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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>En <i>direcci&oacute;n m&uacute;ltiple</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Norma Garza Saldivar*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Cohen, Esther (ed.) (2011), <i>Walter Benjamin. Direcci&oacute;n M&uacute;ltiple,</i> M&eacute;xico: Col. Ejercicios de memoria 10, UNAM.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctora en Letras Modernas por la UNAM. Actualmente es Profesora Investigadora de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico, M&eacute;xico. Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:ngarzasaldivar@hotmail.com">ngarzasaldivar@hotmail.com</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es de todos conocida la recomendaci&oacute;n y caracter&iacute;stica del pensamiento de Walter Benjamin de cepillar la historia a contrapelo, lo que tambi&eacute;n quiere decir, la necesidad de someter los saberes, las verdades, las ideas a una cr&iacute;tica constante. Me parece, entonces, un claro ejemplo del ejercicio cr&iacute;tico el origen, estructura y formato de este libro, <i>Walter Benjamin. Direcci&oacute;n M&uacute;ltiple;</i> y m&aacute;s que original, sugerente, receptivo, acogedor de la palabra y la lectura del otro. Una propuesta fraterna que parece surgir no tanto del querer descubrir al otro, en este caso a Walter Benjamin, sino tambi&eacute;n del deseo por configurar, agregar algo al propio rostro del sujeto cr&iacute;tico, del ensayista. Como pensaba Roland Barthes, el autor no es un otro del que el cr&iacute;tico literario est&eacute; en cierto modo enamorado o identificado. El autor es para el cr&iacute;tico un deseo de escritura, y como &eacute;l mismo apunta las aventuras de ese deseo, forman poco a poco la verdadera biograf&iacute;a del sujeto cr&iacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien este libro se inscribe en el paisaje benjaminiano, cada una de las miradas cr&iacute;ticas que lo forman configuran pasajes que nos introducen de diversas maneras en el pensamiento, el espacio y el tiempo de Benjamin; pero tambi&eacute;n muestra voces y estilos que dan cuenta de una manera de leer y acercarse a un autor: una forma de intervenir en el texto, dir&iacute;a Benjamin. Cinco miradas: Daniel Bensaid, Eduardo Cadava, Esther Cohen, Michael L&ouml;wy y Erdmut Wisizla. Perspectivas que a su vez son intervenidas por el desciframiento, y formas de lectura como la de Waldo Villalobos, Marianela Santove&ntilde;a, Irene Artigas, Pablo Dom&iacute;nguez, Elsa Rodr&iacute;guez y Natalia Gonz&aacute;lez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Constelaciones que anuncian relaciones de Benjamin con otros escritores y amigos, pero tambi&eacute;n que trazan recorridos por muchos de los intereses y preocupaciones de este autor, as&iacute; como conceptos clave que proponen otras interpretaciones; pero, sobre todo, ensayos que buscan recuperar la memoria, "mirar el pasado, como escribe Esther Cohen, tratando de rescatar del olvido desechos, despojos y ruinas. Ante la debacle del siglo XX e inclusive ante un mundo como el actual que reivindica a toda costa la 'eterna juventud', Benjamin se inclina amoroso, no ante la belleza sino ante las marcas que deja la experiencia" (p. 158). Marcas que deber&iacute;a dejar la experiencia de la lectura cuando con ella se escribe, para ir rastreando las huellas y actualizarlas con nuevos sentidos, por ello ser&iacute;a imposible que el cr&iacute;tico, el ensayista, pueda recorrer la "calle de direcci&oacute;n &uacute;nica", m&aacute;s bien tendr&aacute; que hacerlo en direcci&oacute;n m&uacute;ltiple, ensay&iacute;stica, errante, no por senderos marcados de antemano, pero s&iacute; por senderos caminados, recorridos con la mirada cr&iacute;tica, y el pensamiento abierto a la experiencia, para encontrarse de pronto en esa bifurcaci&oacute;n de sentidos con evidentes "afinidades electivas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cinco miradas hacia la obra, la vida y la &eacute;poca de Walter Benjamin de donde se desprenden otros seis textos que conforman visiones, im&aacute;genes, fotograf&iacute;as y alegor&iacute;as que transitan como comentarios o rodeos para mostrar, justamente, l&iacute;neas que trazan constelaciones cr&iacute;ticas. No obstante, al hablar del otro, al citar, al seleccionar estas y no otras ideas, se est&aacute; tambi&eacute;n dando cuenta de lo que atraviesa al sujeto cr&iacute;tico, de lo que le pasa, es decir, de su experiencia. As&iacute;, Daniel Bensaid va tras las huellas de la utop&iacute;a y el mesianismo en Bloch y Benjamin, en la temporalidad de la imagen&#45;deseo que lo llevan a "ver m&aacute;s lejos, no para huir de la proximidad m&aacute;s cercana, sino para penetrar en ella" (p. 21), de tal forma, nos sigue diciendo Bensaid, que "el instante vivido nos pertenezca y que nosotros le pertenezcamos (...) que podamos gritarle: &iexcl;Detente!" (p. 31). A Daniel Bensaid, que muri&oacute; en enero del 2010, le hubiera gustado quiz&aacute; recordar ese preciso fragmento cuando Fausto le dice a Mefist&oacute;feles:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iexcl;Choquen nuestras manos! Si un d&iacute;a le digo al fugaz momento: '&iexcl;Detente! &iexcl;eres tan bello!' puedes entonces cargarme de cadenas, entonces consentir&eacute; gustoso en morir. Entonces puede doblar la f&uacute;nebre campana; entonces quedas eximido de tu servicio; puede pararse el reloj, caer la manecilla y terminar el tiempo para m&iacute; (Goethe, 2007: 78).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n para Daniel se par&oacute; el reloj y se termin&oacute; el tiempo. Cuando Waldo Villalobos habla de y con Daniel Bensaid, habla de su deuda no s&oacute;lo con &eacute;l, sino con Benjamin, en la que como todo buen lector, Waldo tambi&eacute;n se convierte en "heredero ileg&iacute;timo" de una lectura que lo lleva, irremediablemente, a la escritura, como espacio de un di&aacute;logo interminable, la mejor manera quiz&aacute; de rendir un homenaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Direcci&oacute;n M&uacute;ltiple</i> expone esa perspectiva del encuentro, de la cita, de la intervenci&oacute;n que, como escribe Waldo, "exige concepciones del mundo que van en direcciones opuestas" para pensar el mundo y articular con el lenguaje, como sugiere Eduardo Cadava, una relaci&oacute;n con las cosas, las personas y la realidad. Pero antes de hablar es preciso mirar, parece responderle Marianela Santove&ntilde;a, recorrer las cosas, los rostros, el mundo, parte por parte con la fidelidad y el amor que exige el recorrido de la lectura de los signos, hacerlos hablar. Recoger fragmentos, im&aacute;genes, voces, susurros en una visi&oacute;n fotogr&aacute;fica que exige una mirada ontol&oacute;gica, una visi&oacute;n aleg&oacute;rica que transforme, que devuelva a lo visible su extra&ntilde;eza, su misterio. Fotograf&iacute;as, cuadros o visiones a las que Marianela convierte en otra cosa. Narraci&oacute;n no tanto de lo visible sino de lo apenas visible; "no la cosa misma, sino algo m&aacute;s", como escribe Cadava, lo que da lugar a la "emergencia de una imagen y al hacerlo marca la irrupci&oacute;n de un acontecimiento hist&oacute;rico" (p. 92).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &iquest;c&oacute;mo ver eso?, pareciera que para ello, Marianela apela al pensamiento que puede leer viendo y "para que todas las im&aacute;genes del mundo converjan en el ojo, no hace falta m&aacute;s que una sola cosa: la cosa que piensa, que mira y ve ontol&oacute;gicamente antes de hablar" (p. 103). Y al mismo tiempo, como anuncia Irene Artigas, una fotograf&iacute;a que surge de la conciencia de que todo es pasajero, pero que el potencial aleg&oacute;rico de la imagen, y quiz&aacute; de la palabra, permiten rescatar de las ruinas y los escombros la eternidad de las cosas. Porque la alegor&iacute;a, nos recuerda Irene, en su sentido etimol&oacute;gico, significa dejar hablar a otro. &iquest;Y no es acaso lo que sucede en este libro? Un Walter Benjamin que deja hablar a otros, que por su escritura hablan otros. Textos que remiten a otros textos, una "otredad que me impide ser yo mismo", escribe Cadava. As&iacute;, una lectura cr&iacute;tica articula su propio rostro a partir del texto le&iacute;do, es decir, impide que el texto original siga siendo el mismo, as&iacute; como el ser de quien escribe se est&aacute; transformando incesantemente en la escritura. Finalmente, se trata de la funci&oacute;n de la cr&iacute;tica, de una crisis cr&iacute;tica que apele a la experimentaci&oacute;n, a que las cosas no s&oacute;lo sucedan sino que nos sucedan, nos pasen, hacer de lo ya sido, lo que sigue siendo, lo que est&aacute; siendo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como dice Erdmut Wizisla, "la clave para la lectura de Benjamin es el concepto de <i>cr&iacute;tica;</i> los representantes de las vanguardias recogidos por &eacute;l enfrentaban cr&iacute;ticamente los g&eacute;neros de los que proven&iacute;an: los subvert&iacute;an" (p. 232). De ah&iacute; que el ensayo de Esther Cohen sea b&aacute;sico para entender y para situarnos en el contexto de la &eacute;poca: "el mejor y el peor de los tiempos: la rep&uacute;blica de Weimar", como ella misma escribe: un tiempo de crisis que significa, en su sentido m&aacute;s positivo, cr&iacute;tica, transformaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n. Un "mundo de luz y sombras que fue el periodo 1919&#45;1933" (p. 143).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benjamin hace de la crisis una cr&iacute;tica dirigida a "organizar el pesimismo", que se manifestaba en todos los &aacute;mbitos de la cultura y el arte, como nos cuenta Esther Cohen, a partir de formas art&iacute;sticas que actuaban de forma in&eacute;dita, no s&oacute;lo como entretenimiento, sino como cr&iacute;tica pol&iacute;tica y social, y como una manera de vivir la modernidad, donde las vanguardias art&iacute;sticas y filos&oacute;ficas ser&aacute;n justamente las que desarticulen el espacio, rompan la perspectiva, para, de alg&uacute;n modo, provocar la explosi&oacute;n y "repensarlo todo, desde la literatura, la pintura, el cine, hasta la filosof&iacute;a y la forma de ejercer la cr&iacute;tica" (p. 148). Desarticulaci&oacute;n y movimiento que llevan a Benjamin a publicar en 1929 su art&iacute;culo "El surrealismo: la &uacute;ltima instant&aacute;nea de la inteligencia europea"; "praxis est&eacute;tica" de la que nos habla Pablo Dom&iacute;nguez: "para que se cumpla el destino del movimiento surrealista, Benjamin pide que sea el espacio p&uacute;blico, la ciudad, la que sea tomada por el programa de este grupo, y no solamente el espacio simb&oacute;lico del arte" (p. 173). Porque finalmente es ah&iacute;, en el espacio art&iacute;stico y el urbano, como espacios de crisis, donde Benjamin conjuga su visi&oacute;n cr&iacute;tica de una sociedad que comenzaba a visualizar y reconocer el rostro de la barbarie en el de la cultura. Como escribe Esther Cohen "cat&aacute;strofe, crisis, decadencia, perspectiva, fragmento, ruinas y despojos no son mera ret&oacute;rica; muy por el contrario, son conceptos que trazan el nuevo rostro de la modernidad", esa modernidad que, nos sigue diciendo, "se ir&aacute; radicalizando hasta nuestros d&iacute;as" (p. 158).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una modernidad que, de alg&uacute;n modo, nos sugiere Elsa Rodr&iacute;guez, carece de un relato, sobre todo por el silencio que dejan las im&aacute;genes de cat&aacute;strofes y ruinas, de violencia y muerte. Y aunque la fotograf&iacute;a funcione a veces, como testimonio y como indicio de "una forma nueva de documentar en im&aacute;genes la guerra: la masacre civil en el &aacute;mbito de las ciudades", abre tambi&eacute;n, nos dice, su "condici&oacute;n ambigua de testimonio... pone sobre la mesa la siempre vigente discusi&oacute;n entre la imagen y la palabra, entre lo que vemos y su interpretaci&oacute;n" (p. 211). Leer la imagen, enfrentarse a su sentido simb&oacute;lico y un&iacute;voco, pero tambi&eacute;n imaginar y volver a ver, para comenzar siempre a interpretar, a dejar hablar y construir con todo ello el relato aleg&oacute;rico de la imagen. Enfrentar la "crisis de la imagen", como dice Natalia Gonz&aacute;lez, que hace Benjamin en su obra <i>Sobre la fotograf&iacute;a,</i> o <i>La obra de arte en la &eacute;poca de su reproductibilidad t&eacute;cnica,</i> y despertar "la posibilidad que el arte tiene para abrir la experiencia a la interpretaci&oacute;n" (p. 249). Del mismo modo en que "el gesto del teatro &eacute;pico es (...) una herramienta de apertura de la interpretaci&oacute;n" (p. 249), tambi&eacute;n el gesto de la lectura lo es cuando nos abre al acto de la escritura, a la construcci&oacute;n del sentido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; como desde el ojo de las fotograf&iacute;as que aqu&iacute; se plasman y la escucha de los relatos de Benjamin, los que escriben en este libro deambulan para, de alg&uacute;n modo, encontrar en el rostro del fil&oacute;sofo y cr&iacute;tico literario alem&aacute;n, sus propios rostros, y en su contexto hist&oacute;rico y social "el mejor y el peor de los tiempos", quiz&aacute; como aparecer&iacute;a cualquier tiempo a la luz de quien lo vive. Sin embargo, tal vez podamos aprender que mirando para atr&aacute;s, en retrospectiva, podamos recuperar otra mirada hacia adelante, y tomar en serio la cat&aacute;strofe y la ruina que ha dejado el peor de los tiempos; pero tambi&eacute;n recuperar la palabra cr&iacute;tica benjaminiana no s&oacute;lo para cuestionar los momentos que vivimos, sino para leer los signos que nos rodean como un "reconocimiento l&uacute;cido del estado de las cosas", como escribe Esther; como una manera de leer a contrapelo, de desconfiar del curso de la realidad, como quer&iacute;a Benjamin; de dejar la "&oacute;ptica perezosa", de la que hablaba Bensaid, es decir, aquella que piensa "que lo que no se ha hecho en un d&iacute;a podr&aacute; hacerse siempre al d&iacute;a siguiente" (p. 37). Mejor habr&aacute; que abrirse al pensamiento de direcci&oacute;n m&uacute;ltiple y encontrar aqu&iacute;, en este libro, el deseo de escritura de los autores, acompa&ntilde;ados de las sombras fantasmag&oacute;ricas de un Walter Benjamin fil&oacute;sofo, literato, pol&iacute;tico, pero sobre todo, de un Benjamin cr&iacute;tico que nunca abandon&oacute; el ejercicio de la escritura, y que nos abre al profundo deseo inexorable, a pesar o quiz&aacute; por ello, del sinsentido, del vac&iacute;o o de los tiempos violentos que vivimos, de seguir escribiendo, pues, como dijo Daniel Bensaid: "la &uacute;ltima palabra nunca est&aacute; dicha" (p. 33).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fuente consultada</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goethe, W. (2007), <i>Fausto,</i> Valladolid: Editorial Maxtor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=876035&pid=S1870-0063201200030001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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