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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex&#45;libris</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Naturaleza y diversidad humana, estudios evolucionistas</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>M. en C. Rosa Isela V&aacute;zquez Liz&aacute;rraga</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Ra&uacute;l Guti&eacute;rrez Lombardo, Jorge Mart&iacute;nez Contreras y Jos&eacute; Luis Vera Cort&eacute;s (Eds.), M&eacute;xico: Centro de Estudios Filos&oacute;ficos, Pol&iacute;ticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (CEFPSVLT), 2013.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Investigadora independiente</i><i>.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Natura non facit saltum</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Lineo</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evoluci&oacute;n biol&oacute;gica se refiere concretamente al cambio continuo de los sistemas biol&oacute;gicos a lo largo del tiempo. Esta transformaci&oacute;n es mediada por el ADN: la macromol&eacute;cula que contiene el registro de la historia evolutiva de los organismos. En este sentido, la evoluci&oacute;n humana debe entenderse tambi&eacute;n como el proceso de cambio a lo largo del tiempo, pero espec&iacute;ficamente de la especie humana, desde sus or&iacute;genes &#150;hace alrededor de 6 millones de a&ntilde;os&#150; hasta hoy. La evoluci&oacute;n humana, entonces, tiene lugar cuando el linaje hom&iacute;nido se separa del linaje del chimpanc&eacute; (con quien compartimos un ancestro com&uacute;n) e inicia su diferenciaci&oacute;n, marcada principalmente por la bipedaci&oacute;n y la dram&aacute;tica expansi&oacute;n del cerebro (Ayala, 2006), seguida de una larga cadena evolutiva en la que el hombre ha adquirido una serie de rasgos fenot&iacute;picos que lo hacen diferente del resto de los simios. Estas diferencias no son s&oacute;lo de tipo anat&oacute;mico, por lo que diversas disciplinas han sumado esfuerzos en el estudio de la evoluci&oacute;n de la especie humana. Ra&uacute;l Guti&eacute;rrez, Jorge Mart&iacute;nez y Jos&eacute; Luis Vera, en su libro <i>Naturaleza y diversidad humana, estudios evolucionistas</i> se proponen informar sobre el estado actual de dichos estudios, espec&iacute;ficamente desde el enfoque de la paleoantropolog&iacute;a, la taxonom&iacute;a y la biolog&iacute;a evolutiva. Casi todos los art&iacute;culos del ejemplar fueron publicados en la revista <i>Ludus Vitalis</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo abre con la aportaci&oacute;n de Cela&#45;Conde y colaboradores, quienes se proponen aclarar la duda sobre la clasificaci&oacute;n de los linajes humanos. Los autores destacan seis consideraciones generales (p. 2). Primera: los humanos evolucionaron de ancestros "no humanos". De hecho, el linaje hom&iacute;nido evolucion&oacute; en el continente africano hasta la aparici&oacute;n del <i>Homo erectus</i>, hace 1.8 millones de a&ntilde;os. Hasta la fecha, el primer hom&iacute;nido conocido es el <i>Ardipithecus ramidus</i>, que vivi&oacute; hace 4.4 millones de a&ntilde;os. No obstante, se desconoce si pertenece a la l&iacute;nea de descendencia de los humanos modernos (Ayala, 2006). Segunda: los descendientes colaterales de los ancestros de los humanos pertenecen al clado humano. Tercera: los principios y m&eacute;todos ideados para clasificar formas de vida plantean dificultades cuando se aplican a f&oacute;siles. En este punto, Cela&#45;Conde no explica cu&aacute;les son esas dificultades; tal vez se refiera a la incapacidad de los m&eacute;todos actuales para fechar directamente la muestra, o bien a que los arque&oacute;logos evitan aplicar pruebas destructivas a los f&oacute;siles (Lewin y Foley, 2004). Cuarta: los logros moleculares, biogeogr&aacute;ficos y ecol&oacute;gicos han sido de gran ayuda para clasificar organismos. Respecto a las aportaciones de la biolog&iacute;a molecular, indudablemente la invenci&oacute;n de la RCP (reacci&oacute;n en cadena de la polimerasa) y la publicaci&oacute;n del borrador de la secuencia del genoma han causado un gran impacto, ya que los estudios del ADN antiguo ofrecen la posibilidad de estudiar las poblaciones del pasado sin perder de vista que para estos estudios, particularmente en hom&iacute;nidos, deben aplicarse estrictos criterios de autenticidad, por el problema de contaminaci&oacute;n derivado de la degradaci&oacute;n post m&oacute;rtem del ADN (Jobling y cols., 2004). Quinta: la sistem&aacute;tica se vale de la fil&eacute;tica, fen&eacute;tica y clad&iacute;stica para la clasificaci&oacute;n de las especies. Sexta: las consideraciones moleculares presentan limitaciones para determinar las relaciones entre linajes, porque los f&oacute;siles no tienen descendencia existente. Cela&#45;Conde y colaboradores tambi&eacute;n mencionan tres principios clasificatorios: 1) "la pr&aacute;ctica taxon&oacute;mica puede ser consistente con el principio de monofilia", lo cual supone que el grupo de estudio contiene a todos los descendientes conocidos de un ancestro com&uacute;n; 2) "la transferencia de especies tax&oacute;n de un tax&oacute;n s&uacute;per&#45;espec&iacute;fico a otro puede ser evitado si eso incrementa la parafilia en el tax&oacute;n recibidor"; y 3) "Existen medios no consensuales de identificaci&oacute;n biol&oacute;gica de especies en f&oacute;siles en el presente" (p. 3).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante, Emiliano Aguirre habla de los restos f&oacute;siles del Pleistoceno antiguo, espec&iacute;ficamente del <i>H. Erectus</i> de Java y la mand&iacute;bula de Dmanisi, que son la prueba &#150;dice&#150; de la hip&oacute;tesis de expansi&oacute;n del <i>Homo</i> en Asia hace m&aacute;s de 1.7 millones de a&ntilde;os (p. 21), aunque debe reconocerse la existencia de estudios de dentici&oacute;n desde los que se plantea la hip&oacute;tesis de que la especie <i>Homo georgicus</i> pudo dar origen al <i>Homo erectus</i> y al <i>Homo</i> <i>ergaster</i> en Eurasia (Berm&uacute;dez de Castro, 2012). Igualmente, apunta que es improbable que los f&oacute;siles de Atapuerca TD6 provengan de esta dispersi&oacute;n (p. 46), ya que "los hom&iacute;nidos TD6 podr&iacute;an ser pertenecientes a un linaje eurasi&aacute;tico exclusivo, diferente del grupo de &Aacute;frica del Norte" (Condemi y Weniger, 2011). Cabe mencionar que si se quiere emparentar a los f&oacute;siles de Atapuerca TD6 con los del <i>H. Erectus</i> de Java, Dmanisi y Gongwangling, habr&iacute;a que considerar un polimorfismo en etapas antiguas de la evoluci&oacute;n del g&eacute;nero <i>Homo</i>, visto que no est&aacute;n pr&oacute;ximamente emparentados (p. 47).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente debieron existir condiciones <i>sine qua non</i> para el logro de la expansi&oacute;n humana en todo el planeta. En su texto, Bienvenido Mart&iacute;nez Navarro destaca espec&iacute;ficamente la importancia de la adaptaci&oacute;n a la dieta carn&iacute;vora como un suceso clave para la primera dispersi&oacute;n humana fuera de &Aacute;frica en el Pleistoceno inferior, porque los carn&iacute;voros comen sin importar el animal, haci&eacute;ndose m&aacute;s ubicuos que los herb&iacute;voros, y obtienen mayores posibilidades de franquear barreras (p. 222). Al respecto argumenta que el fragmento craneal de Venta Micena pone en manifiesto la presencia humana en el Pleistoceno inferior de la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, y que este hallazgo, junto a los de Orce y Dmanisi, "permiten formular un nuevo cuadro de colonizaci&oacute;n hom&iacute;nida en Eurasia, inscrito en un amplio contexto paleogeogr&aacute;fico, paleoclim&aacute;tico y paleoecol&oacute;gico" (p. 224) que permitir&aacute; establecer causas por las cuales "el g&eacute;nero <i>Homo</i> y otras especies salieron de &Aacute;frica en los albores del Pleistoceno" (p. 225).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los temas centrales de la evoluci&oacute;n de la especie humana es la clasificaci&oacute;n de los hom&iacute;nidos. Camilo Jos&eacute; Cela dedica un cap&iacute;tulo a este tema, muy a pesar de la arbitrariedad que siempre acompa&ntilde;a a la clasificaci&oacute;n de los seres vivos. Cela, con fines de reducir los errores, propone que la clad&iacute;stica debe asignar un tax&oacute;n para el conjunto de orangutanes, gorilas, chimpanc&eacute;s y seres humanos, los cuales &#150;subraya&#150; ser&iacute;an verdaderos miembros de la familia <i>Hominidae</i>, &eacute;sta a su vez debe dividirse en dos subfamilias: la primera, <i>Pongidae</i>, de los orangutanes; y la segunda, <i>Homininae</i>, de chimpanc&eacute;s, gorilas y seres humanos (p. 99). Pero a todo esto, &iquest;qu&eacute; significa hom&iacute;nido? Cela responde que hom&iacute;nido es un prehumano y que no importa que incluya a los humanos actuales, pues no es m&aacute;s que un antepasado directo nuestro (p. 105); as&iacute;, el rango de hom&iacute;nido deber&iacute;a reducirse a los seres que desarrollaron rasgos derivados, relativos tanto a la alimentaci&oacute;n no especializada como al crecimiento del cr&aacute;neo, la producci&oacute;n de la cultura y la obtenci&oacute;n gradual de un alto nivel de comunicaci&oacute;n (p. 106). Siguiendo con lo anterior, sugiere no incluir a los australopitecos en la l&iacute;nea evolutiva que conduce a los simios superiores y desterrar la idea de que los seres humanos actuales y los australopitecos forman parte de un mismo empuj&oacute;n adaptativo, visto que de ser as&iacute; "la cladog&eacute;nesis que separ&oacute; a los australopitecos robustos y los primeros <i>Homo</i> habr&iacute;a dado lugar a la verdadera aparici&oacute;n de nuestros antecesores" (p. 107). Por &uacute;ltimo, supone que el empuj&oacute;n que condujo hacia nuestra especie actual tuvo m&aacute;s que ver con la f&oacute;rmula adaptativa inaugurada por el <i>Homo habilis</i> hace unos 2.5 millones de a&ntilde;os &#150;cuando se produjo un enfriamiento del clima africano&#150; que con el bipedalismo incipiente de los primeros australopitecos del que todos hablan (p. 106).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, otra de las disciplinas que han sido medulares en el estudio de la evoluci&oacute;n de la especie humana es la biolog&iacute;a evolutiva. Francisco Jos&eacute; Ayala la introduce al libro con la hip&oacute;tesis "Desde &Aacute;frica", con la que explica que la aparici&oacute;n y expansi&oacute;n de los humanos modernos empez&oacute; desde &Aacute;frica hacia el resto del mundo, reemplazando con ello a las poblaciones preexistentes de <i>H. sapiens</i> arcaico o de <i>H. erectus</i> (p. 55): "la evidencia molecular que se utiliza en este modelo &#91;de dispersi&oacute;n&#93; se deriva del estudio de las genealog&iacute;as del DNA mitocondrial (mtDNA) que coalescen hace alrededor de 100&#45;200 mil a&ntilde;os en un mtDNA haploide, ancestro de todos los mtDNA actuales" (p. 56). Esta mol&eacute;cula de mtDNA s&oacute;lo se hereda por la v&iacute;a materna, es decir, "los hijos y las hijas heredan el mtDNA de su madre, pero s&oacute;lo las hijas lo transmiten a su progenie" (Ayala, 2006), por esto se cree que todos descendemos de una Eva mitocondrial, una mujer que existi&oacute; en &Aacute;frica y que fue portadora de dicha secuencia ancestral.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema dentro de la obra que vale la pena subrayar es la herencia gen&eacute;tica y la herencia ecol&oacute;gica en la evoluci&oacute;n humana. Este asunto lo aborda Ra&uacute;l Guti&eacute;rrez Lombardo, quien dice que "la finalidad cognitiva de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n es la reconstituci&oacute;n del proceso hist&oacute;rico del desarrollo de la vida", y que la teor&iacute;a sint&eacute;tica de la evoluci&oacute;n orientada hacia el principio de la totalidad es la que mejor explica dicho proceso, porque "explicar la evoluci&oacute;n no es hacer descripci&oacute;n cronol&oacute;gica de transformaciones sucesivas, sino la construcci&oacute;n de un sistema de relaciones sobre el origen y desarrollo de los seres vivos, considerando: la mutaci&oacute;n, la deriva gen&eacute;tica y la selecci&oacute;n natural" (p. 149). Pero, entonces, totalidad en este caso significa que "los genes est&aacute;n con relaci&oacute;n de interacci&oacute;n y que el genotipo es una totalidad de genes integrados y coadaptados" (p. 150).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que para reconstituir la evoluci&oacute;n humana desde la perspectiva de la totalidad se deben considerar las herencias gen&eacute;tica y ecol&oacute;gica: la primera, definida por Guti&eacute;rrez Lombardo como "la transmisi&oacute;n, a trav&eacute;s de las distintas generaciones, del acervo gen&eacute;tico o suma de todos los genes y combinaciones de genes que tienen lugar en un grupo de organismos de la misma especie o en la especie total" (p. 154); y, la segunda, como "la transmisi&oacute;n, a trav&eacute;s de las distintas generaciones, de las relaciones con el medio a que est&aacute;n sometidos los individuos de las distintas poblaciones de una especie, y a los cambios fenot&iacute;picos resultantes de variaciones gen&eacute;ticas que estas relaciones provocan" (p. 155). Guti&eacute;rrez resume los cuatro momentos clave de la evoluci&oacute;n de los seres humanos reconocidos por los paleont&oacute;logos en: el origen de la familia humana, la proliferaci&oacute;n de especies b&iacute;pedas, la expansi&oacute;n del tama&ntilde;o del cerebro (origen del g&eacute;nero <i>Homo</i>) y el origen de los humanos con aspecto moderno (p. 157). En cuanto a los rasgos anat&oacute;micos, se debe hacer notar que son m&aacute;s que s&oacute;lo una postura b&iacute;peda y un cerebro m&aacute;s grande: resulta que el bipedalismo implica cambios en la columna vertebral, la cadera y la forma de los pies, entre otros; adem&aacute;s, no se deben minimizar los cambios en el brazo y la mano, la reducci&oacute;n de la mand&iacute;bula, la ovulaci&oacute;n cr&iacute;ptica, los cambios en la piel, la disminuci&oacute;n del vello corporal y la modificaci&oacute;n de la laringe (Ayala, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, las diferencias que tenemos con los antropoides incluyen a la vez rasgos de comportamiento, entre los que destaca el lenguaje, el cual, seg&uacute;n Guillermo Lorenzo Gonz&aacute;lez, "es un fen&oacute;meno &uacute;nico, que no tiene verdadero an&aacute;logo en el mundo animal" (p. 164). Y, en efecto, la adquisici&oacute;n del lenguaje y el habla es exclusivamente humana, pero &iquest;qu&eacute; cambios adapt&oacute; el ser humano para el desarrollo de esta capacidad? Phillip V. Tob&iacute;as en otra parte explica los or&iacute;genes evolutivos de la lengua hablada y se&ntilde;ala que "los moldes endocraneales brindan evidencia de la base neurol&oacute;gica del habla, &#91;y que&#93; hasta donde puede detectarse por las elevaciones en el propio molde, s&oacute;lo se desarroll&oacute; parcialmente en el <i>A. africanus</i>, mientras que en el cerebro del <i>H. habilis</i> . . . estaba bien desarrollada" (p. 288). Pero un fen&oacute;meno tan trascendental como el habla no deber&iacute;a explicarse solamente desde el punto de vista anat&oacute;mico. El mismo Tob&iacute;as lo dice de la siguiente manera: "tal vez sea una burda sobre&#45;simplificaci&oacute;n sugerir que s&oacute;lo tres &aacute;reas de la corteza cerebral se relacionan con todas las complejidades del lenguaje, incluyendo aspectos como hablar, escuchar, leer y escribir" (p. 294). Afortunadamente, en el a&ntilde;o 2001 se empez&oacute; a sospechar que alg&uacute;n cambio gen&eacute;tico podr&iacute;a estar involucrado en el desarrollo del habla y el lenguaje, de modo que se sugiri&oacute; el factor de transcripci&oacute;n FOXP2 como responsable (Lai y cols., 2001). M&aacute;s tarde, se descubri&oacute; que dos sustituciones de amino&aacute;cidos espec&iacute;ficos en el FOXP2 de los humanos podr&iacute;an haber sido seleccionados positivamente durante la evoluci&oacute;n humana, dado que es el &uacute;nico gen (hasta la fecha) que est&aacute; firmemente vinculado al desarrollo del habla y el lenguaje; incluso se cree que esto aconteci&oacute; desde el momento en que los linajes humanos y chimpanc&eacute; se separaron. Asimismo, es posible que la evoluci&oacute;n del FOXP2 humano condujo a la diferencia de los sistemas corticoestriatal implicados en el aprendizaje declarativo y procedimental, y que as&iacute; contribuy&oacute; a la adaptaci&oacute;n del cerebro humano para el habla y la adquisici&oacute;n del lenguaje (Schreiweis, 2014).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A prop&oacute;sito de aprendizaje, Jorge Mart&iacute;nez Contreras explica el desarrollo de la inteligencia en los primates no humanos, la cual &#150;de acuerdo con K&ouml;hler, fundador contempor&aacute;neo de la primatolog&iacute;a&#150; se refiere a la capacidad que tienen el ser humano y el animal para enfrentar una situaci&oacute;n en donde ocurren circunstancias que han bloqueado el camino obvio (p. 190). Para profundizar m&aacute;s en el tema Jorge Mart&iacute;nez realiza un comparativo de las conclusiones de los diferentes experimentos de inteligencia practicados por K&ouml;hler y Yerkes. K&ouml;hler, por su parte, bas&oacute; sus estudios en la educaci&oacute;n y comprueba que el animal es capaz de concebir acciones complejas antes de realizarlas, sin embargo, tambi&eacute;n asegura que la educaci&oacute;n no parece tener la capacidad de transformar a un chimpanc&eacute; naturalmente travieso y caprichoso en un ser amigable (p. 193). Contrario a estos estudios, Robert M. Yerkes analiz&oacute; 103 rasgos &#150;juego y conocimiento, imitaci&oacute;n, aprendizaje interespec&iacute;fico, atenci&oacute;n, modos de adaptaci&oacute;n, adaptaci&oacute;n conductual, imaginaci&oacute;n, instrumentaci&oacute;n, adaptaci&oacute;n al medio, habilidad mec&aacute;nica y adaptaci&oacute;n conductual, entre otros&#150; y concluye que el gorila era el m&aacute;s cercano cognitivamente al hombre (p. 201). No obstante, los estudios cognitivos y gen&eacute;ticos actuales orientan a considerar al chimpanc&eacute; como el m&aacute;s parecido al humano, y a&uacute;n con ello se reconoce que "Yerkes, junto a K&ouml;hler y el chimpanc&eacute; han contribuido de manera decisiva en esta nueva s&iacute;ntesis sobre lo que significa ser humano" (p. 202).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de la evoluci&oacute;n cultural del ser humano, Brunetto Chiarelli introduce el t&eacute;rmino bio&eacute;tica, definido por V. R. Potter en 1971 como "la ciencia del balance entre el hombre y la naturaleza, un puente hacia el futuro de la humanidad" (p. 116). Para Chiarelli hay dos factores principales que propiciaron el desarrollo de esta ciencia: 1) el impacto ecol&oacute;gico del hombre sobre el ambiente, el cual inici&oacute; con la revoluci&oacute;n industrial en el siglo XIX y con el incremento de la poblaci&oacute;n; y 2) el impacto innovador de la ciencia. Ciertamente, el uso del conocimiento debe estar regulado, y no es porque la ciencia sea da&ntilde;ina o peligrosa, sino porque la inconciencia de los usuarios puede poner en riesgo el bienestar de terceros, o incluso del planeta por completo. Por esto, se debe concientizar que la supervivencia futura de la humanidad depende de la capacidad de sustentaci&oacute;n de la tierra, gestionar que todas la normas bio&eacute;ticas antes que todo estipulen la preservaci&oacute;n del ADN que es t&iacute;pico de las especies y conservar su variabilidad intraespec&iacute;fica (p. 117).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, <i>Naturaleza y diversidad humana, estudios evolucionistas</i> es un trabajo que incita a la duda y obliga a los curiosos a buscar otras posturas. La selecci&oacute;n de los textos de los autores no fue mala, sin embargo, aun situ&aacute;ndolos en el a&ntilde;o en que fueron publicados se quedan cortos y resultan desactualizados, sobre todo los que corresponden a la biolog&iacute;a evolutiva. Aun as&iacute;, la diversidad de los puntos de vista con la que se aborda la evoluci&oacute;n humana en la obra deja claro que los estudios alrededor del tema son numerosos y a la vez insuficientes para obtener certidumbre de nuestro pasado. El tiempo pasa y las preguntas contin&uacute;an, no s&oacute;lo sobre los cambios que experimentamos ayer, sino sobre los que hoy nos siguen transformando, en vista de que "el ser humano, al reconstruirse, ha modificado m&uacute;ltiples aspectos de su fenotipo anat&oacute;mico, fisiol&oacute;gico y comportamental, al punto de que ahora se ha aplicado a la tarea de reconstruir, ya no s&oacute;lo su fenotipo, sino tambi&eacute;n su genoma" (p. 158).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ayala, F. J. (2006). <i>La evoluci&oacute;n de un evolucionista.</i> Valencia, ES: Universitat de Val&egrave;ncia. Colecci&oacute;n <i>Honoris causa</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360323&pid=S1665-2673201400030001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Berm&uacute;dez de Castro Risue&ntilde;o, J. M. (2012). <i>Exploradores: la historia del yacimiento de Atapuerca.</i> Barcelona, ES: Editorial Debate.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360325&pid=S1665-2673201400030001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Condemi, S., y Weniger, G. C. (2011). <i>Continuity and Discontinuity in the Peopling of Europe.</i> Londres, RU: Springer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360327&pid=S1665-2673201400030001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jobling, M. A., Hurles, M. E., y Tyler&#45;Smith, C. (2004). <i>Human Evolutionary Genetics, Origins, Peoples and Disease</i>. Nueva York, NY: Garland Publishing.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360329&pid=S1665-2673201400030001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lai, C. S. L., Fisher, S. E., Hurst, J. A., Vargha&#45;Khadem, F., y Monaco, A. P. (2001). A Forkhead&#45;Domain Gene is Mutated in a Severe Speech and Language Disorder. <i>Nature, 413,</i> 519&#45;523.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360331&pid=S1665-2673201400030001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lewin, R. y Foley, R. (2004). <i>Principles of Human Evolution.</i> Oxford, RU: Blackwell Science Ltd.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360333&pid=S1665-2673201400030001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schreiweis, C., Bornschein, U., Burgui&egrave;re, E., Kerimoglu, C., Schreiter, S., Dannemann, M., <i>et al</i>. (2014). Humanized Foxp2 Accelerates Learning by Enhancing Transitions from Declarative to Procedural Performance. <i>PNAS</i>, <i>111</i>(39), 1&#45;6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4360335&pid=S1665-2673201400030001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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