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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Steffan Igor Ayora&#45;Diaz, <i>Foodscapes, Foodfields and Identities in Yucat&aacute;n</i></b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Miguel Lisbona Guill&eacute;n*</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Amsterdam, Centro de Estudios y Documentaci&oacute;n Latinoamericanos, 2012</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><i>* Director del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antropolog&iacute;a de la alimentaci&oacute;n, subdisciplina que tiene una trayectoria creciente desde hace varias d&eacute;cadas en pa&iacute;ses centrales, no cuenta con las repercusiones esperadas en la academia mexicana. Sin embargo, hay antrop&oacute;logos, como Steffan Igor Ayora&#45;Diaz, que se han interesado por estos temas, expresados inicialmente en art&iacute;culos o cap&iacute;tulos de libro y, como es el caso, la publicaci&oacute;n de un libro en ingl&eacute;s en 2012. La b&uacute;squeda de lo yucateco como experiencia personal del autor &#8212;tras dos lustros fuera del terru&ntilde;o&#8212; se convirti&oacute;, en el caso de la gastronom&iacute;a, en un reto acad&eacute;mico, hecho que otorga a la construcci&oacute;n del texto la peculiaridad consciente de jugar entre la subjetividad manifiesta, como punto de partida inequ&iacute;voco y deseado, y la objetividad pretendida por tratarse de un trabajo con miras y metodolog&iacute;a cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cinco cap&iacute;tulos que componen la obra llevan de la mano al lector a trav&eacute;s de una construcci&oacute;n hist&oacute;rica del comer en Yucat&aacute;n y del decirse o llamarse comida yucateca, y todo ello con argumentos y m&eacute;todos de la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la historia. Disciplinas que no deben ser contrapuestas sino complementarias, que es como adquieren su riqueza de matices para hablar de los seres humanos en sociedad. Interdisciplina que convierte el autor en nitidez propositiva, pues Ayora&#45;Diaz establece un modelo y unas definiciones del comer en Yucat&aacute;n, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si se va por partes, antes de aterrizar en lo meramente culinario del trabajo hay que remitirse a la historia y, en un principio, a la conformaci&oacute;n de los estados nacionales latinoamericanos. Las pretensiones de borrar las diferencias, las peculiaridades propias, ll&aacute;mense regionales o &eacute;tnicas, conllev&oacute; procesos de homogeneizaci&oacute;n que para el tratamiento del comer refieren uniformizaci&oacute;n de gustos. En estos procesos de segmentaci&oacute;n de territorios y divisiones pol&iacute;ticas, iniciados en la Colonia y continuados durante el proceso de Independencia, los casos son singulares y diversos, siendo el yucateco uno m&aacute;s por las peculiaridades de su relaci&oacute;n con el futuro Estado mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una relaci&oacute;n ambivalente con el proyecto de naci&oacute;n mexicana que se puede explorar en resistencias, pero sobre todo en construcciones encabezadas, en muchos casos, por elites &#8212;aunque no guste a los te&oacute;ricos de los estudios poscoloniales, que el autor del libro conoce bien&#8212;. Construcciones que para Yucat&aacute;n derivan en signos y s&iacute;mbolos clave de identificaci&oacute;n como la gastronom&iacute;a y la m&uacute;sica, por citar dos muy visibles. Lo anterior pone sobre el tapete las complejidades para representar o imaginar, en el sentido de B. Anderson, la naci&oacute;n o las mismas regiones, algunas de ellas con peculiaridades hist&oacute;ricas y otras reestructuradas o formadas al aliento de las divisiones pol&iacute;ticas que los nuevos estados crearon.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Incluso algunas de estas segmentaciones pueden crear identificaciones propias que contravienen el sentir general de la construcci&oacute;n nacional o que en sus diferencias aportan rasgos a esa misma nacionalidad. El mariachi de Jalisco o la china poblana son un claro ejemplo de ello, y con sus matices folclorizantes estos imaginarios &#8212;creados para resaltar las diferencias propias y los aportes a la naci&oacute;n&#8212; tambi&eacute;n suelen ocultar disputas pol&iacute;tico&#45;territoriales que afloran en momentos determinados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de la pen&iacute;nsula yucateca ofrece las sinuosidades internas de los nuevos estados modernos a trav&eacute;s del enfrentamiento b&eacute;lico de largo aliento llamado Guerra de Castas, que en el siglo XIX mostr&oacute; c&oacute;mo las diferencias &eacute;tnicas expresadas m&aacute;s all&aacute; de lo cultural mediante fronteras sociales y econ&oacute;micas remit&iacute;an al origen colonial de los territorios. Hecho que tambi&eacute;n se prolonga en las propuestas pol&iacute;ticas de emancipaci&oacute;n de un espacio lejano del centro del poder. Aspecto resuelto, si se quiere llamar de tal forma, con la creaci&oacute;n de tres estados en la Pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, aunque uno de ellos, Quintana Roo, tardara en convertirse en tal. Esta l&iacute;nea de separaci&oacute;n al interior, o con el poder pol&iacute;tico del Estado mexicano, se perpet&uacute;a con distintos matices hasta hoy; sin embargo, las pol&iacute;ticas educativas y la mayor cercan&iacute;a con otros territorios de la Rep&uacute;blica ha suavizado las disputas para llevarse al plano m&aacute;s simb&oacute;lico, como se demuestra con la gastronom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y es en tal expresi&oacute;n gastron&oacute;mica, donde el Estado nacional exhibe en forma de expansi&oacute;n homogeneizadora una imagen de lo que es la cocina del pa&iacute;s. Los libros de cocina o recetarios ofrecen desde el siglo XIX esas diferencias. La cocina mexicana contrasta con la yucateca al privilegiar la primera los productos que desde el altiplano se consideran base y fundamento de un comer ligado a una identificaci&oacute;n propia. Ma&iacute;z, chile, frijol o calabaza frente al constructo yucateco, m&aacute;s pr&oacute;xima a productos for&aacute;neos de allende de las fronteras, incluso peninsulares. La intenci&oacute;n expansiva del nacionalismo mexicano se ve frenado en aspectos tan relevantes como el alimenticio, aunque la profundidad simb&oacute;lica del comer no parece despertar siempre el inter&eacute;s que merece.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en tal sentido que Ayora&#45;Diaz apuesta por se&ntilde;alar el surgimiento de cocinas regionales frente a las ideolog&iacute;as nacionalistas homogeneizadoras, aunque la situaci&oacute;n en muchas ocasiones puede ser la contraria, ya que cocinas delimitadas territorialmente se asumen como las nacionales. Pero en el caso yucateco la oposici&oacute;n entre cocina nacional mexicana &#8212;o que se quiere nacional&#8212; y cocina yucateca parece obvia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales del a&ntilde;o 2010 la cocina mexicana fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, hecho que redunda en aquello que Jes&uacute;s Contreras consider&oacute; como cocina nacional, por ser sus alimentos y forma de prepararlos algo propio y espec&iacute;fico de un determinado pa&iacute;s, adem&aacute;s de constituirse como un elemento que otorga identidad a un grupo.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Sin embargo, esto &#8212;que podr&iacute;a considerarse l&oacute;gico y extensible a cualquier parte de la geograf&iacute;a mexicana&#8212; encuentra, por supuesto, muchos matices locales, y el caso yucateco no es la excepci&oacute;n. Sentadas estas precisiones, el Yucat&aacute;n contempor&aacute;neo es analizado por el autor, tras la revisi&oacute;n hist&oacute;rica, a trav&eacute;s de dos campos: el culinario y el gastron&oacute;mico. En ambos existe producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y consumo de alimentos, pero tambi&eacute;n ambos tienen formas textuales y discursivas de representaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pretensi&oacute;n de esta taxonom&iacute;a es demostrar que el primer campo es abierto, l&uacute;dico y experimental, mientras el segundo es cerrado y con normas para preparar y consumir los alimentos. Es decir, en el culinario hay recetas, ingredientes y t&eacute;cnicas utilizados para el consumo cotidiano, a la vez que el gastron&oacute;mico, surgido del anterior campo, es un conjunto limitado de recetas, ingredientes y t&eacute;cnicas que son las que delimitan un restringido n&uacute;mero de "platillos yucatecos". El primer campo ofrece improvisaci&oacute;n o experimentaci&oacute;n en ocasiones, mientras el segundo est&aacute; ce&ntilde;ido a la rigidez del "deber ser".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los "platillos yucatecos" son b&aacute;sicamente o surgen, mejor dicho, del cosmopolitismo en la aceptaci&oacute;n y uso de productos que tienen procedencias tan diversas como Europa, el Caribe o de pa&iacute;ses como L&iacute;bano, debido a la aportaci&oacute;n de inmigrantes de dicha procedencia que todav&iacute;a conforman un <i>lobby</i> econ&oacute;mico y de poder en toda la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n.<sup><a href="#notas">3</a></sup> As&iacute;, lo yucateco se solidifica teji&eacute;ndose con las aportaciones for&aacute;neas y reduciendo el campo de acci&oacute;n, algo que detecta perfectamente el autor en la condensaci&oacute;n y unificaci&oacute;n de las cartas que ofrecen los restaurantes de comida yucateca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la historia de la alimentaci&oacute;n humana se caracteriza por los cambios y las incorporaciones constantes,<sup><a href="#notas">4</a></sup> el caso aqu&iacute; estudiado remite a esta circunstancia como ha ocurrido en muchos otros territorios del ec&uacute;mene desde hace siglos, y el ejemplo de la pasta en Italia, o de la patata en Irlanda son un n&iacute;tido ejemplo que refuerza acontecimientos m&aacute;s recientes, como la carne con ciruelas marroqu&iacute;, convertida en estandarte de la cocina de ese pa&iacute;s pero invenci&oacute;n reciente, seg&uacute;n lo expresado por Isabel Gonz&aacute;lez Turmo.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Construir el sentimiento subjetivo de pertenencia a trav&eacute;s de avatares hist&oacute;ricos es inseparable de la conformaci&oacute;n o definici&oacute;n del gusto culinario. Yucat&aacute;n es un n&iacute;tido ejemplo y el libro de Ayora&#45;Diaz conduce por su constituci&oacute;n. Misma que al diferenciar lo yucateco b&aacute;sicamente de lo querido o supuesto mexicano, puede caer en una encapsulaci&oacute;n o limitaci&oacute;n de lo posible para comer y las creaciones impl&iacute;citas en el proceso de guisar. El querer ser, la diferenciaci&oacute;n r&iacute;gida con otros, puede imprimir un sello restrictivo al proceso creativo y subordinar la propia heterogeneidad culinaria regional en aras de una identificaci&oacute;n gastron&oacute;mica petrificada. En definitiva, la consolidaci&oacute;n y definici&oacute;n de lo propio, en ciertas circunstancias, lo congela. Ante tales circunstancias las interrogantes se hacen presentes con ejemplos sencillos, aunque ello no quiera decir que se alejen de la complejidad. Los olores, colores, sabores, en definitiva, el gusto es definible con una temporalidad cierta o encerrado bajo los amparos de una delimitaci&oacute;n territorial. Los debates sobre las bases y los criterios sobre el gusto en los que Pierre Bourdieu tanto insisti&oacute; no dejan de plantear retos m&aacute;s all&aacute; de los constructos sociales.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Si es "un error exagerar las continuidades en la cultura de la comida", como lo recordaba Goody,<sup><a href="#notas">7</a></sup> hay que relativizar cualquier construcci&oacute;n monol&iacute;tica de la misma, y es por ello que quien desee conocer la historia de eso llamado cocina yucateca tendr&aacute; que remitirse a este libro del doctor Steffan Igor Ayora&#45;Diaz. Lo que parece simple o sencillo de definir nunca lo es. Y la colateralidad, que desde las ciencias sociales se quiere otorgar a ciertas tem&aacute;ticas, habla no s&oacute;lo de desconocimiento sino de falta de valent&iacute;a a la hora de probar y degustar muchos sabores del conocimiento. Esta obra lo ejemplifica a la perfecci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Benedict Anderson, <i>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo,</i> M&eacute;xico, FCE, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635201&pid=S0185-0636201300020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Jes&uacute;s Contreras, <i>Antropolog&iacute;a de la alimentaci&oacute;n,</i> Madrid, Eudema, 1993, p. 72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635203&pid=S0185-0636201300020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Luis Alfonso Ram&iacute;rez, <i>De c&oacute;mo los libaneses conquistaron la Pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. Migraci&oacute;n, identidad &eacute;tnica y cultura empresarial,</i> M&eacute;xico, Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales&#45;unam, 2012. 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635205&pid=S0185-0636201300020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;J.L. Flandrin y M. Montanari (eds.), <i>Histoire de l'alimentation,</i> Par&iacute;s, Fayard, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635207&pid=S0185-0636201300020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Isabel Gonz&aacute;lez Turmo, "La frontera como horizonte culinario: Andaluc&iacute;a y Marruecos", en F.X. Medina, R. &Aacute;vila e I. de Garine (coords.), <i>Food, Imaginaries and Cultural Frontiers. Essays in Honour of Helen Macbeth,</i> Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2009, p. 329.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635209&pid=S0185-0636201300020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;Pierre Bourdieu, <i>La distinci&oacute;n. Criterio y bases sociales del gusto,</i> M&eacute;xico, Taurus, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635211&pid=S0185-0636201300020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;Jack Goody, <i>Cocina, cuisine y clase. Estudio de sociolog&iacute;a comparada,</i> Barcelona, Gedisa, 1995, p. 192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5635213&pid=S0185-0636201300020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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