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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los irredentos parias: Los yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Raquel Padilla Ramos (2011),</b> <b><i>Los irredentos parias. Los yaquis, Madero y Pino Su&aacute;rez en las elecciones de Yucat&aacute;n, 1911</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Dora Elvia Enr&iacute;quez Lic&oacute;n*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, Colecci&oacute;n Historia. Serie Logos, 212 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Sonora. Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:denriquez@sociales.uson.mx">denriquez@sociales.uson.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX se escribi&oacute; mucho sobre los yaquis, y desde distintos &aacute;ngulos. Tal inter&eacute;s se debe a sus continuas y notorias acciones en defensa de su identidad, territorio y autonom&iacute;a. La abundante historiograf&iacute;a sobre este grupo ind&iacute;gena ha puesto particular &eacute;nfasis en describir la muy larga cadena de rebeliones armadas, que fueron la nota dominante en el escenario regional sonorense durante el siglo XIX y las primeras d&eacute;cadas del XX, destaca asimismo el importante papel de las dirigencias en tales movilizaciones, como el caso de Juan Banderas, Cajeme y Tetabiate.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el prolongado episodio conocido como la <i>Guerra Yaqui,</i> ocurrido en la tambi&eacute;n muy larga cauda de a&ntilde;os porfiristas, una de las medidas extremas de los gobiernos federal y estatal para derrotar a esta etnia fue la deportaci&oacute;n, cuyo prop&oacute;sito fue desarraigarla de sus pueblos en el r&iacute;o Yaqui, y enviar a sus integrantes, en calidad de prisioneros de guerra, a realizar trabajos forzados en la pen&iacute;nsula yucateca. En la historiograf&iacute;a mencionada s&oacute;lo se hab&iacute;a enunciado tal pol&iacute;tica porfiriana; hasta hace poco tiempo no se dispon&iacute;a de investigaciones serias para conocer los impactos y secuelas de tan inhumana medida contra los ind&iacute;genas. Gracias a la tesonera labor de Raquel Padilla Ramos, este proceso hist&oacute;rico ha cobrado nuevos significados, pues ofrece respuestas a preguntas fundamentales: &iquest;qu&eacute; ocurri&oacute; con los yaquis en Yucat&aacute;n una vez deportados?, &iquest;qui&eacute;nes promovieron la deportaci&oacute;n y qu&eacute; beneficios obtuvieron?, y &iquest;cu&aacute;ndo y bajo cu&aacute;les circunstancias ocurri&oacute; su retorno a Sonora?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Raquel Padilla Ramos public&oacute;, en 1995, <i>Yucat&aacute;n, fin del sue&ntilde;o yaqui. El tr&aacute;fico de los yaquis y el otro triunvirato;</i> en 2006, <i>Progreso y libertad. Los yaquis en la v&iacute;spera de la repatriaci&oacute;n</i> y en 2011, <i>Los irredentos parias...</i> en el que ofrece al lector una perspectiva fresca, cr&iacute;tica y con alto compromiso acad&eacute;mico, al explicar c&oacute;mo se dio la coincidencia de diversos factores y circunstancias que hicieron posible la "repatriaci&oacute;n" de los yaquis a su a&ntilde;orado territorio. Con gran soltura va entretejiendo, a lo largo de doscientas p&aacute;ginas, acontecimientos, personajes, contextos, escenarios, perspectivas metodol&oacute;gicas, cr&iacute;tica historiogr&aacute;fica, hallazgos y ausencias (o l&iacute;mites en el conocimiento del tema), y da como resultado un libro de f&aacute;cil lectura, no obstante la gran profusi&oacute;n de datos incorporados y la menci&oacute;n de numerosos actores sociopol&iacute;ticos en tan compleja trama, todo ello combinado en una breve temporalidad (1911) en un escenario hist&oacute;rico de por s&iacute; convulso, el de la revoluci&oacute;n maderista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n que provoc&oacute; la construcci&oacute;n de esta obra, seg&uacute;n explica la autora, fue responder a la pregunta "cu&aacute;les fueron las condiciones sociales y pol&iacute;ticas bajo las cuales los yaquis fueron exonerados de los trabajos forzados en las haciendas henequeneras de Yucat&aacute;n y puestos en el camino a la repatriaci&oacute;n en Sonora" (p. 23). El proceso indagatorio la llev&oacute; a sumergirse en acervos documentales, referencias historiogr&aacute;ficas y, sobre todo, en fuentes hemerogr&aacute;ficas (gubernamentales, eclesi&aacute;sticas y comerciales) nacionales y extranjeras, que resultaron ser los cimientos del nuevo conocimiento generado, pues los datos emp&iacute;ricos localizados en peri&oacute;dicos y revistas guiaron b&uacute;squedas espec&iacute;ficas en los acervos documentales del Archivo General de la Naci&oacute;n, el Archivo General del Estado de Sonora y el Archivo General del Estado de Yucat&aacute;n, as&iacute; como en la Colecci&oacute;n Madero, ubicada en la biblioteca de la Universidad de Arizona.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los soportes emp&iacute;ricos fueron organizados para su an&aacute;lisis en funci&oacute;n de pautas te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas claras y pertinentes, en las que se combinan los oficios del historiador y el antrop&oacute;logo. La cr&iacute;tica rigurosa a las fuentes hist&oacute;ricas se apoy&oacute; en la valiosa herramienta del an&aacute;lisis del discurso, enfocando la observaci&oacute;n en la esfera cultural y la acci&oacute;n sociopol&iacute;tica de los yaquis <i>yucatecos,</i> como se distingui&oacute; a los desterrados. Tal perspectiva te&oacute;rico&#45;metodol&oacute;gica permiti&oacute; a Raquel Padilla Ramos allegarse de un modelaje metodol&oacute;gico adecuado, para lograr un importante producto historiogr&aacute;fico, que ahora ofrece en <i>Los irredentos parias...</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro consta de tres apartados, y contiene un pr&oacute;logo escrito por el doctor Antonio Escobar Ohmstede. El primer cap&iacute;tulo narra las condiciones sociales y laborales de los yaquis desterrados, informa al lector sobre las nuevas formas de convivencia que debieron adoptar para sobrevivir en un ambiente obviamente hostil para ellos; dibuja el entorno en que desempe&ntilde;aron su trabajo "forzado" en las haciendas henequeneras, los accidentes laborales, los estragos causados por la fiebre amarilla, las resistencias que opusieron (entre ellas el suicidio), las movilizaciones sociales que protagonizaron y, sobre todo, destaca la tenacidad ind&iacute;gena para reconstituir (para no dejar morir) su identidad cultural; as&iacute;, enfatiza la autora, "el amor yaqui por lo yaqui" (p. 24).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo se ocupa de analizar la compleja trama pol&iacute;tica que posibilit&oacute; la "liberaci&oacute;n" de los yaquis del trabajo forzado y la preocupaci&oacute;n de los empresarios henequeneros al perder la mano de obra; el traslado de los ind&iacute;genas a la ciudad de M&eacute;rida, el papel que jug&oacute; en todo el proceso un l&iacute;der obrero&#45;campesino (Tom&aacute;s P&eacute;rez Ponce) y sus v&iacute;nculos con una de las facciones, que en esos momentos de agitaci&oacute;n pol&iacute;tica disputaba la gubernatura del estado, con fuertes enlaces nacionales; saltan al escenario dos figuras ampliamente conocidas: Francisco I. Madero y Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez. Una vez "liberados" de las haciendas, los yaquis pasaron a formar parte de los contingentes militares que, en apoyo del candidato (y luego gobernador) Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez, poco despu&eacute;s vicepresidente de la rep&uacute;blica, mostraron su eficacia como "grupo de choque" en el escenario electoral, as&iacute; como barrera de contenci&oacute;n del descontento social provocado por el turbio resultado de las elecciones yucatecas de 1911, de esto se ocupa el tercer cap&iacute;tulo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como podemos apreciar, Raquel Padilla Ramos entrega en <i>Los irredentos parias.</i> una recreaci&oacute;n completa de los aspectos m&aacute;s significativos que rodearon la estad&iacute;a de los yaquis deportados en Yucat&aacute;n; son de gran relevancia los aportes historiogr&aacute;ficos a este episodio que, como reconoce la autora, est&aacute; revestido de ignominia y ha dejado deudas hist&oacute;ricas que es preciso cubrir, y en ello ha puesto su empe&ntilde;o de manera exitosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Padilla equipara las haciendas henequeneras porfiristas con "torres de babel", en las que coincidieron chinos, coreanos, cubanos, espa&ntilde;oles, huastecos, mayas y yaquis; la diferencia fundamental fue que los ind&iacute;genas sonorenses fueron trasladados a ese lugar contra su voluntad, debido a un pacto celebrado entre las altas jerarqu&iacute;as pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas regionales y nacionales; al llegar debieron cambiar su vestimenta usual por el cl&aacute;sico atuendo maya: traje de manta los hombres y huipil blanco de escote cuadrado las mujeres. A diferencia del resto de los inmigrantes, el salario no era significativo para ellos, lo importante era canalizar todos sus esfuerzos por mantener unida la familia, la comunidad, conservar sus tradiciones culturales y, ante todo, luchar por el regreso a su tierra. Por ello, no obstante el atuendo maya, se distingu&iacute;an como for&aacute;neos por sus gustos culinarios, lengua, ceremonias y rituales. Aunque parezca parad&oacute;jico, en un entorno extra&ntilde;o y hostil, los yaquis tuvieron m&aacute;s oportunidad de expresar abiertamente sus rasgos marcadores de identidad, pues en Sonora debieron ocultarlos debido a la guerra de exterminio que enfrentaban.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de analizar, desde la perspectiva de g&eacute;nero, los comportamientos de los yaquis en las haciendas henequeneras, Raquel Padilla analiza con sumo detenimiento el tipo de relaci&oacute;n establecida entre ellos y los hacendados, descartando en definitiva la posibilidad de que tal relaci&oacute;n haya sido de tipo esclavista, como ha manejado tradicionalmente la historiograf&iacute;a. Sostiene, por el contrario, que los v&iacute;nculos eran de "car&aacute;cter paternalista" (una relaci&oacute;n de tipo tradicional, de Antiguo R&eacute;gimen), caracterizada por ataduras de diversa &iacute;ndole. Para este an&aacute;lisis, el concepto de "econom&iacute;a moral" mostr&oacute; su pertinencia, pues ampl&iacute;a el espectro de factores que intervienen en una relaci&oacute;n social de tipo paternalista, en la que tan importantes son los aspectos econ&oacute;mico&#45;laborales, como que el patr&oacute;n hable la lengua, se comprometa con el parentesco ritual a trav&eacute;s del compadrazgo, que est&eacute; pendiente del pe&oacute;n y se haga cargo de las ceremonias significativas en el ciclo vital de &eacute;l y su familia (bautizos, bodas, funerales).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En muchas de las haciendas donde fueron "implantados", los yaquis pudieron expresar con entera libertad sus tradiciones culturales; no obstante, seg&uacute;n lo expuesto en <i>Los irredentos parias...</i> fueron las mujeres quienes asumieron con mayor compromiso la tarea de cuidar la continuidad de los rasgos identitarios, no dejaron debilitar en sus hijos la memoria por el lejano territorio del que hab&iacute;an sido arrancados, exaltando sus virtudes y alimentando el ansia del regreso, o repatriaci&oacute;n, como se le llam&oacute;; dieron continuidad al uso de la lengua cahita (aunque los monoling&uuml;es debieron aprender maya y espa&ntilde;ol), cuidaron las tradiciones alimenticias y, sobre todo, los rituales asociados a momentos significativos del ciclo vital: nacimiento/bautizo, matrimonio y muerte. En la medida de lo posible, procuraban que cada detalle de la vida cotidiana "se aproximara a lo propiamente yaqui". Con gran audacia, Raquel Padilla quiere ver en Yucat&aacute;n un rasgo duro en las mujeres yaquis, manifestado en Sonora en lo m&aacute;s &aacute;lgido de la Guerra Yaqui, puntualmente en la c&eacute;lebre matanza de Mazocoba: prefer&iacute;an el sacrificio de los hijos (con vulnerabilidad extrema a enfermedades como la fiebre amarilla), a que tuvieran que enfrentar las desventajosas condiciones de sometimiento y explotaci&oacute;n en una tierra que les era ajena. Destaca que los suicidios fueron frecuentes entre los yaquis en Yucat&aacute;n, "los lazos con lo atr&aacute;s dejado eran tan fuertes que algunos yaquis optaron por dar fin a sus vidas y rechazar la adaptaci&oacute;n o asimilaci&oacute;n cultural que el destierro les impon&iacute;a". Algunos comieron tronco de henequ&eacute;n, que les enfermaba de gravedad, otros no consum&iacute;an alimentos, y afirma que a muchos la fiebre amarilla les hizo el favor (p. 70).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los yaquis deportados percibieron una oportunidad de lograr la ansiada repatriaci&oacute;n a principios de 1911. Poco antes del triunfo de la revoluci&oacute;n maderista ocurrieron revueltas rurales en Yucat&aacute;n, quiz&aacute; alentadas por algunos ricos henequeneros marginados del poder pol&iacute;tico. En este agitado ambiente, los yaquis consiguieron armas y se sumaron a los "revoltosos" iniciando as&iacute; su proceso de "liberaci&oacute;n", mediante nuevos v&iacute;nculos que beneficiaron a ambas partes: los l&iacute;deres pol&iacute;ticos buscaron a los yaquis no s&oacute;lo por su n&uacute;mero significativo, sino por su experiencia en los campos de batalla y su crecida fama de grandes guerreros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con lo que nos informa Raquel Padilla, "1911 fue un a&ntilde;o de descontento social y movimientos populares. En algunos de ellos hubo participaci&oacute;n yaqui &#91;...&#93; Los yaquis aparecen a veces como francotiradores, a veces como hueste pasiva, pero siempre azuzados por otros grupos o personas para incorporarse a las rebeliones". Aqu&iacute; aparece en escena el dirigente Tom&aacute;s P&eacute;rez Ponce, como "instigador y protector" de los yaquis (p. 90).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los empresarios henequeneros denunciaron, ante el presidente interino Francisco Le&oacute;n de la Barra, que los peones eran "soliviantados" por agitadores que promet&iacute;an el reparto de las haciendas (p. 91). Era obvio que a los yaquis no les interesaba hacerse de un pedazo de tierra en un medio extra&ntilde;o y hostil, pero s&iacute; buscaban la oportunidad de regresar a Sonora por lo que, alentados por su "jefe" P&eacute;rez Ponce, abandonaron las haciendas y se mudaron a la ciudad de M&eacute;rida, donde se supon&iacute;a deb&iacute;an esperar el medio de transporte que los llevar&iacute;a de regreso a su patria chica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Padilla Ramos analiza con detenimiento este proceso de "liberaci&oacute;n" yaqui, y pone al descubierto los intereses particulares de las facciones confrontadas por hacerse cargo del poder pol&iacute;tico en la coyuntura electoral de septiembre de 1911, en la que midieron fuerzas los candidatos Delio Moreno Cant&oacute;n (apoyado por "oligarcas y miembros de las elites econ&oacute;micas e intelectuales de antigua matriz conservadora") y Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez (apoyado por "clientelas urbanas y rurales del viejo peoncismo, lidereadas por hacendados y hombres de negocios"), y apadrinado por el triunfador Francisco I. Madero. La autora afirma que en la disputa electoral se enfrent&oacute; entre s&iacute; la oligarqu&iacute;a henequenera, cuyas bases sociales estaban conformadas por jornaleros del campo, entre ellos yaquis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "benefactor" y "libertador" de los yaquis, Tom&aacute;s P&eacute;rez Ponce, se adhiri&oacute; a Pino Su&aacute;rez y moviliz&oacute; jornaleros a su favor, en oposici&oacute;n a Delio Moreno. En julio de 1911, P&eacute;rez Ponce dijo a los yaquis "que eran libres, que no volvieran a las fincas donde trabajaban y que el Sr. Madero enviar&iacute;a un buque de guerra a buscarlos" (p. 118). &iquest;Form&oacute; parte la "liberaci&oacute;n" de los yaquis yucatecos de una intenci&oacute;n socialmente reivindicadora de la revoluci&oacute;n maderista?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No, sostiene Raquel Padilla Ramos, fueron liberados "para cumplir con un papel electorero&#45;militar" que benefici&oacute; a Pino Su&aacute;rez y a su protector, Francisco I. Madero, ante quien los yaquis de Sonora hab&iacute;an demandado el regreso de sus parientes (p. 120 y 132).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los yaquis se les prometi&oacute; no s&oacute;lo mejor paga sino la repatriaci&oacute;n; para la campa&ntilde;a electoral "hicieron las veces de acarreados, de paramilitares, de porristas, de grupo de choque y, tarde o temprano, de jornaleros de campo nuevamente, pero esta vez con nuevos patrones, b&aacute;sicamente aquellos que apoyaron la aspiraci&oacute;n de Pino", refiere la autora (p. 148). Con su "liberaci&oacute;n", los yaquis fueron utilizados pero tambi&eacute;n resultaron beneficiados por la nueva situaci&oacute;n: se deshicieron del estigma de deportados o prisioneros de guerra, y alentaron la posibilidad del retorno a Sonora (p. 121), mismo que qued&oacute; en suspenso hasta diciembre de 1911, cuando fue embarcada la "primera remesa" de 500 ind&iacute;genas; se estima que en ese momento resid&iacute;an en Yucat&aacute;n m&aacute;s de cinco mil (p. 141).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Raquel Padilla Ramos apunta una paradoja importante: mientras en Sonora los yaquis enfrentaban con las armas a Madero y al gobernador Jos&eacute; Mar&iacute;a Maytorena, por no haber cumplido los t&eacute;rminos de la negociaci&oacute;n pactada, en M&eacute;rida se afiliaron al maderismo en apoyo a la candidatura de Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez; participaron en las elecciones del 15 de septiembre "armados hasta los dientes para 'cuidar' que todo se desarrollara dentro de la legalidad" (p. 193), contribuyendo as&iacute; a la imposici&oacute;n de un gobierno impopular derivado de elecciones fraudulentas, pues fue evidente el triunfo de Delio Moreno Cant&oacute;n en las urnas, pero Pino Su&aacute;rez fue declarado electo (p. 194).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Fueron los yaquis "utilizados" en Yucat&aacute;n? &iquest;Se aprovecharon los pol&iacute;ticos de su situaci&oacute;n dominada, subyugada, para usar en su beneficio la dimensi&oacute;n num&eacute;rica y la experiencia b&eacute;lica de los ind&iacute;genas sonorenses desterrados? Aunque Padilla Ramos recurre al t&eacute;rmino "utilizados", lo usa con cautela. Seg&uacute;n la Real Academia Espa&ntilde;ola, "utilizar" significa "aprovecharse de algo", es decir, "sacar provecho de algo o de alguien, generalmente con astucia o abuso". Sin duda, en el acercamiento de los "pinistas" a los yaquis hubo astucia, pero quiz&aacute; no abuso pues se dio una negociaci&oacute;n pactada: los dirigentes obtendr&iacute;an de los desterrados el apoyo electoral/militar a cambio de hacer realidad su expectativa de regresar a los ocho pueblos del r&iacute;o Yaqui, idea que result&oacute; muy atractiva para los yaquis, motivo por el cual se enrolaron en esta aventura que pol&iacute;ticamente les significaba muy poco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo afirma Raquel Padilla Ramos, si bien los yaquis fueron utilizados para imponer un nuevo gobierno en Yucat&aacute;n, las ventajas obtenidas "fueron muchas, y les sacaron partido". Ante todo, su nuevo estatus alent&oacute; con mayor fuerza su prop&oacute;sito principal: regresar a sus pueblos en el r&iacute;o Yaqui. Como apunta la autora, "la resistencia activa y la oposici&oacute;n pasiva, son manifestaciones que los grupos subalternos emplean y nos muestran que no se dejan manipular ciegamente, sino que tambi&eacute;n utilizan a los grupos dominantes para forjarse un sitio ventajoso, para pactar &#91; ...&#93;" (p. 194).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien Raquel Padilla pudo constatar que no se registr&oacute; una "repatriaci&oacute;n masiva" de yaquis deportados, tambi&eacute;n encontr&oacute; que, debido a su participaci&oacute;n activa en esta coyuntura de la historia yucateca, los yaquis peninsulares mejoraron en forma notable su estatus social alcanzando mejores niveles econ&oacute;micos, mayor autonom&iacute;a y la posibilidad de seguir engrosando las filas revolucionarias al amparo de su gran experiencia b&eacute;lica, que a la postre les permitir&iacute;a reconstituirse y retomar con renovadas fuerzas la lucha por su territorio en el r&iacute;o Yaqui, por su autonom&iacute;a e identidad cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El recuento presentado hasta aqu&iacute; resume el contenido de <i>Los irredentos parias...,</i> cuyo entramado ofrece al lector una visi&oacute;n historiogr&aacute;fica fresca y de gran calidad acad&eacute;mica. Aunque Raquel Padilla Ramos reconoce que no le fue posible, como hubiera querido, "dar seguimiento a la repatriaci&oacute;n yaqui hasta su retorno a Sonora y su reasentamiento en los Ocho Pueblos", sin duda cumple generosamente con una expectativa important&iacute;sima: saldar deudas hist&oacute;ricas con los yaquis y, sobre todo, constituirse en homenaje a hombres, mujeres y ni&ntilde;os "ca&iacute;dos en la lucha por la defensa de su Tierra y Autonom&iacute;a" (p. 202).</font></p>      ]]></body>
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