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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Otra Revolución. Fotografías de la ciudad de México, 1910-1918. Catálogo Ricardo Espinosa]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Laura Gonz&aacute;lez Flores, <i>Otra Revoluci&oacute;n. Fotograf&iacute;as de la ciudad de M&eacute;xico, 1910&#45;1918. Cat&aacute;logo Ricardo Espinosa,</i> con la colaboraci&oacute;n de Miguel &Aacute;ngel Berumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Andr&eacute;s R&iacute;os Molina*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, 2010.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El oficio del historiador suele estar sujeto al azar. A veces pasamos largas temporadas aislados del mundo revisando con detenimiento alg&uacute;n fondo documental sin encontrar lo que buscamos. Pero tambi&eacute;n sucede que, de repente, encontramos alguna maravilla, una extra&ntilde;a joya que transforma por completo la trayectoria de la investigaci&oacute;n. &Eacute;ste es el caso del libro <i>Otra Revoluci&oacute;n: fotograf&iacute;as de la ciudad de M&eacute;xico, 1910&#45;1918. Colecci&oacute;n Ricardo Espinosa,</i> de Laura Gonz&aacute;lez Flores con la colaboraci&oacute;n de Miguel &Aacute;ngel Berumen. A manos de la autora lleg&oacute; una colecci&oacute;n de 1 672 fotograf&iacute;as tomadas en la capital mexicana durante los a&ntilde;os de la Revoluci&oacute;n e inventariadas en un peque&ntilde;o cuaderno. &iquest;Qui&eacute;n fue el fot&oacute;grafo? Ricardo Espinosa, actual propietario de dicho acervo, hered&oacute; "las fotos del t&iacute;o &Aacute;ngel", un impresionante material gr&aacute;fico capturado por la lente de un hombre de quien conocemos el nombre pero no el apellido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de buena parte de los acervos fotogr&aacute;ficos sobre la Revoluci&oacute;n (<i>v.g.,</i> hermanos Casasola, Manuel Ramos o Hugo Brehme), estas fotos no fueron tomadas para ser publicadas en peri&oacute;dicos ni como parte de un registro institucional. &Eacute;ste es el trabajo de un aficionado y por eso su destino: antes de llegar a manos de la autora, las fotos hab&iacute;an pasado d&eacute;cadas en una caja, rezagada en el rinc&oacute;n de una casa. Laura Gonz&aacute;lez Flores nos explica con lujo de detalles t&eacute;cnicos, que estas im&aacute;genes hab&iacute;an sido tomadas con una c&aacute;mara port&aacute;til, f&aacute;cil de manejar a la que los fot&oacute;grafos profesionales de la &eacute;poca consideraron "indigna y anodina" porque marcaba el inicio de la popularizaci&oacute;n de la c&aacute;mara y la aparici&oacute;n de los fot&oacute;grafos que lo hac&iacute;an por placer. Por ello, en estas fotos tenemos la mirada del "hombre de la multitud" (p. 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; fotografi&oacute; el t&iacute;o &Aacute;ngel? Esta colecci&oacute;n llama la atenci&oacute;n por la heterogeneidad de su contenido. En tan rico acervo encontramos fotos de vecindades, una impresionante toma de la construcci&oacute;n del Palacio Legislativo que sirve de portada al libro, los divertimentos de la elite porfiriana, como las carreras de autos y de caballos, corridas de toros y los espectaculares viajes en globo; im&aacute;genes cotidianas de la familia Lavista en su casa de Tlalpan, en paseos dominicales en Chapultepec y en el Canal de la Viga; las calles de Tlatelolco, vecindades, iglesias, la C&aacute;mara de Diputados, el Teatro Nacional en construcci&oacute;n y numerosos puestos de ventas callejeras; la Casa Braniff, la Casa Mosler y el Palacio del Hierro despu&eacute;s de un incendio; desfiles militares, los carros aleg&oacute;ricos en las fastuosas fiestas del Centenario de la Independencia, Francisco Madero llegando a la capital, los Rurales, la Prisi&oacute;n de Santiago y escombros en las calles del centro despu&eacute;s de la Decena Tr&aacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fotos plasman de manera notable la transici&oacute;n vivida en la ciudad de M&eacute;xico del Porfiriato a la Revoluci&oacute;n. Las im&aacute;genes llenas de glamour son reemplazadas por las que captaron el ingreso a la capital de los diferentes ej&eacute;rcitos: los federales, los zapatistas y los villistas. Uno de los tesoros del acervo del t&iacute;o &Aacute;ngel, y que es analizado por Miguel &Aacute;ngel Berumen, es la serie de fotograf&iacute;as del ingreso de Francisco Villa y Emiliano Zapata a la capital. Esta escena m&iacute;tica de ambos personajes recorriendo con sus tropas el Paseo de la Reforma ha sido inmortalizada por las ya muy conocidas fotograf&iacute;as de Casasola. El registro visual del ingreso triunfante de ej&eacute;rcitos populares liderados por los dos grandes iconos de la Revoluci&oacute;n fue captado por el t&iacute;o &Aacute;ngel desde una perspectiva del paseante que se filtr&oacute; entre la multitud cual observador an&oacute;nimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa "otra revoluci&oacute;n" a la cual alude el t&iacute;tulo del libro no es m&aacute;s que la misma revoluci&oacute;n, pero vista desde una &oacute;ptica totalmente nueva. Cuando el t&iacute;o &Aacute;ngel captur&oacute; con su c&aacute;mara "indigna y anodina" a las diferentes tropas en su paso por la ciudad, no registr&oacute; hechos desconocidos para nosotros. La novedad no radica en el hecho pol&iacute;tico, sino en la representaci&oacute;n del mismo, y considero que &eacute;ste es uno de los corolarios te&oacute;ricos m&aacute;s importantes del texto. La autora nos dice que el an&aacute;lisis de las im&aacute;genes no se puede limitar a la descripci&oacute;n de los elementos que all&iacute; aparecen, sino que debe concentrarse en "el papel que estos elementos desempe&ntilde;an en la representaci&oacute;n" (p. 12). En ese sentido, Laura Gonz&aacute;lez traza una l&iacute;nea divisoria entre los historiadores que suelen utilizar las fotos para ilustrar libros y los analistas de la imagen, quienes parten de "lo contenido en las fotograf&iacute;as para interpretarlas como construcciones narrativas de la realidad" (p. 12). Las fotos del t&iacute;o &Aacute;ngel presentan una mirada diferente, porque en ellas podemos distinguir, gracias al an&aacute;lisis de los autores, "un modo singular de ver y representar una tem&aacute;tica urbana y revolucionaria que se ha reiterado hasta la saciedad, hasta convertirse en ret&oacute;rica y arquetipo" (p. 13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diversidad de fotos que ofrece esta colecci&oacute;n nos permite el abordaje de una pluralidad de tem&aacute;ticas. Esto lo quiero ilustrar a partir de una fotograf&iacute;a de 1910 titulada "Tlalpan, locos de la Quinta de Salud" (cat. 21008). &iquest;Qu&eacute; tiene de particular esta foto? Esta quinta de salud fue fundada en 1898 por el doctor Rafael Lavista, un reconocido cirujano que fuera cuatro veces presidente de la Academia Mexicana de Medicina. Despu&eacute;s de su muerte, la quinta qued&oacute; bajp la supervisi&oacute;n del presidente del Consejo Superior de Salubridad: el doctor Eduardo Liceaga. En la publicidad del sanatorio del doctor Lavista se anunciaba que el establecimiento estaba destinado a atender "morfin&oacute;manos, alcoh&oacute;licos y toda clase de habituados" (p. 28). Es decir, se trataba de un sitio especializado en el tratamiento a personas de la clase media y alta, consumidores patol&oacute;gicos de alcohol y de "drogas heroicas", seg&uacute;n el decir de la &eacute;poca. Esta quinta, localizada en el centro de Tlalpan, fue el primer establecimiento psiqui&aacute;trico particular en ciudad de M&eacute;xico. Si bien los locos pobres llegaban al Manicomio La Casta&ntilde;eda,<a href="#notas"><sup>1</sup></a> los locos de las clases media y alta eran atendidos en quintas de salud propicias para la tranquilidad de las almas en desasosiego. Adem&aacute;s, el hecho de que la se&ntilde;ora Lavista tuviera su oratorio particular en la iglesia de San Hip&oacute;lito, contigua al hospital para hombres dementes, nos lleva a suponer un inter&eacute;s familiar en la atenci&oacute;n a los enfermos mentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de la mencionada foto, tenemos un conjunto de fotograf&iacute;as del jard&iacute;n que serv&iacute;a tanto para el recreo de los enfermos mentales como para la celebraci&oacute;n de las fiestas familiares de los Lavista. En consecuencia, los locos formaron parte del entorno dom&eacute;stico de una de las m&aacute;s distinguidas familias del Porfiriato, lo cual captur&oacute; con su lente el t&iacute;o &Aacute;ngel. As&iacute;, estas fotos nos recuerdan un vac&iacute;o en la historiograf&iacute;a de la psiquiatr&iacute;a mexicana: las instituciones privadas. Al respecto, el historiador brit&aacute;nico Roy Porter cuestion&oacute; a Michel Foucault no haber tomado en cuenta los manicomios particulares, ya que al haberse concentrado en las instituciones p&uacute;blicas el encierro de la locura fue visto como el resultado de las medidas implementadas por el Estado para el control de las conductas disidentes que amenazaban la estabilidad social. Sin embargo, una mirada a las instituciones psiqui&aacute;tricas privadas, nos permite ver la manera en que las familias, comerciantes, empresarios y en general la clase media, dise&ntilde;aron mecanismos de control social a partir de referentes culturales, que no necesariamente eran los mismos usados por el Estado.<a href="#notas"><sup>2</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es evidente que el misterioso fot&oacute;grafo era un amigo cercano de la familia Lavista. La mayor&iacute;a de las fotos nos sugieren que el hombre detr&aacute;s de la c&aacute;mara no fue alguien contratado para eventos importantes. Por el contrario, &Aacute;ngel les tomaba fotos cuando estaban desprevenidos y en divertidas posturas en la sala, en el jard&iacute;n, en un paseo dominical en Chapultepec o el Canal de la Viga. No comparto del todo la comparaci&oacute;n que traza la autora entre nuestro fot&oacute;grafo y Juli&aacute;n Sorel, un hombre educado con anhelos de ascenso social protagonista de la cl&aacute;sica novela <i>Rojo y negro</i> (1830) de Stendhal. Gonz&aacute;lez afirma que ser fot&oacute;grafo le permiti&oacute; al t&iacute;o &Aacute;ngel moverse entre las altas esferas de la burgues&iacute;a porfiriana y as&iacute; satisfacer su deseo o necesidad de ascenso social. Considero que este argumento no es del todo convincente porque su cercan&iacute;a con los Lavista no significa que la hubiese tenido con la elite porfiriana en general.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto que quiero se&ntilde;alar tiene que ver con una reflexi&oacute;n planteada por la autora en relaci&oacute;n con la t&eacute;cnica fotogr&aacute;fica. La estereoscopia hace que la observaci&oacute;n de las fotograf&iacute;as, debido a la sensaci&oacute;n de hiperrealismo y movimiento, sea un espect&aacute;culo, a diferencia de la observaci&oacute;n pasiva frente a la fotograf&iacute;a convencional. Por ello, Laura Gonz&aacute;lez propone distinguir al observador activo del espectador pasivo. Con base en lo propuesto por Jonathan Crary, la autora nos dice que &eacute;sta es "un tipo de visi&oacute;n basada en el principio de placer m&aacute;s que en el principio de raz&oacute;n". Sin embargo, si la diferencia entre la observaci&oacute;n activa y la pasiva est&aacute; dada por la t&eacute;cnica &#8212;fotograf&iacute;a convencional versus estereosc&oacute;pica&#8212;, los lectores de este libro ser&iacute;amos observadores alejados del placer sensorial que ofrece la estereoscopia. No obstante, pese a que los lectores de <i>Otra Revoluci&oacute;n</i> no tenemos acceso a tal formato, la observaci&oacute;n detallada de las fotograf&iacute;as que tom&oacute; el t&iacute;o &Aacute;ngel es un verdadero espect&aacute;culo que nos permite acercarnos a ese M&eacute;xico que transitaba del Porfiriato a la Revoluci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, un aspecto de <i>Otra Revoluci&oacute;n</i> que llam&oacute; poderosamente mi atenci&oacute;n es la calidad narrativa del texto. A diferencia de numerosos trabajos de an&aacute;lisis de fotograf&iacute;a que recurren a un meta&#45;lenguaje y conceptos comprensibles s&oacute;lo para unos cuantos iniciados, en este libro encontramos argumentos complejos en un lenguaje que, sin dejar de ser acad&eacute;mico, posee la claridad y la contundencia suficiente para atrapar al lector de principio a fin. Pero hay un elemento usado por Laura como estrategia narrativa: la identidad del fot&oacute;grafo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un principio podr&iacute;a ser un inconveniente para la investigaci&oacute;n, ya que la identidad del autor nos permite abordar la intencionalidad de la foto y hasta marcar v&iacute;nculos entre las fotos y la psicolog&iacute;a del autor. Pero en este caso, lejos de ser un problema, fue la materia prima para moldear una n&iacute;tida trama textual. Con la identidad del t&iacute;o &Aacute;ngel como enigma, el libro cierra con una posdata realmente genial. Un sutil giro de tuerca cual novela policiaca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Antes de septiembre de 1910, fecha en que se inaugur&oacute; el Manicomio General La casta&ntilde;eda, los hospitales para enfermos mentales en la capital mexicana eran el Divino Salvador (para mujeres) y el San Hip&oacute;lito (para varones).</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Roy Porter, <i>Breve historia de la locura,</i> Madrid, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2002, p. 96&#45;102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3489437&pid=S0185-2620201100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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