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<journal-title><![CDATA[Relaciones. Estudios de historia y sociedad]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[El Colegio de Michoacán]]></publisher-name>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este n&uacute;mero 125, <i>Relaciones</i> cumple ya 31 a&ntilde;os. Inici&oacute; en invierno de 1980 con un art&iacute;culo de Luis Gonz&aacute;lez y un documento de Heriberto Moreno, quienes fueron, durante muchos a&ntilde;os, dos de sus pilares principales. Continuaron la labor otros directores, aqu&iacute; queremos recordar, en particular, a Conrado Hern&aacute;ndez. Es una edad respetable para una revista y <i>Relaciones</i> es ya toda una dama, siempre cortejada. Por ello, no hay que extra&ntilde;ar que se renueve su formato, sin cambiar su personalidad, gracias al <i>savoir&#45;faire</i> de Natalia Rojas, y que un nuevo equipo la tome del brazo. Es la ocasi&oacute;n para felicitar y agradecer al Consejo de Redacci&oacute;n y al director precedentes por su buen desempe&ntilde;o y entrega.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n tem&aacute;tica dedicada a la "herencia agraria e identidades rurales", desde una perspectiva mexicana (donde todav&iacute;a existen los campesinos), con un enfoque esencialmente antropol&oacute;gico, hace referencia a realidades muy amplias. Se toma en cuenta que es un espacio que ha sufrido violentas transformaciones entre los siglos XIX y XXI. Adem&aacute;s la tierra ha sido el tema central de la humanidad, por lo menos hasta hace muy poco, y quien sabe... Me recuerda una declaraci&oacute;n, por el a&ntilde;o 1700, de los indios de la Sierra Zapoteca en lucha por su territorio: "como su sangre son sus tierras". En la visi&oacute;n de Emile Zola de los campesinos franceses del siglo XIX la realidad no ha cambiado; &eacute;sta se perpet&uacute;a con los actuales ind&iacute;genas de Mezcala, presentes en este n&uacute;mero. Hay algo de biol&oacute;gico en la relaci&oacute;n entre tierra y sociedad campesina, que no s&oacute;lo se expresa en t&eacute;rminos de supervivencia, sino tambi&eacute;n en t&eacute;rminos culturales. Por lo tanto, la memoria ser&aacute; esencial y, con ella, tambi&eacute;n la historia encuentra aqu&iacute; su lugar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Jos&eacute; Eduardo Z&aacute;rate abre la secci&oacute;n tem&aacute;tica con un recorrido por las comunidades pur&eacute;pechas desde finales del siglo XIX hasta principios del XXI. En su itinerario, da luz a un hecho hist&oacute;rico de muy larga duraci&oacute;n: la permanente adaptaci&oacute;n de los pueblos indios (para usar el t&eacute;rmino virreinal para estas comunidades campesinas), que siempre han sabido aprovechar los instrumentos del poder en su beneficio. Su capacidad de adaptaci&oacute;n los hizo "actores con diversas identidades no necesariamente enfrentadas", pues fueron tanto realistas en tiempos de la colonia como "liberales populares" en tiempos del porfiriato. Como tales, siempre defendieron su alma, es decir, sus tierras comunales mediante un juego de cesiones, reivindicaciones y recuperaciones. Y esto muchas veces a contracorriente, como el caso de San Juan Parangaricutiro, comunidad que logr&oacute; mantener sus tierras con el sost&eacute;n de sus autoridades tradicionales. En ocasiones, aceptaron la entrada de "la modernidad", es decir, la individualizaci&oacute;n de la tierra, hasta que con los nuevos tiempos y el arribo de otra modernidad, posrevolucionaria ahora, pudieron recuperar "su sangre", su territorio y recobrar su identidad ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que algunos autores hablen de "hibridaci&oacute;n" para definir este fen&oacute;meno, como es el caso de Z&aacute;rate, mientras que otros, tal vez de forma demasiado apresurada, de "sincretismo" (Annino). De nuevo, esto se inscribe en una historia de larga duraci&oacute;n donde el mestizaje biol&oacute;gico y cultural, las nuevas creencias, ll&aacute;mese catolicismo, liberalismo, comunalismo, se entretejen o se sobreponen a las circunstancias conformes con la temporalidad. Sin duda, las reformas dentro del universo mexicano y, m&aacute;s a&uacute;n, dentro de su ruralidad, son un continuo que persiste. Indirectamente, aqu&iacute; recobramos las lecciones de Fernand Braudel. La permanencia es posible gracias a la capacidad de negociaci&oacute;n de esos "ind&iacute;genas comuneros ciudadanos", como se define la comunidad de Tanaco en 1869. Y tambi&eacute;n, gracias a su pragmatismo que les permite definir sus objetivos prioritarios. Primero, su inserci&oacute;n como sujetos espec&iacute;ficos en el nuevo proyecto de naci&oacute;n, pues al ser "una corporaci&oacute;n o comunidad independiente de sus vecinos", pero con iguales creencias, tradiciones y costumbres, forman parte de una comunidad "suave y conciliadora" (de nuevo, Tanaco 1869). Aun cuando reivindican su propia modernidad, ya que hablan de contrato y de sociedad, se saben moldeados por m&aacute;s de trescientos a&ntilde;os de historia y conservan la nostalgia "de los h&aacute;bitos y costumbres de muchos a&ntilde;os", as&iacute; como la aprehensi&oacute;n que les embarga ante la "ruina de sus peque&ntilde;as propiedades".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde tiempos inmemoriales, por lo menos, desde la segunda mitad del siglo XVIII, los conflictos con los otros pueblos y particulares por la defensa de sus l&iacute;mites estuvieron presentes y esto constituye su segunda prioridad en la segunda mitad del siglo XIX. Pero es posible tambi&eacute;n, como en el caso de Pich&aacute;taro (1896), Nahuatzen (1895), que se trate de un artificio para atrasar lo m&aacute;s posible la temida repartici&oacute;n de tierras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El bosque es un recurso esencial y fr&aacute;gil en la Meseta; su defensa se convierte tambi&eacute;n en algo fundamental a principios del siglo XX cuando aparecen en el horizonte las compa&ntilde;&iacute;as madereras. Pero aqu&iacute; los intereses econ&oacute;micos son diversos, pues enfrentan a los "porcioneros", "ind&iacute;genas pobres" &#151;para quienes el bosque com&uacute;n es un recurso indispensable&#151;, con las autoridades locales que "est&aacute;n negociando con el monte". Tambi&eacute;n a su manera, estos conflictos son otro impedimento para el reparto de las tierras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo esto, y tras una apariencia de benevolencia m&aacute;s o menos afirmada, resulta claro "que el proceso de privatizaci&oacute;n de la tierra qued&oacute; inconcluso", seg&uacute;n el propio Z&aacute;rate. En esta lucha con rodeos, a lo largo del siglo XX, se afirm&oacute; un territorio, se tom&oacute; conciencia de un recurso apreciable, se fortaleci&oacute; una comunidad. Pero ya que el eje vertebrador era la tierra, la comunidad diluy&oacute; parte de su "etnicidad" y reforz&oacute; su vertiente "campesina".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el trabajo de Jorge Uzeta sobre Atarjea y Xich&uacute; nos situamos en el tiempo del reparto cardenista en el noreste del estado de Guanajuato. La mirada del antrop&oacute;logo nos lleva a los terrenos de la microhistoria con personajes, los cabecillas agraristas, que a la vez son ejemplares y de excepci&oacute;n. Su campo de acci&oacute;n es un complejo y delicado contexto de enfrentamiento que, desde su diminuto ambiente, hace las veces de espejo de una situaci&oacute;n regional e, incluso, nacional. Como se menciona en el t&iacute;tulo, en el coraz&oacute;n del debate est&aacute; la mediaci&oacute;n que supieron desarrollar tanto Guerrero Tarqu&iacute;n &#151;autor de unas memorias de sumo inter&eacute;s&#151;, como los miembros de la familia Gonz&aacute;lez, empezando por el patriarca Perfecto. Ellos funcionaron como enlace entre las comunidades locales y los diferentes estratos de un poder cada vez m&aacute;s centralizado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guerrero Tarqu&iacute;n, adem&aacute;s de ser "buena persona... y muy pol&iacute;tico", supo aprovechar a tiempo "el carro del Estado" con Obreg&oacute;n. Desde 1924, Atarjea se convirti&oacute; en ejido, pero tambi&eacute;n muy pronto Tarqu&iacute;n tuvo un acercamiento con los Gonz&aacute;lez, comerciantes de Xich&uacute;: juntos lucharon contra la Cristiada. Tarqu&iacute;n organiz&oacute; a los pueblos rurales serranos con la ayuda de Perfecto Gonz&aacute;lez. Su capacidad de convocatoria era excepcional en la sierra sobre todo cuando se trataba de reunirse con el gobernador, distribuyendo carpetas ejidales al campesinado despose&iacute;do. En los a&ntilde;os cuarenta, debilitado pol&iacute;tica y militarmente, Tarqu&iacute;n tuvo que enfrentarse con nuevos rivales pues el avilacamachismo no le era favorable. Le quedaban a&uacute;n dos palancas en las que se pudo apoyar hasta los a&ntilde;os setenta, como ejecutivo de la CNC y como patrono de los Gonz&aacute;lez, "comerciantes, pol&iacute;ticos y maestros" en Atarjea y Xich&uacute;, ya que &eacute;stos pon&iacute;an presidentes municipales a su antojo, percib&iacute;an 5 por ciento de la Delegaci&oacute;n de Promoci&oacute;n Ejidal y eran los dirigentes locales del PRI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Era este consorcio todopoderoso? S&oacute;lo en parte, pues frente a &eacute;l, desde los a&ntilde;os treinta, por lo menos, se perfila la silueta de otro cacique, Luis Ferro, procedente de San Jos&eacute; Iturbide y con miras a extender su base hacia el oriente con m&aacute;s perspectivas, cercanas a la obtenci&oacute;n de la gubernatura, capaz de organizar en San Miguel de Allende grandes comilonas para cuatro mil gentes. Ferro y Tarqu&iacute;n, el pol&iacute;tico y el agrarista, estaban condenados a reencontrarse por los a&ntilde;os sesenta cuando ya no hab&iacute;a tierras que repartir, y s&oacute;lo quedaba aprovecharse del poder en sus diferentes escalones: para uno, diputado federal; para otro, bur&oacute;crata de la CNC.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y ahora bajamos de la sierra. &iquest;Qu&eacute; nos dicen estos destinos? Sin duda fueron ejemplares, la herencia del M&eacute;xico "profundo", patriarcal. Pero m&aacute;s a&uacute;n, su acci&oacute;n renovada, politizada y burocratizada, desde la CNC o el PRI y sobre bases en parte violentas y arcaicas, fue determinante para la pacificaci&oacute;n posrevolucionaria, para el arribo de un orden que permiti&oacute;, durante d&eacute;cadas y con su intermediaci&oacute;n, la explotaci&oacute;n del campo mexicano a favor del mundo urbano, es decir, de la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El nombre de Mezcala significa para muchos, y en buena parte para su comunidad, una historia inscrita en los libros de texto. Mezcala es la isla que durante cuatro a&ntilde;os, entre 1812 y 1816, resisti&oacute; el cerco de las tropas contrainsurgentes al punto de lograr un armisticio honroso. No se trata solamente de historia de bronce. La isla se ha convertido en un verdadero santuario que irradia identidad y protege al territorio entero: "la isla, el coraz&oacute;n de la comunidad s&iacute;mbolo de nuestra historia de resistencia".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un plano m&aacute;s prosaico, "el poblado" es una superficie de 3,602 hect&aacute;reas que pertenece a los ind&iacute;genas desde 1974, propiedad inalienable que para los comuneros se remonta a un "tiempo inmemorial" como lo afirma el Titulo Primordial colonial. El lograr este estatus protector de "comunidad ind&iacute;gena" supuso una larga lucha interna contra los que dudaban de la eficiencia de esta norma, los caciques temerosos de no estar ya a sus anchas. En realidad, s&oacute;lo una peque&ntilde;a mitad de los derechohabientes apoyaron esta empresa hacia 1960. Pero a ra&iacute;z de esto, encontraremos un paralelo interesante con el caso, antes mencionado, de la meseta pur&eacute;pecha. A finales del siglo XX redescubrir ser ind&iacute;gena (aqu&iacute; de etnia coca) fue otra forma de afinar sus ra&iacute;ces campesinas y su identidad, m&aacute;s all&aacute; de todo etnocentrismo: historia y territorio ocupan un lugar privilegiado en esa definici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Mezcala no s&oacute;lo vive en el recuerdo. En el siglo XXI y con el proceso de globalizaci&oacute;n, ya sea que se llame Estados Unidos o Guadalajara, se han introducido innovaciones y con ellas la presi&oacute;n tur&iacute;stica e inmobiliaria, ya tan presente desde antes en la parte norte del lago. Una nueva confrontaci&oacute;n se ha puesto de manifiesto acompa&ntilde;ada de una renovaci&oacute;n generacional. La existencia de nuevos "comuneros" se ha manifestado, y fomentan asambleas y actividades con un abanico pol&iacute;tico abierto. Est&aacute;n unidos por su pertenencia a la comunidad y su defensa. Conscientes que las divisiones pasadas fueron un grave escollo, tratan de conciliar la modernidad, buscando incluso legitimidad internacional mediante tradici&oacute;n de los usos y costumbres. Otra vez est&aacute; presente el pragmatismo y la flexibilidad que notamos en los casos de la Meseta Pur&eacute;pecha. De su acci&oacute;n se desprende un profundo orgullo de su ser procedente de su presente y su pasado. "La comunidad de Mezcala en la ribera del lago de Chapala, es un basti&oacute;n de resistencia ind&iacute;gena que tuvo su momento cumbre en la lucha por la independencia". Notemos las referencias culturales, geogr&aacute;ficas, hist&oacute;ricas, donde pasado y presente se mezclan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos en presencia de un proceso de "recomunalizaci&oacute;n" como lo propone Santiago Bastos. &iquest;Bastar&aacute; la imaginaci&oacute;n de unos centenares de j&oacute;venes, entre la batalla de la isla, y los ideales zapatistas, cuando "el tren de la modernidad" avanza a gran velocidad? Es una apuesta que hacen todos los pueblos ind&iacute;genas y, m&aacute;s all&aacute;, todas las comunidades campesinas que todav&iacute;a perduran, e incluso todos nosotros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo menos, dos de los tres art&iacute;culos de la secci&oacute;n tem&aacute;tica se relacionan con la memoria y el tiempo m&aacute;s o menos remotos. El de Jorge Uzeta se refiere expl&iacute;citamente a una sociedad patriarcal dominada por el recuerdo del hacendado. Esta mirada atraviesa tambi&eacute;n el art&iacute;culo de Fernando Calonge sobre la memoria de los antiguos trabajadores de las haciendas de Xalapa. Aunque no forma parte del proyecto inicial de la secci&oacute;n, no hemos querido aislarlo totalmente. Invitamos por lo tanto al lector a saltarse por un momento el documento sobre el anarquismo, y pasar a la secci&oacute;n general para obtener una lectura de conjunto, quiz&aacute; incluso sea sugerente para un debate. El art&iacute;culo es la demostraci&oacute;n del juego entre el vac&iacute;o de la memoria ("la desatenci&oacute;n hac&iacute;a el pasado de las haciendas") y su contraparte: no puede haber identidad donde la memoria se ha aniquilado ("la memoria abre identidad").</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; con los cuarenta antiguos trabajadores entrevistados, activos entre 1930 y 1970? Los tiempos suelen ser enga&ntilde;osos, y la &eacute;poca posrevolucionaria, en cuanto al predominio del patr&oacute;n se asemeja mucho a la prerrevolucionaria. Una figura queda parcialmente mitificada en la memoria del campesino: "la hacienda representaba la identidad del patr&oacute;n", la tierra "le permit&iacute;a expresar su personalidad &#91;al hacendado&#93;", "los patronos eran los due&ntilde;os de todo", hasta del entorno social y moral. Hay algo de feudal surgido de la realidad y de la memoria, de la explotaci&oacute;n y de la denuncia, del patriarcado y de su condenaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; recordar? "Nada, nada. No nos ense&ntilde;aban nada, nada m&aacute;s a trabajar, a trabajar y a trabajar". Sobre tal muralla no se puede asir la memoria. Ning&uacute;n apoyo, sino, perversi&oacute;n de tal sociedad, adoptar la moral del hacendado: "yo, nada m&aacute;s mi vicio era trabajar". &Eacute;sta es otra forma de desposesi&oacute;n, hasta de su sentido comunitario, de su identidad: seg&uacute;n el autor, los juegos de la memoria hacen que la &uacute;nica identidad que surge de sus relatos es aquella del hacendado que impide por eso mismo todo verdadero reclamo, <i>in fine.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volvemos atr&aacute;s y si se prefiere avancemos con la historia, y en primer lugar con el "Tratado de extradici&oacute;n y protecci&oacute;n contra el anarquismo" aqu&iacute; presentado por Juan Carlos Y&aacute;&ntilde;ez Andrade. Los comentarios precisos y oportunos que acompa&ntilde;an el documento nos eximen de ampliar comentarios. S&oacute;lo extenderemos el contexto de Europa a Am&eacute;rica, de los a&ntilde;os 1880 a 1936, con figuras y circunstancias terribles, el m&iacute;tico Ravachol, los asesinatos del zar Alejandro II (1881), del presidente franc&eacute;s Sadi Carnot (1894); el carism&aacute;tico Durruti... sin olvidar la famosa <i>bande &aacute; Bonnot</i> (19071912), la sombr&iacute;a agencia norteamericana Pinkerton, especie de guardia blanca del capitalismo. Este tratado est&aacute; entre este oleaje. Dos circunstancias merecen ser recordadas aqu&iacute;: primera, hay como una mala conciencia de las partes contratantes, que s&oacute;lo aclara el prop&oacute;sito del tratado en el art&iacute;culo 2&deg;, que nombra, por fin, al anarquismo como la presa principal; se reincide en el art&iacute;culo 13&deg;, que decreta al anarquismo como caso aparte. La segunda llama la atenci&oacute;n, dada la fecha temprana: Costa Rica, Ecuador, Honduras y Nicaragua expresaron la reserva de no entregar "delincuentes que merezcan pena de muerte, seg&uacute;n la legislaci&oacute;n de los pa&iacute;ses requirientes". La lucha contra la pena capital es un largo camino, por lo visto a&uacute;n no totalmente recorrido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con "La imagen publica de la masoner&iacute;a de Nueva Espa&ntilde;a, 1761&#45;1821" ingresamos en el universo agitado de las "revoluciones atl&aacute;nticas", y en los misterios turbios de los llamados complots: el jesuita y el mas&oacute;n son aqu&iacute; dos figuras de alto relieve... Por lo tanto, el art&iacute;culo se construye alrededor de la representaci&oacute;n de la masoner&iacute;a esencialmente europea, pero transferida a Am&eacute;rica. Esta imagen ofrece algunas singularidades: nace en el siglo XVIII, con la opini&oacute;n p&uacute;blica. Es decir, que libelos y otros peri&oacute;dicos tienen gran importancia en su desarrollo. Es probable, por lo menos en los pa&iacute;ses de la monarqu&iacute;a hispana, que la representaci&oacute;n hostil que se hace de la francmasoner&iacute;a anteceda a su implantaci&oacute;n, y participe de su difusi&oacute;n, como el <i>Centinela contra los franc&#45;masones</i> de 1752 que circul&oacute; en Nueva Espa&ntilde;a mucho antes que apareciera alg&uacute;n mas&oacute;n en el horizonte. Podemos preguntarnos en que medida, en tiempos prerrevolucionarios, no resulta m&aacute;s atractiva una imagen negativa que positiva procedente del poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, el concepto de complot mas&oacute;n y la imagen de la "secta" tomaron nueva fuerza a partir de 1789, puso en pie una gran conspiraci&oacute;n internacional de los fil&oacute;sofos encabezados por Voltaire. En 1794, en M&eacute;xico, la Inquisici&oacute;n emprendi&oacute; una caza contra el franc&eacute;s francmas&oacute;n. Notemos que, por lo tanto, ese pensamiento aparece bajo una forma un tanto ex&oacute;tica, francesa y, entonces, no parece haber contaminado el tejido sano novohispano. &Eacute;ste se nutre mucho m&aacute;s de la vieja corriente tomista y pactista (basta referirse a fray Servando Teresa de Mier). Es por eso que los insurgentes tampoco tienen escr&uacute;pulos para denunciar las nuevas ideas mas&oacute;nicas procedentes de la corrupta Francia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de 1808, se ofrece la posibilidad de tejer un doble complot, bonapartista (franc&eacute;s) y mas&oacute;n, al punto de implicar a Hidalgo, seg&uacute;n Berist&aacute;in y otros como fray Jos&eacute; Ximeno. Para &eacute;ste, Hidalgo era un hereje contaminado por "sus hermanos los francmasones" (1811). De Agust&iacute;n Pomposo Fern&aacute;ndez basta citar el t&iacute;tulo de una de sus obras <i>Desenga&ntilde;os que a los insurgentes de Nueva Espa&ntilde;a, seducidos por los francmasones agentes de Napole&oacute;n dirige la verdad de la religi&oacute;n cat&oacute;lica y la experiencia</i> (1812). Desaparecido Napole&oacute;n, en un terreno poco favorable, se oculta el tema francmas&oacute;n, hasta que la independencia introduce cierta libertad favorable a la discusi&oacute;n, y la masoner&iacute;a se convierte en un tema central.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y lo sigui&oacute; siendo dentro de ciertos ambientes, de cada lado del Atl&aacute;ntico, a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX. Otra circunstancia que permanece: los francmasones y su pensamiento siguen siendo percibidos desde el basti&oacute;n de la reacci&oacute;n, a veces la m&aacute;s cerrada, como en el caso de don Ricardo Mu&ntilde;oz Carbonero, victima del franquismo, y cuyo expediente se encuentra en el tribunal para la represi&oacute;n de la masoner&iacute;a y del comunismo (TERMC) .</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo paso a paso el proceso contra este m&eacute;dico residente en Valencia, &Eacute;lio Cantal&iacute;cio Serpa trata de penetrar su universo mental frente a la delaci&oacute;n, el miedo, la presi&oacute;n del poder, as&iacute; como sus estrategias para lograr una selecci&oacute;n cuidadosa de su memoria durante los interrogatorios en la c&aacute;rcel Modelo de Valencia. En lo personal a estos sumarios puedo a&ntilde;adir mi propia experiencia de ni&ntilde;o valenciano nacido poco despu&eacute;s del fin de la guerra civil: viv&iacute;a a menos de dos kil&oacute;metros de la c&aacute;rcel, pas&eacute; frente a ella, en tranv&iacute;a, miles de veces antes de los cinco a&ntilde;os. En ese instante, la gente bajaba la voz, desviaba la mirada. El ni&ntilde;o s&oacute;lo se atrev&iacute;a a mirar el imponente cuadril&aacute;tero de estilo neog&oacute;tico militar, los guardias civiles a la entrada, las filas de mujeres esperando. Durante d&eacute;cadas "la Modelo" fue una referencia, despu&eacute;s un mito, lo mismo que San Juan de Ul&uacute;a para todo rebelde novohispano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como final de toda guerra civil, la delaci&oacute;n fue el principal proveedor de las c&aacute;rceles y, en este caso, fue otro m&eacute;dico el que denunci&oacute; a don Ricardo por su actuaci&oacute;n como presidente de la Cruz Roja, y por lo tanto responsable de la sanidad en las c&aacute;rceles republicanas de Valencia. Conforme avanzan los testimonios, aparecen tambi&eacute;n su profunda raigambre liberal y su pertenencia mas&oacute;nica, lo que complica su situaci&oacute;n, "como militante de izquierda... mas&oacute;n, rojo de mucho cuidado". No s&oacute;lo se trataba de infundirle miedo, sino tambi&eacute;n, como en tiempos de la Santa Inquisici&oacute;n, de conseguir nombres de otros correligionarios o, por lo menos, implicados. Durante casi cinco a&ntilde;os, hasta su muerte en 1944, se le sigui&oacute; procesando. En sus conclusiones, el autor menciona el hilo de Ariadna, en realidad es m&aacute;s oportuno resaltar la doble tela de Ariadna: la que tej&iacute;a el acusado a trav&eacute;s de su pasado, la que extend&iacute;a, sobre don Ricardo, el poder y sus instrumentos, en ese calabozo que era la c&aacute;rcel Modelo de Valencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos a punto de cerrar la revista, tratamos de abstraernos de esta visi&oacute;n dram&aacute;tica de la represi&oacute;n franquista. Finalmente, el conjunto es m&aacute;s esperanzador de lo que podr&iacute;a parecer: el tratado de 1902 no acab&oacute; con el anarquismo, muy al contrario. La masoner&iacute;a sigui&oacute; con sus misterios, alimentando fantas&iacute;as novelescas como <i>Las cuevas del Vaticano</i> de Andr&eacute; Gide; cuando se deslig&oacute; de &eacute;stos se transform&oacute; en un honorable club.... &iquest;Y los dem&aacute;s universos aqu&iacute; retratados? Cada uno busca su equilibrio, algunos lo encuentran en una mitificaci&oacute;n parcial del pasado (los peones de hacienda de Xalapa), otros en la oportunidad y la flexibilidad (los pur&eacute;pechas de principios del siglo XX), otros en la resistencia, nutrida de memorioso orgullo (Mezcala).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es tambi&eacute;n el momento de decir adi&oacute;s y rendir homenaje a un miembro del Consejo Asesor de la revista <i>Relaciones</i> que ha dejado de acompa&ntilde;arnos desde el 21 de octubre del a&ntilde;o pasado (2010). Antonio Alatorre (Autl&aacute;n 1922&#45;M&eacute;xico 2010) particip&oacute; con entusiasmo en la revista en los a&ntilde;os recientes. Fil&oacute;logo y traductor, Alatorre fue un acad&eacute;mico reconocido en el estudio de la literatura espa&ntilde;ola desde M&eacute;xico con proyecci&oacute;n internacional. Su obra <i>Los 1001 a&ntilde;os de la lengua espa&ntilde;ola</i> concentra d&eacute;cadas de experiencia y amor por la lengua y sus diversas expresiones. Compa&ntilde;ero de generaci&oacute;n y paisano de Rulfo y Arreola, Alatorre fue un incansable director y editor de revistas, pero tambi&eacute;n acad&eacute;mico y director de instituciones de alto renombre, como el Centro de Estudios Ling&uuml;&iacute;sticos de El Colegio de M&eacute;xico. Su trayectoria lo llev&oacute; a formar parte de El Colegio Nacional y fue admitido como miembro honorario en la Academia Mexicana de la Lengua. Antonio Alatorre Ch&aacute;vez. Descanse en paz.</font></p>      ]]></body>
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