<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1276</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[An. Inst. Investig. Estét]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1276</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-12762013000200009</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Crónica de la eternidad: ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pascual Soto]]></surname>
<given-names><![CDATA[Arturo]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2013</year>
</pub-date>
<volume>35</volume>
<numero>103</numero>
<fpage>253</fpage>
<lpage>256</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-12762013000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-12762013000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-12762013000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Los estigmas de Bernal D&iacute;az del Castillo*    <br> </i>Christian Duverger</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i>    <br>   Cr&oacute;nica de la eternidad. &iquest;Qui&eacute;n escribi&oacute; la</i> Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a? M&eacute;xico: Taurus, 2012</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Arturo Pascual Soto</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Texto recibido el 21 de junio de 2013.    <br> 	Aceptado el 21 de agosto de 2013.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo, Bernal D&iacute;az del Castillo, regidor de esta ciudad de Santiago de Guatemala, autor de esta muy verdadera y clara historia, la acab&eacute; de sacar a la luz, que es desde el descubrimiento, y todas las conquistas de la Nueva Espa&ntilde;a &#91;...&#93; digo y afirmo que lo que en este libro se contiene es muy verdadero, que como testigo de vista me hall&eacute; en todas las batallas y reencuentros de guerra; y no son cuentos viejos, ni Historias de Romanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Pr&oacute;logo," <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a</i> (Madrid: Alianza, 1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;a sentirme enga&ntilde;ado al haber cre&iacute;do en la autenticidad de la r&uacute;brica de un soldado, en la memoria prodigiosa de un anciano redactando en su escriban&iacute;a los folios que se convertir&iacute;an a la postre en la <i>Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a.</i> Ese viejo que Torquemada conoci&oacute; en la ciudad de Guatemala y le pareci&oacute; "hombre de todo cr&eacute;dito", &iquest;habr&aacute; conseguido burlarnos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es nuevo que se acumulen sospechas en torno a Bernal; en realidad, hay razones de sobra para suponer que D&iacute;az del Castillo no fue el autor de tan c&eacute;lebre cr&oacute;nica, de esta extraordinaria pieza literaria acerca de la gesta de un pu&ntilde;ado de soldados llevados a la aventura en tierras mexicanas. Aun pudiendo no ser su creador, tampoco hay motivo para suponer que no estuvo en M&eacute;xico ni pudo ser testigo del encuentro de Cort&eacute;s con el gran <i>Montezuma.</i> Quiz&aacute; no siempre colocado junto al capit&aacute;n, como se desprende de la lectura de la <i>Historia verdadera,</i> escuchando la voz de do&ntilde;a Marina y hasta oliendo la sangre seca untada en el cuerpo de los sacerdotes <i>totonaques</i> de Cempoala. El asunto de fondo consiste en saber si este soldado de a pie a quien pr&aacute;cticamente nadie menciona, cuya existencia permanece bajo un velo de misterio y que en la <i>Historia verdadera</i> aparece como un personaje cercano a Cort&eacute;s, muy cercano al Capit&aacute;n General, a&uacute;n conservaba fuerzas y se hac&iacute;a acompa&ntilde;ar de la lucidez y la capacidad literaria indispensables para dar forma a este cl&aacute;sico de la lengua espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No han sido pocas las veces que he disfrutado de la compa&ntilde;&iacute;a de Duverger en un caf&eacute; del barrio universitario de Par&iacute;s. Mi buen amigo es poseedor de una erudici&oacute;n extraordinaria, Cort&eacute;s sencillamente no podr&iacute;a haber encontrado mejor bi&oacute;grafo, y aunque de ordinario conversamos largamente, s&oacute;lo con la aparici&oacute;n de su nuevo libro tuve oportunidad de "mirar" al Bernal que all&iacute; propone. <i>Cr&oacute;nica de la eternidad &iquest;Qui&eacute;n escribi&oacute; la</i> Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa&ntilde;a? pone en crisis la interpretaci&oacute;n tradicional. D&iacute;az del Castillo aparece aqu&iacute; como un <i>usurpador,</i> como un hombre grosero e iletrado que Dios sabe con qu&eacute; ma&ntilde;as logra hacerse de un manuscrito ajeno. En realidad, ser&iacute;an dos los manuscritos conservados en el seno de la familia de Bernal: un borrador original y un traslado en limpio. Siempre argumentando con elegancia y haci&eacute;ndose cargo de toda la informaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y documental disponible, prueba &#151;cuando menos est&aacute; muy cerca de lograrlo&#151; que Bernal no es el hombre culto reflejado en la <i>Historia verdadera,</i> que alude constantemente al mundo cl&aacute;sico, cita a Homero o se refiere en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n a Jugurta, rey de Numidia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo podr&iacute;a ir bien hasta aqu&iacute;, pero de tenerlo ahora como un tramposo, qu&eacute; hacer entonces con un Bernal convertido en encomendero y hasta en <i>regidor</i> en Guatemala, con un soldado reconocido beneficiado por la corona que al final de su vida no pod&iacute;a hallarse m&aacute;s distante de aquel muchacho del cual sospecha Duverger habr&iacute;a llegado a M&eacute;xico como "cocinero", un tal S&aacute;nchez Pizarro, quien terminar&iacute;a por cambiar de nombre para hacerse de una vida mejor en Centroam&eacute;rica. En fin, son tantas las interrogantes en torno a Bernal que, a&uacute;n embelesado por el libro de mi buen amigo, hay momentos en los cuales me rebelo y no consigo mirarlo como un <i>usurpador.</i> Aunque la evidencia ciertamente no le favorece, habr&aacute; que reconocer que el Bernal "viejo" ten&iacute;a razones de sobra para escribir esta cr&oacute;nica, para enemistarse y combatir los "escritos viciosos" de L&oacute;pez de G&oacute;mara en su <i>Historia de la conquista de M&eacute;xico.</i> El Bernal de ese momento continuaba solicitando mercedes a la Corona y no ser&iacute;a imposible suponer que, tal como lo hizo su hijo Francisco, &eacute;l mismo tambi&eacute;n encontrara en la <i>Historia verdadera</i> una inmejorable <i>probanza</i> de m&eacute;ritos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duverger no pod&iacute;a dejarnos con la inc&oacute;gnita. Ya desautorizado Bernal, oscurecido por las dudas y marcado como embustero, comenzar&aacute; la b&uacute;squeda del autor "real" de la <i>Historia verdadera.</i> Haciendo gala de erudici&oacute;n, en un texto de factura extraordinaria, Duverger no tarda en "tropezar" con la figura de Cort&eacute;s. Entre misterios y secretos revelados, vemos al "muy esforzado y valeroso capit&aacute;n" retirado en Espa&ntilde;a, viviendo en Valladolid rodeado de una corte de intelectuales de la que participa L&oacute;pez de G&oacute;mara. Cort&eacute;s dar&aacute; forma escrita al repaso de sus recuerdos a trav&eacute;s de la pluma de su capell&aacute;n, pero en la soledad de sus aposentos, luego de haberle relatado sus haza&ntilde;as, curiosamente decide escribir &eacute;l mismo otra versi&oacute;n de los hechos, una abiertamente en conflicto con la que ha mandado redactar, y que adem&aacute;s, escrita de modo popular &#151;como venida de la mano de un soldado&#151;, confrontar&aacute; el estilo culto de L&oacute;pez de G&oacute;mara. Son estos folios, al decir de Duverger, los que se convertir&aacute;n en la <i>Historia verdadera</i> y Cort&eacute;s en su "leg&iacute;timo" autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque es una idea atractiva, incluso fascinante, me parece montada en un conjunto de presunciones, de hechos no comprobables que le estorban de tal manera que no logra ni siquiera transitar con firmeza al terreno de las hip&oacute;tesis. Esto no significa que Duverger pudiera tener raz&oacute;n. Cu&aacute;ntas veces al leer la <i>Historia verdadera</i> no nos ha parecido estar escuchando al propio Cort&eacute;s narrando sus andanzas, pero a&uacute;n as&iacute; &#151;a pesar de ser la pluma de un cronista que en momentos desborda la figura del testigo para convertirse en parte misma de la historia&#151; no convencen por ahora sus argumentos. Seg&uacute;n Duverger, la <i>Historia verdadera</i> posee un marcador estil&iacute;stico que hace transparente la mano de Cort&eacute;s y corresponde al recurso del binarismo, esto es, el uso constante &#151; "de punta a punta en la cr&oacute;nica"&#151; de pares de palabras con sentido complementario usadas de manera conjunta para reforzar una idea: <i>caciques y se&ntilde;ores</i> o <i>se&ntilde;or y rey.</i> Para nuestro autor dicho recurso lo habr&iacute;a tomado Cort&eacute;s del n&aacute;huatl, por raz&oacute;n de una suerte de mestizaje de lenguas que estar&iacute;a ocurriendo en su persona. Pero esto no es cierto; puede ser una caracter&iacute;stica del n&aacute;huatl, no lo pongo en duda, pero ciertamente no se halla exento del espa&ntilde;ol. Por otro lado, llama poderosamente la atenci&oacute;n que Cort&eacute;s haya envilecido la lengua, que decidiera estropear el uso de las palabras para acentuar el estilo popular de esta "nueva" obra, escondiendo detr&aacute;s de ellas la identidad del autor culto de las <i>Cartas de relaci&oacute;n.</i> Duverger propone aceptar de inicio que hay un desdoblamiento de la figura de Cort&eacute;s: en las <i>Cartas de relaci&oacute;n</i> el h&eacute;roe m&aacute;ximo y en la <i>Historia verdadera</i> el portavoz de sus soldados. Pero el fondo de la cuesti&oacute;n es saber qu&eacute; se propon&iacute;a Cort&eacute;s que lo obligaba a asumir semejante desdoblamiento. He de reconocer que no encuentro respuestas en el libro, aunque pueda ver trazados los varios caminos que intenta seguir mi buen amigo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si aceptamos que Cort&eacute;s conoce bien los escritos de fray Antonio de Guevara &#151;lo cual no supone mayor problema&#151; y ha tomado partido por escribir la historia a la manera de un <i>cronista,</i> dej&aacute;ndole a L&oacute;pez de G&oacute;mara hacerlo como un <i>erudito,</i> deberemos admitir que la versi&oacute;n que preparaba en secreto terminar&iacute;a por salir de Espa&ntilde;a. Nuestro autor la hace llegar a una Nueva Espa&ntilde;a agobiada por los conflictos y las revueltas ind&iacute;genas en manos de alguno de los herederos varones de Cort&eacute;s, probablemente de su hijo Mart&iacute;n, como s&iacute;mbolo de una bien planeada conspiraci&oacute;n para restaurar el poder <i>cortesiano</i> (1562&#45;1567), que sin embargo ser&aacute; brutalmente aplastada por la Audiencia de M&eacute;xico. Muertos unos y otros desterrados, alguien que les era cercano, al huir "debi&oacute; partir para esconderse en Guatemala llev&aacute;ndose consigo el libro bajo el brazo". Fue entonces cuando Bernal &#151;que sorpresivamente vuelve a escena&#151; "se convierte por la fuerza de las circunstancias en guardi&aacute;n del templo y depositario de la memoria de Cort&eacute;s" (p. 215). &iexcl;Cu&aacute;nta fortuna la de este raro manuscrito! Lamentablemente, Duverger lo sabe bien, no existe un solo testimonio de ello, ning&uacute;n escrito lo sugiere y menos todav&iacute;a lo revela. Extra&ntilde;a decisi&oacute;n la de este personaje imaginario de entregarle a un "segund&oacute;n" iletrado semejante documento. &iquest;Por qu&eacute; d&aacute;rselo a su hijo Francisco? Que este &uacute;ltimo lo hallara de utilidad y se diera a la tarea de modificarlo, calando entre las fojas &#151;una y otra vez&#151; el nombre de su padre y hasta agreg&aacute;ndole cap&iacute;tulos enteros relativos a "Guatemala" no debe sorprendernos, con independencia del autor o de las circunstancias en que as&iacute; ocurri&oacute;. Pero si echamos mano del modo como argumenta Duverger, &iquest;no confiesa acaso esta conjeturada entrega la dignidad de las palabras de Torquemada?, &iquest;no reconoce impl&iacute;citamente a Bernal como hombre probo, alguna vez cercano al c&iacute;rculo de Cort&eacute;s y quiz&aacute; hasta simpatizante de la fallida "conjura"?, &iquest;no le retira por a&ntilde;adidura los estigmas ganados en el libro que lo muestran aqu&iacute; como un tramposo que arrebatar&aacute; la gloria a Cort&eacute;s?</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No, mi buen amigo, Bernal no busc&oacute; burlarnos. La <i>eternidad</i> le corresponde.</font></p>      ]]></body>
</article>
