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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>La Conquista de Am&eacute;rica</b></i><b><i>. El problema del otro</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Everardo Gardu&ntilde;o</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Tzvetan Todorov, Siglo XXI, M&eacute;xico, 2007</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Introducci&oacute;n</b></i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Conquista de Am&eacute;rica,</i> de Tzvetan Todorov, es una interesante contribuci&oacute;n al an&aacute;lisis de la historia del llamado "encuentro de dos mundos". No obstante, las l&iacute;neas de an&aacute;lisis que sigue el autor en esta obra son m&aacute;s que historiogr&aacute;ficas y se ubican en el campo de la filosof&iacute;a, y m&aacute;s concretamente en el de la antropolog&iacute;a, desde donde retoma las preocupaciones cl&aacute;sicas sobre el Otro. Estas l&iacute;neas de an&aacute;lisis son: el descubrimiento del Yo es posible s&oacute;lo a trav&eacute;s del descubrimiento del Otro, el cual es solamente una abstracci&oacute;n construida por el Yo; otra establece: el pasado anuncia al presente, y como parte de la b&uacute;squeda del Yo actual, es importante el estudio del Nosotros en el pasado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estas l&iacute;neas, Todorov se propone demostrar en este trabajo lo siguiente: <i>1)</i> que la conquista de Am&eacute;rica vaticina y establece nuestra identidad presente y nuestra nueva relaci&oacute;n con el Otro, y <i>2)</i> que el triunfo de la Conquista se debi&oacute;, primero, al "arte de la adaptaci&oacute;n y la improvisaci&oacute;n" de los conquistadores; segundo, a su superioridad en la comunicaci&oacute;n de los signos, y tercero, al hecho de que en las m&uacute;ltiples combinaciones de la tr&iacute;ada amor&#45;conquista&#45;conocimiento (sobre el Otro) subyac&iacute;a la firme convicci&oacute;n de la superioridad europea y, consecuentemente, de que hab&iacute;a que asimilar a los nativos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, las partes de esta obra son: "El descubrimiento de Am&eacute;rica", en donde el autor nos habla de las motivaciones de la empresa interoce&aacute;nica de Col&oacute;n y de su relaci&oacute;n con el Otro; "La Conquista", en donde discute sobre las posibles razones de la victoria europea, y tambi&eacute;n acerca del tipo de relaci&oacute;n que los conquistadores establecieron con los nativos, y finalmente "El Ep&iacute;logo", en donde el ling&uuml;ista, fil&oacute;sofo e historiador b&uacute;lgaro discierne sobre las ense&ntilde;anzas del proceso descubrimiento&#45;conquista en su conjunto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tzvetan Todorov reside actualmente en Francia, en donde dirige el Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje, en el Centro Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CNRS). Entre su abundante obra se encuentran <i>Fr&aacute;gil felicidad, Nosotros y los otros, Benjamin Constant, El jard&iacute;n imperfecto</i> y <i>El esp&iacute;ritu de la Ilustraci&oacute;n.</i> Esta rese&ntilde;a es presentada aqu&iacute; con el prop&oacute;sito de destacar la importancia de este autor en el campo de las ciencias sociales, en el que le fue concedido el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias en 2008 por representar "el esp&iacute;ritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integraci&oacute;n y justicia". La obra que se rese&ntilde;a y comenta aqu&iacute; fue publicada por primera vez en franc&eacute;s, en Par&iacute;s, en 1982; en espa&ntilde;ol, fue publicada en M&eacute;xico por Siglo XXI en 1987. En este idioma, <i>La Conquista de Am&eacute;rica. El problema del otro</i> va en su decimotercera edici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>El Descubrimiento de Am&eacute;rica</b></i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un lugar com&uacute;n afirmar que el af&aacute;n de encontrar nuevos mundos ten&iacute;a como principal motivaci&oacute;n la apertura de nuevos mercados, la incorporaci&oacute;n de nuevas &aacute;reas de explotaci&oacute;n colonial y, en corto, el enriquecimiento de los hombres que se sumaron a las distintas circunnavegaciones de la &eacute;poca. Todorov, sin embargo, afirma que a estas motivaciones habr&iacute;a que sumar la del "servicio a Dios; la del simple regocijo de contemplar a la naturaleza, y la necesidad de buscar nuevas historias que contar. As&iacute;, lo divino, lo natural y lo humano, fueron los ejes sobre los que gir&oacute; la empresa del llamado Descubrimiento de Am&eacute;rica" (p. 14). A decir de este autor, Col&oacute;n deseaba sobre todas las cosas difundir la religi&oacute;n cat&oacute;lica alrededor del mundo, raz&oacute;n por la cual expres&oacute; en repetidas ocasiones su deseo de reconquistar Jerusal&eacute;n. Sab&iacute;a, sin embargo, que para tal empresa requer&iacute;a de vastos recursos materiales, los cuales pretend&iacute;a encontrar en el Nuevo Mundo. De esta manera, los prop&oacute;sitos religiosos y de enriquecimiento eran complementarios para el explorador genov&eacute;s. Pero, adem&aacute;s, en repetidas ocasiones Col&oacute;n afirm&oacute; que, aun cuando no hubiera ninguna recompensa material para sus traves&iacute;as, la sola posibilidad de observar las bellezas de estas tierras (lo verde de sus bosques y los diversos colores de los p&aacute;jaros) ya constitu&iacute;a en s&iacute; una recompensa. Esta pasi&oacute;n por la naturaleza del navegante europeo queda de manifiesto en sus diarios de viaje, llenos de descripciones detalladas de animales y plantas. Finalmente, Col&oacute;n deseaba enormemente ocupar el lugar que Marco Polo hab&iacute;a dejado como relator de historias &eacute;picas, pues despu&eacute;s de todo sus mismas traves&iacute;as se inspiraban por las historias de su predecesor (p. 13).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, lo <i>Divino</i> es ante todo el prisma del cual Col&oacute;n interpreta lo <i>Natural</i> y lo <i>Humano</i>. &Eacute;l no va al encuentro de lo desconocido, sino al encuentro de sus preconcepciones. Observa a trav&eacute;s de sus creencias, e interpreta s&oacute;lo en funci&oacute;n de ellas. As&iacute;, descubre el para&iacute;so terrenal y rectifica la "falsa" idea que se ten&iacute;a de las sirenas como seres hermosos. Por eso se convierte en h&aacute;bil int&eacute;rprete de los signos de la naturaleza: conoce a los astros y adivina con certeza la cercan&iacute;a de tierra firme o del oro, y as&iacute;, a pesar de las barreras del lenguaje, dice entender a los nativos del Nuevo Mundo. En realidad, sin embargo, lo &uacute;nico que Col&oacute;n entend&iacute;a era lo que ya hab&iacute;a en sus fundamentos religiosos y lo que hab&iacute;a le&iacute;do en las historias de Marco Polo. Por eso, cuando los signos de lo Natural o de lo Humano chocaban con sus preconcepciones, optaba por creer en las segundas, argumentando que los primeros estaban equivocados: esto lo conduce, por ejemplo, a afirmar que hab&iacute;a entendido perfectamente, de voz de los nativos, que Cuba era una tierra vasta en riquezas, aunque despu&eacute;s asegura que los nativos se equivocan cuando afirman que Cuba es una isla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas preconcepciones determinan que Col&oacute;n percibiera al Otro de una manera altamente etnoc&eacute;ntrica: el ind&iacute;gena es simplemente diferente, homog&eacute;neo y carente de atributos culturales. Todo lo que el explorador destaca como caracter&iacute;stico de los nativos se reduce al color de su piel y a su estatura, diferentes a las del europeo, pero semejantes entre ellos; para Col&oacute;n, todos tienen la misma estatura, la misma desnudez, y todos andan pintados igual (p. 36). M&aacute;s a&uacute;n, ninguno tiene lengua, ley, ni religi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, afirma Todorov, Col&oacute;n descubri&oacute; Am&eacute;rica, pero no a los americanos. Su percepci&oacute;n etnoc&eacute;ntrica del Otro, proveniente de la convicci&oacute;n de superioridad que el europeo ten&iacute;a, aniquil&oacute; toda intenci&oacute;n de conocimiento etnogr&aacute;fico real del Otro (aunque no de su invenci&oacute;n), y sent&oacute; las bases para la justificaci&oacute;n del esclavismo y de la asimilaci&oacute;n de los ind&iacute;genas. Para Col&oacute;n los nativos no eran m&aacute;s que parte del paisaje natural del Nuevo Mundo, seres raros tales como p&aacute;jaros, plantas, animales diversos que no tienen derechos ni voluntad, y que constituyen espec&iacute;menes dignos de cualquier colecci&oacute;n para ser mostrada en Europa. De estos nativos no hay nada que aprender, ni su lengua, ni sus costumbres, mucho menos las diferencias que (adem&aacute;s, imperceptibles) tienen entre s&iacute;. As&iacute;, para Col&oacute;n no hac&iacute;a falta conocer a los ind&iacute;genas; era suficiente con <i>inventarlos</i> desde la perspectiva de sus preconcepciones religiosas o novel&iacute;sticas, como nobles salvajes, como los mejores seres en el mundo, o como los m&aacute;s crueles, hostiles y cobardes, cuya esclavitud se justificaba por sus criminales pr&aacute;cticas can&iacute;bales. Por eso hab&iacute;a que transformarlos, que asimilarlos. De hecho, como para Col&oacute;n lo diferente era sin&oacute;nimo de ausencia, en el Nuevo Mundo no exist&iacute;a nada, sino que todo estaba por fundar: nuevos nombres, nuevas creencias religiosas, nuevas costumbres. Y &eacute;sa es precisamente la misi&oacute;n que Col&oacute;n descubre para s&iacute;: la asimilaci&oacute;n de los ind&iacute;genas (despu&eacute;s de todo, el intercambio de oro por religi&oacute;n era justo desde su perspectiva) y la edificaci&oacute;n del Otro sobre los cimientos de sus preconcepciones.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>La Conquista</b></i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando es ampliamente aceptado atribuir el &eacute;xito de la conquista de Am&eacute;rica a la superioridad b&eacute;lica de los espa&ntilde;oles y a las enfermedades epid&eacute;micas, Todorov afirma que ese &eacute;xito obedeci&oacute; fundamentalmente &#150;aunque no exclusivamente&#150; a la convicci&oacute;n europea de su superioridad cultural. Esto permiti&oacute; a los colonizadores desarrollar una gran capacidad de adaptabilidad, de <i>entendimiento</i> de los signos del Otro, de comunicaci&oacute;n de sus propios signos al Otro, y de convergencia en los aspectos pragm&aacute;ticos que la Conquista inclu&iacute;a: otra vez, la certidumbre en la necesidad de asimilar al ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que en el caso de Col&oacute;n, los conquistadores espa&ntilde;oles asumieron la diferencia del Otro como signo de ausencia, y por tanto de inferioridad cultural. Por ejemplo, la diferencia idiom&aacute;tica de los indios fue para los espa&ntilde;oles sin&oacute;nimo de la carencia de lenguaje (p. 76). Por otra parte, la capacidad de adaptaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles puede apreciarse en el primer encuentro entre Cort&eacute;s y los mensajeros de Moctezuma: ante el mensaje ambiguo, que pod&iacute;a interpretarse como aceptaci&oacute;n y rechazo al mismo tiempo, Cort&eacute;s opt&oacute; por acogerse a la primera interpretaci&oacute;n e ignorar la segunda (p. 55). Posteriormente, Cort&eacute;s entendi&oacute; y tom&oacute; ventaja de la estructura pol&iacute;tica y religiosa de los aztecas, y se adapt&oacute; a ella: reconociendo el car&aacute;cter subyugador del Imperio azteca e identificando sus fisiones; manejando su imagen como beligerante a la tiran&iacute;a de Moctezuma y menos diab&oacute;lico que &eacute;l, con el prop&oacute;sito de inhibir la resistencia ind&iacute;gena, especialmente de las mujeres, y obtener aliados como los tlaxcaltecas. Asimismo, Cort&eacute;s se asumi&oacute; como la continuaci&oacute;n de Moctezuma, de la misma forma en que los nuevos &iacute;dolos se sobrepusieron a los antiguos, y de la misma forma en que se exigi&oacute; el mismo respeto a los misioneros que a sus antiguos ministros religiosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todorov afirma pregunt&aacute;ndose: &iquest;acaso este proceso de adaptaci&oacute;n enraizado en un sentimiento de superioridad no nos demuestra que los espa&ntilde;oles derrotaron a los aztecas a trav&eacute;s de los signos, o mejor dicho, a trav&eacute;s de la comunicaci&oacute;n de dichos signos, m&aacute;s que a trav&eacute;s de las armas y las enfermedades? (pp. 61&#45;62).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para probar tal teor&iacute;a, Todorov nos dice que la Conquista signific&oacute; el choque entre dos concepciones de tiempo completamente diferentes: la concepci&oacute;n c&iacute;clica, representada en la forma circular del calendario azteca, y la concepci&oacute;n lineal asumida por los espa&ntilde;oles, que pudiera ser representada por una flecha (p. 84). La concepci&oacute;n c&iacute;clica del tiempo otorg&oacute; un valor central a las profec&iacute;as en la cultura azteca: hab&iacute;a que observar el pasado para conocer el futuro. Pero, a la vez, esa concepci&oacute;n impidi&oacute; a los aztecas percibir la identidad humana del Otro como diferente pero igual. A trav&eacute;s de la interpretaci&oacute;n de los mensajes divinos, los aztecas alcanzaron dos percepciones contradictorias sobre los espa&ntilde;oles: o son inferiores por ser extranjeros, o son superiores por ser dioses. A la larga, ambas percepciones resultaron ser igualmente paralizadoras e inhibieron la resistencia ind&iacute;gena. Seg&uacute;n Dur&aacute;n, citado por el autor, los aztecas asumieron que si los espa&ntilde;oles eran inferiores no val&iacute;a la pena matarlos, pues a "Nuestros dioses no les gustar&iacute;a la carne de aquellas b&aacute;rbaras personas" (p. 76). En el caso contrario, simplemente no hab&iacute;a que oponer resistencia a la superioridad divina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la segunda percepci&oacute;n &#150;que es la m&aacute;s generalizada y definitiva&#150; resulta una incapacidad evidente de los aztecas para producir mensajes efectivos al interior de su misma cultura y hacia los espa&ntilde;oles (pp. 87&#45;88). Por una parte, Moctezuma rara vez contest&oacute; los cuestionamientos de sus amigos y familiares.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como la profec&iacute;a de Quetzalc&oacute;atl ven&iacute;a acompa&ntilde;ada del vaticinio de su deposici&oacute;n, orden&oacute; el aprisionamiento de los sacerdotes ind&iacute;genas, a la vez que renunci&oacute; a la comunicaci&oacute;n de tal vaticinio a los dem&aacute;s (pp. 7174). De esta manera, esta profec&iacute;a deriv&oacute; en una percepci&oacute;n ambivalente de los espa&ntilde;oles (como dioses y como verdugos), lo cual hizo que Moctezuma los recibiera con un mensaje tambi&eacute;n ambiguo: con regalos y con invitaciones a irse. Dicho mensaje fue interpretado por Cort&eacute;s como signo de debilidad del emperador azteca (p. 88).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste, la concepci&oacute;n unilineal y evolutiva del tiempo, que estaba enmarcada en la fe cristiana de los espa&ntilde;oles, fue sustento ideol&oacute;gico del triunfo de la Conquista. La convicci&oacute;n de que la historia est&aacute; orientada a la consecuci&oacute;n de una meta superior que es la apoteosis, la satisfacci&oacute;n total, que es a su vez signo del triunfo del esp&iacute;ritu cristiano, as&iacute; como la convicci&oacute;n de que ese triunfo se alcanza a trav&eacute;s de un proceso gradual y progresivo, crearon la certeza en los espa&ntilde;oles de que la victoria de la Conquista ser&iacute;a un paso m&aacute;s hacia la excelencia del cristianismo y confirmar&iacute;a la victoria del esp&iacute;ritu cristiano (p. 87). De esta manera, si para Col&oacute;n la conquista de Am&eacute;rica ten&iacute;a como fin difundir la religi&oacute;n cristiana, para Cort&eacute;s la difusi&oacute;n de la religi&oacute;n cristiana servir&iacute;a para asegurar el &eacute;xito de la Conquista (p. 107).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer factor que de acuerdo con Todorov contribuy&oacute; a la victoria de la Conquista fue la manera en que los conquistadores trascendieron las diversas formas de amor, conquista y conocimiento del Otro para justificar la asimilaci&oacute;n de los ind&iacute;genas. Seg&uacute;n este autor, Col&oacute;n no amaba ni conoc&iacute;a al Otro, ni se identificaba a s&iacute; mismo en relaci&oacute;n al Otro. Sin embargo, en un nivel axiol&oacute;gico, al cual Todorov denomina de amor, los espa&ntilde;oles pod&iacute;an concebir al Otro ya sea como bueno o malo, como igual o inferior; en un nivel praxeol&oacute;gico, llamado por el autor de conquista, el conquistador pod&iacute;a identificarse con el Otro y, consecuentemente, acoger los valores de &eacute;ste, o identificar al Otro consigo mismo y pretender que acogiera sus valores; finalmente, en un nivel epist&eacute;mico, de conocimiento, el colonizador pod&iacute;a saber todo del Otro, o bien ignorar todo de &eacute;l (p. 185).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, entre los conquistadores existi&oacute; un sinn&uacute;mero de posiciones que combinaban de manera diversa estos tres niveles de amor, conquista y conocimiento frente al Otro. Entre los casos citados por Todorov se encuentran Gin&eacute;s de Sep&uacute;lveda, Las Casas, Cort&eacute;s, Vasco de Quiroga, Cabeza de Vaca, Lanza, y especialmente Diego Dur&aacute;n y Sahag&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quienes representaban los dos extremos b&aacute;sicos de esta diversidad de relaciones con el Otro fueron Sep&uacute;lveda y Cort&eacute;s, por un lado, y Las Casas por el otro. El deseo de riqueza y el impulso controlador determinaron la conducta de los espa&ntilde;oles como seres superiores frente a los indios, lo cual condujo a los europeos a considerar a los americanos como algo poco m&aacute;s que animales (p. 146), o a asumir un parad&oacute;jico, por etnoc&eacute;ntrico, concepto de "igualdad" hacia ellos. Esta doble y contradictoria actitud la define el autor como un No&#45;Amor y un Amor, respectivamente, a los nativos de Am&eacute;rica. Por una parte, fundamentando su posici&oacute;n con la dial&eacute;ctica aristot&eacute;lica aplicada al estudio de las clases sociales, Sep&uacute;lveda argumentaba que, en efecto, tal y como ocurre en la esencia humana con respecto a la contradicci&oacute;n cuerpo y alma, la sociedad es por naturaleza un juego de dualidades opuestas <i>(e.g.,</i> inferiores y superiores) y, por lo tanto, su estado natural son las jerarqu&iacute;as, no la igualdad (pp. 153&#45;154). Desde esta perspectiva (que, seg&uacute;n Todorov, compart&iacute;a tambi&eacute;n Vitoria), los ind&iacute;genas eran salvajes, bestias, cuya tiran&iacute;a justificaba el derecho de intervenir sobre ellos y esclavizarlos. Se preguntaba incluso, en voz de Oviedo, acerca de que "&iquest;Qui&eacute;n puede negar que el uso de la p&oacute;lvora en contra de los paganos es incienso quemado en honor a Nuestro Se&ntilde;or?" (p. 151). Por otra parte, asumiendo el sentido primigenio de la religi&oacute;n cristiana, Las Casas argumentaba que todos los seres humanos son iguales, y espec&iacute;ficamente que los ind&iacute;genas son iguales a los verdaderos cristianos porque son nobles, obedientes, pac&iacute;ficos y desinteresados de las riquezas terrenales. Por estas virtudes, dec&iacute;a Las Casas, los indios fueron derrotados por los espa&ntilde;oles (p. 164). Desde esta segunda perspectiva, se argumentaba en contra de la esclavitud ind&iacute;gena diciendo que "Si en efecto, los indios son ni&ntilde;os, ser&iacute;a un pecado bautizarlos, ech&aacute;ndolos a un pozo" (p. 155).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el fondo, sin embargo, los que "amaban" a los indios compart&iacute;an algo muy importante con quienes no los "amaban": una actitud etnoc&eacute;ntrica en la que se fincaba la certidumbre de la superioridad espa&ntilde;ola. En la historia particular de Las Casas se encontraba la parad&oacute;jica figura de un antiguo esclavista y sexista, que ahora, a pesar de defender a negros e indios por igual, segu&iacute;a considerando a los segundos ligeramente por encima de los primeros y a la mujer "tan necesaria para el hombre como un esclavo al maestro" (p. 171). Durante la Conquista, Las Casas abandon&oacute; su adherencia al esclavismo, aunque elabor&oacute; sofisticadamente su justificaci&oacute;n de la superioridad europea. Partiendo de la concepci&oacute;n cristiana sobre la universalidad de los valores morales y del tiempo como unilineal y evolutivo, el misionero asumi&oacute; un etnocentrismo "tolerante". Por un lado, la diferencia del Otro es ignorada por Las Casas por considerar que los ind&iacute;genas poseen los mismos valores del cristianismo, es m&aacute;s, por creer que ellos s&iacute; son verdaderos cristianos. Pero, por otro lado, para Las Casas la &uacute;nica diferencia entre indios y espa&ntilde;oles es que los primeros son como los segundos fueron en el pasado. De ah&iacute; conclu&iacute;a que por eso "no debemos penalizar los <i>defectos</i> que nosotros tuvimos" (p. 165) (&eacute;nfasis m&iacute;o). En esta premisa se sustentaba su etnocentrismo tolerante, en no reconocer la diferencia, o en identificarla como sin&oacute;nimo de defecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por este etnocentrismo, compartido por Sep&uacute;lveda, Cort&eacute;s y Las Casas, a pesar de sus diferencias, coinciden en la justificaci&oacute;n de la Conquista y en la necesidad de asimilar al Otro. Tal vez la &uacute;nica diferencia entre ellos era el m&eacute;todo: a pesar del discurso igualitario de Las Casas, &eacute;l no estaba en contra de la anexi&oacute;n de las Indias a la Corona, sino que quer&iacute;a simplemente cambiar a los soldados por sacerdotes (p. 171). Hablaba del "leg&iacute;timo" poder de la Corona sobre los infieles y de la necesidad de mantener la sumisi&oacute;n y colonizaci&oacute;n de &eacute;stos, aunque, aclaraba, de diferente forma, sin torturas ni exterminaci&oacute;n. Esta idea de una dominaci&oacute;n "tolerante" sobre los ind&iacute;genas, adem&aacute;s de ser sostenida con razonamientos religiosos, era apoyada con argumentos pragm&aacute;ticos: el esclavismo debe ser evitado por razones no s&oacute;lo humanitarias sino tambi&eacute;n econ&oacute;micas (p. 172). La eficiencia de una dominaci&oacute;n colonial es superior a la ejercida a trav&eacute;s de la esclavitud. Este argumento servir&iacute;a de paradigma a los colonialismos modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta relaci&oacute;n amor&#45;conquista surge un tercer elemento que se entrelaza de manera interesante con ellos: el conocimiento o entendimiento del Otro. Al parecer, quienes "amaban" a los ind&iacute;genas ten&iacute;an una predisposici&oacute;n mayor a no conocerlos, a no entenderlos, que aquellos espa&ntilde;oles que "no los amaban". Y es que, de acuerdo con Todorov, la confusi&oacute;n entre igualdad social e igualdad &eacute;tnico&#45;cultural condujo a la gente que <i>amabaa los indios,</i> como Las Casas, a ser menos atentos a las caracter&iacute;sticas y diferencias espec&iacute;ficas de las culturas ind&iacute;genas. Por el contrario, el triunfo de la Conquista obedeci&oacute; al hecho de que la gente que <i>no amaba a los indios,</i> como Cort&eacute;s, conoci&oacute; y entendi&oacute; mucho mejor a los aztecas que Moctezuma a los espa&ntilde;oles (p. 127). Por ejemplo, la identificaci&oacute;n de las fisiones en la sociedad azteca fue la clave del triunfo de los conquistadores. Por ello, gente como Sep&uacute;lveda desarroll&oacute; descripciones etnogr&aacute;ficas superiores (cuyo valor se pierde, tal vez, por sus prejuicios racistas) a las elaboradas por Las Casas (p. 160).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de Sep&uacute;lveda, Cort&eacute;s y Las Casas, existieron otros personajes que reflejan formas muy particulares de combinar las tres categor&iacute;as de amor, conquista y conocimiento. Vasco de Quiroga, por ejemplo, a diferencia de Las Casas, reconoce que la igualdad social de los ind&iacute;genas no significa su igualdad cultural, es decir, no significa que compartan las mismas normas y valores de los espa&ntilde;oles. Sin embargo, al igual que Las Casas, no llega a conocer a los abor&iacute;genes. Su amor a &eacute;stos lo conduce a verlos, no como lo que son, sino como lo que el quiere que sean. Por eso, como Las Casas, ignora todo de ellos y justifica su asimilaci&oacute;n como un medio para mejorar sus condiciones de vida. Por su parte, Cabeza de Vaca, al igual que los franciscanos, tambi&eacute;n ama a los ind&iacute;genas; se opone al empleo de la violencia sobre ellos y los conoce tan bien que llega a asimilar su cultura. Sin embargo, como no llega a identificarse con ellos, conserva su otredad, y justifica su mimetismo cultural como una estrategia para asimilar a los ind&iacute;genas. Asimismo, Diego Dur&aacute;n, sacerdote dominico, experimenta una doble personalidad que Todorov califica de hibridaci&oacute;n. En los niveles axiol&oacute;gico y praxiol&oacute;gico, Dur&aacute;n estaba dividido: admiraba algunos aspectos de los ind&iacute;genas <i>(i.e.,</i> su organizaci&oacute;n social) pero detestaba otros <i>(i.e.,</i> su crueldad y su violencia). "Son inteligentes pero ciegos por el paganismo", afirmaba. En el aspecto epist&eacute;mico, seg&uacute;n Todorov, no hab&iacute;a qui&eacute;n se comparara a Dur&aacute;n. Conoc&iacute;a mucho sobre las culturas ind&iacute;genas, y por esa vocaci&oacute;n etnogr&aacute;fica destac&oacute; entre los misioneros espa&ntilde;oles; trat&oacute; siempre de describir fielmente lo que observaba, aunque no siempre lo logr&oacute; (pp. 213214). Parad&oacute;jicamente, esta vocaci&oacute;n etnogr&aacute;fica de Dur&aacute;n proven&iacute;a de su rigidez e intransigencia religiosa. Por defender la pureza cat&oacute;lica desarroll&oacute; una particular habilidad para identificar lo que calificaba como el sacrilegio del sincretismo, esto es, "la combinaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas cristianas con los s&iacute;mbolos paganos". As&iacute;, su conocimiento etnogr&aacute;fico del ind&iacute;gena y su aparente identificaci&oacute;n con &eacute;l estaban a disposici&oacute;n de su estrategia asimilacionista. Por una parte, Dur&aacute;n estaba convencido de que "para convertirlos (a los ind&iacute;genas) hay que conocer su vieja tradici&oacute;n religiosa" (p. 202) y que una vez conocida la idolatr&iacute;a, hay que destruirla. Por otra parte, su aparente conversi&oacute;n al indianismo, el hecho de que compartiera con los ind&iacute;genas su estilo de vida, no signific&oacute; que dejara de considerarlos inferiores; despu&eacute;s de todo, afirmaba, "el misionero deb&iacute;a ser bestia entre las bestias, e indio entre los indios" (p. 211). La hibridaci&oacute;n de Dur&aacute;n consist&iacute;a, entonces, en el hecho de que si bien su conocimiento etnogr&aacute;fico e indianismo eran animados por su etnocentrismo, &eacute;stos fueron las avenidas que lo condujeron a la admiraci&oacute;n de los ind&iacute;genas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sahag&uacute;n fue defensor de los indios, y en ese sentido es incuestionable su amor a ellos. M&aacute;s a&uacute;n, en el nivel epist&eacute;mico, Sahag&uacute;n resulta igual de interesante que Dur&aacute;n, pues situ&oacute; por encima de razones pragm&aacute;ticas su amor al conocimiento de las culturas nativas. Esto lo condujo a producir un trabajo con validez etnogr&aacute;fica tan importante como el de Dur&aacute;n, o tal vez superior a &eacute;l, al incursionar en el campo de la etnolog&iacute;a. Seg&uacute;n Todorov, Sahag&uacute;n opt&oacute; por el camino de la fidelidad total. A diferencia de Dur&aacute;n, quien mezclaba sus juicios con la narraci&oacute;n ind&iacute;gena, Sahag&uacute;n &#150;tal y como un etn&oacute;grafo profesional lo har&iacute;a&#150; no sobrepon&iacute;a sus comentarios al texto original azteca. Su intenci&oacute;n, en este sentido, era yuxtaponer su voz con la de los ind&iacute;genas, no interponerlas. Por eso Sahag&uacute;n dej&oacute; una inestimable enciclopedia con informaci&oacute;n etnogr&aacute;fica sobre los aztecas. Por otra parte, Dur&aacute;n no pose&iacute;a intenciones de interpretaci&oacute;n consciente, mientras que Sahag&uacute;n intentaba conscientemente interpretar lo que investigaba. M&aacute;s a&uacute;n, en un intento por hacer inteligible para su cultura lo que observaba o lo que le dec&iacute;an los ind&iacute;genas, lleg&oacute; a hacer uso de las analog&iacute;as: <i>i.e.,</i> establecer similitudes y diferencias entre los aztecas y los romanos. En ese sentido, aunque no lo logr&oacute; del todo, Sahag&uacute;n se acerc&oacute; m&aacute;s al papel del etn&oacute;logo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el nivel praxiol&oacute;gico, Sahag&uacute;n era un defensor de los ind&iacute;genas que promovi&oacute; su igualdad, pero nunca perdi&oacute; la distancia que la diferencia del Otro le impon&iacute;a: su identidad como espa&ntilde;ol se conserv&oacute; intacta. Esta situaci&oacute;n, su amor a los indios y su amor al conocimiento de los indios, producen un Sahag&uacute;n tambi&eacute;n contradictorio como Dur&aacute;n: un Sahag&uacute;n que se propone describir en detalle la religi&oacute;n india, sin olvidar que la meta de ese conocimiento es la transformaci&oacute;n de ese indio en cristiano; camino que lo conduce, parad&oacute;jicamente, a promover la preservaci&oacute;n de la cultura n&aacute;huatl (p. 223).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, nos dice Todorov, de todos estos exploradores y misioneros espa&ntilde;oles el &uacute;nico que am&oacute;, conoci&oacute; y se identific&oacute; profundamente con los indios fue Gonzalo Guerrero, el &uacute;nico caso de asimilaci&oacute;n en direcci&oacute;n opuesta registrado en la historia de la Conquista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b>Ep&iacute;logo</b></i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Regresando a sus premisas originales, Todorov concluye que, en efecto, el descubrimiento del Yo es posible &uacute;nicamente a trav&eacute;s del descubrimiento del Otro, y m&aacute;s a&uacute;n, a trav&eacute;s del desciframiento de los v&iacute;nculos entre uno y otro: del Nosotros. Prueba de estos v&iacute;nculos en el presente &#150;nos dice el autor&#150; es la existencia de los reg&iacute;menes totalitarios. M&aacute;s a&uacute;n, contin&uacute;a Todorov, el pasado vaticina el presente, y lo que vemos en la evoluci&oacute;n de la relaci&oacute;n de los conquistadores con los ind&iacute;genas (particularmente en Dur&aacute;n y Sahag&uacute;n) es precisamente el <i>sketch</i> que vislumbra en embri&oacute;n el di&aacute;logo futuro (p. 241): las estrategias para la transformaci&oacute;n de una sociedad esclavista en una sociedad colonial y la de &eacute;sta en un nuevo tipo de colonialismo. La Conquista, as&iacute;, proyecta nuestra nueva relaci&oacute;n con el Otro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si por una parte Col&oacute;n fue un mero colector de curiosidades, descubridor de una tierra m&aacute;s que de sus habitantes, y por lo tanto fue nula su interpretaci&oacute;n del Otro, por otra la Conquista nos ense&ntilde;a que para el &eacute;xito de la dominaci&oacute;n es necesario lo siguiente: primero, la convicci&oacute;n de la superioridad ante el Otro, para conocerlo y adaptarse a &eacute;l, con el fin de transformarlo y asimilarlo a nuestra cultura. Despu&eacute;s de todo, nos recuerda Todorov, si la adquisici&oacute;n de un segundo lenguaje involucra una relaci&oacute;n de poder (uno adopta el lenguaje del Otro cuando se est&aacute; en situaci&oacute;n de inferioridad con &eacute;ste), los espa&ntilde;oles no ser&iacute;an los que asumir&iacute;an su asimilaci&oacute;n a la cultura ind&iacute;gena. Segundo, el conocimiento e interpretaci&oacute;n casi etnogr&aacute;fica del Otro, considerando que "La buena informaci&oacute;n es la mejor forma de imponer el poder", nos dice Todorov (p. 181). Y tercero, la superioridad en el aspecto tecnol&oacute;gico, especialmente en la comunicaci&oacute;n: esto permitir&aacute; al colonizador infligir una derrota al Otro principalmente en el manejo y transmisi&oacute;n de los s&iacute;mbolos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; Europa triunf&oacute;, a trav&eacute;s de la Conquista, sobre los ind&iacute;genas de Am&eacute;rica; sin embargo, ese triunfo fue, parad&oacute;jicamente, su propia derrota. En esta empresa se vaticinaban los parad&oacute;jicos resultados posteriores: los ind&iacute;genas "can&iacute;bales" fueron quemados vivos, sus cr&iacute;menes fueron castigados con la pena de muerte; por ello, a pesar de que las formas de vestir, la religi&oacute;n, las distintas costumbres caracter&iacute;sticas del Viejo Continente, y las superiores formas tecnol&oacute;gicas de comunicaci&oacute;n (como la escritura) fueron impuestas sobre <i>el ritual,</i> la comunicaci&oacute;n entre las personas no fue mejor, ni se establecieron formas superiores de valores morales. Finalmente &#150;afirma Todorov&#150;, la sociedad azteca, con todo y sus sacrificios humanos, no result&oacute; moralmente inferior que la sociedad europea con sus masacres masivas (p. 252). La mujer maya, una vez derrotada, no fue sexualmente violada, como hubiera ocurrido en el contexto europeo, sino arrojada a los perros del espa&ntilde;ol para ser devorada. Esto es lo que puede pasar si no somos exitosos en descubrir al Otro &#150;concluye el autor&#150;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El anverso de la Conquista. <i>Comentarios cr&iacute;ticos sobre la obra de Todorov</i></b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro presenta de manera extraordinaria una interpretaci&oacute;n original, llena de nuevas avenidas de reflexi&oacute;n sobre el proceso de descubrimiento y conquista de Am&eacute;rica. &Uacute;til no solamente para entender los nuevos procesos de globalizaci&oacute;n y penetraci&oacute;n del capital en todo el mundo, sino tambi&eacute;n para reconocer la importancia del conocimiento etnogr&aacute;fico como instrumento de dominaci&oacute;n. En esencia, la tesis de Todorov me permite recordar un "dicho" que escuch&eacute; de un amigo antrop&oacute;logo hace muchos a&ntilde;os: "No hay etn&oacute;grafo ni antrop&oacute;logo aplicado m&aacute;s eficaz que el capital".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, pese a las virtudes se&ntilde;aladas de esta obra, debemos reconocer que se trata de una perspectiva unilateral y en gran medida euroc&eacute;ntrica. Tal y como lo indica el propio autor, el punto de partida de su obra es demostrar que el conocimiento del Otro es una forma de autoconocimiento, y como para Todorov el Otro son los ind&iacute;genas americanos, analizar &uacute;nicamente la perspectiva del europeo sobre s&iacute; mismo y sobre &eacute;stos, as&iacute; como las m&uacute;ltiples formas de relaci&oacute;n amor&#45;conquista&#45;conocimiento del colonizador hacia los ind&iacute;genas, sin indagar el pensamiento del Otro sobre s&iacute; mismo, ni sobre el colonizador. Hacerlo hubiera requerido un esfuerzo no solamente de investigaci&oacute;n literaria m&aacute;s profunda, sino incluso arqueol&oacute;gica y de tradici&oacute;n oral, como lo hiciera Miguel Le&oacute;n&#45;Portilla en su obra <i>El reverso de la Conquista.</i> Esto hubiera conectado a Todorov con una amplia gama de fen&oacute;menos culturales que han resultado del contacto y lo hubiera alejado del manejo poco cuidadoso del concepto de asimilaci&oacute;n. Si, como &eacute;l dice, los ind&iacute;genas han adoptado formas de vestir, religi&oacute;n y diferentes costumbres del europeo, &iquest;qu&eacute; le hace suponer que en eso consiste la asimilaci&oacute;n?; &iquest;qu&eacute; sucede con la organizaci&oacute;n social, las estrategias de subsistencia, el conocimiento herbolario y las representaciones simb&oacute;licas de muchos grupos ind&iacute;genas? &Eacute;sas tambi&eacute;n son parte fundamental de estas culturas, que en no pocas ocasiones permanecen ocultas y se recrean bajo las condiciones establecidas por el propio colonizador. Esto hubiera hecho que Todorov, adem&aacute;s, evitara el empleo del etnoc&eacute;ntrico concepto de <i>superioridad,</i> el cual fue empleado en el siglo pasado por quienes pretendieron analizar la evoluci&oacute;n social con la misma metodolog&iacute;a historicista unilineal del darwinismo en biolog&iacute;a. De esta manera, con el uso de este concepto el autor niega un aspecto b&aacute;sico en el estudio del Otro (esto es, la etnolog&iacute;a), <i>el relativismo cultural,</i> no s&oacute;lo como paradigma sino como filosof&iacute;a y &eacute;tica del investigador. Con base en este relativismo cultural, nadie puede decir <i>seriamente</i> que una cultura, o un elemento cultural, es superior a otro, ni aun basados en criterios de efectividad o eficiencia, pues estos dos conceptos son tambi&eacute;n relativos al contexto del elemento o cultura analizados. Desde esta perspectiva, cabe la pregunta: si los c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos relataban las historias de los principados, sus conflictos, el rol de los sacerdotes, el origen m&iacute;tico del pulque y los hongos alucin&oacute;genos, el conocimiento astron&oacute;mico y matem&aacute;tico, &iquest;de d&oacute;nde concluye Todorov que la comunicaci&oacute;n escrita era superior a la de los aztecas o mayas? &iquest;En qu&eacute; se basa el autor para dar por sentada (y no discutirla adem&aacute;s) la superioridad de la escritura alfab&eacute;tica sobre la ideogr&aacute;fica o jerogl&iacute;fica? Eso es algo que Todorov jam&aacute;s llega a comprobar, y que tal vez jam&aacute;s investig&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual manera, quisiera cuestionar la "moraleja" a la que este autor arriba despu&eacute;s de la historia de la mujer maya devorada por los perros: "esto puede pasar si no somos exitosos en el conocimiento del Otro". Al respecto preguntar&iacute;a: &iquest;ser&aacute; posible fundar una relaci&oacute;n con el Otro a trav&eacute;s de un <i>exitoso</i> conocimiento de &eacute;ste? La respuesta a estas interrogantes nos la ofrece el mismo autor cuando dice que la empresa colonizadora se caracteriz&oacute; por la autonom&iacute;a entre amor, conquista y conocimiento. Quienes <i>conoc&iacute;an</i> bien a los ind&iacute;genas no eran siempre los que los <i>amaban</i>. M&aacute;s a&uacute;n, esta misma moraleja me conduce a una tercera pregunta, que puede descomponerse en dos: &iquest;Ser&aacute; posible alcanzar un conocimiento realmente exitoso del Otro? En todo caso, &iquest;qu&eacute; entendemos por conocimiento exitoso? &iquest;Se trata acaso de un conocimiento acucioso, objetivo y verificable o &iquest;un conocimiento &uacute;til para quien lo produce? Por encima de las pretensiones positivas de quienes hablan de ciencia, el conocimiento sobre el Otro es la construcci&oacute;n de una representaci&oacute;n de &eacute;ste, mediada por la ideolog&iacute;a, que puede servir para la dominaci&oacute;n o para la liberaci&oacute;n del mismo. En este sentido, un conocimiento exitoso del Otro puede conducir a un exitoso proceso de su dominaci&oacute;n o a una exitosa liberaci&oacute;n de &eacute;l.</font></p> 	           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, me quiero referir a la conclusi&oacute;n final que Todorov coloca en la &uacute;ltima parte del libro, un poco suelta de la discusi&oacute;n central de &eacute;ste: "No creo que la historia obedezca a un sistema ni a las as&iacute; llamadas leyes que permitan deducir las futuras o incluso las presentes formas de sociedad; sino que para estar conscientes de la relatividad (y as&iacute; de su arbitrariedad)..." (p. 254). Despu&eacute;s de leer esto, me doy cuenta de que tengo poco m&aacute;s o menos que empezar a leer la obra para entender su objetivo central, "comprobar que el pasado vaticina el presente". Comprobar que las formas de relaci&oacute;n con el Otro durante la Conquista eran el embri&oacute;n de la relaci&oacute;n futura con &eacute;ste. C&oacute;mo es posible partir de tal convicci&oacute;n y hablar de <i>arbitrariedad</i> en la historia al mismo tiempo que de <i>vaticinio?</i></font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/cultural/v6n12/a8f1.jpg"></font></p>      ]]></body>
</article>
