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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Antonio Serrano Ortega (coordinador), <i>La guerra de independencia en el obispado de Michoac&aacute;n</i></b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ana Carolina Ibarra</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Gobierno del Estado de Michoac&aacute;n/El Colegio de Michoac&aacute;n, 2010, 283 p.</b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su t&iacute;tulo, <i>La guerra de independencia en el obispado de Michoac&aacute;n</i> anuncia una obra que propone organizar de manera distinta el espacio estudiado. Y no podr&iacute;a ser de otra manera pues la din&aacute;mica de la guerra de Independencia y la territorialidad de la &eacute;poca virreinal obligan a fijarse otros marcos referenciales que no sean los de los estados actuales de la rep&uacute;blica mexicana. En aquella &eacute;poca exist&iacute;an en la Nueva Espa&ntilde;a una serie de jurisdicciones superpuestas entre s&iacute;, jurisdicciones civiles y eclesi&aacute;sticas, y estas &uacute;ltimas muchas veces, como lo sostiene este libro, dotaron de cohesi&oacute;n e identidad a los amplios territorios que las conformaron. Es adem&aacute;s una &eacute;poca en la que la territorialidad se modifica, no siempre con coherencia sino con traslapes y contradicciones, debido a la creaci&oacute;n de las intendencias y las Provincias Internas, la aparici&oacute;n de los nuevos obispados y el reajuste entre viejas y nuevas jerarqu&iacute;as territoriales.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El obispado de Michoac&aacute;n abarc&oacute; lo que fueron las reci&eacute;n creadas intendencias de Valladolid, Guanajuato y San Luis Potos&iacute;. El hecho de que no hubiera una autoridad civil que pudiera rivalizar con el prelado por la extensi&oacute;n de los territorios que gobernaba, el prestigio del que estaba revestido y los lazos creados desde su catedral, fortalecieron la autoridad diocesana por encima de otras autoridades. &Eacute;sta y otras razones, hacen que resulte muy acertado que la obra se refiera a un an&aacute;lisis territorialmente definido sobre la base de la di&oacute;cesis, de manera que en este sentido, el estudio queda te&oacute;ricamente muy bien encuadrado.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No podemos evitar que <i>La guerra de independencia en el obispado de Michoac&aacute;n</i> nos recuerde los esfuerzos de la historia regional que por tantos a&ntilde;os se ha interesado en las expresiones de un espacio diferenciado cuyas especificidades estudia en una coyuntura precisa. En este caso, la di&oacute;cesis constituye el elemento fundamental que da sentido al abordaje de un espacio m&aacute;s vasto, no s&oacute;lo por su papel en los esfuerzos de evangelizaci&oacute;n e implantaci&oacute;n de la iglesia en aquellos lugares y por las tareas que asumi&oacute; para darle coherencia (como las visitas pastorales, por ejemplo), sino por el impulso socio cultural que represent&oacute; al crear, entre otras cosas, una extensa red de colegios y seminarios, al articular fuertes intereses econ&oacute;micos, y al colocar las bases de la organizaci&oacute;n del territorio. De todo ello surgieron afinidades, relaciones e intereses que contribuir&iacute;an m&aacute;s tarde a definir el rumbo de los procesos que finalmente condujeron a la independencia.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; formado por siete art&iacute;culos que se ocupan de estudiar el obispado desde distintos &aacute;ngulos. El primero, de Alberto Carrillo C&aacute;zares, ofrece los elementos que permiten constatar por qu&eacute; la di&oacute;cesis constituye el eje a partir del cual se analiza este vasto espacio. Se trata de la fuerza de una tradici&oacute;n episcopal que fija sus or&iacute;genes en Vasco de Quiroga, y recorre los esfuerzos de diversos prelados para preservar la integridad de la mitra y resolver las disyuntivas del gobierno. En Michoac&aacute;n hubo varios obispos emblem&aacute;ticos en el periodo de consolidaci&oacute;n diocesana, como S&aacute;nchez de Tagle o San Miguel, cuyo carisma y aportes a la teolog&iacute;a caritativa tanto influyeron en el clero en los a&ntilde;os de la crisis de finales del siglo XVIII; no menos significativa para el tema, es la figura de Manuel Abad y Queipo. Despu&eacute;s de un repaso de los prelados que ocuparon la silla episcopal, no queda la menor duda de que all&iacute; estuvieron personalidades de la mayor prestancia.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los diversos caminos que atraves&oacute; la identidad espiritual de un espacio geogr&aacute;fico que a veces rebas&oacute; los marcos del obispado, se estudian en el trabajo de Carlos Herrej&oacute;n Peredo, "Colegios e intelectuales en el obispado de Michoac&aacute;n, 1770&#45;1821". Trabajo que alude a la estructura parroquial, la divisi&oacute;n eclesi&aacute;stica y se ocupa, extensamente, de la expansi&oacute;n de una red de establecimientos educativos, antiguos y recientes, cuyas ense&ntilde;anzas, campos de estudio, y relaciones personales construyeron un entramado que logr&oacute; dotar de un sustrato com&uacute;n a un amplio grupo de intelectuales que tuvieron grandes afinidades entre s&iacute;. Como en otros trabajos suyos, Herrej&oacute;n nos hace conscientes de la importancia de los libros, las ideas y las relaciones que brotaron de estos establecimientos. Una cuesti&oacute;n distinta, pero complementaria, es tratada en el art&iacute;culo de Jorge Silva Riquer sobre la econom&iacute;a en Michoac&aacute;n durante el siglo XVIII. Sin pretender que se trate de una fuerza sobredeterminante, &eacute;sta a su vez se conjuga y explica la situaci&oacute;n de una di&oacute;cesis que constituy&oacute; uno de los polos m&aacute;s din&aacute;micos de la econom&iacute;a novohispana, y en la que existieron mercados regionales fuertemente articulados en ese periodo.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre este escenario, los cuatro art&iacute;culos restantes se concentran en la insurrecci&oacute;n y la guerra. En "El obispado en llamas" Juan Ortiz abarca el vasto espacio de la mitra entre 1810 y 1821, Graciela Bernal se ocupa de insurgentes y realistas en San Luis Potos&iacute; en el mismo periodo, en tanto Jos&eacute; Antonio Serrano y Mois&eacute;s Guzm&aacute;n se concentran en las intendencias de Guanajuato y Michoac&aacute;n, respectivamente.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Juan Ortiz, el obispado es el gran teatro de la guerra, epicentro de la lucha armada, y posee una din&aacute;mica y una periodizaci&oacute;n propias. Una primera etapa, de septiembre de 1810 a mayo 1811, con la creaci&oacute;n de gobiernos insurgentes en las principales ciudades, villas y pueblos, extendi&eacute;ndose hasta las Provincias Internas; de junio 1811 a diciembre de 1815, la segunda, la m&aacute;s sanguinaria y devastadora; los a&ntilde;os 1816&#45;1820, cuando las desavenencias entre los insurgentes, las traiciones, las derrotas y los temores minaron sus fuerzas, dan lugar a una tercera etapa, mientras que la cuarta la fija en el momento en que las milicias se convierten en un arma de dos filos pues se tornan en elemento sustancial del movimiento trigarante en 1821.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la contribuci&oacute;n de Ortiz nos ofrece la mirada de conjunto, los aportes de Bernal, Serrano y Guzm&aacute;n P&eacute;rez recorren las peculiaridades que el proceso tuvo en las tres intendencias. San Luis Potos&iacute; hab&iacute;a quedado relegado en los estudios sobre la Independencia, pero gracias a investigaciones recientes, como la de Bernal, podemos conocer, por ejemplo, acerca de la fuerza insurgente en sus primeros meses, la prolongaci&oacute;n de las luchas sociales en el oriente y el papel de San Luis como cantera de liderazgos, al proveer a la regi&oacute;n y a la Nueva Espa&ntilde;a de jefes militares y pol&iacute;ticos que &#151;como F&eacute;lix Mar&iacute;a Calleja&#151; fueron decisivos. Jos&eacute; Antonio Serrano, por su parte, nos ofrece los elementos para comprender los motivos de las poblaciones para unirse al movimiento de Hidalgo, las presiones fiscales que exacerbaron el malestar y motivaron reivindicaciones tales como la abolici&oacute;n del tributo. El estudio profundiza en las tensiones entre las jerarqu&iacute;as territoriales, y su reacomodo bajo las novedades tra&iacute;das por los procesos desatados a partir de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz, situaci&oacute;n que se expresa con particular intensidad en la intendencia de Guanajuato, que era, despu&eacute;s de todo, uno de los sistemas urbanos m&aacute;s integrados de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola de finales del siglo XVIII. Varios de los asuntos tratados por Serrano se miran desde el &aacute;ngulo michoacano en el estudio de Mois&eacute;s Guzm&aacute;n P&eacute;rez. Su trabajo pone especial &eacute;nfasis en los procesos pol&iacute;ticos desatados por la crisis de 1808 y la insurgencia de 1810, procesos en los que la antigua Valladolid fue un escenario privilegiado. Pero no s&oacute;lo eso, pues el estudio revisa con detenimiento las vicisitudes de la guerra en la intendencia, la ruralizaci&oacute;n del poder, el ascenso de caudillos insurgentes, la creaci&oacute;n y relevancia de las diversas juntas y ensayos de gobierno.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro hace varios aportes cr&iacute;ticos que me parece que vale la pena destacar. En primer t&eacute;rmino, la ya mencionada elecci&oacute;n del obispado como v&iacute;a para encuadrar el territorio estudiado, rompiendo con el anacronismo de partir de divisiones pol&iacute;ticas que en aquel momento no exist&iacute;an. En segundo, el poner de relieve el papel de la Iglesia en la creaci&oacute;n de estructuras administrativas y jurisdiccionales. Su papel fue esencial puesto que cre&oacute; e impuls&oacute;, como puede apreciarse en la obra, redes intelectuales que fueron definitivas a la hora de la insurrecci&oacute;n y la guerra, y aliment&oacute; lenguajes pol&iacute;ticos y religiosos que pusieron en juego elementos de la teolog&iacute;a cat&oacute;lica que fueron muy &uacute;tiles a la hora de la insurgencia.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, el libro hace un aporte importante al estudio y tratamiento de la guerra pues constituye una revisi&oacute;n de las versiones maniqueas de la historia patria y muestra, en cambio, una visi&oacute;n compleja y bien informada del movimiento armado en la que es posible recuperar los aciertos y los errores de ambos bandos, comparar sus estrategias militares en distintos momentos, entre otras cosas. Adem&aacute;s, no dramatiza la guerra, como lo han hecho algunas versiones recientes, sino que, aceptando que el obispado de Michoac&aacute;n fue el que mayormente sufri&oacute; la destrucci&oacute;n, deja en claro que la guerra no fue s&oacute;lo eso sino que hered&oacute; a los sobrevivientes y las generaciones que siguieron la posibilidad de disfrutar de nuevas formas de gobierno, representaci&oacute;n pol&iacute;tica, igualdad social ante la ley, libertades econ&oacute;micas y una opini&oacute;n p&uacute;blica en ciernes. De ponderar estos aspectos se hacen cargo los diversos ensayos, procurando recoger las m&uacute;ltiples transformaciones de una &eacute;poca que va quedando marcada por la guerra, pero tambi&eacute;n por el surgimiento de instituciones que son su creaci&oacute;n, y se combinan con los aportes del cambio en las estructuras de poder y las novedades de la revoluci&oacute;n liberal en C&aacute;diz. En este sentido, podemos decir que <i>La guerra de independencia en el obispado de Michoac&aacute;n</i> expresa claramente las inquietudes y los logros de la renovaci&oacute;n historiogr&aacute;fica de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nunca hay tiempo suficiente para intercambiar puntos de vista y opiniones entre colegas, sin embargo, en este libro cuyas colaboraciones revelan un trabajo armonioso al interior de las instituciones acad&eacute;micas, a mi me habr&iacute;a gustado una mayor presencia de aspectos relacionados con la di&oacute;cesis en algunos art&iacute;culos, puesto que fue elegida como eje articulador de la obra. Alguna consideraci&oacute;n respecto a las peculiaridades de la colecta del diezmo, por ejemplo, que en Michoac&aacute;n result&oacute; tan exitosa en el periodo estudiado, o la menci&oacute;n expl&iacute;cita del papel del obispo durante la guerra, como para no perder de vista que partimos de esa propuesta.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior no demerita el esfuerzo de entregar una obra colectiva bien planteada y bien estructurada, muy completa y muy rica en m&uacute;ltiples aspectos. Un comentario especial merece su vistosa presentaci&oacute;n que hace honor a las fiestas celebratorias del bicentenario. Es una buena idea que este tipo de libros se presenten magn&iacute;ficamente ilustrados, con im&aacute;genes y mapas de la &eacute;poca que a todos nos gusta ver y que han sido muy bien seleccionadas al coordinar y editar la obra. De hecho, este trabajo merece un comentario aparte, que ahora no estoy en condiciones de hacer. Deja un buen sabor de boca la generosidad de los autores que nos ofrecen, aparte de sus textos, relaciones, n&oacute;minas, cuadros estad&iacute;sticos y gr&aacute;ficas complementarias que permiten aclarar y precisar muchas cosas. Los conocimientos bien fundados surgen de la larga trayectoria de investigaci&oacute;n de sus autores, y de la madurez de las instituciones acad&eacute;micas y de cultura michoacanas. La labor de colectiva nos ofrece un magn&iacute;fico conjunto de textos e im&aacute;genes que enriquecen la visi&oacute;n de esta etapa crucial de nuestra historia.</font></p>
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