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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Semblanzas</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Olivier Debroise (1952&#45;2008)</b></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>James Oles</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque sea dif&iacute;cil creerlo ahora, cuando llegu&eacute; a M&eacute;xico en el verano de 1990 &#151;como estudiante de doctorado en Yale&#151;, hab&iacute;a relativamente poca comunicaci&oacute;n entre los dos pa&iacute;ses, por lo menos en el ramo del arte moderno/contempor&aacute;neo. Fue justo antes del  TLC y de la inaugu&#173;raci&oacute;n de Esplendores de Treinta Siglos, de la internacionalizaci&oacute;n de&#160;los coloquios del Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas bajo la direcci&oacute;n de Rita Eder, y, claro est&aacute;, mucho antes de la existencia de Google... (s&oacute;lo hay que recordar que la primera sesi&oacute;n de la College Art Association dedicada exclusivamente al arte latinoamericano no prehisp&aacute;nico tuvo lugar en febrero de ese mismo a&ntilde;o). Edward Sullivan me hab&iacute;a puesto en contacto con Juan Soriano, Mariana P&eacute;rez Amor y Miguel Cervantes, pero en una larga entrevista, Karen Cordero (que hab&iacute;a estudiado su posgrado en la misma universidad) me abri&oacute; mucho el panorama con una larga lista de nombres. &Eacute;sta inclu&iacute;a el del autor de <i>Diego de Montparnasse</i> (1979) y de<i> Figuras en el tr&oacute;pico</i> (1982) &#151;t&iacute;tulos que me eran desconocidos&#151;, un se&ntilde;or que yo ten&iacute;a que conocer, que sab&iacute;a todo sobre Abraham &Aacute;ngel y la fotograf&iacute;a, y que lideraba el equipo que trabajaba en ese momento en un "gran sue&ntilde;o" para el Museo Nacional de Arte (lo que ser&iacute;a Modernidad y Modernizaci&oacute;n en el Arte Mexicano, 1920&#45;1950)... Poco despu&eacute;s, tras muchas llamadas, finalmente acept&oacute; darme una entrevista: fue el momento perfecto, porque todo estaba a punto de estallar, y sus obras, ideas y proyectos formaron parte inseparable de tal cambio, de la profesionalizaci&oacute;n del estudio del arte mexicano, de su cada vez mayor relevancia en el escenario mundial. A su muerte, hubiera sido dif&iacute;cil encontrar un <i>graduate student</i> gringo, por verde que fuera, con inter&eacute;s en el arte mexicano del siglo XX, que no viera a Olivier Debroise como inevitable punto de referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bautizado con un largo nombre casi aristocr&aacute;tico que jam&aacute;s us&oacute; &#151;Olivier Marie Fran&ccedil;ois Edgar Maurice Debroise Gigout&#151; naci&oacute; en Jerusal&eacute;n en 1952, lo cual confundi&oacute; a muchos acerca de sus verdaderos or&iacute;genes, aunque le permiti&oacute; declarar cierta solidaridad con los palestinos. Su padre fue un importante diplom&aacute;tico franc&eacute;s: arabista, amigo de De Gaulle, asignado a Siria en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte, al Vaticano durante la segunda guerra mundial; figura clave en Polonia, Argelia y Marruecos en los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, que termin&oacute; su carrera c&oacute;modamente en Brasil y Costa Rica... un personaje casi novel&iacute;stico que hablaba poco de sus andares profesionales, que su hijo nunca conoci&oacute; tan bien. A Olivier no le gust&oacute; mucho esa vida formal y peripat&eacute;tica que le llev&oacute; del Liceo Franco Brasileiro en R&iacute;o (1959) al Liceo Franco Mexicano en el Distrito Federal (1971), pero cuando finalmente decidi&oacute; quedarse en M&eacute;xico a mediados de los a&ntilde;os setenta, ya ten&iacute;a una formaci&oacute;n cosmopolita y era esc&eacute;p&#173;tico del nacionalismo burdo, lo cual le ayudar&iacute;a mucho a&ntilde;os despu&eacute;s en su pr&aacute;cti&#173;ca como historiador y cr&iacute;tico. En ese tiempo, el efecto econ&oacute;mico de su rechazo (casi) total de las reglas burguesas &#151;hay que acordarse que aunque estudi&oacute; &#173;brevemente en varias universidades en Francia y M&eacute;xico, qued&oacute; lejos de recibir su licen&#173;ciatura&#151; le sensibiliz&oacute; a la vida precaria de muchos artistas contempor&aacute;neos: hab&iacute;a vivido como ellos alguna vez, algo no siempre cierto en el campo de la cr&iacute;tica. Hasta 2004, cuando acept&oacute; ser curador del programa de adquisiciones del (futuro) Museo Universitario Arte Contempor&aacute;neo (MUAC), se hab&iacute;a mantenido siempre a una distancia saludable de las instituciones: el cl&aacute;sico hombre <i>freelance</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su <i>background</i> "globalizado" antes de la globalizaci&oacute;n (Francia, Polonia, Marruecos, Brasil, M&eacute;xico) facilit&oacute; su rol como traductor de culturas: trabaj&oacute; por a&ntilde;os como traductor simult&aacute;neo, profesi&oacute;n intensa, incluso en Los Pinos durante el sexenio de L&oacute;pez Portillo. Fue traductor simb&oacute;lico de toda una cultura que r&aacute;pidamente asimil&oacute;, pero que tambi&eacute;n pod&iacute;a mirar con distancia anal&iacute;tica. Aunque empez&oacute; con algo de timidez a trav&eacute;s de su participaci&oacute;n como cocurador de El Coraz&oacute;n Sangrante, una exposici&oacute;n realizada para el Institute of Contemporary Art de Boston en 1991, la pronta creaci&oacute;n de Curare, las becas Rockefeller, los viajes, las conferencias y las pl&aacute;ticas lo convirtieron en un torbellino triling&uuml;e, forjando todo tipo de alianzas con sus colegas en los Estados Unidos, Canad&aacute;, Europa, Argentina y m&aacute;s all&aacute;: un ser fundamental &#151;aunque obviamente, lejos de ser el &uacute;nico&#151; en la expansi&oacute;n e internacionalizaci&oacute;n del antiguo mundo del arte mexicano.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay mucho que decir sobre la larga &#151;si abruptamente interrumpida el 6 de mayo de 2008&#151; carrera profesional de Olivier, de sus trabajos terriblemente solitarios y de otros festivamente colectivos, aunque son imposibles de rese&ntilde;ar en tan pocas palabras. Public&oacute; tres novelas (y ten&iacute;a dos m&aacute;s en camino): <i>De todas partes, ninguna </i>(1984); <i>Lo peor sucede al atardecer</i> (1990); y <i>Cr&oacute;nica de las destrucciones </i>(1998), ganadora del Premio Colima, una complicada exploraci&oacute;n de las primeras d&eacute;cadas novohispanas, basada en una investigaci&oacute;n exhaustiva, casi obsesiva. No solamente aprendi&oacute; n&aacute;huatl y ley&oacute; todo sobre la Conquista, sino que visit&oacute; (bueno, visitamos) hasta los m&aacute;s remotos complejos mon&aacute;sticos de mediados del siglo XVI (esa novela tuvo, como secuela, un brillante ensayo acad&eacute;mico sobre los murales fronterizos de San Miguel Ixmiquilpan, publicado en 1994). Tambi&eacute;n dedic&oacute; mucha energ&iacute;a a la evanescente pero crucial labor de cr&iacute;tica de arte, en particular para<i> La cultura en M&eacute;xico/Siempre! </i>(1979&#45;1984),<i> La Jornada</i> (1984&#45;1992) y <i>Reforma</i> (2000&#45;2004), escribiendo sobre temas variados, desde rese&ntilde;as de muestras &#151;de Alice Rahon y Gabriel Orozco, entre otros&#151; hasta devastadoras cr&iacute;ticas de la pol&iacute;tica cultural del Estado: alguien, alg&uacute;n d&iacute;a, tendr&aacute; que releerlos, revisarlos, recopilarlos...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de algunos planes truncados en los a&ntilde;os setenta, cuando estudi&oacute; cinematograf&iacute;a y conoci&oacute; a Jodorowsky, lleg&oacute; m&aacute;s adelante a ser cineasta tambi&eacute;n: uno de sus mejores &eacute;xitos personales fue<i> Un banquete en Tetlapayac</i> (2000), un denso largometraje que utiliza varios g&eacute;neros (narrativa, documental, <i>performance</i>, simposio) para meditar sobre el paso de Eisenstein por M&eacute;xico a principios de los a&ntilde;os treinta. Relacionada con sus m&uacute;ltiples experiencias como l&iacute;der de equipos curatoriales (museogr&aacute;ficos s&iacute;, pero tambi&eacute;n Curare, canaia y Teratoma), la pel&iacute;cula &#151;para la cual gan&oacute; una beca Guggenheim&#151; fue sobre todo una experiencia, una manera de juntar personajes muertos y vivos, amigos y desconocidos, y convivir con todos los que participamos para forjar a trav&eacute;s del grupo una sinergia que pudo dirigir mas no controlar. <i>Un banquete en Tetlapayac</i> es una pel&iacute;cula complicad&iacute;sima, <i>sui generis </i>pero repleta de citas, rigurosamente hist&oacute;rica y a la vez po&eacute;ticamente especulativa, <i>gay</i> y <i>straight</i>, f&aacute;cil e imposible de entender, bien hecha y mal hecha, y claro est&aacute;, realizada con muy poco presupuesto. Fue emblem&aacute;tica de la visi&oacute;n que Olivier ten&iacute;a de su profesi&oacute;n: uno ten&iacute;a que hacer demasiado, porque hab&iacute;a demasiado que hacer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Pero c&oacute;mo entender o evaluar su papel en la historiograf&iacute;a reciente en M&eacute;xico? Sobre todo, la importancia reside en su trabajo como cr&iacute;tico/historiador/curador del arte mexicano tanto moderno como contempor&aacute;neo, dos campos bastante diferentes que requieren de visiones y negociaciones distintas, pero que mezclados resultan a&uacute;n m&aacute;s fruct&iacute;feros. Sin haber sido formado en una escuela, particip&oacute; en la destrucci&oacute;n del formalismo y de los discursos nacionalistas que cercaron los estudios del arte moderno mexicano en una &eacute;poca posrevolucionaria caduca que tard&oacute; tanto en expirar. Aunque empez&oacute; (l&oacute;gicamente) con un inter&eacute;s en los a&ntilde;os parisienses de Rivera, luego opt&oacute; por la generaci&oacute;n que hab&iacute;a quedado oculta por el muralismo. En los a&ntilde;os ochenta y noventa, con la ayuda de algunos listos sobrevivientes &#151;y sobre todo, nutrido por su cercana amistad con Lola &Aacute;lvarez Bravo&#151; redescubri&oacute; a Alfonso Michel, desmitific&oacute; a Abraham &Aacute;ngel, catalog&oacute; la obra de Antonio Ruiz, narr&oacute; cuentos maravillosos sobre Angelina Beloff, Mar&iacute;a Izquierdo y Blanca Luz Brum... Entre sus estudios m&aacute;s importantes lucen <i>Figuras en el tr&oacute;pico</i> (una nueva y extendida versi&oacute;n, terminada antes de su muerte, en espera de su publicaci&oacute;n) y la revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la obra de David Alfaro Siqueiros de los a&ntilde;os treinta,<i> Retrato de una d&eacute;cada</i> (1996), adem&aacute;s de sus innumerables trabajos sobre la historia de la fotograf&iacute;a mexicana que culminaron con la publicaci&oacute;n de las distintas ediciones de <i>Fuga mexicana: un recorrido por la&#160;fotograf&iacute;a en M&eacute;xico</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre su importancia en el mundo del arte contempor&aacute;neo, como cr&iacute;tico&#45;participante&#45;instigador&#45;curador&#45;cuate, hay tanto que decir que otros lo tendr&aacute;n que precisar: aparte de las exposiciones o ensayos que involucraban desde a Adolfo Pati&ntilde;o, Carla Rippey y Javier de la Garza, hasta Francis Alys, Silvia Gruner y Melanie Smith, hasta otros que cada vez eran m&aacute;s y m&aacute;s j&oacute;venes, adem&aacute;s de proyectos for&aacute;neos como 3angular e inSITE97, hay que resaltar su &uacute;ltimo gran experimento: La Era de la Discrepancia. Arte y Cultura Visual en M&eacute;xico, 1968&#45;1997, un proyecto ligado a la creaci&oacute;n de una colecci&oacute;n de arte para el nuevo, MUAC, una labor &#151;o m&aacute;s bien, una responsabilidad p&uacute;blica a largo plazo&#151;, que muy pocos en el gremio, y menos los que ven todo a corto plazo, entendieron bien. La Era de la Discrepancia fue discutida en equipo, biling&uuml;e para alcanzar p&uacute;blicos internacionales, historicista y contempor&aacute;nea a la vez, controvertida y problem&aacute;tica &#151;&iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a no haberlo sido?&#151;, pero brillante, atrevida y sobre todo, realizada: muchos sue&ntilde;an en hacer algo perfecto, pero Olivier hizo lo que pudo en el mundo real y lo volvi&oacute; a hacer, hasta el cansancio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los abruptos deslices intelectuales que defin&iacute;an su vida profesional &#151;&iquest;ten&iacute;a algo que ver con esa falta de verdaderas ra&iacute;ces cuando era ni&ntilde;o?&#151; le permit&iacute;an evitar el aburrimiento, el horror vacui. Pocos de sus colegas manejaron un abanico de intereses tan distintos el uno al otro o forjaron carreras tan&#160;multifac&eacute;ticas: m&aacute;s que novelista o historiador fue de los grandes pensadores mexicanos de finales del siglo pasado y principios del actual, tan mexicano, es decir, como Luis Cardoza y Arag&oacute;n o Raquel Tibol o tantos otros refugiados, huyendo de lo que fuera. Tuvo una visi&oacute;n expansiva de su trabajo y del campo en que trabajaba: abri&oacute; incontables puertas para todos los que le seguimos. Y siempre tomaba todo con una seriedad terrible, trabajando ahora en oposici&oacute;n a las instituciones (Curare se estableci&oacute; cuando el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes pri&iacute;sta permit&iacute;a poca experimentaci&oacute;n en los museos) y dentro de ellas, como al final de su vida, en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olivier Debroise fue un s&iacute;mbolo de la necesidad de tomar una posici&oacute;n &eacute;tica como agente cultural, y nos recordaba que no est&aacute;bamos trabajando ni en una torre de marfil ni en un circo, que lo que hac&iacute;amos s&iacute; importaba. Cuando decidi&oacute; comprometerse, fue total e intenso, una postura que aument&oacute; la pasi&oacute;n pero tambi&eacute;n el estr&eacute;s, cre&oacute; &eacute;xitos y tambi&eacute;n fracasos, forj&oacute; amistades y enemistades. Fue una fuerza y un nexo, conciencia, contrapunto, contrapeso, contrincante... pero sobre todo, fue un cart&oacute;grafo visionario: otros llegar&iacute;an despu&eacute;s a trazar los detalles, a llenar los huecos, a pintar los dibujitos o incluso, a corregir los errores, pero Olivier cambi&oacute; por completo la interpretaci&oacute;n del terreno.&#160;</font></p>      ]]></body>
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