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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los desechados del mundo. Im&aacute;genes del paria</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>El&eacute;ni Varikas*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Historiadora. Nacida en Atenas. Profesora de Teor&iacute;a Pol&iacute;tica y Estudios de G&eacute;nero en la Universidad de Par&iacute;s VIII. Directora asociada de la Unidad de Investigaci&oacute;n "Genre, Travail, Mobilit&eacute;" (G&eacute;nero, Trabajo, Movilidad) en el Centre National de Recherche Scientifique (CNRS) en Par&iacute;s. Autora de Penser le sexe et le genre (Par&iacute;s: Presses Universitaires de France, 2006).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s: Pilar Castro G&oacute;mez<a href="#notas">**</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Este art&iacute;culo retoma una figura clave de nuestro momento actual para entender lo que un sistema democr&aacute;tico ha olvidado o simplemente ha dejado en la invisibilidad o la marginalidad, queriendo negar con ello una realidad: el paria. Una singularidad que a lo largo de la historia y con diversos nombres (negros, esclavos, gitanos, mujeres, jud&iacute;os, ind&iacute;genas, homosexuales, inmigrantes, etc&eacute;tera) va adquiriendo dimensiones proteicas que evidencian otras caras de la "civilizaci&oacute;n": la deshumanizaci&oacute;n y abyecci&oacute;n.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Varikas expone otra de las formas de esta figura que muy pronto fue recogida por la literatura, se trata del paria como imagen del individuo solitario y sometido, que se resist&iacute;a a la reglamentaci&oacute;n social. El rebelde que denuncia la injusticia y la exclusi&oacute;n. As&iacute;, el paria, figura de abyecci&oacute;n social y pol&iacute;tica, encarna, al mismo tiempo, una cr&iacute;tica social y una rebeli&oacute;n contra la injusticia.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Otra de las vertientes importantes del trabajo de esta autora es que a partir del estudio de ensayistas y te&oacute;ricos, retoma a escritores y figuras literarias, esenciales para recoger la singularidad de la experiencia humana del paria como otredad radical, que desaf&iacute;a los supuestos de nuestra modernidad pol&iacute;tica y democr&aacute;tica, y expone, en cambio, la dificultad de concebir la diversidad y pluralidad humanas como partes esenciales de este sistema.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LOS DESECHADOS DEL MUNDO. IM&Aacute;GENES DEL PARIA</b><sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Ortega y Gasset encontr&oacute;, en los archivos de la ciudad de Briviesca, una descripci&oacute;n detallada de la ceremonia de bienvenida que sus habitantes hab&iacute;an preparado para Do&ntilde;a Blanca de Navarra, que iba camino a Madrid a casarse con el hijo de Juan II. Una tras otra, las corporaciones desfilaron frente a la princesa, cada cual con su indumentaria e insignia distintivas, despu&eacute;s iban los jud&iacute;os de la ciudad con la Torah y los moros con el Cor&aacute;n. A los ojos de los pobladores de la ciudad del siglo xv, dec&iacute;a el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol (en sus conferencias de 1933), "todos los se res humanos ten&iacute;an el derecho y el deber de ser lo que eran: distinguidos y humildes, privilegiados y desfavorecidos. El jud&iacute;o al igual que el moro representaban una realidad con el derecho de existir en su categor&iacute;a asignada, su propio lugar dentro de la pluralidad jer&aacute;rquica del mundo" (Ortega y Gasset, 1965). D&eacute;cadas despu&eacute;s los jud&iacute;os y los moros fueron expulsados de Briviesca y de otras ciudades de Espa&ntilde;a &#151;la primera haza&ntilde;a de los modernistas&#151;, coment&oacute; con amargura Ortega y Gasset (1965).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta historia puede llevarnos al fondo del tema que se relaciona con la eterna dificultad de concebir la diversidad y la pluralidad humanas en un mundo donde la jerarqu&iacute;a ya no es el principio indiscutible de legitimaci&oacute;n. En el mundo descrito por Ortega y Gasset, la ausencia de un com&uacute;n denominador para comparar era parte del sistema de legitimaci&oacute;n que garantizaba las diferentes libertades y deberes que ten&iacute;a cada nivel de la jerarqu&iacute;a social; sin embargo, cuando la humanidad com&uacute;n se convierte en el principio fundamental de los derechos universales y proporciona un com&uacute;n denominador para comparar las diferentes condiciones sociales, la adscripci&oacute;n por nacimiento y el estatus heredado se proclaman ileg&iacute;timos y deben buscar una legitimaci&oacute;n falsa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 11 de julio de 1761 un barco que transportaba esclavos desde Senegal, el <i>Phillis,</i> entr&oacute; al puerto de Boston. Entre ellos iba una ni&ntilde;a delgada y d&eacute;bil de 7 u 8 a&ntilde;os, se cre&iacute;a, debido a los dientes que le faltaban. Susanna Wheatley, que buscaba un sirviente y hab&iacute;a le&iacute;do un anuncio en el <i>Boston Globe,</i> fue al puerto y compr&oacute; a la ni&ntilde;a por menos de diez d&oacute;lares. La ni&ntilde;a estaba desnuda, nadie sab&iacute;a su nombre. Le llamaron "Phillis" porque ese era el nombre del barco, y "Wheatley" por su due&ntilde;a. Once a&ntilde;os despu&eacute;s, una joven negra entraba a la Corte o al Ayuntamiento de Boston con el fin de presentar un examen muy extra&ntilde;o. Un jurado compuesto por 18 jueces, entre ellos los representantes m&aacute;s eminentes de la cultura y de la Ilustraci&oacute;n bostoniana &#151;y en su mayor parte due&ntilde;os o traficantes de esclavos&#151;, estaba a punto de llevar a cabo una audiencia para atestiguar si ella era en realidad la autora de una colecci&oacute;n de poemas que alegaba haber escrito. Thomas Jefferson, que en sus <i>Notas sobre el estado de Virginia</i> (1787) hab&iacute;a comparado a los negros con los monos, a gritos declar&oacute; que los poemas no pod&iacute;an haber sido escritos por ella, no porque fuera esclava, sino porque era negra.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En casa de su due&ntilde;a Phillis hab&iacute;a aprendido ingl&eacute;s muy r&aacute;pido y, en menos de dos a&ntilde;os desde su llegada, ya le&iacute;a y comentaba algunos de los pasajes m&aacute;s oscuros de la Biblia. A los doce a&ntilde;os escrib&iacute;a poes&iacute;a, a los catorce public&oacute; un poema, mientras que una de sus eleg&iacute;as ya hab&iacute;a sido le&iacute;da en todo Estados Unidos antes de ser publicada en Gran Breta&ntilde;a. Su poes&iacute;a, impregnada de melancol&iacute;a, evoca las circunstancias y peculiaridades de su transformaci&oacute;n de ni&ntilde;a africana a joven estadounidense, su cautiverio, el encuentro con la fe cristiana, su entusiasmo por la independencia estadounidense del dominio brit&aacute;nico, estableciendo una relaci&oacute;n entre su experiencia de terror, su pasi&oacute;n por la libertad y la celebraci&oacute;n del bienestar com&uacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de haber escrito poes&iacute;a ante los ojos incr&eacute;dulos de sus examinadores blancos, Phillis Wheatley recibi&oacute; un documento que daba fe de su capacidad, y de la de toda la raza negra, de escribir literatura. Bajo el auspicio de su due&ntilde;a, que tambi&eacute;n era su "representante", su colecci&oacute;n de poes&iacute;a fue finalmente publicada en Gran Breta&ntilde;a a donde viaj&oacute; por invitaci&oacute;n del movimiento contra la esclavitud y fue recibida con entusiasmo por un gran p&uacute;blico que apoyaba dicha causa. Durante todo este tiempo Phillis hab&iacute;a seguido siendo esclava, y se emancip&oacute; hasta que falleci&oacute; su due&ntilde;a. Despu&eacute;s de su muerte, su poes&iacute;a sigui&oacute; siendo objeto de m&aacute;s rituales de legitimaci&oacute;n. El nacionalista negro Marcus Garvey y, despu&eacute;s, una parte del grupo Black Panthers denunciaron su poes&iacute;a como "t&iacute;o&#45;samismo", "esp&iacute;ritu blanco", pensamiento "decolorado" o "blanqueado".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El destino de Wheatley es dif&iacute;cil de insertar en la narrativa que estructura la modernidad occidental. &iquest;Qu&eacute; historia nacional, universal o pol&iacute;tica integrar&iacute;a la experiencia de esta autora/"negra" (cada una de estas caracter&iacute;sticas refutando a la otra), secuestrada y esclavizada, que creci&oacute; en cautiverio, busc&oacute; en la promesa universal de la fe cristiana un ant&iacute;doto para su desarraigo y encontr&oacute; en la escritura y la literatura el hogar que hab&iacute;a perdido para siempre? &iquest;C&oacute;mo hacer justicia tanto a la <i>singularidad</i> como al <i>paradigm&aacute;tico car&aacute;cter</i> de su experiencia sin reducirla a un ejemplar de esa nueva especie: "negros&#45;capaces&#45;de&#45;escribir literatura"? &iquest;Es posible pensar en <i>una corriente &uacute;nica de pensamiento,</i> en el indecible terror de su encuentro con la modernidad y sus esfuerzos creativos para reconquistarla a trav&eacute;s de la religi&oacute;n y la literatura? &iquest;Y qu&eacute; tipo de narrativa de la Ilustraci&oacute;n podr&iacute;a celebrar las aventuras de esta ni&ntilde;a superdotada sin borrar la absoluta deshumanizaci&oacute;n que marc&oacute; su elevaci&oacute;n a rango de ser humano pensante?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dificultad y el reto consisten en <i>pensar juntos</i> la diversidad del grupo cuya humanidad se construye como de menor val&iacute;a &#151;si no es que se niega completamente&#151; <i>y</i> la singularidad del individuo que no encaja en la definici&oacute;n del o de los grupos a los que est&aacute; asignado por medio de un proceso de <i>otredad;</i> de este modo se descarta radicalmente cualquier intento para definirse a s&iacute; mismo. Es esta dificultad de <i>poner nombre</i> a tales experiencias &#151;que la modernidad pol&iacute;tica en su forma dominante hizo impensable e indecible&#151; el relato del nacimiento y de la sorprendente longevidad de la met&aacute;fora de <i>paria;</i> es la dificultad que esta figura simult&aacute;neamente revela y desaf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su aparici&oacute;n est&aacute; marcada por una serie de iron&iacute;as. Y una de estas grandes iron&iacute;as es que la palabra misma, que supuestamente, y de alg&uacute;n modo <i>s&iacute; proviene</i> de la India es, de hecho desconocida en este discurso: "la palabra <i>paria</i> es desconocida para todos los nativos a menos de que la hayan aprendido de nosotros".<sup><a href="#notas">2</a></sup> Proviene sin duda del uso meton&iacute;mico de la palabra tamil <i>parayan</i> (el que toca el tambor) acu&ntilde;ada por los europeos, palabra que nunca perteneci&oacute; al vocabulario de los indios y su uso metaf&oacute;rico a&uacute;n hoy en d&iacute;a se percibe como un insulto colonialista, ya que reproduce la visi&oacute;n brahm&aacute;nica de los intocables. Sobre todo, as&iacute; es con el significado de la palabra en ingl&eacute;s donde el sentido peyorativo com&uacute;n <i>(pariah dog</i> &lt;perro callejero&gt;, <i>pr&oacute;fugo del Estado = delincuente, desleal, criminal)</i> es m&aacute;s fuerte que el significado pol&iacute;tico metaf&oacute;rico relacionado con exclusi&oacute;n y desigualdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra iron&iacute;a es que los t&eacute;rminos y la realidad que el sistema de <i>castas</i> design&oacute;, conocidos desde 1516,<sup><a href="#notas">3</a></sup> cobraron importancia en la pol&iacute;tica europea hasta fines del siglo XVIII, en el momento mismo en que la cr&iacute;tica de la Ilustraci&oacute;n sobre la autoridad arbitraria estaba expulsando del Occidente civilizado jerarqu&iacute;as, adscripciones por nacimiento y privilegios, para asociarlos con el oscurantismo oriental. Sin embargo, precisamente aqu&iacute; es relevante la tensi&oacute;n inherente a la elecci&oacute;n del t&eacute;rmino, tomado del sistema de castas, que refleja o expone las tensiones de una sociedad donde el estatus hereditario de jerarqu&iacute;a se declara ileg&iacute;timo, porque es sobre esta tensi&oacute;n y los malentendidos que ha producido que se constituy&oacute; el campo sem&aacute;ntico que otorga a "paria" su historicidad como concepto espec&iacute;ficamente occidental. No es posible seguir aqu&iacute; su evoluci&oacute;n sem&aacute;ntica, s&oacute;lo nombrar&eacute; algunas caracter&iacute;sticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La entrada de la palabra al vocabulario franc&eacute;s fue precedida por el t&eacute;rmino <i>casta,</i> utilizado en el sentido de <i>condici&oacute;n, clase o posici&oacute;n,</i> en otras palabras, como una categor&iacute;a de jerarqu&iacute;a social ineludible dispuesta por Dios. La primera connotaci&oacute;n cr&iacute;tica fue presentada por Montesquieu, quien subray&oacute; la "aversi&oacute;n por otros hombres", caracter&iacute;stica de las distinciones de casta "muy diferente de los sentimientos que surgen de manera natural de la diversidad de rangos que entre nosotros incluye el afecto por los inferiores" (Montesquieu, 1979: XXIV, 22, 156). Aunque ciertamente presentaba una visi&oacute;n idealizada de la aristocracia, Montesquieu capt&oacute; con su habitual agudeza el nuevo efecto estigmatizador que le atribuir&iacute;a a "paria" su fuerza cr&iacute;tica: <i>aversi&oacute;n, desprecio</i> y <i>abyecci&oacute;n,</i> vinculado a la inferioridad de rango. La aparici&oacute;n del t&eacute;rmino <i>paria</i> en la literatura de la Ilustraci&oacute;n dio lugar a la connotaci&oacute;n cr&iacute;tica de casta, y la perdurabilidad asociada a la denuncia sistem&aacute;tica de la estructura jer&aacute;rquica del viejo r&eacute;gimen, particularmente en los a&ntilde;os anteriores a la revoluci&oacute;n francesa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un sentido completamente fisi&oacute;crata, la <i>Enciclopedia</i> subray&oacute; la arbitrariedad y el trato irracional hacia estos "hombres &uacute;tiles". Sin embargo el primer uso cr&iacute;tico del t&eacute;rmino paria se encuentra en la literatura anticolonialista, y en particular en el c&eacute;lebre libro del abad Raynal: <i>Historia filos&oacute;fica y pol&iacute;tica de los establecimientos y del comercio de los europeos en las dos Indias</i> (1770), el cual, a pesar de la censura de la corona, logr&oacute; m&aacute;s de 20 ediciones clandestinas entre 1170 y 1789. El gran inter&eacute;s por este <i>g&eacute;nero</i> literario, que utilizaba el exotismo del relato de viajes para difundir las ideas de la Ilustraci&oacute;n, ayud&oacute; a popularizar entre el p&uacute;blico literario el destino de los indios intocables y proporcion&oacute; abundante informaci&oacute;n sobre el sistema de castas &#151;informaci&oacute;n que correspond&iacute;a, quiz&aacute; menos a una descripci&oacute;n rigurosa del sistema de castas que a las preocupaciones de Europa de finales del siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero fue gracias a la literatura que la palabra adquiri&oacute; popularidad y significados compartidos. <i>La choza india,</i> de Bernardin de Saint&#45;Pierre (1791), una de las fuentes m&aacute;s importantes de la difusi&oacute;n de la palabra en Europa dio a "paria" esa particular aura po&eacute;tica de romanticismo asociada con el individuo solitario, sometido o resisti&eacute;ndose a las normas sociales que reprimen o confrontan sus impulsos m&aacute;s aut&eacute;nticos, su singularidad. Marcada por la cr&iacute;tica sarc&aacute;stica contra el cientificismo, en el cual la verdad se utiliz&oacute; como el atributo exclusivo de los &oacute;rdenes dominantes, <i>La choza india</i> favorece una inversi&oacute;n hist&oacute;rica de la jerarqu&iacute;a dominante de valores, haciendo de un indio intocable la fuente de la verdad y la justicia. Este cuento filos&oacute;fico fue escrito &#151;y considerado por el p&uacute;blico lector&#151; como una mediaci&oacute;n a favor de las emancipaciones (problem&aacute;ticas o fracasadas): de los jud&iacute;os y de "la gente de color libre de las colonias, la abolici&oacute;n de la esclavitud". Su duraci&oacute;n marc&oacute; la imaginaci&oacute;n literaria y art&iacute;stica del paria con esa ambig&uuml;edad caracter&iacute;stica que convierte al subalterno en s&iacute;mbolo de marginalidad y al mismo tiempo la presenta como imposici&oacute;n <i>y</i> orgullosa reivindicaci&oacute;n &#151;una figura de una otredad irreductible idealizada y, a la vez, de una humanidad compartida en la denuncia de la injusticia y la exclusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1792 este <i>compte philosophique</i> (cuento filos&oacute;fico) fue representado como &oacute;pera de un solo acto con el nombre de <i>Le Paria</i> en Par&iacute;s, con m&uacute;sica de Gaveau. La literatura, el teatro y la &oacute;pera juegan un papel significativo en la extraordinaria difusi&oacute;n de "paria" y la problem&aacute;tica que lo acompa&ntilde;a. Gracias a V&iacute;ctor Hugo, Michelet, Germaine de Sta&euml;l, Goethe, George Sand, William Blake, Mary Wollestonecraft, Mary Shelley, Flora Trist&aacute;n, Joseph Conrad, Ola Hanson, Strindberg, W E. B. Dubois, por nombrar s&oacute;lo unos cuantos, el paria se convierte en una figura familiar del espacio p&uacute;blico literario y pol&iacute;tico, mientras que el arte dram&aacute;tico la introduce r&aacute;pidamente al espacio p&uacute;blico plebeyo en formaci&oacute;n. Un papel crucial desempe&ntilde;aron dos obras de teatro a principios de 1820: <i>Le Paria</i> de Casimir Delavigne y <i>Der Paria</i> del joven escritor jud&iacute;o alem&aacute;n Micahel Beer &#151;obra considerada como met&aacute;fora de la suerte de los jud&iacute;os alemanes que, a pesar de su emancipaci&oacute;n, segu&iacute;an siendo v&iacute;ctimas de discriminaci&oacute;n y eran confrontados con barreras invisibles. Aunque esta obra fue una fuente para estudios posteriores en Alemania, sobre la historia y condici&oacute;n del pueblo jud&iacute;o (es decir, Max Weber y por medio de &eacute;l, Hannah Arendt) no logr&oacute; popularidad en Alemania, ni los mismos matices pol&iacute;ticos universales que alcanz&oacute; en el siglo XIX en Francia. Los dos dramas proporcionaron, junto con <i>La choza india,</i> una infinita fuente de inspiraci&oacute;n para much&iacute;simas &oacute;peras, melodramas y coreograf&iacute;as de compositores como Meyerbeer, Donizetti, Stanislav Moniuzko, Hugo Wolf; que se representaron en los teatros m&aacute;s famosos de ciudades europeas, desde Florencia y Venecia hasta Par&iacute;s y Varsovia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se&ntilde;al&oacute; Germaine de Sta&euml;l, "la imagen del paria que provoca la aversi&oacute;n de sus paisanos sin haber cometido ning&uacute;n error",<sup><a href="#notas">4</a></sup> ofrece un campo de exploraci&oacute;n de la nueva est&eacute;tica rom&aacute;ntica como podemos encontrarla en su <i>De la influencia de las pasiones</i> (1796): el paria y sus <i>impasses</i> encarnan la subjetividad de <i>l'homme sensible</i> (el hombre sensible); habla del mundo interior del espectador o del lector y, al mismo tiempo, abre un espacio para la relaci&oacute;n de la literatura con la sociedad (v&eacute;ase Sta&euml;l). De este modo el paria proporciona un <i>lenguaje</i> para la representaci&oacute;n del <i>otro,</i> pero tambi&eacute;n para la del <i>yo</i> ("soy un paria"), expresi&oacute;n de un estatus individual, que incluso si est&aacute; vinculado a la existencia de un grupo estigmatizado o despreciado, parece estar siendo experimentado y comunicado en sus m&aacute;s singulares e irreductibles dimensiones. As&iacute;, abre el camino para la expresi&oacute;n de la subjetividad del oprimido, una afirmaci&oacute;n &#151;no exenta de cierto narcisismo&#151; de la dignidad del paria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nada expresa mejor esta mezcla de la dimensi&oacute;n est&eacute;tica y sociopol&iacute;tica del paria que la carta que Flora Trist&aacute;n &#151;la paria m&aacute;s famosa del siglo XIX y principal fuente de difusi&oacute;n de la palabra en el movimiento laboral internacional&#151; escribi&oacute; al pintor socialista Travi&egrave;s respecto al retrato que &eacute;ste le hac&iacute;a: "Piensa ahora en el vestido con que me retratas, las actitudes en las que aparecer&eacute;. Piensa, querido hermano, que &eacute;ste ser&aacute; el retrato de la <i>Paria</i> &#151;&iexcl;de la mujer nacida en Andaluc&iacute;a y condenada por la Sociedad a pasar su juventud en las l&aacute;grimas y sin amor! En fin, de esta pobre mujer asesinada y arrastrada ante los jueces, no como <i>v&iacute;ctima</i> sino como <i>culpable"</i> (Trist&aacute;n, 2003: 102).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde fines del siglo XVIII, la met&aacute;fora del paria proporcion&oacute; un lenguaje y llev&oacute; a reflexionar sobre la l&oacute;gica de los privilegios y las castas y continu&oacute; gobernando la suerte de ciertas categor&iacute;as sociales a pesar del principio b&aacute;sico: <i>una ley general para todos.</i> En su desarrollo hist&oacute;rico est&aacute; modelada por la tensi&oacute;n siempre presente, por un lado, entre el principio universal y las <i>pr&aacute;cticas</i> de diferenciaci&oacute;n jer&aacute;rquica, y por otro por la estigmatizaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n que durante los dos &uacute;ltimos siglos crecieron y prosperaron, no s&oacute;lo en los reg&iacute;menes autoritarios, sino tambi&eacute;n, aunque no principalmente, <i>en el coraz&oacute;n</i> de los sistemas pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s del restablecimiento de la esclavitud por Napole&oacute;n, el t&eacute;rmino se introdujo en el vocabulario abolicionista franc&eacute;s, y de manera m&aacute;s general en la esfera p&uacute;blica plebeya; en el siglo XIX se convirti&oacute; en el lenguaje de denuncia del estatus legal de la <i>jeme covert</i><sup><a href="#notas">5</a></sup> en Gran Breta&ntilde;a, y despu&eacute;s en el <i>C&oacute;digo napole&oacute;nico</i> de Francia y otros pa&iacute;ses europeos, que convert&iacute;an a las mujeres en "no personas" al despojarlas de cualquier personalidad legal. Madame de Sta&euml;l, Flora Trist&aacute;n, la utop&iacute;a socialista brit&aacute;nica de las d&eacute;cadas de 1820 y 1830, y el movimiento de mujeres de 1848 convirtieron al paria en una figura de sometimiento y abyecci&oacute;n social, pol&iacute;tica y moral y, al mismo tiempo, en <i>una fuente de identidad positiva, de cr&iacute;tica social y de rebeli&oacute;n contra la injusticia</i> (Varikas, 1987 y 1989).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde ese momento, la figura de paria ha sido nutrida y moldeada por las m&uacute;ltiples formas de antinomia que la hab&iacute;an generado: la exclusi&oacute;n de las mujeres del sufragio universal y de la igualdad de derechos para el trabajo, la barbarie de la Reconstrucci&oacute;n despu&eacute;s de la emancipaci&oacute;n de los esclavos estadounidenses, el linchamiento y las pr&aacute;cticas de discriminaci&oacute;n en ese pa&iacute;s, los inconvenientes de la abolici&oacute;n de la esclavitud de los gitanos en los Balcanes a mediados del siglo XIX, el Caso Dreyfus (El <i>muladar de Job</i> de Bernard Lazare) y la identificaci&oacute;n racista antropom&eacute;trica de los gitanos franceses durante la Tercera Rep&uacute;blica en 1912.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desarrollo y las discontinuidades de esta figura llevan las marcas y se&ntilde;alan que la categorizaci&oacute;n jer&aacute;rquica y las pr&aacute;cticas de deshumanizaci&oacute;n se han borrado de la memoria colectiva: desde Ota Benga, el pigmeo expuesto junto a los chimpanc&eacute;s que lleg&oacute; a la p&aacute;gina principal de <i>The New York Times,</i> y fue rescatado gracias a la campa&ntilde;a del movimiento <i>Black American</i> en 1906; los ind&iacute;genas exhibidos en el <i>Jardin des Plantes,</i> cuyos or&iacute;genes iban cambiando de acuerdo a los ritmos de la colonizaci&oacute;n y de los requerimientos de la "ciencia" social darwinista. Durante el siglo XX la figura del paria continu&oacute; apareciendo, en el primer diario de la <i>Union Intercoloniale (Le Paria</i> editado por Ho Chi Min) en Par&iacute;s; en el contexto de los derechos civiles, la desobediencia civil y en los discursos de Martin Luther King; en el debate sobre las "mujeres de consuelo" reducidas a la prostituci&oacute;n por el ej&eacute;rcito japon&eacute;s durante la n Guerra Mundial; hoy en d&iacute;a presta sus nombres a las luchas de los abor&iacute;genes australianos (PARIAH),<sup><a href="#notas">6</a></sup> y tambi&eacute;n acompa&ntilde;a las batallas por los derechos de los homosexuales, la lucha de las poblaciones inmigrantes en Europa y, no menos importante, la resistencia a la transformaci&oacute;n, despu&eacute;s del 11 de septiembre, de la figura de "el musulm&aacute;n" en el <i>otro</i> europeo por excelencia.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n podemos seguir estas aventuras de reflexi&oacute;n te&oacute;rica y de conceptualizaciones varias de la figura de paria en la teor&iacute;a pol&iacute;tica y social de los siglos XIX y XX (Bernard Lazare, Friedrich Nietzsche, Max Weber, W. E. B. Dubois, Karl Manheim, Hannah Arendt, Zygmunt Bauman, Ian Hancock, entre otros).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noci&oacute;n de paria, como ha sido moldeada en las tradiciones acad&eacute;micas y plebeyas, en el espacio p&uacute;blico, en los lenguajes literarios y cient&iacute;ficos de los dos &uacute;ltimos siglos, se refiere a una extensa variedad de relaciones de poder y posicionamientos subjetivos irreductibles entre s&iacute; y, por tanto, no pueden analizarse bajo un mismo marco de referencia. Por esta raz&oacute;n, la mayor&iacute;a de las conceptualizaciones existentes estudian un <i>s&oacute;lo grupo o categor&iacute;a</i> y su destino <i>excepcional</i> en la modernidad pol&iacute;tica y en las democracias actuales. Sin embargo, la polisemia y la <i>dimensi&oacute;n proteica</i> de la figura de paria son caracter&iacute;sticas primordiales de su genealog&iacute;a y longevidad y, me gustar&iacute;a sostener, de su potencial heur&iacute;stico. En lugar de rechazarlas por considerarlas "impurezas emp&iacute;ricas" que comprometen la naturaleza rigurosa de &eacute;ste o aqu&eacute;l <i>tipo ideal</i> o de &eacute;sta o aquella teor&iacute;a, podr&iacute;amos tratar de <i>entender las razones</i> que hacen que esta met&aacute;fora a&uacute;n pueda evidenciar tantas situaciones de deshumanizaci&oacute;n y abyecci&oacute;n, y de experiencias y relaciones de poder tan diferentes en sus or&iacute;genes y naturaleza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para considerar seriamente esta polisemia se requiere un movimiento desde cada categor&iacute;a de opresi&oacute;n en particular, y que las v&iacute;ctimas se involucren en el <i>proceso de categorizaci&oacute;n:</i> desde la pregunta de "diferencia" (o m&aacute;s bien, desde la diferencia como "la" pregunta), a la cuesti&oacute;n de la constituci&oacute;n de la diferencia como un arma poderosa para <i>legitimar la dominaci&oacute;n y la explotaci&oacute;n.</i> Este movimiento abre un espacio para replantear <i>el car&aacute;cter excepcional</i> que, con frecuencia, le atribuimos a cada conjunto distintivo de experiencias cuando se toman por separado. Lo cual permite ver todas estas diferentes relaciones sociales como manifestaciones de una configuraci&oacute;n pol&iacute;tica espec&iacute;ficamente moderna que estableci&oacute; un nuevo v&iacute;nculo entre diferentes relaciones sociales, confiriendo a la aceptaci&oacute;n social la misma l&oacute;gica de legitimaci&oacute;n; pero tambi&eacute;n estableciendo <i>una correlaci&oacute;n sin precedentes entre las diferentes relaciones de poder, las formas de subjetividad y de resistencia;</i> una configuraci&oacute;n marcada por dos sistemas coexistentes de legitimaci&oacute;n: junto al sistema universal oficial, que es el fundamento de los <i>derechos universales de los individuos</i> para la <i>unidad de la humanidad,</i> existe otro sistema t&aacute;cito e informal de legitimaci&oacute;n que es la base de los <i>derechos y obligaciones espec&iacute;ficas</i> de grupos humanos en la <i>evaluaci&oacute;n jer&aacute;rquica de sus diferencias</i> reales o supuestas, es decir, en un &aacute;rea <i>prepol&iacute;tica.</i> En este doble mecanismo, el sujeto individual de derechos puede verse como un <i>&aacute;tomo separado, en apariencia similar, y por tanto comparable</i> con todos los dem&aacute;s, o como <i>inseparable del grupo de donde proviene y por tanto fundamentalmente incomparable a otros</i> (Simmel). De ah&iacute; la percepci&oacute;n apor&eacute;tica de la diferencia estigmatizada y el dilema ineludible que confronta el paria: aceptar los valores que lo deval&uacute;an y deshumanizan y lo convierten en un <i>parvenu</i> (advenedizo), en una "exception admise" (excepci&oacute;n admitida) para citar a Balzac. Por mucho que el paria trate de "imitar al gentil" o "blanquear su alma negra en el mar del estadounidense blanco" (William Edward Burghardt Du Bois), nunca ser&aacute; capaz de "perderse" entre los vecinos (Arendt). Siempre le recordar&aacute;n su origen impuro, "el olor del burdel", como sol&iacute;a decir el abad Lammenais cuando hablaba de sus amigas George Sand y Marie d'Agoult.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero esta alta visibilidad del paria tiene su contraparte: una <i>invisibilidad peculiar;</i> sin duda, aunque es un arma conveniente contra los efectos no bienvenidos de nivelaci&oacute;n de la promesa de la Ilustraci&oacute;n para la autoconstituci&oacute;n y la perfectibilidad, la <i>estigmatizaci&oacute;n</i> es pol&iacute;tica y &eacute;ticamente ileg&iacute;tima en las sociedades modernas. Censurada como un vestigio del oscurantismo y los prejuicios, de alguna manera el paria lleva una vida clandestina. Como se&ntilde;ala Zygmunt Bauman: "hay una simetr&iacute;a parad&oacute;jica entre la estigmatizaci&oacute;n y las categor&iacute;as que estigmatiza. Ambas deben vivir bajo amenaza, ambas deben esconder su verdadera identidad y buscar la falsa legitimaci&oacute;n" (Bauman, 1988/1989: 13). Por eso es m&aacute;s f&aacute;cil ser alem&aacute;n que refugiado jud&iacute;o, que trabajador oprimido, que mujer, etc&eacute;tera.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Son estos vestigios de prejuicios e intolerancia, "excepciones" que confirman la regla de la din&aacute;mica global de la democratizaci&oacute;n? Lo parent&eacute;tico o "excepcional" no es un estatus trivial al que pertenecen estas pr&aacute;cticas en la historia tradicional pol&iacute;tica e intelectual, con frecuencia escrita como la historia de la <i>llegada</i> de la democracia; no puede explicar el hecho de que el antisemitismo, el sexismo y la exclusi&oacute;n social y pol&iacute;tica de las mujeres, la dominaci&oacute;n colonial, incluso la esclavitud, la ingenier&iacute;a racial, la xenofobia, la purificaci&oacute;n &eacute;tnica &#151;y las teorizaciones en pol&iacute;tica moderna y en el discurso cient&iacute;fico&#151; tambi&eacute;n florecieron, aunque no del todo, <i>dentro</i> de los sistemas democr&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La figura de paria tiene que ver con esta paradoja y cuestiona su <i>invisibilidad.</i> En este sentido el paria revela una genealog&iacute;a doble: de fracaso y de resistencia (Arendt). El fracaso se deriva de la eterna dificultad para fundamentar la comunidad pol&iacute;tica en una concepci&oacute;n incluyente de la humanidad. En un mundo donde la abolici&oacute;n del privilegio de nacer apunta hacia la posibilidad de autoinstituci&oacute;n y autodefinici&oacute;n, el paria se sit&uacute;a en una posici&oacute;n de otredad radical y heteronom&iacute;a, y esta experiencia de heteronom&iacute;a desaf&iacute;a las evidencias que fundamentan nuestros supuestos sobre el universalismo y la modernidad pol&iacute;tica que <i>realmente existen.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, al mismo tiempo la historia de la figura de paria revela una "tradici&oacute;n oculta" (Arendt) de quienes se han aventurado a emanciparse de lo que deber&iacute;an haber sido, es decir, de ser admitidos al rango de humanidad universal de <i>cada individuo con rostro humano</i> (Wollstonecraft). En los fragmentos, las discontinuidades y reapariciones de esta tradici&oacute;n se moldearon las expectativas y se formularon los requerimientos de una <i>utop&iacute;a</i> democr&aacute;tica que el universalismo introdujo en el horizonte de la modernidad pol&iacute;tica. Aunque con mucha frecuencia ignorada, esta "tradici&oacute;n oculta", o m&aacute;s bien <i>tradiciones en plural,</i> tambi&eacute;n son parte de la teor&iacute;a e historia de la democracia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Porque la historia de los parias modernos es tambi&eacute;n la historia de la resistencia de todos los que, expulsados de las bondades de la democracia, se convirtieron, como se&ntilde;al&oacute; Miguel Abensour, en su fuente m&aacute;s eficaz. Al negarse a admitir el significado fraudulento de emancipaci&oacute;n, estos hombres y mujeres que conforman la "tradici&oacute;n oculta", obstinadamente lucharon para hacer de la emancipaci&oacute;n lo que deber&iacute;a haber sido: es decir, la admisi&oacute;n al rango de humanidad de todos los jud&iacute;os, negros, mujeres, gitanos, pueblos colonizados, porque &eacute;stos <i>deliberada y admirablemente ejercen el arte de tergiversar las reglas;</i> los parias rebeldes (como los llama Arendt) ganaron su emancipaci&oacute;n con la pura fuerza de la imaginaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con frecuencia los tesoros de esta tradici&oacute;n est&aacute;n ocultos en la literatura y la poes&iacute;a, en cuentos, historias e incidentes dispersados en los ensayos te&oacute;ricos de W. E. B. Du Bois, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Virginia Woolf, Viola Klein, Hans Mayer, Edward Said, Zygmunt Bauman, Stuart Hall, Toni Morisson y muchos otros m&aacute;s; quienes devuelven el pensamiento a su origen: <i>a la concreci&oacute;n de la experiencia humana.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recurriendo a los excedentes ut&oacute;picos que permanecen en el concepto de humanidad, esta tradici&oacute;n convierte el supuesto destino "excepcional" del paria en una figura humana paradigm&aacute;tica en el mundo moderno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FUENTES CONSULTADAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barbosa, D. (1989) &#91;1518&#93;, <i>The Book of Duarte Barbosa. An Account of the Countries Bordering on the Indian Ocean and their Inhabitants... Completed about the year 1518,</i> vol. 1, traducido por Mansel Longworth Dames, Nueva Delhi: Asian Educational Services.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864582&pid=S1870-0063201100020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bauman, Z. (1988/1989), "Strangers. The Social Construction of Universality and Particularity", en <i>Telos,</i> n&uacute;m. 78, Invierno, Nueva York: Telos Press Publishing, pp. 7&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864584&pid=S1870-0063201100020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hobson&#45;Jobson, Sir H. Y. (1903), <i>A Glossary of Colloquial Anglo&#45;Indian Words and Phrases, and of Kindred Terms, Etymological, Historical, Geographical and Discursive,</i> nueva edici&oacute;n de William Crooke, Londres: J. Murray.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864586&pid=S1870-0063201100020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortega y Gasset, J. (1965), <i>En torno a Galileo. Esquema de las crisis,</i> Madrid: Espasa&#45;Calpe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864588&pid=S1870-0063201100020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Montesquieu, C. L. de S., Bar&oacute;n de (1979) &#91;1748&#93;, <i>L'Esprit des lois,</i> Par&iacute;s: Flammarion.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864590&pid=S1870-0063201100020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sta&euml;l, G. de (1796), <i>De l'influence des passions sur le bonheur des individus et des nations,</i> s/l, s/e.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864592&pid=S1870-0063201100020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tristan, F. (2003), <i>La Paria et son r&ecirc;ve,</i> Paris: Presses Sorbonne Nouvelle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864594&pid=S1870-0063201100020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varikas, E. (1989), "Les derni&egrave;res seront les premi&egrave;res. Potentiel subversif et apories d'une r&eacute;volte paria dans la morale", en <i>R&eacute;volte et Soci&eacute;t&eacute;,</i> Actes du IV Colloque d'Histoire au Pr&eacute;sent, Mai 1988, Par&iacute;s: Histoire au Pr&eacute;sent/Publications de la Sorbonne.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864596&pid=S1870-0063201100020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1987), "Paria, une m&eacute;taphore de l'exclusion des femmes", en <i>Sources. Travaux historiques,</i> n&uacute;m. 12, Par&iacute;s: Association Historie Au Pr&eacute;sent, pp. 37&#45;44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=864598&pid=S1870-0063201100020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** Traductora, Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). Ha vertido al castellano obras como <i>La guerra global de clases,</i> de Jeff Faux, publicada por la UACM (2008), y <i>Mentes en desarrollo. Apuntes sobre el oficio de ense&ntilde;ar,</i> de Herbert Kohl, en prensa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Este art&iacute;culo es el resultado de la conferencia "The Outcasts of the World: Images of the Pariah", pronunciada por El&eacute;ni Varikas en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM, en el a&ntilde;o 2008, invitada por la Dra. Esther Cohen en el marco del proyecto: "El pensamiento cr&iacute;tico y pol&iacute;tico de Walter Benjamin". La conferencia es tambi&eacute;n parte de su libro: <i>Les rebuts du monde. Figures du paria,</i> Par&iacute;s: Stock, 2007.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Seg&uacute;n Sir Henry, Yule, Hobson&#45;Jobson, "La palabra <i>paria</i> es desconocida" (en el sentido que nosotros le damos) "para todos los nativos" (Hobson&#45;Jobson, 1903: 678).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La primera referencia que encontr&eacute; de la palabra <i>Pareas</i> proviene de Duarte Barbosa que estuvo al servicio del rey de Portugal del a&ntilde;o 1500 al 1517. V&eacute;ase Duarte Barbosa, <i>Libro de Duarte Barbosa</i> (1989: 53&#45;58), que es una fuente precisa de los primeros decenios del imperio mar&iacute;timo portugu&eacute;s en Asia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> "Estoy leyendo unas p&aacute;ginas de B. de Saint Pierre. No conozco nada tan profundo y moralmente delicado como la descripci&oacute;n de la situaci&oacute;n del paria, este hombre de <i>raza maldita, abandonado por todo el mundo que provoca la repugnancia de sus semejantes sin haber cometido ning&uacute;n error.</i> As&iacute; es la existencia del hombre susceptible en esta tierra; tambi&eacute;n pertenece a una raza despreciada, nadie comprende su lenguaje, sus sentimientos lo a&iacute;slan, nunca realiza sus deseos y todos los que est&aacute;n a su alrededor se alejan, y si se acercan es s&oacute;lo para lastimarlo" (Sta&euml;l, 1796: secci&oacute;n 3).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> T&eacute;rmino que proviene del uso anglo&#45;normando medieval de la distinci&oacute;n entre mujer soltera <i>(femme seule,</i> que en Inglaterra deriv&oacute; en <i>feme sole)</i> y mujer casada <i>(femme couverte,</i> origen de <i>feme covert),</i> y que remit&iacute;a a la doctrina jur&iacute;dica de la <i>common law</i> en la que el matrimonio fung&iacute;a como una cobertura legal en la que los derechos de la mujer quedaban subsumidos bajo los derechos del marido. &#91;Nota del editor&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> People Against Racism In Aboriginal Homelands (Personas contra el racismo en tierras de abor&iacute;genes).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Petici&oacute;n de una legislaci&oacute;n m&aacute;s justa y m&aacute;s humana para los argelinos residentes en Francia en 2000.</font></p>      ]]></body><back>
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