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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>M&aacute;s all&aacute; de la "Obaman&iacute;a": El poder de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>&Aacute;ngel Serme&ntilde;o*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Obama, B., <i>Los sue&ntilde;os de mi padre. Una historia de raza y herencia, </i>M&eacute;xico: Debate, 2009, 405 pp. <i>La audacia de la esperanza. C&oacute;mo restaurar el sue&ntilde;o americano, </i>Barcelona: Pen&iacute;nsula, 2008, 385 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#150;investigador de la Academia de Ciencia Pol&iacute;tica y Administraci&oacute;n Urbana de la Universidad Aut&oacute;noma de la Ciudad de M&eacute;xico (UACM). <a href="mailto:angelsermeno@yahoo.com.mx">angelsermeno@yahoo.com.mx</a></i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>I</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La presente rese&ntilde;a exige una obligada justificaci&oacute;n a modo de brev&iacute;simo pre&aacute;mbulo. En marzo de 2009 apareci&oacute; la edici&oacute;n para el mercado mexicano de la ya para entonces m&aacute;s que c&eacute;lebre autobiograf&iacute;a del 44&deg; y actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. De la misma forma, desde finales de 2008 (Obama tom&oacute; posesi&oacute;n en noviembre de ese a&ntilde;o) tambi&eacute;n estaba al alcance en nuestro medio editorial su segundo libro, que narra las experiencias y reflexiones pol&iacute;ticas que le proporcion&oacute; su paso por el Senado estadounidense. Entre uno y otro libro hay un lapso de once a&ntilde;os (1995 al 2006 en las ediciones originales) que vuelve posible presenciar la g&eacute;nesis del fen&oacute;meno Obama con el plusvalor que le proporciona la narraci&oacute;n en primera persona; esto es, la consolidaci&oacute;n de su metamorfosis identitaria, proceso que, como sabemos, le encumbr&oacute;, no sin retos ni luchas, pero con una celeridad pocas veces vista, en las altas esferas del poder de la naci&oacute;n m&aacute;s rica y poderosa del orbe. De Obama, un estadounidense promedio que cargaba con el lastre de ser mestizo en una sociedad ostensiblemente segregacionista y racista, no parec&iacute;a posible esperar otra cosa que contemplar las vicisitudes de un ciudadano com&uacute;n. Bastante carga simb&oacute;lica ten&iacute;a ya el hecho de haber sido elegido el primer presidente negro de la <i>Harvard Law Review. </i>Por ello, ante lo suficiente que era a&ntilde;adir un signo de optimismo en el fundacional conflicto racial estadounidense, avanzar hacia lo inesperado de su ascensi&oacute;n a la Casa Blanca con s&oacute;lo el apoyo de su esfuerzo y magnetismo me parece tan seductor como incre&iacute;ble.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El indudable atractivo de Barack Obama, que le vuelve un personaje de asombrosa popularidad, estriba en una bien lograda aunque improbable combinaci&oacute;n de factores: <i>a) </i>su ex&oacute;tico origen (padre africano negro, madre blanca anglosajona); <i>b) </i>el concienzudo camino de aprendizaje e introspecci&oacute;n espiritual, a todas luces muy bien conducido por &eacute;l mismo, que le han permitido apuntalar un mesi&aacute;nico sentido de destino expresado en <i>c) </i>su vigorosa autoconfianza y autocontrol y <i>d) </i>en la notable habilidad comunicativa &#151;su inusual franqueza y apertura que le permiten despertar afectoc, y <i>e) </i>en el gran acierto de eludir los riesgos de incurrir en la amargura e ira frecuentemente auto&#150;destructiva, tan propia de aquellos que definen su identidad a partir de pertenecer a grupos oprimidos. Probablemente esta lista est&eacute; incompleta. No obstante, revisarla y, en su caso, completarla me parece que constituye una de las principales claves de lectura de las dos obras aqu&iacute; comentadas. Por supuesto, no se trata de ceder a la f&aacute;cil tentaci&oacute;n de proponer un abordaje al estilo de las narrativas de superaci&oacute;n personal y autoayuda. La historia de Obama tiene a raudales los ingredientes para justificar ese abordaje: un hombre hecho a s&iacute; mismo que se supera como individuo en el marco de una sociedad competitiva. Naturalmente, no es el enfoque que esta rese&ntilde;a sugiere. M&aacute;s all&aacute; del tono m&iacute;tico que imprime a ambos libros el acento autobiogr&aacute;fico y la aparente levedad y superficialidad asociadas a dicho acento, lo que sostengo sobre estos libros es que constituyen obras de mayor calado. Y en tal afirmaci&oacute;n radica la justificaci&oacute;n del espacio concedido al comentario de dos textos que, aparentemente, no corresponder&iacute;an a la naturaleza de una revista acad&eacute;mica de investigaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los textos en cuesti&oacute;n no son, ciertamente, grandes tratados de multiculturalismo, religi&oacute;n c&iacute;vica o comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero el lector que entre en contacto con ellos no se quedar&aacute; de ninguna manera con las manos vac&iacute;as. En realidad, el entusiasmo que despiertan en m&iacute; estos dos vol&uacute;menes va m&aacute;s all&aacute; de la atractiva y extraordinaria sucesi&oacute;n de eventos vinculados al fen&oacute;meno de Obama. Mi entusiasmo se alimenta m&aacute;s bien de la contemplaci&oacute;n del fruct&iacute;fero ejercicio de reflexi&oacute;n sobre un mundo cambiante y vertiginoso, en donde los viejos desaf&iacute;os y sus mutaciones posmodernas siguen tan vigentes y retadoras. As&iacute; que m&aacute;s que respuestas seguras, la creativa y honesta manera de abordarlas es lo que valoro como una positiva experiencia para el lector. Para m&iacute;, s&iacute; que lo ha sido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>II</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede decirse, tal vez con algo de ligereza, que <i>Los sue&ntilde;os sobre mi padre </i>tiene un claro tinte psicoanal&iacute;tico. Ello en el sentido de que dicho texto contiene una abierta y directa reflexi&oacute;n sobre el padre ausente. El &eacute;xito de la narraci&oacute;n radica tanto en la magistral manera de exponer los dif&iacute;ciles dilemas subjetivos asociados con la construcci&oacute;n de la propia identidad, como en la capacidad de dar a esa reflexi&oacute;n una dimensi&oacute;n al mismo tiempo compleja como universalizable. Como todo ser humano, Obama anhela pertenecer a un lugar y ser reconocido pero su biograf&iacute;a lo muestra vulnerable, sin padre y sin ligaduras en distintos instantes decisivos para la configuraci&oacute;n de la autoconfianza. En su condici&oacute;n de mestizo es demasiado blanco para ser considerado negro y, en obvia contrapartida, demasiado negro para sentirse c&oacute;modo apelando a una seguridad autocomplaciente en el mundo de los blancos. Por otra parte, su fragmentada composici&oacute;n biogr&aacute;fica tambi&eacute;n presenta aspectos valios&iacute;simos. Una madre y una abuela extraordinarias que le forjan el car&aacute;cter y estimulan el florecimiento de su perspicaz inteligencia. Una infancia feliz que, no obstante, no le regatear&aacute; la inquietud ineludible de definirse racialmente, la ausencia de ra&iacute;ces y la fragilidad de crecer sin padre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los sucesivos episodios que narran tales momentos decisivos son sencillamente cautivadores y brillantes. Dejo al probable lector futuro el placer de su recorrido. En este breve espacio comento fugazmente tres de ellos, que me parece destacan sobremanera. En primer lugar, la construcci&oacute;n imaginada de la identidad del padre. Evidentemente sobrecargada de mito y alimentada a prop&oacute;sito en esa direcci&oacute;n por la madre, es la fuente primaria de la que Obama parece extraer en gran medida ese sentido mesi&aacute;nico de destino. Lo notable, me parece, es que la ecuaci&oacute;n funciona (mi padre es inteligente y posee determinaci&oacute;n y car&aacute;cter, luego estoy destinado a ser como &eacute;l) y tambi&eacute;n es notable el ejercicio de reconciliaci&oacute;n que Obama hace con la realidad al descubrir que su padre de carne y hueso en la realidad ha vivido y muerto en la amargura y atrapado por el alcoholismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda cuesti&oacute;n a destacar tiene que ver con la manera nada f&aacute;cil de escapar de las trampas de la identidad &eacute;tnica, con la ira y la frustraci&oacute;n autodestructiva que produce el saberse v&iacute;ctima y de remontar la humillaci&oacute;n y el sufrimiento asociado con dicha opresi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo no caer en el autodesprecio? &iquest;C&oacute;mo no ser condescendiente con el opresor? &iquest;C&oacute;mo escapar a la salida f&aacute;cil de la autocomplacencia que puede provocar el saberse y sentirse v&iacute;ctima? &iquest;C&oacute;mo manejar la culpa de reconocerse diferente y en tal sentido afortunado? &iquest;C&oacute;mo no odiar cuando se tienen razones de sobra para hacerlo? La manera en que Obama enfrenta estos y otros m&aacute;s profundos cuestionamientos no merecen ser resumidos y es parte del encanto del texto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera tem&aacute;tica se refiere a la definici&oacute;n de la vocaci&oacute;n pol&iacute;tica de Obama; a su experiencia a&uacute;n juvenil como organizador comunitario o, quiz&aacute; en una noci&oacute;n m&aacute;s familiar pero no del todo homologable para nuestro contexto, como trabajador social. Se trata de las cavilaciones morales del personaje en torno a la b&uacute;squeda de justicia social, la defensa de los derechos, los l&iacute;mites estructurales de las instituciones sociales e, incluso, de la propia condici&oacute;n humana que hasta en las v&iacute;ctimas y los marginados hace florecer la envidia, las divisiones internas que socavan la eficacia de las pol&iacute;ticas de bienestar. Pobres, desclasados, obreros diezmados, madres solteras, comunidades marginadas y sin esperanza. La experiencia con sus altibajos de la solidaridad, la organizaci&oacute;n y la comunidad como el o los ingredientes que faltaban para encontrar el lugar y los objetivos del proyecto de vida que conducir&iacute;an a la experiencia de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica profesional y al exitoso asalto final a la Casa Blanca.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>III</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo libro de Obama, <i>La audacia de la esperanza, </i>mantiene el tono autobiogr&aacute;fico de <i>Los sue&ntilde;os de mi padre, </i>pero es un texto diferente. En el lapso de once a&ntilde;os, tanto el contexto como el autor han, evidentemente, evolucionado. En concreto, el segundo volumen contiene el ideario y la propuesta de campa&ntilde;a del pol&iacute;tico profesional. La trepidante metamorfosis de Obama se ha completado y a pesar de su juventud se exhibe ya como un pol&iacute;tico de perfil maduro. Emerge del electrizante discurso que, en julio de 2004 durante la Convenci&oacute;n Nacional Dem&oacute;crata, consolida a Obama como una figura de alcance nacional en el espectro pol&iacute;tico norteamericano. Las tesis que estructuran esa pieza de oratoria excepcional son, por tanto, desarrolladas con mayor espacio y profundidad en <i>La audacia de la esperanza. </i>Tal car&aacute;cter pragm&aacute;tico no hace desmerecer la calidad expositiva de la obra, que sigue estando determinada por la convincente honestidad del autor; de hecho, muestra la capacidad propositiva y persuasiva del pol&iacute;tico profesional ante el ciudadano desconfiado y esc&eacute;ptico ante la pol&iacute;tica y los pol&iacute;ticos, y que justifica su desencanto, entre otras muchas razones, por las promesas incumplidas y el deterioro de la vida p&uacute;blica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista del tema de la crisis de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, el fen&oacute;meno Obama supone, en consecuencia, una bocanada de aire fresco, dado que constituye una suerte de experiencia que rema a contracorriente. Recordemos que en la discusi&oacute;n sobre la crisis de la representaci&oacute;n se asumen como cr&iacute;ticas casi irremontables la constataci&oacute;n del ensanchamiento de la distancia entre representado y representante, de la baja calidad de los aspirantes a ocupar cargos p&uacute;blicos y, sobre todo, de la colonizaci&oacute;n de los medios y de las t&eacute;cnicas de <i>marketing </i>en la din&aacute;mica de la competencia electoral. Sobre este &uacute;ltimo punto en particular, se deplora que sean los medios los que construyan de manera artificial las promesas vac&iacute;as de los candidatos y, de hecho, la propia personalidad del contendiente apuntalada en im&aacute;genes manipuladas. Sin la capacidad de restaurar la confianza del electorado, esto es, de remontar la distancia entre el ciudadano y el pol&iacute;tico y sin esa generaci&oacute;n de carisma, empat&iacute;a y eficacia comunicativa, la dif&iacute;cil conquista de la Casa Blanca seguramente habr&iacute;a sido una tarea imposible.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, una cosa es la habilidad para comunicarse pol&iacute;ticamente de forma eficaz con una ciudadan&iacute;a desencantada y esc&eacute;ptica, y otra muy distinta gobernar, esto es, tomar decisiones que afectan la vida de millones y resistir las presiones de los juegos de poder; negociar y conceder sin traicionar los ideales y valores. Por m&aacute;s progresista que nos parezca, Obama ha llegado a la c&uacute;spide del poder de algo que para gran parte de humanidad es percibido como un imperio, decadente y debilitado en la coyuntura actual, pero a final de cuentas un imperio en s&iacute;. As&iacute; que para moderar el tono elogioso de esta rese&ntilde;a, cabr&iacute;a distinguir el juicio ulterior que a todos nos merezca el desempe&ntilde;o concreto de la presidencia de Obama de lo que ahora est&aacute; en juego, y reflexionar sobre los aciertos o desaciertos de un pol&iacute;tico capaz de restaurar el imaginario pol&iacute;tico de su naci&oacute;n en torno a la oferta cre&iacute;ble de cimentar la acci&oacute;n pol&iacute;tica, sobre la base de la noci&oacute;n del bien com&uacute;n. Tendremos, como reitero, la oportunidad de evaluar su desempe&ntilde;o. Con todo, el valor de los dos textos aqu&iacute; comentados se sostiene sobre sus propios m&eacute;ritos.</font></p>      ]]></body>
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