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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reformas microeconómicas, política macroeconómica y crecimiento. El caso de México]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Suplemento especial: Primer Seminario Internacional en Teor&iacute;a Econ&oacute;mica Contempor&aacute;nea    <br>     <font size="3">Mesa 3: Macroeconom&iacute;a y desarrollo</font></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Reformas microecon&oacute;micas, pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica y crecimiento. El caso de M&eacute;xico</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jaime Ros<sup>1</sup></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>1</sup> University of Notre Dame, Notre Dame Indiana, EUA. Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:jaime.ros@nd.edu">jaime.ros@nd.edu</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desempe&ntilde;o de la econom&iacute;a mexicana, en t&eacute;rminos de crecimiento, ha sido desde principios de los a&ntilde;os ochenta mediocre y decepcionante. El ritmo de crecimiento ha estado muy por debajo de la norma hist&oacute;rica del periodo de 1940 a principios de los ochenta y los ingresos per c&aacute;pita han divergido en lugar de converger hacia los niveles alcanzados por las econom&iacute;as industriales avanzadas. El punto de vista dominante entre los formuladores de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica es que el principal problema que detiene el crecimiento econ&oacute;mico es la falta de reformas microecon&oacute;micas que hagan que los mercados operen libremente. En esta visi&oacute;n, la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica s&oacute;lo puede contribuir al crecimiento mediante el control de la inflaci&oacute;n y, por lo tanto, aun cuando la inflaci&oacute;n sea baja, este control debe ser su principal si no es que su &uacute;nico prop&oacute;sito. As&iacute;, habi&eacute;ndose alcanzado la estabilidad macroecon&oacute;mica (estrechamente definida como inflaci&oacute;n baja y estable), no hay nada m&aacute;s que la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica pueda hacer para acelerar el crecimiento.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo adopta un punto de vista diametralmente opuesto al dominante. Su argumento es que no es la falta de reformas microecon&oacute;micas lo que detiene el crecimiento de la econom&iacute;a mexicana, sino precisamente la postura de las pol&iacute;ticas fiscal, monetaria y cambiaria. El corolario de esta discusi&oacute;n es que la recuperaci&oacute;n del crecimiento econ&oacute;mico pasa por la reforma de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica, m&aacute;s que por la profundizaci&oacute;n de las reformas estructurales de corte microecon&oacute;mico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo est&aacute; dividido en 4 secciones. La primera documenta el bajo crecimiento de la econom&iacute;a mexicana desde 1982 y el rezago que M&eacute;xico ha acumulado durante este periodo con respecto a otros pa&iacute;ses y regiones. Entre 1981 y 2008, el PIB per c&aacute;pita de M&eacute;xico ha crecido a una tasa promedio de solo 0.7 por ciento al a&ntilde;o, que se compara muy desfavorablemente con la norma hist&oacute;rica de 3.2 por ciento por a&ntilde;o durante el periodo 1940 a 1981. Incluso este magro crecimiento reciente debe ser atribuido al r&aacute;pido aumento en la tasa de participaci&oacute;n de la fuerza de trabajo &#150;resultado de un a&uacute;n r&aacute;pido crecimiento de la fuerza de trabajo en el contexto de una fuerte desaceleraci&oacute;n del crecimiento de la poblaci&oacute;n&#150; en la medida en que el PIB por trabajador ha aumentado a un ritmo muy lento desde 1990 y, de hecho, cay&oacute; durante el periodo 1981 a 2008.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa de crecimiento del PIB per c&aacute;pita no s&oacute;lo ha ca&iacute;do por debajo de la experiencia hist&oacute;rica del periodo previo a la crisis de la deuda. Para 2007, el ingreso per c&aacute;pita de M&eacute;xico hab&iacute;a ca&iacute;do por debajo del 40 por ciento del nivel en los pa&iacute;ses de altos ingresos de la OECD, comparado con m&aacute;s de la mitad de ese nivel a principios de los ochenta. El declive relativo de la econom&iacute;a mexicana ha tenido lugar tambi&eacute;n con respecto a varios de los grupos de pa&iacute;ses en desarrollo, especialmente el este de Asia y Asia del sur, incluyendo pa&iacute;ses pobres y de ingreso medio, exportadores e importadores de petr&oacute;leo, reformadores y no reformadores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda secci&oacute;n discute la relaci&oacute;n entre reformas estructurales y crecimiento, concentr&aacute;ndose en la contribuci&oacute;n que supuestamente pueden hacer la flexibilizaci&oacute;n del mercado laboral, la reforma del sistema educativo y la introducci&oacute;n de un grado mayor de competencia en los mercados de productos. A pesar de la amplia credibilidad de la que goza entre la mayor&iacute;a de los economistas, polit&oacute;logos, l&iacute;deres de opini&oacute;n y otros, en mi opini&oacute;n, la noci&oacute;n de que el lento crecimiento obedece a la falta de reformas estructurales resulta equivocada. Las reformas de mercado implementadas hasta ahora &#150;apertura comercial, liberalizaci&oacute;n de los flujos de capitales, privatizaci&oacute;n de empresas p&uacute;blicas&#150; han sido profundas. Si no han logrado mejorar el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico resulta poco convincente argumentar que m&aacute;s de lo mismo es lo que se necesita.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con los problemas de competitividad y empleo, la orientaci&oacute;n dominante ve la rigidez institucional del mercado de trabajo como un obst&aacute;culo importante, quiz&aacute;s el m&aacute;s importante, y aboga a favor de la "flexibilizaci&oacute;n" como el principal instrumento de pol&iacute;tica para resolver esos problemas. A este respecto se pueden hacer varias observaciones. En primer lugar, la experiencia internacional muestra que hay una multiplicidad de arreglos institucionales en el mercado de trabajo compatibles con el alcance de un nivel avanzado de desarrollo econ&oacute;mico, de manera que est&aacute; lejos de estar claro por qu&eacute; una reforma en determinada direcci&oacute;n es indispensable para el alcance de altas tasas de crecimiento econ&oacute;mico. En segundo lugar, no se ha demostrado una relaci&oacute;n clara entre flexibilidad del mercado de trabajo y creaci&oacute;n de empleo, mucho menos una relaci&oacute;n entre flexibilidad y productividad y crecimiento (v&eacute;ase, por ejemplo, Chor y Freeman, 2005). En tercer lugar, las p&eacute;rdidas de competitividad asociadas con la apreciaci&oacute;n cambiaria no han tendido a ser contrarrestadas en la experiencia de desarrollo con reducciones en los costos laborales nominales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a la reforma del sistema educativo, no cabe duda alguna que el sistema prevaleciente en M&eacute;xico adolece de graves limitaciones. Sin embargo, en la discusi&oacute;n de las causas y perspectivas del crecimiento econ&oacute;mico, la pregunta relevante es si el sistema educativo y la consecuente formaci&oacute;n de capital humano representan un obst&aacute;culo al crecimiento de la producci&oacute;n y la productividad. Hay razones de peso para dudar que &eacute;se sea el caso. En primer lugar, durante las d&eacute;cadas recientes de lento crecimiento, M&eacute;xico ha continuado registrando r&aacute;pidas mejoras en los indicadores de educaci&oacute;n. El periodo de 1982 en adelante ha registrado una aceleraci&oacute;n en el crecimiento de la poblaci&oacute;n empleada con educaci&oacute;n secundaria completa y el mantenimiento de la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n empleada con educaci&oacute;n terciaria completa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, existen dos tendencias preocupantes en el mercado de trabajo mexicano. La primera es que el porcentaje de j&oacute;venes ocupados en actividades de baja productividad del sector informal ha aumentado entre 1989 y 2002 para los grupos con nivel educativo relativamente alto (10&#150;12 a&ntilde;os de escolaridad y 13 a&ntilde;os y m&aacute;s de escolaridad), con un aumento de casi 50 por ciento en el caso del segundo grupo. La segunda tendencia es que las tasas de desempleo juvenil tambi&eacute;n han aumentado para los grupos con mayores niveles educativos, m&aacute;s que duplic&aacute;ndose en el caso del grupo con 13 a&ntilde;os y m&aacute;s de escolaridad. De hecho, estos grupos son los &uacute;nicos para los que la tasa de desempleo aument&oacute;. Ambas tendencias indican que los j&oacute;venes no est&aacute;n encontrando empleos apropiados a sus calificaciones. Por otra parte, otro signo de que es el lento crecimiento el que restringe el uso del capital humano es el aumento considerable de la emigraci&oacute;n de trabajadores calificados. De acuerdo con un estudio reciente del SELA, M&eacute;xico ocupa el primer lugar entre los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe en el n&uacute;mero de trabajadores calificados que han emigrado hacia los pa&iacute;ses de la OCDE, con 1 mill&oacute;n 357 mil egresados de licenciatura, maestr&iacute;a y doctorado. Adem&aacute;s, M&eacute;xico es el pa&iacute;s que ha registrado el m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento en el acervo de emigrantes calificados entre 1990 y 2007 (270%) en Am&eacute;rica Latina y el Caribe.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La introducci&oacute;n de un mayor grado de competencia en los mercados puede traer consigo ganancias est&aacute;ticas de eficiencia econ&oacute;mica, es decir, una asignaci&oacute;n m&aacute;s eficiente de los recursos, &iquest;pero en qu&eacute; medida es indispensable para generar mayor crecimiento? La literatura contempor&aacute;nea especializada sobre el tema no alcanza una respuesta concluyente a la pregunta. En los modelos te&oacute;ricos recientes est&aacute;, por un lado, un efecto positivo de la competencia sobre la innovaci&oacute;n pero, por otra parte, tambi&eacute;n hay un efecto adverso de un mayor grado de competencia. &Eacute;ste es el efecto schumpeteriano seg&uacute;n el cual, las estructuras de mercado m&aacute;s concentradas tienen m&aacute;s posibilidades de hacer avanzar la tecnolog&iacute;a. Las rentas monop&oacute;licas asociadas con la introducci&oacute;n de nuevos procesos y productos constituyen un est&iacute;mulo poderoso para la innovaci&oacute;n. En su ausencia, los costos fijos involucrados en la investigaci&oacute;n y desarrollo no se podr&iacute;an recuperar al diseminarse amplia e inmediatamente las nuevas tecnolog&iacute;as y despareciendo as&iacute; el incentivo a introducirlas. El corolario de esta discusi&oacute;n es que las relaciones entre estructura de mercado y crecimiento de la productividad son, por decir lo menos, ambiguas y dif&iacute;cilmente justifican poner a este tema en los primeros lugares de una agenda para el crecimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera secci&oacute;n argumenta que el lento crecimiento de la econom&iacute;a mexicana tiene ra&iacute;ces macroecon&oacute;micas &#150;la ca&iacute;da de la inversi&oacute;n p&uacute;blica, en particular en el &aacute;rea de infraestructura, la tendencia recurrente a la apreciaci&oacute;n del tipo de cambio real y la tendencia de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica a operar en forma proc&iacute;clica&#150; y discute las reformas necesarias en el &aacute;rea de las pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas. El relajamiento de las restricciones a la inversi&oacute;n p&uacute;blica lleva directamente a la cuesti&oacute;n de la reforma fiscal y de la movilizaci&oacute;n del espacio fiscal dado por los bajos niveles de deuda p&uacute;blica. La carga fiscal contin&uacute;a siendo extremadamente baja de acuerdo con los est&aacute;ndares internacionales. En alrededor de 11% a 12%, a mediados de los a&ntilde;os 2000, los ingresos tributarios est&aacute;n muy debajo de los prevalecientes en los pa&iacute;ses de la OCDE, e incluso por debajo de los de pa&iacute;ses latinoamericanos con ingresos per c&aacute;pita similares. Esta carga fiscal (y la vulnerabilidad resultante con respecto a los ingresos petroleros) no ha cambiado significativamente durante las administraciones recientes, a pesar de que la reforma fiscal ha sido parte de la agenda gubernamental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto de la reforma de la pol&iacute;tica fiscal se refiere a su car&aacute;cter proc&iacute;clico. La justificaci&oacute;n m&aacute;s frecuente de una pol&iacute;tica fiscal que resulta en los hechos proc&iacute;clica hace referencia a problemas de credibilidad generados por gobiernos que en el pasado se caracterizaron por sus "excesos fiscales". En el caso de M&eacute;xico, este argumento parece una exageraci&oacute;n despu&eacute;s de cuatro sexenios y medio en los que la principal bandera de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica ha sido el alcance de "finazas p&uacute;blicas sanas". Adem&aacute;s, aun si el diagn&oacute;stico de la falta de credibilidad fuera cierto, la respuesta deber&iacute;a ser establecer la credibilidad en lugar de continuar con una pr&aacute;ctica que contribuye a profundizar las recesiones. Se puede pensar, por ejemplo, en arreglos institucionales &#150;como una regla fiscal plurianual con un techo al endeudamiento p&uacute;blico como porcentaje del PIB&#150; que garantice la estabilidad de las finanzas p&uacute;blicas en el mediano plazo, sin eliminar el necesario margen de maniobra de la pol&iacute;tica fiscal en el corto plazo. Los beneficios en t&eacute;rminos de crecimiento de una pol&iacute;tica fiscal contrac&iacute;clica no deben ser subestimados, como lo sugieren la investigaci&oacute;n reciente sobre el tema y la aplicaci&oacute;n exitosa de pol&iacute;ticas contrac&iacute;clicas en, por ejemplo, Chile.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La eliminaci&oacute;n de la tendencia recurrente a la apreciaci&oacute;n cambiaria y el establecimiento de un tipo de cambio real competitivo requieren la reforma de la pol&iacute;tica monetaria y cambiaria. A este respecto, si se acepta que la estabilidad de precios es consistente con m&uacute;ltiples configuraciones de salarios reales, tasas de inter&eacute;s y tipos de cambio, y que algunas de ellas son m&aacute;s favorables que otras al crecimiento econ&oacute;mico, se sigue que, sin violar el mandato constitucional que requiere que el banco central persiga la estabilidad de precios, la pol&iacute;tica monetaria debe buscar esa estabilidad dentro del conjunto de configuraciones favorables al crecimiento. Adem&aacute;s, dado que las configuraciones de precios relativos que inhiben el crecimiento suelen resultar insostenibles, la prudencia dicta buscar la estabilidad de precios s&oacute;lo dentro de un contexto favorable al crecimiento. Ello requiere evitar sistem&aacute;ticamente la sobrevaluaci&oacute;n cambiaria, especialmente en tiempos de recesi&oacute;n; es decir, evitar la implementaci&oacute;n de una pol&iacute;tica monetaria proc&iacute;clica como la adoptada a principios de los a&ntilde;os 2000. Ello involucra la flexibilizaci&oacute;n del actualmente muy estricto esquema de metas de inflaci&oacute;n y su combinaci&oacute;n con un esquema de metas de tipo de cambio real. M&aacute;s precisamente, el banco central podr&iacute;a promover un tipo de cambio competitivo estableciendo un piso movible al tipo de cambio para evitar una apreciaci&oacute;n excesiva. Ello implicar&iacute;a manejar las tasas de inter&eacute;s o intervenir en el mercado cambiario cuando el tipo de cambio toca el piso y permitiendo que, de otra manera, el tipo de cambio flote libremente. As&iacute;, en esta alternativa, el banco central no tiene una meta fija de tipo de cambio real, sino que s&oacute;lo establece un piso a su valor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cuarta secci&oacute;n concluye con algunas reflexiones sobre la crisis actual y las oportunidades que presenta para un cambio de rumbo en la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica. La actual crisis econ&oacute;mica y financiera internacional est&aacute; afectando con gravedad a la econom&iacute;a mexicana. La contracci&oacute;n en el nivel de actividad econ&oacute;mica y en el empleo ser&aacute; considerable, seguramente la m&aacute;s grave desde los a&ntilde;os treinta. Al mismo tiempo, la crisis presenta oportunidades para superar algunas de las restricciones al crecimiento econ&oacute;mico de M&eacute;xico. En primer lugar, tanto la cuenta corriente como de capital en la balanza de pagos han mostrado una tendencia al deterioro que ha tra&iacute;do consigo un importante ajuste del tipo de cambio en la direcci&oacute;n deseable. En segundo lugar, la recesi&oacute;n reclama acciones fiscales decididas mientras que el estado de salud de las finanzas p&uacute;blicas provee, a diferencia de ocasiones anteriores, el espacio fiscal necesario para emprender esas acciones. Sin embargo, hasta el momento, la respuesta fiscal de M&eacute;xico ha sido t&iacute;mida. El tama&ntilde;o de la expansi&oacute;n fiscal (1.3% del PIB) es uno de los m&aacute;s peque&ntilde;os entre los pa&iacute;ses de la OCDE, muy inferior, por ejemplo, a las de Estados Unidos (5.6%), Corea del Sur (4.9%), Australia (4.6%), Nueva Zelanda (4.3%) o Canad&aacute; (4.1%). Y el reto es mayor a lo esperado, en la medida en que la contracci&oacute;n de la econom&iacute;a est&aacute; siendo m&aacute;s fuerte que las previsiones de principios de a&ntilde;o.</font></p>      ]]></body>
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