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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>A guisa de invitaci&oacute;n a la lectura</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Arturo Taracena Arriola  </b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CEPHCIS-UNAM.</i></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los siete trabajos que integran el presente volumen reflejan, a partir cada uno de su propia tem&aacute;tica, el &aacute;nimo de discusi&oacute;n te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gica que caracteriz&oacute; al Coloquio "Regiones perif&eacute;ricas y Estado nacionales" que el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM realiz&oacute; en M&eacute;rida en abril del 2008, con la participaci&oacute;n de 21 especialistas en historia regional. La idea era aportar elementos en tres niveles: el estado actual del debate en la especialidad, el papel de las regiones perif&eacute;ricas en la construcci&oacute;n del Estado nacional &#151; propiciando el di&aacute;logo entre la realidad hist&oacute;rica de la frontera norte y la del sur, con el fin de lograr elementos de historia comparada para el siglo XIX&#151; y, finalmente, sobre la existencia de realidades perif&eacute;ricas en el seno de dichas regiones, como fue el actuar de las poblaciones ind&iacute;genas, enfrentadas a las elites locales, pero con capacidad de incidir no s&oacute;lo en la realidad regional, sino en la nacional. Asimismo, se buscaba continuar la discusi&oacute;n que desde hace ya alg&uacute;n tiempo han venido sosteniendo diversos especialistas acerca de la pertinencia de la historia regional, a ra&iacute;z de que Eric Van Young recordase en 1985 que, salvo casos excepcionales, su producci&oacute;n historiogr&aacute;fica part&iacute;a de considerar a la regi&oacute;n como un "presupuesto de investigaci&oacute;n", cuando lo que hace falta es demostrar su pertinencia hist&oacute;rica como tal.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, partimos de la idea de no ver a la regi&oacute;n como un espacio dado, <i>per se,</i> sino como una construcci&oacute;n. Es decir, un territorio asumido por sus habitantes, aunque tambi&eacute;n definido por el "otro", en este caso el poder central. La regi&oacute;n como un tejido elaborado mediante la interrelaci&oacute;n entre territorio, habitantes, elementos culturales, nodos urbanos, espacios econ&oacute;micos, circunscripciones administrativas, sin que por ello se le equipare &#151;como com&uacute;nmente se hace en la historiograf&iacute;a nacional&#151; con las delimitaciones pol&iacute;tico administrativas actuales, los estados de la Federaci&oacute;n mexicana. Compart&iacute;amos tambi&eacute;n la necesidad de dialogar sobre el peso y la calidad de los diversos tipos de regiones (geogr&aacute;ficas, econ&oacute;micas, &eacute;tnicas, hist&oacute;ricas, etc&eacute;tera), considerando que el di&aacute;logo interdisciplinario en materia de estudios regionales es ya insoslayable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;En qu&eacute; medida la regi&oacute;n ha sido asumida por el investigador exclusivamente en t&eacute;rminos de l&oacute;gica administrativa? &iquest;Qu&eacute; papel les corresponde &#151;o se les adjudica&#151; a los pueblos indios, as&iacute; como los otros componentes socio&#45;&eacute;tnicos en su construcci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;l juegan, a su vez, los misioneros y curas seculares, las autoridades civiles y militares, los empresarios locales y extranjeros, los grupos de colonos? Adem&aacute;s de las redes comerciales, &iquest;qu&eacute; peso tienen las l&oacute;gicas de distribuci&oacute;n de la tierra, la cobranza de tributos y los conflictos armados como elementos centrales en la definici&oacute;n de una realidad regional? Es decir, &iquest;cu&aacute;nto existe en la realidad y cu&aacute;nto es obra de la l&oacute;gica anal&iacute;tica de las ciencias sociales? Hace ya varios a&ntilde;os que Eric Van Young plante&oacute; que una regi&oacute;n es una hip&oacute;tesis a demostrar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde nuestras diversas disciplinas, los cient&iacute;ficos sociales nos hemos dado a la tarea de definir la regi&oacute;n otorgando, seg&uacute;n nuestro enfoque, mayor o menor &eacute;nfasis a la geograf&iacute;a, al territorio domesticado o imaginado, a las culturas y la etnicidad existentes, a la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica prevalecientes, todo esto, en el seno del Estado nacional que la alberga. No cabe duda que el territorio es un componente fundamental en la construcci&oacute;n de las regiones, y contribuye a la creaci&oacute;n de su identidad, pero no resulta en s&iacute; mismo suficiente. De hecho, con cierta frecuencia se habla de la identidad regional, que conlleva l&oacute;gicas de invenci&oacute;n de tradiciones, creaci&oacute;n de s&iacute;mbolos y discursos, as&iacute; como las recreaciones historiogr&aacute;ficas y emisi&oacute;n de leyes y decretos de gobierno, hechos que pueden ser asumidos por todos sus habitantes o relativizados o contestados abiertamente por una parte de ellos. Mientras que la elite les adjudica una pretendida totalidad, haci&eacute;ndolas parte de la identidad territorial pol&iacute;tico administrativa </font><font face="verdana" size="2">que pretenden hegemonizar, los sectores populares reclaman su pertenencia a unidades menores, las que enmarcadas en el espacio regional se relacionan entre s&iacute;, y buscan combatir a la vez la reproducci&oacute;n centralizadora de sus minor&iacute;as selectas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El territorio de las regiones no tiene fronteras delimitadas; se mueve en la l&oacute;gica de los linderos, los cuales se contraen o extienden de acuerdo a las acciones estructuradas de sus habitantes, al poder de sus sistemas comercial y productivo, a las aspiraciones pol&iacute;ticas de la elite, a la resistencia de las poblaciones primigenias a ser dominadas, a la reacci&oacute;n centralizadora del Estado nacional, y a la injerencia de pa&iacute;ses vecinos, hechos que marcan el car&aacute;cter pol&iacute;tico de las relaciones entre la naci&oacute;n y las regiones. Es por ello que, cuando &eacute;stas est&aacute;n ligadas al fen&oacute;meno de la disputa del poder pol&iacute;tico y al hecho de que en su interior existen movimientos que buscan cierto nivel de autonom&iacute;a, son denominadas regiones "hist&oacute;ricas", y marcan su especificidad influyendo directamente en la construcci&oacute;n del Estado nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo ilustraba el cartel con que se publicit&oacute; el Coloquio, de forma figurativa representamos esa relaci&oacute;n hist&oacute;rica y espacial por medio de un &oacute;valo conteniendo el mapa decimon&oacute;nico de M&eacute;xico, en el cual las regiones del norte y del sur, en definitiva, se tocan de dos formas diferentes: por el per&iacute;metro, igual&aacute;ndose en su condici&oacute;n geogr&aacute;fico&#45;administrativa perif&eacute;rica frente al n&uacute;cleo conductor del Estado republicano. Y, segundo, porque mantienen una relaci&oacute;n diametral con ese centro que les parece difuso, la cual si bien es equidistante evidencia la dependencia y marginalidad en la que ambas fronteras evolucionaron a lo largo del siglo XIX Sin embargo, las presiones que dichas regiones sufrieron &#151;en tanto fronteras&#151; por parte de los Estados nacionales vecinos, no son las mismas, pues enormes porciones norte&ntilde;as se perdieron al ser incorporadas a los Estados Unidos, mientras que en el sur se mantuvieron, y hasta ensancharon, con la incorporaci&oacute;n de Chiapas y el Soconusco al territorio nacional mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esa forma, los trabajos presentados en este n&uacute;mero de <i>Pen&iacute;nsula</i> muestran c&oacute;mo la configuraci&oacute;n de los confines de M&eacute;xico &#151;y con ellos, los de sus vecinos&#151; es resultado de un proceso hist&oacute;rico &iacute;ntimamente relacionado con los movimientos de poblaci&oacute;n, comercio y contrabando, los cuales incluyeron, a distintos ritmos, los embates de la colonizaci&oacute;n por parte de nacionales y extranjeros, sobre las tierras de indios. Sin embargo, estas experiencias tambi&eacute;n incluyeron la respuesta de las poblaciones originarias de tales territorios, ante la acci&oacute;n de las elites regionales y del Gobierno central, que ten&iacute;an por meta garantizar la unidad regional o nacional, seg&uacute;n el caso. Hablamos, entonces, de movimientos de naturaleza econ&oacute;mica y pol&iacute;tica que, como se ver&aacute;, presentan algunas similitudes en las fronteras norte y sur desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien es cierto que los actuales l&iacute;mites nacionales se trazaron a lo largo de la segunda mitad del siglo diecinueve, tienen sus antecedentes en las rivalidades de los imperios europeos y su expresi&oacute;n colonial en Am&eacute;rica, as&iacute; como en el mayor o menor &eacute;xito de la territorializaci&oacute;n ejercida por los gobiernos coloniales y, poste</font><font face="verdana" size="2">riormente, por las minor&iacute;as privilegiadas en plena construcci&oacute;n republicana a ra&iacute;z de la Independencia. De ah&iacute; que el establecimiento de colonos anglosajones en territorio novohispano &#151;y posteriormente mexicano&#151; se viera favorecido por la ambig&uuml;edad de la legislaci&oacute;n e incluso por la abierta simpat&iacute;a de pobladores y autoridades mexicanas ante el temor a los indios, pues la distancia que mediaba entre aquellas regiones y el centro permiti&oacute; a sus autoridades poder actuar con cierta autonom&iacute;a. A ello se aunaron problemas de abasto, que debieron resolverse empleando distintas estrategias, como el caso del comercio establecido por California con la Gran Breta&ntilde;a y Estados Unidos, y que constituyen factores importantes en los estudios de las regiones fronterizas perif&eacute;ricas, considerando la presi&oacute;n que los Estados nacionales vecinos ejercen sobre la conformaci&oacute;n de esos territorios, ya por razones econ&oacute;micas ligadas al mercado mundial, por expansi&oacute;n territorial propia, o por otras causas relativas a la defensa de su soberan&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la construcci&oacute;n territorial republicana van a resultar decisivos los acuerdos y los desacuerdos entre actores e intereses de proyecci&oacute;n "nacional" y agentes de poder y grupos sociales del &aacute;mbito "local" (vg. provincias y regiones), realidad que se aplica al conjunto del territorio del nuevo Estado mexicano independiente. Se trata de lugares remotos y poco integrados a las din&aacute;micas centrales (socioecon&oacute;micas, pol&iacute;ticas, jur&iacute;dicas y culturales) de la sociedad. Por ejemplo, en 1831, el nuevo gobierno sonorense carec&iacute;a a&uacute;n de un reglamento para llevar a cabo el proceso jur&iacute;dico que incluyese a la poblaci&oacute;n n&oacute;mada de su jurisdicci&oacute;n, representada en gran medida por los seris. El intento por cumplir las leyes de la Rep&uacute;blica mexicana, que ordenaban la inclusi&oacute;n de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena como ciudadanos que gozaban de los mismos derechos, no consegu&iacute;a concretarse por la desigualdad que originaba la heterogeneidad de la poblaci&oacute;n y la imposibilidad de convencer a los "vecinos" sonorenses de los derechos que ten&iacute;an sus antagonistas del desierto. Sin embargo, a diferencia de otras regiones perif&eacute;ricas o marginales ubicadas "pa&iacute;s adentro", en estos casos la debilidad estatal se torn&oacute; cr&iacute;tica en funci&oacute;n de preservar el territorio heredado de la Colonia y vital de ser salvaguardado ahora por razones de inter&eacute;s "nacional" frente a las pretensiones y amenazas extranjeras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, la formaci&oacute;n territorial de M&eacute;xico ofrece ejemplos contrastantes de acuerdo a sus realidades regionales. Mientras la secesi&oacute;n de Texas y la p&eacute;rdida de otras provincias del norte en la guerra con Estados Unidos hicieron evidente lo precario del dominio "nacional" en el vasto septentri&oacute;n, los procesos de construcci&oacute;n territorial en el sureste mexicano tuvieron un signo muy distinto. La agregaci&oacute;n de Chiapas en 1824, y la ocupaci&oacute;n militar del Soconusco en 1842 constituyeron episodios sumamente exitosos para el poder central mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero las realidades fronterizas tambi&eacute;n presentan otro tipo de problem&aacute;tica. Por ejemplo, la provincia de Yucat&aacute;n permaneci&oacute; separada de la Rep&uacute;blica por varios a&ntilde;os, para luego reintegrarse a ella a partir del estallido de la denominada "Guerra de Castas" en 1847. Esta sublevaci&oacute;n maya devino en la p&eacute;rdida <i>de facto </i></font><font face="verdana" size="2">de la franja oriental de la pen&iacute;nsula, la cual fue recuperada medio siglo m&aacute;s tarde por el poder central, dando origen al territorio federal (hoy estado) de Quintana Roo. As&iacute;, los mayas icaich&eacute;s surgieron de las transformaciones que se operaron en Yucat&aacute;n en la primera mitad del siglo XIX, ganando territorio e influencia por sus alianzas con elementos implicados en la Guerra de Castas, mostrando que distintos modelos de acci&oacute;n pol&iacute;tica pueden existir a la vez en una realidad regional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces, &iquest;hay unidad en el comportamiento de los actores locales? Precisamente en los art&iacute;culos que se siguen se evidencia la doble dimensi&oacute;n de estas figuras en la construcci&oacute;n de una regi&oacute;n. L&iacute;neas arriba he dicho ya que las regiones no son necesariamente creaciones naturales, sino que surgen como resultado de diversos procesos sociales, incluyendo las imposiciones de las elites locales dominantes, que buscan expandir su propia base material y ejercer sin discusi&oacute;n el control administrativo regional, dialogando o cuestionando las presiones del poder central, lo mismo que combatiendo las oposiciones de ciertos grupos que se oponen a tal proceder hegem&oacute;nico. Es decir, comprender el pasado de las poblaciones ind&iacute;genas que las habitan &#151;que son subordinadas por tazones &eacute;tnicas, como en el ya mencionado caso de los seris de Sonora o los de los icaich&eacute;s de Yucat&aacute;n, los pobladores mayas y pardos de la regi&oacute;n de los r&iacute;os de Campeche y Tabasco, y los diferentes pueblos indios de la Huasteca&#151; es fundamental para desentra&ntilde;ar la conformaci&oacute;n hist&oacute;rica de sus respectivas realidades regionales. Cada vez m&aacute;s la cr&oacute;nica local va necesitando definir c&oacute;mo funciona la triangulaci&oacute;n que integran las elites nacionales y regionales, las poblaciones ind&iacute;genas y las castas mayoritarias, para dar una respuesta m&aacute;s ajustada a la historia hispanoamericana decimon&oacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, en el panorama del nuevo orden republicano hay que considerar tambi&eacute;n el papel de los grupos mestizos y afroamericanos en ascenso, dada la introducci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, y los procesos de marginaci&oacute;n de los grupos originarios, debido a la ruptura del pacto colonial, as&iacute; como a la b&uacute;squeda incesante de garant&iacute;as para la construcci&oacute;n del Estado mexicano, liderada por funcionarios y tropas provenientes de otras latitudes del territorio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la vida regional decimon&oacute;nica se construy&oacute; entre los esfuerzos de los primeros por consolidar su hegemon&iacute;a y negociar la autonom&iacute;a territorial regional frente al centro; la lucha de los segundos, abri&eacute;ndose espacio en medio de crecientes l&oacute;gicas de movilidad poblacional y jur&iacute;dica, y las estrategias de los terceros, intentando reducir el impacto que dicha din&aacute;mica regionalizadora ejerc&iacute;a sobre su territorio, cultura y econom&iacute;a, al punto de llevarlos a entablar negociaciones con otros actores nacionales, autoridades de estados vecinos o, de plano, desempe&ntilde;&aacute;ndose directamente bajo las &oacute;rdenes del poder central para garantizar la unidad nacional.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esa l&oacute;gica, los procesos de colonizaci&oacute;n y las medidas jur&iacute;dico&#45;administrativas que los acompa&ntilde;aron crearon nuevos espacios domesticados, rompiendo con regionalidades hist&oacute;ricas y fomentando en el seno del gobierno central la construcci&oacute;n de nuevas divisiones territoriales (estados). Este resulta ser el caso de la Regi&oacute;n de los R&iacute;os, que ya en el siglo XIX se ve dividida entre dos estados de la Federaci&oacute;n mexicana: Tabasco y Campeche. De este modo, el ordenamiento territorial republicano no s&oacute;lo va sumando, sino rompiendo con l&oacute;gicas territoriales previas, como ocurre, por ejemplo, en la historia campechana, que en tanto regional, en la larga y mediana duraci&oacute;n rebasa la historiograf&iacute;a pol&iacute;tica tradicional ce&ntilde;ida estrictamente al interior de sus fronteras, otorg&aacute;ndole a la historia local una densidad diferente en cuanto a sus periodos, vertientes y actores hist&oacute;ricos. Como dos de los textos se&ntilde;alan, en determinados casos esta perspectiva puede explicar la pervivencia de algunos s&iacute;mbolos de identidad entre los campechanos de nuestros d&iacute;as, como la reivindicaci&oacute;n de la riqueza de la &eacute;poca del palo de tinte y, luego, la chiclera, develando las ra&iacute;ces sociales de la historia del siglo XX hasta hoy.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En definitiva, en el rompecabezas de la historia regional las territorialidades, identidades, culturas y l&oacute;gicas econ&oacute;micas se traslapan, ocurren con frecuencia, en simult&aacute;neo, y es tarea de la historia regional proponer un orden a su g&eacute;nesis y desarrollo, desde la &oacute;ptica de la larga duraci&oacute;n. De esa forma, no s&oacute;lo se explicar&aacute; a s&iacute; misma y a las localidades que la integran, sino tambi&eacute;n ayudar&aacute; a comprender la l&oacute;gica de la formaci&oacute;n del Estado nacional. Los siete ensayos historiogr&aacute;ficos que hoy presentamos nos ofrecen pautas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas para lograrlo con &eacute;xito.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Sobre este debate v&eacute;ase: Ricardo Melgar, "La regi&oacute;n etnocultural (una categor&iacute;a anal&iacute;tica&#45;problem&aacute;tica)", <i>Anthropos,</i> n&uacute;m. 2&#45;3, verano: 3&#45;14, 1988. M&eacute;xico: ENAH; Eric Van Young, 1990. <i>La ciudad y el campo en el M&eacute;xico del siglo XVIII: la econom&iacute;a rural de la regi&oacute;n de Guadalajara, 1675&#45;1820.</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, y tambi&eacute;n "Haciendo historia regional. Consideraciones metodol&oacute;gicas y te&oacute;ricas", <i>Regi&oacute;n e historia en M&eacute;xico (1700&#45;1859),</i> pp. 99&#45;122. 1991. M&eacute;xico Instituto Mora y UAM; Pedro P&eacute;rez Herrero (comp.), <i>Regi&oacute;n e historia en M&eacute;xico (17001850). M&eacute;todos de an&aacute;lisis regional,</i> 1991. M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora&#45;Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana (Antolog&iacute;as Universitarias); Andr&eacute;s F&aacute;bregas, <i>El concepto de regi&oacute;n en la literatura antropol&oacute;gica,</i> 1992. Tuxtla Guti&eacute;rrez, Instituto Chiapaneco de Cultura; Carlos Mart&iacute;nez Assad, "Historia regional. Un aporte a la nueva historiograf&iacute;a", <i>El Historiador frente a la Historia. Corrientes historiogr&aacute;ficas actuales,</i> Horacio Crespo <i>et al.,</i> pp. 121129, 1992. M&eacute;xico, UNAM (Serie Divulgaci&oacute;n 1), y tambi&eacute;n <i>Los sentimientos de la regi&oacute;n: del viejo centralismo a la nueva pluralidad,</i> 2001. M&eacute;xico, Editorial Oc&eacute;ano de M&eacute;xico; Juan Pedro Viqueira, "Historia regional: tres senderos y un mal camino", <i>Secuencia,</i> n&uacute;m. 25, enero&#45;abril: 123&#45;137. 1993. M&eacute;xico; Claudio Lomnitz, <i>Las salidas del laberinto. Cultura e ideolog&iacute;a en el espacio nacional</i></font> <font face="verdana" size="2"><i>mexicano.</i> M&eacute;xico, Joaqu&iacute;n Mortiz&#45;Planeta, 1995; Pablo Serrano &Aacute;lvarez (coord.), <i>Pasado, presente y futuro de la historiograf&iacute;a regional de M&eacute;xico,</i> 1998. M&eacute;xico, UNAM, y tambi&eacute;n "Interpretaciones de la historiograf&iacute;a regional y local mexicana, 1968&#45;1999. Los retos te&oacute;ricos, metodol&oacute;gicos y l&iacute;neas de investigaci&oacute;n", <i>Revista de Historia Regional,</i> 6(2): 120. Universidade Estadual de Ponta Grossa, Ponta Grossa; Arturo Taracena Arriola, "Regi&oacute;n e Historia", <i>Desacatos,</i> n&uacute;m. 1: 28&#45;35. M&eacute;xico, CIESAS, 1999; Manuel Mi&ntilde;o Grijalva, "&iquest;Existe la historia regional?", <i>Historia Mexicana</i> LI (4): 867&#45;897, M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2002.</font></p>      ]]></body>
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