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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>Las otras lecturas</b></i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hugo Salcedo*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Castro, Rodolfo (comp.), Paid&oacute;s Mexicana, M&eacute;xico, 1<sup>a</sup>. Ed., 2003</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Docente de la Escuela de Humanidades. Universidad Aut&oacute;noma de Baja California</i>. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:salcedo@uabc.mx">salcedo@uabc.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Leer, &iquest;qu&eacute;? Leer, &iquest;para qu&eacute;?</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En reiteradas veces a lo largo de nuestra formaci&oacute;n, hemos escuchado la imperiosa necesidad de aplicarnos en el ejercicio cotidiano de la pr&aacute;ctica de la lectura, aun cuando no se explican las razones espec&iacute;ficas por las que vale &#45;y mucho&#45; ejecutar esa pr&aacute;ctica. Los padres o los maestros de primer ense&ntilde;anza, sin dar muchos detalles, quienes insisten en que vayamos conformando el h&aacute;bito; los padres o los hermanos mayores nos pretenden halagar con libros en las fechas de cumplea&ntilde;os o en Navidad, los profesores organizan c&iacute;rculos para el intercambio de publicaciones y llegan hasta a llenar su programa de clase con posibilidades bien interesantes para los estudiantes, que as&iacute; es como se encuentran por primera vez con Kipling, Stevenson, Dickens o Esopo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en verdad son bien pocas las reflexiones que se establecen en torno a los tangible beneficios que conlleva el proceso lectural, no s&oacute;lo en el momento m&aacute;s inmediato, cuando nos atrevemos a dar revista del documento ante nuestros ojos, sino en una aut&eacute;ntica transformaci&oacute;n que de manera acumulativa puede acompa&ntilde;arnos de manera feliz en el transcurso de toda la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un primer momento, podemos encontrar que la lectura nos abre la magna ventana hacia la imaginaci&oacute;n, permite realizar un despliegue de vivencias o experiencias en los contextos &#45;cercanos o distantes&#45; de los que echa mano la ficci&oacute;n, da la bienvenida a toda una carpeta de mundos probables plagados de an&eacute;cdotas o de personajes que nos hacer vibrar en cada una de las aventuras o pasajes expuestos con &eacute;nfasis de elocuencia narrativa. Aqu&iacute; la lectura es puente y, al mismo tiempo, fin en s&iacute; misma, no por ello menos agraciada pues tambi&eacute;n es la posibilidad para el desarrollo de capacidades nemot&eacute;cnicas, as&iacute; como para el incremento de vocabulario que incide en un dominio m&aacute;s aguzado del idioma. Es tambi&eacute;n comprensi&oacute;n cultural y de cualidades del &aacute;mbito conceptual que inciden en el razonamiento de tiempos ya lejanos o de circunstancias reconocibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la complejidad de la vida misma ofrece de manera natural "otras lecturas" que se alejan del mero rengl&oacute;n de las an&eacute;cdotas ficcionales; o dicho de otra manera, que se apartan de la menci&oacute;n simplista de que los libros son los &uacute;nicos objetos o medios de expresi&oacute;n que pueden "leerse".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior queda claro cuando se tiene en mano un volumen como el que compila Rodolfo Castro y del que aqu&iacute; se hace rese&ntilde;a, en el que se hace amable inmersi&oacute;n en otras posibilidades en donde leer no solamente es leer libros, sino tambi&eacute;n atendiendo al propio devenir individual y social, para poder presentarnos como un actor activo ante el discernir del ojo curioso de la ciencia y descubrir leyes que en su momento resultan irrefutables y que luego habr&aacute;n de modificarse para permitir el proceso cient&iacute;fico que conlleva el meticuloso cuidado del escrutinio y la rigurosa comprobaci&oacute;n del hecho. Observar, pues, y leer las circunstancias para proponer axiomas que luego se desplacen bajo postulados dial&eacute;cticos. Lo interesante de la funci&oacute;n cient&iacute;fica es imaginar, so&ntilde;ar con elementos fant&aacute;sticos que puedan llegar despu&eacute;s a encontrarse en nuestro mundo cotidiano, el "de a de veras". Ya Cop&eacute;rnico, Newton o Einstein partieron de principios semejantes a fin de explicarnos la complejidad del mundo conocido de su tiempo espec&iacute;fico y la maravilla que se experimenta a partir de ese supuesto tangible. Bien lo puntualiza el f&iacute;sico franc&eacute;s L&eacute;vy&#45;Leblond: "la f&iacute;sica te&oacute;rica, ep&iacute;tome de las ciencias exactas, es, ante todo, ficci&oacute;n. El f&iacute;sico, lo mismo que el novelista, inventa mundos y cuenta historias" (p. 30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y qu&eacute; decir de la recreaci&oacute;n y lectura del espect&aacute;culo circense trasladado a la mera causalidad de nuestra vida diaria: cuando el reloj despertador simplemente no funciona y llegamos tarde al trabajo, o cuando nuestro laborioso almuerzo se lo traga un hambriento perro que se aproxima amistoso en la banca de un parque, o cuando somos bombardeados por el excremento de palomas en la parada del autob&uacute;s, o cuando caemos de bruces por un impertinente desperdicio sobre la banqueta, o cuando la tinta del bol&iacute;grafo se derrama en nuestra impecable camisa justo antes de la cita tan importante... Gesticulaci&oacute;n corporal que se transforma en coreograf&iacute;a y anecdotario cotidiano resultante del elocuente discurso narrativo, pueden tambi&eacute;n leerse mostrando un texto humano tan divertido como impredecible. El humor, que tanto se agradece en situaciones harto solemnes, resulta igualmente legible ante los ojos de todos los d&iacute;as en un af&aacute;n que nos conduce desde el an&aacute;lisis y la comprensi&oacute;n hasta el disfrute mismo de la vida diaria en una gram&aacute;tica o sintaxis del discurso que no necesita de locuci&oacute;n verbal para alcanzar el grado de expresi&oacute;n y comunicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y m&aacute;s todav&iacute;a: podemos igual leer en la oscuridad, tocando esas superficies rugosas o &aacute;speras cuando nos han cortado el suministro el&eacute;ctrico y tentaleamos para no tropezar con alg&uacute;n mueble dentro de nuestro propio domicilio. Se lee de igual manera el afecto manifestado por una singular caricia de la persona a la que amamos, en un saludo distante del colega universitario o en un sonido puntual que va llenando su contenedor cuando el agua golpea la superficie. Por los sentidos se cuela esta informaci&oacute;n determinante que permite comprender circunstancias, razones o cualidades de una historia que vamos construyendo en silencio. La partitura interpretada magistralmente en un soberbio concierto tambi&eacute;n puede leerse. Los olores f&eacute;tidos en la bolsa de los desperdicios o el aroma que desprende la comida facturada en casa tambi&eacute;n pueden leerse. Tambi&eacute;n guardan su enigma a descifrar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y el teatro, como ejercicio de una compleja actividad comunicativa, puede leerse igual en diferentes sentidos y niveles. En el acuerdo t&aacute;cito de acudir a un espacio representacional y dejar que la boca&#45;escena nos traslade a los espacios de la ficci&oacute;n, posibilita que hagamos uso de una compleja lectura; all&iacute; una silla convencional va a decirnos quiz&aacute; que estamos en la sala principal de cierto encumbrado palacio donde deambula el locuaz pr&iacute;ncipe de Dinamarca, o el simple sonido de truenos en el exterior puede llegar a significarnos que lo que se abre en el espacio ficcional es el campo abierto y agreste para el injusto tr&aacute;nsito del desterrado rey Lear, que ha sido echado injustamente a la intemperie por sus propias hijas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El teatro gui&ntilde;ol, visto as&iacute;, resulta ser quiz&aacute; el grado m&aacute;s elaborado de esta compleja lectura del mundo. El reducido <i>teatrino</i> elaborado con varilla y retazos de tela es en s&iacute; una doble met&aacute;fora: tanto por referirse a la reducci&oacute;n en m&iacute;nima escala de todo el espacio utilizado para el juego de la representaci&oacute;n (el teatro &#45;p&uacute;blico y actores&#45; en la convenci&oacute;n m&aacute;s abrumadora), como por la referencia directa hacia el mundo "real" y la vida misma. Quiz&aacute; por ello la complejidad y puesta en riesgo de quienes se aventuran a este oficio dan lugar y cuerpo espec&iacute;ficos mediante la utilizaci&oacute;n de la magia en el arte de los t&iacute;teres: al igual que las capas infinitas de la cebolla, una circunstancia encierra otra, m&aacute;s delgada, m&aacute;s fina y de mayor delicadeza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si leer entonces es la propuesta impl&iacute;cita del volumen al que aqu&iacute; se hace referencia, &iquest;cu&aacute;l es la acci&oacute;n m&aacute;s amplia que se nos sugiere? Leer todo: los libros probados como cl&aacute;sicos dentro de toda nuestra tradici&oacute;n cultural, o los recientes porque son nuevos intentos de reconstrucci&oacute;n del mundo. Pero no solamente bibliograf&iacute;a electr&oacute;nica o p&aacute;ginas impresas de los libros "convencionales", pues quedar&iacute;a reducido el ampl&iacute;simo esquema de las posibilidades que provee el ejercicio lectural: leer entonces con igual enjundia los sonidos de la primavera o de la copiosa lluvia que hace estragos en una ciudad no preparada para ello, leer igual la gestualidad y corporalidad de los semejantes con que topamos todos los d&iacute;as (carteros, transe&uacute;ntes, circunstancias, vecinos), leer para comprender mejor los resultados de los comicios electorales y las discusiones de la vida pol&iacute;tica, leer e intentar contextualizar las alzas al precio del petr&oacute;leo, los &iacute;ndices demogr&aacute;ficos, la vida cultural y social intr&iacute;nsecas al propio ser humano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leer, entonces, &iquest;para qu&eacute;? Para comprender m&aacute;s y mejor nuestro contexto y a nuestros semejantes. Para intentar completar el infinito juego de la imaginaci&oacute;n, las inc&oacute;gnitas o retazos que a diario se presentan a saz&oacute;n de la informaci&oacute;n medi&aacute;tica. Para discernir entre la verdad y la mentira, entre la justa propuesta y la calumnia. Para hacer la vida m&aacute;s llevadera y encontrar mejor calidad en nuestro devenir com&uacute;n. Para poder escaparnos de vez en cuando por esta amable ventanita cuando el hast&iacute;o ahoga, y para afrontar y solucionar problemas inherentes a la existencia. Leer para disfrutar simplemente, o para transformar con miras a un bien colectivo y socialmente tan agradecible como urgente y necesario.</font></p>      ]]></body>
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