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</front><body><![CDATA[ <p align="left"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p align="left">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Escobar Laplana, David, <i>Una colecci&oacute;n para la transici&oacute;n: Espejo de Espa&ntilde;a, de la Editorial Planeta (1973&#45;1978)</i></b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Brice Calsapeu</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"> <b>Gij&oacute;n, Ediciones Trea, 2012, 264 pp.</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo.</i></font></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/treh/n60/a17f1.jpg"></p> 	    <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace una d&eacute;cada, el actual pacto pol&iacute;tico y social instaurado en Espa&ntilde;a con el retorno de la democracia es cada d&iacute;a m&aacute;s cuestionado pero esto no es todo. Uno de los puntos de encontronazo es el de la memoria hist&oacute;rica en relaci&oacute;n con el proceso que inicia con la segunda rep&uacute;blica espa&ntilde;ola (1931) y termina con la restauraci&oacute;n pactada de la democracia en 1978. En la sociedad civil han surgido iniciativas como los <i>foros estatales de memoria hist&oacute;rica</i> para vigilar y protagonizar un renovado tratamiento de la memoria hist&oacute;rica. Hoy en d&iacute;a se podr&iacute;a hasta hablar de la exigencia de una memoria <i>a contrapelo</i>, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Walter Benjamin, enfocada a rescatar los a olvidados. Estamos frente a un momento bullicioso bastante alentador de reconstrucci&oacute;n desde abajo de la memoria hist&oacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. La sociedad est&aacute; impulsando esta segunda ola de la memoria hist&oacute;rica, ya que no hab&iacute;a podido darse un profundo an&aacute;lisis cat&aacute;rtico de la historia m&aacute;s reciente del pa&iacute;s en el marco de la transici&oacute;n y en raz&oacute;n del esp&iacute;ritu de consenso que la caracteriz&oacute;, a decir del ex jefe de gobierno Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, la publicaci&oacute;n del libro de David Escobar Laplana cubre una necesidad innegable. Su tema es la colecci&oacute;n <i>Espejo de Espa&ntilde;a</i> de la Editorial Planeta, que public&oacute; no menos de 178 t&iacute;tulos entre 1973 y 1995. Buena parte del &eacute;xito de esta colecci&oacute;n vino de la coexistencia de los puntos de vista m&aacute;s encontrados, as&iacute; como de autores procedentes de horizontes diversos y actores de la historia reciente: historiadores, intelectuales o hispanistas, todos perteneciendo al espectro m&aacute;s amplio del tablero pol&iacute;tico. La colecci&oacute;n represent&oacute; m&aacute;s que una bocanada de aire en el panorama de la historiograf&iacute;a publicada en el territorio espa&ntilde;ol, tras d&eacute;cadas de una sofocante producci&oacute;n de memoria que no ten&iacute;a otro fin que borrar y manipular trozos enteros de la historia del pa&iacute;s en beneficio del r&eacute;gimen franquista. Fue sin duda un <i>locus amoenus</i> intelectual, donde se pudo fraguar una contribuci&oacute;n valiosa a una mejor interpretaci&oacute;n de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos de la &eacute;poca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro es el resultado de una tesis de doctorado sostenida en el a&ntilde;o 2008 en la Universidad de Bordeaux. La elaboraci&oacute;n de la misma no se puede desvincular de un trabajo anterior que hizo Escobar Laplana sobre el escritor Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y su novela sobre el multifac&eacute;tico representante del gobierno vasco en el exilio, Jes&uacute;s de Gal&iacute;ndez Su&aacute;rez (1915&#45;1956). Como lo recuerda Vicente Garmendia en el pr&oacute;logo, este trabajo le hizo "tomar conciencia que la recuperaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica es tambi&eacute;n un acto de resistencia frente al Estado y que es subversiva en la relaci&oacute;n con la memoria oficial". Fue al leer <i>Pasionaria y los siete enanitos</i> (1995), tercer libro de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, publicado en la colecci&oacute;n <i>Espejos de Espa&ntilde;a</i>, que el entonces estudiante descubri&oacute; la profesi&oacute;n de fe del que fue el promotor de esta colecci&oacute;n, el catal&aacute;n Rafael Borr&agrave;s Betriu.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El destino de la colecci&oacute;n <i>Espejo de Espa&ntilde;a</i> est&aacute; &iacute;ntimamente ligado a la figura y trayectoria de este editor. Despu&eacute;s de unas primeras experiencias con la revista <i>La Jirafa</i> y sus proyectos editoriales Nauta y Ariel con la colecci&oacute;n "Horas de Espa&ntilde;a", Borr&agrave;s concluye con esa colecci&oacute;n su trabajo de recuperaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica. David Escobar quien pudo, mediante varias entrevistas intimar con &eacute;l, nos restituye aqu&iacute; la trayectoria intelectual, pol&iacute;tica y profesional de Rafael Borr&agrave;s, una de las grandes figuras del mundo editorial de la transici&oacute;n. Porque en efecto, el trabajo empieza en la hora de los vencidos. Escobar describe detalladamente el contexto hist&oacute;rico del surgimiento de la colecci&oacute;n, detalla la evoluci&oacute;n del r&eacute;gimen memorial, desde una memoria impuesta y la negaci&oacute;n de la memoria de los vencidos con el papel aplastante de la censura, hasta la b&uacute;squeda de un consenso que pueda acompa&ntilde;ar la transici&oacute;n. En este sentido son muy interesantes las an&eacute;cdotas del trabajo del editor Borr&agrave;s frente a la censura, los pormenores y gajes del oficio, que nos muestran las negociaciones, entre el dar y aflojar con las oficinas de censura que supuso en este tiempo ser editorialista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reside all&iacute;, en mi opini&oacute;n, la fuerza del trabajo del investigador. Supo conciliar la omnipotente figura de Borr&agrave;s con la realidad del <i>campo literario</i> y el aparato te&oacute;rico construido por el soci&oacute;logo Pierre&#45;F&eacute;lix Bourdieu (1930&#45;2002). El relato no se vuelve una biograf&iacute;a hagiogr&aacute;fica del catal&aacute;n ni tampoco un &aacute;spero estudio historiogr&aacute;fico del <i>campo literario</i> historiogr&aacute;fico espa&ntilde;ol. Se aprecia mucho el equilibro desplegado entre estos dos polos a lo largo del libro. La colecci&oacute;n, producto del hombre Rafael Borr&agrave;s no se puede entender fuera del campo literario de la &eacute;poca. El trabajo de este editor catal&aacute;n es el resultado de una constante interacci&oacute;n entre los varios polos que conforman el <i>campo</i>. Un trabajo que, adem&aacute;s y para un mejor entendimiento, necesita pasar por la sutil distinci&oacute;n operada por Escobar entre las categor&iacute;as de <i>editor</i> y <i>publisher</i>. De grand&iacute;simo inter&eacute;s son las p&aacute;ginas que nos muestran la manera en que Borr&agrave;s supo convencer a Jos&eacute; Manuel Lara, hombre del r&eacute;gimen franquista y que estaba en esa &eacute;poca a la cabeza del imperio Planeta, creer en el proyecto de la colecci&oacute;n, no solamente desde un punto de vista del rendimiento econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n como proyecto aperturista. Fue una apuesta ganadora que supo atraer a los lectores cansados de la historia oficial franquista y que se volvi&oacute; un proyecto rentable, no solamente por la longevidad de la colecci&oacute;n (22 a&ntilde;os de vida), sino tambi&eacute;n por varios t&iacute;tulos que se volvieron <i>best&#45;sellers</i> en el mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se divide en tres grandes secciones. La primera se enfoca en la problem&aacute;tica de la memoria. Hace un recorrido de la pol&iacute;tica de la memoria del r&eacute;gimen y subraya el car&aacute;cter totalitario de la historiograf&iacute;a oficial. El Estado franquista necesitaba controlar la memoria reciente para poder legitimar su existencia inscribiendo muy temprano el franquismo en una tradici&oacute;n hist&oacute;rica en vez de un proceso hist&oacute;rico. Por lo tanto de manera muy temprana se va a erigir un aparato censor que tendr&aacute; como objetivo eliminar de la esfera p&uacute;blica toda una serie de ideas o ideolog&iacute;as. Y si la censura se suaviz&oacute; a partir de la ley de 1966, con ello marc&oacute; la liberalizaci&oacute;n que acompa&ntilde;aba de manera forzada en cierta medida la evoluci&oacute;n sociol&oacute;gica y cultural del pa&iacute;s, hubo que esperar la ley 24/1977 sobre la libertad de expresi&oacute;n para que desapareciera por lo menos institucionalmente. Pero como bien lo subraya David Escobar, en ning&uacute;n momento la ley de 1966 signific&oacute; la desaparici&oacute;n de la arbitrariedad, sino que la censura se volvi&oacute; m&aacute;s insidiosa. En la construcci&oacute;n de una memoria colectiva, este autor rescata las grietas que se fueron formando fuera del pa&iacute;s, a partir del exilio: en Par&iacute;s con las <i>Editions de la Librairie Espagnole</i> o <i>Ruedo Ib&eacute;rico</i>; en M&eacute;xico con las ediciones <i>S&eacute;neca</i> (1939&#45;1949) encabezadas por Jos&eacute; Bergam&iacute;n o la colaboraci&oacute;n del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica con la Casa de Espa&ntilde;a, que pasar&iacute;a a ser m&aacute;s tarde El Colegio de M&eacute;xico, o con el exiliado Juan Grijalbo que fund&oacute; su editorial en 1962. Pero las cosas evolucionaron tambi&eacute;n desde dentro y podemos tomar la Espa&ntilde;a franquista como un bloque intelectual monol&iacute;tico; la misma evoluci&oacute;n del r&eacute;gimen fue acompa&ntilde;ando la demanda de una historiograf&iacute;a que no estuviera secuestrada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto aparece la figura de Rafael Borr&agrave;s, portador de un proyecto intelectual que va a ocupar la segunda gran parte de este trabajo. Nacido en 1935 en una familia de la burgues&iacute;a media de Barcelona, este editor se considera miembro del bando de los vencidos o m&aacute;s exactamente de los no vencedores. Su trayectoria intelectual se vio marcada en 1955 por el encuentro con el poeta falangista Dionisio Ridruejo Jim&eacute;nez (1912&#45;1975), alto responsable en la Direcci&oacute;n General de Propaganda de 1936 a 1940, y quien a partir de 1942 empez&oacute; un proceso de ruptura con el franquismo conservador, lavado de toda veleidad social, que culminar&iacute;a con su exilio. De all&iacute;, Borr&agrave;s se orientar&iacute;a hacia una postura pol&iacute;tica cr&iacute;tica del r&eacute;gimen, pero considerando el di&aacute;logo como una virtud cardinal de la democracia. Virtud que seguramente tuvo la ocasi&oacute;n de poner a prueba en su contacto diario con la censura y sus arbitrariedades en sus primeros proyectos editoriales. En 1973, su llegada a la direcci&oacute;n editorial de Planeta, momento cumbre en su carrera, y la creaci&oacute;n de la colecci&oacute;n <i>Espejos de Espa&ntilde;a</i>, representar&iacute;a para la misma editorial un gran cambio. Borr&agrave;s pondr&iacute;a su capital simb&oacute;lico de editor comprometido con la promoci&oacute;n de la escritura del pasado al servicio de Planeta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte del libro se enfoca propiamente en la colecci&oacute;n <i>Espejo de Espa&ntilde;a</i> y el peso de Borr&agrave;s como <i>compagnon de route</i> liberal de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. De manera muy original el autor retoma las tres grandes &eacute;pocas abarcadas por la colecci&oacute;n: <i>Rep&uacute;blica</i>, <i>Guerra Civil</i> y <i>Dictadura franquista</i>. Para cada &eacute;poca a&iacute;sla temas espec&iacute;ficos (intervenci&oacute;n extranjera, Guernica, asesinato de Federico Garc&iacute;a Lorca, corrupci&oacute;n del r&eacute;gimen franquista...) al mismo tiempo que confronta a los autores que han publicado sobre tales temas. Logra as&iacute; confeccionar un asiduo lector de la historia reciente y de la colecci&oacute;n <i>Espejo de Espa&ntilde;a</i>. Seg&uacute;n el autor del conjunto de la colecci&oacute;n, se impone la imagen de una rep&uacute;blica acosada, una visi&oacute;n m&aacute;s bien matizada que oscila entre caos social y frustraciones. En relaci&oacute;n con la guerra civil misma, uno de los m&eacute;ritos mayores de la colecci&oacute;n fue el esclarecimiento de numerosos episodios importantes del conflicto, m&aacute;s all&aacute; de la propaganda y de los mitos. En cuanto al r&eacute;gimen franquista, sobresale su car&aacute;cter brutal, ampliamente corrupto. Se recordaba a los espa&ntilde;oles los a&ntilde;os dif&iacute;ciles que dejaban atr&aacute;s, en una &eacute;poca en la que tendr&iacute;an que hacer elecciones pol&iacute;ticas fundamentales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">All&iacute; reside la tesis fundamental del libro de Escobar Laplana. Aunque la colecci&oacute;n en s&iacute; era un proyecto de largo aliento, cobraba todo su sentido en un momento hist&oacute;rico preciso, el de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. Rafael Borr&agrave;s supo captar a un lectorado amplio, proponi&eacute;ndole una oferta variada y equilibrada de puntos de vista sobre temas que hasta la fecha hab&iacute;an sido proscritos y disimulados. El gran inter&eacute;s de la colecci&oacute;n resid&iacute;a en no imponer una relectura un&iacute;voca de los acontecimientos, sino posturas de ambos bandos. El otro m&eacute;rito de esa colecci&oacute;n fue proporcionar fuentes documentales como memorias de los principales actores. Tuvo un papel fundamental, como verdadero lugar de memoria, en la recuperaci&oacute;n del pasado inmediato espa&ntilde;ol que obviamente favorec&iacute;a a un proceso como la transici&oacute;n en su deseo de limar las asperidades entre los dos bandos rivales de la guerra civil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La actividad editorial del catal&aacute;n en Planeta empez&oacute; de nuevo en 2005, con una nueva colecci&oacute;n de historia contempor&aacute;nea, <i>Espa&ntilde;a Escrita</i>. Si bien es cierto que la nueva colecci&oacute;n est&aacute; sucintamente aludida en la conclusi&oacute;n del libro de Escobar Laplana, considero que era necesario ofrecerle un apartado que conectara ambos para apreciar los elementos de continuidad y de diferencia; lo que en cierta medida hubiera podido ayudar a afinar el an&aacute;lisis de la importancia de la colecci&oacute;n <i>Espejos de Espa&ntilde;a</i>. A pesar de eso, <i>Una colecci&oacute;n para la transici&oacute;n Espejo de Espa&ntilde;a</i> es un libro destacable no solamente por su agradable estilo, sino tambi&eacute;n por su actualidad y el enfoque elegido. Se pueden advertir reminiscencias de la obra de Lucien Febvre en este deseo de construir la obra como un di&aacute;logo permanente entre el individuo y el cuerpo social. Es un libro que nos habla del pasado y el papel de un individuo en la construcci&oacute;n de la imagen de este pasado, la manera en que esa imagen puede llegar a ser modulada por el campo literario, como cuerpo social, y as&iacute; acompa&ntilde;ar ciertos momentos pol&iacute;ticos cruciales. No es de dudar que las exigencias de memoria hist&oacute;rica por las cuales est&aacute; pasando la sociedad civil espa&ntilde;ola sean, entre otras, el resultado de la existencia en su tiempo de proyectos editoriales como el de <i>Espejo de Espa&ntilde;a</i>.</font></p>      ]]></body>
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