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<journal-title><![CDATA[Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas]]></journal-title>
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<article-id pub-id-type="doi">10.22201/iie.18703062e.2010.96.2310</article-id>
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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Intersected Identities: Strategies of Visualization in Nineteenth-and Twentieth-Century Mexican Culture]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Intersected Identities. Strategies of Visualization in Nineteenth&#45;and Twentieth&#45;Century Mexican Culture,</i> Erica Segre</b></font></p> 	         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>X&oacute;chitl Mungu&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Nueva York, Berghahn Books, 2007</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Intersected Identities</i> es un exhaustivo y profundo an&aacute;lisis de la interdisciplinariedad, los pr&eacute;stamos, las asociaciones, las continuidades y los olvidos de las <i>estrategias de visibilidad,</i> el cine, las artes gr&aacute;ficas y la fotograf&iacute;a, en su b&uacute;squeda por construir, o deconstruir, una identidad que refleje lo nacional o, al menos, alguna de sus facetas en M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora genera un rico compendio de pr&aacute;cticas ejemplares a las que asocia con literatura, filosof&iacute;a y mitolog&iacute;a, todo en el marco de un breve, pero conciso, contexto hist&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debido a la divisi&oacute;n por d&eacute;cadas en algunos de los cap&iacute;tulos y los temas, al final del libro parecen haberse olvidado algunos de los momentos de la historia de M&eacute;xico m&aacute;s significativos en la tarea de la construcci&oacute;n nacional &#151;como la d&eacute;cada de los sesenta, cuya intrigante omisi&oacute;n me hace pensar que por s&iacute; sola podr&iacute;a ser objeto de un estudio de las mismas dimensiones que el aqu&iacute; comentado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro presenta el contraste como estrategia de an&aacute;lisis, y se centra en el aspecto creativo de la producci&oacute;n art&iacute;stica, m&aacute;s que en el de la recepci&oacute;n, tal vez debido a la suma importancia que la autora asigna a los objetos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n da para seguir muchas l&iacute;neas, detalladas con claridad, como el vestigio, la identidad ind&iacute;gena, lo rural, la ciudad o la mujer, aunque sobre todo alienta a seguir el rastro del sujeto en la imagen: primero visto desde la perspectiva individual de una necesidad comunitaria en el costumbrismo, o como mito creado por el cine de oropel, perdido en lo urbano y vuelto a encontrar en las telas que sugieren su presencia, o completamente desdibujado en los actos trascendentales de la experiencia individual en lugares impersonales, en los que el sujeto es s&oacute;lo tangible en sus huellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera parte del libro se dedica a desmadejar el tejido del costumbrismo como estrategia de construcci&oacute;n nacional vertida en los peri&oacute;dicos literarios del siglo XIX, inmersos en una sociedad en estado transitorio donde los editores y colaboradores expresaron la interrogante sensibilidad fomentada por la inestabilidad de un periodo en que todo cambiaba y era objeto de escrutinio, en busca de una colectividad que podr&iacute;a adscribirse a la nacionalidad y al territorio representados en ic&oacute;nicas im&aacute;genes gr&aacute;ficas y exhaustivas tipolog&iacute;as descriptivas difundidas en las p&aacute;ginas de la prensa cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A modo de apartados, la autora trata diferenciadamente c&oacute;mo el g&eacute;nero fisiol&oacute;gico y la observaci&oacute;n social, el panorama, la tradici&oacute;n figurativa del arte popular mexicano, la c&aacute;mara oscura, la daguerrotipia y la linterna m&aacute;gica, la literatura viajera y lo pintoresco confluyeron en la constituci&oacute;n del costumbrismo con el objetivo de forjar homogeneidad c&iacute;vica e intelectual, haciendo un llamado a la regeneraci&oacute;n cultural como un primer paso para construir lo aut&oacute;ctono.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora se&ntilde;ala los problemas a que se enfrent&oacute; la literatura costumbrista, con Guillermo Prieto y Manuel Payno como sus principales exponentes. Era dif&iacute;cil visualizar con fidelidad lo aparentemente dispar y discontinuo y responder a la necesidad de unir a un pa&iacute;s dividido, de poblaci&oacute;n heterog&eacute;nea, cuya diversidad &eacute;tnica y polaridades culturales cuestionaban de entrada la verosimilitud del t&eacute;rmino <i>pueblo</i> en el discurso pol&iacute;tico e hist&oacute;rico. La soluci&oacute;n la encontraron jugando repetidamente con numerosas analog&iacute;as pict&oacute;ricas que pusieron en perspectiva un punto de vista particular para prever una completa pero facetada reproducci&oacute;n de la cultura y sociedad mexicanas, representada en los cuadros de costumbres, encantados por la teatralidad de lo local en un perturbado orden poscolonial, y as&iacute; ilustraron una identidad com&uacute;n en tiempos de crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de Prieto, que expres&oacute; su populismo a trav&eacute;s de la celebraci&oacute;n de lo mestizo vernacular y en contra de los nacionalistas que trataron de homogeneizar la cultura y la identidad racial fomentando la amnesia colectiva entre las personas ind&iacute;genas, los escritos literarios de Ignacio Manuel Altamirano, apoyados en lo aut&oacute;ctono nacional, no predicaron la suposici&oacute;n de la homogeneidad cultural y se resistieron expl&iacute;citamente a la noci&oacute;n de h&iacute;brido acu&ntilde;ada por la generaci&oacute;n precedente de escritores costumbristas. Promotor de la autonom&iacute;a cultural mexicana, su proyecto consisti&oacute; en hacer aparecer la cultura ind&iacute;gena sobre un fondo de im&aacute;genes limitadas y estereot&iacute;picas, encontrando en la fotograf&iacute;a la evidencia de un orden social cognoscible cuya diferenciaci&oacute;n no se ajustaba al mito de una integraci&oacute;n colectiva alcanzada, prototipo homog&eacute;neo promovido por la administraci&oacute;n porfiriana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando la autora se&ntilde;ala bien que los compendios fotogr&aacute;ficos antropol&oacute;gicos propiciaron la fosilizaci&oacute;n de las culturas ind&iacute;genas contempor&aacute;neas, que fueron subsumidas como reliquias arqueol&oacute;gicas, resalta la importancia de la fotograf&iacute;a en la obra de Altamirano que prioriz&oacute; la necesidad de la veracidad emp&iacute;rica y busc&oacute; emular en sus escritos "el detalle evidente de la exactitud fotogr&aacute;fica".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un periodo en que prolifer&oacute; una cultura visual y se impuso el predominio de paradigmas oculares en relaci&oacute;n con las interrogantes de identidad nacional, Altamirano fue tratado como la encarnaci&oacute;n de una etnicidad abstracta, conmemorada en el discurso nacionalista y caricaturizada por sus oponentes, que optaron por a una pr&aacute;ctica recurrente de la &eacute;poca, en la que la imaginer&iacute;a arqueol&oacute;gica de objetos prehisp&aacute;nicos se utilizaba para desacreditar o ridiculizar figuras de autoridad con ascendencia ind&iacute;gena, de las cuales la autora se&ntilde;ala numerosos ejemplos. Esta exaltaci&oacute;n de la etnicidad en su persona determin&oacute; un discurso dentro de la propia ex&eacute;gesis de su identidad nahua en que se expresa un sentimiento de desplazamiento y orfandad cultural.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre estas bases, la obra de Ignacio Manuel Altamirano se preocupa por t&eacute;rminos de principio, ruptura y linaje; intenta distinguir sem&aacute;nticamente lo originario y lo original en la discusi&oacute;n de la autonom&iacute;a cultural; redefine el t&eacute;rmino <i>ind&iacute;gena</i> como sin&oacute;nimo de <i>indio</i> y <i>nativo,</i> al contrario de su uso como designaci&oacute;n de una fisionom&iacute;a racial gen&eacute;rica, y rinde tributo a la cultura ind&iacute;gena y al orden anterior a la Conquista en su adhesi&oacute;n a la idea de Tierra Patria, que restaura el v&iacute;nculo con la tierra y exalta simb&oacute;licamente la importancia de la memoria en la articulaci&oacute;n de una identidad colectiva, despolitizando el discurso cultural. Lo anterior refuerza el argumento en que la autora se basa para se&ntilde;alar a este personaje como el principal cr&iacute;tico de la arraigada tendencia a homogeneizar la identidad &eacute;tnica en la era poscolonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los siguientes dos cap&iacute;tulos, centrados en el cine nacional, se dedican a la revisi&oacute;n de casos espec&iacute;ficos a partir de una fuerte argumentaci&oacute;n te&oacute;rica sobre el papel del cine en la construcci&oacute;n de la identidad durante un periodo de 20 a&ntilde;os, dividido diferenciadamente por d&eacute;cadas para resaltar c&oacute;mo la imagen cinematogr&aacute;fica salta de lo buc&oacute;lico&#45;rural &#151;en las pel&iacute;culas de 1930 a 1940&#151; a la realidad urbana &#151;en las producciones de la siguiente d&eacute;cada&#151; y sus interacciones con las artes gr&aacute;ficas y visuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto del debate pol&iacute;tico sobre la problematizaci&oacute;n del concepto de identidad nacional, en el que la imagen cinematogr&aacute;fica prob&oacute; ser una potente extensi&oacute;n de la pol&eacute;mica, surgi&oacute; en la d&eacute;cada de 1930 el cine ind&iacute;gena, centrado en un id&iacute;lico espacio rural invulnerable al cambio social del M&eacute;xico posrevolucionario, que provey&oacute; estilos visuales y alegor&iacute;as influidos ideol&oacute;gicamente, al mismo tiempo que absorb&iacute;a temas de actualidad y omit&iacute;a al pueblo "bajo" en la pantalla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una digresi&oacute;n importante, la autora se&ntilde;ala el papel de las producciones de Hollywood como proveedoras de una imaginaria esencia cultural extranjera capaz de crear y reciclar estereotipos que, parad&oacute;jicamente, establecieron el est&aacute;ndar iconogr&aacute;fico para un cine mexicano preocupado por la ejemplificaci&oacute;n de lo aut&oacute;ctono.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aspecto central del an&aacute;lisis f&iacute;lmico de esta d&eacute;cada se orienta a se&ntilde;alar la influencia de las artes gr&aacute;ficas en la imagen cinematogr&aacute;fica, sus analog&iacute;as con el muralismo en boga y su homenaje p&oacute;stumo a la pl&aacute;stica neomexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la propuesta f&iacute;lmica de la &eacute;poca, Erica Segre encuentra una expresi&oacute;n de la "est&eacute;tica de la solidaridad", en que muralistas, fot&oacute;grafos y grabadores surgidos durante el despertar de la Revoluci&oacute;n hicieron del "calz&oacute;n y el sombrerazo" una insignia internacionalmente reconocida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El flujo de im&aacute;genes ic&oacute;nicas del lenguaje pict&oacute;rico de artistas de la Escuela Mexicana &#151;que evidenci&oacute; la prominencia de la fisonom&iacute;a ind&iacute;gena, la imagen mundana del trabajador pobre, el primitivismo de paisajes ancestrales y la abstracci&oacute;n de artefactos tradicionales&#151;, las simples y estilizadas composiciones del grabado, la paralizada realidad fotogr&aacute;fica que dio permanencia a la experiencia colectiva y la tradici&oacute;n pict&oacute;rica de los cuadros de costumbres que ofrecieron escenas tradicionales emblem&aacute;ticas de la teatralidad de lo local en un universo descentralizado sirvieron de tel&oacute;n de fondo del cual el cine nacional tom&oacute; numerosos paradigmas formales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas interacciones, las pel&iacute;culas de Emilio El Indio Fern&aacute;ndez son un ejemplo del &eacute;xito y las limitaciones de un estilo pict&oacute;rico, as&iacute; como de los riesgos de una est&eacute;tica nacionalista que construy&oacute; un indigenismo personal, sobre el que propuso una simb&oacute;lica identidad ind&iacute;gena y una cultura campesina en un M&eacute;xico rural sin tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como director, Fern&aacute;ndez compar&oacute; su trabajo con el de Diego Rivera en el sentido de la b&uacute;squeda de la reconquista espiritual de M&eacute;xico. El muralismo de Rivera hab&iacute;a revelado el eterno coraz&oacute;n del pa&iacute;s, que Fern&aacute;ndez sab&iacute;a escondido en lo rural. Su asociaci&oacute;n con Gabriel Figueroa signific&oacute; un refinado ojo est&eacute;tico sobre el que soport&oacute; sus apasionadas alegor&iacute;as. Tal colaboraci&oacute;n coincidi&oacute; con una admiraci&oacute;n profundamente arraigada por el &aacute;mbito social y est&eacute;tico del arte gr&aacute;fico de la &eacute;poca, que incorporaron a la pantalla en los murales gr&aacute;ficos de Leopoldo M&eacute;ndez para cinco pel&iacute;culas de Fern&aacute;ndez, quien hab&iacute;a previsto una din&aacute;mica interacci&oacute;n entre la proyecci&oacute;n de los grabados y el p&uacute;blico, mientras que M&eacute;ndez ofreci&oacute; un fuerte compendio visual de los temas gracias a los cuales la audiencia reaccionar&iacute;a a la tragedia de la mente c&iacute;vica sobre lo desplegado en la pantalla. Sus murales dramatizaron las ideas abstractas para el lector com&uacute;n, y su inserci&oacute;n en la pantalla marc&oacute; la fusi&oacute;n de una est&eacute;tica popular con la primac&iacute;a de la composici&oacute;n fotogr&aacute;fica del cine.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus pel&iacute;culas, Fern&aacute;ndez y Figueroa se interesaron por repetir el espect&aacute;culo de la piedad laica de Rivera y Siqueiros, que hac&iacute;an un llamado emocional a la mente de la gente ordinaria.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la p&uacute;blica autentificaci&oacute;n de la cultura nativa de Fern&aacute;ndez, que buscaba un posible mexicanismo genuino, ambos cineastas construyeron un particular concepto de autenticidad que, en sus mestizos de oropel, inund&oacute; la pantalla con el atuendo simb&oacute;lico de la identidad nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A este respecto, Segre concluye que las pel&iacute;culas de la mancuerna Fern&aacute;ndez&#45;Figueroa se basaron parcialmente en una analog&iacute;a con las artes gr&aacute;ficas y con una tradici&oacute;n pict&oacute;rica no cinematogr&aacute;fica, y produjeron im&aacute;genes representativas de identidad nacional que llegaron a ser fetichizadas a la manera que ellos arduamente desearon prevenir. Asimismo, Segre se&ntilde;ala que la posterior visita del neomexicanismo a las im&aacute;genes de la &eacute;poca de oro del nacionalismo cultural mexicano revela una lectura err&oacute;nea, ampliamente difundida, de la ret&oacute;rica pict&oacute;rica generada en la d&eacute;cada de los treinta en el cine y el arte, que falla al ver m&aacute;s all&aacute; de las a menudo artificiosas composiciones en blanco y negro, donde la b&uacute;squeda cinematogr&aacute;fica de momentos esculturales describi&oacute; una estrategia de defensa, m&aacute;s que de despreocupada reafirmaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la siguiente d&eacute;cada hubo un desplazamiento de la imagen en la pantalla del &aacute;mbito rural a un precipitado espacio urbano en camino a la modernizaci&oacute;n. En el viaje circular del centro a la periferia de la ciudad de M&eacute;xico de <i>Esquina bajan...!,</i> (Alejandro Galindo, 1947), la autora aprecia los fehacientes signos de la ret&oacute;rica triunfalista propia del acelerado desarrollo de un tiempo donde la industria cinematogr&aacute;fica mexicana disfrut&oacute; el apoyo del Estado, ejemplificando un problem&aacute;tico aprendizaje inserto en la ideolog&iacute;a del desarrollismo que pronto adquiri&oacute; especificidades topogr&aacute;ficas y arquitect&oacute;nicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como impulso y expansi&oacute;n, la pel&iacute;cula de Galindo constituy&oacute; el inicio de la imagen de la capital basada en la experiencia del cambio econ&oacute;mico y social en una ciudad que se constituye entonces en el umbral para los desplazados y el teatro de lo transitorio, as&iacute; como tambi&eacute;n el pasaje a la modernidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora del libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado insiste en el papel decisivo de la nueva arquitectura de la ciudad en la codificaci&oacute;n visual de la capital en los medios y las artes, donde la configuraci&oacute;n de panoramas urbanos pone en evidencia una creciente receptividad a los paradigmas arquitect&oacute;nicos modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El papel de la arquitectura en el desarrollo nacional abri&oacute; el debate sobre la modernizaci&oacute;n del espacio, que provoc&oacute; el cuestionamiento sobre la conciencia nacional y la identificaci&oacute;n. Este contexto se manifest&oacute; en un proceso de caracterizaci&oacute;n emblem&aacute;tica que seleccion&oacute; monumentos de inter&eacute;s actual, como el hospital de la Raza, el puente de Nonoalco en Tlatelolco y la Ciudad Universitaria, que ejemplificaron la incongruencia de la realidad social de la restructuraci&oacute;n urbana, proceso que se reflej&oacute; en las construcciones visuales del fotorreportaje, el grabado y el cine.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta din&aacute;mica, el cine mexicano de la d&eacute;cada de los cuarenta continu&oacute; siendo receptivo a la explotaci&oacute;n del folklor nacional relacionado con un tipo de celebraci&oacute;n de la ascendencia como forma de arte folkl&oacute;rico. Los directores buscaban restaurar el nexo entre la imagen est&aacute;tica, de la fotograf&iacute;a y el grabado, y la evoluci&oacute;n de la imagen en movimiento del cine, predicada en los paradigmas dibujados por el dominio de la cultura popular, decididos, quiz&aacute;, a historizar la cultura vern&aacute;cula contempor&aacute;nea mediante la negaci&oacute;n del modernismo f&iacute;lmico, mientras confirmaban el papel del cine como veh&iacute;culo de intertextualidad, ejemplo de lo cual son las pel&iacute;culas de Ismael Rodr&iacute;guez, que explotaron la incredulidad popular de la idea de regeneraci&oacute;n de Mario Pani, con el multifamiliar como hip&oacute;tesis arquitect&oacute;nica de las modernizadas "patrias chicas" o aldeas, en que tambi&eacute;n se refleja la presentaci&oacute;n oficial del nuevo complejo arquitect&oacute;nico &#151;el Multifamiliar Alem&aacute;n en <i>&iexcl;Maldita ciudad!,</i> 1954&#151;, que une artificiosamente el emblem&aacute;tico espect&aacute;culo folkl&oacute;rico y el ambiente modernista en un conjunto compositivo que refleja la crisis del desplazamiento del campo a la ciudad, ejemplos &eacute;stos del tipo de confluencia est&eacute;tica que caracteriz&oacute; la interacci&oacute;n entre arquitectura y cine en el discurso de la modernizaci&oacute;n y sus pretendidos paradigmas exhibidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A modo de reflexi&oacute;n, Segre se&ntilde;ala el contrapunto entre una colectividad concebida verticalmente y la articulaci&oacute;n de la vida civil nivelada de manera horizontal, que proporcion&oacute; un modelo de perspectiva basado en la intersecci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n de estrategias relacionales que hicieron hincapi&eacute; en la experiencia contempor&aacute;nea del cambio, la mutabilidad del orden cultural y social emblem&aacute;ticamente configurado en el espacio p&uacute;blico, en el que la fotograf&iacute;a urbana se centr&oacute; para inspirar la identificaci&oacute;n colectiva, mientras en ella el espectador pod&iacute;a experimentar el desplazamiento y la transici&oacute;n en un esfuerzo para ver lo transitorio a trav&eacute;s de &#151;m&aacute;s que en&#151; im&aacute;genes est&aacute;ticas de la realidad urbana, principalmente captadas por el lente de Nacho L&oacute;pez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos de la obra se dedican a una extensa reflexi&oacute;n sobre la fotograf&iacute;a como pr&aacute;ctica est&eacute;tica y estrategia de visualizaci&oacute;n construida en el conjunto de im&aacute;genes recolectadas que la autora dispuso sobre su mesa de trabajo sin orden aparente, a la manera de trampantojo o archivador de cartas del siglo XVIII que conten&iacute;a tambi&eacute;n un aire de la aleg&oacute;rica mordacidad de las costumbristas mesas revueltas del siglo XIX y de las llamativas desuniones del <i>collage</i> o montaje surrealista. Este punto de partida llev&oacute; a Erica Segre a preguntarse sobre la interconexi&oacute;n entre ciertas t&eacute;cnicas y g&eacute;neros de figuraci&oacute;n y de estrategias representacionales adoptadas por fot&oacute;grafas mexicanas cuyo trabajo parece situarse en los intersticios abiertos entre disciplinas, y a reflexionar sobre el momento funcional de exposici&oacute;n en la fotograf&iacute;a que produce un inmediato <i>memento mori,</i> problematizado en los trabajos que se enfocan en las comunidades ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo "Alegor&iacute;a, autorreflexividad e iron&iacute;a: una genealog&iacute;a fotogr&aacute;fica" ofrece un estudio contextual comparativo del interrogante trabajo de Mariana Yampolsky y Graciela Iturbide en relaci&oacute;n con sus predecesores Nacho L&oacute;pez y Lola &Aacute;lvarez Bravo, haciendo referencia, en contraste, al por dem&aacute;s ambivalente trabajo de Flor Gardu&ntilde;o.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por dem&aacute;s importante el seguimiento que Erica Segre hace de la pr&aacute;ctica fotogr&aacute;fica en M&eacute;xico. La autora explica que, desde su introducci&oacute;n, la c&aacute;mara ha desempe&ntilde;ado un papel decisivo al apuntar y corroborar las taxonom&iacute;as de la diferencia racial y cultural, como modelos para visualizar y reproducir, lo que la lleva a conceptuar la fotograf&iacute;a como instrumento de definici&oacute;n superficial y descubrimiento cr&iacute;tico, y a se&ntilde;alar que ambas facetas ayudaron a circunscribir la identidad visual y a interrogar la construcci&oacute;n de dicha imaginer&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segre rastrea la imagen del ind&iacute;gena como emblema diferenciador de lugar, mercanc&iacute;a, art&iacute;culo de costumbres o curiosidad exportada y exhibida en las tarjetas postales producidas en grandes cantidades con im&aacute;genes de ind&iacute;genas de Tehuantepec producidas a principios del siglo XX por C.B. White, en las que confluyen imagen y texto como preservada tradici&oacute;n decimon&oacute;nica. En la d&eacute;cada de 1920&#45;1930, la autora encuentra que la fotograf&iacute;a se inclin&oacute; crecientemente hacia la tendencia homogeneizadora del nacionalismo cultural y analiza tres ejemplos diferenciados de elementos muy particulares que caracterizan la &eacute;poca. En el trabajo de Enrique D&iacute;az, fotorreportero publicitario del <i>show</i> de cabaret, encuentra la noci&oacute;n de <i>mexican curious,</i> en que la fotograf&iacute;a sale a relucir como facs&iacute;mil de objetos, de arte objeto y de diferentes formas de representaci&oacute;n. La concepci&oacute;n de la fotograf&iacute;a como arte de la naturaleza, m&aacute;s que como dise&ntilde;o humano, la remite a la imagen de Edward Weston, en que percibe potentes referencias m&uacute;ltiples e interpenetradas con formas de reproducci&oacute;n y representaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, con la obra de Guillermo Robles Callejo demuestra que la fotograf&iacute;a sirvi&oacute; para corroborar la ingeniosa decepci&oacute;n tr&aacute;gica predicada en la incredulidad del ojo y la alegorizaci&oacute;n del g&eacute;nero. A mediados del siglo, la sistematizaci&oacute;n de metodolog&iacute;as "objetivas" para el conocimiento dio lugar a la problematizaci&oacute;n de lo pintoresco y el folklor. As&iacute;, fot&oacute;grafos como Nacho L&oacute;pez &#151;cronista de la modernidad desarticulada&#151; y Lola &Aacute;lvarez Bravo &#151;que acu&ntilde;a "lo popular" como defensa&#151; estuvieron consecuentemente comprometidos, renegociando los criterios de visibilidad y las modalidades de visualizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante tales precedentes, la obra de Mariana Yampolsky y Graciela Iturbide deriv&oacute; en un sutil estudio de la disminuci&oacute;n interdisciplinaria entre el arte pict&oacute;rico, el periodismo testimonial, la etnograf&iacute;a f&iacute;lmica y las tradiciones populares del <i>memento mori</i> como espect&aacute;culo y artefacto, mientras que la obra de Flor Gardu&ntilde;o implic&oacute; la inclinaci&oacute;n aleg&oacute;rica de una realidad compuesta del sujeto ind&iacute;gena, predicada en una muy personal forma de descontextualizaci&oacute;n etnogr&aacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La po&eacute;tica de la piel: superficie e inscripci&oacute;n en la fotograf&iacute;a contempor&aacute;nea", Segre alude a la formulaci&oacute;n tem&aacute;tica interesada en la textualidad del cuerpo como superficie, donde la importancia de la piel se concibe como el lugar de inscripci&oacute;n y adici&oacute;n de lo cultural y lo &eacute;tnico, en un contexto de TLC/ EZLN/globalizaci&oacute;n en que la fotograf&iacute;a de los noventa tiende a desbaratar lo ya representado, m&aacute;s que a romper lo visible. Su objetivo consiste en explorar las relaciones entre epidermis, superficie y fisonom&iacute;a en la fotograf&iacute;a contempor&aacute;nea mexicana, comprometida con la tarea de problematizar la exploraci&oacute;n formal y tem&aacute;tica de la identidad en un periodo postexistencialista, donde tambi&eacute;n irrumpe la construcci&oacute;n digital de la imagen. La fotograf&iacute;a de los noventa significa, seg&uacute;n la autora, un cambio de la fijeza de la imagen, como nost&aacute;lgica recuperaci&oacute;n o exposici&oacute;n definida de deshumanizaciones figurativas o documentales, a la gestaci&oacute;n interpretativa, en que la imagen fotogr&aacute;fica es consciente de su materialidad como "rostro desencarnado" o "caparaz&oacute;n gastado" en los trabajos de Mariana Yampolsky, Gerardo Suter, Pedro Meyer, Maruch S&aacute;ntiz G&oacute;mez, Jorge Camarillo, Silvana Agostoni, Adriana Calatayud, Tatiana Parcero, Mauricio Alejo, Federico Gama y Laura Cohen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas "po&eacute;ticas de la piel" en cierto modo resultan desdibujadas por "Las hermen&eacute;uticas del velo en la fotograf&iacute;a: de rebozos, s&aacute;banas, huipiles y lienzos de Ver&oacute;nica", en donde el velo como sudario, mortaja o envoltura significa una larga lista de caracter&iacute;sticas que la autora acumula en parejas de contrarios: revelaci&oacute;n y ocultamiento, transparencia y opacidad, encarnaci&oacute;n e inmaterialidad, liminal y universal, esencia y apariencia, temporal e infinito, profundo y ef&iacute;mero, para hacer latente su presencia como un exceso de contenido, siempre inferido, pero, tambi&eacute;n, siempre aplazado. Para la t&eacute;cnica fotogr&aacute;fica, la aparici&oacute;n del velo tiene un doble significado: como membrana y como contemplaci&oacute;n de su propia adhesi&oacute;n membranosa a la superficie de las cosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este cap&iacute;tulo promete entrar imaginativamente en una transacci&oacute;n con sus escenarios y exposiciones para poder evaluar el car&aacute;cter de su duradera fascinaci&oacute;n, en espera de mostrar que el potencial de reflexi&oacute;n de los velos y telones en la fotograf&iacute;a mexicana es complementado por la metaforizaci&oacute;n de algunas posturas rituales de sus propias pr&aacute;cticas tradicionales, como la interacci&oacute;n de presencia y ausencia que caracteriza su formal enredo con la fotograf&iacute;a y el arte pict&oacute;rico, o su papel de barrera esc&eacute;nica para "evocar el transporte de la ilusi&oacute;n". Sobre este an&aacute;lisis, s&aacute;banas, rebozos, huipiles y lienzos de Ver&oacute;nica se configuran como los velos arrancados del uso cotidiano por la creaci&oacute;n fotogr&aacute;fica para recodificarlos al convertir algo com&uacute;n en un elemento significativo, ya sea como testigo de la precaria situaci&oacute;n de lo humilde &#151;el rebozo&#151;, como textil vac&iacute;o de contenido corporal &#151;la s&aacute;bana&#151;, como fisonom&iacute;a velada o extraviada &#151;el huipil&#151; o como reliquia consagrada que legitima el culto a las im&aacute;genes y dignifica la fascinante y absorbente cualidad de la fotograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, este recorrido de <i>Identidades cruzadas</i> y <i>estrategias de visualizaci&oacute;n</i> culmina con "Un estudio comparativo de la arqueolog&iacute;a en la fotograf&iacute;a contempor&aacute;nea y el arte multimedia " en el modernismo y el posmodernismo, donde la noci&oacute;n de fragmento se desborda en el "poder generador de lo incompleto". Con base en su investigaci&oacute;n, la autora afirma que "lo roto, mutilado, dislocado y cortado corren juntos dentro de un lamento visual en la transitoria y corrosiva naturaleza del hombre", ofreciendo una dramaturgia arqueol&oacute;gica de descubrimiento y reclamaci&oacute;n marcada por la destrucci&oacute;n y la p&eacute;rdida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El fragmento, inserto en la fotograf&iacute;a, la convierte en una realizaci&oacute;n tard&iacute;a, en la que lo no visto, invocado por la imaginaci&oacute;n, engrandece la magnitud de lo perdido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo rastrea los or&iacute;genes del cruce de la arqueolog&iacute;a y la pr&aacute;ctica art&iacute;stica para sentar las bases de un profundo an&aacute;lisis de la obra de Silvia Gruner y Gerardo Suter, en que los detritos corporales, al lado de restos de dioses, prueban una arqueolog&iacute;a representativa donde la cultura y la naturaleza se compenetran. En la exposici&oacute;n de la presencia material y sus significados inferidos, sus instalaciones aparentemente desconocen los mitos de la epistemolog&iacute;a arqueol&oacute;gica y sus asociaciones ultranacionalistas, buscando calibrar las falsedades de la memoria mientras ayudan a la producci&oacute;n de futuras ficciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Silvia Gruner manifiesta su afinidad con la arqueolog&iacute;a a trav&eacute;s del aparentemente impersonal sitio, que concibe como vestigio emp&iacute;rico o huella de la presencia humana. Gruner revisualiza el artefacto, la huella, y el momento, el fetiche, el vestigio, superficies todas de inscripci&oacute;n temporal que hablan no tanto de identidades irreparables como de actos trascendentes de la experiencia individual, a la que se responde con un acto de reparaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, la fascinaci&oacute;n de Gerardo Suter por la propia arqueolog&iacute;a de los fragmentos de la fotograf&iacute;a mexicana lo lleva a vislumbrar el potencial de contig&uuml;idad simb&oacute;lica entre sujeto y proceso y a recordar que tales t&eacute;cnicas y materiales tienen su propia po&eacute;tica extendida en la historia. Sus im&aacute;genes de esculturas precolombinas y c&oacute;dices proveen la plataforma para un proceso de asimilaci&oacute;n visual y modificaci&oacute;n personal en que sus reliquias arqueol&oacute;gicas arquet&iacute;picas transfieren algunas cualidades de lo roto y lo usado a cuerpos "asumidos como ruinas de un mito" y a sus representaciones en los discursos de construcci&oacute;n nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alentada, Segre concluye que "quiz&aacute; nada regresa definitivamente al polvo, no porque sea recordado totalmente, sino porque es recordado a medias", acto que bien podr&iacute;a describir el proceso de identidades cruzadas de un M&eacute;xico que siempre recuerda, pero que elige olvidar.</font></p>      ]]></body>
</article>
