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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>NOTICIAS    <br> NOTICIAS DE SALUD AMBIENTAL EHP-SPM</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><a name="nt02"></a>&iquest;Est&aacute;n    desapareciendo del aire los aromas florales?<a href="#nt2"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una flor bajo cualquier otro nombre &iquest;mantendr&iacute;a la dulzura de su olor? Tal vez no, si es que la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica tiene algo que ver con el asunto. Investigadores de la Universidad de Virginia en Charlottesville informan que tres componentes comunes del esmog destruyen los aromas que despiden las flores para atraer a las abejas y a otros insectos polinizadores. De hecho, los aromas de las flores llegaban a una distancia hasta cuatro veces mayor en la d&eacute;cada de los 1840 -cuando los cient&iacute;ficos europeos comenzaron a documentar la contaminaci&oacute;n por ozono- que bajo las condiciones actuales del aire, seg&uacute;n los modelos de simulaci&oacute;n operados por los investigadores. Dado que los insectos polinizadores dependen en parte de los aromas para encontrar las flores, la p&eacute;rdida de las estelas arom&aacute;ticas podr&iacute;a dificultar aun m&aacute;s a los insectos la localizaci&oacute;n de las fuentes de polen, lo cual har&iacute;a peligrar tanto a los polinizadores como a las cosechas. Los investigadores est&aacute;n iniciando pruebas de campo para ver si los aromas florales que el aire transporta en el mundo real corresponden con los resultados predichos por el modelo.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> La vitalidad de las plantas depende de la polinizaci&oacute;n, seg&uacute;n el primer investigador Jos&eacute; Fuentes, un meteor&oacute;logo. Adem&aacute;s, si se obliga a los polinizadores a pasar m&aacute;s tiempo buscando alimento y, no obstante, recolectan menos polen para alimentar a sus cr&iacute;as, las colonias de insectos pueden verse afectadas en el aspecto nutricional. Ambos problemas podr&iacute;an tener impacto en nuestra provisi&oacute;n de alimentos. "Necesitamos preservar a los polinizadores porque proporcionan servicios &uacute;tiles", dice Fuentes.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Ya se hab&iacute;a establecido que cuando las mol&eacute;culas arom&aacute;ticas que van flotando en la direcci&oacute;n del viento se topan con contaminantes atmosf&eacute;ricos, las reacciones qu&iacute;micas que se suscitan alteran los aromas florales y contribuyen a la producci&oacute;n de compuestos como la acetona, el formaldehido y el mon&oacute;xido de carbono. En el estudio en curso, Fuentes y sus colegas Quinn McFrederick y James Kathilankal consideraron el destino de tres hidrocarburos vol&aacute;tiles comunes emitidos por las flores cuando se encontraban con niveles crecientes de ozono, radicales hidroxilo y radicales nitrato. En el verano de 2002, los investigadores midieron la temperatura, la turbulencia de los vientos y otros factores que determinan el &iacute;ndice de emisi&oacute;n y el movimiento de los aromas florales en una granja experimental en Virginia. Observaron c&oacute;mo estos factores afectaban la liberaci&oacute;n del aroma de un campo de flores conocidas como "boca de drag&oacute;n" que hab&iacute;an crecido de manera silvestre en la granja.</font></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/spm/v51n2/a13fig09.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los investigadores integraron estos datos a un modelo para probar diferentes escenarios de contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica, desde las condiciones que prevalec&iacute;an en la d&eacute;cada de los 1840 hasta las condiciones actuales durante el verano en las grandes ciudades del este de Estados Unidos, donde los niveles de ozono pueden exceder las 120 ppb por volumen. En las condiciones de los a&ntilde;os 1840, &uacute;nicamente un 20% de los aromas se ve&iacute;an alterados por las reacciones qu&iacute;micas dentro de un radio de 1 000 metros desde la fuente floral del aroma, en la direcci&oacute;n del viento. Sin embargo, incluso los incrementos ligeros de los contaminantes -comparables a la calidad del aire hoy en d&iacute;a en las &aacute;reas rurales que tienen pocas emisiones industriales- alteraron m&aacute;s del 40% de los aromas dentro de un radio de 500 metros desde la fuente floral. En el panorama m&aacute;s contaminado, &uacute;nicamente un 25% de los aromas sobrevivieron en un radio de 300 metros en la direcci&oacute;n del viento. Fuentes y sus colegas reportaron estos hallazgos en la revista <i>Atmospheric Environment</i>, vol. 42, No 10 (marzo de 2008).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los compuestos que se generan cuando los aromas florales se ven alterados qu&iacute;micamente &iquest;empeoran la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica? "No hemos pensado a&uacute;n en esto en &#91;funci&oacute;n de&#93; la calidad del aire", dice Fuentes. Agrega que los hallazgos tambi&eacute;n suscitan inquietudes especiales en relaci&oacute;n con el destino de los polinizadores nocturnos, tales como las palomillas, que dependen en gran medida del aroma para encontrar las flores (a diferencia de las abejas, que se valen tanto del color como del aroma durante el d&iacute;a).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Fuentes advierte que no deben aplicarse los nuevos hallazgos al trastorno del colapso de las colonias (CCD, por sus siglas en ingl&eacute;s), un fen&oacute;meno inexplicado que ha diezmado a las colonias de abejas en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os. Dice que algunas de las mejores evidencias hasta la fecha sugieren que el CCD est&aacute; m&aacute;s directamente relacionado con los agentes infecciosos y los plaguicidas. Sin embargo, se&ntilde;ala, cualquier efecto de la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica "probablemente constituye un factor adicional de estr&eacute;s al que las abejas tienen que hacer frente."</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Otros comportamientos de insectos que se orientan mediante los aromas qu&iacute;micos, como el apareamiento de los escarabajos, tambi&eacute;n podr&iacute;an verse trastornados por la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica. Por otra parte, algunas plantas pueden beneficiarse del deterioro de las se&ntilde;ales transportadas por el aire: "Si los insectos no pueden oler las plantas, no pueden venir a com&eacute;rselas", dice Jay Evans, un entom&oacute;logo investigador del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, quien llama al estudio de Fuentes "una hermosa mezcla de buena ecolog&iacute;a y qu&iacute;mica".</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> Los polinizadores no son la &uacute;nica especie que lidia con los efectos olfativos de la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica. En el n&uacute;mero de <i>Chemical Senses</i> de enero de 2006, Robyn Hudson y sus colegas reportaron que los residentes de la Ciudad de M&eacute;xico, una de las m&aacute;s contaminadas del mundo, ten&iacute;an una capacidad considerablemente menor de detectar y distinguir entre los olores de los alimentos que los residentes de Tlaxcala, un &aacute;rea geogr&aacute;ficamente similar con mucha menos contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica. Se observ&oacute; esta diferencia en m&uacute;ltiples grupos de edades, aun cuando se elimin&oacute; del an&aacute;lisis a los fumadores, lo cual es muy sugestivo de un v&iacute;nculo con los contaminantes que pueden da&ntilde;ar el epitelio olfativo.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b><i>Carol Potera</i></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><a name="nt2" id="nt2"></a><a href="#nt02">*</a>    Publicado originalmente en <i>Environmental Health Perspectives</i>, Volumen    116, N&uacute;mero 8, agosto 2008, p&aacute;gina A334.</font></p>       ]]></body>
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