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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Secci&oacute;n Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mauricio Beuchot 2005, <i>Interculturalidad y derechos humanos</i></b></font></p>  	    <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></b></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>In&eacute;s Castro Apreza</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p>      <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico&#150;Siglo XXI, M&eacute;xico.</b></font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Integrante del Cuerpo Acad&eacute;mico Pol&iacute;tica, Diferencia y Fronteras CESMECA&#150;UNICACH.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La revista espa&ntilde;ola <i>El Pa&iacute;s Semanal</i> de la segunda semana de marzo pasado (n&uacute;m. 1642, 16/03/2008: 15) muestra una impresionante fotograf&iacute;a de Marianna Day Massey en la que un ni&ntilde;o juega con un carrito en el borde de un lavabo. Del grifo sale un chorro de agua que refresca su cuerpo. Los colores denuncian un contexto de pobreza: el desgaste de las paredes en las que se empotra la ba&ntilde;era que este peque&ntilde;o se ha inventado en un ambiente de calor extremo, las huellas de unas manos pintadas sobre dichas paredes, la suciedad generalizada, o incluso la misma cara infantil. La tranquilidad que refleja el moreno rostro de la fotograf&iacute;a no enga&ntilde;a a quienes estamos familiarizados con las im&aacute;genes de la miseria y la marginaci&oacute;n. M&aacute;s impresionante a&uacute;n resulta constatar que se trata de un ni&ntilde;o aborigen de uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados del planeta, situado en el tercer puesto de desarrollo humano de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas: Australia. La triste realidad de marginaci&oacute;n que viven 2.4% de los 20 millones de australianos, quienes habitan esas tierras desde hace 50 mil a&ntilde;os, llev&oacute; recientemente a Kevin Rudd, primer ministro de ese pa&iacute;s por el Partido Laborista, a pronunciar una disculpa p&uacute;blica por el abandono hist&oacute;rico en que se encuentran los abor&iacute;genes: "Pedimos perd&oacute;n", dijo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Innumerables situaciones parecidas, y a&uacute;n m&aacute;s dr&aacute;sticas, se pueden encontrar en distintos puntos del orbe. Si los conflictos existen desde los or&iacute;genes de la especie humana, aquellos que conciernen a las diferencias &eacute;tnicas han sido reconocidos &#151;o, por lo menos, hemos cobrado m&aacute;s clara conciencia de los mismos&#151; s&oacute;lo en el &uacute;ltimo tramo del siglo XX. Discutidos en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y ciencias afines, a la luz de recrudecidas y muchas veces violentas disputas entre grupos, los conflictos de aquella &iacute;ndole tocan las m&aacute;s sensibles fibras de la humanidad toda: el ansia de justicia e igualdad y los valores de la libertad y los derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Minor&iacute;as y mayor&iacute;as, en efecto, se han enfrentado cada vez m&aacute;s por serios problemas y grandes temas: la identidad nacional y la autodeterminaci&oacute;n nacional o regional; la demarcaci&oacute;n de las fronteras del Estado, que lleva a establecer qui&eacute;nes est&aacute;n dentro y fuera de las mismas; los derechos ling&uuml;&iacute;sticos, la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, el curr&iacute;culum educativo, las reivindicaciones territoriales, la pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n, los s&iacute;mbolos nacionales, la religi&oacute;n oficial... Sin dejar de mencionar, desde luego, la redistribuci&oacute;n de los recursos entre los m&aacute;s desfavorecidos que, en muchos casos, son las minor&iacute;as nacionales y los grupos &eacute;tnicos minoritarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El multiculturalismo es un hecho irrebatible y extendido, ciertamente; significa la coexistencia de varias comunidades culturales, es decir, naciones, pueblos o etnias dentro de una comunidad pol&iacute;tica mayor: el estado multicultural. Para tener una idea de su dimensi&oacute;n mundial diremos que, aproximadamente, los 184 Estados independientes del mundo contienen m&aacute;s de 600 grupos de lenguas vivas y 5000 grupos &eacute;tnicos. Como dice el fil&oacute;sofo&#150;pol&iacute;tico canadiense Will Kymlicka, en su obra <i>Ciudadan&iacute;a Multicultural</i> (1996): "encontrar respuestas moralmente defendibles y pol&iacute;ticamente viables a las cuestiones arriba apuntadas constituye el principal desaf&iacute;o al que se enfrentan las democracias en la actualidad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ello hablar del multiculturalismo <i>per se</i> no lleva muy lejos si no se plantea, simult&aacute;neamente, la interculturalidad como <i>desideratum,</i> esto es, el programa pol&iacute;tico al lado del <i>factum,</i> del hecho. El m&aacute;s reciente libro de Mauricio Beuchot, <i>Interculturalidad y derechos humanos,</i> se inserta precisamente en la discusi&oacute;n acad&eacute;mica &#151;siempre con claras consecuencias pol&iacute;ticas&#151; acerca del multiculturalismo en las sociedades modernas, tema enlazado, como el t&iacute;tulo lo indica en este caso, con el de los derechos humanos. &iquest;Qu&eacute; se puede hacer cuando hay conflictos en la comprensi&oacute;n y valoraci&oacute;n de los derechos humanos en una sociedad multicultural? Tal es la pregunta orientadora, la perspectiva, de esta obra que se decanta por la interculturalidad, una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica que pretendo recuperar a la luz de casos concretos, complement&aacute;ndola en todo caso con una parte de la propuesta elaborada por Kymlicka desde la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. Beuchot nos aporta el marco filos&oacute;fico general para abordar la cuesti&oacute;n de la multiculturalidad/interculturalidad, mientras que Kymlicka ayuda a ubicar niveles y dimensiones pol&iacute;ticos que es necesario tomar en cuenta en el momento de reconocer algunos de los derechos (si no todos) m&aacute;s importantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la abundante literatura existente respecto al multiculturalismo, la novedad de la perspectiva de Beuchot estriba en su propuesta expl&iacute;cita, central, sobre la hermen&eacute;utica como instrumento interpretativo para afrontar las problem&aacute;ticas que plantea el multiculturalismo. La hermen&eacute;utica como arte de la interpretaci&oacute;n nos puede ayudar a valorar los conflictos actuales en la medida en que es la mediadora entre la argumentaci&oacute;n y la aceptaci&oacute;n (como dice Ricoeur); pero no se trata de cualquier hermen&eacute;utica, no se trata de optar por el univocismo (el modelo universal) o el equivocismo (el relativismo cultural). En cambio: una hermen&eacute;utica anal&oacute;gica &#151;dice Beuchot&#151; nos permitir&aacute; rescatar la diferencia sin perder, al mismo tiempo, la semejanza o confluencia que permita y posibilite la universalizaci&oacute;n; "nos ayudar&aacute; a salvaguardar lo m&aacute;s posible las diferencias culturales, las ideas del bien, o de la calidad de vida y de los proyectos sociales, pero sin perder la capacidad de integrarlos en la unidad o universalidad. Esta hermen&eacute;utica busca una universalidad matizada, diferenciada y compleja, pero universalidad al fin, lo cual evita que los derechos humanos pierdan su vocaci&oacute;n de universalidad, su estatuto de derechos fundamentales". Para ello la hermen&eacute;utica anal&oacute;gica puede usar los dos aspectos de la analog&iacute;a: la analog&iacute;a de atribuci&oacute;n y la analog&iacute;a de proporcionalidad. Esta &uacute;ltima da apertura, permisividad y extensi&oacute;n; por su parte, la analog&iacute;a de atribuci&oacute;n pone una cuesti&oacute;n en primera instancia, en primer lugar, coloca un principio obtenido por su aproximaci&oacute;n a la verdad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este presupuesto de Beuchot, la diversidad cultural al lado de la universalidad de los derechos humanos, no es nuevo sino m&aacute;s bien es el n&uacute;cleo compartido de diversas preocupaciones te&oacute;ricas y pol&iacute;ticas en el mundo moderno, as&iacute; como de las reflexiones filos&oacute;ficas que las acompa&ntilde;an. Y es que nadie puede &#151;nadie deber&iacute;a&#151; rehusar hablar del universalismo en los derechos humanos; hacerlo lleva a un nimio relativismo, que es un sinsentido desde el punto de vista de la &eacute;tica y la justicia. No obstante, la interpretaci&oacute;n multicultural de los derechos humanos es una cuesti&oacute;n compleja. Ciertamente una cultura puede no conocer o no comprender &#151;y a&uacute;n rechazar&#151; los derechos humanos universales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Beuchot sostiene que estos &uacute;ltimos pueden ser diferentemente entendidos o valorados en contextos culturales diversos. Precisamente es en este momento que surge la crisis, la cual, seg&uacute;n nos muestra la experiencia reciente, puede llegar a ser de grandes proporciones. Y es entonces cuando necesitamos tener una hermen&eacute;utica de las culturas que "nos permita tanto aprender de ellas como criticarlas, esto es, tanto juzgar favorablemente ciertos aspectos suyos como juzgar desfavorablemente otros". No hay por qu&eacute; aceptar o rechazar en bloque una cultura determinada. Con ello y mediante ello se trata de reconocer dos principios: el de la igualdad de derechos para todos y el de la mayor permisividad respecto a las diferencias culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica Beuchot pasa a la necesaria propuesta pol&iacute;tica: entre el multiculturalismo y el asimilacionismo propone el pluralismo cultural. Y entre el liberalismo individualista y el igualitarismo comunitarista sugiere un analogismo pol&iacute;tico&#150;jur&iacute;dico, que permita las diferencias sin lesionar la igualdad. El pluralismo cultural es respetuoso del bien particular y del bien com&uacute;n; el pluralismo cultural significa eso, el respeto de los s&iacute;mbolos del otro, aunque tambi&eacute;n, como insist&iacute; arriba, supone la cr&iacute;tica de estos. En otras palabras, "no se pueden permitir las diferencias culturales que vayan en contra de la igualdad, del bien com&uacute;n y de los derechos humanos; sin embargo, s&iacute; deben permitirse (y hasta favorecerse) las diferencias que enriquezcan convenientemente el acervo cultural del todo social. Hay una tensi&oacute;n dial&eacute;ctica entre el univocismo de la igualdad y el equivocismo de la diferencia, que s&oacute;lo puede ser reducida y manejada mediante una postura analogista, proporcional, por eso se habla &#151;dice Beuchot&#151; de un pluralismo cultural anal&oacute;gico". En suma, la noci&oacute;n de racionalidad, que tiene un papel fundamental en este pluralismo cultural anal&oacute;gico, no puede ser tan universal que no permita diversidad, ni tan relativa a contextos que permita injusticias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naturalmente que para todo este proceso hermen&eacute;utico es menester un conjunto de elementos o principios morales que se compartan, algunos de los cuales est&aacute;n sujetos al di&aacute;logo y otros no, tales como el respeto a la vida, la veracidad y el razonamiento. Beuchot habla de hurgar en la naturaleza humana buscando lo que es esencialmente indispensable para la vida de la persona (del "hombre", escribe el autor). Se&ntilde;ala la importancia de estudiar y entender las distintas culturas, as&iacute; como tambi&eacute;n de ponerlas a dialogar sobre la base de aqu&eacute;l m&iacute;nimo compartido, que no puede ni debe ser puesto en duda por nadie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al adentrarse en Am&eacute;rica Latina, la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica de Beuchot, claramente interesado en hacer &eacute;sta desde nuestro asidero territorial, empieza a cobrar una familiaridad inconfundible. Y ello porque ciertamente no es preciso remitirnos a contextos geogr&aacute;ficamente remotos de nuestro planeta Tierra para entender a qu&eacute; se refiere el autor cuando habla de multiculturalismo y del conflicto entre comprensiones y pr&aacute;cticas distintas respecto de los derechos humanos. En este cap&iacute;tulo, el fil&oacute;sofo mexicano mira hacia el pasado &#151;dice&#151; para recuperar toda una tradici&oacute;n de reflexi&oacute;n y defensa de los derechos humanos que nos ilumine el presente. Dicha tradici&oacute;n se remonta a la defensa de ind&iacute;genas y negros que hiciera Bartolom&eacute; de Las Casas, a las convicciones antiesclavistas de Tom&aacute;s de Mercado, Juli&aacute;n Garc&eacute;s y Juan Ram&iacute;rez, a la defensa de los derechos a la educaci&oacute;n y al trabajo para todos los indios de Vasco de Quiroga, a las formulaciones in&iacute;ciales del derecho agrario ind&iacute;gena de Alonso de la Vera Cruz, y a las reflexiones sobre la justicia distributiva de Juan Zapata y Sandoval, entre muchos otros ejemplos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, Beuchot imagina el futuro para hablar de <i>c&oacute;mo debe ser</i> la defensa de los derechos humanos. As&iacute; reconoce que la violaci&oacute;n sistem&aacute;tica e impune de &eacute;stos es lo que ha configurado nuestra realidad. Por eso, afirma el autor, la filosof&iacute;a que se haga sobre ellos debe ser una filosof&iacute;a de <i>resistencia,</i> "capaz de aducir argumentos para detener esa pr&aacute;ctica y actitud violatoria, conculcadora". Como reconoce el autor, en Am&eacute;rica Latina podemos tener, ciertamente, buenas leyes, pero en la pr&aacute;ctica se incumplen. S&oacute;lo hay que observar la situaci&oacute;n de los pueblos indios, realidad de la que extrae su compromiso por trabajar te&oacute;rica y pr&aacute;cticamente en defensa de los derechos de &eacute;stos, y tema &eacute;ste que me permitir&eacute; retomar l&iacute;neas abajo a la luz de las propuestas aqu&iacute; comentadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al pensar su propuesta pol&iacute;tica aplicada a Am&eacute;rica Latina, Beuchot encuentra tambi&eacute;n algunos antecedentes de pluralismo cultural en la historia de nuestros pa&iacute;ses, como la idea de Vasco de Quiroga de un mestizaje cultural y pol&iacute;tico, con autoridades ind&iacute;genas, aunque subordinadas a las espa&ntilde;olas; o en Bernardino de Sahag&uacute;n, quien refer&iacute;a la necesidad de compartir autoridad y poder. En t&eacute;rminos del actual contexto latinoamericano, el pluralismo cultural plantear&iacute;a la posibilidad de que los derechos de dos culturas, como la ind&iacute;gena y la occidental, pudieran influirse mutuamente al aportar cada una elementos valiosos a la otra y criticar o eliminar lo nocivo. Tal planteamiento ir&iacute;a claramente m&aacute;s all&aacute; de lo que propusieron Quiroga o Sahag&uacute;n, ya que una cultura no puede, no debe, sobreponerse a otra. El di&aacute;logo deber&iacute;a llevar a reconocimientos claros y acuerdos sobre lo mejor y lo peor, lo bueno y lo nocivo para la vida y la convivencia pac&iacute;fica que una y otra aportan.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre estar&iacute;a presente, en todo caso, "el car&aacute;cter de universal y de paradigma que tienen los derechos humanos, los cuales sirven de norma y l&iacute;mite para los otros derechos, tanto occidentales como ind&iacute;genas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paso ahora a confrontar o comparar la fundamentaci&oacute;n filos&oacute;fica de los derechos humanos con otras visiones igualmente preocupadas por los problemas arriba mencionados, que se vinculan con la multiculturalidad. Constituye &eacute;ste un intento por aproximar las perspectivas te&oacute;ricas a situaciones concretas, algo a lo que tambi&eacute;n Beuchot se refiere al establecer que "al reflexionar sobre los derechos humanos, no podemos desconocer las estructuras sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas en las que se realizan". La especificidad de las experiencias hist&oacute;ricas y &eacute;tnicas particulares puede ayudarnos a observar mejor la importancia de las propuestas elaboradas desde diferentes visiones disciplinarias, a identificar sus alcances.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, cabe recordar c&oacute;mo en la perspectiva pol&iacute;tico&#150;liberal de Will Kylimcka, en la misma obra ya citada, nos muestra que si bien hay diversas respuestas a la problem&aacute;tica que a la humanidad entera plantea el multiculturalismo (tantas como enfoques te&oacute;ricos y disciplinarios existen), &eacute;stas pueden confluir en una serie b&aacute;sica de cuestiones, tales como el inter&eacute;s simult&aacute;neo por la universalidad y la diferencia, la preservaci&oacute;n de derechos para todos y todas, la defensa de la diversidad cultural. En su obra <i>Ciudadan&iacute;a cultural,</i> el fil&oacute;sofo&#150;pol&iacute;tico canadiense se plantea clarificar los fundamentos b&aacute;sicos de un enfoque liberal del problema de los derechos de las minor&iacute;as, complementando, as&iacute;, los principios tradicionales de los derechos humanos con una teor&iacute;a de los derechos de las minor&iacute;as. El autor parte de que los derechos humanos como los conocemos tienen, en realidad, l&iacute;mites, reconociendo con todo su naturaleza paradigm&aacute;tica y su car&aacute;cter mod&eacute;lico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kymlicka afirma que los derechos de las minor&iacute;as no pueden subsumirse bajo la categor&iacute;a de derechos humanos, ya que existen cuestiones que &eacute;stos no pueden resolver. As&iacute;, por ejemplo, entre muchos otros problemas no resolubles vendr&iacute;an a figurar los siguientes: &iquest;Qu&eacute; lenguas deber&iacute;an aceptarse en los parlamentos, burocracias y tribunales? &iquest;Se deber&iacute;an trazar fronteras internas tendentes a lograr que las minor&iacute;as culturales formen una mayor&iacute;a dentro de una regi&oacute;n local? &iquest;Deber&iacute;a devolver poderes gubernamentales el nivel central a niveles locales o regionales controlados por minor&iacute;as concretas? &iquest;Deber&iacute;an distribuirse los organismos pol&iacute;ticos de acuerdo con un principio de proporcionalidad nacional o &eacute;tnica? Para decirlo dom&eacute;sticamente: &iquest;los pueblos indios deber&iacute;an poder ejercer su autonom&iacute;a y autogobierno en los Estados nacionales latinoamericanos? &iquest;Deber&iacute;an los libros de texto gratuitos en M&eacute;xico ser traducidos a los idiomas ind&iacute;genas? &iquest;Deber&iacute;an ser modificados los contenidos, cuando se difundan en espa&ntilde;ol o lo hagan en el idioma respectivo entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena? Estas y otras problem&aacute;ticas revelan que, por ejemplo, desde el derecho a la libertad de expresi&oacute;n no puede derivarse cu&aacute;l debiera ser la pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica adecuada a cada contexto multicultural; tampoco permite concluir cu&aacute;l debe ser el trazado de las fronteras pol&iacute;ticas de un Estado o c&oacute;mo debieran distribuirse competencias y poderes entre los distintos niveles de gobierno, etc&eacute;tera. Se trata, en definitiva, como muestran los ejemplos citados, de poner de manifiesto la vulnerabilidad ante cierto orden de injusticias que enfrentan las minor&iacute;as culturales, situaciones no resolubles desde la estricta aplicaci&oacute;n de los derechos humanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la aproximaci&oacute;n de respuestas posibles a aquellos problemas, Kymlicka distingue entre Estados multinacionales y Estados poli&eacute;tnicos, evitando hablar de estados multiculturales en general. La diferencia entre unos y otros resulta significativa, ya que las minor&iacute;as de los primeros alude a la incorporaci&oacute;n de culturas que anteriormente pose&iacute;an autogobierno y estaban concentradas territorialmente en un Estado mayor; mientras que los segundos se refieren a la inmigraci&oacute;n individual y familiar que se produce hacia un Estado determinado conformando un mosaico constituido por distintos grupos de diverso origen &eacute;tnico. En ambos casos estamos en presencia de situaciones de multiculturalismo y diversidad cultural, no obstante una y otra demandan respuestas distintas ante las demandas diversas que son planteadas por, en un caso, las minor&iacute;as culturales y, en el otro, los grupos &eacute;tnicos. De esta categorizaci&oacute;n diferenciada deriva la distinci&oacute;n entre derechos de autogobierno para las minor&iacute;as nacionales; derechos especiales de representaci&oacute;n, tales como esca&ntilde;os, cuotas o porcentajes tanto para minor&iacute;as como para grupos &eacute;tnicos en las instituciones del Estado nacional; y derechos pol&iacute;ticos como apoyos financieros y protecci&oacute;n legal para determinadas pr&aacute;cticas de unas y otros. Derechos especiales que nos llevan a la ciudadan&iacute;a multicultural o <i>ciudadan&iacute;a diferenciada</i> por la pertenencia a determinado grupo (el planteamiento de Iris Marion Young).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el fin de discutir particularmente el gran tema de los derechos colectivos versus derechos individuales, tan a la orden del d&iacute;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Kymlicka distingue entre las llamadas "protecciones externas" y las "restricciones internas" para concluir que los liberales pueden estar de acuerdo con "algunas" de las primeras, pero no as&iacute; aceptar las segundas (el liberal debe aqu&iacute; ser "esc&eacute;ptico", dice). Y es que las protecciones externas se refieren a aquellos derechos que deben y pueden tener las minor&iacute;as frente a los Estados nacionales, mientras que las restricciones internas son las medidas a las que recurren estas mismas minor&iacute;as frente a su propia poblaci&oacute;n para evitar el <i>desorden,</i> el desacato a las costumbres y tradiciones, las rupturas con el <i>deber ser</i> que marca la cultura local. Cuestiones todas ellas que no nos resultan en absoluto ajenas en Latinoam&eacute;rica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vale la pena insistir en el hecho de que al colocar una visi&oacute;n frente a otra me interesa acercarme a la especificidad de cada experiencia multicultural y de lo que &eacute;sta pol&iacute;ticamente implica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las estrategias pol&iacute;ticas: mediaci&oacute;n y di&aacute;logo... &iquest;sin coerci&oacute;n?</i></font></p> 	         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Est&aacute; claro que en la perspectiva de Beuchot, y de alguna manera en la de Kymlicka, la persuasi&oacute;n por medio de s&oacute;lidos argumentos que a&uacute;nen universalidad con particularismo se realiza a trav&eacute;s de un di&aacute;logo asentado en aquellos elementos comunes que todos los seres humanos comparten. Alcanzar esos "compromisos responsables" frente a los conflictos &#151;que no consensos definitivos ni plenamente satisfactorios&#151; tiene necesariamente que pasar por el cara a cara de los actores involucrados. Como dice Beuchot: "la diafilosof&iacute;a nos ayudar&aacute; a juzgar los valores de los otros a partir del juicio que tengamos de los nuestros (y tambi&eacute;n escuchando el juicio que les merecen a los otros)". Yo imagino que en cualquier caso en este di&aacute;logo, como en cualquier otro, siempre se requerir&aacute;n adem&aacute;s una serie m&iacute;nima de condiciones que lo hagan posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo se llevar&iacute;a a cabo ese di&aacute;logo en la arena pol&iacute;tica concreta? Para que sea posible tiene que haber ante todo un arbitraje... Pero &iquest;qui&eacute;n lo asumir&iacute;a? &iquest;Ser&iacute;a "el fil&oacute;sofo" (Beuchot, 2005: p 28)? &iquest;Ser&iacute;a "la conciencia" esa instancia de apelaci&oacute;n <i>(Ibid,</i> p. 53)? Una segunda cuesti&oacute;n vinculada a ello puede plantearse as&iacute;: &iquest;C&oacute;mo se garantizar&iacute;a el reconocimiento a dicho &aacute;rbitro por parte de los contendientes en un caso determinado? Sin pretender plantear dilemas <i>ad infinitum</i> que nos lleven siempre a callejones sin salida, podemos adelantar que todas las experiencias de mediaci&oacute;n hasta ahora existentes seguramente arrojar&aacute;n luz frente a estas y otras cuestiones, a fin de que el di&aacute;logo sea posible, viable, fruct&iacute;fero, justo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un mundo nuevo, una sociedad diferente, en la que se convive y se aprende de la diversidad cultural y en la que se respeta las diferencias culturales al primar los derechos universales, pero al salvaguardar tambi&eacute;n los derechos de las minor&iacute;as y grupos &eacute;tnicos; requiere programas pol&iacute;ticos urgentes, concretos y elaborados desde los agentes involucrados bajo par&aacute;metros universales m&iacute;nimos y m&aacute;ximos (seg&uacute;n los casos que se afronten). No creo, como de alguna manera sugieren David Miller, en su obra <i>Sobre la nacionalidad,</i> y el mismo Kymlicka, que haya conflictos irresolubles, ni siquiera aquellos que nos parecen m&aacute;s extremos, como israel&iacute;es y palestinos, o hutus y tutsis, etc&eacute;tera. Su resoluci&oacute;n s&iacute; supone, como dice Beuchot, un proceso educativo largo. Me temo, sin embargo, que en muchos de esos casos y situaciones espec&iacute;ficas el necesario di&aacute;logo entre los agentes involucrados s&oacute;lo se avizora posible si existe alguna dosis de <i>coerci&oacute;n.</i> No se trata, sin embargo, de recurrir a la violencia; menos a&uacute;n a la institucional ejercida desde los Estados nacionales en cuyo nombre se perpetran violaciones a los derechos humanos y de las minor&iacute;as en particular. La hermen&eacute;utica es exactamente contraria a la violencia, afirma categ&oacute;rico Beuchot. Sin embargo, alg&uacute;n tipo de coerci&oacute;n ser&iacute;a necesario imponer sobre los poderes pol&iacute;ticos m&aacute;s grandes (los imperios), tanto como sobre los poderes pol&iacute;ticos m&aacute;s peque&ntilde;os del orbe (los comunitarios, los tribales). Ambos extremos siempre luchan por preservar intereses particulares en nombre de una universalidad que una y otra vez se evidencia falsa, enga&ntilde;osa e hip&oacute;crita. No veo de qu&eacute; otra manera los Estados nacionales y sus instituciones se sentar&iacute;an a dialogar con minor&iacute;as culturales en pa&iacute;ses determinados. No veo c&oacute;mo en particular el Estado mexicano se sentar&iacute;a a revisar nuevamente los Acuerdos de San Andr&eacute;s sin un &aacute;rbitro internacional y un m&iacute;nimo de coerci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El quid de esta cuesti&oacute;n es que seguir&iacute;a haciendo falta ese &aacute;rbitro con estatura moral, preferentemente reconocido y aceptado por los contendientes en disputa; &aacute;rbitro que no puede ser en ning&uacute;n caso el Estado nacional y sus instituciones. En dicho arbitraje podr&iacute;an participar fil&oacute;sofos y cient&iacute;ficos, ciertamente, pero poner a dialogar a israel&iacute;es y palestinos, a hutus y tutsis, a servios y kosovares, etc&eacute;tera, no parece posible sin la intervenci&oacute;n de un &aacute;rbitro nuevo que establezca las condiciones del encuentro y el di&aacute;logo. En tal sentido, es una pena que figuras de arbitraje internacional tan importantes como la ONU hayan deca&iacute;do tan significativamente desde fines del siglo XX, en buena medida dada su dudosa y parcial actuaci&oacute;n en apoyo de los grandes poderes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los casos concretos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de <i>casos concretos</i> y <i>situaciones espec&iacute;ficas</i> nos puede ayudar a seguir aterrizando mejor las reflexiones y propuestas que de ellos pueden derivarse. Con una experiencia etnogr&aacute;fica de varios a&ntilde;os, habitando en un contexto multicultural como el que representa el estado de Chiapas, donde tambi&eacute;n han primado olvidos e injusticias hacia los m&aacute;s pobres, los ind&iacute;genas; reconozco, sin duda, la validez tanto como la utilidad de la perspectiva filos&oacute;fica, as&iacute; como tambi&eacute;n de la pol&iacute;tico&#150;liberal citadas. Ello a&uacute;n cuando entre los mismos ind&iacute;genas igualmente existen numerosas diferencias que nos impiden hablar de ellos como <i>pueblos</i> (y que, me temo, les impide a ellos mismos reconocerse como tales, al menos en el sentido del Convenio 169 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo). De aqu&iacute; que mi recomendaci&oacute;n primaria para casi cualquier perspectiva te&oacute;rica es el necesario ir y venir de las reflexiones te&oacute;ricas a los conflictos y situaciones concretos y viceversa.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; quisiera desarrollar el caso que he propuesto. En el supuesto concreto de Chiapas, habr&iacute;a en primer lugar que observar las diferentes dimensiones que la cuesti&oacute;n de la multiculturalidad presenta. As&iacute;, un inexcusable punto de partida lo constituye el hecho que la Rep&uacute;blica Mexicana es un estado multicultural en s&iacute; mismo, donde Chiapas a su vez, representa una de las entidades del mismo con mayor poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (una tercera parte de sus habitantes aproximadamente). M&aacute;s all&aacute; de la autoidentificaci&oacute;n de &eacute;sta como "pueblo", una asunci&oacute;n que desde mi punto de vista resulta cuestionable excepto quiz&aacute;s entre determinados grupos pol&iacute;ticos (como por ejemplo los municipios aut&oacute;nomos zapatistas), lo cierto es que resulta tambi&eacute;n necesario subrayar c&oacute;mo esta poblaci&oacute;n ind&iacute;gena alberga en su seno importantes diferencias de todo tipo: religiosas, culturales, pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas... diferencias todas que se hace preciso atender al momento de referirnos a la denominada "cuesti&oacute;n ind&iacute;gena" y los derechos ind&iacute;genas. Es por esto que, de la misma manera que los derechos humanos son el paradigma y que existe una serie de principios m&iacute;nimos cuya presencia es necesaria en cualquier mesa de di&aacute;logo entre el Estado nacional y las minor&iacute;as culturales en &eacute;l presentes, tambi&eacute;n resulta no menos importante tomar en consideraci&oacute;n la necesidad de la presencia de estos principios m&iacute;nimos entre los grupos que conforman aquellas minor&iacute;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pensemos en situaciones conflictivas espec&iacute;ficas que han ocurrido en Chiapas. La masacre de Acteal, sobre la que, a los diez a&ntilde;os de haberse producido, se reaviv&oacute; la pol&eacute;mica acerca de sus causas y or&iacute;genes, representa en mi opini&oacute;n la conjunci&oacute;n de diversas violencias, primeramente la institucional del Estado nacional. Con todo lo complejo que resulta este caso, claramente nos lleva de modo inmediato a la cuesti&oacute;n de las minor&iacute;as ind&iacute;genas frente al Estado mexicano y la importancia de los derechos ind&iacute;genas como el autogobierno y el control del propio territorio. Otros casos espec&iacute;ficos, en cambio, nos ilustran lo segundo que quiero mostrar y para cuya mejor comprensi&oacute;n nos ayuda la perspectiva de Kymlicka.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las expulsiones ind&iacute;genas de San Juan Chamula realizadas desde 1974 por motivos pol&iacute;ticos y religiosos, los conflictos entre distintos grupos expresados en el marco de una misma comunidad o un territorio compartido (dentro de un mismo grupo &eacute;tnico, por cierto, pero con distinta filiaci&oacute;n pol&iacute;tica), representan un conjunto de casos que deben ser observados atendiendo a la diferencia establecida por Kymlicka entre "protecciones externas" y "restricciones internas". Traducidos estas &uacute;ltimas al &aacute;mbito local, dir&iacute;amos que en las situaciones conflictivas antes citadas no se respetan las opciones religiosas ni pol&iacute;ticas que divergen de las mayoritarias en un mismo territorio. La cuesti&oacute;n que plantean dichos casos es: &iquest;C&oacute;mo hacer posibles, pol&iacute;ticamente viables, intereses y derechos de las minor&iacute;as existentes dentro de las mismas minor&iacute;as culturales, en ese territorio compartido? Son casos que representan una de las mejores oportunidades para dar o, mejor dicho, <i>aproximar respuestas tentativas</i> a los grandes problemas contempor&aacute;neos, si se quiere <i>sujetas a revisi&oacute;n</i> de cara a nuevas evidencias y problemas. Si bien hay ya respuestas dom&eacute;sticas a aquella pregunta, en general &eacute;stas podr&iacute;an estar caracterizadas por la polarizaci&oacute;n (en la academia, tanto como en las organizaciones pol&iacute;ticas y en los mismos centros de derechos humanos). Al respecto es sintom&aacute;tico c&oacute;mo con gran facilidad los an&aacute;lisis pol&iacute;ticos en Chiapas han sido calificados desde 1974, sin mayor argumento, como "zapatistas" o "antizapatistas". De aqu&iacute; que la propuesta de una hermen&eacute;utica anal&oacute;gica y a&uacute;n la perspectiva liberal de los derechos de las minor&iacute;as podr&iacute;an no dejar satisfechos a muchos de quienes priman su posici&oacute;n e intereses pol&iacute;ticos en cada paso que dan en el proceso de conocimiento, algo leg&iacute;timo, por lo dem&aacute;s, en la arena pol&iacute;tica (y no difiero aqu&iacute; en la defensa que Beuchot hace de la falacia naturalista).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y, sin embargo, muchos estamos interesados en destrabar los problemas, tanto entre las minor&iacute;as nacionales con el Estado nacional respectivo, como entre los grupos que conforman estas minor&iacute;as nacionales. Lo urgente en nuestro tiempo es encontrar alguna forma de mediaci&oacute;n para ambos niveles, as&iacute; como el punto entre la universalidad y la particularidad, entre el predominio de los derechos humanos que tocan el fondo de la naturaleza humana y las culturas diferenciadas que &#151;subrayo&#151; enriquecen a la humanidad toda siempre que respeten los derechos de las minor&iacute;as y los derechos de las mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras figuramos para ello el arbitraje moral y pol&iacute;tico, preferentemente aceptado por los contendientes, lo que queda claro, en cualquier caso, es que no basta con pedir "perd&oacute;n" para respetar las diferencias culturales y superar las injusticias hist&oacute;ricas cometidas contra los m&aacute;s d&eacute;biles. En todo caso, nuevamente, el "respeto" frente a la diversidad cultural tendr&iacute;a que ser redimensionado a la luz de la justicia en dos tiempos y bajo dos dimensiones. Es decir, no debe suponer tan s&oacute;lo la aceptaci&oacute;n de la validez tanto como la riqueza (frecuentemente pasada por alto) de las diferencias culturales, traducidas al lenguaje de los derechos de las minor&iacute;as, sino tambi&eacute;n y fundamentalmente debe incluir el dise&ntilde;o y la aplicaci&oacute;n de medidas pol&iacute;ticas concretas que hagan viable el desarrollo humano de los pobres, los oprimidos y marginados del planeta (incluyendo a las mujeres). Hecho esto, ha de revisarse cuidadosamente (uso la voz pasiva a prop&oacute;sito, pero pensando en aquel &aacute;rbitro) el estado concreto de los derechos de las mujeres, as&iacute; como el de los derechos econ&oacute;micos, religiosos y pol&iacute;ticos de las minor&iacute;as, es decir, de las minor&iacute;as existentes dentro de las minor&iacute;as nacionales. S&oacute;lo as&iacute; el principio de la vida, la justicia, la igualdad, la libertad y otros tantos derechos cobrar&iacute;an realmente sentido como elementos consustantivos a la <i>naturaleza humana,</i> una perspectiva de la Ilustraci&oacute;n que ha sido sobradamente criticada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Mauricio Beuchot, sin embargo, nos permite retomar dicho pensamiento desde una nueva luz y constituye por ello un buen comienzo para repensar nuestras certezas y, en particular, aquellos juicios que formulamos con un car&aacute;cter demasiado fijo e inamovible, esos... nuestros pre&#150;juicios.</font></p>      ]]></body>
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