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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>&Oacute;scar Quezada Macchiavello</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escisi&oacute;n del sustantivo <i>mito </i>permite imaginar un devenir: as&iacute;, el adjetivo <i>m&iacute;tico</i>, del lado del fen&oacute;meno de sentido, remite a la vida misma en virtud de la cual se <i>est&aacute;&#150;en&#150;el&#150;mito </i>como se <i>est&aacute;&#150;en&#150;el&#150;mundo</i>. Asimismo, con el adjetivo <i>mitol&oacute;gico </i>aludimos a la cuesti&oacute;n de la <i>significaci&oacute;n</i>. En efecto, en sus dos acepciones b&aacute;sicas ('repertorio de mitos' y 'estudio de los mitos') este t&eacute;rmino remite al <i>logos</i>, esto es, a la articulaci&oacute;n "racional" del mito, al modo de aprehenderlo, de transformarlo e incluso de analizarlo e interpretarlo. Lo <i>m&iacute;tico </i>&#151;energ&iacute;a intensa de sentido&#151; despliega, pues, articulaciones significativas m&aacute;s o menos extensas y deviene <i>mito</i><i>l&oacute;gico</i>. Asoma, entonces, un paralelismo (&iquest;o una identidad?) con el recorrido de lo sensible a lo inteligible. La hermen&eacute;utica semi&oacute;tica, atenta a ese recorrido, no es, por lo tanto, una hermen&eacute;utica del texto sino del <i>discurso</i>. Rito y mito aparecen como dos caras del mismo proceso simb&oacute;lico; consecuentemente, lo esencial es la <i>intersemioticidad </i>de esos fen&oacute;menos privilegiados de la emergencia de <i>sentido</i>. Asumiendo estos asertos, el presente n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos del seminario </i>en torno a <i>Rituales y mitolog&iacute;as </i>ofrece, desde diversos prismas, algunos an&aacute;lisis e interpretaciones del <i>discurso m&iacute;tico</i>. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el contexto de la pregunta por la posibilidad de interpretar los mitos cient&iacute;ficamente, Gadamer presiente que no hay un m&eacute;todo para llevar a cabo esa tarea y que, m&aacute;s bien, somos incapaces de interpretar los mitos porque son &eacute;stos los que nos interpretan a nosotros. Pero, en una perspectiva semi&oacute;tica, cabe quiz&aacute; responder con una pregunta que abre puertas: si los mitos son los que nos interpretan, los que nos dominan, &iquest;por qu&eacute; no tratar de conocer los <i>esquemas </i>de aquello que nos domina e interpreta y as&iacute; conocernos mejor a nosotros mismos? El presente n&uacute;mero sobre <i>Rituales y mitolog&iacute;as </i>tiene su punto de partida en la terca repetici&oacute;n de una pregunta como esa, hecha y rehecha, desde nuestra condici&oacute;n, desde nuestro <i>tempo vital. </i>Est&aacute; organizado de acuerdo con una imaginaria <i>l&iacute;nea del tiempo </i>en lo que se refiere al emplazamiento de los "metasememas de lo m&iacute;tico": lo po&eacute;tico&#150;musical (Calame), lo religioso&#150;cultual (Blanco, Quezada), lo pol&iacute;tico&#150;cultural (Alonso), y lo f&iacute;lmico&#150;ficcional (Cabrejo). Como <i>Addenda</i>, incorporamos el profundo gesto de homenaje de Ra&uacute;l Dorra a Ingrid Geist, que corona nuestro recorrido con una aproximaci&oacute;n antropol&oacute;gica comentada desde la conmoci&oacute;n existencial y afectiva suscitada por la muerte de una persona tan querida y amada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El com&uacute;n denominador de esas contribuciones se puede enunciar as&iacute;: <i>el mito ser&iacute;a (esencialmente) semiosis </i>o <i>la semiosis ser&iacute;a (primigeniamente) mito. </i>Los discursos tomados aqu&iacute; como objeto permiten identificar realidades intencionales encarnadas; esto es, orientadas <i>hacia s&iacute; </i>y <i>hacia otro </i>gracias a enunciados que se concentran o expanden guiados por la fuerza de una predicaci&oacute;n. Desde otras pertinencias, la intenci&oacute;n es una propiedad del "esp&iacute;ritu". Lo que nosotros recogemos aqu&iacute; es la <i>intenci&oacute;n modalizada</i>, dicha, esto es, la <i>intencionalidad </i>como propiedad del discurso. El discurso m&iacute;tico <i>hace sentido </i>que se objetiva tanto en el mito como en la religi&oacute;n, tanto en la arquitectura como en las artes pl&aacute;sticas, tanto en la m&uacute;sica como en el cine y en la historia, tanto en la ciencia social como en la f&iacute;sica. Ese discurso teje y desteje sin cesar &#151;y de muy diversos modos&#151; lo m&iacute;tico y lo mito<i>l&oacute;gico</i>. De ah&iacute; que cuando decimos <i>discurso m&iacute;tico </i>no estamos hablando de un "tipo" de discurso entre otros, sino del modo como llega a <i>ser discurso </i>cualquier discurso. En suma, del sobrevenir mismo del sentido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un art&iacute;culo de notable factura, Claude Calame aborda la pragm&aacute;tica del mito griego en cuanto ficci&oacute;n. Apoy&aacute;ndose en dos composiciones que, en la Grecia antigua, pertenec&iacute;an al g&eacute;nero del<i> &#181;&#965;&#952;&#959;&#953;</i><i>(poes&iacute;a en acci&oacute;n</i>), estudia las complejas relaciones que el mito establece, a trav&eacute;s de los poemas, con su mundo de referencia. Esas relaciones fijan y afirman los recursos simb&oacute;licos de un mundo ficticio, entendido como "mundo posible", cuya cohesi&oacute;n l&oacute;gico&#150;sem&aacute;ntica depende fuerte, y parad&oacute;jicamente, de las relaciones establecidas con el mundo natural y social externo en el momento mismo de la creaci&oacute;n. El mito griego despliega su fuerza imaginativa articulando procedimientos de designaci&oacute;n enunciativa y pragm&aacute;tica, consagrados en el genio de la lengua, con una expresi&oacute;n verbal y ritmada. De ese modo, aparece como un poderoso medio de acci&oacute;n po&eacute;tica y musical. En efecto, en la cadencia de sus formas po&eacute;ticas, en los componentes l&uacute;dicos de sus formas de "permanencia" ritualizada, el relato heroico emerge como operador esencial de construcci&oacute;n simb&oacute;lica, <i>anthropopoi&eacute;tica</i>, que da forma a la identidad cultural y religiosa del ser social en situaciones concretas de recepci&oacute;n institucional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Unos pocos versos de Safo, muy fragmentarios, en ritmo e&oacute;lico, permiten ilustrar ejemplarmente un fen&oacute;meno pragm&aacute;tico t&iacute;pico del poema m&eacute;lico, a saber, el tejido entre pasado hist&oacute;rico de la comunidad c&iacute;vica (el "mito") y el <i>hic et nunc </i>de su <i>performance </i>(correspondiente al "rito"). As&iacute;, cuando las coordenadas espaciotemporales de la acci&oacute;n heroica se imbrican de modo estrecho con las coordenadas espaciotemporales de la acci&oacute;n cantada que representa la ejecuci&oacute;n del poema, constatamos, no sin asombro, c&oacute;mo el orden del "mito" penetra al del "rito". Aqu&iacute;, en esa interpenetraci&oacute;n de los dos niveles enunciativos teorizados por Benveniste, reside quiz&aacute;s el aporte m&aacute;s relevante de este estudio: gracias al modo como el orden del discurso recubre al del relato, retorna el pasado heroico al presente de la ejecuci&oacute;n cultual del poema. En su forma discursiva, el mito griego es tambi&eacute;n ritual. En este caso, la acci&oacute;n heroica evocada en el poema m&eacute;lico es llevada por la voz del acto de canto, que se integra a un acto de culto. Mediante una poes&iacute;a musical y coreogr&aacute;fica, un relato m&iacute;tico en acto ("ficcional") es puesto en discurso ritual. Gracias a la relaci&oacute;n activa con el mundo del <i>hic et nunc</i>, esto es, con una coyuntura hist&oacute;rica, cultural y religiosa concreta, ese mundo posible recibe su coherencia narrativa y sem&aacute;ntica interna.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, en un poema m&eacute;lico de Baqu&iacute;lides, que pertenece al g&eacute;nero del epinicio (de elogio), Calame corrobora que esa imbricaci&oacute;n en la narraci&oacute;n po&eacute;tica del "mito" entre "relato/ historia" y "discurso" no es la &uacute;nica establecida por la pragm&aacute;tica de la ficci&oacute;n. Ese v&iacute;nculo pragm&aacute;tico con el <i>hic et nunc </i>es tambi&eacute;n reforzado por una relaci&oacute;n etiol&oacute;gica que es minuciosamente analizada en sus diferentes configuraciones a lo largo de este poema, que celebra la victoria de Piteas de Egina en el concurso atl&eacute;tico del pancracio en los Juegos Panhel&eacute;nicos de Nemea. Esa victoria actual del joven Piteas encuentra su origen en el relato heroico de Heracles: una voz divina, en primera persona, relaciona la instituci&oacute;n del concurso del pancracio, la lucha de fuerza, con la dominaci&oacute;n heroica de la violencia del animal salvaje. Una polifon&iacute;a auto&#150;referencial da su impulso al poder configurador de heroicidad e inmortalidad t&iacute;pico de este g&eacute;nero po&eacute;tico: de modo sucesivo, la voz prof&eacute;tica divina, la voz de Cleo &#151;musa de la gloria po&eacute;tica&#151;, la voz coral del grupo de muchachas y la voz del grupo coral de j&oacute;venes, a las que se suma la voz del locutor&#150;yo, convergen en una sola voz que hace del poema ofrenda narrativa y musical con ocasi&oacute;n de una celebraci&oacute;n ritual c&iacute;vica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Calame aprovecha las tesis expuestas, a saber, la cadencia conferida a la materia f&oacute;nica, la sintaxis enunciativa que mezcla "relato" y "discurso", la sem&aacute;ntica po&eacute;tica fundada en la met&aacute;fora y la pragm&aacute;tica de&iacute;ctica de una poes&iacute;a en acci&oacute;n, no s&oacute;lo para desechar el estatuto de autonom&iacute;a sem&aacute;ntica y de clausura estructural otorgado a la "mitolog&iacute;a griega" sino para ir m&aacute;s all&aacute; y postular que el "mito" se confunde con su po&eacute;tica. En el caso griego, esa po&eacute;tica, eminentemente referencial, hace coincidir el tiempo y el espacio de los h&eacute;roes con el presente del elogio po&eacute;tico; en suma, ajusta las coordenadas en las que se emplazan los actos fundadores de los juegos o la genealog&iacute;a de &Eacute;aco con las de la haza&ntilde;a atl&eacute;tica en Nemea y su respectiva celebraci&oacute;n ritual. En esa coincidencia, la victoria de Piteas, por ejemplo, encuentra su pertinencia y su verdad. Esa es la plataforma te&oacute;rica para marcar distancia de la que ser&iacute;a una err&oacute;nea distinci&oacute;n entre lengua, mito y conocimiento, caracter&iacute;stica del llamado evolucionismo de Cassirer.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si esa poes&iacute;a referencial de la antigua Grecia deviene fen&oacute;meno que, al final, pone en entredicho algunas distinciones de Cassirer, el rito de la Misa, tal como lo muestra paso a paso Desiderio Blanco, resulta ser, por el contrario, un objeto que, en cuanto pr&aacute;ctica significante, permite reivindicar, en la perspectiva semi&oacute;tica tensiva de Fontanille y Zilberberg, las principales intuiciones del fil&oacute;sofo de Marburgo en lo referido a la acci&oacute;n y al pensamiento m&iacute;ticos. En efecto, Blanco, que no s&oacute;lo recurre al aparato cr&iacute;tico de la mencionada semi&oacute;tica sino tambi&eacute;n a decisivos datos de teolog&iacute;a e historia de la liturgia cristiana, encuentra en <i>I Corintios </i>el relato de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a: su origen ser&iacute;a la &Uacute;ltima Cena, cuyo espacio, el <i>Cen&aacute;culo</i>, en cuanto lugar aparte, separado, prefigura lo que ser&aacute; el <i>Templo </i>como espacio demarcado, recortado (<i>t&eacute;menos</i>) en el que recae un "acento de sentido", de acuerdo con una tesis central de Cassirer recogida por Zilberberg. El rito de la Misa se iniciar&iacute;a, pues, en esa &Uacute;ltima Cena que Jes&uacute;s celebr&oacute; con sus ap&oacute;stoles la v&iacute;spera de su Pasi&oacute;n y Muerte. La conexi&oacute;n entre testimonio y tradici&oacute;n establecida recientemente por Fontanille en <i>Soma </i>y <i>sema</i>, es, luego, la clave para entender la continuidad temporal y espacial de la transmisi&oacute;n de la mencionada pr&aacute;ctica significante: un inmenso conjunto de cuerpos&#150;actantes, capaces de guardar la "memoria figurativa" del acontecimiento fundador, lo recuerda y actualiza, esto es, lo recrea a lo largo del tiempo. En consecuencia, mantener viva la tradici&oacute;n consiste en saturar los relevos enunciativos, esto es, en articular una cadena no interrumpida de enunciaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al momento de abordar la arquitectura del espacio de la celebraci&oacute;n, Blanco asume que el templo, en conjunto, como totalidad, es un espacio sagrado, por oposici&oacute;n a la regi&oacute;n no sagrada, exterior a &eacute;l, sobre la que no recae acento alguno de intensidad; pero, a su vez, dentro del templo, en la perspectiva de la toma de posici&oacute;n que funda el ritual analizado, observa que ese acento de intensidad se distribuye, esto es, que el espacio no tiene la misma tonicidad: apela al esquema tensivo para dar cuenta de los "lugares" del templo como valores trabajados, de diverso modo, por valencias de intensidad y de extensi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe ahora se&ntilde;alar que la misa, como relato dramatizado, tambi&eacute;n tiene su arquitect&oacute;nica: cuatro grandes actos y algunas escenas intermedias. En el tercer acto, la <i>Liturgia Eucar&iacute;stica</i>, se concentran los picos de intensidad, en especial, en la consagraci&oacute;n del pan y del vino. Explica el autor que, en t&eacute;rminos teol&oacute;gicos, la Eucarist&iacute;a es sacrificio, sacramento, acci&oacute;n de gracias y plegaria. Los agudos an&aacute;lisis de la fiducia y de la transubstanciaci&oacute;n dan una idea semi&oacute;tica de ese gran evento eje que es el sacrificio de la consagraci&oacute;n; sin duda, el acertado manejo del operador de <i>concesi&oacute;n </i>que confronta un &aacute;mbito paradoxal con otro doxal, espec&iacute;fico de la <i>implicaci&oacute;n</i>, exhibe aqu&iacute; su poder explicativo. Ahora bien, ese momento de intensidad suprema es vivido en un <i>tempo lento </i>que afecta a la temporalidad: los movimientos rituales se ralentizan, los gestos del oficiante son pausados, la pronunciaci&oacute;n de las palabras es sosegada y clara. He ah&iacute; el plano de la expresi&oacute;n de la solemnidad, de la gracia, de la dignidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El mismo talante te&oacute;rico se mantiene en el an&aacute;lisis de la Eucarist&iacute;a como sacramento y se retoma y profundiza en el an&aacute;lisis de la oraci&oacute;n como estrategia manipulatoria, continua durante la Misa, mediante la cual el destinatario intenta instaurar un <i>querer&#150;hacer </i>en ese Destinador trascendente que es Dios para el creyente. Finalmente, Blanco caracteriza el dogma como la forma m&aacute;s evolucionada del mito; en &eacute;l, de alg&uacute;n modo, lo m&iacute;tico deviene mitol&oacute;gico. En ese marco, retoma la caracterizaci&oacute;n sacrificial del rito de la Misa: el dogma asegura su eficacia, pues m&aacute;s all&aacute; de la posible comprensi&oacute;n de los sutiles argumentos teol&oacute;gicos, los feligreses viven la fe como un conocimiento pr&aacute;ctico que se acata sin dudas ni murmuraciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasamos ahora, con nuestro art&iacute;culo, de la Iglesia que imparte la Misa <i>a lo largo del tiempo </i>a aquella que, <i>en la historia de la conquista de Am&eacute;rica</i>, combati&oacute; contra las creencias religiosas abor&iacute;genes; y, para ello, recopil&oacute; los mitos sobre los ritos de las distintas comunidades del centro andino. No obstante, esos relatos, narrados por un agente de la extirpaci&oacute;n de idolatr&iacute;as, no los hemos aprehendido de la tradici&oacute;n oral sino de la escrita, como traducci&oacute;n al castellano (de un dialecto quechua extinto), normalizada filol&oacute;gicamente y destinada a un p&uacute;blico general que nunca tendr&aacute; acceso a esa lengua original. Se trata de la traducci&oacute;n al castellano de Gerald Taylor del <i>Manuscrito de Huarochir&iacute;</i>, ese primer testimonio ind&iacute;gena del mundo prehisp&aacute;nico en el Per&uacute;, producido e inscrito en la tradici&oacute;n escrita quechua en pleno proceso de extirpaci&oacute;n de idolatr&iacute;as. Lo m&iacute;tico bulle ah&iacute; como energ&iacute;a intensa de sentido, esto es, como fen&oacute;meno f&oacute;rico. Por eso, nuestro ensayo de interpretaci&oacute;n apunta a la eficacia de las fuerzas que mueven ese discurso. Se percata de que la instancia de enunciaci&oacute;n alberga una tensi&oacute;n entre dos puntos de vista condensados en dos <i>vectores f&oacute;ricos</i>. Coexisten as&iacute; una toma de posici&oacute;n potencial: en un all&aacute;, entonces, los indios reciben la <i>fuerza vital transmitida </i>por los dioses andinos (o huacas); y una toma de posici&oacute;n actual: en la l&oacute;gica de la extirpaci&oacute;n, los indios est&aacute;n <i>confundidos por el demonio</i>. S&oacute;lo se niega lo que primero se ha afirmado. Si bien el vector "confusi&oacute;n del demonio" tiene pleno sentido como aquello que origina la idolatr&iacute;a que ser&aacute; negada, el vector "transmisi&oacute;n de la fuerza vital", en profundidad, en trasfondo, representa la afirmaci&oacute;n y persistencia de lo aborigen: est&aacute; antes de la irrupci&oacute;n de la cosmovisi&oacute;n cristiana, y, luego, enquistado en ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa co&#150;presencia de vectores, signo de una irresuelta confrontaci&oacute;n de semiosferas (y de formas de vida) se ha transfigurado a lo largo de nuestra historia. La empresa cristiana combate agresivamente contra todos los huacas anteriores, identificados con Satan&aacute;s, bajo el lema: <i>o ellos o yo</i>. Pero, con el tiempo, a esa l&oacute;gica de <i>poder</i>, esto es, de tajante selecci&oacute;n y exclusi&oacute;n, se opuso una l&oacute;gica <i>otra</i>, terca, de <i>sabor </i>y de <i>saber</i>, de amalgama, mezcla y participaci&oacute;n; vigente en nuestros ricos y diversos sincretismos, no s&oacute;lo religiosos. No hay ninguna raz&oacute;n, desde la perspectiva no dicha del discurso aborigen de resistencia, para que esa transmisi&oacute;n no s&oacute;lo no se siga dando sino que no pueda convivir, mezclarse y <i>confundirse </i>con la <i>gracia divina </i>del discurso cristiano. Habr&iacute;a, pues, otra <i>confusi&oacute;n</i>, euf&oacute;rica esta vez, de la que no habla el Manuscrito.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los que eran <i>huacas transmisores de vida </i>del /mundo aborigen/ se han convertido en <i>el diablo que confunde </i>del /mundo cristiano/, en el cual, la <i>transmisi&oacute;n de fuerza vital </i>s&oacute;lo puede venir de Cristo. El operador que niega al /mundo aborigen/ es la extirpaci&oacute;n, el que afirma el /mundo cristiano/ ya es la evangelizaci&oacute;n "positiva". El modo de eficacia de esa sintaxis de operaciones, en cuanto proyecto por realizar, remite al "llegar a", por oposici&oacute;n a la "confusi&oacute;n", evento que "sobreviene". Cual tumor maligno de su carne, la idolatr&iacute;a deb&iacute;a ser extirpada del cuerpo aborigen. Pero esa conversi&oacute;n queda "a medio camino" y el propio Manuscrito es una prueba de eso. Nosotros nos limitamos a analizar, primero, algunas ocurrencias de la "confusi&oacute;n" y, luego, otras de la "transmisi&oacute;n".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, procuramos dar cuenta de la tensa confluencia de esos vectores f&oacute;ricos, o "figuras molares", en el mito de Cuniraya Huiracocha. Este aculturado huaca es el paradigma de un significativo sincretismo semi&#150;oficial: una deidad forastera en Huarochir&iacute; que termina recibiendo atributos del Dios de los cristianos y mantiene viva la tensi&oacute;n de mundos, que hemos rese&ntilde;ado. En su inquietante actuar ambivalente, en su desmesurada intensidad, en esas sus correr&iacute;as de tromba, entre las que predomina la persecuci&oacute;n a la virgen madre Cahuillaca, se "encarnan" asombrosamente los <i>foremas </i>y sus dimensiones tensivas. El mito parece ser el relato mismo de la teor&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al reflexionar sobre la construcci&oacute;n m&iacute;tica del discurso nacionalista vasco, Juan Alonso destaca factores heterog&eacute;neos que entran en un juego semi&oacute;tico orientado a dar textura a la memoria, y sentido al pasado hist&oacute;rico. El hecho de que la construcci&oacute;n del pasado sea relevante s&oacute;lo si, en el presente, hay un proyecto de futuro indica, a su vez, que &uacute;nicamente desde ese futuro, as&iacute; trazado, se necesita de la memoria. El autor recoge los postulados de Uspenski sobre la semi&oacute;tica de la historia. La analog&iacute;a entre la historia y la inversi&oacute;n on&iacute;rica, entre acontecimiento inicial y acontecimiento final, da la pauta para la f&oacute;rmula "s&oacute;lo el despu&eacute;s explica el antes", como el estado final explica el estado inicial en el programa narrativo de la semi&oacute;tica cl&aacute;sica. Es el acontecimiento final el que "da el tono" e indica una isotop&iacute;a interpretativa del pasado que selecciona los acontecimientos que le permiten construir su coherencia y desechar aquellos que la amenazan. Desde la mira del presente se organizan, pues, los acontecimientos pasados, que ser&aacute;n le&iacute;dos como un texto. Esa lectura y su respectiva interpretaci&oacute;n ser&aacute;n determinantes para el curso futuro de la historia. Por un lado, pues, la conciencia hist&oacute;rica opera evaluando esos acontecimientos en la perspectiva del futuro; pero por otro lado, en la conciencia m&iacute;tico&#150;cosmol&oacute;gica, siempre de acuerdo con Uspenski, los acontecimientos actuales extraen su importancia de la relaci&oacute;n que contraen con el pasado, por lo que los acontecimientos del presente ya no ser&aacute;n vistos como causas sino como consecuencias, como reflejos de un pasado originario. Pues bien, entiende Alonso que el discurso nacionalista vasco, cuya manifestaci&oacute;n remite al <i>corpus </i>"can&oacute;nico" compuesto por un conjunto de elementos y acontecimientos, combina el modelo hist&oacute;rico y el modelo m&iacute;tico&#150;cosmol&oacute;gico. El ejemplo de la interpretaci&oacute;n por la "historiograf&iacute;a nacionalista vasca" de la participaci&oacute;n de los vascos en la guerra civil espa&ntilde;ola confirma, por un lado, la visi&oacute;n m&iacute;tica de un pasado libre y perdido, y, por otro lado, garantiza un proyecto pol&iacute;tico e hist&oacute;rico futuro. No obstante, gracias a ese dispositivo, el sujeto nacionalista puede aparecer, siempre, como un sujeto de carencia. Esa "b&uacute;squeda de la carencia", contra toda l&oacute;gica narrativa y pol&iacute;tica, persigue la no&#150;conjunci&oacute;n con el objeto de valor.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo dem&aacute;s, con restos y fragmentos de otros discursos, el nacionalista hace un bricolaje con la historia y da as&iacute; eficacia a su discurso. Ese concepto de bricolaje, tomado por Alonso de <i>El pensamiento salvaje </i>de Levi&#150;Strauss, explica c&oacute;mo el nacionalismo est&aacute; en capacidad de incluir en el <i>corpus </i>de la identidad nacional datos desligados de los rasgos de identidad defendidos hasta ese momento, as&iacute; como de desechar otros que, aunque tengan linaje tradicional, pueden no servir a la actual estrategia. En conclusi&oacute;n, ese bricolaje permite entender por qu&eacute; el nacionalismo deviene a&#150;hist&oacute;rico. En realidad, de acuerdo con Alonso, la estrategia del bricolaje consistir&iacute;a, tambi&eacute;n, en situarse a medio camino entre el discurso m&iacute;tico&#150;literario y el discurso hist&oacute;rico. Escapar&iacute;a as&iacute; a toda cr&iacute;tica: continuamente se arregla y se las arregla, se retoca para perpetuarse. En ese sentido, resultar&iacute;a tambi&eacute;n bastante pragm&aacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el Museo Guggenheim de Bilbao, aparece como el t&iacute;pico caso de un nuevo elemento que, si bien en apariencia cataliza un "momento explosivo", es asimilado como puro signo, como emblema de un cambio que s&oacute;lo refuerza el <i>corpus </i>del discurso hist&oacute;rico del nacionalismo, y, por cierto, que sirve para borrar otros elementos no conformes. El lenguaje te&oacute;rico empleado en la hermen&eacute;utica de este ensayo, en el que, hacia el final, destaca decisivamente el aporte de Lotman, en particular con el concepto de semiosfera, crea las condiciones para abrir una serie de interrogantes pero tambi&eacute;n para retratar, en su estrategia y en sus t&aacute;cticas, los perfiles m&aacute;s relevantes de la construcci&oacute;n m&iacute;tica del nacionalismo vasco.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una enriquecedora confrontaci&oacute;n entre una pel&iacute;cula, <i>Videodrome </i>de Cronenberg, y un mito griego, el de Orfeo, es la tarea que emprende con solvencia cr&iacute;tica y te&oacute;rica, Jos&eacute; Carlos Cabrejo. Tanto Max Renn, protagonista de aquel film, como el hijo de Apolo, <i>descienden a los infiernos </i>seducidos por una <i>hermosa mujer</i>: en un caso Nick Brand; en el otro, la ninfa Eur&iacute;dice. En ese af&aacute;n, al dejar el mundo "terrenal", ambos sufren trastornos en sus cuerpos. Ese conjunto de coincidencias entre los dos relatos, que giran en torno a dos motivos comunes, opera como raz&oacute;n que apunta al objetivo del ensayo. Se trata de examinar c&oacute;mo, a partir de la "misma" historia, esos motivos comunes, el <i>descenso a los infiernos </i>y la <i>b&uacute;squeda del objeto femenino de deseo</i>, estructuran cosmovisiones radicalmente opuestas. Por lo pronto, la valencia extensiva del espacio es, en el mito, abierta, signada por amplios ambientes, por una visi&oacute;n dilatada, casi inconmensurable y por presencias numerosas, vastas, encarnadas en figuras cosmol&oacute;gicas. Mientras tanto, en el film, la espacialidad es cerrada, concentrada, pero, adem&aacute;s, de orden nool&oacute;gico, m&aacute;s que cosmol&oacute;gico. Como resultado de esas caracterizaciones antit&eacute;ticas, reconocemos la oposici&oacute;n entre el mundo natural del mito y el mundo tecnol&oacute;gico de la pel&iacute;cula.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al momento de abordar la intensidad de las miras, el autor se sit&uacute;a de lleno en la dimensi&oacute;n corporal de los actantes y para eso toma el modelo de producci&oacute;n del acto y los tres ejes de la identidad, propuesto por Fontanille en <i>Soma y sema</i>. Queda clara la correspondencia del <i>M&iacute;&#150;carne</i>, del <i>S&iacute;&#150;idem </i>y del <i>S&iacute;&#150;ipse </i>con las tomas de posici&oacute;n, las miras y las captaciones, respectivamente. Al intervenir la modalidad del /querer/ como actante de control, los cuerpos empiezan a ser tratados ya como sujeto masculino y objeto femenino, haciendo la salvedad de que Nicki ser&aacute; una mujer&#150;m&aacute;quina (o mujer video) seductora, en la isotop&iacute;a hedonista y perversa instituida por la mirada de Max, en contraste con la isotop&iacute;a de protecci&oacute;n y de cuidado que entra&ntilde;a el acto por el cual Orfeo ve a Eur&iacute;dice como objeto de valor casi absoluto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; una de las m&aacute;s impactantes consecuencias de este planteamiento de an&aacute;lisis es la acu&ntilde;aci&oacute;n del concepto de <i>tecnocarne</i>. En efecto, la "Eur&iacute;dice" de la pel&iacute;cula se "maquiniza" pero no por ello pierde la condici&oacute;n de cuerpo sensible: su carnalidad tecnol&oacute;gica emerge de la pantalla del televisor como una serie de <i>mociones &iacute;ntimas</i>: palpitaciones alteradas, respiraci&oacute;n agitada, t&oacute;nica, percibidas en figuras carnales de la /venosidad inflamada/ y de los /m&uacute;sculos met&aacute;licos/ en intenso ritmo de sucesivas dilataciones y contracciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A todo esto, las reflexiones de Virilio sobre la velocidad nutren la hermen&eacute;utica de Cabrejo para abordar la cuesti&oacute;n del <i>tempo</i>, &iacute;ntimamente ligada a la presencia de lo femenino. Mientras que el <i>tempo </i>del mito griego encuentra su eficacia en el <i>llegar a, </i>el de <i>Videodrome </i>la encuentra en el <i>sobrevenir</i>. Adem&aacute;s, la sintaxis fundamental del mito griego consta de un recorrido que niega el /cuerpo/ para afirmar el /alma/; la de <i>Videodrome </i>toma posici&oacute;n en la /carne/, y asumiendo que sin ella no hay placer, desencadena un recorrido de negaci&oacute;n de la /vieja carne/ y de afirmaci&oacute;n de la /nueva carne/, "de pantalla", tecnol&oacute;gica. Un an&aacute;lisis de la homogeneidad de ambos discursos, en t&eacute;rminos de semisimbolismo, abre semi&oacute;ticamente la v&iacute;a de la alegor&iacute;a para esta inquietante reflexi&oacute;n sobre un fen&oacute;meno que, m&aacute;s all&aacute; &#151;o m&aacute;s ac&aacute;&#151; de sus excesos, pone &eacute;nfasis en esos rituales que parecen caracterizar a nuestro tiempo: aquellos en los que <i>estar&#150;en&#150;el&#150;mundo </i>equivale a <i>estar&#150;frente&#150;a&#150;la&#150;pantalla</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Once apuntes constituyen el ensayo de Ra&uacute;l Dorra en torno al &uacute;ltimo libro de Ingrid Geist, cuya huella ha quedado indeleblemente impresa en la memoria de muchos investigadores que aquilatamos su honesto y apasionado rigor antropol&oacute;gico, coherentemente abierto al di&aacute;logo y al debate con un conjunto de disciplinas human&iacute;sticas. El n&uacute;cleo en torno al cual gira la reflexi&oacute;n sobre el libro estar&iacute;a condensado en la palabra <i>inestabilidad</i>. En efecto, en gran medida la investigaci&oacute;n de Ingrid Geist ha consistido en una exploraci&oacute;n disciplinaria que ha convertido su modo de mirar en una experiencia inestable. Su antropolog&iacute;a, inspirada en la obra de Victor Turner, es una disciplina permeable, porosa, de contornos inciertos, pues pone en la mira fen&oacute;menos de inestabilidad y se sit&uacute;a dentro de ellos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consecuente con ese planteamiento, Dorra no cesa de preguntarse por la direcci&oacute;n de esa mirada m&oacute;vil y compleja, por su objeto, por su tem&aacute;tica. Para esbozar una respuesta coteja primero los t&iacute;tulos de la tesis de Geist (<i>El proceso ritual como proceso de semiosis. Ensayo anal&iacute;tico en torno al tiempo con base en las propuestas te&oacute;ricas de la antropolog&iacute;a, la semi&oacute;tica y la fenomenolog&iacute;a</i>) y de su libro, basado en &eacute;sta (<i>Liminaridad, tiempo y significaci&oacute;n. Pr&aacute;cticas rituales en la Sierra Madre Occidental</i>). No cabe entrar al detalle de esa minuciosa tarea de comparaci&oacute;n sino, m&aacute;s bien, destacar dos corolarios de ella: el primero, que el proceso ritual es visto como una transformaci&oacute;n <i>en </i>el tiempo y, sobre todo, una transformaci&oacute;n <i>del </i>tiempo; en consecuencia, que el t&iacute;tulo de la tesis es susceptible de desplazarse al <i>tiempo </i>ritual como proceso de semiosis. El segundo, que la investigaci&oacute;n muestra una tensi&oacute;n interna: se mueve al mismo tiempo en una direcci&oacute;n inductiva y en otra deductiva, lo que confirma la perenne movilidad de un objeto que debe ser buscado en un lugar para ser encontrado en otro (me pregunto si &#151;ante esa continua movilidad&#151; no ser&iacute;a pertinente tambi&eacute;n sopesar la presencia de la abducci&oacute;n, para lo cual habr&iacute;a que explorar las inferencias t&aacute;citas que condujeron a Ingrid Geist a lanzar hip&oacute;tesis nuevas, creativas, con potencial de revelar lo desconocido e inexplicable).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese contexto, la <i>liminaridad </i>deviene noci&oacute;n fundamental que engloba a las dem&aacute;s y que mejor representa el espacio fluyente al que toda la investigaci&oacute;n apunta incesantemente. El an&aacute;lisis del proceso ritual como proceso de desestructuraci&oacute;n situado entre una estructura preliminar y una estructura posliminar permite a Dorra poner &eacute;nfasis en la cuesti&oacute;n del tiempo liminar como tiempo subjuntivo. El tiempo y la significaci&oacute;n est&aacute;n, pues, regidos por ese momento subjuntivo, a saber, por ese momento tenso, inconsistente e incierto del tr&aacute;nsito. Este es un s&oacute;lido argumento para contrastar luego la <i>ceremonia confirmatoria </i>y el <i>ritual transformador</i>, y homologar esas categor&iacute;as, respectivamente, con las correspondientes a los reg&iacute;menes de <i>programaci&oacute;n </i>y de <i>ajuste </i>propuestos por Landowski. No obstante, se constata que entre ceremonia y ritual hay siempre una transferencia de valores, un sincretismo inestable de ambos reg&iacute;menes. De ah&iacute; que, en los procesos rituales que describe Geist, sus actores no s&oacute;lo se mueven entre la programaci&oacute;n y el ajuste&#150;desajuste (riesgo), tambi&eacute;n lo hacen entre la teatralizaci&oacute;n y el travestimiento, dispuestos en sucesi&oacute;n. En consecuencia, el ritual se asume como <i>representaci&oacute;n </i>y esa teatralidad, ese juego de la representaci&oacute;n&#150;transformaci&oacute;n, explica la relaci&oacute;n que suele establecerse entre el proceso ritual y ciertas experiencias teatrales. Dorra manifiesta ciertos reparos en la asociaci&oacute;n del rito y del teatro desarrollada por Geist. Sin duda, sus argumentos son s&oacute;lidos; sin embargo, advierte que las vacilaciones entre identificaci&oacute;n y distinci&oacute;n de las nociones de ritual y teatro no deben atribuirse a una distracci&oacute;n de Geist sino a la naturaleza indeterminada de los objetos estudiados por ella.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego asistimos al contraste de lo liminoide, que niega la estructura como un <i>todav&iacute;a no </i>("proto&#150;estructura") y lo liminar, que niega la estructura como un <i>ya no </i>("anti&#150;estructura"). Gracias a ese contraste, Dorra destaca la incoatividad durativa de lo liminoide: proto&#150;estructura espacial, protensiva y activa, renuente al avance. &Aacute;mbito inestable en el que se conforma y disuelve un universo social que Turner vincula a la <i>communitas</i>; noci&oacute;n en la que, a su vez, se registra otro modo de operaci&oacute;n del r&eacute;gimen de ajuste&#150;desajuste. Esta noci&oacute;n, a&uacute;n confusa para Dorra, plantea dificultades que aplazan y suspenden su definici&oacute;n: se asocia, en l&iacute;neas muy generales, con comunidades m&aacute;s bien marginales pero notoriamente diversas, pr&oacute;ximas a las retratadas por Monsiv&aacute;is como <i>rituales del caos</i>. La procesi&oacute;n, el viaje largo; en suma, los eventos catastr&oacute;ficos derivados de una interrupci&oacute;n artificial de las programaciones o de accidentes naturales, resultan ser paradigmas de la creaci&oacute;n de <i>communitas</i>. En todos ellos, t&iacute;picos espacios liminoides, la comunidad se <i>pone en juego</i>, esto es, se desajusta y ajusta a la vez.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, con una consistente reflexi&oacute;n del tiempo como <i>percepci&oacute;n de la mudanza, </i>Dorra retoma el modo subjuntivo. En efecto, esa percepci&oacute;n, en cuanto expresa las formas tensivas, transformaciones del esp&iacute;ritu, s&oacute;lo puede ser subjuntiva, raz&oacute;n por la cual el tiempo es vivido como liminaridad. As&iacute;, las tres nociones que titulan el libro de Ingrid Geist ser&iacute;an tres maneras de hacer referencia al mismo objeto, que se contrae y expande, que se desplaza bajo la mirada del investigador. Atenta a esa mudanza, Ingrid, despu&eacute;s de su libro, comenz&oacute; a mostrarnos la senda de la oscuridad y, sobre todo, la del silencio. Contin&uacute;a haci&eacute;ndolo.</font></p>      ]]></body>
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