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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Entrevista</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pensar lo otro. Entrevista a Esther Cohen Dabah</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Norma Garza Sald&iacute;var*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctora en Letras Modernas por la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM). Profesora&#45;investigadora de tiempo completo de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). Co&#45;coordinadora del dossier de este n&uacute;mero de Andamios.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esther Cohen es profesora en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, e investigadora del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas de la UNAM, cuya trayectoria ha sido reconocida recientemente al otorg&aacute;rsele el Premio Universidad Nacional 2010, en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n en humanidades. Autora de libros que manifiestan tanto el rigor del pensamiento como el ejercicio del placer y la belleza de la escritura. Ensayista y viajera, cuyas estancias en Bolonia, Nueva York, Jerusal&eacute;n, Par&iacute;s, etc&eacute;tera, le han dado no s&oacute;lo el conocimiento de las lenguas sino el de autores e investigadores que ha traducido y que ha acogido al organizar proyectos, coloquios, conferencias, encuentros. Ha creado espacios para intercambiar ideas y experiencias, en un di&aacute;logo continuo con estudiantes e investigadores. Como editora y autora ha recogido trabajos de muchos de ellos en colecciones como "La huella del otro", "Ejercicios de memoria", o como el libro <i>Lecciones de extranjer&iacute;a. Una mirada a la diferencia</i> (M&eacute;xico: Siglo XXI/UNAM, 2002), que coordin&oacute; con Ana Mar&iacute;a Mart&iacute;nez de la Escalera; as&iacute; como de varios n&uacute;meros de la revista <i>Acta Poetica.</i> Su trabajo cr&iacute;tico se ha centrado en el di&aacute;logo entre literatura y filosof&iacute;a, cuyo pensamiento se focaliza en los procesos interpretativos de la llamada modernidad, abarcando un amplio espectro de reflexiones y autores, que podemos encontrar en libros como <i>La palabra inconclusa</i> (Taurus/UNAM, 1994; 4a ed.: 2008, traducido al franc&eacute;s en 2007); <i>El silencio del nombre</i> (Barcelona: Anthropos/Fundaci&oacute;n Eduardo Cohen, 1999; traducci&oacute;n al franc&eacute;s: Par&iacute;s: Editions Des Femmes&#45;Antoine Fouque, 2007); <i>Con el diablo en el cuerpo. Fil&oacute;sofos y brujas en el Renacimiento</i> (Taurus/ UNAM, 2003) tuvo una extraordinaria difusi&oacute;n nacional e internacional, siendo traducido al franc&eacute;s (Par&iacute;s: Lignes, 2004), prologado por Enzo Traverso; traducido al italiano (Verona: Ombre Corte, 2005; Mondadori/Il Giornale, Mil&aacute;n, 2006, 100,000 ejemplares); <i>Los narradores de Auschwitz</i> (Buenos Aires/M&eacute;xico: Lilmod/Fineo, 2006; Paid&oacute;s, 2010; traducido al franc&eacute;s: editorial de L'Universit&eacute; de Montr&eacute;al, 2010), entre otros. Se presenta aqu&iacute; el di&aacute;logo mantenido a lo largo de varios encuentros en torno al tema de la alteridad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;En tu trayectoria como investigadora, docente y traductora hay tres autores que considero b&aacute;sicos en tu quehacer filos&oacute;fico y literario: Levinas, Derrida y Benjam&iacute;n. Tres vertientes que en el sentido de esta entrevista quiz&aacute; nos puedan dar un hilo conductor y centrarnos en el tema de la alteridad. &iquest;Qui&eacute;n es el</i> otro <i>y c&oacute;mo relacionar en esa direcci&oacute;n a estos tres autores? Pienso en la colecci&oacute;n que coordinaste en Taurus, "La huella del otro".</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;En efecto, el texto de Levinas, "La huella del otro", que da nombre a la colecci&oacute;n, fue una aut&eacute;ntica revelaci&oacute;n para m&iacute;. En &eacute;l Levinas plantea lo que, desde mi perspectiva, es el eje de su pensamiento sobre la alteridad. A pesar de que ahora me desconcierte &#151;a distancia de a&ntilde;os de una primera lectura&#151; su posici&oacute;n frente al concepto de alteridad <i>asim&eacute;trica,</i> que nunca encuentra la respuesta del otro, considero que es un autor indispensable para comprender, en primera y &uacute;ltima instancia, la importancia de considerar la <i>responsabilidad</i> frente a toda alteridad, no como <i>tolerancia</i> sino como <i>imperativo categ&oacute;rico</i> que nos "doblega", para decirlo con Levinas. Hay en su filosof&iacute;a algo definitivamente enriquecedor que lo coloca en las ant&iacute;podas de la recepci&oacute;n de su pensamiento en la, llam&eacute;mosla, "filosof&iacute;a cristiana". Levinas es muy claro en esto: no hay un <i>despu&eacute;s</i> de nuestra muerte, una entrada triunfante al reino de los cielos; muy a pesar de su innegable religiosidad, la posici&oacute;n de Levinas es rotunda: no ver&aacute;s jam&aacute;s la tierra prometida, no ser&aacute;s el contempor&aacute;neo de tu propio &eacute;xito. En ese sentido, la muerte no es m&aacute;s sino la estafeta que el "otro" <i>debe</i> recoger para continuar con la obra de quien se ausenta. Aqu&iacute;, en este enunciado tan simple, "no ver&aacute;s la tierra prometida", se encuentra el Levinas m&aacute;s genuino, quien reconoce en la muerte del otro el espacio de la responsabilidad total, absoluta. En oposici&oacute;n a Heidegger y a su concepci&oacute;n del "ser para la muerte", Levinas nos habla de "aqu&eacute;l que viene despu&eacute;s de m&iacute;"; me debo a mis muertos en la medida en que soy responsable por ellos. La muerte del "otro" es la primera muerte que nos obliga a tomar conciencia de un fin, no como punto final sino como una simple fractura en la cadena del ser. Y es este Levinas a quien acudo para pensar al otro, a quien miro a la distancia como horizonte de pensamiento; como dir&iacute;a Ajmatova, s&oacute;lo es nuestro lo que hemos dado, s&oacute;lo nuestra <i>responsabilidad</i> responde por nuestras acciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el pensamiento levinasiano me introdujo en el tema de la alteridad, la obra de Jacques Derrida y de Walter Benjamin me coloc&oacute; frente a potenciales a&uacute;n mayores. Acabo de traducir uno de los &uacute;ltimos textos de Derrida. En plena agon&iacute;a, en el umbral de su propia desaparici&oacute;n f&iacute;sica, el fil&oacute;sofo conserva la lucidez para pensar y reflexionar sobre la <i>responsabilidad del otro</i> frente a la vida y frente a la muerte, la suya y, es a&uacute;n capaz de <i>escribir,</i> con todo lo que la escritura significa en Derrida, la relaci&oacute;n estrecha que guarda cualquier pensamiento que se quiera "aut&eacute;ntico" con el <i>temblor</i> de la muerte; es decir, ante la imposibilidad de contener el advenimiento de lo absolutamente otro, lo ajeno, lo imprevisible. Pero si hay algo de lo que est&aacute; seguro es que de la misma manera en que el seno materno lo llev&oacute; a cuestas <i>(tragen),</i> responsabiliz&aacute;ndose por &eacute;l, ahora toca de nuevo a otro, a otros, hacerse cargo de su imposibilidad de mantenerse de pie, de su desaparici&oacute;n: es el <i>otro</i> quien tendr&aacute; que cargarlo <i>(tragen)</i> para conducirlo a su &uacute;ltima morada. En este sentido, Derrida nos ense&ntilde;a que lo que acompa&ntilde;a y define al hombre como tal, de principio a fin, es justamente la <i>responsabilidad por el otro,</i> sin este <i>responder por,</i> sin el reconocimiento del otro como parte de mi ser, la vida no es vida, ni la muerte, muerte. En el ser, regresando a Levinas, no hay coartada. Hay un verso de Celan que Derrida, hacia el final del texto, cita en "C&oacute;mo no temblar: El mundo ha partido, yo debo cargarte". De qu&eacute; manera decirlo mejor, as&iacute;, con esa concisi&oacute;n, con ese lenguaje adelgazado de Celan, lo que la ausencia de mundo implica para el otro, lo que la presencia del otro compromete en el devenir del mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien ambos fil&oacute;sofos <i>no s&oacute;lo</i> se detienen en el pensamiento de la muerte como base fecunda para pensar toda alteridad, la reciente traducci&oacute;n del breve texto de Derrida, tan presente en estos momentos, me ha conducido por ese <i>atajo</i> que, creo, sintetiza por otra parte lo que el "otro absolutamente otro" simboliza en cada uno de los acontecimientos de la vida: en la relaci&oacute;n con el hijo, el padre, la madre, el hermano, el extranjero, el vagabundo; en el v&iacute;nculo que establecemos con la lengua que, como escribiera Derrida, es mi lengua pero no la poseo, se trata siempre de la lengua del otro. Destino universal de la lengua el de no ser habitada jam&aacute;s, tierra prometida siempre por venir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Walter Benjamin representa para m&iacute; en la actualidad la figura eje para pensar la responsabilidad frente al otro; en &eacute;l, los muertos, los vencidos, los sin&#45;nombre son justamente aquellos ante los cuales el hombre en cuanto tal debe <i>responder</i> puntual y de manera obligada. No hay historia sin la participaci&oacute;n responsable de quien la realiza y, en particular, para que ese engranaje funcione es necesario volver los ojos atr&aacute;s sin temer convertirse en estatua de sal. La figura de la "ca&iacute;da", de la "cat&aacute;strofe" original es en Benjamin la punta de lanza para elaborar a lo largo de su extens&iacute;sima obra, desde su texto de 1916 sobre el lenguaje hasta sus <i>Tesis sobre la historia</i> de 1940, su visi&oacute;n del otro y la responsabilidad que implica participar en ella. En Benjamin, y para continuar con eso que llam&eacute; <i>atajo,</i> la derrota de los vencidos es pilar y soporte de su pensamiento, de manera espec&iacute;fica, sobre la historia, pero tambi&eacute;n sobre la lengua, la traducci&oacute;n, la literatura y la cr&iacute;tica. El car&aacute;cter destructivo que aparece en pr&aacute;cticamente la totalidad de la obra benjaminiana radica justamente en esto; s&oacute;lo quien pueda destruir podr&aacute; criticar, s&oacute;lo quien logre desarticular el discurso del vencedor ser&aacute; capaz de hacer justicia, s&oacute;lo quien d&eacute; una justa sepultura a sus muertos podr&aacute; continuar viviendo. Desde esta perspectiva, su ensayo "El narrador" de 1936, ya en el exilio franc&eacute;s, es iluminador en cuanto a la posibilidad/imposibilidad de continuar narrando. En &eacute;l, Benjamin ubica un quiebre en la tradici&oacute;n narrativa a partir de la Gran Guerra; la gente vuelve de las trincheras y los campos de batalla sin historias que contar; hay, en esta incapacidad, una descomposici&oacute;n de la experiencia, una p&eacute;rdida de la facultad m&aacute;s antigua de todas las facultades: la posibilidad de narrar historias. Este deterioro se debe, en t&eacute;rminos benjaminianos, a la ausencia de una escucha, a la incapacidad para intercambiar experiencias; en otras palabras, se trata del rechazo del "otro" en todas sus facetas. De la misma manera en que el surgimiento del lenguaje es ya, para el fil&oacute;sofo, el inicio del abismo, la ca&iacute;da del nombre en la sobrenominaci&oacute;n indiscriminada en el dominio del signo, y al igual que la traducci&oacute;n es a su vez la imposibilidad misma de la traducci&oacute;n, la cr&iacute;tica es tambi&eacute;n un <i>ejercicio de aproximaci&oacute;n</i> sin domicilio conocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero quisiera detenerme, para terminar de responder a tu pregunta, en lo que Benjamin considera la responsabilidad "originaria", es decir, aquella que nos convierte en seres humanos: la necesidad de dar sepultura a nuestros muertos. En las <i>Tesis sobre la historia,</i> herencia p&oacute;stuma de Benjamin, se encuentra una de las claves m&aacute;s significativas para leer su obra de toda una vida: "Encender en el pasado la chispa de la esperanza es un don que s&oacute;lo se encuentra en <i>aquel</i> historiador que est&aacute; compenetrado con esto: tampoco los muertos estar&aacute;n a salvo del enemigo si &eacute;ste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer". Benjamin, como su &aacute;ngel, miran con ojos desorbitados la cat&aacute;strofe a sus pies, el progreso y la cultura que siempre se har&aacute;n acompa&ntilde;ar por la barbarie. La historia inmediata a su suicidio, en 1940, le dar&aacute; la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;En tu libro,</i> El silencio del nombre, <i>planteas el doble papel, o mejor dicho la tensi&oacute;n que hace del "nombre" el lugar tanto de la falta como el espacio de la alteridad. &iquest;A partir de esto podr&iacute;amos pensar el lenguaje, por un lado como aquello que se ha desgastado en el parloteo, en una ret&oacute;rica ciega y sorda a lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de ella y que, m&aacute;s bien, se encuentra inmerso en un vac&iacute;o anquilosado y superfluo; pero que, por otro lado, y m&aacute;s cercanos quiz&aacute; a una visi&oacute;n po&eacute;tica y filos&oacute;fica, podamos considerar el lenguaje como esa infinita apertura a la alteridad?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;De alguna manera ya alud&iacute; a esto en la respuesta anterior. Es cierto, no habl&eacute; concretamente del "nombre" como la casa que habitamos sin poseerla. Este libro, asediado por el duelo, quiere recuperar al otro ah&iacute; donde la p&eacute;rdida se manifiesta: en el nombre propio. &iquest;Qu&eacute; pasa, se pregunta Derrida en "Circonfesi&oacute;n", cuando la madre agonizante ya no lo reconoce, cuando su nombre, Jackie, ya no le significa nada a quien le dio vida? Es el sacudimiento avasallador de una identidad que ya no puede reconocerse en esa casa, que aunque no le pertenezca, es lo &uacute;nico que puede habitar. O, &iquest;c&oacute;mo se transforma el nombre cuando quien lo porta desparece f&iacute;sicamente, cuando mi llamado me devuelve s&oacute;lo un eco desvirtuado de mi propia voz? Ese libro est&aacute; hecho de retazos de dolor y desconsuelo; de ah&iacute; que los autores a quienes me refiero sean justamente aquellos que han experimentado a fondo el abismo que representa el nombre como <i>falta</i> y, al mismo tiempo, como lo dices t&uacute;, como el <i>espacio</i> privilegiado donde la alteridad se consuma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tradici&oacute;n jud&iacute;a, el nombre se inscribe en el cuerpo del var&oacute;n a trav&eacute;s de la circuncisi&oacute;n; ese nombre sellado en la piel es, parad&oacute;jicamente, el lugar de la falta y la castraci&oacute;n. Porque si el nombre divino se <i>escribe</i> en el sexo masculino, esto se hace mediante el retiro del prepucio, es decir, justo donde se <i>produce la falta,</i> el <i>nombre</i> se manifiesta. No cabe duda de que el ritual descrito responde a una pol&iacute;tica de exclusi&oacute;n porque, &iquest;d&oacute;nde queda el nombre femenino cuando el proceso de su nominaci&oacute;n no pasa por un ritual, cuando su sexo no es atravesado por el nombre divino? &iquest;Ser&aacute;, acaso, porque la sexualidad femenina est&aacute; posicionada precisamente en la desmarcaci&oacute;n m&aacute;s pura, intocada e intocable? Dejemos esto como interrogante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, creo que es importante dar cuenta de este espacio del nombre, como <i>falta/presencia,</i> en la obra de Walter Benjamin. El lenguaje es para Benjamin el lugar donde la creaci&oacute;n se convierte en escenario de su propia destrucci&oacute;n. La ca&iacute;da del lenguaje y, con &eacute;l, del nombre, es anterior a la creaci&oacute;n misma o, mejor dicho, su contempor&aacute;nea. Desde el momento en que Dios otorga al hombre la capacidad de nombrar, la desolaci&oacute;n es inminente. Los animales, la naturaleza, al ser nombradas por el hombre y no por el verbo divino, pierden su car&aacute;cter aur&aacute;tico para dar lugar a un lenguaje profano y profanado, no obstante que haya sido el mismo Dios quien le otorgara ese privilegio. En pocas palabras, el para&iacute;so del NOMBRE, as&iacute;, con may&uacute;sculas no est&aacute; en el pasado sino que irrumpe como esperanza en el futuro del hombre. En este sentido, el ensayo de Benjamin de 1916 marca ya la pauta para leer su obra en esta doble perspectiva: el nombre como <i>cat&aacute;strofe</i> y, al mismo tiempo, como la &uacute;nica posibilidad de ejercer <i>"esa d&eacute;bil fuerza mesi&aacute;nica"</i> que todos llevamos dentro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;&iquest;Cu&aacute;les son ahora las alteridades que sacuden de alg&uacute;n modo la identidad de ese Yo moderno? Pienso en tu libro</i> Con el diablo en el cuerpo, <i>en donde identificas el papel de la bruja, curandera o hechicera como la que vino a ocupar el lugar del</i> otro, <i>del enemigo, del que asedia y, por lo tanto, del</i> <i>que habr&aacute; que castigar. Es decir, donde a veces la posibilidad de existencia de algunos parece construirse sobre la ruina de otros. En el contexto actual &iquest;c&oacute;mo ver&iacute;as ese enfrentamiento de un poder hegem&oacute;nico frente a la amenaza del otro?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;La conocida frase de Benjamin, "no hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie" fue central para la escritura de este libro. De forma paralela al Renacimiento como momento del mayor esplendor art&iacute;stico, filos&oacute;fico y literario de todos los tiempos, as&iacute; y como se nos ha ense&ntilde;ado desde siempre, emerge ese lado oscuro y b&aacute;rbaro, del que poco o nada se habla, que viene a certificar la tesis de Benjamin. La persecuci&oacute;n y quema de las brujas fue la barbarie que sirvi&oacute; de sost&eacute;n al esplendor renacentista; sobre las cenizas de estas pobres curanderas, parteras y hechiceras, se construy&oacute; aquello que hasta la fecha no deja de provocar nuestra m&aacute;xima admiraci&oacute;n. Miguel &Aacute;ngel, Leonardo, Signorelli, Ficino, Pico Della Mirandola y todas y cada una de las construcciones arquitect&oacute;nicas de la &eacute;poca son "producto", s&iacute;, del genio de su &eacute;poca pero, al mismo tiempo, son c&oacute;mplices de la barbarie engendrada en la misma Iglesia que hosped&oacute; en sus muros a la sensualidad de cuerpos desnudos y voluptuosos mientras sofoc&oacute; con el fuego a esa carnalidad desnuda representada por la "bruja" <i>hambrienta</i> de lujuria. El <i>Malleus Maleficarum</i> o <i>Martillo para las brujas,</i> escrito por Kraemer y Sprenger, sacerdotes dominicos, bajo la orden del Papa Inocencio VIII, enciende la hoguera a partir de 1486, a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n, en la que morir&aacute;n m&aacute;s de 100,000 brujas en siglo y medio. El "manual del buen cazador de brujas" se convierte as&iacute; en el <i>bestseller</i> de los siglos XV y XVI; en &eacute;l, el cuerpo de la bruja viene a ocupar el lugar del <i>otro</i> absolutamente otro, el espacio del mal, el chivo expiatorio de tanta sensualidad. Pero la sociedad tiene que poner un freno para que ese erotismo de los cuerpos no escape ni desborde los muros que los acogen, por ello y para ello, la bruja tendr&aacute; que pagar las cuentas por un erotismo que no se detiene en el interior de las catedrales. Porque el <i>sabath</i> representa de ya el desbordamiento mismo de toda cordura; y el balbuceo de la bruja no podr&aacute; dar cuenta de su propio saber, de su magia y de su v&iacute;nculo con la sociedad. Se necesita un discurso articulado en los t&eacute;rminos de una nueva distribuci&oacute;n de los saberes, una "racionalidad" que d&eacute; cuenta de un pensamiento m&aacute;gico al servicio de un nuevo mundo que se ve a s&iacute; mismo como <i>progreso.</i> Por eso Pico escapa de la hoguera, el mismo a&ntilde;o de 1486, cuando publica sus <i>Tesis cabal&iacute;sticas,</i> porque es capaz de autolegitimar discursivamente su propia pr&aacute;ctica. Es cierto, Pico es finalmente excomulgado, pero su relaci&oacute;n con los Medici hace de su destierro a la campi&ntilde;a Toscana la mejor de las suertes. As&iacute;, entre el <i>magus</i> y la bruja se abre un abismo; a pesar de abrevar de la misma fuente, uno entrar&aacute; en las cortes y ser&aacute; bendecido por la Iglesia; la otra arder&aacute; en el fuego por carecer de ese <i>otro saber</i> que corresponde a la nueva configuraci&oacute;n de la llamada sociedad moderna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para terminar, me preguntas c&oacute;mo ver&iacute;a ese enfrentamiento entre alteridades y su relaci&oacute;n con el poder hegem&oacute;nico. Creo que lo que sucedi&oacute; en los siglos XV y XVI con las brujas no ha cambiado radicalmente la forma en que los diferentes poderes se encargan de anular al otro. Desgraciadamente lo vemos a diario en nuestro pa&iacute;s y en todas las esferas. Pero podr&iacute;amos concentrarnos en el medio en que nos movemos t&uacute; y yo: el ambiente universitario. Creemos que por tener acceso a la cultura, somos menos vulnerables que aquellos que ahora llevan el nombre de "ninis".<sup><a href="#notas">1</a></sup> Pues, s&iacute; y no. Ciertamente tenemos m&aacute;s instrumentos para enfrentar la lucha constante de los "poderes institucionales" por anular nuestra voz, por impedir que gente con capacidad ingrese a las universidades, pero los resultados son cada vez m&aacute;s pobres, cada vez nos sentimos m&aacute;s impotentes ante la soberbia y prepotencia de "nuestras" autoridades. Con todo, somos privilegiados en comparaci&oacute;n con las cincuenta millones de bocas hambrientas de nuestro pa&iacute;s que no tienen ni voz ni voto o que, si les va bien, logran intercambiar ese voto por una despensa que "generosamente" les otorgar&aacute; cualquier partido, sin distingos de colores. Hemos llegado a un punto de resquebrajamiento de la sociedad en que &#151;reconozco mi desesperanza&#151; no veo los l&iacute;mites entre la derecha y la izquierda, donde los procedimientos para ganarse el voto ciudadano se apoyan en la misma miseria a la que supuestamente tratan de combatir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benjamin habla de una <i>d&eacute;bil fuerza mesi&aacute;nica</i> que cada uno de nosotros lleva dentro, el problema ser&aacute; c&oacute;mo organizar y darle cuerpo a esa fuerza para recomponer una comunidad resquebrajada como la nuestra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo para agregar un granito m&aacute;s de desconsuelo, me gustar&iacute;a citar aqu&iacute; el diagn&oacute;stico que Zygmunt Bauman hace de la modernidad y de esos desechos humanos que no tienen salida posible. Esto, por supuesto, es aterrador pero parece ser el desenlace l&oacute;gico de tanta barbarie: "Centenares de miles de personas, a veces millones, son expulsadas de sus casas, asesinadas y obligadas a tener que arregl&aacute;rselas lejos de las fronteras de su pa&iacute;s. Quiz&aacute; la &uacute;nica industria pr&oacute;spera en las tierras de los reci&eacute;n llegados... es la <i>producci&oacute;n en serie de refugiados".</i> Y m&aacute;s adelante, contin&uacute;a: "El desecho no necesita finas distinciones ni sutiles matices, a menos que est&eacute; destinado al reciclaje; pero las posibilidades que tienen los refugiados de ser reciclados como miembros leg&iacute;timos y reconocidos de la sociedad son, como mucho, vagas e infinitamente remotas. Se han tomado todas las medidas para garantizar la permanencia de la exclusi&oacute;n. Personas sin atributos han sido depositadas en un territorio sin denominaci&oacute;n mientras que se han bloqueado para siempre todos los caminos que llevan a lugares con significado y a los sitios en los que pueden forjarse, y se forjan a diario, significados socialmente legibles".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;En este libro te centras en ese espacio que a veces parecer&iacute;a seguir siendo el lugar del sometimiento, del espect&aacute;culo, del castigo, de la fuerza brutal de la violencia, me refiero al cuerpo de la mujer, al cuerpo de la bruja del Renacimiento, del que t&uacute; misma dices que es "un teatro donde ver representada la parte oscura de una sociedad que se niega a ver ese lado de s&iacute; misma si no es como eso, como pura representaci&oacute;n". &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos entender ese cuerpo de la mujer, justamente a la luz de esa historia, cuando ahora se habla de</i> feminicidio, <i>es decir, una palabra que se refiere a esa muerte que puede evitarse, pero que se genera en una esfera de violencia contra las mujeres para invisibilizar conductas que para diversos sectores de la sociedad siguen siendo reprobatorias?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Continuando con lo que dec&iacute;a antes y de la misma manera en que la sociedad <i>oculta</i> a sus pobres (en la Riviera Maya, por ejemplo, se ven muy pocos mexicanos de la zona, en realidad, se dice, afean el paisaje), esta misma no ha dejado, a lo largo de la historia, de satanizar a sus mujeres, sea llev&aacute;ndolas a la hoguera, sea intercambi&aacute;ndolas como objeto de mercanc&iacute;a, sea, como lo vemos ahora en nuestro pa&iacute;s, asesin&aacute;ndolas. El cuerpo desmarcado de la mujer sigue provocando ese desconcierto ante lo desconocido. Debo confesar que no soy una especialista, ni siquiera he seguido a fondo el caso de las muertas de Ju&aacute;rez ni los feminicidios en el Estado de M&eacute;xico, pero de lo que estoy segura es que esto es el reflejo de una sociedad que est&aacute; perdiendo el rumbo, borracha por encontrar venganza en un chivo expiatorio que d&eacute; cuenta de tanta obscenidad y descomposici&oacute;n social; porque, aceptemos que la pobreza extrema en M&eacute;xico, la falta de oportunidades para j&oacute;venes que los arroja a las calles, la corrupci&oacute;n que nos incluye a todos, todo esto es francamente obsceno. Desgraciadamente, la sociedad mexicana en la actualidad no tiene nada que ver con el esplendor renacentista ni con la barbarie de la bruja como v&iacute;ctima de los nuevos saberes. Habr&iacute;a que encontrar otra respuesta que no sea le&iacute;da exactamente en los mismos t&eacute;rminos; la historia se repite siempre, pero con una diferencia, como dijera Vico. Habr&iacute;a que buscar en medio de tanta violencia y corrupci&oacute;n, esa diferencia que encuentra en la violaci&oacute;n de mujeres y ni&ntilde;os la venganza de un sector particular de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;A veces parecer&iacute;a que al hablar del otro pudi&eacute;ramos empaquetar a todo aquel excluido por un poder hegem&oacute;nico, y de paso considerarlo como el pr&oacute;jimo d&eacute;bil, relegado, apartado, &iquest;pero no es esto tambi&eacute;n uniformar o meter al otro en una pol&iacute;tica identitataria? Es decir, donde todo parece pensado desde lo id&eacute;ntico y no desde la diferencia. &iquest;C&oacute;mo pensar al otro sin que parezca solamente un ejercicio de buena voluntad frente al desprotegido, a veces identidades sin identidad que juegan justamente el papel del otro: el indio, el extranjero, el negro, la mujer, el migrante, finalmente la v&iacute;ctima de ese poder hegem&oacute;nico?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;En ning&uacute;n momento habr&iacute;a que pensar la alteridad en t&eacute;rminos de tolerancia ni de buena voluntad. Pensar al otro no quiere decir tolerarlo sino aceptar que mi propia <i>identidad</i> depende de su existencia y de su reconocimiento. Yo no hablar&iacute;a de identidad sino de diferencia, <i>soy</i> en la medida en que me diferencio del otro o en la medida en que el otro me reconoce como sujeto. Creo que un concepto que domin&oacute; en los a&ntilde;os sesenta era justamente el de la identidad, pero ahora, a tantos a&ntilde;os de distancia, considero que la pregunta tendr&iacute;a que ser planteada de otra manera. <i>Soy</i> en el sentido en que <i>no soy id&eacute;ntico</i> a m&iacute; mismo. En esta direcci&oacute;n se ha abierto una discusi&oacute;n marcada por el pensamiento de Emmanuel Levinas y de Jacques Derrida que nos invita a reflexionar desde el punto de vista de la responsabilidad para con el otro, no como acto de beneficencia sino como forma de construcci&oacute;n de la identidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde otra perspectiva, la pregunta heideggeriana por el "ser" ha encontrado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os lectores bastante cr&iacute;ticos que consideran que la pregunta misma por el ser implica, por principio, una toma de posici&oacute;n acorde con los criterios de raza y sangre enarbolados por el nazismo. No conozco a fondo la discusi&oacute;n, pero considero que es un cuestionamiento important&iacute;simo de la filosof&iacute;a de Heidegger, as&iacute; como de su conducta durante el nacionalsocialismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un &uacute;ltimo comentario acerca de tu pregunta sobre el poder hegem&oacute;nico. Foucault ya lo dijo hace mucho tiempo, no me detendr&eacute; a explicar lo que es de todos conocido, s&oacute;lo quisiera subrayar que no se trata del PODER sino de esos peque&ntilde;os poderes de los que nunca escapamos y que, sin darnos cuenta, con frecuencia ejercemos. En ese sentido, somos v&iacute;ctimas y victimarios a la vez; baste pensar en el problema de la migraci&oacute;n que seguramente marcar&aacute; el siglo XXI. Pero, concretamente, hablemos de nuestro problema con Estados Unidos: somos los migrantes parias que no encuentran asilo para realizar el sue&ntilde;o americano pero, al mismo tiempo, somos los verdugos que asesinan y torturan a nuestros vecinos del Sur, nuestros hermanos, impidi&eacute;ndoles realizar, a su vez, sus propios sue&ntilde;os. Todo, como ves, depende del punto de vista de donde lo mires.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;Es inevitable recordar lo que dec&iacute;a Derrida en una entrevista sobre el tema del otro: las palabras "otro", "respeto del otro", "apertura del otro", etc&eacute;tera, empiezan a resultar un poco latosas. Agregaba que hab&iacute;a algo que se tornaba mec&aacute;nico y f&aacute;cil en ese uso moralizante de la palabra</i> otro. <i>Y sin</i> <i>embargo, no nos podemos olvidar de esa palabra; a partir de ella Derrida habla del sentido de hospitalidad, de amistad o de justicia. &iquest;Qu&eacute; nos puedes decir de esta relaci&oacute;n?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Tienes raz&oacute;n, de una u otra forma los diferentes poderes se van apoderando del lenguaje para justamente cancelar su sentido. A medida en que la palabra "otro" se repite una y mil veces en todo discurso, el concepto mismo de alteridad se va desgastando. Esto sucedi&oacute; de manera clara en el totalitarismo nazi. Victor Klemperer, fil&oacute;logo de profesi&oacute;n, jud&iacute;o, sobrevivi&oacute; al nazismo gracias a su matrimonio con una mujer aria. Durante los a&ntilde;os de guerra, Klemperer escribi&oacute; un diario en donde fue registrando, d&iacute;a con d&iacute;a, el deterioro de la lengua alemana. El alem&aacute;n, sostiene, se convierte en una lengua sin matices, uniformada como los soldados, incapaz de expresar lo que est&aacute; sucediendo debido a la mutilaci&oacute;n a la que se ve sujeta. Su libro, <i>lti. La lengua del Tercer Reich,</i> es un ejemplo de c&oacute;mo una dictadura puede, si no mutilar, s&iacute; acorralar al otro para que su verdad no sea escuchada. Y, sin embargo, como lo dec&iacute;amos al principio de esta entrevista, no hay posibilidad de salir del lenguaje y, en t&eacute;rminos benjaminianos, no hay salida posible sino a partir de ese lenguaje ca&iacute;do. Como dec&iacute;a antes, si la Creaci&oacute;n y la Ca&iacute;da pertenecen a un mismo momento, la &uacute;nica salida posible es trabajar a partir de/y con la cat&aacute;strofe. Para decirlo con Italo Calvino, el infierno es &eacute;ste que vivimos, se trata de ver qu&eacute; y qui&eacute;n no es infierno y darle espacio y hacerlo durar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con la hospitalidad, t&iacute;tulo de un libro escrito por Derrida y Anne Dufourmantelle, el autor, como suele hacer en sus textos, juega con el t&eacute;rmino <i>pas</i> (en franc&eacute;s), part&iacute;cula de negaci&oacute;n, pero que puede traducirse tambi&eacute;n como paso, y llama a este cap&iacute;tulo "Pas d'hospitalit&eacute;". Quien traduce propone "No existe hospitalidad" y en nota al pie explica los diferentes sentidos de esa part&iacute;cula. Para Derrida, como para Levinas, la primera hospitalidad es la de la lengua, ella nos hospeda desde el nacimiento, pero tambi&eacute;n nos convierte de alguna manera en rehenes. (Derrida se sirve del t&eacute;rmino ingl&eacute;s <i>guest,</i> que tiene este doble significado de hu&eacute;sped/reh&eacute;n). Somos hu&eacute;spedes al tiempo que rehenes de la lengua que nos hospeda. De ah&iacute;, tambi&eacute;n, que el fil&oacute;sofo entienda la hospitalidad ante el extranjero no s&oacute;lo como una forma de acoger a quien llega, sino como la transformaci&oacute;n de quien da asilo en un reh&eacute;n del extranjero. Esto, dicho de manera esquem&aacute;tica lleva a Derrida a plantearse la pregunta de la hospitalidad asociada siempre a la de responsabilidad por el otro. No hay hospitalidad sin un <i>ethos</i> que convierta el acto de hospedar en algo que rebasa al sujeto: no hay hu&eacute;sped sin reh&eacute;n (en ingl&eacute;s como en italiano, las palabras <i>guest</i> y <i>ospite,</i> indican estos dos opuestos aparentes), en este sentido, no hay hospitalidad que no sea a su vez reh&eacute;n de sus propios actos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;Has escrito ensayos desde la literatura, y eres una lectora infatigable, &iquest;crees que sea &eacute;sta el lugar de la extra&ntilde;eza y, por tanto, de la radical imposibilidad de una l&oacute;gica identificadora que apela, m&aacute;s bien, al resguardo de la "contaminaci&oacute;n" de lo Otro; extra&ntilde;eza que nos deja, en cambio en la intemperie, sin resguardo, sin la seguridad de lo representable, sin la apropiaci&oacute;n del sentido, desamparados, dir&iacute;a Beckett, pero, al mismo tiempo, posibilitados para seguir cuestionando esas identidades, y quiz&aacute; entonces, la escritura po&eacute;tica, la literatura sea una de las formas m&aacute;s rigurosas para seguir pensando lo Otro?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151;Te respondo de manera breve. Estoy convencida de que la lectura y la asunci&oacute;n de nuestra "ignorancia" no obstante todo lo que se haya le&iacute;do es el principio eje de cualquier extra&ntilde;eza o extra&ntilde;amiento frente a los libros y frente a la vida. Quien se considera "due&ntilde;o" de una verdad por peque&ntilde;a que &eacute;sta sea, va por mal camino. Si un libro me interesa es porque me ha atravesado, en los t&eacute;rminos en que lo plantea Roland Barthes, ha tocado mi cuerpo y ha cambiado mi mente y mi conducta. Si un libro no es capaz de "moverte el piso" (Derrida lo dice de forma m&aacute;s refinada en "&iquest;C&oacute;mo no temblar?"), ha fallado como tal. Esto no quiere decir que no se tenga una opini&oacute;n sobre diversos aspectos; lo importante es dejarse "tocar" por lo que se lee, por las nuevas ideas, las nuevas interpretaciones. Creo absolutamente que la literatura y el arte en general son el lugar privilegiado para pensar al otro, el otro en tanto que es historia, pasi&oacute;n, temblor, miseria, fortaleza, amor. "&iquest;Pueden imaginar una sociedad sin literatura?", era la pregunta que hac&iacute;a Colin White a sus alumnos el primer d&iacute;a de clases. Y Colin era un viejo lobo de mar, literalmente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>&#151;Finalmente, &iquest;el tema de la alteridad sigue siendo un tema presente en tu trabajo actual? Si es as&iacute;, &iquest;de qu&eacute; manera retomas o sigues pensando lo Otro?</i> &#151;Como sabes, hace ya un par de a&ntilde;os que me dedico a estudiar la obra de Walter Benjamin, esto no quiere decir que lo entienda a fondo; por el contrario, cada vez que me ense&ntilde;a algo, me arrebata la seguridad que supuestamente ten&iacute;a. Es un pensador que no se deja atrapar por ninguna f&oacute;rmula; Benjamin escapa a toda lectura e interpretaci&oacute;n met&oacute;dica, no porque &eacute;l mismo sea "poco consecuente", sino porque como &eacute;l lo dice, es "siempre radical". Se han escrito en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas cientos de libros sobre su obra y nadie, estoy segura &#151;aunque algunos crean haberlo "des&#45;cubierto"&#151;, ha logrado atraparlo en un m&eacute;todo, en una disciplina o en una escuela. Benjamin rompe las barreras de la filosof&iacute;a, la literatura, la historia y la historia del arte. Algunos fil&oacute;sofos (sobre todo los fil&oacute;sofos anal&iacute;ticos) lo consideran m&aacute;s cr&iacute;tico literario que fil&oacute;sofo, los estudiosos de la literatura lo tildan de fil&oacute;sofo, los historiadores poco se interesan por &eacute;l y ha sido la historia del arte quien mejor lo ha recibido. Benjamin, como dice Hannah Arendt, es todo eso al mismo tiempo. &iquest;C&oacute;mo encapsular un pensamiento tan rico y variado?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi inter&eacute;s concreto en este momento es lograr escribir un texto que ciertamente no "explique" la teor&iacute;a benjaminiana sobre la cr&iacute;tica; m&aacute;s bien, escribir algunas "iluminaciones" sobre la cr&iacute;tica literaria en Benjamin que logren estimular, a quienes trabajan en el &aacute;mbito de lo literario, a leer su obra. Hemos atravesado cualquier cantidad de <i>se&iacute;smos,</i> habr&iacute;a ahora que detenernos un poco, en este mundo convulsionado, para acercarnos a un autor que no nos ofrece "la tierra prometida", ni siquiera un atisbo de ella, que nos regala generosamente a todos "una d&eacute;bil fuerza mesi&aacute;nica" para de ah&iacute; partir y <i>aprender por fin a leer,</i> parafraseando la &uacute;ltima entrevista de Derrida, <i>Aprender por fin a vivir.</i> A fin de cuentas, &iquest;no se trata de lo mismo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTA</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> T&eacute;rmino coloquial para referirse al creciente n&uacute;mero de j&oacute;venes mexicanos (alrededor de 7 millones, seg&uacute;n el actual rector de la UNAM) en edad productiva (entre los 14 y los 29 a&ntilde;os) que ni estudian, ni trabajan, ni tienen alg&uacute;n tipo de actividad remunerada o reconocida socialmente como productiva. &#91;Nota del editor&#93;.</font></p>      ]]></body>
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