvo una herida en el ojo, que lo dej&oacute; tuerto de por vida. Nunca dejar&iacute;a de culparse por lo sucedido, ya que interpretaba que por un retraso suyo su padre tuvo que conducir a prisa, ocasion&aacute;ndose as&iacute; el fatal suceso. Ese sentimiento de culpa lo marcar&iacute;a hasta el grado de que quienes lo conoc&iacute;an dir&iacute;an que fue a partir de entonces que tuvo un profundo cambio en su personalidad. Adem&aacute;s del remordimiento por la p&eacute;rdida de la madre, Certeau expresar&iacute;a una actitud m&aacute;s activa en la vida, como si interpretara tambi&eacute;n que viv&iacute;a por segunda vez, de manera p&oacute;stuma, tanto por &eacute;l como por su madre. La p&eacute;rdida de la madre, sin embargo, igualmente significar&iacute;a una mayor autonom&iacute;a para el hijo, quien al deshacerse del dominio materno, que siempre fue intenso, expresar&iacute;a en adelante una mayor libertad tanto en sus relaciones institucionales como en sus opiniones intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Certeau siempre hab&iacute;a dejado ver una gran capacidad para el trabajo, pero luego del accidente dar&iacute;a muestras de consumirse verdaderamente en sus labores intelectuales. En lo sucesivo se mostrar&iacute;a como un sujeto m&aacute;s conflictivo con la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, lo que se manifestaba en los puntos de vista que expresaba p&uacute;blicamente sobre el cristianismo y la Iglesia Cat&oacute;lica. Adem&aacute;s, una prueba de la libertad personal que hab&iacute;a adquirido se reflejar&iacute;a al a&ntilde;o siguiente del accidente, durante el mayo del 68 franc&eacute;s, en el que aparte de mostrarse a favor de las movilizaciones, tendr&iacute;a la posibilidad de escribir una de las interpretaciones m&aacute;s l&uacute;cidas sobre las movilizaciones de aquellos d&iacute;as, "La toma de la palabra". Con ese texto Certeau dejar&iacute;a de ser un desconocido en el mundo intelectual franc&eacute;s, sobresaliendo desde entonces con otros escritos en el medio de los cient&iacute;ficos sociales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dir&iacute;a que aquella herida en el ojo simbolizaba bien la otra herida que consum&iacute;a el interior del alma de Certeau, que no lo dejaba de atormentar provocando en &eacute;l un &aacute;nimo insaciable, siempre insatisfecho por el conocimiento. Es as&iacute; que tanto en la historia como en las otras disciplinas de las ciencias humanas o de la teolog&iacute;a, Certeau dar&iacute;a muestras de un gesto intelectual muy caracter&iacute;stico. Para Certeau el conocimiento de la realidad social ser&aacute; algo imposible, pero que en todo caso debe intentarse, una y otra vez, teniendo siempre en cuanta los l&iacute;mites que posee el cient&iacute;fico social para lograrlo. Es as&iacute; que lo importante para &eacute;l ser&iacute;a mantener una actitud humilde ante los hechos sociales, en el intento de acercase a una interpretaci&oacute;n por lo menos aproximada a lo que ellos significan. Para el caso de los historiadores, hace un llamado para que &eacute;stos se mantengan alerta ante los problemas que implica conocer las racionalidades de otras &eacute;pocas, pues s&oacute;lo teni&eacute;ndolas en cuenta el historiador ser&aacute; capaz de ser consiente de los l&iacute;mites que tiene para comprender el pasado, y as&iacute; por lo menos acercarse lo m&aacute;s posible a una comprensi&oacute;n de sociedades que manten&iacute;an esquemas de referencias distintos a los del presente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;ste, en resumidas cuentas, es el Michel de Certeau que nos presenta Fran&ccedil;ois Dosse, luego de mostrarnos detalladamente el recorrido intelectual de esta personalidad tan dif&iacute;cil de clasificar en el mundo de los historiadores. Dosse se detiene en cada uno de los espacios de formaci&oacute;n intelectual de Certeau, desde el hogar hasta su &eacute;poca de su formaci&oacute;n teol&oacute;gica, filos&oacute;fica y en letras en el medio de los seminarios jesuitas. Nos muestra tambi&eacute;n su acceso al psicoan&aacute;lisis, a la historia y a la semi&oacute;tica, a prestigiosas revistas cristianas y de ciencias humanas en general. Al mundo de las universidades, al de sus contertulios intelectuales, sus disputas y participaciones p&uacute;blicas, a su recorridos por Am&eacute;rica Latina, en especial a M&eacute;xico, Brasil y Chile. El paso por los medios universitarios norteamericano y franc&eacute;s tambi&eacute;n son descritos y analizados con la suficiencia propia de un bi&oacute;grafo especialista en historia intelectual y de las ideas. La recepci&oacute;n de los libros de Certeau y sus aportes para la renovaci&oacute;n de las ciencias humanas, en especial la historia, son presentados con una profundidad igualmente sorprendente, tanto m&aacute;s por cuanto no s&oacute;lo logramos enterarnos del periplo particular de Certeau, sino tambi&eacute;n del recorrido general de las ciencias humanas durante la segunda parte del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos esos detalles y otros m&aacute;s, propios de lo que supone una biograf&iacute;a intelectual, est&aacute;n contenidos en este estudio que nos presenta Dosse. Pero no nos vamos a detener en ellos, pues para los alcances de esta rese&ntilde;a basta con lo antes mencionado. M&aacute;s bien ahora dirigiremos nuestra atenci&oacute;n a la estructura con la cual fue armada la presente biograf&iacute;a. Despu&eacute;s de leer las m&aacute;s de seiscientas p&aacute;ginas de este estudio casi lo &uacute;nico que se nos ocurre decir es que al biografiado lo exaltaron tanto que no se aprecian carencias propias de la condici&oacute;n humana. Esa es la impresi&oacute;n que podr&iacute;a quedarle al lector al caer en cuenta de que en su apretado libro el autor no tuvo espacio para narrarnos ni un solo defecto de su personaje y si muchas virtudes. El lector tampoco logra enterarse de absolutamente nada acerca de la vida amorosa y sexual de Michel de Certeau.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente esas omisiones, que a primera vista pueden parecer superficiales, se explicar&iacute;an por el hecho de que estamos ante una biograf&iacute;a intelectual. Lo que en todo caso ser&iacute;a una excusa poco convincente porque ni Dosse advierte ese hecho en ninguna parte de su libro, ni necesariamente una biograf&iacute;a que se valga del adjetivo intelectual tendr&iacute;a porque sustraerse de ese tipo de acontecimientos que hacen parte de la vida privada del biografiado. Lo anterior es as&iacute; porque tal tipo de informaci&oacute;n no solamente contribuir&iacute;a a comprender mejor la personalidad del sujeto estudiado, sino tambi&eacute;n muchas de las motivaciones que aclarar&iacute;an ciertos aspectos de sus acciones p&uacute;blicas, intelectuales y pol&iacute;ticas. Por lo dem&aacute;s, semejantes carencias son todav&iacute;a m&aacute;s sorprendentes si tomamos en cuenta que Dosse tuvo a acceso a m&aacute;s de 180 entrevistas orales, de gente muy cercana a Certeau, que iban desde sus familiares, amigos y contempor&aacute;neos intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema de los vac&iacute;os que contiene la presente biograf&iacute;a no estriba tanto en que el autor no logra saciar la curiosidad del lector con respecto a la vida privada de Certeau. En realidad el problema es mucho m&aacute;s grave que eso. Se trata de que semejantes carencias tienen el inconveniente de crear una debilidad en la construcci&oacute;n del personaje biografiado. En efecto, el Certeau que nos presenta Dosse termina siendo muy vago, dif&iacute;cil de captar por el lector, quien muchas veces se ve perdido en una telara&ntilde;a de redes de libros, corrientes intelectuales y contextos pol&iacute;ticos, en los cuales Certeau no es m&aacute;s que una maquina hiperactiva y desgarrada de producir ideas. Podr&iacute;a pensarse que la vaporosidad de ese Certeau es producto del extremo cuidado que Dosse tiene en mostrarnos a un personaje sumamente complejo, con diversas identidades, no exentas de contradicciones. Sin embargo, de un esfuerzo como &eacute;se, se esperar&iacute;a m&aacute;s claridad sobre la personalidad del sujeto biografiado, lo cual no es el caso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que cualquier bi&oacute;grafo est&aacute; limitado por la dificultad de llegar al fondo de la personalidad de su personaje, por razones que van desde el problema que implica el acceso a fuentes de informaci&oacute;n, hasta la imposibilidad de conocer los secretos m&aacute;s rec&oacute;nditos de un individuo. Pero es cierto tambi&eacute;n que el bi&oacute;grafo dispone de muchas herramientas para intentar comprender esas partes de la personalidad de su biografiado, siempre de manera aproximada o tentativa. Para esa tarea la imaginaci&oacute;n del bi&oacute;grafo es una herramienta imprescindible, como tambi&eacute;n lo es el estilo de escritura por medio de la cual se narra esa vida. Creemos que es ah&iacute; donde reside la verdadera labor del bi&oacute;grafo, esto es, en atreverse a elaborar una narraci&oacute;n que permita conjeturar ideas que nos acerquen a una definici&oacute;n, lo m&aacute;s cercana posible, del personaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La biograf&iacute;a es un g&eacute;nero hibrido entre la historia y la literatura, siempre en tensi&oacute;n entre la realidad y la ficci&oacute;n. Dosse logra una narraci&oacute;n hist&oacute;rica impecable, pero el artificio literario del que deber&iacute;a valerse como herramienta para acercarse a la vida de su personaje tambalea constantemente. Lo anterior resulta muy curioso porque si hubo una ense&ntilde;anza que dej&oacute; Certeau fue precisamente el uso de la escritura, de la met&aacute;fora, de las herramientas que brinda la literatura, para poder intentar un acercamiento al pasado, para poder decir lo que las fuentes o la interpretaci&oacute;n te&oacute;rica no nos dir&aacute;n por s&iacute; solas. Esto Dosse lo tiene claro, tanto por su profundo conocimiento de la obra de Certeau como por haber dado muestra, en otras obras, de una prelaci&oacute;n por las corrientes m&aacute;s alternativas de la historiograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, en Dosse parece primar la pr&aacute;ctica de escritura del historiador cl&aacute;sico, que no le permite ir m&aacute;s all&aacute; de ciertos recursos de la narraci&oacute;n y de lo que le posibilitan sus fuentes. Esa ser&iacute;a una de las razones que explicar&iacute;an el por qu&eacute; la personalidad de su Certeau termina siendo tan poco asequible para el lector, pero no la &uacute;nica. Hay otra raz&oacute;n no menos importante que nos hace mirar con sospecha a aquellas biograf&iacute;as que llevan el adjetivo de intelectuales. <i>El caminante herido</i> no lleva tal adjetivo, pero es claro que m&aacute;s all&aacute; de una profunda preocupaci&oacute;n por la personalidad del biografiado, el inter&eacute;s del bi&oacute;grafo tiende a inclinarse a un an&aacute;lisis de la historia intelectual durante la segunda parte del siglo pasado (tema y &eacute;poca de los que Dosse es especialista). Es as&iacute; que queda la sensaci&oacute;n de que el estudio de Certeau le permite a Dosse mirar desde otro &aacute;ngulo, muy alternativo por cierto, el problema que siempre le ha preocupado: el de la historia contempor&aacute;nea de las ciencias humanas.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema es que ese &aacute;ngulo no le posibilita a Dosse observar cabalmente a Michel de Certeau, siendo as&iacute; que el enfoque que resulta alternativo para una historia de la ciencias humanas termina siendo muy tradicional para una biograf&iacute;a. Finalmente, habr&iacute;a que se&ntilde;alar que Dosse ha realizado un gran esfuerzo con esta investigaci&oacute;n, que para un estudiante de historia resulta imprescindible en el intento de conocer m&aacute;s sobre los problemas de su disciplina despu&eacute;s de la posguerra. Igualmente, hay que reconocer que pese a todos los problemas que podamos se&ntilde;alar en este trabajo, es claro que resulta expresivo de un renovado inter&eacute;s por parte de los historiadores por el sujeto en la historia. Esta biograf&iacute;a nos permite un acercamiento a ese asunto, tanto m&aacute;s si entendemos que las falencias que posee nos ayudan a discutir sobre las estrategias m&aacute;s convenientes que podr&iacute;a utilizar el bi&oacute;grafo en su imposible intento por narrar una vida. Pero como dec&iacute;a el propio Certeau, hay que seguirlo intentando una y otra vez, infatigablemente, para lograr por lo menos un acercamiento aproximado.</font></p>      ]]></body>
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