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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Nota cr&iacute;tica</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los indios en la nueva historiograf&iacute;a sonorense</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jes&uacute;s Armando Haro</b>*</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, en El Colegio de Sonora. Avenida Obreg&oacute;n 54, colonia Centro. C. P. 83000. Hermosillo, Sonora, M&eacute;xico.</i> Correos electr&oacute;nicos: <a href="mailto:aharo@colson.edu.mx">aharo@colson.edu.mx</a> / <a href="mailto:pueblos.geo@yahoo.com">pueblos.geo@yahoo.com</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto <i>Conflicto y armon&iacute;a. Etnias y poder civil, militar y religioso en Sonora</i>, coordinado por Raquel Padilla (2009), como <i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio en los imaginarios sociales ind&iacute;genas de Sonora, 1767&#45;1940</i>, coordinado por Esperanza Donjuan, Raquel Padilla, Dora Elvia Enr&iacute;quez y Zulema Trejo (2010) testimonian un inter&eacute;s renovado, por parte de los historiadores sonorenses, por ocuparse de un tema cuya atenci&oacute;n no ha sido muy connotada en la historiograf&iacute;a regional m&aacute;s o menos reciente, si se compara con lo estudiado en otras tem&aacute;ticas. Y, pese a que la historia ind&iacute;gena en el noroeste ha sido muy concurrida, en realidad tanto los historiadores como los antrop&oacute;logos regionales se han dedicado a otros temas en las d&eacute;cadas recientes. Por ello, ambos libros expresan una suerte de parteaguas o ajuste de cuentas con una historiograf&iacute;a de lo ind&iacute;gena, realizada principalmente con fuentes secundarias. Y, a diferencia de trabajos anteriores elaborados a trav&eacute;s de miradas ajenas, en estos dos textos colectivos asistimos a un empe&ntilde;o por revisitar los asuntos ind&iacute;genas con nuevos ojos, y acudir otra vez a las fuentes primarias. Este par de ejemplares da cuenta de ello, y por esto me ha parecido adecuado rese&ntilde;arlos de manera conjunta, a sabiendas de que varios de los autores participan en los dos.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una ventaja de ambos libros es que prestan sobrada atenci&oacute;n a las relaciones inter&eacute;tnicas, y que no pretenden describir a los pueblos ind&iacute;genas hist&oacute;ricos como si hubieran vivido aislados o, peor a&uacute;n, como si no hubieran sido "contaminados" por su entorno colonial. Al contrario, hay un inter&eacute;s activo por mostrar c&oacute;mo los sincretismos y los pr&eacute;stamos culturales siempre existieron en la historia regional y c&oacute;mo tampoco faltaron las contradicciones y los contubernios entre actores, que en otro momento sostuvieron disputas y conflictos. Lo que no deja de ser un gran acierto de los colegas historiadores que aqu&iacute; desfilan, pues escribir sobre los ind&iacute;genas, como si no existi&eacute;ramos los <i>yoris</i> (los descendientes de europeos hoy mezclados con los remanentes originarios) u otras etnias aleda&ntilde;as, ha sido una tendencia acuciosa de cierta antropolog&iacute;a culturalista y otras historiograf&iacute;as. Como aqu&iacute; bien se apuntala, en Sonora las relaciones inter&eacute;tnicas fueron construidas entre los aut&oacute;ctonos en periodos hist&oacute;ricos muy tempranos, con respecto al contacto con los europeos; y continuaron en construcci&oacute;n/deconstrucci&oacute;n permanente durante la colonizaci&oacute;n, en todo el territorio que en la actualidad se conoce como Sonora, y que antes fue en su parte sur la Pusolana ind&iacute;gena, dominio de las Provincias Internas y luego la Nueva Vizcaya, y el Estado Soberano de Occidente con Sinaloa, antes de su delimitaci&oacute;n pol&iacute;tica actual, establecida en el siglo XIX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una impresi&oacute;n en la lectura de los cap&iacute;tulos que integran las obras es que esta nueva historiograf&iacute;a sonorense parte de una suerte de conciliaci&oacute;n entre posiciones deterministas localizadas en lo econ&oacute;mico, lo pol&iacute;tico o en lo territorial, en un intento por integrar el marco de estas explicaciones "duras" con la influencia de la cultura, los s&iacute;mbolos, la religi&oacute;n y las mentalidades o epistemes de cada &eacute;poca, en conjunci&oacute;n con la centralidad que dan a la realidad ind&iacute;gena como un referente fundamental, para entender la historia y la conformaci&oacute;n actual de la sociedad sonorense. Y que este intento pasa por establecer una especie de di&aacute;logo con posiciones que plantean la relevancia de las representaciones y los imaginarios sociales en la instituci&oacute;n de las sociedades. Como se&ntilde;ala Castoriadis, con quien dialogan los ensayos contenidos en <i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio</i>, la generaci&oacute;n del consenso social y la construcci&oacute;n social de la hegemon&iacute;a no son s&oacute;lo hechos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos o ecol&oacute;gicos, sino que contienen una dimensi&oacute;n imaginaria fundamental. Y Castoriadis entiende el imaginario como <i>algo creado e inventado</i>, como una primera representaci&oacute;n que es capacidad y utop&iacute;a social, <i>magma de creaci&oacute;n permanente de la sociedad.</i> Este elemento permea ambas obras, aun cuando en <i>Conflicto y armon&iacute;a</i> no se encuentre patente la influencia del pensador griego. El inter&eacute;s por advertir la conjunci&oacute;n entre las ideas y los hechos materiales conlleva ventaja a visiones reduccionistas, que han sido frecuentes en la historiograf&iacute;a del noroeste ind&iacute;gena y se encuentran patentes aqu&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El espacio geogr&aacute;fico donde se ubican las etnias de las que hablan estos libros conjuga largas estepas de Aridoam&eacute;rica con los valles f&eacute;rtiles de la Oasisam&eacute;rica, que es m&aacute;s septentrional en el continente. Su caracter&iacute;stica quiz&aacute; m&aacute;s definitoria al momento de la exploraci&oacute;n y la conquista espa&ntilde;olas fue constituir un territorio habitado donde predominaban las "rancher&iacute;as", a diferencia de Mesoam&eacute;rica, donde tuvieron alta influencia las ciudades y los imperios. No obstante, como se&ntilde;alan algunos especialistas, tambi&eacute;n hay referencias de que ten&iacute;an una organizaci&oacute;n social y cultural sofisticada, lo que hay que entender en su especificidad hist&oacute;rica, y muestra que no se trataba de sociedades "b&aacute;rbaras", como com&uacute;nmente se ha cre&iacute;do. Y esto es lo que se propone en <i>Conflicto y armon&iacute;a</i> y en <i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio;</i> relatan trayectorias individuales y colectivas, sucedidas en distintos lapsos, &uacute;tiles para entender de qu&eacute; modo se configur&oacute; un marco de convivencia entre las etnias de Sonora y los poderes militar, civil y religioso, a lo largo de cinco centurias. Pueden aqu&iacute; atestiguarse decisiones y consecuencias dif&iacute;ciles en materia de pol&iacute;ticas implementadas, encaminadas a cimbrar el se&ntilde;or&iacute;o de los europeos y sus descendientes sobre los pueblos ind&iacute;genas de la entidad. La forma en que se puede palpar en las dos obras la vertiente evangelizadora fue concomitante a esta empresa, pero asumi&oacute; diversas facetas a lo largo de un proceso complejo, nunca desprovisto de recomposiciones y transacciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La parte negativa de la evangelizaci&oacute;n y conquista es algo que ya se aprecia en "Juan Bautista Escalante y los seris", primer trabajo incluido en <i>Conflicto y armon&iacute;a,</i> de Julio Montan&eacute;, donde este autor, originalmente arque&oacute;logo, se&ntilde;ala la simbiosis que tuvo lugar entre jesuitas y conquistadores para consolidar la colonizaci&oacute;n europea, con base en dos instituciones que fraguaron una relaci&oacute;n compleja de colaboraci&oacute;n y antagonismo: el presidio y la misi&oacute;n. Destaca en este caso el cuestionamiento de un mito com&uacute;n en la historiograf&iacute;a del noroeste mexicano, la del sometimiento voluntario de los ind&iacute;genas al poder espiritual de los padres prietos, encontrado en numerosas obras de los jesuitas Charles Polzer, Adam Gilg, Juan Nentvig, John Mart&iacute;nez o Luis Gonz&aacute;lez Rodr&iacute;guez. Las historias de armon&iacute;a y martirio son contrastadas con las redadas de indios y la cara asociaci&oacute;n de los jesuitas con los militares espa&ntilde;oles. La mirada de Montan&eacute; configura una imagen m&aacute;s cercana a la historiograf&iacute;a tradicional de denuncia, y tiene el m&eacute;rito de poner en el tablero la excepcionalidad de los conca'ac, como cultura de resistencia. Es algo que tambi&eacute;n propone Felipe Mora Reguera, en "Pesca ribere&ntilde;a y transformaci&oacute;n cultural en una sociedad del desierto. El caso conca'ac", quien ofrece un panorama que describe a grandes rasgos la trayectoria seguida por este grupo especial a lo largo de varios siglos, sin ahondar en alg&uacute;n aspecto espec&iacute;fico ni profundizar en el an&aacute;lisis de las relaciones con la sociedad sonorense o mexicana. Son los &uacute;nicos trabajos sobre esta etnia en ambos libros, y los que quiz&aacute; menos representan el inter&eacute;s por ofrecer una mirada novedosa sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La complejidad de las relaciones inter&eacute;tnicas es matizada en otros trabajos, donde se se&ntilde;ala la participaci&oacute;n activa de los ind&iacute;genas en las tareas espirituales y militares de la Colonia. As&iacute; lo denota Mar&iacute;a del Valle Borrero, cuando analiza la contribuci&oacute;n que tuvieron las tropas de ind&iacute;genas aliados y auxiliares en la consolidaci&oacute;n de la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola en la entonces provincia de Sonora, primero en el presidio pionero de Fronteras y a lo largo del siglo XVIII. Cuenta c&oacute;mo estas tropas auxiliaban a los jesuitas en su defensa contra las incursiones de conca'acs y apaches, igual que lo hicieron con el arriero Jos&eacute; Terradas, quien por all&aacute; en 1720 y a&ntilde;os colindantes comentaba que "s&oacute;lo los leales indios me han escoltado y asistido al entrar y salir" (p. 39). D&eacute;cadas m&aacute;s tarde pimas y &oacute;patas se hab&iacute;an convertido en la principal fuerza defensiva de la provincia. Y antes, en el XVII, los mayos fueron recursos competentes para enfrentar a los yaquis, quienes a su vez, junto con los pimas lo hicieron con los seris. Las transacciones inter&eacute;tnicas aqu&iacute; revisadas dan cuenta de la existencia de procesos regionales complejos, que cuestionan el manique&iacute;smo que es com&uacute;n encontrar en otros textos sobre este tema. Nos muestran que la "visi&oacute;n de los vencidos" no sigue siempre por cauces claros de antagonismo y resistencia, sino que expone numerosos ejemplos de colaboraci&oacute;n e incluso contubernio, como el de los <i>batos</i> o indios bautizados y los <i>yoris</i>, una categor&iacute;a regional cahita que indica tanto al que cura como al que mata, que se extiende a los blancos y mestizos; incluso a aqu&eacute;llos que los <i>yoemes</i> llaman los <i>torocoyoris</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos textos bien puede atestiguarse que las relaciones inter&eacute;tnicas de conflicto y armon&iacute;a han estado presentes a lo largo de la historia sonorense, como dispone el ensayo de Zulema Trejo, "Alianzas, pactos y conflictos entre notables e ind&iacute;genas sonorenses", quien presenta el caso de la familia G&aacute;ndara, en Ures, y la Ley de Sirvientes de 1830, que permiti&oacute; a ciertos notables del siglo XIX ofrecer protecci&oacute;n a los ind&iacute;genas en sus haciendas, donde se asilaban para escapar de las autoridades. Se abri&oacute; as&iacute; un esquema de clientelismo pol&iacute;tico que la autora califica como no vertical. Pero las reglas siempre conllevan excepciones, y aqu&iacute; se refieren a los <i>yoemes</i> o yaquis, sobre quienes se verti&oacute; m&aacute;s tinta en esta obra colectiva. Su persistencia cultural resistente y las luchas por el territorio contrastan con la historia de la entrada pac&iacute;fica de los jesuitas y su papel en la configuraci&oacute;n de los ocho pueblos tradicionales de esta naci&oacute;n ind&iacute;gena, aun cuando despu&eacute;s se manifestaran insurrecciones, tanto en este pueblo como en el de sus primos cahitas, los <i>yoremes</i> o mayos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Los recuerdos del porvenir de yaquis y mayos", Jos&eacute; Luis Moctezuma relata el proceso de recomposici&oacute;n de estas etnias despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de los jesuitas, en 1766.Y el conflicto por las tierras de los valles de los r&iacute;os Yaqui, Mayo y Fuerte, codiciadas hist&oacute;ricamente por los <i>yoris</i>. Por ello, como se&ntilde;ala Moctezuma: "Antes de terminar el siglo XIX comienza la &eacute;poca m&aacute;s negra para yaquis y mayos, con la consigna de orden y progreso impugnada por quienes se resist&iacute;an a sucumbir ante una visi&oacute;n capitalista del manejo de los recursos" (p. 122). La consecuencia fue el exilio <i>yoeme</i> en Arizona, Guaymas, Hermosillo y en la sierra del Bacatete. Su posici&oacute;n de lucha es, como se sabe, incluso identitaria, pero esto no explica la persistencia de la identidad &eacute;tnica en los <i>yoremes</i> mayos, quienes eligieron una soluci&oacute;n de resistencia con menor conflictividad que los yaquis y mucha mayor asimilaci&oacute;n. Distinto fue el caso de los &oacute;patas, integrados en la actualidad a la identidad regional de la Sonora mestiza. Vale recordar la desaparici&oacute;n f&iacute;sica que sufrieron muchos otros grupos &eacute;tnicos en los primeros tiempos de la conquista, como los Xiximes<i>,</i> guasaves, tubares y eudebes, entre much&iacute;simos m&aacute;s, y reflexionar los motivos que pueden explicar la extinci&oacute;n de ciertos pueblos y la persistencia de otros. &iquest;A qu&eacute; se debe que haya dos ejemplos tan distintos de adaptaci&oacute;n y resistencia como los de yaquis y mayos? Ciertamente es una respuesta pendiente por explorar, donde el an&aacute;lisis de lo ecol&oacute;gico y lo demogr&aacute;fico pueda completarse con el concurso de la antropolog&iacute;a, la paleontolog&iacute;a, la arqueolog&iacute;a, la ling&uuml;&iacute;stica y la historia. Pero no es as&iacute; la investigaci&oacute;n disciplinaria que a&uacute;n realizamos, y en ambos libros se aprecia un di&aacute;logo escaso de los historiadores con otros especialistas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las dos obras hay claves pertinentes que nos impulsan a fraguar explicaciones no lineales y s&iacute; muy ligadas al contexto particular de cada etnia, y a apreciar configuraciones complejas de factores y niveles dis&iacute;miles en el trazado hist&oacute;rico de la sociedad sonorense. De forma destacada aparece, sobre todo, la influencia del territorio, su clima y recursos, como un factor de enorme peso en la configuraci&oacute;n de la historia regional y en especial de las relaciones inter&eacute;tnicas, sin que est&eacute; ausente la din&aacute;mica pol&iacute;tica local y central, como tampoco lo est&aacute;n las insurrecciones e incursiones ind&iacute;genas de muy variado sino; y el papel que jug&oacute; la religi&oacute;n cat&oacute;lica y su impronta en la cultura e identidad de los ind&iacute;genas. Esto indica la existencia de sistemas diversos de transacciones y la imposibilidad de distinguir relaciones lineales de causalidad, que se puedan aplicar a todas las &eacute;pocas o a todas las etnias. Nos recuerda inevitablemente a Franz Boas y su insistencia en el determinismo geogr&aacute;fico y el particularismo hist&oacute;rico, con nexos que desembocan en su secuela de cultura y personalidad, muy patentes en Edward Spicer, Ralph Beals, Donald Barth, Thomas Hinton y otros estadounidenses que abordaron la historia del &aacute;rea cultural del noroeste mexicano, aunque los autores de estos textos poco toman en cuenta, quiz&aacute; porque proceden del campo antropol&oacute;gico. Su enfoque en buena medida est&aacute; emparentado con nuestros autores sonorenses, y resulta muy pertinente para analizar la historia de Sonora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de los yaquis es uno de ellos, pues destaca la persistencia de su organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y religiosa hasta nuestros d&iacute;as, enraizada tanto en la historia de su lucha por el territorio, como en una configuraci&oacute;n cultural particular, revisada en varios de los ensayos. La centralidad de los yaquis en las trayectorias ind&iacute;genas de Sonora es algo que nos recuerda Alejandro Aguilar Zeleny, en "A la sombra del yaqui", al hacer referencia al parad&oacute;jico car&aacute;cter emblem&aacute;tico de este pueblo en la iconograf&iacute;a mitol&oacute;gica de los sonorenses, patente en la difusi&oacute;n del famoso Juramento Yaqui. Para &eacute;l, su car&aacute;cter proverbial y especial ha modelado en buena medida el tratamiento a la cuesti&oacute;n &eacute;tnica por parte del Estado mexicano, en especial desde el indigenismo posrevolucionario. No obstante, a escala regional no ha dejado de ser evidente que el supuesto car&aacute;cter antag&oacute;nico del yaqui se ha utilizado para enarbolar pol&iacute;ticas en su contra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; lo ilustran Raquel Padilla y Carmen Tonella en su an&aacute;lisis hemerogr&aacute;fico de lo publicado en diarios de Arizona sobre la Guerra del Yaqui, a inicios del siglo xx. En este trabajo se denota que el tratamiento de los <i>media</i> sobre la cuesti&oacute;n &eacute;tnica y sus conflictos ha sido no tanto un elemento de testimonio period&iacute;stico, sino m&aacute;s bien un instrumento de forja de opini&oacute;n, aliado a los intereses empresariales y pol&iacute;ticos de ambos lados de la frontera. Macrina Restor, por su parte, presenta otro an&aacute;lisis documental y hemerogr&aacute;fico donde se&ntilde;ala la influencia que tuvieron a finales del siglo pasado los programas e instituciones gubernamentales, para fomentar la divisi&oacute;n interna entre los yaquis. Describe una situaci&oacute;n que persiste hasta la actualidad, y que ha sido poco abordada y aun menos explicada o comprendida por los sonorenses e incluso por los yaquis y sus estudiosos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &uacute;ltima secci&oacute;n est&aacute; dedicada al poder religioso, y se compone de cuatro ensayos muy distintos entre s&iacute;. El primero analiza los registros ("padrones") de poblaci&oacute;n en las misiones franciscanas de la Pimer&iacute;a Alta despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n jesuita, y las consecuencias de las reformas borb&oacute;nicas en la Nueva Espa&ntilde;a; que tuvieron una repercusi&oacute;n seria en la din&aacute;mica demogr&aacute;fica de los pueblos ind&iacute;genas del norte de Sonora y lo que hoy es el sur de Arizona, en tanto conllevaron la reubicaci&oacute;n y disgregaci&oacute;n de familias e individuos a nuevos centros laborales y poblacionales, como sucedi&oacute; con los <i>tohono o'odham</i> o p&aacute;pagos, los pimas gile&ntilde;os y los yumas, y con yaquis emigrados desde el sur. El ensayo de Dora Elvia Enr&iacute;quez, sobre los misioneros josefinos delYaqui,trata de la acci&oacute;n evangelizadora militante que tuvo lugar ah&iacute; a fines del siglo XIX. Es un ejemplo m&aacute;s de la coexistencia de coerci&oacute;n y creaci&oacute;n de consenso que caracteriz&oacute; la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola en esta regi&oacute;n del pa&iacute;s, y del papel instrumental que jug&oacute; la religi&oacute;n cat&oacute;lica con respecto a la conquista del territorio de los pueblos aut&oacute;ctonos. Con un car&aacute;cter que en ciertos periodos se antoja ciertamente precario y marginal, como lo se&ntilde;ala Esperanza Donjuan, en su ensayo sobre las penurias de la iglesia diocesana a mediados del siglo XIX en Sonora, donde nos hace ver que ya desde &eacute;pocas muy lejanas el ser enviado a las agrestes tierras del hoy noroeste mexicano era visto como una suerte de maldici&oacute;n por religiosos y militares. Cierra la secci&oacute;n y el libro un trabajo de Raquel Padilla y Zulema Trejo, que expone el concepto de los ocho pueblos tradicionales de los yaquis y sus vicisitudes m&iacute;ticas e hist&oacute;ricas. Dejan patente que el concepto de los ocho pueblos es un imaginario institucionalizado que otorga identidad a la etnia, y que no s&oacute;lo constituye un conjunto de pr&aacute;cticas culturales, pol&iacute;ticas y sociales implantadas por los misioneros, una hip&oacute;tesis que no se descarta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio en los imaginarios sociales ind&iacute;genas de Sonora,1767&#150;1940</i> conforma una suerte de segunda entrega sobre procesos de transici&oacute;n relativos a los ind&iacute;genas de Sonora, con la diferencia de que aqu&iacute; hay un franco intento, que se antoja heur&iacute;stico, de aplicar el concepto de imaginario social elaborado por Castoriadis, para destacar el papel decisivo y a la vez nebuloso que mantienen las ideas, las representaciones y las mentalidades en los procesos hist&oacute;ricos que aqu&iacute; se describen y analizan. Cabe mencionar que el recuento que suman estos diez cap&iacute;tulos arranca formalmente con la fecha de expulsi&oacute;n de los jesuitas del territorio mexicano, y cierra su exploraci&oacute;n con ciertas secuelas de la revoluci&oacute;n que a&uacute;n persisten abiertas, como los conflictos por la autonom&iacute;a que han caracterizado a la etnia yaqui, pueblo que tambi&eacute;n es el m&aacute;s representado en <i>Conflicto y armon&iacute;a</i>, obra colectiva, de doce autores y cuatro coordinadoras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guadalupe Lara y Emanuel Meraz destacan el protagonismo de los yaquis en el imaginario de las autoridades, en &eacute;pocas variadas. Tratan el endeble optimismo que ten&iacute;an los <i>yoris</i> pudientes y gobernantes sobre el fin de la Guerra delYaqui a inicios del siglo xx. Otro trabajo similar es el de Patricia Guerrero de la Llata, "En busca de las huellas de un imaginario social...", donde estudia la biograf&iacute;a que don Ram&oacute;n Corral escribi&oacute; sobre el l&iacute;der Cajeme, que no puede abjurar de su condici&oacute;n etnoc&eacute;ntrica. Otro momento del conflicto yaqui es el analizado por Ana Luz Ram&iacute;rez, "La resignificaci&oacute;n institucional", para la campa&ntilde;a militar de 1926. Es encomiable, porque distingue el pensamiento estrat&eacute;gico y oportunista de los <i>yoemes</i> en la revoluci&oacute;n, pero nos vende la imagen de que el pactismo por s&iacute; solo implic&oacute; el tr&aacute;nsito de la sociedad tradicional a la moderna. Es un asunto que se replica en varios de los trabajos del libro, aun cuando se nos recalque la excepci&oacute;n, el contubernio y la ambig&uuml;edad de las alianzas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los ensayos se invoca a y<i>oemes</i>, <i>yoreme</i>s (mayos), &oacute;patas, pimas altos y bajos y uno que otro apache, y se da cuenta de tem&aacute;ticas muy variadas: el Antiguo R&eacute;gimen hisp&aacute;nico, las reformas borb&oacute;nicas, la secularizaci&oacute;n de los pueblos de misiones, el papel de la religi&oacute;n como discurso legitimador, la fiscalidad y sus instituciones, el reclamo por la autonom&iacute;a y el territorio, el liberalismo gaditano y republicano, la organizaci&oacute;n militar de los presidios y las campa&ntilde;as de resistencia ind&iacute;gena y su manejo por parte de espa&ntilde;oles y mexicanos. Un eje que recorre los temas y periodos es el estudio de la participaci&oacute;n de los ind&iacute;genas en este proceso, los cuales &#150;como atinadamente se&ntilde;ala Jos&eacute; Luis Moctezuma en el pr&oacute;logo&#45;adquieren un papel protag&oacute;nico como "importantes part&iacute;cipes de la conformaci&oacute;n regional". Este inter&eacute;s, cabe se&ntilde;alarlo, responde a un proceso creativo y de b&uacute;squeda de quienes hacen historia en Sonora y en el noroeste mexicano por explorar procesos antes estudiados (y no), desde perspectivas nuevas, que en este libro se relacionan con horizontes descriptivos poco horadados, y muy en especial con su intenci&oacute;n expl&iacute;cita de aterrizar en el estudio de c&oacute;mo el imaginario social, que ha configurado esta regi&oacute;n de "frontera", tiene como referente insoslayable, en lo instituido y en lo instituyente, a los pueblos originarios de estas tierras, hoy norte&ntilde;as de la naci&oacute;n mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lector curioso uno se entera, por ejemplo, de la noci&oacute;n organicista que prevaleci&oacute; en los dominios de la Corona de Espa&ntilde;a durante el reinado de los Hasburgo, con sus rep&uacute;blicas separadas de espa&ntilde;oles, mestizos, negros e indios. La rep&uacute;blica de indios ten&iacute;a como referente fundamental a los llamados pueblos de indios y su r&eacute;gimen de excepcionalidad, de los cuales la variante de pueblos de misi&oacute;n fue la que se ensay&oacute; particularmente en la Nueva Vizcaya. Fue una estrategia muy exitosa para los yaquis, mayos, pimas y &oacute;patas, quienes estuvieron bajo la tutela jesuita hasta su exilio. Jos&eacute; Marcos Medina relata el efecto que tuvieron primero las reformas borb&oacute;nicas y despu&eacute;s las medidas liberales promovidas por las cortes gaditanas, luego por las instituciones mexicanas de la independencia. Este proceso conllev&oacute; un cambio relevante en el imaginario social: de la filiaci&oacute;n org&aacute;nica, basada en la figura paternal del monarca, hacia nuevas formas ilustradas de ciudadan&iacute;a y libertad, pero fue un discurso que en la pr&aacute;ctica se convirti&oacute; en despojo y dominaci&oacute;n, y por ello produc&iacute;a nostalgias del Antiguo R&eacute;gimen aun a inicios del siglo XIX. As&iacute; lo relata Fray Dionisio O&ntilde;ederra en un informe fechado en 1824, desde Aconchi: "Con la nueva restauraci&oacute;n de la Constituci&oacute;n (la de C&aacute;diz de 1812), sintieron la misma gravitud; y siempre suspiraron por aquel gobierno, que llamaban paternal, lamentando sentidamente la ruina de sus templos, de sus Casas Curales, de sus comunidades, de sus prerrogativas, de sus excensiones y de sus antiguas habitudes" (p. 50). Por ello, no es raro que los reclamos ind&iacute;genas tuvieran como referente la "Ley de Dios", promovida por la evangelizaci&oacute;n jesuita, y que aprendieran a utilizar este imaginario para defender sus derechos. Debido a que el autor culmina su an&aacute;lisis con la desaparici&oacute;n del Estado de Occidente, y la designaci&oacute;n de Arizpe como capital de Sonora (1832), no analiza la repercusi&oacute;n de las Leyes de Reforma, la Ley Lerdo, de desamortizaci&oacute;n de bienes de manos muertas, y la de nacionalizaci&oacute;n de bienes, cuyas consecuencias han sido contundentes en otras regiones del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El contenido y alcance de las reformas borb&oacute;nicas es el marco del ensayo que presentan Mar&iacute;a del Valle Borrero y Jes&uacute;s D&eacute;nica Velarde, en el cual analizan la relevancia que tuvo el presidio como instituci&oacute;n de penetraci&oacute;n colonial. Relatan c&oacute;mo la entonces provincia de Sonora fue un escenario id&oacute;neo para experimentar estas reformas, con el auxilio de campa&ntilde;as militares y el decreto de leyes punitivas, como el Reglamento de 1772. "La pacificaci&oacute;n de la frontera hubiera sido imposible sin la ayuda de los ind&iacute;genas auxiliares, quienes participaron activamente en las campa&ntilde;as militares" (p. 77), se&ntilde;alan los autores, aunque destacan tambi&eacute;n la ambig&uuml;edad entre los &eacute;tnicos auxiliares y los alzados, por los cambios frecuentes de bando. Resaltan adem&aacute;s el papel imaginario de las representaciones de las autoridades reales sobre el mundo ind&iacute;gena. Dora Elvia Enr&iacute;quez expone la transformaci&oacute;n de las misiones en parroquias y curatos, que tuvo lugar desde la expulsi&oacute;n jesuita hasta finales del siglo XIX. Este proceso, que la autora bautiza como de "secularizaci&oacute;n", no se limit&oacute; al reemplazo de misioneros por diocesanos, sino que se extendi&oacute; al reparto y desamortizaci&oacute;n de tierras comunales y de brazos ind&iacute;genas para el trabajo, proyecto que fue reforzado por las visitas de Jos&eacute; de G&aacute;lvez en el siglo xviii. Seg&uacute;n Enr&iacute;quez, en el noroeste la secularizaci&oacute;n manifest&oacute; din&aacute;micas distintas respecto al resto del pa&iacute;s,con una pol&iacute;tica heterog&eacute;nea y muy activa, en la cual marc&oacute; terreno la resistencia de yaquis, mayos y en espec&iacute;fico de los seris, con la asimilaci&oacute;n progresiva de &oacute;patas y pimas. La precariedad de las estructuras misionales en manos franciscanas y tambi&eacute;n diocesanas se evidencia en este y otros trabajos, que documentan que el proceso de secularizaci&oacute;n (el traspaso de las &oacute;rdenes a las di&oacute;cesis) fue desigual y dif&iacute;cil en Sonora, aunque no tanto entre los &oacute;patas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las tribulaciones del fisco mon&aacute;rquico en el noroeste novohispano fueron especialmente preocupantes en pueblos de misiones secularizados, como lo expone Esperanza Donjuan para el caso yaqui, donde la propiedad comunal y explotaci&oacute;n colectiva de la tierra resultaban ser incompatibles, como lo denota la excepcionalidad que defendieron para no pagar impuestos por sembrar y vender macuche, el tabaco silvestre. As&iacute; dice que "&#91;...&#93; las autoridades se cuidaron de no imponer por la fuerza esta contribuci&oacute;n, pues estaban conscientes de que su imposici&oacute;n podr&iacute;a poner en riesgo la empresa colonizadora en el noroeste novohispano y revertir las fuerzas entre espa&ntilde;oles e ind&iacute;genas"(p. 107). Raquel Padilla, cuando analiza el interesante caso de Juan Banderas, tambi&eacute;n plantea la apropiaci&oacute;n del imaginario imperial por parte de los <i>yoemes</i> en reclamo de su autonom&iacute;a ("necesidad de darse uno mismo sus leyes", seg&uacute;n Castoriadis), en un texto que tiene la virtud de realizar una aplicaci&oacute;n convincente de la teor&iacute;a de este autor griego cuando analiza el magma del imaginario en la figura de Banderas y el jefe Pluma Blanca, como la encarnaci&oacute;n de un s&iacute;mbolo sagrado de autoridad divina. En cambio, Zulema Trejo, en "La preservaci&oacute;n del ser, naci&oacute;n y territorio en la recreaci&oacute;n de las sociedades yaqui y &oacute;pata frente a la instituci&oacute;n de la sociedad liberal, 1831&#45;1876", compara estos dos casos para ense&ntilde;arnos que territorio y naci&oacute;n fueron conceptos que se injertaron en el imaginario ind&iacute;gena de una forma adaptada a los procesos de cambio vividos por estas etnias. Esto ocurri&oacute; de manera muy distinta en diversas situaciones, y adem&aacute;s comenta que los significados ind&iacute;genas difieren de los conceptos occidentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estos textos hay material para pensar la interculturalidad. &iquest;Son los mayos una etnia sin territorio o un imaginario ind&iacute;gena de la territorialidad?, pregunta Mar&iacute;a Patricia Vega, y dice que eso depende del momento hist&oacute;rico, pues no fue lo mismo durante el enclave colonial o en el porfiriato, a pesar de que el r&iacute;o Mayo ha tenido entre ellos una dimensi&oacute;n institucional, y lo sigue teniendo. No obstante, como se&ntilde;ala, entender el pensar y actuar de los <i>yoremes</i> mayos es un asunto que amerita estudios de campo, debido a la dispersi&oacute;n y sesgos que mantiene la documentaci&oacute;n sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, los trabajos reunidos en estas dos obras constituyen, sin duda alguna, un aporte original para entender mejor el papel desempe&ntilde;ado y que siguen jugando los ind&iacute;genas en la fragua de una sociedad regional, que tiende a reconocer de manera exponencial su diversidad &eacute;tnica y cultural. Como bien se&ntilde;alan los prologuistas, Susan Deeds, de <i>Conflicto y armon&iacute;a</i>, y Jos&eacute; Luis Moctezuma, de <i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio</i>, los textos compilados representan atalayas distintas donde lo &eacute;tnico es glosado y reflexionado de nuevo, en ocasiones desde la visi&oacute;n etnohist&oacute;rica de los propios ind&iacute;genas o desde la posici&oacute;n de la alteridad y de los poderes instituidos. Las pinceladas que componen este &aacute;lbum han sido fraguadas con interpretaciones propias que aspiran a ofrecer una visi&oacute;n muy personal de los autores, sobre los factores que ocupan el inter&eacute;s de cada cap&iacute;tulo. Sin embargo, a pesar de que las miradas son m&uacute;ltiples, existe un eje delineable que recorre las p&aacute;ginas y es el empe&ntilde;o de esta generaci&oacute;n de historiadores por ofrecernos nuevas lecturas del pasado, que tienen en com&uacute;n dos elementos: se&ntilde;alar la presencia de lo ind&iacute;gena en lo mestizo y en lo institucional, como tambi&eacute;n su espejo inverso para la escala regional, donde lo &eacute;tnico tiene improntas de aculturaci&oacute;n europea, que han sido y son continuamente refuncionalizadas como parte de procesos de actualizaci&oacute;n de la identidad. Por otra parte, los trabajos dejan testimonio de un inter&eacute;s compartido por comprender lo instituido como un crisol de fuerzas, que adopta particularidades locales, donde el deseo, la intuici&oacute;n, la r&eacute;plica, el imaginario y la misma utop&iacute;a adquieren derecho de acceso al an&aacute;lisis hist&oacute;rico basado en lo econ&oacute;mico, lo pol&iacute;tico, lo geogr&aacute;fico y lo jur&iacute;dico. Estos dos libros dan buena cuenta de ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Padilla, Raquel (coordinadora). 2009. <i>Conflicto y armon&iacute;a. Etnias y poder civil, militar y religioso en Sonora</i>. Hermosillo: Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6432529&pid=S1870-3925201200030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donjuan, Esperanza, Raquel Padilla, Dora Elvia Enr&iacute;quez y Zulema Trejo (coordinadoras). 2010. <i>Religi&oacute;n, naci&oacute;n y territorio en los imaginarios sociales ind&iacute;genas de Sonora, 1767&#45;1940</i>. Hermosillo: El Colegio de Sonora, Universidad de Sonora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6432531&pid=S1870-3925201200030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Present&eacute; el primero de estos textos el 25 de febrero de 2010, en el XXXV Simposio de historia y antropolog&iacute;a; y el segundo, el 3 de diciembre de 2010, en El Colegio de Sonora.</font></p>      ]]></body><back>
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